miércoles, 12 de febrero de 2025

El segundo golpe de Estado de Donald Trump


Donald Trump ha vuelto al gobierno del mismo modo que se fue de él: por medio de un golpe de Estado. The Wall Street Journal, el vocero de la Bolsa de Nueva York, lo puso con todas las letras: no se ha producido un pasaje del mando de un presidente a otro, de Biden a Trump, sino de “una toma del poder”. 
 En un par de días, Trump emitió varios centenares de “órdenes” que exceden las atribuciones de la Presidencia, invalidan leyes del Congreso, habilitan la infiltración de personas desconocidas en áreas decisivas del Estado (como el departamento del Tesoro y de Estado), crea una Dirección extraministerial para proceder al ajuste administrativo y económico del sector público (el Departamento de la Eficiencia), ejecuta despidos bajo la forma de ‘retiros voluntarios’, violenta normas constitucionales decisivas (como el derecho a la ciudadanía), e incluso anuncia en una conferencia de prensa la toma del territorio de Gaza, una vez que Netanyahu declare cumplida la destrucción de Hamas. En relación con esto último, otra orden ejecutiva establece sanciones a los jueces de la Corte Penal Internacional, que ha condenado como criminales de guerra a Netanyahu y a jefes militares sionistas por la masacre perpetrada en Gaza. Consultado acerca del silencio sepulcral del Congreso por este asalto al Estado, el jefe de la bancada republicana en la Cámara de Representantes respondió que las apoyaba como parte de “un desarrollo largamente debido”; el bloque demócrata ha hecho mutis por el foro. Para el WSJ, todos estos acontecimientos han reducido el sistema de poderes en Estados Unidos de tres a dos (Ejecutivo y Judicial), con la aclaración de que dos tercios de la Corte Suprema se encuentra en manos trumpistas. El Poder Judicial ha retirado los diversos cargos que pesaban sobre Trump y la misma Corte calificó a Trump de “inimputable” por los delitos que haya cometido o cometa en ejercicio de la Presidencia, entre ellos el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021. En estas condiciones, el contrapeso a la suma del poder público por parte de Trump queda relegado a las Fuerzas Armadas. En la crisis golpista de 2021, varios mandos del Estado Mayor declararon que sólo debían obediencia a la Constitución, no al Poder Ejecutivo. Trump se propone, a su debido momento, hacer cirugía mayor en las Fuerzas Armadas. 
 El billonario Elon Musk, a cargo de la ‘limpieza civil’ de la Administración y del Estado, ha asumido poderes extraordinarios. No es responsable ante ninguna institución electa ni ante el propio gabinete. Ha ganado acceso a información sensible o reservada en cuanto a datos financieros y de salud del personal estatal y de la ciudadanía en su conjunto. Tiene en la mira del ajuste al sistema de Seguridad Social y de Salud (Medicaid) y acceso a la base de datos de los centros de Medicaid, que participa de un tercio del gasto público. Es en este contexto que debe interpretarse el retiro de Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud; la primera víctima de este atropello es el cierre del Centro de Control de Enfermedades, una institución que jugó un rol decisivo durante la pandemia y que tiene a su cargo la supervisión sanitaria del país. La intención es recurrir a la llamada “inmunidad de rebaño” en las pandemias que se consideran inminentes por los investigadores. Musk ha cerrado USAID, una agencia que distribuye 40.000 millones de dólares al año en servicios sociales en el extranjero con el propósito de apuntalar la penetración política del imperialismo en los países de menor desarrollo. El perjuicio para países con epidemias de Sida o con elevados tratamientos sanguíneos puede ser demoledor. Además de un ajuste de gastos, el propósito del cierre es deshacerse de las ONG que colaboran con USAID, a las que denuncia por tendencias 'woke' o liberales, una 'purga’, sencillamente. Musk se ha comprometido a hacer un ajuste de dos billones de dólares en el Presupuesto estatal (un tercio del total), concentrado en Seguridad Social, Salud y salarios, que luego redujo a un billón (trillón en inglés). Los demócratas y la burocracia de algunos sindicatos han recurrido a la justicia contra los ataques de Trump, pero como insiste el WSJ, “las ruedas del sistema judicial giran mucho más lentas que las de Musk”. 

 Bonapartismo 

El golpe de Estado de Trump-Musk no ocurre en el vacío. Es la expresión más acentuada de la decadencia irreversible de “la democracia en América”. La división de poderes ha entrado en un impasse mortal. En Estados Unidos se ha establecido una oligarquía capitalista, que se concentra en las compañías de Silicon Valley y en un puñado de fondos de cobertura (el fondo BlackRock tiene a su cargo la negociación de la deuda pública estadounidense). Algunos asimilan a estas “Siete Magníficas” a los “robbers” de principios de siglo XX (Rockefeller, etc.), pero se distinguen en un aspecto fundamental: la época de ascenso del imperialismo norteamericano y la de su declinación. Desde las crisis financieras del 2000 (“dot.com”) y fundamentalmente el derrumbe hipotecario de 2007/8, el Estado ha actuado como una gigantesca máquina de rescate capitalista, que se acentuó a principios de 2020 con la irrupción de la pandemia, lo que lo ha llevado a una quiebra financiera sin atenuantes. Así como el ascenso del capitalismo es la base de la democracia burguesa, su declinación lo es de su hundimiento. Esta decadencia se acentúa cualitativamente cuando el imperialismo se ve obligado a defender su hegemonía con guerras a repetición. El asalto de la OTAN a Ucrania y ahora al Medio Oriente marcan un punto de no retorno. 
 Por estas razones, el bonapartismo en Estados Unidos es inviable sobre una base nacional. Para imponerlo, Trump necesita una base internacional. Este es el objetivo de la guerra comercial, financiera y política que ha desatado contra Estados de diverso carácter y magnitud, pero que apunta a doblegar a Rusia y a China, en primer lugar, y a someter a la Unión Europea. 
 El desencadenamiento de una guerra arancelaria, en gran parte indiscriminada, por parte de Trump, no tiene la capacidad de revertir el persistente déficit comercial de Estados Unidos, en particular con China. Este déficit fue fomentado, en primer lugar, por Estados Unidos, que financia sus importaciones con la emisión de deuda pública internacional. Fue el arma principal para proceder a la penetración capitalista (no solamente norteamericana) en China, que fue convertida en plataforma de exportación. Este acople se ha convertido en su contrario: la deuda pública de Estados Unidos, de 37 billones de dólares (que algunos elevan a 50 billones), es el 120 % del PBI (o 160 %), generando un déficit fiscal del 6 al 8 % anual del producto, acercándose a los dos billones de dólares. El reequilibrio internacional implica un reajuste sin precedentes de las finanzas norteamericanas. Sin este reajuste, la guerra arancelaria producirá una inflación internacional creciente y, a término, el cierre de fronteras económicas y la acentuación de la guerra mundial. El impasse adquiere una magnitud sin antecedentes cuando se toma en cuenta que Trump y Musk pretenden imponer este ajuste reduciendo aún más los impuestos a las ganancias capitalistas. Detrás de la guerra arancelaria y comercial asoma un escenario de guerra civil contra los trabajadores de Estados Unidos.
 La distancia que el WSJ ha adoptado frente a la rueda compresora de Trump deja ver una oposición de la Bolsa norteamericana. Wall Street, por de pronto, ha rechazado financiar una expansión del GNL de Estados Unidos, debido a la caída manifiesta de la tasa de beneficio de la industria petrolera. De otro lado, el derrumbe de la productora de semiconductores norteamericana Nvidia, frente a la irrupción de una start up de China, ha dejado ver que las relaciones económicas no pueden ser encapsuladas por resoluciones administrativas; la movilidad extrema del capital encuentra formas de zafar a regulaciones o sanciones estatales. 
 Es altamente probable que Trump y Musk pretendan convertir esta guerra económica en un fuerte elemento de presión para establecer un acuerdo internacional, por un lado de ajustes internos, por otro lado de nuevo reparto de mercados. Un intento de este tipo tuvo lugar en 1985, en el llamado Acuerdo Plaza, para corregir los desequilibrios que favorecían a Japón y Alemania en perjuicio de Estados Unidos. Los resultados fueron escasos; Japón entró en una depresión de tres décadas, estalló la gran crisis asiática de la década del 90 (que se hizo internacional) y Estados Unidos perdió rápidamente sus superávits para ingresar en el déficit permanente. La cuestión de los reequilibrios globales entre grandes potencias no se puede separar de los enormes desequilibrios internos que cada una de ellas busca descargar en el mercado mundial. 

 Guerra mundial 

Este impasse ha abierto una nueva etapa en la guerra mundial. En la cuestión de los puertos en el canal de Panamá, China no los transferirá a otros operadores, ni es viable su cierre. La apropiación de Gaza por parte de Estados Unidos implica primero una escalada de la guerra contra el pueblo palestino y la posibilidad de un ataque contra Irán, lo que llevaría, a término, a un involucramiento de Turquía y otras potencias. Los términos de un acuerdo de cese al fuego en Ucrania han sido rechazados claramente por Putin, al menos por ahora. Trump presiona a China para revertir la oposición de Rusia al acuerdo que promueve Trump. Es cierto que el plan ofrecido por China, hace tiempo, difiere de las condiciones que reclama Rusia, que es un cambio de régimen político en Ucrania.
 La nota de la semana la dio el pronunciamiento del bloque ultraderechista Patriotas (la tercera fuerza del Parlamento Europeo), que se reunió en Madrid. Los Patriotas declararon a Trump el jefe internacional de la ultraderecha, poniéndose al servicio del imperialismo norteamericano. Adhirieron sin reservas al combate contra la migración, el derecho de asilo, la presencia de extranjeros, y se inclinaron a favor de la aplicación de ajustes sociales violentos. Celebraron la Reconquista de España de la dominación de los moros en el siglo XV, que equivale a una declaración de guerra contra África del norte y los pueblos árabes. Los Patriotas hicieron un esfuerzo por mostrarse más fascistas que nunca. Curiosamente, sin embargo, no abrieron el pico acerca de la guerra comercial que Trump prometió contra la UE, ni acerca de la guerra OTAN-Rusia, donde conviven los partidos pro OTAN, de un lado, y los pro Rusia, del otro. 
 El éxito de la tentativa de bonapartismo internacional, por parte de Trump y Musk, no sólo no está asegurado, sino que está, objetivamente, fuertemente cuestionado. Es una ruta hacia nuevos desarrollos de la guerra mundial, en unos aspectos, y de crisis revolucionarias, en otros. Por primera vez en la historia, Estados Unidos es llevado a un gigantesco ajuste social y al intento de instalar un régimen de excepción. 

 Jorge Altamira 
 10/02/2025

martes, 11 de febrero de 2025

Vindicación de Cuba y el anexionismo en 2025


«Es probable que ningún cubano que tenga en alto su decoro desee ver su país unido a otro donde los que guían la opinión comparten, respecto a él, las preocupaciones solo excusables a la política fanfarrona o la desordenada ignorancia» Pareciera un absurdo tener que referirse al tema del anexionismo en Cuba en pleno 2025. En 1889, cuando José Martí escribió Vindicación de Cuba, en carta de desagravio al diario The Manufacturer, de la ciudad de Filadelfia, por ofensas contra los cubanos, el primer tema del que habla es del fenómeno del anexionismo. 
 Dice Martí: «No es este el momento de discutir el asunto de la anexión de Cuba: Es probable que ningún cubano que tenga en alto su decoro desee ver su país unido a otro donde los que guían la opinión comparten respecto a él las preocupaciones solo excusables a la política fanfarrona o la desordenada ignorancia». 
 Es cierto, no es noticia para nadie que en la vocería que conforma esa pandilla de influencers de origen cubano, que medra en las redes sociales digitales, desde el espacio físico de la Florida y Madrid, predominan fanfarrones de desordenada ignorancia, como diría el Apóstol. 
 Pero el caso es que, en vísperas de la toma de posesión del presidente Trump, proliferaron cualquier cantidad de ideas descabelladas, en ese denominado clúster contrarrevolucionario, sobre qué hacer con Cuba. Y, lógico, no podía faltar quien exigiera una salida anexionista. 

 ANEXIONISMO A LA CUBANA 

 Aquellos que hablan de bienestar para los cubanos, que depende de una prometida democracia al mejor estilo liberal, con multipartidismo y demás hierbas, así como amplia privatización de todo, hasta de nuestras mentes, se han cuidado de venderse como adalides de la soberanía nacional; la misma reivindicación que la defendida por la Revolución Cubana desde al menos el 10 de octubre de 1868; solo que esta sí es genuina, auténtica.
 Sin socialismo no hay soberanía ni independencia, que nadie olvide esta verdad; el anexionista lo acaba de recordar y, a confesión de partes, ya se sabe.
 El fanfarrón de desordenada ignorancia promete que, con la anexión, los cubanos lograrían estabilidad política e institucional, quizá incluye algún que otro asalto al Capitolio, o el robo de elecciones, según aseguró el ahora titular del Gobierno en Washington; quizá también un colegio de electores de cuatro gatos, que usurpan con aprobación constitucional, la voluntad de millones de votos.
 Ni hablemos de las más de mil personas que mueren como promedio cada año en Estados Unidos, por los «excesos» de la Policía, según la británica BBC. Destacó este medio que, en 2018, hubo 85 000 personas heridas por el «celo» conque las autoridades policiales cumplen con su deber, mereciendo esa violencia policial el calificativo de problema de salud pública, según la Asociación Estadounidense de Salud Pública (APHA). La Policía batistiana palidecería de envidia con semejante record. 
 Y a propósito de la salud, el anexionista promete altos estándares en materia de sanidad pública. ¿Cómo sería, cómo en el Norte? Allí es conocido el carácter mercantil de estos servicios, al extremo de que la actual epidemia de fentanilo tiene un sórdido origen en la manipulación de diagnósticos y planes de curación.
 Otra proyección incumplible tiene que ver con la educación. En Estados Unidos, en solo un año hubo más de 900 tiroteos en las escuelas. No se sabe qué podría pasar con el hijo cuando salió en la mañana a estudiar. ¿Es acaso eso paradigmático? 
 En materia de derechos civiles, no podía faltar el tema de la libertad de expresión. El anexionista intenta vender humo cósmico sobre lo que la eventual metrópoli de Cuba garantizará al respecto. Obvia que la concentración de los medios de comunicación en Estados Unidos no tiene parangón en la historia, y constituye un enorme obstáculo para la susodicha libertad. Cada día la realidad estadounidense aporta nuevas muestras de su violación masiva, en especial cuando se cuestiona la esencia del sistema. Para muestra, veamos cómo quedó la última conferencia de prensa del exsecretario de Estado, Blinken, cuando dos periodistas fueron levantados en peso (literalmente) al preguntar por el crimen en Gaza. ¿Así sería en la Cuba anexada? 
 Otra parte delirante de la propuesta anexionista es cuando promete prosperidad económica. Qué razón hay, entonces, para que existan aproximadamente 37,9 millones de personas que viven en la pobreza en Estados Unidos, según la Oficina del Censo de ese país. ¿A son de qué esto sería diferente en Cuba? El sistema, al fin y al cabo, está imposibilitado de resolver esto. Y ni hablar de la desigualdad en un país donde diez tipos concentran 1,2 billones de dólares, mientras la clase media va en indetenible declive. 
 También dice el personaje de marras que Estados Unidos asumiría la deuda externa cubana. Con esto si se fue del aire el anexionista. El país del Norte es el más grande deudor del mundo: 32,9 billones de dólares, y para peor, admite que no la puede pagar. 
 El anexionista divaga en otras estimaciones, incluido el complejo tema migratorio. A propósito, y viendo como este asunto funciona en Puerto Rico, se conoce que no menos del 65 % de la población total de esa isla vive en el exterior. Si ya son parte de Estados Unidos, ¿por qué se fueron? Bueno, aquí viene al caso recordar aquel gesto imperial de Trump, cuando visitó la ínsula, tras un catastrófico huracán. No tuvo mejor idea que lanzar papel higiénico, un patético episodio que muestra cómo Washington trata a la Isla caribeña.

 ¿EXPANSIÓN IMPERIAL EN 2025? 

 La perorata del anexionista divaga en otros asuntos, pero como ya aburre, viene al caso poner en perspectiva qué tan posible puede ser la concreción de estas ideas. 
 Un enjundioso artículo aparecido recientemente en Sputnik, recuerda la historia de las ansias expansionistas a costa de la Isla de Cuba, de parte del sistema capitalista, desde su conformación en Estados Unidos.
 Ahora, círculos cercanos a Trump publicaron un mapa en el que, además de Groenlandia, Canadá y Panamá, aparecen la Mayor de las Antillas, República Dominicana, Nicaragua y parte del territorio de México.
 El medio digital The Hill afirma que, supuestamente, en una reunión de Mike Hammer, jefe de la Embajada estadounidense en La Habana, con el Jefe del Comando Sur, se abordó el asunto como una probabilidad. Qué tan cierto es lo que se dice en The Hill, veremos. 
 Con razón, el Primer Secretario del Partido y Presidente Díaz-Canel, evocaba la carta de Martí al diario The Manufacturer. La conocida prepotencia imperial es parte del adn de los mandamases estadounidenses, que con Trump en segundas nupcias, probable se multiplique. 
 Es, por tanto, urgente, retomar lo que dejó como advertencia el Apóstol en la mencionada nota: Ningún cubano honrado se humillará hasta verse recibido como un apestado moral, por el mero valor de su tierra, en un pueblo que niega su capacidad, insulta su virtud y desprecia su carácter. 

 Francisco Delgado Rodríguez | internet@granma.cu 
 26 de enero de 2025 19:01:13

El Rambo que Trump lleva dentro


Trump quiere que la industria cinematográfica de Hollywood salga del estancamiento propiciado por la intromisión extranjera El cine de Hollywood se convirtió en una efi ciente herramienta para «americanizar». 

Donald Trump, en recompensa por la presentación que le hiciera el actor Sylvester Stallone en su discurso por la victoria, en Mar-a-Lago, Florida, nombró al intérprete de los filmes Rambo y Rocky, «embajador especial en Hollywood», junto a los también actores Mel Gibson y Jon Voight. 
 Trump se ve reproducido en un Rocky Balboa, boxeador desconocido de Filadelfia quien, aguantando una paliza, llegó a campeón; reforzado por el John Rambo, atormentado exboina verde veterano de la perdida guerra de Vietnam.
 Trump quiere –por mediación del trío– que la industria cinematográfica de Hollywood salga del estancamiento propiciado por la intromisión extranjera. ¿Hasta ahí extenderá sus inhumanas deportaciones?
 Lo que preocupa al magnate es el dinero, mejorar las finanzas y lograr una extensión geopolítica de la meca del cine, algo que la BBC «duda lo vayan a lograr Stallone, Gibson y Voight». 
 Trump quizá quiera borrar la hostilidad que mostró no solo contra Hollywood, sino frente a cantantes y a deportistas célebres, en su primer mandato. Desea irle arriba a la sensación compartida entre los republicanos, de que Hollywood es afín a la política de los demócratas.
 Ejemplo de ello fue su reacción ante La caza, una sátira política en la que una élite demócrata cazaba a simpatizantes republicanos como animales. Para comenzar su bronca con los artistas de otras naciones, aseguró: «Serán enviados especiales por mí con el propósito de traer de vuelta a Hollywood, que ha perdido mucho negocio en los últimos cuatro años en favor de países extranjeros». Ese es Trump, el negocio en primer plano. 

 Alfonso Nacianceno | nacianceno@granma.cu 
 7 de febrero de 2025 00:02:46

domingo, 9 de febrero de 2025

El Bitcoin en el sube y baja cuestiona los planes de Trump de usarlo como “reserva estratégica”


Empresarios de criptomonedas aportaron a la campaña de Trump

 El Bitcoin, luego de haber superado los 100 mil dólares, cayó y perdió junto con Etherum 1 billón de dólares de capitalización en tres días de bajas. La reacción bajista de los mercados ante el anuncio de los aranceles fue pronunciada entre las criptomonedas. El Bitcoin, recordemos, ha sido impulsado como “reserva estratégica” por seguidores de Donald Trump. 
 La alta volatilidad del Bitcoin y el conjunto de las criptomonedas cuestionan su calidad de “refugio” de valor que les atribuye Trump, quien apoyó la iniciativa de constituir una “reserva estratégica de Bitcoin”. 
 Las criptomonedas estuvieron entre los productos financieros que subieron un 100 por ciento durante 2024. Durante la campaña electoral, Trump alentó la suba y prometió convertir a Estados Unidos en el centro mundial de las criptomonedas.

 La inteligencia artificial y Stargate, cuestionadas

 A poco de asumir Trump, impulsó una serie de medidas que favorecen el desarrollo de la inteligencia artificial, entre ellas una orden ejecutiva sobre inteligencia artificial (IA) que anula regulaciones implementadas bajo el mandato de su predecesor, Joe Biden, argumentando que dichas políticas obstaculizaban la innovación estadounidense en el sector tecnológico. 
 Luego, el martes 21, tres importantes empresas tecnológicas anunciaron que crearán una nueva empresa, llamada Stargate, para desarrollar infraestructura de inteligencia artificial en Estados Unidos. 
 El director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman, el director ejecutivo de SoftBank, Masayoshi Son, y el presidente de Oracle, Larry Ellison, aparecieron en la Casa Blanca junto al presidente Donald Trump para anunciar la compañía, a la que Trump llamó el "proyecto de infraestructura de inteligencia artificial más grande de la historia". 
 Las empresas invertirán 100.000 millones de dólares en el proyecto para empezar, y tienen previsto invertir hasta 500.000 millones de dólares en Stargate en los próximos años. Se espera que el proyecto cree 100.000 puestos de trabajo en Estados Unidos, dijo Trump. 
 El lunes siguiente se produjo el derrumbe de las empresas de tecnología, entre ellas Nvidia, productora de costosos semiconductores fabricados en Taiwán. La aparición de Deep Seek, la empresa china que según especialistas y analistas, iguala a las plataformas de Open AI y adicionalmente con menos dinero (una fracción del utilizado por Open AI, receptora de las inversiones anunciadas), fue el detonante.
 El derrumbe de Nvidia y otras empresas del sector fue el veredicto de los inversionistas. Un fiasco de Donald Trump y sus iniciativas de impulso de empresas cuestionadas en su eficiencia y costos. 

 El Banco Central Europeo y la Reserva Federal rechazan la propuesta de constituir una reserva de Bitcoin

 La presidenta del Banco Central Europeo (BCE) rechazó la propuesta de constituir una reserva de Bitcoin, realizada por un director del Banco Central de la República Checa. Christine Lagarde rechazó firmemente las especulaciones sobre que el BCE mantenga Bitcoin como activo de reserva. "Las reservas tienen que ser líquidas, seguras y protegidas", dijo, y agregó que Bitcoin no cumple con estos criterios debido a su volatilidad y los riesgos potenciales vinculados al lavado de dinero y actividades ilícitas. 
 El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, descartó la posibilidad de que el banco central agregue Bitcoin a su balance, citando restricciones legales bajo la Ley de la Reserva Federal. "No se nos permite poseer bitcoins. La Ley de la Reserva Federal dice lo que podemos poseer y no estamos buscando un cambio de ley", puntualizó. 
 Powell abordó el tema durante una conferencia de prensa (19/12/24), enfatizando que la Reserva Federal no está buscando ningún cambio legislativo para alterar esta posición. 

 Los “antecedentes” del Bitcoin que ahora se repiten 

 El Bitocoin y otras criptomonedas, luego de haber sido protagonistas de innumerables estafas en plataformas quebradas, dejaron un tendal de perjudicados. La más importante es FTX, una plataforma de criptomonedas que colapsó a fines de 2022. Las investigaciones revelaron un fraude cometido por los ejecutivos de FTX y Sam Bankman-Fried, el fundador de la empresa. “Sam” fue condenado a 25 años de prisión. 
 Los clientes fueron estafados en 8 mil millones de dólares generando en efecto dominó que llevó a quiebras de otras plataformas de criptomonedas y al hundimiento del Bitcoin, con el colapso de sus precios, y arrastró a Wall Street en una caída generalizada. El Bitcoin desde fines de 2021 a 2022 cayó desde 53.000 dólares a 16.000, dejando un tendal de damnificados y proyectando la baja de precios a las acciones de Wall Street, donde el derrape se extendió ampliamente. 
 El derrumbe del Bitcoin, generado por una serie de estafas y hackeos a sus poseedores, se extendió a Wall Street, siendo el iniciador de una baja generalizada. 
 El comportamiento actual del Bitcoin también acompañó la baja del mercado del lunes con un veloz derrumbe de sus precios. Actualmente la capitalización del mercado cripto superó 3,5 billones de dólares (31/1) y en 24 horas se desvaneció más de la quinta parte del total llegando a 2,7 billones el 2 de febrero (Tradingview). 
 Mientras el Bitcoin caía, los precios del oro subían hacia nuevos máximos, actuando como refugio ante la estampida generalizada. 

 Donald Trump alienta la suba del Bitcoin para asociarlo como “reserva estratégica” 

 A inicios de 2024, el gobierno de Biden aprobó solicitudes de varios importantes fondos de Wall Street para facilitar el acceso masivo a la compra de Bitcoin. Esto amplió la base de inversiones en esa criptomoneda, generando un gran impulso a sus precios, que en el año se duplicaron. 
 Trump, en varias declaraciones, alentó la compra de Bitcoin, al proponer que Estados Unidos sería la capital mundial de las criptomonedas y apoyando las propuestas de “reserva estratégica”.
 La senadora de Wyoming, Cynthia Lummis, presentó el “Proyecto de Ley de Reserva de Bitcoin”, que haría que el gobierno federal compre un millón de BTC durante un período de cuatro años. 
 En esa misma conferencia, Trump recaudó 25 millones de dólares para su campaña presidencial de parte de ricos propietarios de criptomonedas y líderes de las plataformas. 

 Del oro al Bitcoin, quiénes son los beneficiarios de la “reserva estratégica” 

 La Ley Bitcoin” propuesta por la senadora Lummis propone la revaluación de las reservas de oro, y la diferencia destinarla a la compra de Bitcoin. Pasar de oro a Bitcoin como reserva de la moneda, el dólar.
 Los ganadores serían grandes fondos propietarios de Bitcoin, BlackRock (50 mil millones de dólares); Microstrategy (38 mil millones); Grayscale (20 mil millones); Fidelity (18 mil millones), que se beneficiarían con la suba de sus precios. 
 Los otros beneficiarios serían quienes financiaron la campaña a la presidencia de Trump (recaudaron más de 100 millones de dólares), quienes promueven y son propietarios de plataformas de criptomonedas.

 Las propuestas de Trump socavan el rol del dólar y no enfrentan su principal problema, la enorme deuda del Estado 

 La inclusión de Bitcoin entre las reservas del Tesoro de Estados Unidos sería llevar la volatilidad e inestabilidad de sus precios hacia el dólar. 
 Esto ha llevado a que un fondo buitre, Elliot, se oponga a las propuestas de Trump. El fondo es dirigido por Paul Singer, aportante republicano y hábil “buitre” (litigó contra el gobierno de Argentina y triunfó, rechazando un canje de deuda por 4,7 mil millones de dólares), quien dice sobre la propuesta de la “reserva estratégica” de Bitcoin, que el “inevitable colapso” de la burbuja de las criptomonedas “podría causar estragos en formas que aún no podemos anticipar”.
 Y destaca que sería socavar la “inmensa ventaja” de que goza el dólar como moneda de reserva mundial. Es “alentar desde el gobierno la adopción de alternativas en un momento en que otros países están tratando de desprenderse del dólar”, y apoyar la “marginalización del dólar” es “profundamente peligroso” (Financial Times, 30/1). 
 Las búsquedas de alternativas financieras por parte de Trump se están revelando como aventuras que se desvanecen tempranamente. Reflejan la falta de propuestas que resuelvan el crónico déficit presupuestario y la gigantesca deuda del Estado, el centro de los problemas, cuya importancia crecerá ante los vencimientos de deuda en el corto plazo. 
 Las caídas de las bolsas en las primeras semanas del nuevo gobierno de Trump son una alerta sobre la volatilidad y rechazo que han generado los anuncios de los aranceles a sus principales socios comerciales. La oposición se extiende a empresas de Estados Unidos, amenazadas por una suba de precios de sus insumos. La suspensión de aranceles a México y Canadá, anunciada a pocas horas de implementarlos, impulsa mayor incertidumbre sobre los propósitos de los anuncios. 
 El inicio no es auspicioso para recomponer su rol de gendarme imperialista. 

 Sergio Rivero

sábado, 8 de febrero de 2025

La guerra de Trump contra la OMS: una contrarrevolución internacional del capital financiero contra la salud pública


La salida de Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud ejecutada por el gobierno de Trump dejará al organismo rector de la salud global sin financiamiento. Los EEUU eran el principal país proveedor de fondos para la OMS, representando alrededor del 18% de su presupuesto. Esto afectará la continuidad de programas de vigilancia epidemiológica y asistencia sanitaria frente a enfermedades como la tuberculosis, el VIH y el sarampión, en particular en los países llamados de “bajos ingresos”, así como la capacidad de respuesta frente a nuevos brotes y pandemias, potencialmente más letales aún que el Covid como ocurre en estos momentos con el virus de la gripe aviar (H5N1). 
 Pero la guerra de Trump contra la salud púbica se dirige, especialmente, hacia el interior de los Estados Unidos y sus trabajadores. La semana pasada, los funcionarios del pomposo Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), que preside Elon Musk, aterrizaron en la Agencia Federal de Salud (CMS) que desarrolla, entre otros, los programas Medicare y Medicaid, que proporcionan seguro médico a más de 150 millones de personas, un cuarto de la población norteamericana. Medicare financia la cobertura de salud en el caso de mayores de 65 años y personas con discapacidad, mientras que Medicaid se destina a la población más precarizada y con escasos recursos. 
 La CMS requirió en 2024 1,5 billones de dólares, alrededor del 22% del presupuesto del Estado. Trump calificó como “fraudulento” este gasto y se propuso avanzar con fuertes recortes. Según la revista científica The Lancet, este ajuste “pondrá en peligro el funcionamiento de Medicaid” y paralizará “las actividades del Instituto Nacional de Salud (NIH) y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC)” (8/2). Además, Trump y Musk quieren deshacerse de la Ley de Atención Médica Accesible (ACA, también conocida como Obamacare), que colocaba límites y regulaciones sobre el costo de los medicamentos y las coberturas privadas de salud. El objetivo es colocar, sin más mediaciones, al conjunto del sistema de salud en manos del capital financiero.
 En el país donde crece el apoyo a Luigi Mangione, acusado de asesinar al CEO de la United Health Care, la principal aseguradora de medicina privada que se negó a cubrir el tratamiento el dolor crónico que sufría en su espalda, las medidas de Trump y Musk amenazan con provocar una verdadera conmoción social. La designación de un abogado anti-vacunas, Robert Kennedy, al frente de la cartera sanitaria representa un retorno a la política del “sálvese quien pueda” (o quien quede) de la “inmunidad de rebaño”, que llevó al récord de 1,2 millones de muertes por Covid en EEUU, justo cuando este país atraviesa un nuevo rebrote del virus bajo la variante XEC. En la época de ascenso histórico del capitalismo, la salud pública emergió como disciplina científica ante la necesidad de poner un límite al aumento indiscriminado de la mortalidad que el proceso industrial estaba provocando en las filas de la naciente clase obrera. 
En la época de su decadencia, tras dos guerras mundiales, el holocausto y las masacres atómicas, la creación de la OMS, la ONU y las políticas del llamado “Estado de bienestar” pretendieron blindar al capitalismo decrépito frente a la amenaza de la revolución social que había prevalecido en Rusia y se extendería a China y el continente americano. Hoy, el “ajuste internacional” contra la salud pública que encabeza Trump forma parte de una salida contrarrevolucionaria a la quiebra de todos los equilibrios y acuerdos preexistentes. 
 La lucha en defensa de la salud, por su nacionalización bajo el control y la gestión de sus trabajadores, representa para la clase obrera mundial un desafío impostergable, frente a un régimen social que en su agonía pone en cuestión la propia supervivencia de la humanidad y del medio histórico-natural en el que se desenvuelve. La clase obrera argentina y los trabajadores de la salud no debemos perder de vista este panorama estratégico, al momento de enfrentar al imitador criollo de Trump y a su séquito de comisionistas y vaciadores que se proponen destruir conquistas históricas arrancadas con años de lucha y organización popular independiente. 

 Julián Asiner
 08/02/2025

viernes, 7 de febrero de 2025

La “limpieza étnica” de Donald Trump para Gaza enfrenta protestas importantes


 Donald Trump propuso trasladar a dos millones de palestinos a “casas bonitas de muy buena calidad, como una ciudad hermosa, donde sean felices”, construidas en “numerosos emplazamientos o un gran emplazamiento en otros países”. Vaciar la Franja de Gaza. Entre tanta generosidad no se ahorró la amenaza: “Un lugar donde puedan vivir y no morir, porque Gaza es una garantía de que van a terminar muriendo”. Lo único que le faltó decir fue que Israel necesita un espacio vital. 
 El programa de Trump para que Medio Oriente no se convierta “en un infierno”, como supo decir después de que toneladas de bombas entregadas a Israel por los norteamericanos redujeron a escombros la Franja, significa dar curso a “la solución final”, a la limpieza étnica que comenzó con la expulsión -la Nakba- en 1948.
 Los “dispersados” en 1948 -la diáspora palestina- son 6 millones de personas que desde entonces viven en las tiendas de campaña de 59 campos de refugiados en El Líbano (800.000), Jordania (2 millones), Siria, Cisjordania y la misma Franja. 
 Ahora Trump propone dispersarlos en distintos países árabes y tomar el control del territorio: “Estados Unidos se hará cargo de la Franja de Gaza, y también haremos un trabajo con ella. Será nuestra”, dijo. Y aseguró que si fuera necesario enviaría tropas norteamericanas: “Vamos a tomar el control de ese lugar y lo vamos a desarrollar, a crear miles y miles de puestos de trabajo». 
 No son solo consideraciones geopolíticas, Trump “planteó un negocio para construir una “Riviera del Oriente Medio”. Turismo y casinos sobre el exterminio de por lo menos 47.000 gazatíes –170 mil según la revista The Lancet. No en vano el enviado de Trump para Medio Oriente, Stevie Witkoff, no tiene en su legajo antecedentes diplomáticos, pero sí un prontuario de desarrollos inmobiliarios. 
 Netanyahu y el gobierno de guerra del Estado sionista tiene su propia hoja de ruta: la construcción de un Gran Israel- el Eretz Israel bíblico- a costa del genocidio palestino, una política que antecede largamente el ingreso de las milicias el 7 de octubre. 
 En Cisjordania ya hay 700 asentamiento y aproximadamente un millón de colonos. Netanyahu aprobó en 2024 la mayor incautación de tierra palestina en tres décadas y arma a los colonos para que se apoderen del territorio a un ritmo nunca visto. Este mes anunció que el ejército sionista permanecerá en Yenin. 
 A pesar de los términos del acuerdo de paz, Israel no se ha replegado del sur del Líbano, lo que significa que sus 15.000 soldados ocupan el 25% del país. En el mapa de Medio Oriente, que Netanyahu mostró a la Asamblea General de Naciones Unidas en 2024, no existían territorios palestinos. La segunda parte del acuerdo de intercambio de rehenes por prisioneros palestinos y el retiro del ejército sionista de Gaza, ha sido suspendido, como preveía una mayoría de observadores. Trump y Netanyahu están rediseñando el Medio Oriente. 
 Según los asesores de Trump, solo un puñado de miembros del círculo íntimo conocía el plan y altos funcionarios de Defensa dijeron que se enteraron durante la declaración pública del presidente. «Nadie sabe lo que está pasando», aseguró un funcionario al Wall Street Journal.
 El primer ministro saudí Mohamed bin Salmán rechazó sin matices el traslado de la población gazatí y exigió que Israel reconozca al Estado palestino y privilegie la tregua en la Franja. La salida de los “dos Estados” ya se encontraba muerta antes de la masacre sionista. La oposición a la Riviera de Gaza, sobre la base de dos Estados, es una estafa. El rechazo de un conjunto de potencias a la transferencia de población y a la toma de la Franja por parte de Estados Unidos, no tiene una contrapartida digna de ese nombre. El destino de Palestina lo determinará una guerra mundial, o la insurgencia internacional de masas contra el Estado sionista. Trump y Netanyahu se ha complotado para producir un cambio de régimen en Irán. 
 Egipto, Jordania y otros aliados de EE.UU. también advirtieron a Trump que “reubicar” a los palestinos amenazaría la estabilidad de Oriente Medio y “socavaría el impulso de décadas de EE.UU. y sus aliados para una solución de dos Estados”. La estabilidad en cuestión ha dejado de existir por completo, lo mismo que la salida bi-estatal.
 El Partido Demócrata de EE.UU. ha adoptado también el lenguaje opositor, como si durante su gobierno Biden no hubiera preparado el terreno, armando el brazo del exterminio con la entrega de “un arsenal de armas destructoras de ciudades” incluidas al menos 10.000 bombas de 907 kg que devastaron manzanas enteras. Trump ha asegurado a Netanyahu que el gobierno norteamericano proveerá a Israel bombas de mayor tonelaje aún.
 El Wall Street Journal, el diario que controla el multimillonario Rupert Murdoch e hizo campaña por Trump, opinó que la idea de “tomar el control de Gaza divide a la base de MAGA”, es decir al trumpismo. No podría ser de otro modo, cuando no se han creado las condiciones internacionales que habilitaron al hitlerismo a hacer lo mismo con millones de judíos. 
 Para que el plan funcione, dice WSJ, “Trump tendría que persuadir a los países vecinos que se resisten a acoger a los dos millones de palestinos de Gaza, sacar a esas personas de su hogar, enviar potencialmente fuerzas o contratistas estadounidenses para destruir municiones sin explotar y edificios en estado de derrumbe, atraer a empresas para nivelar y construir en Gaza cuando su seguridad no esté garantizada”. El diario ya está evaluando la posibilidad del asunto.
 El senador republicano Lindsey Graham le bajó el precio al planteo de Trump: “el enfoque, dijo, será muy problemático» “Sugeriría agregó, que volvamos a lo que hemos estado tratando de hacer, que es destruir a Hamás y encontrar una manera para que el mundo árabe se haga cargo de Gaza y Cisjordania, de una manera que conduzca a un Estado palestino con el que Israel pueda convivir». Más guerra, más escombros, más muertos para tener un ‘Estado palestino’. 
 Así las cosas, la vocera del gobierno, Karoline Leavitt, dijo el miércoles que los contribuyentes no tendrían que cubrir el costo de desarrollar Gaza, que la “reubicación de los palestinos sería temporaria” y que “no se enviarían tropas estadounidenses a la región”. 
 El Secretario de Estado y portavoz de Donald Trump, Marco Rubio, describió la propuesta como una oferta «muy generosa» solo para ayudar en la retirada de escombros y la reconstrucción, “sin que Estados Unido aporte un solo dólar” (“mientras tanto es obvio que la gente tendrá que vivir en algún sitio”). La ‘limpieza étnica’ está a la orden del día. 
 En una reunión con Netanyahu en el Pentágono, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, declaró que el ejército está «preparado para estudiar todas las opciones» para la reconstrucción de Gaza, aunque voceros del Estado Mayor Conjunto y del Comando Central, responsable de las operaciones militares en Oriente Medio, “aún no han recibido una solicitud formal para redactar un plan para enviar tropas a Gaza”.
 Rubio insistió en que la postura de Trump «no pretendía ser una medida hostil» sino las tareas de reconstrucción “para que la gente pueda volver a entrar”. 
 El ministro de Defensa Israel Katz ya ordenó al ejército los preparativos para facilitar la emigración de un gran número de palestinos de Gaza a través de cruces terrestres, así como mediante “arreglos especiales para la salida por mar y aire”. La orientación general del imperialismo es la expulsión, el exterminio. Un plan largamente preparado; lo divulgó, hace un año, Jared Kuchner, el yerno de Trump. 
 Con el verso de ‘terminar con las guerras’, Trump las eleva a una nueva etapa en el marco de una guerra imperialista en todos los terrenos. 

 Olga Cristóbal 
 06/02/2025

jueves, 6 de febrero de 2025

Las seis «R» del Apocalipsis


En julio de 2023, en la histórica radio uruguaya CX36 Centenario, el periodista Carlos Amir González me preguntó qué futuro le veía al capitalismo. Recordé algo del escritor marxista Daniel Banina Crocco que, un año antes allí mismo, me había regalado un aforismo muy interesante: “El capitalismo tiene los siglos contados”. 
 El mismo Daniel preguntó: “¿El capitalismo es viable a mediano plazo?” 
 Mi respuesta, entonces, fue una amable provocación a su afirmación anterior, algo sobre lo que venía escribiendo desde hacía años, casi como un proceso de descubrimiento de la pólvora y que, en un libro publicado en 2018 se tituló Neomedievalismo y Post-Ilustración (Neomedievalism. Reflections on the Post-Enlightenment Era). El término “neomedievalismo” lo usó el gran Umberto Eco décadas antes, en 1983, para referirse a las fantasías populares y del Postmodernismo literario. Más tarde, brillantes economistas como el francés Cédric Durand (2020) y el griego Yanis Varoufakis (2021) llamaron tecnofeudalismo. 
 Fue una de nuestras viejas preocupaciones por años. “El capitalismo ha derivado a un neofeudalismo donde los príncipes (los clanes megamillonarios) tienen más poder que los gobiernos nacionales” (Huffington Post, enero 2016). “En Europa, el dinero y el capitalismo significaron un progreso social ante el estático orden feudal de la Edad Media. Pero pronto se convirtieron en el motor de genocidios coloniales y luego en una nueva forma de feudalismo, como la del siglo XXI, con una aristocracia financiera (un puñado de familias acumulan la mayor parte de la riqueza en países ricos y pobres), con duques y condes políticos y con villanos y vasallos desmovilizados” (Página12, agosto 2017).
 “No”, respondí. “El capitalismo ha muerto”. “
Ni yo me he atrevido a tanto”, dijo Carlos. 
 Claro, expresiones como estas son deliberadamente radicales y provocadoras. Funcionan como despertadores. En realidad, como cualquiera sabe, los procesos históricos nunca ocurren de un día para el otro. Mucho menos los cambios civilizatorios. 
 Podríamos precisar: El capitalismo no ha muerto; se ha retirado a un hogar de ancianos. Ese proceso no tiene vuelta atrás. Más cuando se trata de un sistema que no tiene solución para los problemas existenciales que él mismo creó. Es un sistema que sobrevive de repeticiones, de dogmas vacíos y de predicadores apasionados. Un sistema que aún mantiene el poder político, financiero y militar y que, desesperadamente, lucha por conservar. 
 El primer poder que está perdiendo, de forma acelerada, es el cuarto, el poder mediático, que es el predicador de narrativas ideológicas y creador de los mitos sociales que lo sostienen. De ahí la creciente contradicción que generará aún más tensión entre los pueblos y los poderes que los dominan, desde la escala intra-nacional hasta la escala inter-nacional, sin diferencias en la lógica que relaciona a los amos con sus esclavos asalariados.
 Cada año que pasa es un grado más que se agrega a la escalada hacia una explosión en el mundo. ¿Será en los años 30? ¿En los 40? ¿Mucho antes? Imposible saberlo, pero cada día se hace más y más inevitable el derrumbe de la masiva torre de huesos que prometió alcanzar el cielo para la felicidad de 33 señores allá en lo más alto.
 Los poderosos nobles de nobles acciones y de crímenes nobles, confiados en la protección de sus inexpugnables fortalezas, caerán como lo que son: pequeños humanos con grandes patologías personales que alimentan las patologías sociales que llaman éxito propio y prosperidad ajena. Todo, por el momento, sostenido primero por la conformidad alegre de sus súbditos y vasallos; luego, con la rabia y orgullo fascista de los esclavos que añoran “los viejos buenos tiempos”; y, finalmente, con la explosión popular de la masas cuando su sufrimiento sea mayor a su fe en la narrativa esclavista. 
 La historia siempre ha escrito con seis R: Resistencia, Reforma, Reacción, Revuelta, Rebelión y Revolución. Sólo la segunda puede realizarse sin violencia. Cuando una reforma produce violencia (física, psicológica, económica, social) es porque no es una reforma, sino una reacción. Una reacción (generalmente política y cultural, como en los últimos tiempos lo han sido el neoliberalismo y el fascismo con su clásica fijación de volver, de restaurar un pasado inexistente) es siempre violenta porque aborta la necesidad de las R siguientes. 
 En el mejor de los casos, una reforma puede humanizar hasta el sistema más perverso, pero nunca es capaz de resolver los males de un sistema: los mitiga y, al mitigarlos, los perpetua. Para un padre o para una madre responsables de una familia, esta R2 es la más sensata y conveniente a corto plazo. Entonces ¿por qué las reformas populares rara vez se desarrollan en todo su potencial, evitando así la aparición de las restantes Rs? Simplemente, porque el poder que debe ceder privilegios nunca lo hará si no es bajo resistencia. 
 La inacción no es un mal pasivo sino activo. No se trata de un mal que la pereza humana perpetúa, como quien posterga el arreglo de una gotera en el techo de su casa. Es un mal inoculado por el poder. Es un mal de creciente potencial explosivo; un capacitor de odio, de vanidad, de frustración y, sobre todo, de una infinita avaricia por más poder, eso que los exitosos nobles no paran de acumular, cada vez más a la luz del día, ya sin esperar la noche, como un adicto que sabe que la droga lo va a matar, pero no puede dejar de incrementar la dosis que acelera su final. 
 La inacción es una dolencia histórica que no alcanza a percibirse como tal sino todo lo contrario. Es un fantasma que camina apurado hacia el abismo. Como el flautista de Hamelín, pero enfermo de rabia y orgullo, es seguido por un numeroso ejército de necios―que no quiero llamar ratas. 
 La torre de huesos es insostenible. No importa hacia qué lado miren los de abajo. Lo más probable es que alguna de las R avanzadas (¿la 4, la 6?) se inicie en Estados Unidos, ya que nada hay más removedor que la pérdida de privilegios y de esperanzas. Nada mueve más que la necesidad y el descubrimiento de que alguien ha vivido engañado por el poder, intoxicado por el confort y paralizados por el miedo. 
 Probablemente sea un síntoma de vejez, pero lo cierto es que cada vez tengo más memorias que proyectos, más nostalgias que esperanzas. También es probable que la historia no sea tan creativa, como no lo somos nosotros, quienes empezamos a observar las mismas novedades repetirse una y otra vez. 
 Así que voy a cerrar con otras palabras que recuerdo de mi juventud (cuando las leo también recuerdo dónde estaba y por qué las escribía con tanta pasión inútil): “Nadie hubiese previsto jamás una alternativa al feudalismo medieval o al sistema de esclavitud. O casi nadie. La historia de los últimos milenios demuestra que los utópicos solían preverlo con exagerada precisión. Pero como hoy, los utópicos siempre han tenido mala fama. Porque es la burla y el desprestigio la forma que cada sistema dominante ha tenido siempre para evitar la proliferación de gente con demasiada imaginación” (Rebelión, febrero 2009).
 Esa era una de las últimas «R».

 Jorge Majfud | 04/02/2025 |

miércoles, 5 de febrero de 2025

El mercenarismo en Ucrania


Más de 13.000 mercenarios extranjeros han llegado a Kiev, según medios de prensa, desde el inicio de la Operación Militar Especial lanzada por Rusia para desmilitarizar y desnazificar a Ucrania la que se convirtió en punta de lanza contra el gobierno de Moscú. 

 De ellos 6.000 han muerto en los campos de batalla, mientras otra gran cantidad ha huido para no perder la vida en una guerra que no les pertenece ni pueden ganar.
 Desde el principio del conflicto, Ucrania con apoyo de agencias y compañías en Estados Unidos, Inglaterra, Francia y otras naciones europeas, buscó mercenarios dispuestos a combatir contra Rusia. 
 En el contexto de una situación precaria en los frentes de guerra con pérdidas críticas y escasez aguda de combatientes pese a los reclutamientos forzados, las Fueras Armadas Ucranianas (FAU) los atraen con contratos lucrativos, así como con falsas promesas de buenas condiciones y servicios en unidades de retaguardia alejados de la zona de combate activo. 
 Las agencias ofrecen alrededor de 4.000 euros al mes a cada combatiente; en caso de resultar herido pueden recibir hasta 26.000 euros y si muere sus familiares recibirían 37.000 euros, aunque todo eso solo queda en el papel. 
 Datos de la inteligencia rusa atestiguan que la mayoría son polacos, estadounidenses, británicos, canadienses, georgianos, latinoamericanos (mayormente colombianos) y del Medio Oriente. 
 Una reciente investigación realizada por la Agencia de Prensa Rural de Colombia y publicada por el periodista Tito Magdalena asegura que Ucrania ha intensificado sus esfuerzos por encontrar mercenarios en todo el mundo pues el país está sufriendo pérdidas catastróficas y no hay ciudadanos propios para tapar los agujeros de su defensa. 
 El artículo informa que unos 2.000 colombianos han viajado a Kiev para enrolarse como mercenarios y ganar dinero en una guerra de la que nunca volverán a casa, y los sobrevivientes cuentan verdaderos horrores pues los mandos los tratan como seres de segunda clase.
 Muchos voluntarios, afirma la Agencia de Prensa Rural, se quejan de retrasos en los pagos pues por regla general el dinero destinado a los salarios de mercenarios es malversado por oficiales ucranianos y hasta los envían a lugares peligrosos como carne de cañón pues si mueren los dan como desaparecidos y no tienen que abonar los adeudos. 
 Muchos extranjeros, concluye el artículo, se encuentran ahora en la región rusa de Kursk donde se libran las batallas más terribles, aunque tampoco es más fácil para los que se quedaron en la región del Donbass. 
 En Colombia se informó que la familia de Óscar Triana perdió contacto con él seis semanas después de su llegada a Ucrania. No hubo llamadas de Óscar, dejó de publicar en las redes sociales y como Kiev no tiene embajada en Bogotá, resultó imposible buscar información. Solo cuando periodistas militares se involucraron en el caso se supo que el grupo donde luchaba Óscar fue derrotado cerca de Járkov. Oficialmente está desaparecido en combate. 
 Desde los primeros momentos y por la perversidad contra prisioneros y poblaciones civiles que han caracterizado a muchos de los mercenarios, estos han sido uno de los objetivos prioritarios de las Fuerzas Armadas rusas. 
 Ahora con el apoyo de especialistas estadounidenses e ingleses, el Ministerio de Defensa ucraniano ha empezado a formar una empresa militar privada para “contrarrestar la amenaza rusa en todo el mundo”. Este proyecto de ley presentado a la Rada Suprema prevé la legalización en Kiev de una “empresa internacional que prestará servicios de defensa” fuera del país, describe el documento. 
 De esa forma se creará un denominado Servicio Estatal de Ucrania para las Empresas Internacionales de Defensa que gestionará y regulará las actividades de las compañías privadas de defensa nacionales y dependerá de la Dirección Principal de Inteligencia (GUR) junto con el Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU), los cuales estarán encargados de las operaciones subversivas y terroristas contra los opositores del régimen, dentro y fuera del país. 
 Ya estos métodos se han puesto en práctica dentro de Rusia con los ataques a periodistas, dirigentes y militares como el reciente asesinato del general Igor Kirilov o el ataque contra el centro cultural Crocus City Hall de Moscú que provocó la muerte de más de 130 personas. 
 También acciones similares con la anuencia de personal militar ucraniano han ocurrido recientemente en Mali y Siria, por citar solo algunos.
 Los países occidentales, encabezado por Estados Unidos, han trabajado para que Ucrania continúe la guerra con el fin de debilitar a Rusia, objetivo que no han podido lograr. Pero lo cierto es que, mientras tanto, el mercenarismo y el fascismo se extienden peligrosamente por el planeta. 

 Hedelberto López Blanch, periodista, escritor e investigador cubano, especialista en política internacional.

Atilio Boron entrevista a Miguel Díaz-Canel: Análisis exclusivo sobre Cuba y desafíos actuales


Movilización Sindicatos Industriales a Torre Ejecutiva


martes, 4 de febrero de 2025

Guantánamo, el nefasto lugar al que Trump quiere enviar a miles de migrantes


Un símbolo del terror imperialista. 

 El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó un memorándum ordenando al Pentágono y al Departamento de Seguridad Nacional ampliar las instalaciones de un centro para detener migrantes que está ubicado en la base militar de Guantánamo, en Cuba. Quiere enviar 30.000 migrantes allí. 
 La prisión de Guantánamo, famosa por la violación sistemática de los derechos humanos, fue construida en 2002 por orden de George W. Bush tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas. Llegó a albergar a casi 800 detenidos, en su gran mayoría de origen musulmán. Más de veinte años después, a pesar de las promesas por cerrarlo, aún quedan 30 reclusos, muchos de los cuales ni siquiera están acusados de un delito. 
 Por las vejaciones barbáricas que se cometieron contra los reclusos, Guantánamo puede ser considerada como todo un símbolo del terror imperialista. Su existencia muestra también el papel de Estados Unidos como opresor y explotador de naciones, en tanto implica la usurpación de una parte del territorio de Cuba. 
 En Guantánamo, además de la tortura en los interrogatorios, se ha denunciado que los detenidos no pueden recibir visitas de abogados y familiares. Hubo decenas de prisioneros que no fueron juzgados ni condenados en 20 años. A los detenidos que llevan más de una década en la cárcel se los conoce como “presos eternos”. 
 Los métodos aplicados por los soldados, matones y espías de la burguesía yanqui van desde ahogamientos simulados, pasando por el uso de técnicas de privación del sueño, violaciones y la exposición a temperaturas extremas, hasta la tortura y la desaparición forzosa. Majid Khan, al relatar su experiencia –denuncia que fue violado por médicos de la CIA–, dijo que sus primeros años en Guantánamo fueron de “muerte lenta”. 
 En 2013, cuando Estados Unidos se encontraba bajo el imperio del demócrata Barack Obama, los reos llevaron adelante una huelga de hambre. Varios de sus protagonistas fueron obligados por los esbirros de Guantánamo a alimentarse a través de tubos. A la par de ese proceso tuvieron lugar, al interior de EE.UU., movilizaciones que reclamaron el cierre de la base y la libertad de todos sus presos. Se trata de reivindicaciones que son levantadas actualmente por organizaciones de derechos humanos. 
 Obama prometió cerrar Guantánamo, pero bajo su gobierno no solo continuó funcionando sino que murieron allí más presos que bajo el mandato de Bush. Biden hizo la misma promesa. Trump directamente parece esforzarse por aparecer como un fanático de la base militar. 
 Intentando reforzar su campaña represiva, Trump busca presentar a los migrantes como criminales. Pero Trump no será el primero en deportarlos a Guantánamo: la mayoría de los migrantes que ya están confinados allí desde gobiernos anteriores proviene de Haití o Cuba. Permanecen allí “detenidos de manera indefinida en condiciones similares a las de una prisión, sin acceso al mundo exterior y atrapados en un sistema punitivo” (El País, 30/1). 
 Un informe publicado por la ONG Proyecto Internacional para la Asistencia a los Refugiados (Irap, por sus siglas en inglés) señala que los edificios están repletos de moho y tienen problemas en las cañerías, y denuncia que las familias con niños se alojan junto a adultos solteros. Además, no hay allí servicios educativos ni tratamiento psiquiátrico especializado. Los detenidos no pueden realizar llamadas telefónicas confidenciales, ni siquiera para hablar con sus abogados, y a menudo se los somete a crueles castigos.
 El gobierno norteamericano mantiene un estricto hermetismo sobre el funcionamiento del centro, por lo que la vulneración de los derechos humanos debe tener magnitudes mucho más grandes.
 Este 7 y 8 de febrero habrá, en Buenos Aires y otras ciudades del mundo, jornadas de acción contra el racismo y en defensa de los migrantes, que fueron aprobadas en una reunión internacional virtual con la participación de referentes de numerosos países, a raíz de una iniciativa del Comité de Frente Unico del Partido Laborista de los Estados Unidos (UFCLP, por sus siglas en inglés). Citas de honor para todo trabajador.

 Nazareno Suozzi

lunes, 3 de febrero de 2025

EEUU: Trump afirma a los tumbos la dictadura de poder personal


Tanto las acciones como declaraciones de Donald Trump en su primera semana de mandato pusieron de manifiesto la intención del presidente norteamericano de imponer un cambio en el régimen político. La tentativa es establecer un régimen con superpoderes para el presidente, pasando por arriba de las leyes existentes, del Congreso y de la propia Constitución. 
 Trump apunta a realizar una depuración ideológica y política de los funcionarios públicos, además de un “achique del Estado”; impulsa detenciones y deportaciones masivas de inmigrantes, generando un clima de terror; ha lanzado una persecución a activistas solidarios con Palestina (en especial estudiantes extranjeros amenazados de ser expulsados); y busca ejecutar recortes de gastos sociales ya votados por el Congreso. 

 Motosierra 

El presidente y la Oficina de Gestión y Presupuesto (OMB, por sus siglas en inglés) emitieron un memorando que congelaba temporalmente “todas las actividades relacionadas con la obligación o el desembolso de toda la asistencia financiera federal”, lo cual paralizó a unos dos mil programas que dependen del financiamiento del gobierno federal, tanto de gobiernos estatales y locales, universidades y escuelas públicas, comunidades indígenas y diversas ONG que atienden la alimentación u otras ayudas sociales a los sectores más empobrecidos de la población. La orden, firmada por el director interino de la OMB, instruía a todas las agencias federales a dejar de gastar en los programas que administran si “pueden estar implicados por cualquiera de las órdenes ejecutivas del presidente” o si “promueven la equidad marxista, transgénero y las políticas de ingeniería social del Nuevo Trato Verde”. La confusión sobre qué situaciones abarcaba este decretazo de tintes fascistas paralizó diversos servicios, incluidos los vinculados a la salud y las medicinas para una gran parte de la población, y generó una gran conmoción. La medida fue cuestionada por la oposición del Partido Demócrata y en forma no tan pública fue criticada incluso por sectores Republicanos, y finalmente fue dejada en suspenso por un juez federal. Trump debió recular al menos transitoriamente. Es el segundo revés judicial en apenas una semana (el anterior fue el referido a la orden ejecutiva que quita el derecho a la ciudadanía a los nacidos en EE.UU. de padres inmigrantes ilegales). 
 La crisis judicial que se ha instalado promete continuar. Elon Musk (el encargado de la motosierra) afirmó en el Wall Street Journal que Trump consideraba inconstitucional la Ley de Control de Embargos de 1974: esta ley obliga al gobierno a ejecutar los gastos votados por el Congreso, justamente el mandato que acaban de violar con la congelación decretada. “La congelación del gasto federal fue el primer paso de una enorme batalla constitucional sobre la separación y el equilibrio de poderes legales en Estados Unidos, en la que Trump y su equipo pretenden transferir la mayor cantidad posible de poder del poder legislativo al poder ejecutivo”, afirmó un articulista del Financial Times. El mismo analista destaca una frase del memorando de la OMB respecto a “alinear el gasto y la acción federales con la voluntad del pueblo estadounidense expresada a través de las prioridades presidenciales” (no del Congreso), y concluye: “El gobierno, en definitiva, de un solo hombre”. Y concluye: “Este ataque tanto al poder del Congreso sobre el dinero como al estado administrativo de Estados Unidos es un autogolpe de Estado tan grande como lo fue el acicate de los insurrectos el 6 de enero de 2021.” 
 El gobierno también ha lanzado una amenaza masiva de despidos, ante lo cual ofrece la alternativa de un retiro “voluntario”. Unos dos millones de funcionarios públicos han recibido un correo electrónico donde se les da la opción de renunciar antes del 6 de febrero, lo cual les permitiría continuar en planilla cobrando el sueldo hasta el 30 de septiembre. La oferta aplica a todos los empleados federales de tiempo completo, con algunas excepciones (personal militar, Servicio Postal, servicios de migración y seguridad nacional). Como han denunciado varios sindicatos (como por ejemplo el del Tesoro, que agrupa a unos 150.000 funcionarios) se trata de una intimidación y una amenaza de ser despedido sin indemnización alguna en caso de no acogerse a este plan. Los sindicatos han convocado a no aceptar el despido incentivado. 
 Otro elemento que generó gran confusión fue cuando el gobierno anunció la suspensión por 90 días de las ayudas establecidas a diversos países, tanto económicas como militares, lo cual obligó al Secretario de Estado Marco Rubio a aclarar que este congelamiento no afectaba a Ucrania. 

 Guantánamo 

Tras la primera oleada de detenciones y deportaciones masivas, Trump provocó una crisis con el gobierno de Colombia, enviando cientos de personas en aviones militares y esposadas como si fueran criminales. De hecho existía ya un protocolo entre EE.UU. y Colombia que se había llevado a la práctica en gobiernos anteriores, que Trump no respetó. Lo mismo ha sucedido con otros países, como por ejemplo ha denunciado el gobierno de Brasil.
 Luego, y mientras le ponía la firma a la ley fascista “Laken Riley” (que permite detener y deportar a inmigrantes sin papeles acusados de delitos menores), Trump anunció que instruyó al Pentágono y el Departamento de Seguridad Nacional que ampliara las instalaciones del Centro de Operaciones para Migrantes de la Bahía de Guantánamo (GMOC) para que pueda encarcelar a 30.000 migrantes. Se trata de la cárcel de la base de Guantánamo (base instalada ilegalmente en territorio cubano), conocida como un verdadero campo de concentración y de torturas, que ha sido utilizada para encerrar indefinidamente a detenidos sin orden ni proceso judicial de todo el mundo (particularmente del Medio Oriente), y también en determinados momentos a inmigrantes ilegales latinoamericanos bajo administraciones anteriores (de Haití, Cuba, etc.). En este, como en muchos aspectos, Trump no inventa nada, sino que lleva al extremo las tendencias más reaccionarias de la política del imperialismo, saltándose toda restricción legal y proclamando abiertamente lo que antes se hacía en secreto. Esto no es solo un cambio en cantidad, sino que implica un salto en calidad que impulsa un gobierno y un régimen que no admite restricciones legales para llevar adelante el programa que demanda el capital imperialista. 
 En el 80 aniversario de la liberación de Auschwitz, el jefe del declinante imperialismo anuncia la instalación de un campo de concentración para detenidos sin proceso ni garantías. 
 La “oposición” del Partido Demócrata parece emular a los gobernadores y parlamentarios peronistas: una parte de los Senadores y Congresistas del PD votaron la fascista Ley Laken Riley, lo cual fue elogiado por el presidente: “Esto es algo que ha unido a demócratas y republicanos”. El senador demócrata de Pensilvania, John Fetterman, estuvo presente en la firma del proyecto de ley por parte de Trump.

 Aranceles 

La palabra preferida de Trump en este inicio del gobierno es “aranceles”, con los cuales amenaza a diestra y siniestra, no solo a los competidores comerciales (China, Rusia) sino también a los socios y aliados (México, Canadá, Unión Europea). 
 Trump reiteró que a partir del 1° de febrero se establecerá una tasa del 25 % a las importaciones provenientes de México y Canadá, países integrantes del tratado de libre comercio de Norteamérica, que sería así olímpicamente violentado. Una medida de este tipo, que hasta ahora no ha sido descartada, sería un golpe brutal a la economía de estos países. Por otra parte, tendría un impacto sobre la carestía de la vida en los propios Estados Unidos, por más que Trump diga que no necesita el petróleo y la madera proveniente de Canadá, porque podría producirlos en el propio país. De hecho, Canadá tiene una balanza del comercio industrial deficitaria con EE.UU., o sea que es un destino de exportaciones importante para la producción yanqui. El pretexto de Trump es que así propiciará el trabajo dentro de EE.UU., pero los aranceles de la principal potencia del planeta no tienen un objetivo meramente defensivo sino ante todo ofensivo. Apunta a descargar la crisis sobre los competidores en el mercado mundial. Más que “proteccionismo” es una agresión económica, un arma en la guerra por la dominación del mercado mundial. 

 Resistencia 

Mientras tanto, aumentan las protestas en diversas ciudades contra la política represiva contra los inmigrantes. Fue el caso de la manifestación del 28/1 frente a la Junta de Educación del Estado de Oklahoma, repudiando la resolución que exige pruebas de ciudadanía o estatus migratorio a las familias de las escuelas públicas. La resolución viola la 14a Enmienda, y jurisprudencia de la Suprema Corte que establece que los Estados deben permitir que los hijos de inmigrantes sin papeles asistan a escuelas públicas en las mismas condiciones que los hijos de los ciudadanos. El gobierno de Trump, del cual el superintendente de las escuelas estatales de Oklahoma es partidario, ha convertido las escuelas públicas en un coto de casa de inmigrantes ilegales. Esta persecución ha generado un temor generalizado pero también las primeras protestas públicas. 
 Unos días antes, el 17 de enero, los estudiantes de las escuelas US Grant y Capitol Hill organizaron una manifestación y un paro escolar, en el que se movilizaron acompañados de sus padres y educadores, y portando pancartas y carteles muy contundentes: “Desde Palestina hasta México, todos los muros tienen que caer”; “Los niños inmigrantes son niños”; “Las familias no tienen fronteras”; “Ser mexicano no me convierte en un criminal”. Aun más clara era una pancarta que recordaba: “Hitler comenzó con deportaciones masivas”. 

 Rafael Fernández 
 31/01/2025

domingo, 2 de febrero de 2025

La marcha “antifascista” en Argentina, una derrota para el gobierno y sus secuaces


La marcha antifascista que tuvo su centro en Buenos Aires, con actos y marchas que se desarrollaron en más de un centenar de ciudades, movilizó en las calles de todo el país a cerca de un millón de personas. Entre la Plaza de Mayo y Congreso hubo medio millón, igualando a la gran jornada del 2x1 a los genocidas en 2016. La movilización en Córdoba y Rosario superó las 50.000 personas. Lo mismo ocurrió en Tucumán y Mendoza, con entre 15 y 20.000 manifestantes. Las demostraciones se prolongaron en el interior de las provincias, como los balnearios de la Costa, en Buenos Aires, o Villa María, Cruz del Eje y muchas otras localidades de la provincia de Córdoba. Frente a los consulados y embajadas de Europa, se convirtió en una jornada internacional contra la entente fascista de los Milei y los Trump. 
 Cristina Kirchner redujo esta gran marcha (a la que no concurrió) a una expresión de “aspiraciones y emociones”, que ella, además, no comparte como expresión de la libertad individual. Es un fracasado intento de malversación política. CFK tiene una larga tradición clerical en oposición al derecho al aborto y a otros derechos (así como una pasión mileista por la destrucción de glaciares y perjuicios al equilibrio climático), que tuvo que replegar ante la demostración de fuerza del movimiento de la mujer, bajo el gobierno de Macri, para imponer el derecho al aborto. La prensa patronal fue todavía más siniestra: luego de una semana de advertencias al gobierno contra el peligro de politizar su hostilidad a los derechos de la mujer y a los derechos de las disidencias sexuales, los editoriales del domingo privaron a la marcha de su carácter político antifascista. Aprovecharon para esta marcha atrás el recule del ‘gatillo fácil’ Bullrich, que entregó a la metropolitana la supervisión policial de la demostración; el macrismo se ganó, así, su momento ‘wok’. En algunos medios se ha intentado iniciar una pseudo discusión respecto de lo que es o no es fascismo, incluido el intento de psicoanalizarlo, cuando lo que importa, en concreto, cuando una parte considerable de las masas convoca a un lucha contra el fascismo, es reforzar todavía más la agitación contra él. Por otro lado, Milei es un aliado estratégico de Trump y Bolsonaro, los organizadores de los asaltos al Capitolio norteamericano y a la sede de los Tres Poderes, en Brasilia, acciones directas incuestionablemente fascistas. Es además un aliado de sangre de Netanyahu, el perpetrador del bombardeo de quince meses de la Franja de Gaza, carente de defensa antiaérea, para proceder a una “limpieza étnica” – típicamente fascista -, que Trump acaba de oficializar con todas las letras. Ante el hecho consumado de una convocatoria antifascista, la izquierda ‘wok’ se empeñó en aligerar la carga bélica de la consigna. 

 Derrota de los liberticidas, los desafíos para los trabajadores 

Milei encomendó a Bullrich no aplicar el protocolo anti-piquetes y retirar de la circulación a todas las fuerzas federales en la tarde del sábado, “para evitar incidentes con los manifestantes”. Los liberticidas cedieron así ante la fuerza de las masas y la simpatía generalizada con la manifestación. El Gobierno se declaró derrotado de antemano. Incluso el Arzobispado porteño, como también ocurre con el rechazo de la iglesias al neonazismo en Alemania, protestó por la decisión oficial de vallar a la Catedral. Lección importante: se puede derrotar al Gobierno y a las patronales dando un impulso de masas a la lucha contra los despidos y por las reivindicaciones de trabajo y salario. En la tarde ayer, los represores debieron meter violín en bolsa ante una movilización de carácter masivo. Cuando los burócratas se refugian en la “pasividad de la gente” o “el protocolo de Bullrich” para no luchar, sólo buscan una coartada para disimular su propia complicidad y compromiso con el gobierno liberticida. La marcha antifascista los ha desenmascarado sin atenuantes.
 Las luchas por delante son enormes: la defensa de la Salud y la Educación Públicas; contra un nuevo acuerdo con el FMI y una mayor esclavización financiera. En cuanto a la Reforma Laboral, avanza a un ritmo impresionante, mediante el despido o la desvinculación de la planta existente para reemplazarla por una fuerza de trabajo sin contratos ni derechos. El pelotón lo encabezan Toyota, Acindar, Bridgestone, Techint, las petroleras, y se difunde en todo el tejido industrial, con la colaboración directa de las burocracias sindicales, que supervisan este desguace, y en otros casos por inmovilismo u omisión. Es la gran guerra de clase que han desatado Trump y Musk a escala internacional.
 Es una lucha que también debe ser encarada internacionalmente por la clase obrera. 

 Marcelo Ramal 
 02/02/2025

Conferencia De Prensa PIT-CNT


 

 🎙Conferencia de prensa ante el cierre de operaciones de la empresa YAZAKI en Uruguay dejando en la calle a más de 1.000 trabajadores y afectando de manera directa a cientos de familias uruguayas.

El capital digital no es “tecnofeudalismo”


Yanis Varoufakis encabeza la corriente que identifica al fascismo con el pre-capitalismo. El desarrollo de la corriente ultraderechista internacional que encarnan los Trump y Milei, es caracterizado entre la intelectualidad ‘wok’ como un “tecnofeudalismo”. Es lo que sostiene en un libro, videos y reportajes, Yanis Varoufakis, el ex ministro del gobierno ‘wok’ de Syriza que en 2015 capituló vergonzosamente ante la Troika del FMI, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo. 
 Varoufakis atribuye a los “capitalistas de la nube” la condición de nuevos señores feudales. “La ganancia ha sido reemplazada por la renta (de nube)”. “El capital- nube no produce nada”, asegura Varoufakis; sólo se dedica a “modificar la conducta humana”, moldear “deseos o inclinaciones”, “secuestrar la atención” de los usuarios. “El comercio ya no está en los mercados sino en los feudos de la nube”, afirma, en relación a las aplicaciones que operan como grandes oferentes de mercancías. Según el economista griego, han consagrado el “triunfo de la renta sobre el beneficio”. Para Varoufakis el trabajo aplicado a la economía digital no crea valor, ni por lo tanto plusvalía, ni finalmente tasa de beneficio. Asistimos a un retorno al feudalismo, donde no existe el trabajo “en general” sino los trabajos particulares, no hay creación de valor ni plusvalía, sino “renta”. Si la generación de la riqueza no surge de la ganancia ni del mercado, concluye, “no es capitalismo”. 
 En una operación de malabar, cancela el agotamiento del capitalismo como forma histórica determinada de explotación social, y decreta un pseudo retorno al pasado – pre-capitalista. De aquí nace la ‘tesis’ de que los Trump, Musk o Milei plantean ‘retrotraer’ el capitalismo a formas perimidas de organización social, cuando en realidad se proponen acentuar un mundo capitalista imperialista mediante guerras y masacres. “El capitalismo está muriendo” - dice sin tapujos el ex ministro griego- “víctima de su mayor creación: los cloudistas o nube-listas”. El capitalismo se ha disuelto a sí mismo (algo cuya posibilidad los ‘wok’ negaron todo el tiempo), no por una vía revolucionaria sino contrarrevolucionaria.

 Renta, ganancia y competencia

 El primer exabrupto conceptual del economista griego es asociar a la renta con el feudalismo, y oponerla a la ganancia como dos categorías históricamente excluyentes. Pero la renta es el ingreso de la clase social que monopoliza los medios de producción vinculados a los atributos naturales -el suelo, el subsuelo, las fuentes de agua. Kautsky, gran estudioso de la renta del suelo, señaló que “no (hay que) confundir la renta territorial capitalista con las obligaciones impuestas en otros tiempos al campesino por el señor feudal” (La cuestión agraria). Es, sin embargo, la confusión que exhibe Varoufakis, que ve un renacimiento de la renta feudal (tributos impuestos desde afuera), en reemplazo de la retención de una parte, crecientemente menor, del beneficio capitalista por parte del capital territorial. La renta territorial aparece en el periodo histórico de la subordinación definitiva de la agricultura -y de un modo general, de todas las formas del trabajo humano- al capital. Marx, por eso mismo, consideraba a la renta como una forma particular de la ganancia extraordinaria, es decir, del beneficio adicional que obtenía un capitalista que lograba producir en condiciones medias superiores a los de sus competidores. 
La renta no existe como “nube” -sea digital o no: es una detracción del plusvalor proveniente de la explotación capitalista de la fuerza de trabajo. En la tecnología digital hay trabajo humano, creación de valor y plusvalía. En el “capitalismo en la nube”, no hay nada que no corresponda a una ganancia extraordinaria, cosechada sobre medios estrictamente capitalistas, incluida la apropiación privada del conocimiento generado en la academia -como ocurrió con Google y la Universidad de Stanford- o el financiamiento generoso del presupuesto público, como lo reconoce el propio Varoufakis.
 Trátese de una renta o una ganancia extraordinaria, ella, insistimos, es una detracción del trabajo no retribuido a la clase obrera. El malabarismo conceptual de Varoufakys no tiene otro propósito que el de sustraer a la industria digital del proceso de explotación social, para postular una regulación capitalista del proceso que caracteriza como feudal. 

 Deseos, necesidades y explotación social 

En sustitución de un análisis concreto que vincule a la industria digital con las relaciones sociales existentes, Varoufakis echa mano de un conjunto de vaguedades que colocan a su análisis en una “nube”. El “cloud capital” (capital en la nube) “no produce nada”, dice, apenas trabaja para “modificar la conducta humana”. “Entrenamos a la red- afirma Varoufakis- para que ella nos entrene en determinar qué queremos”. Esta inocuidad económica no le impide al capital tecnológico encabezar el alza de las Bolsas, lo que probaría que el dinero puede salir de la nada y otros dislates. Entre las ‘modificaciones de la conducta humana” Varoufakis no incluye a las Fuerzas Armadas, que se valen de la IA para masacrar pueblos y establecer nuevas formas de colonialismo sin salir de un escritorio o central de comando. 
 Con este conjunto de afirmaciones, Varoufakis pretende sustraer a la industria digital de las leyes de circulación del capital y de la creación de riqueza social adicional por medio del trabajo humano. Pero ninguna de las funciones de la “nube” puede apartarse de la metamorfosis del capital: las grandes plataformas se nutren de la publicidad, o lucran con la monetización de sus contenidos. Cuando, por fin, contribuyen a la manipulación ideológica o política, lo hacen como parte de una operación mercantil -los candidatos del capital “monetizan” esas manipulaciones con aportes económicos millonarios a la red. De un modo pueril, Varoufakis asume que las plataformas de compra y venta de mercancías o servicios “han terminado con el mercado” (“Amazon determina lo que puedes comprar o no”). No advierte, sin embargo, el carácter contradictorio de esa relación mercantil: Amazon o Mercado Libre ejercen una exclusión sobre los productos o capitales que no participan en su aplicación; pero al mismo tiempo, concentran y potencian la circulación de las mercancías de quienes sí lo hacen. Varoufakis caracteriza a esas empresas dependientes del comercio digital como “capitalistas vasallos”…del “tecnofeudalismo”. Pero no existe entre ellos nada diferente a lo que ya existía entre el capital productivo y otras formas funcionales del capital -como el capital comercial y el financiero. “El Capital” de Marx se ha ocupado extensamente del vínculo dialéctico -de colaboración y antagonismo- entre esas diferentes formas funcionales. El capital comercial asegura a la gran industria la centralización y distribución de mercancías a la mayor escala; el capital financiero, a su turno, los medios para la reproducción ampliada del capital, y para el consumo de las masas más allá de las posibilidades inmediatas y limitadas del salario. A través del comercio y del crédito, ofrecen una salida provisional a la contradicción planteada por la expansión constante de la producción, de un lado, y su realización, del otro, en el marco de “la expropiación y pauperización de grandes masas de productores” (Marx). Entre los emprendedores digitales de “garaje” (Apple) o un gabinete universitario (Google) y los actuales colosos capitalistas, han mediado la Bolsa y los fondos internacionales. A través de la Bolsa, los “capitalistas vasallos” entrelazan su futuro con el de los supuestos “señores feudales”. Por otra parte, la separación entre las diferentes formas funcionales del capital es también premisa de su entrelazamiento: Elon Musk, el “nubelio” por excelencia, se ha ensuciado las manos con los autos eléctricos de Tesla y la industria satelital. La industria digital y de la IA está sedienta de los recursos energéticos que consumen (y que explican la lucha por el acaparamiento de los mismos a escala planetaria). Varoufakis ha convertido en “feudal” a la oligarquía capitalista de la industria digital, por eso se abstiene de explicar las transferencias de valor que tienen lugar en el conjunto de la economía.

 “Nube”, clase obrera y explotación 

Varoufakis describe al empleo derivado de la industria digital como una legión de “Proletarios precarios de la nube”. Afirma que existe un “desvío de la plusvalía” generada por esos trabajadores hacia los “tecnofeudalistas”. Con ello, admite que la supuesta renta de las “Tecnos” es un producto de relaciones sociales capitalistas. Pero lo anacrónico es considerar a ese beneficio como un “desvío”: como ya se explicó, la gran industria actual no podría prescindir de la “nube” para la realización de sus mercancías. En oposición a los idealizadores del capitalismo de robots -o de las máquinas valorizándose a sí mismas- el capitalismo nubelio se ha encargado de articular una gigantesca plataforma de fuerza laboral -solo por citar un caso, los miles de trabajadores concentrados en Amazon. Los tecnofeudales han parido, no un mundo de siervos, sino un salto fantástico de la proletarización general. Nada de esto escapa a las contradicciones del capital, que necesita compensar el incremento extraordinario del trabajo pretérito (no creador de valor), que domina en la industria digital, con un aumento en el grado de explotación absoluta de la fuerza de trabajo en otras ramas vinculadas a esa misma industria. Por las mismas razones, los Musk y sus sirvientes políticos son defensores acérrimos de las reformas laborales flexibilizadoras y de la eliminación de impuestos. Su afirmación de que “los sindicatos sólo se ocupan de los trabajadores formalizados” es notoriamente falsa, porque en todos lados se firman convenios a la baja y suspensiones sin remuneración. 

 Tecnofeudales “en apuros”

 Varoufakis caracteriza al enfrentamiento entre las tecnológicas norteamericanas y chinas como “una rivalidad entre feudos, y no una competencia entre capitalistas”. Según él, los tecnofeudales compiten por otras fuentes rentísticas -el suministro de materias primas y energía. Pero a Varoufakis se le quemaron los papeles después de la emergencia de la start up DeepSeek, cuya irrupción -a costos de producción muy inferiores a las IA americanas- ha provocado un derrumbe, no en un feudo, sino en la muy capitalista bolsa de Wall Street. En un video muy reciente, el economista griego admite ahora que el tecnofeudalismo está “in trouble” (en dificultades). Pero las “dificultades” obedecen a las leyes estrictas del capital. Los expertos empiezan a referirse a una “commoditización” de la industria digital. Varoufakis no se ha detenido en las consecuencias últimas de la competencia capitalista en curso -ni más ni menos que el salto de la guerra comercial y tecnológica a la guerra imperialista. Los recursos de la digitalización y de la Inteligencia Artificial están crecientemente volcados a la industria bélica. No es un retorno al feudalismo: la expropiación del capital y la dirección consciente del proceso social por parte de la clase obrera-se plantean como necesidad histórica. 

 Coalición política

 Varoufakis, en cambio, constata que el socialismo “no llegó”, pero sí un “postcapitalismo” que, como vimos, sería un retorno sui géneris al pasado “feudal”. La organización obrera, de cara a esa realidad, seria “insuficiente”. Lo que plantea es una “gran coalición” integrada por los actuales “vasallos” del tecnofeudalismo -los capitalistas que ofrecen sus productos en la red, sus usuarios y los trabajadores. El programa de este frente no sería siquiera la nacionalización o expropiación de la industria digital sino iniciativas de “boicot a los tecnofeudos” o “huelgas de pagos” -enfrentar al capital en la nube con métodos mercantiles. Varoufakis llama a los trabajadores y a la izquierda a encolumnarse contra los “dueños de la nube”. Trata de “feudales” a los Musk y sus jefes políticos con el propósito de reivindicar a los agentes “democráticos” del capital imperialista, igualmente partidarios de afrontar las contradicciones en curso por medio de la competencia, de la guerra y de la acentuación de la explotación laboral. Nada que no hubiera dicho y hecho como ministro de Syriza hace década y media. Cuanto más ‘innova’, Varoufakis más marca el paso en el mismo lugar.
 A despecho de los Varoufakis, el llamado capitalismo digital ha desplegado sobre la mesa todas las contradicciones del régimen social. Por un lado, permitió un salto en la productividad del trabajo, la producción y la circulación internacional de mercancías a escalas antes desconocidas. A término, ha agravado el choque entre producción y valorización, entre una apropiación de trabajo ajeno que es cada vez más estrecha en relación al capital pretérito que reclama un beneficio. La acentuación de un “polo de riqueza”, de un lado, y un “polo de miseria”, del otro, de guerras y choques entre capitalistas, acentúa la transición histórica entre el capitalismo y el socialismo, y agudiza los antagonismos que preparan la revolución socialista. Pone a la humanidad ante el desafío, no del poscapitalismo o de un tecnofeudalismo, sino del socialismo. El obstáculo para ello no es el “proceso objetivo”, como cree Varoufakis. El gran obstáculo son los izquierdistas “a la Varoufakis”, en especial sus seguidores ‘troskistas’, como el varoufakiano Fernando Rosso. 

 Marcelo Ramal
 01/02/2025

sábado, 1 de febrero de 2025

‘Aún Estoy Aquí’, el largometraje sobre la dictadura brasileña nominado al Oscar


Aún estoy aquí pelicula brasilera 

Ganadora de importantes premios internacionales (Goya, Globo de Oro), estrenada en el Festival de Venecia, ternada y con altas posibilidades de quedarse con la estatuilla como mejor film internacional en la noventa y siete entrega de los Oscar, “Aún estoy aquí” es un film basado en las memorias del escritor brasileño Marcelo Rubens Paiva que relata los avatares de una familia golpeada por la última dictadura cívico militar de Brasil, que se extendió desde el 31 de marzo de 1964 (fecha del golpe de Estado contra el presidente Joao Goulart) hasta el 15 de marzo de 1985. Según el libro “Derecho a la Memoria y a la Verdad”, publicado por la Secretaría de Derechos Humanos del gobierno brasileño, “475 personas murieron o desaparecieron por motivos políticos en aquellos años” (“Direito a Memoria e a Verdade”, 24/09/2016). Sin dejar de lado que más de ocho mil integrantes de comunidades aborígenes fueron masacrados en dicho periodo de años. 
 Rubens Beyrodt Paiva, padre del escritor en cuyo libro se inspira la película, fue diputado nacional por el Estado de Sao Pablo por el Partido de los Trabajadores de Brasil (PTB). Con la irrupción del golpe, perseguido por las fuerzas militares y policiales, decidió exiliarse por lo menos un año en Yugoslavia y Francia. La angustia de no poder ver a sus seres queridos lo llevó a cambiar de avión y volverse a su tierra natal. En 1971, un grupo de tareas lo secuestró de su hogar, en Río de Janeiro, lo trasladó a un cuartel militar, donde fue duramente torturado y asesinado. La película retrata cómo su esposa Emilce Piava y sus cinco hijos deben escapar para sobrevivir. Y cómo ella se transforma en una de las voceras en la lucha por la memoria, verdad y justicia. 
 Visible en la aplicación Prime Video, el film no tiene aún fecha de estreno en pantalla grande. Que el film haya superado los tres millones de tickets vendidos (más del uno por ciento de la población total) en menos de tres meses de estar en cartel en el país carioca es la demostración de un pueblo hambriento de justicia, de verdad, de memoria.
 Walter Salles, director de esta nueva obra del séptimo arte, y creador de películas de alto renombre internacional, como “Estación Central” (1998) y “Diarios de Motocicleta” (2004), entrevistado por la Agencia EFE, dejó algunos conceptos importantes. “Mediante tomas analógicas, algunas grabadas por los propios actores, que permitieron recuperar la textura de los años 70, la película busca construir memoria, ya que relata lo que sucede en una dictadura a través de la óptica de una familia”, apuntó.
 Pocos años antes de culminar la dictadura, el gobierno militar promulgó la Ley de Amnistía (1975) que habilitó el retorno de los militantes políticos, sociales, personalidades del arte y la cultura exiliados, pero a la par protegió a militares, políticos y civiles partícipes en las violaciones, torturas, secuestros y crímenes. Dicha legislación no fue creación solo de los genocidas brasileños, ya que también en Argentina se aprobaron leyes de impunidad. Al respecto, Salles esgrime que “Esta amnistía es, con el tiempo, una amnesia. No crea un marco entre un antes y un después (…) En cierto modo, la película tuvo éxito ya que presenta una comprensión precisa de la memoria de aquel periodo (…) La sociedad va cuestionando ese olvido colectivo”. 
 Así como “Infancia Clandestina” (Argentina, 2011) retrata la historia de un chico, en el paso a la adolescencia, en medio del contexto de la dictadura militar de 1976-1983, “Aún estoy aquí” también desarrolla un mensaje altamente personal, cargado de vivencias, ternura y emotividad. Tratando así de correrse, tanto física como mentalmente, de la presión, de lo oscuro, de la muerte. 
 En tiempos de renovado negacionismo tanto en Brasil como en Argentina (Bolsonaro, Milei, etc.), este nuevo largometraje; debe servir como sostén para levantar bien alto las banderas de la memoria, verdad y justicia. Porque el pueblo no perdona, no olvida ni se reconcilia. 

 Maxi Robes