En los inicios del XXI, trabajamos para fortalecer en nuestra patria el pensamiento socialista y ayudar a rescatarlo internacionalmente, a partir de la cultura cubana de dos siglos de historia, en la cual se destaca la figura de José Martí. Para arribar a conclusiones teóricamente válidas es necesario profundizar en los conceptos de cultura general integral y masiva en que viene insistiendo el compañero Fidel Castro. A este fin solo se llega a través del concepto de integralidad de la cultura presente en el pensamiento de Carlos Marx, Federico Engels y de todos los grandes humanistas de la historia. Esta es la revolución humanista, socialista y martiana que Fidel está promoviendo.
Cuando procuramos establecer una relación entre el pensar de Martí y el de Marx, lo hacemos por dos razones, la primera, porque en el siglo XX ambas corrientes de pensamiento se articularon en la Revolución Cubana y ello reviste una gran importancia para la formación política y cultural de las nuevas generaciones; y la segunda, porque la necesidad de alcanzar la síntesis de diferentes corrientes del pensamiento socialista es una exigencia para la evolución intelectual y moral de la humanidad.
Es tal el caos intelectual y la carencia de ideas nuevas que para reconstruir la evolución filosófica de lo que llamaron Occidente se hace necesario investigar y relacionar los hilos principales del tejido ideológico de los últimos dos siglos. Para los cubanos, Carlos Marx y José Martí representan los planos más altos del saber filosófico y humanista de la cultura europea y latinoamericana del siglo XIX, respectivamente.
No subestimamos las posibilidades de otras búsquedas con diversas personalidades de la cultura filosófica política y social, por el contrario, no solo nos parece útil, sino indispensable hacerlo. Es nuestra aspiración que así se haga para arribar a una orientación válida en la búsqueda del camino certero para la liberación humana.
En los siglos anteriores, las pugnas ideológicas venían impuestas por las necesidades del enfrentamiento cultural. Desde luego, se llevó a la exageración. En ello, obviamente, influyeron las pasiones humanas, pero en nuestro siglo XXI constituye un requerimiento intelectual y moral alcanzar la integralidad del pensamiento y ello solo es posible con la interrelación de las diversas ramas y la búsqueda de una síntesis cultural universal. Los cubanos encontramos dicha síntesis a partir de estos dos gigantes del pensamiento: Martí y Marx. Sobre tales fundamentos estamos dispuestos, como ordenó Martí, a injertar al mundo en nuestras repúblicas, pero que el tronco sea el de ellas. Nos orientamos por el método electivo de la tradición filosófica cubana y el postulado de Luz y Caballero todas las escuelas y ninguna escuela, he ahí la escuela, así también entendemos nosotros la concepción dialéctica de Marx y de Engels.
La dispersión intelectual presente en la llamada postmodernidad revela, en los comienzos de un nuevo siglo, el agotamiento cultural del sistema burgués imperialista que ha fragmentado hasta convertir en polvo todos los valores o diseños conceptuales que durante dos milenios conformaron el llamado pensamiento occidental.
El dogmatismo ha servido siempre de sombrilla ideológica al egoísmo individual. Por ello, los espíritus egocéntricos proclaman la imposibilidad de todo esquema que pueda presentarse para el estudio de la realidad. Ya no tienen, siquiera, capacidad para establecer nuevos dogmas e invalidan la búsqueda de diseños teóricos, sin embargo, estos son imprescindibles para encontrar los caminos a favor de la justicia universal y salvar a la humanidad de catástrofes de proporciones incalculables.
José Martí nos habló precisamente de la necesidad de una filosofía de las relaciones. La tradición intelectual anterior al Apóstol nos planteó a su vez el método electivo que comporta una elección a favor de la justicia que Luz y Caballero caracterizó como el sol del mundo moral. Para la cultura cubana esto no resulta antagónico con el pensar materialista dialéctico de Marx, muy por el contrario, se complementan, a partir de asumir el ideal de redención del hombre en la Tierra, el más alto desde el punto de vista ético.
Para iniciar nuestro análisis partiremos de la siguiente premisa: las aspiraciones a la liberación universal del hombre y el trabajo socialmente organizado están insertadas, de un modo u otro, en la larga evolución intelectual, moral y religiosa de la civilización desde hace dos mil años.
Las debilidades del sistema imperialista norteamericano se hallan, en buena medida, en la ignorancia, desinformación y el tratamiento anticultural de esas claves. La pregunta es la siguiente: ¿Es posible dominar el mundo que llaman unipolar sin una sólida base cultural y filosófica? Es el desafío que tienen ante sí los hombres que vivirán bien entrado el siglo XXI y aquellos que trabajamos para una vida superior en la centuria recién iniciada, que muchos de nosotros individualmente no nos será posible disfrutar, pero será el siglo de nuestros hijos y nietos.
Es bueno puntualizar que la idea del socialismo con este nombre o aquel no surgió con Marx. El mérito del autor de El capital consistió en darle contenido y proyección científico-social a una antigua aspiración utópica presente en diversas etapas de la historia de la humanidad. Ejemplos sobresalientes los tenemos en el cristianismo durante sus inicios y en la utopía socialista que podemos representarnos, entre otros muchos, en Tomás Moro.
Precisamente en el cristianismo primitivo estaban idealmente presentes los dos elementos esenciales ya mencionados, es decir, la aspiración a la liberación del hombre en la Tierra y la de asociarse en comunidad y ellos constituyen las semillas de la tradición utópica de lo que más tarde llamaron Occidente. En la historia de las sociedades clasistas durante estos dos mil años han venido siendo tergiversados y aplastados por una civilización nacida y desarrollada a partir de la codicia, la ambición personal y el egoísmo. Hoy, la exacerbación de estos factores negativos amenaza aplastar definitivamente todos los valores creados por esa civilización.
Para enfrentar esta amenaza, los cubanos edificamos y perfeccionamos la república con todos y para el bien de todos que soñó Martí y que identificamos hoy con el ideal socialista. En Marx y Engels estaba presente la aspiración de alcanzar la liberación radical del hombre y la igualdad social. Lo planteaba sobre el presupuesto de la revolución y del análisis científico de las diversas vías y formas para alcanzarlo asumiendo el desafío de promover la redención del hombre y propiciar las facultades humanas de asociarse. Al someter a un examen crítico profundo la historia de las sociedades clasistas de Europa fundamentó su inmensa obra filosófica y científico-social. Ese pensamiento, el más elevado del viejo continente, es objeto hoy de juicios críticos, pero las limitaciones que como toda obra humana tiene, son las propias de su espacio y tiempo histórico. Lo cierto es que el pensamiento socialista en general representa la cumbre más alta de la cultura de los últimos dos siglos.
Una cuestión esencial en el análisis que se debe hacer en el siglo XXI acerca del materialismo histórico se refiere a la aspiración utópica y su papel en la lucha de la humanidad por la igualdad social y la solidaridad universales. Este propósito en sí mismo es una utopía en el sentido que debemos considerarlo actualmente
En este tiempo, que muchos llaman postmoderno, continúan manifestándose las dos corrientes fundamentales del pensar occidental y que en el lenguaje de la filosofía de Marx y Engels se conoce como oposición entre idealismo y materialismo. Pero busquemos una fórmula más comprensible para entender el problema. Esas corrientes son:
1. La evolución del pensar científico que concluyó en su más alta escala con el pensamiento científico racional y dialéctico. A este respecto, después de Marx y Engels no se ha alcanzado nada más elevado en filosofía, a no ser por aquellos que partieron de sus fundamentos y los enriquecieron.
2. La tradición del pensamiento utópico que tiene raíces asentadas en las ingenuas ideas religiosas de las primeras etapas de la historia humana y que en la civilización occidental se nutrió inicialmente, y en su ulterior evolución, de lo que conocemos por cristianismo.
Ambas tendencias, necesarias para el desarrollo y estabilidad han venido siendo desvirtuadas y tergiversadas a lo largo de la historia por la acción de los hombres. Unas veces cayendo en el materialismo vulgar y otras en el intento de situarse fuera de la naturaleza ignorando sus potencialidades creativas. Martí hablaba de la necesidad de relacionar la capacidad intelectual del hombre y sus facultades emocionales. Por esto hablamos del pensamiento filosófico de un lado, sobre el respeto a lo mejor y más depurado de las ideas científicas, y del otro, lo que se ha llamado pensamiento utópico. Es decir, las esperanzas y posibilidades de realización hacia el mañana.
Una filosofía que se corresponda con los intereses de los pueblos será aquella que articule uno y otro plano partiendo de la idea leninista de que la práctica es la prueba definitiva de la verdad. Y del principio martiano de procurar la fórmula del amor triunfante.
¿Por qué el amor no va a situarse como una fuerza real de consecuencias objetivas si, como se observa, genera y enriquece la vida real? ¿Por qué no se traslada esta verdad históricamente comprobada al campo de la vida social? Porque el egoísmo es también una fuerza real. Toda utopía supone un ideal y no se invalidan en los forjadores del socialismo científico los móviles ideales, la utopía en sí, sino que se plantea la necesidad de estudiar sus orígenes económicos, sociales y culturales.
Martí afirmó que no había poesía mayor que la que observaba en los libros de ciencia. Einstein aseguraba que la confirmación de sus leyes matemáticas muchas veces la encontraba en la belleza estética de la conclusión. En el siglo XXI se deben exaltar la utopía y las razones científicas que puedan ayudar a su confirmación en la realidad.
Examinemos este aspecto clave para relacionar el pensamiento de Marx con el de Martí a la luz del propio pensamiento del autor de El capital. Él sostenía que la poesía de la revolución europea del siglo XIX solo podía generarse desde el futuro y afirmaba:
Entonces no habrá dudas de que el mundo ha poseído durante largo tiempo el sueño de una cosa, de la cual sólo le basta la consciencia para poseerla realmente. Entonces no habrá duda de que el problema no lo constituye el abismo que se abre entre los pensamientos del pasado y los del futuro, sino la realización de los pensamientos del pasado.1
Hay en estas formulaciones doble poesía, la de soñar con el futuro y la de procurarlo por vías científicas. Se trata de un sueño profético.
Continuando esta línea de pensamiento Antonio Gramsci afirmaba: En la acumulación de ideas que se nos ha trasmitido a través de un milenio de trabajo y pensamiento, existen elementos poseedores de un valor eterno, los cuales no pueden ni deben perecer. La pérdida de la conciencia de estos valores es uno de los signos más alarmantes de degradación que ha ocasionado el régimen burgués, porque para éste todo es convertible en objeto de transacción comercial y el arma bélica, y nuestra tarea consiste en recuperarlos y hacerlos brillar con una nueva luz.2
Con relación a la utopía, Engels decía que la inconsecuencia no estaba en mantener móviles ideales, sino en no analizar sus causas fundamentales. Analicemos ahora las relaciones del pensamiento de Marx con la cosmovisión martiana.
El acento científico predomina en los análisis de Marx, el sentido utópico y poético en el de Martí, pero en ambos hay utopía y hay ciencia, y, sobre todo, en ambos se aspira a la liberación universal del hombre y a desarrollar formas colectiva de orga-nización de los hombres para lograrlo.
Las diferencias entre la forma de presentar la cuestión entre Marx y Martí están determinadas por el espacio geográfico y la tradición cultural en que cada cual se movía. Marx es la expresión del movimiento redentor del siglo XIX en Europa donde el capitalismo había alcanzado su más alto desarrollo incluyendo las contradicciones clasistas que le son inherentes y Martí asume y representa la tradición emancipadora de nuestra América. Desde su estancia como emigrado en Estados Unidos analizó el drama que se incubaba en el seno de esa sociedad durante las últimas décadas de ese siglo, es decir, cuando se gestaba el imperio estadounidense. El Apóstol llegó a su cosmovisión enfrentándose directamente a la esclavitud y a la opresión colonial y asumiendo el pensamiento revolucionario moderno europeo y la tradición bolivariana; recogió la tradición ética de la cultura de raíz cristiana en su acepción más pura y original.
Marx y Engels, forjadores de las ideas socialistas, asumieron el pensamiento de liberación y de la modernidad sobre el fundamento de la larga evolución intelectual y filosófica que culminó en Hegel. Ellos lo trascienden y lo sitúan en una escala superior, lo llevan a la acción, pero enfrentándose a las concepciones reaccionarias que sobre la espiritualidad venían de la peor herencia medieval y de la Inquisición y, por tanto, de las concepciones metafísicas conservadoras que trazaban radical divorcio entre lo que llamamos materia y lo que denominamos espíritu.
Si hacemos una comparación acerca de cómo Marx y Engels trataron la cuestión de la subjetividad desde la primera crítica al materialismo de Feuerbach, y lo comparamos con el pensamiento filosófico de José de la Luz y Caballero, encontraremos nexos que a muchos pueden parecerles sorprendentes.
Dicen Marx y Engels en la primera crítica al materialismo anterior: El defecto fundamental de todo el materialismo anterior —incluido el de Feuerbach— es que sólo concibe las cosas, la realidad, la sensoriedad, bajo la forma de objeto o de contemplación, pero no como actividad sensorial humana, no como práctica, no de un modo subjetivo.3
Por su parte, Medardo Vitier al exponer los aspectos esenciales de las ideas de José de la Luz y Caballero, señala que para este el criterio de la verdad: no radica objetivamente en el mundo exterior, no radica subjetivamente en nosotros; surge, se organiza como una congruencia entre lo objetivo y lo subjetivo.4
El error o la insuficiencia presente desde el origen de las ideas filosóficas estuvo en trazar un abismo infranqueable entre lo que se llamó objetivo (materia) y lo que se llamó subjetivo (espíritu) cuando ambos planos tienen una profunda interrelación, forman parte de la unidad material del mundo —para decirlo en el lenguaje de Marx— o la unidad de la naturaleza —para expresarlo en términos que empleaba José Martí.
En la tradición filosófica cubana sobresalen estas ideas de Luz y Caballero:
[...] A torrentes han de llover las luces de todas las ciencias humanas sobre el más privilegiado entendimiento, antes que se dé un solo paso en el primero de los estudios en el orden de la importancia, pero el último en el orden del tiempo y la dificultad. Deslindar los fenómenos del instinto y de la inteligencia, examinar las causas que pueden alterar dichos fenómenos, o lo que es igual, marcar la influencia de las edades, de los climas, de los temperamentos, de las enfermedades, conocer al hombre sano y al enfermo [...]sólo el capítulo de la enajenación mental es un episodio que respecto de los conocimientos auxiliares que requiere, se vuelve otro asunto principal; [...]. Y más adelante señala: [...] Fisiología, y quien tal dice, dice Física, Historia natural, Anatomía comparada, Medicina, Matemáticas (porque es menester notar la marcha del espíritu humano en todos sus ramos). Psicología y por descontado Ideología, Gramática, Lógica; y quien así se explica, ya incluye todos los recursos de la Crítica y Filología, y por cima de todo y para todo una razón sumamente fortificada y maestra en el ejercicio de la investigación; en una palabra, para el estudio del hombre es menester más que el hombre, toda la naturaleza.5
Luz exige de las ciencias intelectuales o espirituales y por tanto de la moral, su comprobación práctica, es decir, su confirmación con el ejemplo. El valor de sus ideas se halla en que solo con la integralidad de las diversas ramas de la cultura se puede alcanzar la racionalidad y la comprensión científica acerca de la importancia de la ética. Porque esta última se interrelaciona con todas las formas del actuar tanto en lo individual como en lo social.
En carta de Engels a José Bloch, sumamente esclarecedora, señala: ...Según la concepción materialista de la historia, el factor que en última instancia determina la historia es la producción y reproducción de la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado nunca más que esto. Si alguien lo tergiversa diciendo que el factor económico es el único determinante, convertirá aquella tesis en la frase vacua, abstracta, absurda. Y seguidamente explica lo siguiente: La situación económica es la base, pero los diversos factores de la superestructura que sobre ella se levanta —las formas políticas de lucha de clases y sus resultados, las Constituciones que, después de ganada una batalla, redacta la clase triunfante, etc., las formas jurídicas e incluso los reflejos de todas estas luchas reales en el cerebro de los participantes, las teorías políticas, jurídicas, filosóficas, las ideas religiosas y el desarrollo ulterior de éstas hasta convertirlas en un sistema de dogmas —ejercen también su influencia sobre el curso de las luchas históricas y determinan, predominantemente en muchos casos, su forma.6
La historia de la sociedad humana es en efecto un combate muchas veces abierto y otras encubierto entre explotadores y explotados, esto es así por factores económico sociales, y además, porque, como decía el Apóstol, los hombres van de dos bandos, los que aman y funda, y los que odian y destruyen. Esto también es una verdad científica; es decir, junto a los condicionamientos económicos que determinan, en última instancia, la división clasista, están presentes las ambiciones individuales que por naturaleza posee el hombre. En un mundo idealizado donde todos fueran altruistas, triunfaría el socialismo de manera natural, pero ese mundo no existe, sin embargo, hay que entender, a su vez, que los hombres no solo poseen ambición y egoísmo, también tienen, sobre todo potencialmente, enormes posibilidades de generar la bondad, la solidaridad y la inteligencia en su más pleno alcance y esta es otra verdad científica. Estos sentimientos y facultades están presentes en la naturaleza social de los hombres y pueden ser estimulados con la educación y la cultura.
Engels decía que las sociedades clasistas habían generado riquezas enormes apelando a las ambiciones más viles de los hombres a costa de sus mejores disposiciones. Con este pensamiento del genial compañero de Marx y la dolorosa experiencia del siglo XX, podemos comprender que el desafío ético es un elemento sustantivo para edificar una sociedad socialista, es decir, para estimular las mejores disposiciones humanas a favor de la solidaridad universal.
¿Y cuáles son las mejores disposiciones humanas? Obviamente la solidaridad y la cooperación entre los hombres y Engels tenía que considerarlas como consustanciales a la propia naturaleza del hombre. En la Europa de entonces, alcanzarlas era posible solo en el otro mundo. La tradición cultural cubana, al situar el tema de la creencia en Dios en el arbitrio de cada cual, aquí en la tierra, despejó este importante problema. Al no considerar la creencia religiosa como antagónica con las ciencias le abrió un camino decisivo al pensamiento científico, filosófico y social cubano. Hoy, en el siglo XXI, estamos en condiciones de probar prácticamente, con las experiencias positivas o negativas del siglo XX, que las mejores disposiciones humanas solo se pueden alcanzar propiciando un cambio radical de los fundamentos económicos, políticos y sociales. Esto es posible con un alto nivel de desarrollo económico, una organización social socialista de la producción y distribución de la riqueza y el apoyo decisivo de la educación, la cultura y la política culta. Para ello es necesario establecer el principio ético de que la justicia es el sol del mundo moral y en el fomento de una cultura general integral y masiva.
Hay un pensamiento de Fidel que resulta síntesis de todos estos nobles propósitos:
El gran caudal hacia el futuro de la mente humana consiste en el enorme potencial de inteligencia genéticamente recibido que no somos capaces de utilizar. Ahí está lo que disponemos, ahí está el porvenir [...] 7
Una concepción de la inteligencia como la presente en Martí, confirmada por los modernos progresos de las ciencias psicológicas, nos subraya su integralidad de forma tal que penetra y se sintetiza no solo en la capacidad intelectual del hombre, sino, también, en las emocionales y en su voluntad orientada hacia la acción transformadora. Pensamiento, acción, sentimiento y vocación de servicio están presentes en la naturaleza humana.
Toda inteligencia genuinamente creadora va inclinada hacia la acción y se expresa en una síntesis de informaciones que van integrándose en forma de sentimientos que mientras sea más amplia, abarca mayor número de personas. Por lo tanto, la inteligencia se orienta hacia una ética superior y en ella están protegidos todos sin excepción. De esta forma considera Martí que la inteligencia se vincula con la bondad y la brutalidad con la maldad. Los modernos avances de la psicología confirman este pensamiento martiano.
Esto se relaciona con las preocupaciones o advertencias que Martí hacía acerca de los posibles peligros del triunfo de las ideas socialistas. Señala en carta a Fermín Valdés Domínguez:
Una cosa te tengo que celebrar mucho, y es el cariño con que tratas; y tu respeto de hombre, a los cubanos que por ahí buscan sinceramente, con este nombre o aquél, un poco más de orden cordial, y de equilibrio indispensable, en la administración de las cosas de este mundo: Por lo noble se ha juzgar una aspiración: y no por esta o aquella verruga que le ponga la pasión humana. Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras —el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas— y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados. Unos van, de pedigüeños de la reina, —como fue Marat cuando el libro que le dedicó con pasta verde— a lisonja sangrienta, con su huevo de justicia, de Marat. Otros pasan de energúmenos a chambelanes, como aquellos de que cuenta Chateaubriand en sus “Memorias”. Pero en nuestro pueblo no es tanto el riesgo, como en sociedades más iracundas, y de menos claridad natural: explicar será nuestro trabajo, y liso y hondo, como tú lo sabrás hacer: el caso es no comprometer la excelsa justicia por los modos equivocados o excesivos de pedirla. Y siempre con la justicia, tú y yo, porque los errores de su forma no autorizan a las almas de buena cuna a desertar de su defensa. Muy bueno, pues, lo del 1° de Mayo. Ya aguardo tu relato, ansioso.” 8
Obsérvese que Martí concreta los peligros de las ideas socialistas —como tantas otras— en la incultura y la maldad humanas, es decir, en factores subjetivos.
¿Dónde están las profundas raíces filosóficas de tantos errores y horrores? Nacen de una interpretación dogmática de la relación entre forma y contenido. No se entendió que ambas categorías carecen de existencia independiente, se trata de una relación dialéctica. Estúdiense las ideas de Engels en su famosa carta a José Bloch, 22-23 septiembre de 1890, y en la dirigida a Francisco Mehring en 1893 y se comprobará lo que afirmamos. En la referida carta a Mehring señala Engels con tono autocrítico:
Falta, además, un solo punto, en el que, por lo general, ni Marx ni yo hemos hecho bastante hincapié en nuestros escritos, por lo que la culpa nos corresponde a todos por igual. En lo que nosotros más insistíamos —y no podíamos por menos de hacerlo así— era en derivar de los hechos económicos básicos las ideas políticas, jurídicas, etc., y los actos condicionados por ellas. Y al proceder de esta manera, el contenido nos hacía olvidar la forma, es decir, el proceso de génesis de estas ideas, etc. Con ello propor cionamos a nuestros adversarios un buen pretexto para sus errores y tergiversaciones.” 9
No obstante estas advertencias del ilustre amigo de Marx, se continuó cometiendo el error y se cayó en un materialismo tosco en que se simplificaban hasta el absurdo las relaciones entre la estructura y la superestructura, es decir —para usar la expresión del propio Engels— se pasó por alto la importante cuestión de la génesis de las ideas. Precisamente en ello estuvo el fundamento de la diferencia y aproximaciones entre la cultura de Marx y de Martí, recogían una evolución intelectual anterior con distintos matices pero, en esencia, expresan el mismo drama social del hombre y la necesidad de utilizar la ciencia y la cultura para abordarlo y la necesidad de asociarse para ponerle fin.
En las ideas de Marx y las de Martí se observan diferencias en la forma de plantear esta aspiración, pero hay una complementación entre ambas que nos orienta a tomar en cuenta los factores económico-sociales en que insiste Marx y, a la vez, asumir a plenitud la importancia de los que, en lenguaje marxista, se denominan de la superestructura, y en los cuales Martí hizo especial énfasis.
Otro aspecto sustantivo está en el estudio que Martí hizo del imperialismo norteamericano, en gestación durante su estancia en ese país (1880-1895). Como se sabe, esta no es una cuestión tratada por Marx, fue Lenin, quien tres o cuatro décadas después caracterizó al imperialismo desde el punto de vista del materialismo histórico. El análisis realizado por Lenin desde Europa sobre el imperialismo tiene importantes coincidencias con las formulaciones martianas hechas desde Nueva York cuando se estaban produciendo en Estados Unidos profundos cambios económicos y sociales y hacen su aparición los monopolios y el capital financiero.
Un estudio de la obra de Martí y en especial su denuncia sobre los gérmenes funestos que se gestaban en Norteamérica en las décadas finales del siglo XIX, permite establecer un paralelismo con los análisis posteriores de Lenin. Martí estudió al imperialismo y lo caracterizó económicamente. Existe copiosa literatura al respecto, entre ella, sus comentarios a la Conferencia Panamericana de Washington de 1889. El elemento esencial del planteamiento martiano con relación al imperialismo radica en la constatación de un desarrollo económico-material orientado hacia el individualismo en una sociedad que frenaba o desviaba el desarrollo cultural y espiritual. Este es el drama del imperialismo que en el siglo XXI se manifiesta con mayor fuerza.
El fenómeno del paso del capitalismo de libre concurrencia al capitalismo monopolista es analizado por Martí que lo denuncia y caracteriza de modo ejemplar: El monopolio está sentado como un gigante implacable, a la puerta de todos los pobres. Todo aquello que se puede emprender está en manos de corporaciones invencibles formadas por la asociación de capitales desocupados a cuyo influjo y resistencia no puede sobreponerse el humilde industrial [...] Este país industrial tiene ya un tirano industrial.10
Con precisión asombrosa describe el asalto al poder económico y político por parte de la oligarquía de los banqueros con todas sus ramificaciones en la sociedad norteamericana de esa época. En 1885 escribe: Forman sindicatos, ofrecen dividendos, compran elocuencia e influencia, cercan con lazos invisibles al Congreso, sujetan de la rienda la legislación, como un caballo vencido, y, ladrones colosales, acumulan y reparten ganancias en la sombra. Son los mismos siempre; siempre con la pechera llena de diamantes; sórdidos, finchados, recios: los senadores les visitan en las horas silenciosas; abren y cierran la puerta a los millones: son los banqueros privados. 11
Tres años más tarde, en abril de 1888, con todo ese proceso más avanzado y más visible aún va al fondo y sentencia: ... se ve como todo un sistema está sentado en el banquillo, el sistema de los bolsistas que estafan, de los empresarios que compran la legislación que les conviene, de los representantes que se alquilan, de los capataces de electores, que sobornan a estos, o los defienden contra la ley, o los engañan; el sistema en que la magistratura, la representación nacional, la Iglesia, la prensa misma, corrompidas por la codicia, habían llegado, en veinticinco años de consorcio, a crear en la democracia mas libre del mundo la más injusta y desvergonzada de las oligarquías.12
En el terreno social no vacila en señalar las terribles condiciones laborales que les son impuestas a los obreros y desde luego toma partido denunciando que los salarios de los trabajadores del ferrocarril no pasan de un mendrugo y una mala colcha, para que puedan repartirse entre sí dividendos gargantuescos los cabecillas y favorecidos de las compañías...13
El expansionismo fuera de las fronteras que ese desarrollo imperialista generaba fue también analizado por Martí y asume la denuncia de los peligros que representaba para la independencia de Cuba y para los países de Nuestra América. En artículo para La Nación de Buenos Aires, escrito en octubre en 1885, caracteriza a la “camarilla” financiera y sus propósitos del siguiente modo: Como con piezas de ajedrez, estudian de antemano, en sus diversas posiciones, los acontecimientos y sus resultados, y para toda combinación posible de ellos, tienen la jugada lista. Un deseo absorbente les anima siempre, rueda continua de esta tremenda máquina: adquirir: tierra, dinero, subvenciones, el guano del Perú, los Estados del Norte de México.14
Cuatro años más tarde en 1889, en carta a Serafín Bello, le expone sus temores sobre Estados Unidos que son en esencia los mismos que expresara, en víspera de su muerte, a Manuel Mercado: Llegó ciertamente para éste país, apurado por el proteccionismo, la hora de sacar a plaza su agresión latente, y como ni sobre México ni sobre Canadá se atreve a poner los ojos, los pone sobre las islas del Pacífico y sobre las Antillas, sobre nosotros.15
Otro aspecto clave de la relación entre el pensamiento del Apóstol y el autor de El capital radica en que tanto en la filosofía de Marx, como en el pensamiento del prócer cubano, podemos encontrar una concepción orientada a proyectar la cultura hacia la transformación del mundo. Eso es muy importante porque la tra-dición europea en el terreno filosófico —como dijo Marx— se había limitado a una función descriptiva.
En cuanto a Martí, toda su vida fue un empeño para la transformación del mundo y por una interpretación cultural que ayudara para tal propósito. El gran escritor y poeta que dominaba a la perfección y enriquecía las formas del lenguaje, llegó a afirmar: Hacer es la mejor manera de decir.
Para asumir la defensa de los intereses de las masas explotadas y de la humanidad en su conjunto, es necesario orientarse por una fundamentación cultural. Muchas veces se suele actuar sin ella, pero el propósito de liberación humana requiere objetivamente de la cultura. Los que desdeñan una elaboración de este carácter, lo hacen para proteger intereses inmediatos sin tomar en consideración una perspectiva de largo alcance. Relacionar los intereses inmediatos con tal perspectiva es, precisamente, labor de la cultura. Se suele incurrir, a la vez, en un error a la inversa al hacer elaboraciones teóricas sin tener en cuenta la práctica. Este es un aspecto cardinal de la historia de las ideas y Cuba asumió la línea de transformar el mundo a partir de la cultura. El pensamiento socialista de Marx y Engels se lo planteó también de esta manera.
Pasemos ahora a examinar cómo valoró Martí la figura de Marx en su carta al periódico La Nación fechada el 29 de marzo de 1883 en ocasión de su muerte:
Ved esta gran sala. Karl Marx ha muerto. Como se puso del lado de los débiles, merece honor. Pero no hace bien el que señala el daño, y arde en ansias generosas de ponerle remedio, sino el que enseña remedio blando al daño. Espanta la tarea de echar a los hombres sobre los hombres. Indigna el forzoso abestiamiento de unos hombres en provecho de otros. Mas se ha de hallar salida a la indignación, de modo que la bestia cese, sin que se desborde, y espante. Ved esta sala: la preside, rodeado de hojas verdes, el retrato de aquel reformador ardiente, reunidor de hombres de diversos pueblos, y organizador incansable y pujante. La Internacional fue su obra: vienen a honrarlo hombres de todas las naciones. La multitud, que es de bravos braceros, cuya vista enternece y conforta, enseña más músculos que alhajas, y más caras honradas que paños sedosos. El trabajo embellece. Remoza ver a un labriego, a un herrador, o a un marinero. De manejar las fuerzas de la naturaleza, les viene ser hermosos como ellas.16
Para Martí la cuestión social era un componente esencial de la política. Quien escribió: [...] con los pobres de la tierra/quiero yo mi suerte echar, quien postuló: [...] como se viene encima, amasado por los trabajadores, un universo nuevo; quien a su vez subrayó —refiriéndose a Carlos Marx— que: [...] no fue sólo movedor titánico de las cóleras de los trabajadores europeos, sino veedor profundo en la razón de las miserias humanas, y en los destinos de los hombres, y hombre comido de ansia de hacer bien; quien destacó que [...] Marx estudió los modos de asentar al mundo sobre nuevas bases, y despertó a los dormidos, y les enseñó el modo de echar a tierra los puntales rotos, y quien se convirtió en el dirigente de los obreros tabaqueros de Tampa y se planteó la independencia de Cuba como un deber de carácter continental y universal, incluía necesariamente en su ideario político la cuestión social e internacional.
El partido que constituyó tenía como base social original a los trabajadores de Tampa y Cayo Hueso; no formulaba su radicalismo social en la forma en que se exponía en la cultura europea, sino en la mejor tradición literaria de nuestra América. En la esencia de sus concepciones estaba el drama social del hombre presente también en la tradición obrera y socialista del viejo continente.
En relación con la idea de que espanta lanzar unos hombres contra otros, hay que tomar en cuenta que en esa misma época Martí preparaba la guerra necesaria contra el poder español en América para evitar a tiempo la expansión del imperio yanqui. Martí no vaciló en convocar esa guerra necesaria que aún cuando aspiraba a que fuese “humanitaria y breve” estaba consciente que traería también enfrentamiento, muerte y destrucción.
En cuanto a la crítica que él formula sobre el extremismo es necesario tener en cuenta que entonces en Nueva York las ideas anarquistas estaban muy confundidas con las concepciones marxistas que prevalecían en Estados Unidos. Engels, desde Europa, señalaba severamente que en Norteamérica no se estaban aplicando consecuentemente las ideas de Marx. Es sabido que ambos alertaron siempre contra los extremismos y las formulaciones de los anarquistas.
En 1886, Engels refiriéndose a las deformaciones y malas interpretaciones de la teoría de Marx en Estados Unidos señaló:
A mi juicio, muchos alemanes que viven en Norteamérica han cometido un grave error cuando, al verse cara a cara con el poderoso y glorioso movimiento fundado sin su participación, intentaron convertir su teoría importada y no siempre entendida correctamente, en algo así como una elleinse ligmachendes Dogma (un dogma que lo salva todo) y se mantuvieron apartados de todo movimiento que no aceptaba ese dogma. Nuestra teoría no es un dogma, sino la exposición de un proceso de evolución que comprende varias fases consecutivas. Esperar que los norteAmericanos emprensan el movimiento con plena conciencia de la teoría formada en los países industriales más antiguos es esperar lo imposible.17
La cuestión que Marx expresó en la célebre frase de que la violencia es la partera de la historia, la entendemos hoy de la siguiente manera. Quienes generan la violencia son los reaccionarios y conservadores que se resisten a los cambios y obligan a los pueblos a lanzarse a la revolución. Así lo entendió José Martí cuando organizó la guerra necesaria, así lo entendemos nosotros y así, puedo suponer yo, lo entendía Carlos Marx.
La clave de la cuestión está en que la violencia no está generada por los socialistas, sino por las condiciones económico-sociales y la alientan los reaccionarios. Por ello, debemos trabajar siempre como lo ha hecho la Revolución Cubana por mostrar que la violencia es siempre responsabilidad del enemigo. Esto, teniendo en cuenta, además, el principio de que la mujer del César no tiene solo que ser honrada, sino también debe parecerlo.
Podemos apuntar también otro elemento en Martí que muestra un acercamiento al ideal socialista. Señaló que el secreto de lo humano estaba en la facultad de asociarse. Me parece que el principio de liberación radical del hombre que enunciaran los forjadores del socialismo científico y que estaba presente también en el centro del ideal martiano, son puntos de coincidencia bastante profundos que permitieron, en el siglo XX, que los primeros comunistas cubanos surgieran del pensamiento martiano, y estas ideas las podemos defender hoy como martianos y socialistas.
Las revoluciones populares del siglo XX han mostrado una y otra vez que es condición de su éxito que el ejército popular actúe bajo la dirección de una vanguardia política; lo que no hace sino comprobar que “la guerra” —como había dicho Martí— “es un procedimiento político”. Pero a finales del siglo XIX, sin ningún precedente en nuestra América, el propósito de que el partido influyera en la orientación de la guerra, no podía sino sorprender. Solo que lejos de ser, por ello, un continuador de los “civilistas” del 68, Martí era un precursor de los revolucionarios radicales del siglo XX. Habría que esperar a que el desarrollo de la historia echara una luz reveladora sobre el hecho para que esto se viera con toda claridad.
Si estudiamos las formas, métodos y principios organizativos del Partido Revolucionario Cubano, comprobaremos la precisión que Martí alcanzó con respecto a cómo apoyar políticamente la guerra. Asimismo, si analizamos las bases del partido de Martí observamos cómo la práctica le llevó a aplicar principios de organización, algunos similares a los desarrollados por Lenin en el Partido Socialdemócrata Ruso.
El Partido Revolucionario Cubano no era una simple suma de afiliados, sino que era, propiamente, un complejo de organizaciones. Los Estatutos Secretos del Partido Revolucionario Cubano, establecen textualmente:
El Partido Revolucionario Cubano se compone de todas las asociaciones organizadas de cubanos independientes que acepten su programa y cumplan con los deberes impuestos en él. Más adelante señalan: El Partido Revolucionario Cubano funcionará por medio de las asociaciones independientes, que son las bases de su autoridad [...] 18
Es decir, el Partido Revolucionario Cubano de Martí era un complejo de organizaciones, poseía bases programáticas y estatutos democráticamente aprobados y una definida política antimperialista.
Esto, en la Cuba de 1892 ,era realmente extraordinario. Recuérdese, que en los años iniciales del siglo, Lenin debió desarrollar una polémica por imponer dentro de la social democracia rusa el principio de que el partido debía ser un complejo de organizaciones. Por otra parte, fue en pleno siglo XX que la fase imperialista del capitalismo fue denunciada y explicada por Lenin.
No constituye un hecho casual que la fundación del Partido Revolucionario Cubano tuviera lugar en Cayo Hueso, donde se encontraban los obreros tabaqueros emigrados. Asimismo, la presencia, conocida y valorada por Martí, de marxistas, socialistas utópicos y anarquistas en el seno del partido es cuestión sobresaliente. También es significativo que fuera precisamente a Carlos Baliño a quien Martí le dijera: Revolución no es la que vamos a hacer en la manigua, sino la que vamos a realizar en la República.
Los hechos del Primero de Mayo en Estados Unidos tuvieron una repercusión inmediata en nuestro país. En 1889 se acuerda por primera vez conmemorar la fecha con manifestaciones obreras. Se convoca para el Primero de Mayo de 1890 una jornada internacional de los trabajadores. En esa conmemoración inicial estuvo presente la todavía incipiente clase obrera cubana. Estos hechos de gran significado no pasaron inadvertidos para Martí. Sus amigos socialistas le escribían desde Cuba acerca de sus ideas. Martí les alentaba a continuar estudiando los problemas sociales y elogiaba estas inquietudes.
Pero, desde luego, la tarea y el papel de Martí eran otros. Tenía que organizar y dirigir la guerra por la independencia de Cuba para evitar a tiempo la expansión yanqui por América. Las condiciones históricas que prevalecían en América y en el mundo al terminar la guerra de independencia, hicieron que el programa del Partido Revolucionario Cubano no pudiera ser realizado.
En 1925 se había producido en el país un desarrollo de la clase obrera. Había tenido lugar en el mundo el triunfo de la Revolución de Octubre. La influencia del leninismo se proyectaba sobre nuestra patria. Julio Antonio Mella y Carlos Baliño buscan las raíces de su programa político en el Partido Revolucionario Cubano, en el partido al que pertenecían los obreros tabaqueros de Cayo Hueso, y piensan en él como la gran necesidad inmediata.
Julio Antonio Mella comprendió como pocos las raíces martianas de la Revolución Cubana y apreció su papel movilizador en las luchas que estaban por librarse. Como se ha señalado, nuestro Héroe Nacional era tan revolucionario que, no pudiendo admitir sosegadamente los obstáculos y limitaciones de su época, lanzó sin embargo para el porvenir una bandera y un programa que aun hoy constituyen un ideal a alcanzar por muchos pueblos de América.
La historia, en el caso de nuestra patria, mostró con ejemplaridad que el programa del Partido Revolucionario Cubano era un antecedente necesario del programa socialista de nuestra Revolución. iAsí lo vio Mella; así lo vio Fidel!
Esto explica el hecho de que al transcurrir tres décadas de su muerte, quienes mejor comprendieran el pensamiento de Martí fueran los fundadores del primer Partido Comunista de Cuba: Julio Antonio Mella y Carlos Baliño.
No podían los sectores burgueses criollos del siglo XX, vacilantes y subordinados al imperialismo yanqui, entender el pensamiento humanista, popular, ultrademocrático y antimperialista de José Martí. Ello hubiera rebasado sus propios intereses de clase.
[...] Consiste, en el caso de Martí y de la Revolución, tomados únicamente como ejemplos, en ver el interés económico-social que “creó” al Apóstol, sus poemas de rebeldía, su acción continental y revolucionaria: estudiar el juego fatal de las fuerzas históricas, el rompimiento de un antiguo equilibrio de fuerzas sociales, desentrañar el misterio del programa ultrademocrático del Partido Revolucionario, el milagro —así parece hoy— de la cooperación estrecha entre el elemento proletario de los talleres de la Florida y la burguesía nacional; la razón de la existencia de anarquistas y socialistas en las filas del Partido Revolucionario etcétera. 19
La Revolución de Martí, triunfadora del Primero de Enero de 1959, y la lucha victoriosa de nuestro pueblo, permiten hoy comprender mejor estos fenómenos. No hubiera sido posible entender en toda su profundidad la cuestión sin las luchas de nuestro proletariado, de los campesinos y estudiantes cubanos. No se hubiera entendido sin las batallas libradas por el propio Mella, Martínez Villena, Guiteras, Menéndez; por los combatientes del Moncada, de la Sierra, de la clandestinidad y de Girón.
La razón de estos hechos hay que encontrarla en la estrecha relación entre las luchas por la independencia y por la justicia social.
Ya en 1868 se había vinculado el problema de la independencia con la cuestión social de la esclavitud. En 1895, se empieza a relacionar el problema de la independencia con el de la tierra. En 1925, la necesidad de combatir la dominación imperialista va unida al problema de la tierra y a la lucha por la liberación de la clase obrera contra la opresión burguesa.
En los años de la fundación del primer Partido Comunista no fue posible que se cumpliera el programa de Martí. Habrían de transcurrir 30 años, para que el programa de Martí se comenzara a cumplir. En 1953, Fidel Castro plasma el programa del Partido Revolucionario Cubano en La historia me absolverá. El programa del Moncada era, en esencia, el programa del Partido Revo‑ lucionario Cubano. Con el triunfo de la Revolución ese programa se fue cumpliendo con toda fuerza, energía y valor. Abrió para siempre los caminos de la independencia nacional y de la liberación de la clase obrera y de las masas explotadas.
Martí estuvo con su influencia en la fundación del primer Partido Comunista. Estuvo también presente en las leyes nacionalistas y antimperialistas de Antonio Guiteras. Estuvo presente en el Granma, en la clandestinidad y en la Sierra. Sus ideas triunfaron el Primero de Enero de 1959. En esa fecha gloriosa alcanzó la victoria la Revolución de Martí. Una Revolución que conquistó, para siempre, la independencia nacional, la liberación de los explotados, la democracia plena y que abrió el camino del socialismo en nuestra patria.
Y si alguien considera que la Revolución Cubana se salió del esquema de Marx, diríamos que el tal esquema no es ni de Marx, ni de Engels ni de Lenin, y a modo de confirmación repasemos el siguiente texto de Marx y Engels:
Las fases sociales y económicas que estos países tendrán que pasar antes de llegar también a la organización socialista, no pueden, creo yo, ser sino objeto de hipótesis bastante ociosas. Una cosa es segura: el proletariado victorioso no puede imponer la felicidad a ningún pueblo extranjero sin comprometer su propia victoria.20Resulta muy esclarecedor para este estudio desde el mate‑ rialismo histórico de las aproximaciones y diferencias entre el pensamiento de Marx y Martí las ideas expuestas por Marx en su Carta a la Redacción de los Anales de la Patria:
A todo trance quiere convertir mi esbozo histórico sobre los orígenes del capitalismo en la Europa occidental en una teoría filosófico-histórica sobre la trayectoria general a que se hallan sometidos fatalmente todos los pueblos, cualesquiera que sean las circunstancias históricas que en ella concurra, para plasmarse por fin en aquella formación económica que, a la par que el mayor impulso de las fuerzas productivas, del trabajo social asegura el desarrollo del hombre en todos y cada uno de sus aspectos. (Esto es hacerme demasiado honor y al mismo tiempo, demasiado escarnio.)
Más adelante señala:
Estudiando cada uno de estos procesos históricos por separado y comparándolos luego entre sí, encontraremos fácilmente la clave para explicar estos fenómenos, resultado que jamás lograríamos, en cambio con la clave universal de una teoría general filosófica de la historia, cuya mayor ventaja reside precisamente en el hecho de ser una teoría suprahistórica.21
Engels por su parte señala:
Según la concepción de Marx, toda la marcha de la historia —trátase de los acontecimientos notables— se ha producido hasta ahora de modo inconscientes, es decir, los acontecimientos y sus consecuencias no han dependido de la voluntad de los hombres; los participantes en los acontecimientos históricos deseaban algo diametralmente opuesto a lo logrado o, bien, lo logrado acarreaba consecuencias imprevistas. Más adelante agregaba: [...] toda concepción de Marx no es una doctrina, sino un método. No ofrece dogmas hechos, sino puntos de partida para la ulterior investigación y el método para dicha investigación.22
No obstante tan claras conclusiones, Marx y Engels han venido siendo atacados de dogmáticos. Es importante analizar las raíces de estas acusaciones, incurren en un error de dogmatismo los que así se expresan; se produce una transferencia de fundamentos sicológicos. El mal del que padecen ellos se lo adjudican a estos sabios.
No sucede solo con los forjadores del socialismo científico, también en cuanto a otras grandes personalidades de la cultura cuando se les acusa de dogmáticos; se está demostrando que quienes lo sufren son sus impugnadores. Ocurre también que algunos que se consideran continuadores de estos filósofos hacen un reduccionismo de sus ideas y se comportan como dogmáticos. El pensamiento de Marx y Engels es por esencia antidogmático, allí está su clave verdadera.
Hoy se requiere una síntesis universal de cultura que articule lo mejor de las más diversas corrientes para el futuro humano. El materialismo histórico y la tradición filosófica cubana pueden servirnos para conformar, con las mejores ideas y sentimientos universales de los últimos dos siglos, dicha síntesis con el rigor crítico y la visión que corresponde al XXI. Esto puede hacerse desde la cultura cubana.
Fernando Ortiz caracterizó la cultura nacional como un ajiaco señalando la profunda interrelación de las diversas culturas que en Cuba se han conjugado. Estudió sus manifestaciones en el terreno sociológico y del arte. Hoy podríamos decir que, en el orden de las ideas filosóficas, también tenemos un ajiaco, pero con sabor a justicia. Es que en Cuba se sintetizaron en estos dos siglos corrientes fundamentales de lo que se llamó civilización occidental y las asumimos desde la autoctonía caribeña y latinoamericana para revolucionarlas. Y en esa síntesis intervienen los siguientes aspectos:
El inmenso saber de la modernidad europea, tal como la habían interpretado creativamente los maestros forjadores que nos representamos en Varela y Luz Caballero.
La más pura tradición ética de raíces cristianas que, como he dicho en otras ocasiones, en Cuba nunca se situó en antagonismo con las ciencias.
La influencia desprejuiciada de las ideas de la masonería en su sentido de universalidad y solidaridad humana que ejerció una gran influencia en la forja de la epopeya del 68 y en especial en las ideas de nuestros padres fundadores.
La cultura de raíz inmediatamente popular que nos simbllizamos en el pensamiento y sentimiento de la familia de los Maceo y Grajales y, especialmente, del Titán de Bronce. La caracterizamos como la forma y el sentido con que la población esclava del Caribe asumió las ideas de la modernidad.
La tradición bolivariana y latinoamericana que Martí enriqueció con su vida en México, Centroamérica y Venezuela, de donde partió hacia Nueva York en 1880 y proclamó: De América soy hijo: a ella me debo.
Las ideas y sentimientos antimperialistas surgidos desde las entrañas mismas del imperio yanqui. La presencia del Apóstol durante más de 15 años en Estados Unidos (más de la tercera parte de su vida) completó su inmenso saber y sintetizó el pensamiento político, social y filosófico desde la óptica de los intereses latinoamericanos y fue contribución decisiva a la conformación del pensamiento cubano. Martí se consideró siempre discípulo de Bolívar.
El pensamiento socialista de Marx, Engels y Lenin, tal como lo interpretaron Mella, Villena, el Che y Fidel Castro.
En otras latitudes, estas tendencias estuvieron encontradas y se expresaban de forma antagónica y en choques dramáticos. En la tradición cubana se produjo, durante los dos últimos siglos, una síntesis de ellas; no es que hayamos estado exentos de contradicciones y antagonismos, a veces agudos y peligrosos pero, como señalábamos, la resultante histórico cultural representó tomar de cada una lo que fuera útil para la emancipación humana, la solidaridad de nuestra América y los más vastos principios de universalidad.
Dijo Engels que el marxismo es un método de investigación y de estudio y Lenin lo calificó de guía para la acción. Se elige e investiga y nos guiamos hacia la acción con algún objetivo o propósito. Este se expresa en el ideal universal de justicia y en la República con todos y para el bien de todos del pensamiento martiano.
A este fin solo se llega a partir del concepto de integralidad de la cultura que la escuela cubana, y en especial Martí, nos enseñaran y que el pensamiento de Marx y Engels nos confirma.
Esta es la revolución socialista y martiana que Fidel está promoviendo y ella se expresa en la forma de hacer política. Es necesario estudiar las fórmulas prácticas de hacer política presentes en Martí, desarrolladas en el siglo XX por Fidel Castro, es decir, la Cuba de hoy. Esto se relaciona con los vínculos entre cultura y política. Estudiar los factores que determinaron el alejamiento e incluso el divorcio de estos dos planos de la vida social es el primer deber de quienes, en el siglo XXI, se propongan luchar por la redención del hombre, único camino para salvar a la civilización del colapso que la amenaza. Debe hacerse sobre la base de la cultura general integral que a los cubanos nos viene de la mejor tradición nacional y que tiene también fundamentos en el materialismo histórico. La mayor dificultad está en que esto solo se logra sobre el presupuesto ético de la lucha por la justicia y la solidaridad humana.
El movimiento de reformas universitarias iniciado en Córdoba, Argentina, en 1918,que contó entre otras figuras con José Ingenieros y Aníbal Ponce, se extendió por el continente, llegó a nuestro país y fue asumido por Julio Antonio Mella y los estudiantes universitarios. Pero pronto Mella comprendió que para realizar reformas académicas había que hacer una revolución social. Fue, por tanto, el fundador en Cuba del Partido Comunista y de la Liga Antimperialista.
En nuestro país a lo largo del siglo XX el pensamiento socialista mantuvo un gran respeto por la tradición de José Martí y la cultura cubana. El ideario cultural cubano del siglo XIX nutrió y enriqueció, durante el XX, las ideas socialistas en Cuba. Tras al asalto al Moncada el 26 de julio de 1953, Fidel Castro declararía que José Martí había sido el autor intelectual de la Revolución que triunfara en enero de 1959 y cuyo carácter socialista se proclamó en 1961. Es decir, la cultura cubana decimonónica fue elemento esencial para la comprensión entre nosotros de las ideas socialistas. Por eso insistimos en que si el ideario revolucionario de Mella y sus compañeros pudo rescatar de la mutilación y el olvido en que había caído en las primeras décadas del siglo XX el pensamiento patriótico y antimperialista de nuestro pueblo, hoy, en los inicios del XXI, trabajamos para fortalecer en nuestra patria el pensamiento socialista y ayudar a rescatarlo internacionalmente, a partir de la cultura cubana de dos siglos de historia, en la cual se destaca la figura de José Martí. Para arribar a conclusiones teóricamente válidas es necesario profundizar en los conceptos de cultura general integral y masiva en que viene insistiendo el compañero Fidel Castro.
A este fin solo se llega a través del concepto de integralidad de la cultura presente en el pensamiento de Carlos Marx, Federico Engels y de todos los grandes humanistas de la historia. Esta es la revolución humanista, socialista y martiana que Fidel está promoviendo.
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1 Carlos Marx: “Correspondencia de 1843”, en K. Marx: Obras escogidas, D. Mc. Lellan, Oxford University Press, 1977, p. 38.
2 A. Gramsci: “El príncipe moderno y otros escritos”. International Publishers, N. Y., 1957, p. 20.
3 Carlos Marx: “Tesis sobre Feuerbach.” Obras escogidas, Editorial Progreso, 1973, t. 1, p.7.
4 Medardo Vitier: Las ideas y la filosofía en Cuba, Editorial de Ciencias Sociales, 1970, p. 214.
5 J. Luz y Caballero: “Cuestión de Método si el estudio de la Física debe o no proceder al de la Lógica”. La Polémica Filosófica,Vol. I, p. 87, Biblioteca de Clásicos Cubanos, 2000.
6 F. Engels: “Carta a José Bloch” , en C. Marx, F. Engels, Obras escogidas, Editorial Progreso, Moscú, 1974, t. III, p. 514.
7 Fidel Castro: “Discurso pronunciado en la Universidad Estadual de Río de Janeiro, Brasil el 30 de junio de 1999”, periódico Granma, suplemento especial, 10 de junio de 1999.
8 J. Martí: “ Carta a Fermín Valdés Domínguez en mayo de 1894”, Obras completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, t.3, p. 167.
9 F. Engels “Carta a F. Mehring, Carlos Marx y Federico Engels”, Obras escogidas, t. III, p. 523.
10 J. Martí: Obras completas, t. 10, p. 84.
11 Ibídem, t. 13, p. 289.
12 Ibídem, t.11, p. 437.
13 Ibídem, t.10, p. 413.
14 Ibídem. t.13, p. 290.
15 Ibídem. t.9, p. 388.
16 Ibídem, t. 9, pp. 388-389.
17 F. Engels: “ Carta a Florence Kelley‑Weschnewetzky, C. Marx, F. Engels”, Obras escogidas, t. III, p. 509.
18 J. Martí. Obra citada, t. 1, p. 279
19 J. A. Mella: “ Glosas al pensamiento de José Martí”, en Siete Enfoques Marxistas sobre José Martí, Colección de Estudios Martianos, Editora Política, La Habana, 1978, p.13.
20 F. Engels:“Carta a Carlos Kautsky” en Obras escogidas, p. 508.
21 Carta a los Anales de la Patria, 1887.
22 F. Engels: “Carta a Werner Sombart”, en C. Marx, F. Engels: Obras Escogidas, t. III, pp. 533-534.
Armando Hart Dávalos. Director de la Oficina del Programa Martiano
Publicado en enero/2004
miércoles, 3 de diciembre de 2008
lunes, 1 de diciembre de 2008
Carta abierta al Presidente Chávez, a propósito del asesinato de tres sindicalistas por la derecha fascista
James Petras
¿Cuantos líderes populares tienen que caer para convocar a la marcha Milicias populares armadas para expropiar a los autores intelectuales de los asesinatos: banqueros y magnates de los medios?
1. Es obvio que los asesinatos de los tres sindicalistas es parte de la estrategia de la derecha para volver a tomar el poder.
2. En muchas partes, especialmente en donde la derecha ganó las Gobernaciones, se están destruyendo centros populares.
3. Ningún asesinato de lideres populares están siendo investigado a fondo pues algunos mandos de la Policía incluso de la Guardia Nacional están implicados en los crímenes.
4. Las denuncias caen en un vacío político para agitar la autodefensa armada de las organizaciones populares.
5. Las comisiones de investigación de los trabajadores son necesarias pero insuficientes y ya que la derecha esta entrando en una nueva fase preparando un nuevo golpe de estado, mientras que el Gobierno confía en la popularidad del presidente Chávez mientras que el presidente, a su vez, confía en unas Fuerzas de Seguridad absolutamente comprometidas con la derecha.
¿Cuantos líderes populares tienen que caer para que las organizaciones sindicales y barriales convoquen una manifestación con un solo eslogan “Milicias populares armadas para expropiar a los autores intelectuales de los asesinatos: banqueros y magnates de los medios?
En solidaridad.
¿Cuantos líderes populares tienen que caer para convocar a la marcha Milicias populares armadas para expropiar a los autores intelectuales de los asesinatos: banqueros y magnates de los medios?
1. Es obvio que los asesinatos de los tres sindicalistas es parte de la estrategia de la derecha para volver a tomar el poder.
2. En muchas partes, especialmente en donde la derecha ganó las Gobernaciones, se están destruyendo centros populares.
3. Ningún asesinato de lideres populares están siendo investigado a fondo pues algunos mandos de la Policía incluso de la Guardia Nacional están implicados en los crímenes.
4. Las denuncias caen en un vacío político para agitar la autodefensa armada de las organizaciones populares.
5. Las comisiones de investigación de los trabajadores son necesarias pero insuficientes y ya que la derecha esta entrando en una nueva fase preparando un nuevo golpe de estado, mientras que el Gobierno confía en la popularidad del presidente Chávez mientras que el presidente, a su vez, confía en unas Fuerzas de Seguridad absolutamente comprometidas con la derecha.
¿Cuantos líderes populares tienen que caer para que las organizaciones sindicales y barriales convoquen una manifestación con un solo eslogan “Milicias populares armadas para expropiar a los autores intelectuales de los asesinatos: banqueros y magnates de los medios?
En solidaridad.
sábado, 29 de noviembre de 2008
La batalla por el futuro de la Revolución es esencialmente de pensamiento
Palabras de Adalberto Hernández Santos, presidente de la FEU, en el acto por el aniversario 137 del fusilamiento de los ocho estudiantes de Medicina
A la misma hora de iniciar esta conmemoración bajo los brazos redentores de nuestra Alma Mater, hace 137 años, víctimas de la infamia y la injusticia, fueron segadas las vidas de ocho estudiantes de Medicina. Su crimen mayor: ser cubanos en tiempos en que un atroz y vetusto coloniaje español intentaba ahogar en sangre el nacimiento estremecido y fértil de nuestra nacionalidad y de nuestra independencia.
Con la muerte de estos valerosos jóvenes, se inició una larga y dura tradición: la disposición al sacrificio de cientos de miles de jóvenes de nuestra Patria, por su emancipación y libertad definitivas. El 17 de noviembre de 2005 Fidel expresó en un discurso imprescindible para nuestros actuales y futuros combates:
«Ocho estudiantes fueron fusilados en 1871 y fueron cimientos de los más nobles sentimientos y del espíritu de rebeldía de nuestro pueblo, a quien tanto indignó aquella colosal injusticia (...)
«En la historia de nuestra juventud estuvo siempre presente el recuerdo de aquellos estudiantes de Medicina, y los estudiantes lucharon siempre contra los gobiernos tiránicos y corrompidos».
En verdad esta efeméride se ha convertido, a lo largo de más de cien años, en fecha de lucha y combate más que de dolor y pena. Miles de veces se tiñó el paisaje urbano con la sangre de jóvenes de todas las generaciones, los 27 de noviembre. Desde este mismo lugar partían hacia La Punta en simbólica peregrinación los Mella, los Villena, los José Antonio, los jóvenes de la Generación del Centenario, en acciones que concluían en genuinas batallas campales de puños de valor contra los fusiles del oprobio y las dictaduras.
Es por ello que este es un día de compromiso, manifiesto masivamente, de los jóvenes de hoy con ese gran poema antiegoísta y profundamente humano, escrito con sangre de todos los colores y todos los esfuerzos que es la Revolución Socialista.
A las puertas de sus primeros 50 años de victoriosa existencia, otros y más urgentes desafíos se nos imponen de nuevo a esta juventud, heredera genética y espiritualmente de otra juventud que no dejó morir al Apóstol en su centenario y saldó las frustraciones nacionales del Zanjón, la Intervención, el 33 y 1952.
Hoy la batalla por el futuro de la Revolución es esencialmente de pensamiento. Donde la búsqueda de altos niveles de conocimiento, de cultura general, de argumentos, no nos permita caer, primero: en el abismo de la ingenuidad que llevaría a la inconsecuencia con nuestra historia y el momento que vivimos; segundo: solo la educación imposibilitaría que los instintos prevalezcan sobre las ideas, dejando aflorar el egoísmo o los intereses del individuo sobre los del grupo a toda costa. El conocimiento arraigado tanto en la profunda ética que encendieron Varela y Martí, que en Fidel, en Raúl y en millones de cubanos honestos han encontrado firmes paradigmas y practicantes; como en el cultivo del amor al trabajo por su valor material y su influencia en la formación de la conciencia. La necesidad de crear, de debatir, de discutir presente en esta generación, debe partir del apego más intrínseco a las ideas y principios de nuestro Socialismo. Dentro de él todo, fuera de él nada.
Hoy sentimos aún dolor por este abominable abuso. En especial porque sabemos que la Revolución no ha sido un paseo de verano para los cubanos. Miles de mutilados y muertos nos ha costado —por las agresiones y planes imperialistas o financiados por ellos— la construcción del Socialismo. Es por ello que más que enunciar nuestro compromiso, nuestra vida y conducta cotidianas de jóvenes tienen que expresarlo por sí solas.
Nuestro pensamiento y más profundo mensaje de aliento y hermandad para nuestros Cinco hermanos, Héroes prisioneros, que al igual que los asesinados en 1871, son víctimas de la infamia y la injusticia de los detractores de nuestra soberanía. Nuestra más fuerte demanda de que los Cinco sean puestos en libertad de inmediato y regresen pronto a Cuba.
Compañeros y compañeras, estudiantes:
Hace 50 años se desarrollaba con éxito la Batalla de Guisa bajo las órdenes del Comandante en Jefe Fidel. Hoy moría allí un bravo combatiente: Braulio Coroneaux. Esta marcha es un homenaje también a los protagonistas de nuestra Historia, a los caídos y a los que nos acompañan. Un tributo a los combatientes del Moncada, del Granma, de las batallas decisivas, de Girón, el Escambray, las misiones internacionalistas. Para todos ellos y para Antonio, Gerardo, Ramón, Fernando y René este pensamiento martiano del 27 de noviembre de 1893, que parece escritos para nosotros en el día de hoy:
«Del crimen ¡ojalá que no hubiera que hablar! Háblese siempre —en estos días en que la observación superficial pudiera dudar del corazón de Cuba— del oro rebelde que en el fondo de todo pecho cubano solo espera la hora de la necesidad para brillar y guiar, como una llama. Así, luces serenas, son en la inmensidad del recuerdo aquellas ocho almas».
Convocamos, en este momento solemne, a todos los jóvenes de cada rincón del país que sientan que tienen la Patria y nación para defender y amar que siga esta marcha de reafirmación revolucionaria y tribute con flores rojas al ejemplo imperecedero de los jóvenes caídos por la Patria.
¡Gloria eterna a los ocho estudiantes de Medicina!
¡Viva la FEU!
¡Viva la Juventud Cubana!
¡Vivan Fidel Y Raúl!
¡Patria o Muerte!
A la misma hora de iniciar esta conmemoración bajo los brazos redentores de nuestra Alma Mater, hace 137 años, víctimas de la infamia y la injusticia, fueron segadas las vidas de ocho estudiantes de Medicina. Su crimen mayor: ser cubanos en tiempos en que un atroz y vetusto coloniaje español intentaba ahogar en sangre el nacimiento estremecido y fértil de nuestra nacionalidad y de nuestra independencia.
Con la muerte de estos valerosos jóvenes, se inició una larga y dura tradición: la disposición al sacrificio de cientos de miles de jóvenes de nuestra Patria, por su emancipación y libertad definitivas. El 17 de noviembre de 2005 Fidel expresó en un discurso imprescindible para nuestros actuales y futuros combates:
«Ocho estudiantes fueron fusilados en 1871 y fueron cimientos de los más nobles sentimientos y del espíritu de rebeldía de nuestro pueblo, a quien tanto indignó aquella colosal injusticia (...)
«En la historia de nuestra juventud estuvo siempre presente el recuerdo de aquellos estudiantes de Medicina, y los estudiantes lucharon siempre contra los gobiernos tiránicos y corrompidos».
En verdad esta efeméride se ha convertido, a lo largo de más de cien años, en fecha de lucha y combate más que de dolor y pena. Miles de veces se tiñó el paisaje urbano con la sangre de jóvenes de todas las generaciones, los 27 de noviembre. Desde este mismo lugar partían hacia La Punta en simbólica peregrinación los Mella, los Villena, los José Antonio, los jóvenes de la Generación del Centenario, en acciones que concluían en genuinas batallas campales de puños de valor contra los fusiles del oprobio y las dictaduras.
Es por ello que este es un día de compromiso, manifiesto masivamente, de los jóvenes de hoy con ese gran poema antiegoísta y profundamente humano, escrito con sangre de todos los colores y todos los esfuerzos que es la Revolución Socialista.
A las puertas de sus primeros 50 años de victoriosa existencia, otros y más urgentes desafíos se nos imponen de nuevo a esta juventud, heredera genética y espiritualmente de otra juventud que no dejó morir al Apóstol en su centenario y saldó las frustraciones nacionales del Zanjón, la Intervención, el 33 y 1952.
Hoy la batalla por el futuro de la Revolución es esencialmente de pensamiento. Donde la búsqueda de altos niveles de conocimiento, de cultura general, de argumentos, no nos permita caer, primero: en el abismo de la ingenuidad que llevaría a la inconsecuencia con nuestra historia y el momento que vivimos; segundo: solo la educación imposibilitaría que los instintos prevalezcan sobre las ideas, dejando aflorar el egoísmo o los intereses del individuo sobre los del grupo a toda costa. El conocimiento arraigado tanto en la profunda ética que encendieron Varela y Martí, que en Fidel, en Raúl y en millones de cubanos honestos han encontrado firmes paradigmas y practicantes; como en el cultivo del amor al trabajo por su valor material y su influencia en la formación de la conciencia. La necesidad de crear, de debatir, de discutir presente en esta generación, debe partir del apego más intrínseco a las ideas y principios de nuestro Socialismo. Dentro de él todo, fuera de él nada.
Hoy sentimos aún dolor por este abominable abuso. En especial porque sabemos que la Revolución no ha sido un paseo de verano para los cubanos. Miles de mutilados y muertos nos ha costado —por las agresiones y planes imperialistas o financiados por ellos— la construcción del Socialismo. Es por ello que más que enunciar nuestro compromiso, nuestra vida y conducta cotidianas de jóvenes tienen que expresarlo por sí solas.
Nuestro pensamiento y más profundo mensaje de aliento y hermandad para nuestros Cinco hermanos, Héroes prisioneros, que al igual que los asesinados en 1871, son víctimas de la infamia y la injusticia de los detractores de nuestra soberanía. Nuestra más fuerte demanda de que los Cinco sean puestos en libertad de inmediato y regresen pronto a Cuba.
Compañeros y compañeras, estudiantes:
Hace 50 años se desarrollaba con éxito la Batalla de Guisa bajo las órdenes del Comandante en Jefe Fidel. Hoy moría allí un bravo combatiente: Braulio Coroneaux. Esta marcha es un homenaje también a los protagonistas de nuestra Historia, a los caídos y a los que nos acompañan. Un tributo a los combatientes del Moncada, del Granma, de las batallas decisivas, de Girón, el Escambray, las misiones internacionalistas. Para todos ellos y para Antonio, Gerardo, Ramón, Fernando y René este pensamiento martiano del 27 de noviembre de 1893, que parece escritos para nosotros en el día de hoy:
«Del crimen ¡ojalá que no hubiera que hablar! Háblese siempre —en estos días en que la observación superficial pudiera dudar del corazón de Cuba— del oro rebelde que en el fondo de todo pecho cubano solo espera la hora de la necesidad para brillar y guiar, como una llama. Así, luces serenas, son en la inmensidad del recuerdo aquellas ocho almas».
Convocamos, en este momento solemne, a todos los jóvenes de cada rincón del país que sientan que tienen la Patria y nación para defender y amar que siga esta marcha de reafirmación revolucionaria y tribute con flores rojas al ejemplo imperecedero de los jóvenes caídos por la Patria.
¡Gloria eterna a los ocho estudiantes de Medicina!
¡Viva la FEU!
¡Viva la Juventud Cubana!
¡Vivan Fidel Y Raúl!
¡Patria o Muerte!
viernes, 28 de noviembre de 2008
La vida en los campamentos de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia)

Entrevista al historiador Ezequiel Rodríguez Labriego
Uno de los principales logros de la fabricación industrial del consenso consiste en la cancelación a priori de toda disidencia radical. Se trata de aplastar de antemano cualquier pensamiento crítico y hasta la más mínima posibilidad de oposición seria al sistema.
Mezclando en un mismo collage las imágenes más oscuras de las novelas antiutópicas clásicas (Un mundo feliz de Aldous Huxley, 1984 de George Orwell o Fahrenheit 451 de Ray Bradbury) con las historias más truculentas de terror infantil, las usinas comunicacionales del imperialismo han fabricado un nuevo fantasma, macabro, tenebroso y amenazador. Se trata del supuesto “narco-terrorismo”, reemplazante del antiguo espantapájaros conocido como “conspiración comunista”, típico del cine de la guerra fría.
Así han fabricado un nuevo demonio, completamente amorfo, omnipresente, inconmensurable, impensable, incluso inimaginable.
Ese nuevo Lucifer que persigue la caza de brujas contemporánea, deporte preferido del neo-marcartismo, asume diversos nombres y rostros, según la conveniencia del momento. Uno de los más célebres es el de Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP), enemigo a muerte en todas las hipótesis de conflicto que manejan los yanquis.
Detrás de las telarañas desinformativas del poder, más allá del laberinto de manipulación de cables, agencias y comunicados oficiales, del otro lado de las operaciones de guerra psicológica, campañas mediáticas y totalitarismo cultural, ¿cómo serán realmente las FARC-EP? ¿Qué rostro tendrán en la intimidad estos guerrilleros sin seña, sin rastro y sin nombre? ¿Qué costumbres asumirá su vida cotidiana? ¿Qué soñarán cada noche y cada mañana, cada cumpleaños y cada 31 de diciembre?
Para imaginar la vida de las guerrillas contamos con aquellos relatos épicos del Che Guevara (Pasajes de la guerra revolucionaria), de Omar Cabezas (La montaña es algo más que una inmensa estepa verde) o el ya clásico de Jorge Ricardo Masetti (Los luchan y los que lloran). Se trata de historias, en todos estos casos, sobre Cuba y Nicaragua. No obstante, hasta donde sabemos, exceptuando dos excelentes biografías de Manuel Marulanda escritas por el historiador Arturo Alape (Las vidas de Pedro Antonio Marín, Los sueños y las montañas), la revolución colombiana no tiene todavía relatos que nos muestren el mundo cotidiano de la insurgencia. Las FARC esperan esas historias, tarea que comenzó a ser colmada en el cine por el reciente film Guerrillera (del director danés Frank Piasecki Poulsen, disponible en internet). Excelente documental que le pone rostro cotidiano al espectro itinerante y clandestino de la guerrilla. Fantasma temido, odiado o admirado, pero siempre desconocido.
El historiador uruguayo Ezequiel Rodríguez Labriego ha tenido este año el privilegio de conocer en vivo y en directo la vida íntima y cotidiana de las guerrillas colombianas, el supuesto “monstruo”, según el imaginario inquisitorial del Pentágono, la CNN, Uribe y la extrema derecha troglodita.
Junto a un sacerdote francés, dos sociólogos italianos y una periodista norteamericana, Rodríguez Labriego ha visitado en las montañas de Colombia los campamentos de las FARC. Allí pudo observar, dialogar y convivir con los y las combatientes de este ejército del pueblo que en pleno siglo XXI sigue hostigando al imperialismo yanqui y sus prepotentes bases militares con las banderas entrañables de Simón Bolívar, el Che Guevara y Manuel Marulanda.
A continuación reproducimos parte de la entrevista que le hicimos a Rodríguez Labriego, focalizando el interés en los aspectos más cotidianos de su experiencia, aquellos que humanizan a los y las combatientes comunistas, los rescatan del retrato gótico y monstruoso que la CIA ha dibujado para demonizarlos, devolviéndolos al terreno sencillo pero hermoso de la construcción del hombre nuevo y la mujer nueva del siglo XXI.
La entrevista al historiador uruguayo que muy amablemente accedió a nuestras interrogantes fue realizada en la Universidad de Río de Janeiro (Brasil) el 28 de octubre de 2008, ocasión en la que también tuvimos el honor de conocer y dialogar con la historiadora brasilera Anita Prestes, hija de otro legendario combatiente revolucionario de América Latina, Luis Carlos Prestes.
Néstor Kohan: ¿Por qué se le ocurrió ir a conocer a las FARC-EP?
Ezequiel Rodríguez Labriego: Por múltiples razones., pero principalmente por dos. En primer lugar, por una curiosidad que me surgió al leer el libro Rebeldes primitivos del célebre historiador marxista británico Eric Hobsbawm, cuando analiza diversas rebeldías campesinas y dice, refiriéndose a las FARC (Hobsbawm las conoció de primera mano), que el caso colombiano constituye “la mayor movilización campesina del hemisferio occidental”. En segundo lugar, porque me sorprende, me incomoda y me indigna el brutal silencio —muchas veces cercano a la complicidad con el poder— que hoy rodea y encubre a Colombia. Entonces, me pregunto: ¿le vamos a otorgar crédito de veracidad al terrorista y guerrerista Uribe? ¿Le vamos a creer? ¿Vamos a callarnos la boca sobre el genocidio que hoy padece el pueblo colombiano? Por estas razones, algunas históricas, otras presentes, quería conocer en forma directa a las FARC, sin “filtros” macartistas. Por eso fui. Te aseguro que no me arrepiento.
Néstor Kohan: ¿Cómo viajó hasta los campamentos?
Ezequiel Rodríguez Labriego: Bueno, a través de una larga travesía. No es fácil llegar. Varios días de autobús, camión, camioneta, lomo de mula, muchas pendientes, cuestas empinadas, bajadas abruptas, cruces de riachos o arroyuelos y finalmente caminatas en la montaña, en el barro y bajo lluvia, mientras los combatientes que nos guiaban nos iban contando historias sobre la gesta de Simón Bolívar. Era realmente emocionante sentir que Bolívar los acompañaba, que no era una figura meramente decorativa o un frío objeto de estudio, como suele suceder en la Academia cuando se estudia la historia de América Latina.
Néstor Kohan: ¿Qué imagen tenían de Bolívar estos jóvenes guerrilleros?
Ezequiel Rodríguez Labriego: Me dio la impresión de que ellos, los jóvenes de las FARC, sentían a Bolívar como uno más de sus compañeros, como uno más de sus propios combatientes. Ellos se imaginaban, por ejemplo, que Bolívar, aunque aparece en todas las estatuas de las plazas esculpido o retratado a caballo y con un gesto napoleónico, de conquistador, en realidad andaría en mula, ya que en esas montañas donde luchó el Libertador, el caballo ve dificultada su marcha mientras la noble mula, quizás menos elegante y majestuosa, puede arreglárselas para subir y bajar esas ríspidas, resbaladizas y embarradas pendientes. Se preguntaban, también, si a Bolívar le gustaría bailar, si se escaparía a ver muchachas (decían, en broma, que cuando el Libertador iba a ver a la novia no podía ir en mula, allí tendría que ir a caballo... para tener mejor “presencia” como galán [Risas]). También se planteaban si Bolívar acaso no tendría la piel oscura y el pelo rizado, en lugar de aparecer como blanquito... Para estos combatientes Bolívar era un ser humano de carne y hueso, con una vida cotidiana como cualquiera de ellos, no un pedazo de bronce, no una estatua muerta y petrificada.
Néstor Kohan: ¿Cómo fue la llegada?
Ezequiel Rodríguez Labriego: ¡Todos embarrados! [Risas]. Nos caímos varias veces. Los combatientes nos ayudaron solidariamente a levantarnos. Trataban de ayudarnos. Nos alentaban. Allí descubrimos un detalle práctico, ningún calzado de la ciudad sirve para esos lugares. Los revolucionarios insurgentes están acostumbrados a caminar por lodazales de 20 ó 30 centímetros de barro como algo “normal”. Como llovía muchísimo nos prestaron capas impermeables. Fue entonces cuando escuché la primera de las muchas bromas. Al sacerdote francés y a mí nos bautizaron “Batman y Robin de la primera generación, antes de que se inventara el automóvil, cuando todavía andaban en mula”. [Risas]. El primer vínculo con los guerrilleros comunistas se abrió entonces con una broma. Otra broma lo cerró al final de la experiencia. Cuando nos fuimos, al despedirnos, nos dijeron: “Esta tierra los saluda y los despide con orgullo... No cualquiera se anima a besarla con el culo...”, aludiendo con ironía a nuestras caídas en el barro. [Risas]. El humor estuvo a la orden del día todo el tiempo.
Néstor Kohan: ¿No encontró entonces a la gente de las FARC derrotada, desmoralizada y cabizbaja?
Ezequiel Rodríguez Labriego: ¡No! ¡Al contrario! Los encontré alegres, con una moral muy alta, con una convicción muy fuerte y seguros de que van a triunfar. No era una pose o una puesta en escena. Se los veía seguros. A eso atribuyo el humor y las bromas (entre ellos y con los visitantes, siempre en un tono de cordialidad, de amistad solidaria y de camaradería). Si estuvieran derrotados, como los presenta el presidente Uribe y la inteligencia militar colombiana, así como los grandes multimedios que difunden los comunicados de las Fuerzas Armadas y su visión de la guerra, si se sintieran vencidos, pensando que van a ser aplastados y aniquilados —sobre todo por un ejército tan salvaje e impiadoso como el colombiano, asesorado y dirigido en el terreno mismo por los yanquis— no se la pasarían haciendo chistes o bromeando. Es algo de sentido común. ¿no? El humor expresa algo. Creo que es producto de una moral combativa alta y de una fuerte convicción en el triunfo popular.
Néstor Kohan: ¿El acceso a los campamentos era directo?
Ezequiel Rodríguez Labriego: No, había que dar antes muchas vueltas. Pero lo que más me sorprendió es el contacto previo con poblaciones que los apoyan y sostienen. La propaganda oficial, de la que se hacen eco los grandes medios de comunicación, los pintan como bandoleros, como una banda de forajidos armados y sin ideología, aislados del pueblo o detenidos en el tiempo. Yo vi otra cosa bien distinta. No lo leí, no me lo contaron, lo vi con mis propios ojos. Gente común de los poblados y pueblos que los apoyan, mayormente trabajadores, campesinos, vestidos con ropa muy humilde. Mujeres del pueblo con muchos hijos (recuerdo por ejemplo una señora, muy joven, muy humilde, con una mula donde iban tres niños y ella iba a pie embarazada de un cuarto niño...). Toda esa gente de los poblados, civiles, hablan de ellos, de los combatientes de las FARC y de sus campamentos de montaña, diciendo “allá arriba”, “la gente de arriba”, “los camaradas”... (en Colombia casi no se utiliza la palabra “compañero”, todo el mundo se llama “camarada”, es mucho más común). Esas expresiones eran referencias elípticas a los campamentos de montaña de las FARC. La gente de los poblados les pasan comida, cigarrillos, varias cosas. Un grupo revolucionario que careciera de apoyo popular no contaría con esa simpatía y esa colaboración. Por eso los militares y paramilitares de Colombia asesinan tantos civiles, porque estos últimos apoyan a la guerrilla. Es evidente el apoyo que le dan a las FARC. Yo lo vi. Las FARC y sus frentes de trabajo político hacen trabajo social con la gente, con las poblaciones: vacunan a los gurises [es decir a los niños. N.K.], construyen escuelas, puestos de salud, caminos, pequeñas represas para los ríos, gestionan documentación para los niños indocumentados (en el campo son muchísimos los indocumentados). En síntesis, vi muchas familias y muchos niños rodeando a las FARC. Definitivamente es una guerrilla popular.
Néstor Kohan: ¿Cómo los recibieron en los campamentos?
Ezequiel Rodríguez Labriego: El primer contacto fue con los puestos de guardia. Ibamos tratando de mirar el suelo con barro, para no caernos ni resbalarnos y en un momento, al levantar la cabeza y la vista, sorpresivamente nos encontramos con los guardias del campamento a medio metro [Risas]. Cuidaban el campamento frente a las incursiones del Ejército. Lo primero que les dijimos fue “no podemos darles la mano porque estamos todos embarrados” [Risas]. Nos topamos con ellos sin haberlos visto. Luego seguimos subiendo y llegamos al puesto de la comandancia. Allí nos recibieron los comandantes. Fueron muy amables. Nos sentamos alrededor de una mesa llena de libros. Luego trajeron la comida. Había muchos libros y, repito, muchos chistes. Todo el tiempo había risa, me sorprendió ese humor. Yo esperaba encontrar gente muy seria, como en las películas y me encontré algo muy distinto. Muchas bromas. Los colombianos lo denominan “mamar gallos”, es decir, hacer jodas, bromear. A lo largo de toda la experiencia, en varias ocasiones, cuando hacía preguntas tenía que preguntar varias veces, porque seguro que las primeras respuestas eran en broma. No me costó acostumbrarme, nosotros también comenzamos a devolver las bromas (aunque a los visitantes de Europa les costaba a veces comprender las ironías). Nada más lejos de esos combatientes, de esos muchachos y chicas, que la tristeza, la sensación de derrota o el desánimo.
Néstor Kohan: ¿Llegaron de noche o de día?
Ezequiel Rodríguez Labriego: Era plena noche, no se veía nada. La selva es muy oscura. Los árboles son altos, muy altos. La vegetación es espesa. A veces hay neblina.
Néstor Kohan: ¿Se alumbraban con faroles como en nuestros campo donde no hay luz eléctrica?
Ezequiel Rodríguez Labriego: ¡No! [Risas]. Es distinto al campo que nosotros estamos habituados a ver. Había muy poca luz, porque los aviones del ejército colombiano cuentan con una nueva tecnología militar proporcionada por los Estados Unidos. Esa nueva tecnología de control, que facilita la represión del ejército, está formada por el uso del satélite, por globos espías y hasta aviones sin tripulación, que cuentan con instrumentos que en tiempo real detectan concentraciones de humo, calor y luz en la selva y así, automáticamente, vienen los aviones militares y comienzan a bombardear. Por lo tanto de noche hay poquísima luz. Pero en ese primer encuentro igual nos veíamos las caras. Había un pequeño foco y linternas. De repente un combatiente alerta “Avión...” y todo el mundo apaga la linterna. El campamento entero queda oscuro y no se ve absolutamente nada. Y allí nomás florece una nueva broma. Como en la guerrilla no se sabe si el ruido es de aviones comerciales o aviones militares, es decir, bombarderos de las fuerzas armadas, simplemente se refieren al avión como “el jet” que se pronuncia “el je” (sin la “t” final), entonces te aclaran riéndose que se trata del “el je... el lleno de bombas...”. Un humor muy cáustico.
Néstor Kohan: ¿Escuchaban música?
Ezequiel Rodríguez Labriego: En realidad había mucho silencio, sólo se escuchaban los sonidos de la selva, los grillos, la lluvia, las ramas que se movían cuando había viento, quizás el tintineo del agua de algún arroyo, aunque de lejos se escuchaban noticias. Lo que sucede es que “la guerrillereada”, como ellos le dicen coloquialmente al personal de la guerrilla, estaba escuchando noticias... Aunque un día nos hicieron escuchar música de las FARC, escrita e interpretada por las propias FARC, con letras revolucionarias y música en distintos ritmos: rock, merengue, tango, salsa, ballenato, etc. La escuchamos en una computadora. Los domingos sí hay música, interpretada por ellos. Los jóvenes tocan la guitarra y el acordeón, también cantan.
Néstor Kohan: ¿Cuáles fueron los primeros relatos y las primeras charlas?
Ezequiel Rodríguez Labriego: Obviamente todo comenzó con diálogos políticos. La situación en Colombia, la violación a los derechos humanos de Uribe de la que nadie habla, cuando semana a semana se secuestra y asesina a dirigentes sindicales, campesinos, curas, monjas, estudiantes, etc. También se habló del trato terrible que reciben los combatientes capturados por el ejército, la necesidad de la solidaridad internacional, los debates actuales del marxismo, etc. Pero a la hora de acostarse también aparecieron otro tipo de historias. Historias de osos, tigres (los tigres que se comen a los animales domésticos de la gente), las culebras... Afortunadamente recién al final, al irnos, descubrí que lo que ellos, los colombianos, llaman “las culebras” eran lo que en Uruguay se conocen directamente como víboras. Yo pensé que hablaban de culebras chiquitas de 10, 15 o 20 centímetros de largo y resulta que se trataban de culebras de hasta dos o tres metros [Risas]. ¡Menos mal que recién descubrí al final el equívoco! [Risas]. Me contaron un cuento, una de las tantas historias de esa oralidad mágica donde la selva va cobrando vida al lado de estos habitantes de las montañas, sobre un guerrillero que capturaba las víboras con la mano, les hablaba y luego no las mataba, las soltaba. Entonces las culebras se iban serpenteando... ¡porque estaban humilladas!. Se movían así por la humillación ante el hombre, ante el guerrillero, ante el campesino [Risas]. Nosotros empezamos a bromear, esperando que las culebras que eran familiares de esa víbora humillada no vinieran a vengarse de su pariente... [Risas]. También nos contaban la historia de otro guerrillero que hablaba con los bichitos del bosque, le decían cariñosamente “el loco”. Parece que era uno de los mejores guerrilleros por su “mística”, por su entrega y disciplina, pero bromeaban que era “loco” por sus ocurrencias y bromas permanentes o porque hablaba con los animales del bosque.
Néstor Kohan: ¿Dónde dormían?
Ezequiel Rodríguez Labriego: En carpas. Había camas de caña, madera, aserrín. Había colchones. Plásticos para cubrirse de la lluvia. Barro. Debo destacar el esfuerzo que hacía esta gente para que los invitados se sintieran cómodos. La lluvia por momentos era torrencial, no pasó un solo día sin llover en los campamentos. El barro era omnipresente. Se olía todo el tiempo el aroma de la tierra mojada en medio de lluvia o la neblina. En ese panorama se esforzaban por brindarnos la mayor comodidad. Nos contaron que los guerrilleros deben dormir con gran parte de sus cosas preparadas por si se presenta una situación de “orden público”, combate o asedio militar inminente.
Néstor Kohan: ¿A qué hora se levantaban?
Ezequiel Rodríguez Labriego: Tempranísimo. Antes de las 5 AM. La vida en la montaña y en el campo es muy diferente a la ciudad. Todo comienza antes y todo termina antes. Pero incluso hubo un día en el cual los comandantes querían leer, discutir y debatir las tesis de un libro que hablaba sobre Colombia y América latina, parece que muy polémico, y se levantaron a las 3 AM. Allí todo se escucha. Desde lejos, donde estaba nuestra carpa, escuchábamos el debate. Hay que estar muy politizado y tener muchas ganas de polemizar para levantarse a las 3 AM... ¡a debatir un libro! ¿no es verdad? Nada más lejos de la realidad que yo viví que la imagen oficial de “bandoleros narcotraficantes sin ideología”.
Néstor Kohan: ¿Qué desayunaban?
Ezequiel Rodríguez Labriego: Lo primero que toman, a eso de las 5 AM, es un “tinto”. ¡No es vino! [Risas], ellos le llaman “tinto” al café negro. Luego, más tarde, a eso de las 7 AM, se desayuna mucha comida, arepas (comida hecha con harina de maíz), huevos, etc. Mucha comida, no sólo para los invitados o las visitas internacionales. Un viejo guerrillero nos explicó que las FARC brindan a sus combatientes buena alimentación entre otras cosas para así prevenir enfermedades. Un guerrillero mal alimentado puede enfermarse más fácil. Incluso en términos económicos, resulta mejor comer bien que sanar enfermos. Cada combatiente tiene también su cepillo de dientes y su pasta para prevenir enfermedades en la boca.
Néstor Kohan: ¿Cómo es la vida durante el día? ¿Practicaban tiro o puntería todo el tiempo?
Ezequiel Rodríguez Labriego: No, son muy buenos tiradores (los militares llamaban al comandante Marulanda “Tirofijo”), pero en realidad, la mayor parte del día, todo el campamento es un gigantesco colectivo de trabajo. ¡Trabajan mucho durante el día! Hay grupos de trabajo por escuadra de combate. Cortan leña, serruchan, trabajan la madera, lavan, cocinan, construyen, trasladan distintos materiales. Los campamentos se parecen más a enormes colectivos de trabajadores que a otra cosa. Por eso, nos explicaban, la necesidad de una buena alimentación: mucho trabajo físico. Las mujeres trabajaban a la par de los varones, en todos los ordenes. En la marcha por la selva las mujeres y los varones trasladan mochilas de 30 kilogramos aproximadamente (ellos hablan y miden en libras) con ropa, armas, munición, comida, etc.
Néstor Kohan: ¿Había mujeres en la guerrilla?
Ezequiel Rodríguez Labriego: ¡Muchas! Cargaban armas largas (diversos tipos de fusiles), uniforme de las FARC y, al mismo tiempo, aritos, anillos u uñas pintadas. Ellas llevaban las mismas cargas que ellos y todo el mundo trabajaba por igual.
Néstor Kohan: ¿Quién cocinaba?
Ezequiel Rodríguez Labriego: Había varias cocinas, con hornos fabricados por ellos mismos al estilo vietnamita o cubano, según nos explicaban. Ellos lo denominan “ranchas”. Vi gente cocinando, tanto mujeres como varones, ambos por igual.
Néstor Kohan: ¿Todos vestían igual?
Ezequiel Rodríguez Labriego: Sí, con uniforme verde oliva y las insignias de las FARC-EP. Tenían todos, hombres y mujeres, una pulcritud tremenda. Si nos veían embarrados (por las caminatas) nos hacían bromas, sugiriéndonos que nos cambiáramos. Cada combatiente tiene más de un uniforme, que ellos mismos confeccionan. La limpieza de los combatientes está reglamentada. En medio de ese lodazal todo el mundo estaba limpio. ¡Increíble! De alguna manera se sentían orgullosos, si mi percepción no me engaña, de saber caminar largas jornadas en el barro sin ensuciarse. Se sentían orgullosos de estar así, limpios en medio de la selva. Incluso nos preguntaban con ironía porque estábamos embarrados, diciéndonos: “¿Ustedes no están acostumbrados a caminar en el barro, no es cierto?”. Aunque al mismo tiempo, con la mayor naturalidad, algunos combatientes también nos preguntaban: “¿En serio es la primera vez que visitan campamentos guerrilleros?”... como si fuera lo más normal del mundo... [Risas]. Vestían entonces por igual pero había gente de lo más variada. Vimos combatientes blancos, mestizos, indígenas, afrodescendientes, hombres y mujeres. Se los percibía integrados, en un colectivo integrado. Por ejemplo, vi gente blanca cocinando y sirviendo a gente mestiza o afrodescendiente. Todo lo contrario del capitalismo racista y de la discriminación a la que nuestra sociedad ya nos tiene acostumbrados.
Néstor Kohan: ¿Durante todo el día sólo trabajaban?
Ezequiel Rodríguez Labriego: No, además de comer, trabajar y descansar, también vi reuniones y discusiones que hacían por la tarde. A esas reuniones las denominan “la hora cultural”. En realidad duran una hora y media o dos. Se juntan y escuchan noticias, primero, para analizarlas, después. Luego debaten en una especie de asamblea sobre la noticia del día.
Néstor Kohan: ¿Noticias de qué tipo?
Ezequiel Rodríguez Labriego: Noticias de Colombia y América Latina, principalmente. Pero también de otras partes del mundo.
Néstor Kohan: ¿De dónde obtienen las noticias en la selva y en plena montaña?
Ezequiel Rodríguez Labriego: De la radio y la TV. Miran TV a una hora del día. Principalmente noticieros, por ejemplo TELESUR. También obtienen noticias de Caracol, etc. pero además miraban una serie de TV, partidos de fútbol, etc. Recuerdo uno de los tantos chistes que hacían: “Fulano es un leninista estricto, para él lo primero es el partido... el partido de fútbol” [Risas]. Esta persona no se perdía un partido por nada del mundo.
Néstor Kohan: ¿Cómo debatían?
Ezequiel Rodríguez Labriego: Por grupos, por escuadra. Las escuadras son las estructuras de combate más pequeñas, pero al mismo tiempo son células políticas [en la tradición de pensamiento leninista, las “células” constituyen la forma de organización más pequeña de todo partido político. N.K.]. Lo interesante es que cada escuadra tiene su comandante pero también posee su secretario político. Los dos cargos no puede ejercerlos la misma persona. De esa manea se garantiza la democracia interna en las FARC y la posibilidad del debate. Entonces en las horas culturales dedicadas a la información, la educación y al debate, cada escuadra es responsable de transmitir una noticia. Cuando todas las escuadras dijeron lo suyo, comienza el debate colectivo sobre las noticias. Allí se las analiza críticamente. Hablan todas y todos, la palabra circula. Participan desde quienes tienen mejor oratoria, más fluida, hasta aquellos a quienes les cuesta más hablar o leer en público. Lo llamativo es que hablan y debaten al oscuro o con escasísima luz. Al presenciar esas escenas vienen a la memoria los relatos del marxista norteamericano John Reed cuando escribía la historia de la revolución bolchevique. John Reed, aquel periodista de los EEUU, se asombraba de que los soldados bolcheviques de Lenin, aun con hambre y en medio de la guerra, se desesperaban por recibir noticias o libros en el frente de batalla... Las horas culturales en la selva colombiana me hicieron acordar aquel libro.
Néstor Kohan: ¿Por qué las horas culturales se hacían al oscuro?
Ezequiel Rodríguez Labriego: Por la posibilidad de bombardeos desde los aviones militares. La ausencia de luz estaba destinada a ocultarle a los aviones las posiciones de los campamentos guerrilleros. Los combatientes nos contaban que esas horas culturales antes se hacían con toda luz y viéndose las caras, pero como Uribe ha recrudecido la guerra —todo en nombre de “la paz” y “la democracia”...— y ha recibido últimamente tecnología militar yanqui de última generación dedicada a aniquilar a la insurgencia con el denominado “Plan Patriota”, entonces ya no se podía continuar desarrollando esas actividades con luz. Esa tecnología militar yanqui incluye globos espías o información de satélite destinada a detectar concentraciones de luz, humo o calor en la selva. Eso motiva los debates al oscuro. Es muy raro para alguien que vive en la ciudad asistir a esa especie de asambleas al oscuro, en medio del barro, donde se discute la información de coyuntura. ¡Es muy sacrificado vivir así! Pero todo el mundo participa con entusiasmo, con “mística”, con alegría en las discusiones. Lo que hemos conocido es, realmente, una fuerza político-militar muy informada, muy politizada y muy actualizada en el día a día.
Néstor Kohan: No son entonces unos locos sueltos, perdidos en la selva, que no se habían enterado de que cayó el Muro de Berlín...
Ezequiel Rodríguez Labriego: [Risas] ¡No! Están muy, pero muy informados. No sólo de Colombia sino también de otros países. Reciben visitas. Tienen charlas sobre la lucha popular de otros países. Son internacionalistas convencidos. Además la inmensa mayoría de combatientes que conocí ingresaron a las FARC después de la caída del Muro de Berlín. No son “dinosaurios nostálgicos”. Son marxistas leninistas, guevaristas y bolivarianos, con un proyecto político actual, pensado para América Latina en el siglo XXI. Ese proyecto bolivariano no está pensado sólo para Colombia sino para la Gran Colombia y la Patria Grande, es decir, para toda América Latina. Las FARC constituyen una organización guerrillera muy conectada con el mundo.
Néstor Kohan: ¿No había diferencias de formación entre sus integrantes?
Ezequiel Rodríguez Labriego: La verdad que por el tiempo en que estuvimos no lo podría afirmar. Aunque sospecho que sí. Había trabajadores, campesinos, estudiantes. Algunos tienen oratoria fluida, a otros les costaba más leer en voz alta. Pero todos y todas participaban por igual. ¡La palabra era rotativa! Hasta los más tímidos tenían que hablar. Los roles de organización de las “horas culturales” (especie de asambleas culturales) cambiaban y se alternaban todos los días. Sinceramente los vi muy informados y muy interesados en lo que pasaba en Colombia (por ejemplo movilizaciones urbanas, crisis política, etc.) y en otros países.
Néstor Kohan: Eso en cuanto a los combatientes, ¿y los comandantes?
Ezequiel Rodríguez Labriego: Bueno, debo reconocer que me sorprendieron. Aunque había leído historiografía sobre las guerrillas y había entrevistado alguna vez a dirigentes políticos y guerrilleros de otros países, estos comandantes me hicieron reír mucho [Risas]. Como ya conté, vivían haciendo bromas, entre ellos y con la gente visitante (a los visitantes europeos, me parece, les costaba captar el humor o algunas ironías, pero también compartían las bromas). Además discutían de poesía y literatura. Estaban metidos en una discusión, entre ellos, sobre la obra y el pensamiento del escritor Vargas Vila [modernista, de la generación de Rubén Darío. N.K.]. En la mesa de la comandancia tenían.. ¡La Crítica de la razón pura de Kant!... Allí también vi libros del poeta y revolucionario salvadoreño Roque Dalton, escuché conversaciones sobre Mariátegui, Nietzsche, Habermas, los manuales soviéticos de Konstantinov, polémicas sobre Saramago, entre otros. Los escuché conversar también, con erudición y devoción sobre Simón Bolívar, si murió de muerte natural o lo mataron. También hablaban sobre el pensamiento del Che Guevara. Me pareció, en suma, gente muy instruida, muy leída y preparada. Sobre todo muy sensible. Incluso cuando uno de los visitantes preguntó por los recuerdos sobre el comandante Marulanda, percibí alguna lágrima rodando por ahí. También vi rostros de enojo, indignación y mucha bronca cuando se hablaba de los crímenes de los “paracos” (los paramilitares colombianos), el uso que hacen de la motosierra para mutilar gente, la tortura, el aniquilamiento de dirigentes populares, indígenas, sindicales, campesinos, jóvenes estudiantes. Uno de los comandantes que conocí, de evidente origen campesino, tenía seis hermanos muertos. Al conocer a este comandante campesino, antiguo lugarteniente de Marulanda, recordamos los relatos historiográficos sobre la guerra civil y la revolución de España, con sus generales obreros y campesinos. Pero en todas las conversaciones predomina el humor, las “mamadas de gallo” (bromas) y la falta de acartonamiento. Sobre todas las cosas mucha ironía y mucho humor. ¿No es acaso el humor el mejor gesto de salud mental, imprescindible para llevar adelante cualquier lucha radical en condiciones tan difíciles?
Néstor Kohan: ¿Cómo se sobrelleva la vida en la selva?
Ezequiel Rodríguez Labriego: Era difícil. ¡Mucho sacrificio! Aunque nadie se quejaba y todo el mundo lo tomaba con “naturalidad”, esta gente vive con mucho sacrificio. En primer lugar, nubes enteras y permanentes de mosquitos. Complicado vivir así todos los días, ¿no es cierto?. Ellos lo llaman “la plaga”. Decían, por ejemplo, “hoy hay mucha plaga”, como quien dice “está nublado”, con naturalidad. En las zonas donde no hay tantos mosquitos... ¡hay garrapatas [animales que se prenden en la piel y chupan la sangre.N.K.]. En esas otras zonas también hay avispas. Después están las víboras... En fin, la vida de las guerrillas de las FARC es una vida tremendamente abnegada y sacrificada. Sólo se puede sobrellevar, me imagino, si hay un proyecto político claro, realista y viable que le otorgue sentido y si se tiene íntimamente fe en el triunfo. Sino, no me explico cómo se podría vivir así cotidianamente. Las FARC están seguras de que van a ganar.
Néstor Kohan: ¿Cómo hace la gente para ir al baño?
Ezequiel Rodríguez Labriego: Haciendo las necesidades fisiológicas en un pozo (hombres y mujeres), rodeado de hojas, sin techo, en medio de la lluvia permanente... Dicen que las FARC viven como “magnates”, llenos de lujo y dólares, y como “millonarios narcos”... ¡Por favor! ¡Qué infamia! Te aseguro que todo eso no es más que una burda y miserable propaganda militar, destinada a deslegitimarlos y aislarlos de posibles apoyos, seguramente elaborada por los asesores en guerra psicológica de los yanquis.
Néstor Kohan: ¿Qué balance general hace de todo lo que vio y conoció en los campamentos de las FARC-EP?
Ezequiel Rodríguez Labriego: Cuando recuerdo lo que conocimos en los campamentos pienso en tanto académico mediocre becado por alguna ONG, o en esos periodistas ignorantes pagados por los grandes monopolios, que viven insultando y despreciando a estos jóvenes guerrilleros y guerrilleras afirmando que son “narcos” y no sé cuantas otras tonterías por el estilo. Me genera mucha indignación ver a esos pusilánimes y mediocres calumniar a las FARC. Entiendo si alguien no comparte la estrategia política de la insurgencia comunista y bolivariana. Es lógico y comprensible. Cada uno tiene derecho a su punto de vista y a opinar al respecto. Pero me parece que cualquiera que opine se debería antes quitar el sobrero. Es decir, hablar con sumo RESPETO [Rodríguez Labriego hace el gesto de subrayar la palabra] ante tanta dignidad, anta tanta abnegación, ante tanto sacrificio.
Como conclusión personal, quisiera remarcar el tremendo RESPETO, la sincera admiración que siento y que me genera esta gente, la gente de las FARC. Los vi muy serios, muy esforzados, principalmente muy convencidos de la causa del socialismo. No sólo del socialismo en Colombia sino en la Patria Grande latinoamericana y en el mundo. Me parece que necesitan mucha solidaridad internacional. Más allá de las anécdotas o las impresiones, creo que eso es lo fundamental. La solidaridad.
Néstor Kohan: ¿Por qué cree que se habla tan poco de Colombia? ¿Por qué piensa que la izquierda mundial todavía es remisa a enarbolar como propia la bandera insurgente de las FARC?
Ezequiel Rodríguez Labriego: Quizás haya muchas causas. En primer lugar, por la impresionante campaña macartista contra las FARC. La izquierda, reconozcamos, no ha permanecido ajena ni al margen de los efectos de ese macartismo oficial que obliga a todo el mundo a “desmarcarse” de las FARC (y otros grupos radicales) para obtener certificado de “buena conducta”. ¿No es cierto? ¿O me equivoco? En segundo lugar, las FARC y el Partido Comunista Clandestino de Colombia (PCCC) marcan una continuidad con la izquierda revolucionaria de otras décadas, manteniendo la centralidad de la lucha por el poder, luego de varias décadas de predominio posmoderno y/o socialdemócrata. No se pone a Colombia en el centro de la agenda latinoamericana (donde habitualmente se habla de Bolivia y Venezuela, sin siquiera mencionar Colombia) porque eso implicaría automáticamente discutir la pertinencia de la lucha armada. Luego de miles y miles de muertos y desaparecidos eso provoca temor. Mucho temor. Debemos reconocerlo... todavía hay miedo, aunque no se lo confiese públicamente o se lo encubra con falsas elucubraciones “teóricas”. ¡Hay que vencer de una buena vez ese temor!
Entonces de lo que se trata es de recuperar la solidaridad. ¡No podemos abandonarlos! No debemos continuar cediendo al chantaje macartista. No podemos caer en el silencio cómplice ni en la comodidad de la indiferencia.
Néstor Kohan: ¿Cuándo usted habla de solidaridad se refiere exclusivamente a la izquierda?
Ezequiel Rodríguez Labriego: No necesariamente. No sólo a la izquierda. Las FARC se definen antiimperialistas y bolivarianos. El arco de solidaridad va mucho más allá de la izquierda. Toda persona que se oponga al guerrerismo de Uribe y a la violación de los derechos humanos debería solidarizarse. De la misma manera que se ha apoyado al sandinismo en Nicaragua, al FMLN en El Salvador, a Fidel y al Che en Cuba, a la URNG en Guatemala, al zapatismo en México, al MST en Brasil o a Chávez en Venezuela. Hoy hay que apoyar a las FARC. Las FARC son parte insustituible y fundamental de ese concierto latinoamericano. No podemos continuar haciéndonos los distraídos frente a la lucha del pueblo colombiano. El apoyo a las FARC-EP debe estar a la orden del día en la izquierda latinoamericana y mundial.
Néstor Kohan
Rebelión
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