miércoles, 15 de enero de 2025

¿Por qué Elon Musk odia Wikipedia?


En 2012, el filósofo argentino Hugo Biagini publicó su Diccionario del Pensamiento Alternativo. Biagini me invitó muchas veces a colaborar con sus proyectos (como América latina hacia la segunda independencia, con Arturo Roig, 2007; en su Diccionario de Autobiografías intelectuales, 2019) y en esa oportunidad mi aporte fue solo una entrada sobre “La sociedad desobediente”. Allí aproveché para repetir una respuesta al cofundador de Wikipedia, Larry Sanger, cuando en 2007 abandonó el proyecto por considerarlo un fracaso, debido a su falta de autoridad. En 2020, Larry Sanger acusó a Wikipedia de estar dominada por “izquierdistas”. Algo discutible. No tan discutible es el hecho de que si alguien ama el dinero no va a dedicar su vida a la enseñanza o a Wikipedia. 
 Para mí, con todos sus defectos, Wikipedia era un ejemplo reciente y exitoso de organización del conocimiento independiente de una autoridad política y económica, una “forma de desobediencia cultural”. En el Diccionario de Biagini, anoté: “Contrariamente a lo que se podía predecir, la escritura de la información por parte de millones de individuos anónimos alrededor del mundo no ha derivado en un caos sino en una confiabilidad (según estudios tradicionales) tan alta como la Enciclopedia Británica (…) En la sociedad desobediente la educación posindustrial toma progresivamente el lugar de la educación industrialista (uniformizante), de la misma forma que ésta tomó el lugar de la educación escolástica durante la Revolución Industrial. En la esfera política, uno de sus requisitos es la democracia directa (…) Según este diagnóstico, resulta posible pronosticar que los tradicionales sistemas representativos (como el parlamentario) perderán su importancia en las decisiones de las sociedades, de la misma forma en que, en su momento, la perdieron los reyes absolutistas en beneficio de los parlamentos. Es probable que esta misma idea de agravamiento de las condiciones impuestas por un poder imperial (en este caso la globalización de la cultura norteamericana…) sea producto de una reacción de los poderes tradicionales contra el surgimiento de la sociedad desobediente… No obstante, podemos pensar que no es esta inevitable radicalización de la desobediencia el origen del conflicto sino la reacción de los poderes tradicionales…” (506-508) 
 Claro, todo a pesar de la continua presión e injerencia de mafias institucionalizadas, como la CIA (para la cual Elon Musk trabaja y es agente con acceso a documentos clasificados). Desde los primeros años de Wikipedia, se han detectado guerras de ediciones generadas con IPs procedentes de la misma CIA, antes que la NRL desarrollase Tor, un navegador anónimo que también se les escapó de las manos (era inevitable hacerlo “open source” para que fuese realmente “intrazable”). Pero la CIA no disminuyó sino que aumentó su uso. El mismo caso de Linux, como lo reconoció su fundador negándolo con la boca y afirmándolo con la cabeza.
 El otro fundador de Wikipedia, Jimmy Wales, comenzó desde una filosofía libertaria y capitalista, pero su proyecto confunde un anarquismo de derecha (antigubernamental, como el marxismo original) con un anarquismo de izquierda (igualitario). En 2005 ya había calificado al Partido Libertario como una “horda de lunáticos”. Elon Musk se ha burlado de la mendicidad de Wikipedia para sobrevivir, similar a las cadenas públicas de radio y televisión sobrevivientes en Estados Unidos. NPR y PBS son odiadas por Musk y quiere verlas desaparecer. Debido al progresivo desfinanciamiento estatal, estas cadenas públicas han debido recurrir a donaciones. 
 Wales ha insistido que el principio de Wikipedia de no financiarse a través de publicidad es para preservar su independencia. Claro, cuando no están limitadas, las donaciones son un arma de doble filo. Es aquí donde la dosis de la medicación hace una diferencia absoluta entre la vida y la muerte. Un ejemplo obvio fue la abolición del tope de donaciones a los partidos políticos en 2010, lo cual recientemente hizo posible que Musk comprase su acceso a la Casa Blanca con una donación de 250 millones de dólares a la campaña de Donald Trump. 
 Los políticos, los medios y la opinión pública se pueden comprar. Pero hay cosas que no, como el amor y la dignidad. En el caso de Wikipedia, es una espina en el talón que llevan ultra millonarios como Musk: ¿cómo es posible que exista una fuente global de información que no cotiza en la Bolsa de Londres o Nueva York? Si Musk pudo comprar Twitter por 44 mil millones (y sin poner un dólar de su bolsillo), le cambió el nombre y, en nombre de la libertad de expresión comenzó a manipular el algoritmo para censurar y privilegiar la visibilidad global de Trump y la suya misma, ¿cómo es posible que Superman, con todo sus superpoderes, no pueda escribir su propia biografía ni la historia de las ideas políticas, sociales, sexuales y raciales? ¡Pero qué horror! 
 Para peor, Wikipedia en inglés mantiene un dato que le hiere el ego, naturalmente inflamado: “En el primer aniversario de la adquisición [de Twitter], Musk declaró el valor de la compañía en 19 mil millones de dólares, una depreciación del 55 por ciento respecto al precio de compra de 44 mil millones”. 
 Si desde la Edad Media los nobles donaban para las iglesias y las catedrales que construían los artesanos, quienes luego iban a escuchar los sermones de los sacerdotes que vivían de las donaciones de los nobles y burgueses, ¿cómo es posible que aun en el actual regreso a la Edad Media todavía los señores feudales puedan comprar a Dios y no una maldita enciclopedia? 
 Musk ofreció por Wikipedia mil millones de dólares y propuso llamarla Wokepedia o Dickipedia (Vergapedia), lo que confirma que los dueños del mundo ni son felices ni tienen capacidad alguna de vivir en paz consigo mismos―menos con el resto de la humanidad.
 El comandante en jefe de la Casa Blanca que vino del Apartheid sudafricano sabe que Wikipedia es uno de los escasos ejemplos de independencia del gran capital, por lo cual no puede vivir pensando que hay algo que puede existir sin la posibilidad de ser comprado, es decir, controlado por los psicópatas del apartheid global y de clase.
 Al igual que la fortuna de su padre, quien también sufría de un profundo racismo, clasismo y sexismo que hoy se ha romantizado con la ideología del Macho alfa de la Nueva Derecha fascista, como líder natural de una manada de lobos vagando sobre la nieve en busca de una presa a la que descuartizar. Ese es el modelo, la utopía de humanidad que restringe y estriñe las capacidades intelectuales de individuos que se creen semidioses por el solo hecho de poseer (su verbo favorito) la habilidad de acumular dinero para comprar seres humanos (sean trabajadores o adulones), para comprarse el derecho de usar un látigo contra toda forma de pensamiento, contra toda forma de ser que no se ajuste a su mediocre existencia. 
 Elon Musk compra todo lo que odia y odia aún más todo lo que no puede comprar. De ahí su odio a Wikipedia y su oferta para comprarla en un billón. Probablemente odie la vida misma, porque sabe que no puede comprarla.

 Jorge Majfud | 06/01/2025

martes, 14 de enero de 2025

Educación para una esclavitud más eficiente


Mi abuelo era un granjero que no leía libros, pero (como la mayoría de su generación) estimaba la educación como el principal instrumento de liberación. Igual, la generación que lo siguió. Mis padres, aparte de comerciantes y obreros, eran docentes de secundaria y de la Escuela Industrial. Entre sus trofeos contaban haber tenido de alumnos a artistas ahora clásicos en Uruguay, como Eduardo Darnauchans y Eduardo Larbanois. 
 Mi padre y su suegro mantuvieron un diálogo intenso, sobre todo por teléfono, ya que vivían en extremos opuestos del Uruguay, aún dos décadas después de la muerte de mi madre y hasta la muerte de mi abuelo. Más allá de sus diferencias ideológicas (mi abuelo socialista, mi padre capitalista), ambos coincidían en ciertos valores básicos. Rasgo de tolerancia que es más pronunciado en Uruguay que en otros países del hemisferio y que, en gran medida, procede de la cultura de la Ilustración promovida desde el siglo XIX por la educación gratuita de J. P. Varela y J. Batlle y Ordóñez. 
 Ambos eran consumidores de noticias de la prensa, pero casi nunca leían libros. Aun así, el respeto por la educación ilustrada era incuestionable. Mi padre, como carpintero, cambiaba deudas por libros. 
 --¿Por qué libros --le decía yo de niño-- si nunca los lees?
 --No importa --decía él--. Los libros no le hacen mal a nadie y, tarde o temprano, le servirán a alguien. 
 En su pequeña biblioteca dominaban Shakespeare, las enciclopedias y los libros técnicos, algunos de los cuales eran soviéticos traducidos al español. Cuando los soldados rompieron el cielorraso de mi habitación buscando “material subversivo” de mi abuelo, no se les ocurrió tomarse la molestia de abrir un libro de la biblioteca. 
 Las dictaduras fascistas del continente impusieron la idea de que los libros podían ser peligrosos. No sólo los quemaban, sino que desaparecían a sus lectores. Esta idea, en realidad había sido inoculada por la CIA (entre las operaciones más conocidas estuvo Mockingbird), aplicando las teorías del marxista Antonio Gramsci, mientras se culpaba a los gramscianos de “lavar el cerebro” de la gente culta. Gramsci había hecho un diagnóstico de la realidad, de la misma forma que la lucha de clases era, antes que una prescripción, un diagnóstico histórico y social de Marx. De hecho, hay que ser ciego para no verlo en la actualidad. 
 Se le atribuye al nazi Göring la frase: “Cuando oigo la palabra cultura, saco mi revólver”. A principios de los 60, recuerda el premio Nobel César Milstein, un ministro del gobierno militar decía que en la Argentina las cosas no se iban a arreglar hasta que no se expulsaran a dos millones de intelectuales. Cuando, en la década de los sesenta se expulsó a Milstein y a todo un grupo de intelectuales, la Argentina se encontraba a la par de Australia y Canadá. El fascismo, siempre tan torpe con las ideas, atribuyó el subdesarrollo de América latina al hecho de que los pobres leían Las venas abiertas de América latina de Galeano. Galeano dedicó su vida a criticar a los poderosos; los poderosos nunca se defendieron, porque otros dedicaron sus vidas a criticar a Galeano. 
 El neofascismo actual es una simple expresión del orden neofeudal de la economía mundial y de las frustraciones de los imperios en decadencia, como hace cien años. Pero sus estrategias se han actualizado: ya no se queman libros ni se secuestran escritores, como durante la Alemania nazi o el Chile de Pinochet. Ahora se los presenta como inútiles o irrelevantes―cuando no se los prohíbe por ley, como en Estados Unidos. 
 Los influencers han multiplicado la ilusión de la libertad atomizada de losentrepreneurs que, por cien o por mil dólares (sin aporte a la jubilación, sin derecho a vacaciones, salud o educación) humillan a un mendigo por unos cientos de likes. 
 El otro látigo golpea contra las universidades y las escuelas públicas, que la familia Bush comenzó a privatizar en los 80s con su modelo de escuelas charter. Como siempre, la genialidad fue vampirizar dinero de los odiados Estados para desfinanciar la educación pública y presentar a la privada como solución.
 Desde entonces, el odio y el desprecio por las universidades, paradójicamente surgido contra el sistema universitario más prestigioso del mundo, agregó una nueva estrategia. Escritores como Andrés Oppenheimer la resumieron en el cliché “Necesitamos más ingenieros y menos filósofos”. ¿Por qué no “necesitamos más ingenieros y menos exitosos hombres de negocios, lobbies y sectas financieras”? 
 Mi primer título universitario fue el de arquitecto. Por el sistema de educación de Uruguay, pude dedicarme varios años al cálculo de estructuras de hormigón armado y un tiempo menor a ser profesor de matemáticas de bachillerato. Podemos estar de acuerdo en que Estados Unidos, Europa o América Latina necesitan más ingenieros, pero ¿desde cuándo la ingeniería y la filosofía son incompatibles? ¿Por qué un ingeniero no puede ser un filósofo y viceversa? 
 El centro del problema se llama educación, no entrenamiento secuestrado por los intereses ideológicos de los dueños del mundo. El ataque a las humanidades, a la filosofía, a las artes no procede ni de los científicos ni de los ingenieros con una cultura amplia; procede de los “exitosos hombres de negocios” que son siempre hombres y siempre exitosos porque logran secuestrar a los Estados que odian. 
 Esta ideología utilitaria tiene, como objetivo no declarado, confirmar y controlar esclavos asalariados. Exactamente lo mismo sermoneaban y practicaban los esclavistas del siglo XIX en nombre de la libertad: los esclavos debían especializarse en una actividad única, productiva, útil, que agradase a Dios, por su propio bien y por el bien de su país. Cada vez que un esclavo aprendía a leer, se lo castigaba. Si escribía sus memorias, como fue el caso de Juan Manzano, eran torturados. Si el esclavo prosperaba se lo aplaudía. Si dedicaba su tiempo libre a alguna forma de educación inútil, liberadora, humanista, se lo demonizaba. Por eso, muchos esclavos eran firmes defensores del sistema esclavista y perseguían a aquellos hombres libres que se atrevían a cuestionar los significados de libertad que procedía de todo un sistema. Los amos ni siquiera se molestaban en moralizar, porque siempre tenían adulones profesionales que lo hacían mejor. 
 Hemos vuelto a ese momento. En Uruguay, el ataque a la educación ilustrada y liberadora tiene sus promotores. También sus defensores, como mi amigo Pablo Romero García, uno de los expertos más informados sobre educación, pero con el pecado de ser profesor de filosofía. Encomenderos como el presidente Milei en Argentina y su horda de bárbaros antiilustrados han atacado las universidades públicas (independientes del capital nobiliario) desde el primer día. Como no tienen ideas, se dedican a copiar lo que en Estados Unidos ya comienza a ser viejo y a crear demonios para presentarse como santos salvadores―como en la Edad Media. 
 Mientras, en Estados Unidos, los capitalistas libertarios continúan culpando de todos sus males al socialismo (surgido de las universidades) y promueven la anti-Ilustración, el utilitarismo esclavista como solución final. La solución de la barbarie y la esclavitud―siempre en nombre de la libertad, claro.

Jorge Majfud
13 de enero de 2025 - 00:01

lunes, 13 de enero de 2025

Las provocaciones de Trump y Elon Musk y la guerra mundial


Ucrania, en un impasse explosivo. 

 Donald Trump es un adepto al principio de que “el que avisa no traiciona”. En los últimos días ha anunciado una catarata de reclamos imperialistas que van de la anexión de Canadá como el 51 estado de los Estados Unidos; la intención de comprar Groenlandia u ocuparla militarmente en caso de rechazo de la oferta; o aplicar fuertes aranceles contra México, a despecho del tratado de libre comercio vigente, en caso que no detenga la inmigración a Estados Unidos, abola el derecho de asilo y detenga el avance de los carteles de la droga. Los gobiernos norteamericanos han hecho responsable a China por el elevado consumo de fentanilo en su territorio, que se triangularía vía México. Es el listado típico de los objetivos de una potencia imperialista en el marco de una guerra mundial. 
 La mayor parte de las respuestas a estas amenazas han sido triviales, con pretensión de irónicas. Ni siquiera se ha advertido que no tienen un carácter localizado. Canadá, por caso, no solamente se encuentra bajo la tutela formal de Gran Bretaña y la jefatura estatal de Carlos II. Dentro de la OTAN se ha alineado con las potencias de la Unión Europea, en especial en lo que tiene que ver con la guerra en Ucrania y el reclamo de incorporarla a la UE. La exviceprimera ministra Christia Freeland, vocera de esta política, acaba de renunciar al gobierno de Trudeau, precisamente, debido a la negativa de éste a ofrecer una política de conjunto contra las amenazas de Trump. La renuncia de Trudeau y el esperado triunfo electoral de los conservadores acercaría a Canadá a la política de ajustes fiscales del norteamericano y a su política internacional en general. 
 Algo similar ocurre con Groenlandia, un territorio rico en materias primas estratégicas (tierras raras y uranio), cuya explotación y transporte se han visto favorecidos por el derretimiento relativo del Ártico. El Reino de Dinamarca, que ejerce la soberanía exterior de Groenlandia, incluida la Defensa, se ha apresurado a decir que el territorio “no está en venta”, a sabiendas del desarrollo que ha alcanzado el movimiento por la independencia (y la república) de sus escasos 60 mil habitantes. Mayores dificultades tuvo, a fines del siglo XIX, la separación de Panamá de Colombia, para construir el canal que quedó bajo dominio norteamericano. 
 Trump ha incluido entre las apetencias la recuperación del canal, pero el propósito está condicionado a la disputa militar con China por el estrecho que la separa de Taiwán. Una guerra en el mar de la China dispararía la automática ocupación del canal de Panamá.
 El agotamiento de la hegemonía norteamericana, que se manifiesta en su declinación industrial, el retroceso comercial y el peligro que acecha a su inflado sistema financiero, y en sucesivas derrotas político-militares (Irak, Afganistán) explica el realineamiento político internacional que viene desarrollando el imperialismo norteamericano, incluida la guerra mundial. En este contexto, la guerra genocida del estado sionista contra el pueblo palestino y las derrotas que ha infligido a Hizbollah y a Irán en Líbano y Siria, de la mano del imperialismo norteamericano, es una metáfora de la guerra mundial en desarrollo. 
 Elon Musk, quien ha sido designado para reestructurar el estado norteamericano, cuando es su principal contratista, ha revelado los trazos más sutiles de la ofensiva imperialista de Trump, por medio de un patrullaje de la política en Europa. Ya ha dicho que pretende promover el derrocamiento del primer ministro de Gran Bretaña, Keith Starmer, un laborista, con mucha antelación al vencimiento de su mandato. Ha designado para reemplazarlo al ultraderechista partido de la Reforma, pero con una condición -que sea destituido su líder actual, Nigel Farage-. Musk ha tomado las riendas de una Internacional fascista, que sólo podría prosperar, dadas las rivalidades nacionales, bajo la tutela de un movimiento fascista en Estados Unidos. Ha ido incluso más allá, al anunciar el apoyo a la neonazi Alternativa por Alemania, en las elecciones de febrero próximo, en detrimento de la Democracia Cristiana, el aliado histórico de los gobiernos estadounidenses. 
 La AfD propugna la disolución de la UE y la reedificación de un estado alemán sin arrepentimientos. En una entrevista gestionada por Musk, Alice Weidel, la candidata de la AfD a la Cancillería, se atrevió a pronunciar una descomunal ‘mileiada’, al calificar a su ídolo Adolf Hitler de “comunista”. El desatino de la mujer no fue cabalmente comprendido: quiso decir que abandonaba el estatismo (el estado construyó VW) por el ajuste libertario. Esto giro pone en evidencia que el nazismo no es un programa de desarrollo económico, sino la ideología y la práctica de la destrucción del movimiento obrero y de la democracia. El Frankfurte Allgemeine, el diario de las finanzas alemanas, se había anticipado a la incursión de Musk, denunciando las declaraciones de Trump como un intento de pacto con Putin y de destrucción de la Unión Europea y de la primacía de Alemania. Apenas casi cuarenta años después de su consagración, la UE (y el euro) se encuentra sacudida por poderosas fuerzas centrífugas. El gran experimento trasnacional de la historia se desintegra bajo el peso de la decadencia capitalista y la guerra. 
 Toda esta tanda de agresiones políticas y diplomáticas de Trump y Elon Musk han dejado en la sombra las que había hecho con anterioridad, y que son todavía más importantes. La más criminal es la que promete convertir a Gaza “en un infierno” si, para el día de su asunción, no es liberada la totalidad de los rehenes israelitas que Hamas ha intentado canjear por presos palestinos. Queda de manifiesto que detrás de la masacre sionista juega todo el peso del imperialismo norteamericano, que ha dado a Netanyahu más armas que a Zelenski, relativamente a las fuerzas involucradas en cada guerra. Acerca de estas declaraciones no han habido respuestas formales ni irónicas. Siria y Líbano han pasado a la tutela del sionismo y de la OTAN. El Medio Oriente, cuando se considera la presencia de Turquía, es el patio trasero de la guerra en Ucrania y en el Cáucaso sur, en especial en Georgia. Si se toma la presencia de Irán, es el patio trasero del Asia Central y de la alianza de China y Rusia y las exrepúblicas soviéticas musulmanas. 
 La cuestión de las cuestiones, sin embargo, no ha sido clarificada en el fárrago de este principio de año: el cese de la guerra de la OTAN en Ucrania. Ya no se soluciona “en las primeras 24 horas de mi mandato”, como se vino jactando Trump. El tema ha partido a Estados Unidos, de un lado, y la UE, del otro, y sin una posición común entre los llamados ‘neocoss’, de un parte, y los “MAGA”, de la otra. Entre las exigencias rusas figura, de acuerdo a declaraciones recientes muy detalladas de Sérguei Lavrov, el ministro de exteriores, además de la partición territorial sancionada mediante referendos y la ocupación militar, la reestructuración del estado ucraniano oficial. Esto contempla la proscripción de los grupos nazis; la paridad del ruso y el ucraniano en materia de lengua, educación, religión, servicios sociales, entre otros. La aceptación de estas condiciones desataría fuertes crisis en el Báltico, cuyos países enfrentan estos mismos problemas de discriminación nacional. La neutralidad internacional implicaría un límite a las fuerzas armadas ucranianas, ninguna base extranjera, no adhesión a la OTAN o a la UE. En oposición a esto, Trump pretendería un largo “cese del fuego” a cambio del levantamiento de las sanciones internacionales contra Rusia. El impasse no podría ser mayor. 
 La ocupación de Siria por parte de Turquía, Estados Unidos e Israel, ha puesto a Rusia y también a China a la defensiva. A esto se añade la crisis inflacionaria en Rusia, la crisis deflacionaria en China (con una presión a la salida de capitales) y la enorme crisis social en Irán. En oposición a la campaña internacional de Trump y Musk, los BRICS han entrado en una suerte de inmovilismo. El imperialismo norteamericano se encuentra a la iniciativa de una política de reestructuración política mundial, con la reserva fundamental que los ataques arancelarios y la reducción de impuestos a las empresas prometidos por Trump sean el detonante de un derrumbe financiero en Estados Unidos, en el marco de una deuda pública y deudas privadas enormes, incluso quiebras en el crédito al consumo y en las hipotecas de oficinas. La guerra emerge como una fuerza ciega de un sistema acosado por un estallido de contradicciones sin paralelo en la historia. 

 Jorge Altamira 
 11/01/2025

domingo, 12 de enero de 2025

Libertad de desinformación: Zuckerberg alinea a Meta con Trump


El fin de la verificación programada de contenidos allana el camino para los operadores y generadores de “opinión pública”. 

 Mark Zuckerberg, CEO de Meta (Facebook, Instagram, WhatsApp y otros), anunció el fin de la verificación programada de datos y contenidos en las redes sociales de la empresa, en lo que es entendido como una señal de alineamiento con la próxima presidencia de Donald Trump y su aliado ideológico y comercial Elon Musk. La medida emula lo realizado por Musk en X (ex Twitter) y allana el camino para la actividad deliberada de granjas de trolls y constructores de la “opinión pública” en miras a sostener una agenda política reaccionaria.
 La decisión de Zuckerberg afecta a las populares redes sociales bajo su control y a un universo de unos 3.000 millones de usuarios en todo el mundo, eliminando los filtros automáticos contra la desinformación y fake news, entre otros contenidos, a cambio del modelo de “notas comunitarias” empleado en la red social X, que delega dicha tarea en los usuarios. 
 La medida afecta particularmente los contenidos sensibles relacionados a la vulneración de los derechos humanos, derechos ambientales y cambio climático, derechos de género, consideraciones sobre la población inmigrante, discriminación racial, información científica y un largo etcétera, que el CEO calificó como parte de una “agenda inclusiva” que ha sido utilizada para “acallar opiniones y cerrar el paso a ideas diferentes”. 
 Cabe destacar que el gigante tecnológico se reservará el derecho de censura para algunos tópicos, como la consideración de contenido “terrorista”: algo fácil de manipular dependiendo del sesgo político que se le quiera imprimir a las redes sociales.
 El viraje abrupto de Zuckerberg se explica por su interés de integrarse al círculo rojo del gobierno trumpista y su jefe del Departamento de Eficiencia Gubernamental, Elon Musk. Hace unos pocos días Musk había criticado la censura en Facebook de las “opiniones conservadoras”. Zuckerberg arrastra un conflicto con Trump desde su posicionamiento en favor del Black Lives Matter y la censura posterior y suspensión de cuentas del magnate reaccionario por el ataque al Capitolio en enero del 2021. Ahora acaba de donar un millón de dólares para financiar las celebraciones de la investidura presidencial de Trump, en la misma línea que Amazon, Uber y Open AI, entre otros.
 It's time to get back to our roots around free expression. We're replacing fact checkers with Community Notes, simplifying our policies and focusing on reducing mistakes. Looking forward to this next chapter. 
 Publicado por Mark Zuckerberg en Martes, 7 de enero de 2025 El alineamiento es tan profundo que el equipo de Meta trasladará sus equipos de moderación de contenidos de la ciudad “progresista” de California a la reaccionaria Texas, en lo que es un supuesto esfuerzo por “volver a las raíces de la libre expresión”. 
 Esto va a agravar una tendencia ya existente, expresada por ejemplo en el sesgo sionista de los chequeadores de datos: el algoritmo baneaba las cuentas de quienes denunciaban el genocidio en Palestina. 
 La política de control de contenidos e información bajo el capitalismo es un tema más que sensible, sometido permanentemente a la censura y una orientación política que no amenace las bases del régimen social imperante. La supuesta liberalización de contenidos no es más que la profundización del dominio de los operadores mediáticos en las redes sociales: no son las “voces dispersas” las que prevalecen en la realidad, son las campañas de desinformación montadas por las granjas de trolls, operadores y actores con recursos y poder. 
 Lejos de un acceso a la libertad de información se trata de una política de libertad de desinformación, en manos de un puñado de capitalistas, con el propósito de hacer pasar su agenda reaccionaria contra la población trabajadora. 
 No hay libertad de expresión posible en los marcos de un régimen social que suprime las libertades más elementales, y mucho menos en quienes en sus empresas condenan y sancionan todo tipo de libertar de expresión y organización. 

 Marcelo Mache

Un mundo turbulento. Francia, Corea, Alemania y Siria


sábado, 11 de enero de 2025

Devastador incendio consume el sur de California: los factores de una catástrofe anunciada


Un devastador incendio, con múltiples focos, está devastando el sur de California. Hasta el momento se han confirmado la destrucción de 2.000 estructuras edilicias y cinco muertos. Más de 130 mil personas han sido evacuadas. El servicio eléctrico se encuentra suspendido para más de 300 mil personas. 
 Días antes de que se desencadenara esta catástrofe, el servicio meteorológico había advertido y elevado a “roja” la alerta por posibles incendios. Sin embargo, los tanques cisterna de las zonas afectadas se encontraban vacíos. Los bomberos se encuentran superados por completo para dar respuesta. 
 Los especialistas coinciden en que este podría inscribirse entre los peores incendios en la historia moderna de los Estados Unidos, cuando California ha registrado ocho de los diez peores incendios en la historia del país. Desde 1993, no se registraba un incendio que alcanzara tanta dimensión territorial como este. Los costos en pérdidas materiales superan los 50 mil millones de dólares, según los primeros cálculos.
 Científicos y especialistas de la Universidad de California (UCLA) han coincidido que el presente incendio ha sido la combinación de múltiples eventos climáticos. En primer lugar, los últimos años vieron un exceso de precipitaciones junto con temperaturas muy cálidas, lo que favoreció el crecimiento de vegetación. En el presente invierno, en cambio, se vive una de las peores sequías de los últimos años, lo que ha llevado a que toda esa vegetación se encuentre seca y combustible. Los llamados “vientos de Santa Ana”, que alcanzaron velocidades de 160 km/h, equivalente a un huracán de nivel 2, alimentan el fuego. Los vientos, que persisten intensos, han dificultado el trabajo con helicópteros y aviones para combatir desde los aires los incendios, mientras estos se expanden rápidamente. 
 La gravedad de la situación había sido debidamente advertida por los investigadores del servicio meteorológico, así como de distintas asociaciones estadounidenses del clima, pero no encontraron la menor resonancia en el gobierno de California, en manos del Partido Demócrata. Por el contrario, los recursos para combate de incendios y del departamento de Bomberos han sido recortados, a pesar de que las alertas sobre estos eventos climáticos extremos han ido en aumento en todo el planeta y, por supuesto, en los propios Estados Unidos. 
 Las únicas que adoptaron “recaudos”, en cambio, han sido las empresas de seguros para hogares, que se han ido retirando paulatinamente de California acusando un “exceso de riesgos” por los incendios que suelen darse en la zona y frente a las nuevas amenazas. Por este motivo, miles de familias se encuentran sin seguro o con un seguro convencional que no asegura la totalidad de la propiedad. Miles de familias se han visto obligadas a renunciar a los seguros debido al incremento de las primas. La tasa de no renovación de seguros en 2023 fue del 69% (WSJ, 09/01). En cambio, las empresas de gas y petróleo que operan en California (Exxon, Shell, Chevron) han recibido beneficios impositivos por 146 millones de dólares (The Lever, 08/01). Las emisiones de gas de efecto invernadero producidas por la industria petrolera ocupan una gran responsabilidad en la alteración de los normales ciclos de precipitaciones e incendios. A nivel estadual, California ha recortado todos los presupuestos de áreas dedicadas al control del cambio climático o de protección de bosques y la costa. 
 Trump se ha aprovechado de la situación para asestar un golpe al Partido Demócrata, acusando como responsable político exclusivo al gobernador Gavin Newsom. California recibe un tercio de sus ingresos de los envíos de dinero federal (algo similar a la coparticipación en Argentina), Trump ha prometido recortarlos para reducir el gasto. Es el sedimento perfecto para la repetición de más y peores incendios. 

 Joaquín Antúnez 
 09/01/2025

miércoles, 8 de enero de 2025

El ex “tigre” asiático bordea el colapso político y económico.


El ex “tigre” asiático bordea el colapso político y económico. 

 Javier Milei ha enviado una [columna de opinión al diario “La Nación”] (https://www.lanacion.com.ar/politica/opinion-el-retorno-al-sendero-del-crecimiento-nid03012025/=) donde se calza el traje de economista académico para exaltar a su gobierno. Los recursos a los que apela son remanidos: un amontonamiento de frases y alusiones a economistas vulgares; varias afirmaciones falsas, y la invocación a los “modelos” pretendidamente exitosos” -en este texto, el de Corea del Sur. Como ocurre con otros casos parecidos, Milei miente, llega tarde y se equivoca. 
 En el artículo en cuestión, Milei dice que “la eliminación de cuajo tanto del déficit fiscal (Tesoro) como del cuasi fiscal (BCRA) ha permitido cortar con la emisión de dinero” y bajar la inflación. La proeza “se logró sin expropiar activos; sin controles de precios; recomponiendo tarifas y sin fijar el tipo de cambio”. Apela a falacias para justificar a un régimen económico cuyo objetivo excluyente es la valorización de la deuda pública en todas sus formas –en pesos y en dólares, con organismos oficiales y con tenedores privados y fondos financieros. Llama “equilibrio fiscal” a la generación de un gigantesco desequilibrio -la amputación de gastos sociales y la obra pública- y un aumento de la deuda pública por el equivalente a 100 mil millones de dólares, con los intereses correspondientes. Cuando Milei afirma no haber expropiado “activos”, omite que los repotenció con un crecimiento de más del ciento por ciento en valor constante de toda la deuda reestructurada por Guzmán. Pero también omite, por, sobre todo, que ha expropiado “ingresos”, salarios y jubilaciones, que perdieron, en un año, el 30% promedio de su poder de compra. 
 El presidente liberticida se contradice en un mismo renglón, cuando niega el `control de precios´ y reivindica enseguida los tarifazos, que son los precios de los servicios públicos provistos por monopolios privados. Milei tampoco terminó con la emisión monetaria; hizo algo más siniestro, convirtió la deuda del Banco Central en deuda del Tesoro con los mismos bancos, para cargar su pago sobre los hombros de los contribuyentes; es así que aumentó la deuda pública en la cifra citada. Emitió, además, en forma irrestricta para adquirir los dólares del saldo comercial positivo, que, de otro modo, sin esa compra, hubieran hundido el tipo de cambio y provocado una deflación y una depresión feroces, junto a una cadena de quiebras sin límite. Enseguida se deshizo de esos dólares mediante la venta en los mercados paralelos, para abaratar el giro de utilidades de los capitales extranjeros al exterior y absorber la emisión creada. Es así como se produjo una valorización de la deuda externa, pero sólo en los papeles, porque su valor real será determinado a la hora de pagar los vencimientos. Caputo ya ha dicho que pretende pagar deuda con nueva deuda, incluido un aumento de la deuda con el FMI –de 45 a 54 mil millones de dólares. El superávit fiscal obtenido por medio de estas exacciones solo sirve al pago parcial de intereses y vencimientos de corto plazo, mientras no se produzca una devaluación del peso, pero no cubre, ni de lejos, a la deuda indexada del Tesoro en pesos, que supera el equivalente a 120 mil millones de dólares, ni permite acumular reservas netas. Todo esto ilustra la falacia de Milei de que gobernó “sin fijar el tipo de cambio”. Es el gobierno más intervencionista del último siglo.
 No puede sorprender que, sobre este cúmulo de evidencias fraudulentas, Milei se jacte de un “sendero de crecimiento”. Por lo pronto, según el FMI, la economía del primer año de Milei-Caputo caerá un 3.5% respecto del año anterior, un caso mundial único para los años posteriores a la salida de la pandemia. Si se cumple el pronóstico optimista de una “recuperación” del 2.5% para 2025, el producto bruto interno retornaría al nivel del año 2016. Es que el crecimiento del ahorro nacional provocado por la enorme transferencia de ingresos del trabajo al capital está direccionado al pago de la deuda pública y a la especulación en los mercados financieros. Por eso, Milei vuelve a mentir en “La Nación” al afirmar que aprovechará el superávit fiscal para “reducir la presión impositiva”. Por el contrario, la presión fiscal se ha elevado en medio punto entre 2024 y 2023, y las previsiones del presupuesto 2025 anticipan otro tanto para el año que comienza. Esta mayor carga impositiva recae sobre el salario y el trabajo (retorno del impuesto a las ganancias sobre los salarios) y sería superior si se computaran los impuestazos provinciales y municipales. El capital agroindustrial trina contra las retenciones a la exportación. 

 Corea

 A despecho de todo lo anterior, el presidente contrabandea al crecimiento económico en los términos en que lo hacen todos los economistas vulgares: alude al “aumento del producto bruto”, sin distinguir la parte de la riqueza social agregada que paga a la fuerza de trabajo (salarios) del trabajo no retribuido y apropiado por el capital (beneficios); por supuesto, tampoco se detiene en la parte del producto destinada a gastos parasitarios o incluso destructivos, como los pertrechos bélicos o la producción de principios activos para estupefacientes. Puesto a perorar sobre el tema, Milei toma como ejemplo a Corea del Sur, cuya renta, según uno de los autores citados por él, “se duplica cada diez años”; es lo mismo que ha estado repitiendo Kicillof, un fanático de la industrialización “periférica”. Fuera del hecho de que CdS ha salido del panel de los países en crecimiento, para sumirse en una enorme crisis, Milei ha reiterado su rechazo a la industrialización, en beneficio de una economía de gas, litio y, cuestionablemente, soja. El presidente dice lo que le canta porque hablar es gratis. La cita a CdS quizás obedezca al propósito de Milei de convertir al Atlántico en una plataforma militar de la OTAN.
 Después de la guerra civil internacional que cristalizó la división del país, la burguesía surcoreana fue recompensada con enormes subsidios -préstamos blandos y donaciones directas- por su “lealtad hacia Occidente”. A cambio del alineamiento político con el imperialismo, se le permitió al Estado de las chaebols (corporaciones surcoreanas) ejercer un severo intervencionismo económico. Parte de ese estatismo se descargó sobre las organizaciones obreras, para asegurar una explotación feroz de la fuerza de trabajo. Sólo después de la gran crisis asiática de 1997, el FMI se acordó que en Corea del Sur existía un “capitalismo clientelista”, al cual rescató a cambio de un violento plan de ajuste. En la Corea que admira Milei, más del 50% de la fuerza laboral se encuentra precarizada, a través de las interminables cadenas de subcontratación y tercerización industrial. La jubilación es una pesadilla, pues sólo remunera al trabajador pasivo con el 30% de su salario activo. Las huelgas se encuentran restringidas “al ámbito laboral propio”, o sea que no pueden revestir legalmente un carácter general. A pesar de este régimen de sobreexplotación, las huelgas de masas han recorrido la historia de Corea, con una clase obrera que debió enfrentar a una burocracia sindical superestatizada e incluso infiltrada por la CIA.
 Pero en ese país, la “duplicación del PBI” que cita Milei es un dato del pasado: la economía surcoreana fue sacudida por la crisis de 1997 y concluyentemente postrada por la de 2008. Desde entonces, el “crecimiento” que encandila al libertario apenas superó los 2 puntos porcentuales por año. Recientemente, la burguesía surcoreana ha buscado superar este impasse con un Milei propio: el presidente derechista Yoon Suk Yeol, quien colocó como estandarte de su gobierno a la ampliación de la jornada laboral de 52 a 69 horas semanales.
 A despecho de esta escalada antiobrera, Corea del Sur no ha podido sustraerse a la crisis mundial. Sus naves insignia industriales -como la producción de semiconductores- se han derrumbado. La declinación económica ha dado lugar al derrumbe político de la experiencia derechista. Milei no ha podido ser más inoportuno, pues se ha colgado del milagro surcoreano en medio de la desintegración política de su par asiático: en estas horas, Yoon, después de un autogolpe fracasado, intenta zafar de la destitución política a través de un recurso muy “argentino”, porque el tribunal constitucional que debería sancionarla se encuentra incompleto de miembros. El impasse surcoreano, por lo tanto, será resuelto, o por el ejército (y la CIA) o las masas. 
 Pero la invocación de Milei a SurCorea no es gratuita. Yoon intentó declarar la ley marcial acusando a sus opositores de “comunistas”, en momentos en que Corea del Norte se involucraba militarmente junto a Putin en Ucrania. En medio de la guerra internacional, el Milei coreano quiere zafar del impasse económico y político declarándose un soldado incondicional de los Estados Unidos. Es lo que intenta el Yoon argentino, con su adhesión a la OTAN y al Estado sionista. 
 Milei parangona a Argentina con SurCorea. Pero es una invocación tardía: el experimento liberticida tiene lugar en medio del agravamiento de los antagonismos capitalistas y de la exacerbación de la competencia internacional. Quiere ser un peón disciplinado del imperialismo mundial cuando ese mismo imperialismo hace crujir a sus partes (no tan) menores, como ocurre justamente con Corea. 

 Marcelo Ramal 
 07/01/2025

Viajar a Cuba es defender tu libertad


martes, 7 de enero de 2025

Cinco años de Covid-19: las alarmas siguen encendidas


El 31 de diciembre de 2019 se detectaban en Wuhan (China) los primeros casos del virus Covid-19. En estos cinco años, más de 776 millones de personas se vieron infectadas, con un saldo de más de 7 millones de muertes, según la OMS. Actualmente se detecta un aumento de los contagios, los cuales se suman al impacto del Covid prolongado en la población y una sensible disminución en los niveles de vacunación. 

 Contagios

En Estados Unidos y Reino Unido, los casos de Coronavirus han ido en aumento durante este último mes, comenzado el invierno boreal. 
 En Estados Unidos se incrementaron los casos positivos, así como las consultas a emergencias, las hospitalizaciones y las muertes. El monitoreo de las aguas residuales indica que las tasas comenzaron a aumentar hace un mes (The Guardian, 3/01). Este rápido aumento de casos, está relacionado con una nueva variante, llamada XEC. Esta se detectó por primera vez en Alemania en agosto y es lo que se conoce como una “variante recombinante”. Estas pueden aparecer de forma natural cuando una persona se infecta simultáneamente con dos variantes diferentes de Covid (Vaccineswork, 23/09/24).
 Por su parte, los hospitales de todo el Reino Unido han estado bajo presión debido al aumento de casos de gripe, VSR (Virus Sincicial Respiratorio), Covid y norovirus, en lo que llaman o definen como una “cuadridemia”. En Escocia, los ingresos hospitalarios han aumentado un 65 %, pasando de 705 a 1.163 en una semana (Sky.News, 28/12/24). 
 En relación a la vacunación, en Estados Unidos, solo uno de cada cinco adultos y uno de cada diez niños han recibido la nueva vacuna de refuerzo. Y uno de cada tres de los residentes de hogares de ancianos están al día con las vacunas contra el Covid. Es mucho menos de lo necesario para proteger a la población más vulnerable a enfermedades graves y muerte (The Guardian, 3/01). 

 Covid Prolongado

 Tanto en Estados Unidos como en el Reino Unido, el Covid prolongado enciende las alarmas: aproximadamente el 5,3 % de los adultos estadounidenses y el 17,9 % informaron haberlo transitado (TG, 1/01). Por su parte, Reino Unido, se enfrenta a unas tasas sin precedentes de enfermedades de larga duración debido al “long Covid”. Dos millones de personas en el Reino Unido están afectadas por Covid prolongado y más del 10 % de los casos de Covid resultan en síntomas prolongados (The Canary, 7/11/24). 
 El impacto del Covid puede medirse en otros planos, por ejemplo, en la menor concurrencia a teatros, según una encuesta de Theatre Washington: el 68 % de los encuestados citó el miedo a la exposición al Covid-19 como la principal razón para acudir con menor frecuencia a las salas. 
 Como se puede observar, a 5 años, el Covid sigue causando estragos, mientras se desmantelan los programas de prevención, promoción y cuidado y los sistemas de salud pública a nivel mundial. El virus se ha combinado genéticamente con el capital y sus gobiernos.

 Daniela Magoc
 05/01/2025

El canal de Panamá y los tratados maltratados


Imagen: Canal de Panamá (1914), Foto del Museo del Historia del Canal de Panamá

 El 18 de noviembre de 1903 durante el gobierno de Roosevelt (y siguiendo órdenes del presidente demócrata), se firma en Washington el tratado Hay-Bunau-Varilla, por el cual “Estados Unidos garantiza la libertad de Panamá” a cambio de que Panamá le ceda a Estados Unidos todos los derechos sobre el canal y las zonas contiguas, libre de cualquier impuesto.
El 22 de diciembre de 2024, el presidente electo de Estados Unidos Donald Trump anunció que le exigirá a Panamá «que le devuelvan el canal». El imperialismo es una enfermedad que no solo mata a quienes lo resisten sino que tampoco deja vivir a quienes lo llevan dentro. 
 Washington DC. 22 de enero de 1903 – El secretario de Estado John Hay y el agregado comercial de Colombia en Estados Unidos, Tomás Herrán, firman el tratado que le daría a Estados Unidos el derecho a retomar las construcciones del canal de Panamá que los franceses habían abandonado cuando llevaban casi la mitad de la obra. Por este tratado, Colombia se comprometería a ceder a Estados Unidos y por cien años una franja en su apéndice norte a cambio de diez millones en un solo pago y 250 mil dólares por año. A pocas millas de las costas de Panamá, el buque de guerra Wisconsin permanece varado para dar apoyo moral a las negociaciones. 
 El Congreso en Washington aprueba el tratado de inmediato, pero rebota en Bogotá. Hay dudas sobre las consecuencias sobre la soberanía del país y sobre los beneficios derivados de este acuerdo. Por si fuese poco, las matemáticas, que también se practican en aquel país, dicen que al pueblo colombiano le llevaría 120 años recibir la misma compensación que se le había ofrecido pagar de una sola vez a la New Panamá Canal Company. 
 El Congreso colombiano no es el único obstáculo. El 15 de abril, el enviado de Estados Unidos Mr. Arthur Beaupre le envía un telegrama al Secretario de Estado sobre el ánimo de sospecha creciente en el pueblo colombiano. “Hay por lo menos un hecho que es claro”, escribe Mr. Beaupre. “Si el tratado se pusiera a la libre consideración del pueblo, no sería aprobado”. Atendiendo a la fuerte opinión pública en contra del tratado Hay-Herrán, el Senado colombiano vota por unanimidad en contra de su ratificación. 
 Sin haber puesto nunca un pie fuera de su país, el 27 de agosto Roosevelt escribe tres cartas describiendo a los colombianos como “ignorantes”, “avaros”, “hombrecitos despreciables”, “corruptores idiotas y homicidas”. El desprecio por los pueblos de raza inferior no es nuevo ni será nunca superado. “Nunca podría respetar un país lleno de ese tipo de gente”, escribe Roosevelt. “Intentar relacionarse con Colombia como quien trata con Suiza, Bélgica u Holanda es simplemente un absurdo”.
 Ya en 1849, a un año de haber terminado la guerra en México y probablemente informado de los planes de Francia para un nuevo canal en Suez, el presidente Zachary Taylor todavía era de la misma opinión. Ante el Congreso había insistido en la necesidad de la construcción de un canal, tal vez en Nicaragua, y había advertido que “una obra de esa envergadura debe ser realizada bajo la supervisión y protección de todas las naciones para un beneficio equitativo”.
 Ahora, en plena hegemonía naval de la raza nórdica en los trópicos, no hay acuerdo y el presidente Theodore Roosevelt no duda: una república de América del Sur no va a interferir con sus planes. Inmediatamente envía algunos paquetes con dólares para organizar una revuelta que se llamará Revolución. El problema dura menos que lluvia de verano. El 18 de noviembre, se firma en Washington el tratado Hay-Bunau-Varilla, por el cual “Estados Unidos garantiza la libertad de Panamá” a cambio de que Panamá le ceda autoridad y todos los derechos a Estados Unidos sobre el canal y las zonas contiguas en carácter de monopolio y libre de cualquier impuesto. Como es costumbre, los panameños no son invitados a la firma del nuevo tratado. 
 El nuevo tratado establece que los 250 mil dólares anuales ofrecidos antes a Colombia ahora no serían pagados sino hasta una década después de la apertura del canal. No hay nada como tener una armada poderosa para hacer buenos negocios. También viola el anterior Tratado de Paz y Comercio, conocido como Tratado Bidlack, firmado por Colombia y Estados Unidos en 1846 por el cual Colombia le garantizaba a Estados Unidos el derecho a transitar por el istmo a cambio de proteger la provincia de Panamá de cualquier revuelta o intento de separación. Como en Cuba, como en Puerto Rico, ahora el artículo 136 del tratado de 1903 le asegura a Washington la potestad de intervenir y resolver lo que mejor le parezca ante cualquier situación inconveniente. Cuando algunos panameños protestan, Roosevelt los amenaza con entregarlos a la justicia de Colombia. La práctica es vieja: las leyes están hechas por los poderosos para que los débiles las cumplan. Si un país más débil viola un acuerdo, el poder imperial de turno lo invade; si el país más débil reclama que se cumplan los tratados firmados, es invadido para que se firme uno mejor. 
 A poco de firmado el nuevo tratado, en el Congreso de Estados Unidos se levantan voces contra lo que varios congresistas llaman deshonestidad e imperialismo. El senador Edward Carmak protesta: “la idea de una revolución en Panamá es una burda mentira; el único hombre levantado en armas fue nuestro presidente”. El senador George Frisbie Hoar, miembro de la comisión que investiga los crímenes de guerra que quedarán impunes en Filipinas, rechaza las versiones sobre la Revolución en Panamá y agrega: “espero no vivir lo suficiente para ver el día en que los intereses de mi país sean puestos por encima de su honor”. 
 Claro que eso del honor tiene arreglo. El presidente echa mano al viejo recurso de “fuimos atacados primero”. Como hiciera James Polk para justificar la invasión de México en 1846 o McKinley para ocupar Cuba en 1898, Roosevelt inventa una historia sobre ciertas amenazas a la seguridad de ciertos ciudadanos estadounidenses en la zona. Como lo hará Henry Kissinger cuando niegue frente a las cámaras de televisión cualquier intervención en el golpe militar de Chile en 1973, Roosevelt asegura ante el Congreso y la opinión pública que, de todas formas, Washington no ha tenido ninguna participación en la Revolución en Panamá. Lo cual no quita que sea una buena idea. El 6 de diciembre de 1904, Roosevelt dará su discurso anual ante el Congreso sobre la necesidad de expandir, una vez más, la Doctrina Monroe de 1823 “para ver a nuestros vecinos estables, ordenados y prósperos”. De otra forma “será necesaria la intervención de parte de una nación civilizada… En dicho caso, los Estados Unidos deberán, aunque no lo quieran, intervenir para solucionar cualquier grave problema ejercitando el poder de la policía internacional”. Si lo vamos a hacer, que sea todo de forma legal. 
 En 1906 Roosevelt visitará las obras en Panamá. Será el primer presidente estadounidense en toda su historia que se atreva a salir de su país. Las rebeliones son más bien inocuas porque Washington ha decretado que los ciudadanos de ese país no pueden adquirir armas, lo que también afecta a la policía panameña que debe recurrir a los marines cada vez que las cosas se salen de sus manos. A bordo del USS Luisiana, el 20 de noviembre Roosevelt le escribe a su hijo Kermit: “con admirable energía, hombres y máquinas trabajan juntos; los blancos supervisan las obras y operan las máquinas mientras decenas de miles de negros hacen el trabajo duro donde no vale la pena usar maquinas”. A pesar del trabajo duro de los panameños, por alguna razón es necesario representarlos como haraganes. El periodista Richard Harding Davis, como cualquier periodista razonable y correcto, ya se había hecho eco del sentimiento de la época: “[Panamá] tiene tierras fértiles, hierro y oro, pero ha sido maldecida por Dios con gente haragana y por hombres corruptos que la gobiernan… Esta gente es una amenaza y un insulto para la civilización”. 
 El 26 de enero de 1909, el comité de Asuntos Internacionales del Senado de Estados Unidos, en base a las declaraciones jactanciosas de Roosevelt ante una clase llena de estudiantes en una universidad de California, investigará “la decisión unilateral de un ex presidente de tomar Panamá de la República de Colombia sin consultar al Congreso”. Considerando las insistentes peticiones de Colombia ante el Tribunal de la Haya, la comisión interrogará a diferentes protagonistas de la época. Según estas declaraciones, el 6 de noviembre de 1903, tres días después de la Revolución de Independencia de Panamá, el Departamento de Estado le había enviado un cable al cónsul de Estados Unidos en Colombia informando que “el pueblo de Panamá, aparentemente por unanimidad, ha resuelto disolver sus lazos con la República de Colombia…”
 El representante Henry Thomas Rainey lee en el parlamento un cable de Washington: “El pueblo de Panamá, aparentemente por unanimidad, ha resuelto disolver sus lazos con la República de Colombia retomando su independencia…”. El mismo Rainey aclara: “No creo que nada de esto sea cierto. El pueblo de Panamá no logró nada por sí solo… Cuando ocurrió la Revolución, apenas diez o doce rebeldes sabían de los planes, aparte de los gerentes de la Panama Railroad and Steamship Co.” 
 Será necesario esperar hasta 1977 cuando el gobierno de Jimmy Carter firme un acuerdo según el cual Estados Unidos devolvería el canal al país centroamericano el último día de 1999, tres años antes de que se venza el plazo de alquiler obligatorio. Un año antes, en un evento en Texas, el ex gobernador de California y futuro candidato a la presidencia, Ronald Reagan, afirmará: “No importa qué dictador carnero esté en el poder en Panamá. ¡Nosotros lo construimos! ¡Nosotros pagamos por el canal! Es nuestro y nos vamos a quedar con él”. 
 Omar Torrijos será el dictador aludido por Reagan. Torrijos reclamará la soberanía del Canal y morirá, como otros líderes rebeldes del sur, en un accidente aéreo.
 El imperialismo es una enfermedad que no solo mata a quienes lo resisten sino que tampoco deja vivir a quienes lo llevan dentro. 

Jorge Majfud | 26/12/2024 
 Fragmento del libro La frontera salvaje: 200 años de fanatismo anglosajón en América latina, de Jorge Majfud.

domingo, 5 de enero de 2025

Cuba: 66 años de revolución


Este 1 de enero se cumplieron 66 años de la revolución que tuvo un impacto mucho más grande que el pequeño tamaño de la isla del Caribe. La invadieron y bloquearon. Y sigue viva. 
 Desde ya que Cuba no es el paraíso. Imposible serlo en un mar capitalista y amenazada por la primera potencia mundial que no abandona su intento de destruirla. Tampoco se trata de hacer un balance de 66 años, sino de marcar algunas cuestiones para tratar de comprender aspectos generales y puntuales de una revolución que desata polémicas pasionales y parte aguas en nuestra región y en todo el mundo. Nadie es indiferente a lo que sucede en la isla. 
 Estados Unidos no quiere destruir la revolución cubana porque sea crea que es una dictadura. Republicanos y demócratas han sostenido -y sostienen- dictaduras o grupos que asesinan y desaparecen a miles de personas. Vaya coincidencia, el mismo día del aniversario 66 de la revolución el New York Times difundió una serie de crónicas sobre Afganistán. 
 Entre ellas se destaca la titulada “El monstruo americano: Cómo Estados Unidos apoyó secuestros, torturas y asesinatos en Afganistán”. Y no es una metáfora. 
 La Casa Blanca está empecinada en destruir la revolución por lo que todavía significa: la posibilidad de transitar un camino para intentar la construcción de una sociedad con valores diferentes. Y amenaza directa y constante para quienes se atrevan a desafiar a los Estados Unidos. 
 Por eso hay un antes y un después del 1 de enero de 1959.
 ¿Desde qué lugar mirar a Cuba? Tal vez ésta sea la pregunta a formular cada vez que se analiza la revolución año tras año. En lo ideológico es muy sencillo: hay quienes la defienden y quienes la defenestran. 
 Más allá de lo ideológico es posible afirmar que las miradas diferentes son producto de las experiencias personales, el estrato social al que se pertenezca, y la influencia que tengan los medios masivos de comunicación al momento de imponer miradas. 
 Las voces dominantes en los medios son de periodistas que -por lo general- pertenecen a las clases medias, más o menos ilustradas, que reflejan sus intereses y preocupaciones sobre cualquier tema, incluyendo Cuba. No hay duda de que su visión sobre la vida en Cuba está influenciada por su experiencia personal y su nivel de vida, que difícilmente podrían mantener si fueran a vivir a la isla. 
 Sin embargo, hay otras miradas, que no suelen tener presencia en los grandes medios. La de los pobres. Según la CEPAL en América Latina y el Caribe como mínimo hay unos 180 millones de pobres. Sería interesante saber cómo mirarían éstos a Cuba si se los consultara y se les planteara comparar cómo viven y cómo serían sus vidas si estuvieran en la isla. 
 Esos pobres comen cuando pueden, no tienen un techo, duermen en las calles, abandonan la escuela en su infancia, nunca vieron un médico generalista y mucho menos un dentista. En sus penurias tampoco les interesa demasiado el debate sobre lo que se llama democracia ni los convoca ir a votar para que nada cambie. Para estas personas, vivir en Cuba -con todos sus problemas- sería un notable salto de calidad. 
 También es verdad que muchos cubanos y cubanas abandonan la isla. Desde una mirada absolutamente ideologizada se sostiene que es porque no toleran la “dictadura”. En realidad, como sucede en todo el mundo, las personas se van del país donde nacieron y crecieron por múltiples motivos.
 Hoy más de 40 millones de personas de origen mexicano cruzaron el río Bravo para radicarse en los Estados Unidos, un 10 por ciento de la población uruguaya vive fuera del paisito, y otro tanto dejó el Ecuador. La lista es larguísima. Según Naciones Unidas 1 persona entre 30 es considerada migrante que abandona su lugar de nacimiento por múltiples motivos. Cuba no es la excepción. 
 Quienes están en la isla quieren vivir mejor. Protestan y salen a las calles cuando tienen problemas concretos, como la falta de energía eléctrica. No son extraterrestres y protestan. Es lógico que lo hagan e interpelen a sus autoridades. La gran diferencia con otros países de la región es que no hay cientos o miles de muertos por la represión. 
 En Cuba, desde 1959 no hubo nada parecido a la matanza de estudiantes en Tlatelolco (México) en 1968, o los asesinatos en las cárceles de Ecuador que se cobraron cientos de vidas en los últimos años. Y ni que hablar de las masacres cometidas por las dictaduras argentinas, chilenas, guatemaltecas o salvadoreñas en el pasado reciente, para nombrar solo alguna de ellas. 
 Es más, Cuba probablemente sea el país más seguro para caminar por las calles a cualquier hora. El tema de la “inseguridad” -esto es, el peligro de ser asaltado y asesinado en las calles- no es una de las principales preocupaciones diarias como sí lo es en la mayoría de los países de América. De toda América. 
 No es el paraíso, pero no viven con el corazón en la boca cada vez que salen a las calles como sucede en San Pablo, Bogotá o Quito. Cualquiera que haya visitado la isla sabe que la comparación es válida. 
 A pesar de los incontables estímulos del consumismo y la habitual voracidad individual por hacerse rico en el capitalismo, en los 66 años de revolución se han dado pasos gigantescos en la educación hacia la solidaridad. Lo que no es poco. Tal vez el ejemplo más notable sea el de sus médicos y médicas trabajando en decenas de países. A veces llegan a los lugares más recónditos, a aquellos que los médicos locales no quieren ir, sea porque no son rentables o porque no están dispuestos a ensuciarse en el barro.
 La disposición a ayudar a otras personas existe, y no es “propaganda” porque es el único país que lo sostiene hace décadas. 
 Cuba está muy lejos de ser el paraíso. La desilusión de muchos es haber anhelado y/o creído que lo fuera. Apenas comenzaron un largo camino lleno de piedras. El gran caricaturista cubano René de la Nuez describe muy bien en su libro “La piedra en el camino” las dudas que se tiene cuando una persona se encuentra frente a una gran piedra que le obstaculiza el paso. 
 Una piedra es un problema. Por eso, dice Nuez, que hay quienes la evaden, quienes se achican, y quienes se atreven a atravesarla a cómo sea. Toda una metáfora para los 66 años de esta Cuba. 

 Observatorio en Comunicación y Democracia (OCD) - Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) | 04/01/2025

La región, presa de Estados Unidos


La crisis o las situaciones excepcionales son una constante en América Latina y el Caribe (ALC), no una alteración de una supuesta normalidad que jamás conocimos en este, el continente más injusto del mundo. Y, para más datos, el más cercano a «la Roma Americana», como Martí llamara al imperialismo estadounidense. Nuestra América es por lo tanto presa favorita de Washington, aquella sobre la cual sus garras llegan más lejos y se hunden más profundamente. A veces se nos dice que en este continente son muy extrañas las guerras, y es cierto que no hay guerra entre las naciones como las vemos en África, Europa o Asia, para ni hablar de Medio Oriente.
 La última de este tipo entre países de la región fue la «Guerra del Fútbol» de 1969, entre Salvador y Honduras, un incidente menor. Una pelea de fanáticos futboleros que dio origen a una guerra de dos días y con un número mínimo de víctimas. Una escaramuza armada más que una guerra. El otro caso, y el más grave, fue la que libraron Perú y Ecuador en 1995, la llamada Guerra del Río Cenepa, cuyo saldo se estima en poco más de cien muertos en combate. Sobreviven todavía algunas disputas territoriales como las que hay entre Venezuela y Guyana por el Esequibo, el conflicto marítimo entre Nicaragua y Colombia, o el que enfrenta diplomáticamente a Belice contra Guatemala. 
 La inserción de Latinoamérica y el Caribe en el Hemisferio Occidental nos convierte en una región signada por una especie de «fatalidad histórica y geográfica». Somos, para los sectores supremacistas y racistas, el «patio trasero de EE.UU.». A fines del año pasado, diciembre del 2023, se cumplieron doscientos años de vigencia de la Doctrina Monroe. No es un dato menor que fue esta la primera doctrina de política exterior elaborada por el Gobierno de Estados Unidos y que antecedió casi en un siglo a la Doctrina Wilson, concebida en el marco de la Primera Guerra Mundial para establecer parámetros orientadores de las relaciones de Washington con Europa. Pero, insisto, la primera definición en materia de política exterior fue para nosotros (ALC). El hecho de ser parte del llamado Hemisferio Occidental –una expresión amable pero mentirosa, que utilizan los gobernantes en Washington para hablar de esta parte del mundo y evitar decir que somos la periferia del imperio– nos otorgó ese dudoso privilegio. 
 Esta situación tan especial de ALC solo puede explicarse porque al ser esta región un verdadero emporio de recursos naturales –petróleo, gas, agua, minerales varios, litio, biodiversidad, etcétera– y más encima muy próximo a las costas de Estados Unidos se comprende que concite el interés prioritario de Washington. Pero además, y este no es un dato menor, ALC es la frontera de Estados Unidos con el turbulento mundo del subdesarrollo y la pobreza. Asegurar la estabilidad de esa región, contar con «gobiernos amigos» que eviten relacionarse con países enemigos de Estados Unidos (antes la Unión Soviética, ahora China, Rusia, Irán, entre los principales) y que favorezcan a las empresas estadounidenses y contengan el flujo migratorio hacia el norte son prioridades de enorme importancia para Washington, aunque sus funcionarios siempre han procurado negociar con los países del área «ninguneando» su importancia. Pero esta subestimación es desmentida por los datos duros de la política exterior de Estados Unidos. Preocupado por contener la expansión del «comunismo soviético»Washington en abril de 1949 crea la OTAN; pero casi dos años antes en septiembre de 1947, había creado el TIAR, Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, que es el modelo que luego se aplicaría en Europa con la OTAN. Y en 1948 crea la OEA, una organización regional que mucho más tarde tendría su contraparte en Europa. 
 En suma: primero lo primero, como dice un conocido adagio estadounidense, y a la hora de resguardar regiones Washington no tuvo dudas. Primero poner a salvo del expansionismo soviético a ALC, luego nos ocuparemos de los europeos. El mismo razonamiento cabe en relación con la creación de los comandos de las fuerzas armadas de Estados Unidos en distintas partes del mundo. El Comando Sur, con jurisdicción sobre toda Latinoamérica y el Caribe, a excepción de México (incorporado al Comando Central de Estados Unidos) fue creado en 1963; veinte años más tarde, en 1983, se crea un comando para monitorear y resguardar los intereses de Estados Unidos en Oriente Medio y el Comando para África recién ve la luz en 2007. 
 Para concluir, por algo ya en 1783 John Adams, a la sazón embajador de la joven república norteamericana en Londres, propuso al nuevo Gobierno de las Trece Colonias que consumara cuanto antes la anexión de las islas de Cuba y Puerto Rico a la jurisdicción estadounidense. La razón: la independencia de Estados Unidos podría originar algún conflicto en el futuro con el Reino Unido y la corona británica mantiene muchas posesiones en las islas del Mar Caribe.
 «Asegurarnos el control de Cuba y Puerto Rico…», continuaba diciendo Adams, «es esencial para la seguridad nacional de Estados Unidos en caso de un futuro enfrentamiento con el Reino Unido», este de hecho estalló en 1812. Huelga subrayar la asombrosa actualidad de esas palabras en las vísperas del ascenso de Donald Trump a la presidencia de ese país. Como dijera el gran filósofo e historiador italiano Giambattista Vico (1668-1744), la historia es una sucesión interminable de «corsi e ricorsi», de ciclos que con ropajes y apariencias distintas se repiten a lo largo del tiempo.

 Atilio A. Boron | 04/01/2025 

 Fuente: https://accion.coop/opinion/la-region-presa-de-estados-unidos/

sábado, 4 de enero de 2025

Campaña internacional por la libertad inmediata del pediatra Abu Safiya, director del hospital Kamal Adwan


Israel ejecuta el mayor infanticidio del siglo 

 El viernes pasado el ejército israelí dio el asalto final al hospital Kamal Adwan, de Beit Lahia, en el norte de Gaza, donde se encontraban cientos de personas entre el personal, pacientes y refugiados en el momento del ataque. 
 Entre los detenidos se cuenta el director del hospital, el pediatra Hussam Abu Safiya, una autoridad científica y símbolo de la resistencia palestina contra la brutalidad sionista, a quien Israel acusa de ser “un terrorista de Hamas”. La Organización Mundial de la Salud y una campaña internacional de médicos y trabajadores de salud en todo el mundo reclama su urgente liberación. 
 El hospital, que lleva el nombre de un dirigente de Al Fatah asesinado en 1973, era el único gran centro médico que aún operaba parcialmente en el norte de Gaza. Antes de la invasión sionista, atendía a más de 400.000 personas. 
 Un editorial del diario israelí Haaretz calificó el asalto y destrucción de los hospitales en el norte de Gaza como una parte fundamental de la "limpieza étnica" contra los palestinos y se burló de los intentos del gobierno de Benjamín Netanyahu de justificar la masacre con fotos de dos pistolas y un cuchillo supuestamente encontrados en Kamal Adwan. 
 Hace ya más de 80 días, los médicos del hospital lanzaron un dramático llamamiento a la comunidad internacional para que actuara. Manifestaron un compromiso heroico: ningún médico iba a abandonar el hospital hasta que estuviera garantizado el traslado del último de sus pacientes. 
 Kamal Adwan se ha convertido en un símbolo de resistencia ante la brutalidad de la ofensiva israelí. Durante 80 días, drones, tanques y francotiradores fueron arrasando con servicios enteros, incluida la terapia intensiva y quemaron exprofeso los archivos médicos. 
 “Estamos siendo asesinados a diario en el hospital y enfrentamos bombardeos directos sin previo aviso. No tenemos electricidad, agua ni oxígeno”, dijo el 15 de diciembre Abu Safiya. Además, informó haber visto "cientos de cuerpos" esparcidos justo más allá de los terrenos del hospital, con decenas de nuevos heridos que abruman al ya devastado equipo médico. 
 El 23 de diciembre, NBC News volvió a citarlo: "Las balas han penetrado en la unidad de cuidados intensivos, el departamento de maternidad y la sección de cirugía especializada. Utilizan todo tipo de armas, incluyendo disparos de francotiradores, proyectiles de tanques y drones para atacar la sala de neonatología, la maternidad y otros departamentos." 
 El jueves, Safiya publicó en X un doloroso mensaje: “Hay aproximadamente 50 mártires, entre ellos tres miembros del personal médico, bajo los escombros de un edificio frente al hospital tras el bombardeo de aviones de guerra”. Y siguió: “Ahmad Samour, pediatra, trabajaba en el hospital y salió a la torre donde vive con su familia. El ejército bombardeó la torre. En cuanto a Israa, la técnica de laboratorio, fue a llevar comida a su padre y a su hermano que viven en el mismo edificio. Cuando Fares, el técnico de mantenimiento, vio la escena, corrió a intentar ayudarla. Los aviones también le apuntaron a él, lo que provocó el martirio de los tres, junto con más de 50 miembros de nuestro personal bajo los escombros”, describió. 
 El viernes, los israelíes incendiaron múltiples secciones del hospital, ubicado en el norte de Gaza, mientras evacuaban por la fuerza las instalaciones. 
 El domingo, un comunicado del ejército sionista informó que de los 940 palestinos que pasaron por un puesto de control del ejército frente al hospital, 240 fueron detenidos por ser presuntos miembros de grupos terroristas. En total, unos 600 civiles y otros 95 pacientes, cuidadores y varias decenas de médicos habrían sido evacuados con destino desconocido. 
 Las trabajadoras del hospital denunciaron que los soldados las obligaron a desnudarse y que las golpearon si se negaban.
 Recién el lunes, la CNN informó que Abu Safiya y medio centenar de médicos “habían sido trasladado a la tristemente célebre prisión de Sde Teiman”, conocida por someter a sus prisioneros a todo tipo de torturas con el beneplácito del gabinete de Netanyahu, que llamó héroes nacionales a los asesinos y a los torturadores.
 “Los hospitales de Gaza se han convertido de nuevo en campos de batalla y el sistema de salud está gravemente amenazado”, escribió en X el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus. Y agregó que los pacientes en estado crítico de Kamal Adwan habían sido trasladados al Hospital Indonesio, “que a su vez está fuera de servicio”. 
 El asedio a Kamal Adwan fue sistemático. El 25 de octubre, el ejército israelí bombardearon el tercer piso del hospital, destruyendo el generador de oxígeno, lo que provocó la muerte de dos recién nacidos en la unidad de cuidados intensivos. Poco después, las tropas israelíes invadieron el hospital, sacaron a los pacientes de sus camas y los concentraron en el patio central, mientras arrestaban a cientos de personas, incluidos casi todos los médicos. 
 Abu Safiya fue detenido e interrogado, pero se plantó ante los invasores y se negó a evacuar a los pacientes. En represalia, Israel asesinó con un dron a su hijo de 15 años, quien, junto con su familia, se refugiaba en las instalaciones del hospital, como cientos de otros palestinos desplazados.
 “Me negué a abandonar el hospital y a sacrificar a mis pacientes, así que el ejército me castigó matando a mi hijo. Lo vi morir en la puerta de entrada, fue un gran shock. Le encontré una tumba cerca de uno de los muros del hospital, para que pudiera estar cerca de mí”, dijo entonces.
 Israel está ejecutando el infanticidio más brutal del siglo. Abu Safiya es un pediatra que se levantó contra los asesinos de niños. A los miles de niños asesinados y mutilados por las bombas sionistas. A las decenas de niños que han muerto de hambre, se suman ahora las lluvias y el frío. Solo ayer murieron congelados tres bebés. El hermano gemelo de uno de ellos tiene daños cerebrales irreversible por el frío. Su madre “dijo que había hecho todo lo posible, pero que necesitaba más ayuda”. “Lo envolví en muchas capas, pero fue en vano. No hay ningún lugar protegido. No hay calefacción. No hay ropa ni mantas suficientes” (NYT 31/12). 
 La Oxford Union, una reconocida sociedad de debate estudiantil de Oxford, celebró el jueves 28 de noviembre un acalorado debate que resultó en la aprobación de la moción que considera a Israel como un Estado de apartheid responsable de genocidio, con una abrumadora mayoría de 278 votos a favor y de 59 en contra.
 La poeta palestina Susan Abulhawa fue una de las oradoras. Terminó su alegato con las siguientes palabras: “Algún día, su impunidad y arrogancia terminarán. Palestina será libre; recuperará su gloria pluralista, multirreligiosa y multiétnica; restauraremos y ampliaremos los trenes que van de El Cairo a Gaza, a Jerusalén, Haifa, Trípoli, Beirut, Damasco, Ammán, Kuwait, Saná, etc.; acabaremos con la máquina de guerra sionista estadounidense de dominación, expansión, extracción, contaminación y saqueo. …y o bien te irás, o bien finalmente aprenderás a vivir con los demás como iguales”. Más temprano que tarde la clase obrera pedirá cuentas a los infanticidas. 
 Libertad inmediata a Abu Safiya y todos los presos políticos palestinos. 

 Olga Cristóbal 
 31/12/2024

 Notas:

 https://contrahegemoniaweb.com.ar/2024/12/04/palabras-de-susan-abulhawa-en-el-debate-de-oxford-union/

Elon Musk y la MAGA se enfrentan por la “inmigración de privilegio”


Una división en los círculos de simpatizantes del presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, fue revelada esta semana. En el centro de la pelea se encuentra el magnate Elon Musk, dueño de Tesla, la red X, Space X y principal contratista del Estado norteamericano. El núcleo duro del trumpismo agrupado en lo que llaman MAGA (Make America Great Again) comenzó un debate por diferentes medios con foco en los dueños de las empresas de Silicon Valley. 
 La furia explotó cuando Elon Musk colocó en un tweet el problema de la falta de ingenieros con talento y motivación en los Estados Unidos. En medios como el Financial Times, marcan este episodio sobre la inmigración como parte de una fractura entre la base de la derecha radicalizada y esta camada de nuevos asesores del Partido Republicano.
 El problema central pasa por cual será la política para las visas a trabajadores extranjeros altamente calificados llamadas H-1B -un ítem crítico para las empresas de tecnología estadounidenses. El recientemente nombrado asesor en Inteligencia Artificial, Andreessen Horowitz, incorporó a su equipo a varios especialistas extranjeros vía la visa H-1B. Despues de esto algunos de ellos empezaron a “agitar” para que se remuevan los cupos a las Green Cards (tarjetas de residencia permanente) y así “destrabar la inmigración de expertos”. Un choque contra la política xenófoba del trumpismo.

 MAGA

 La referente de la extrema derecha y parte de MAGA, Laura Loomer señalo “es alarmante ver el número de izquierdistas de carrera que están siendo citados para trabajar en la administración Trump” que “tienen miradas directamente opuestas a la agenda de America First de Trump”, señalando un desvío en los criterios contra los inmigrantes planteados en campaña y de contratación de mano de obra estadounidense sin excepción. 
 Está sobre la mesa un “plan de emergencia nacional” para expulsar a 11 millones de inmigrantes irregulares o sin papeles al comienzo del gobierno, una deportación que, aseguran, requerirá un reforzamiento histórico en la represión interna del país que podría incluir a las Fuerzas Armadas y la construcción de campos de concentración. “El primer día lanzaré el mayor programa de deportación de criminales en la historia de Estados Unidos”, afirmó Trump post elección, prometiendo nuevamente terminar el muro en la frontera con México. Económicamente los migrantes sin papeles, latinos y de todo el mundo, en EE.UU. son la base del trabajo con salarios de pobreza en rubros como la construcción, el trabajo en casa particular y la limpieza.
 Loomer abrió el juego a que todo el entorno se sume a un debate abierto, donde la derecha se agrupó alrededor de sus opiniones, extendiendo las divergencias hacia otros nuevos asesores dueños de empresas de tecnología como David Sacks, que trabajará en un nuevo marco legal para las cryptomonedas. Musk, de origen sudafricano, que se posicionó a favor de contratar a expertos extranjeros, profundizó en la Red X: “todo se resume a esto ¿querés que América gane o que América pierda? Si fuerzas a que el mejor talento del mundo juegue para el otro bando, América va a perder”.
 Hoy la derecha antimigrantes se siente desplazada del entorno presidencial por los tecnológicos. “Los ejecutivos de las Big Tech manejan las cosas ahora” apuntó Loomer y amenazó “un día un roce malo entre ellos y Trump escalará, la explosión entre MAGA y los tech-bros será gloriosa”. Este cisma entre los diferentes aliados del nuevo gobierno despierta en la prensa yanqui dudas respecto a como logrará Donald Trump que coexistan. 
 Lo cierto es que los dueños de las tecnológicas, que históricamente tuvieron con Trump rechazos y desencuentros, pasaron a ser importantes aportistas de campaña y habitués en las cenas de su finca en Mar-a-Lago. El propio Trump se colocó del lado de las visas de privilegio, a través de una entrevista en el New York Post, donde explicó que siempre las usó para aquellos trabajadores capacitados en sus propias empresas y que le gusta el mecanismo: “tengo muchas visas H-1B en mis propiedades”.

 Musk 

Esto vuelve a poner el foco en Musk, que estará a cargo de DOGE, una oficina de recorte del gasto del Estado, que cada vez más toma el rol de orientador y confidente de Trump. Algunos medios caracterizan esta etapa de Elon Musk directamente de “chearleader” (porrista usado de manera peyorativa) del magnate inmobiliario.
 Ante las críticas crecientes a su posición, Musk ensayó una explicación en términos deportivos: “Me estoy refiriendo a que traer a través de la migración legal el 0.1 o menos de ingenieros en el tope de talento es esencial para que America siga ganando” y lo relacionó con los equipos de básquet de la NBA que compran jugadores extranjeros para ganar la liga con equipos con plantel mayoritariamente de jugadores norteamericanos. 
 Más allá de toda esta puja, las visas de privilegio del programa del H-1B han sido claves para el desarrollo de Silicon Valley y son las que dan sostenibilidad al sector. El gobierno de Estados Unidos permite unos 85.000 de esas al año. Incluso aquellas que fueron denegadas durante la anterior administración Trump fueron luego llevadas a la Corte que declaró ilegal la negativa del gobierno. Especialistas en migración de corte derechista se quejan de que es demasiado laxa, ya que no tiene límites sobre de que países pueden provenir los migrantes y que además no tienen que necesariamente trabajar en las dependencias extranjeras de la empresa que pide la visa, levantando preocupación sobre los migrantes chinos irregulares y su filiación política. 

 Leonardo Perna
 02/01/2025

jueves, 2 de enero de 2025

No glorifiquemos a Jimmy Carter


Una vez fuera de su cargo [de presidente de EE.UU.], Jimmy Carter tuvo el valor de denunciar la “abominable opresión y persecución” y la “estricta segregación” del pueblo palestino en Cisjordania y Gaza en su libro de 2006 “Palestina: Paz, no apartheid”. 

 Dedicó su tiempo a supervisar elecciones, entre ellas hizo una polémica defensa de la elección de Hugo Chávez en Venezuela en 2006, y a defender los derechos humanos por todo el planeta. Arremetió contra el proceso político estadounidense, calificándolo de ser una “oligarquía” en la que el “soborno político ilimitado” crea “una subversión completa de nuestro sistema político como pago a los grandes contribuyentes”.
 Pero los años de Carter como expresidente no deben ocultar su tenaz servicio al imperio, su afición a fomentar desastrosas guerras por delegación, su traición a los palestinos, su adopción de nefastas políticas neoliberales y su servilismo a las grandes empresas cuando era presidente. 
 Carter desempeñó un significativo papel en el desmantelamiento de las leyes del New Deal con la desregulación de las grandes industrias, incluyendo las aerolíneas, la banca, el transporte por carretera, las telecomunicaciones, el gas natural y los ferrocarriles. Puso a Paul Vocker a cargo de la Reserva Federal, quien, en un intento por combatir la inflación, subió las tasas de interés y llevó a EE.UU. a la mayor recesión desde la Gran Depresión, lo que dio inicio a un periodo de austeridad y rigurosos recortes. Carter es el padrino del expolio conocido como neoliberalismo, un saqueo que su compañero, el demócrata Bill Clinton, pondría en modo turbo. 
 Carter cayó bajo la desastrosa influencia de su asesor de seguridad nacional, Zbigniew Brzezinski, un polaco exiliado que objetaba la confianza de Nixon y Kissinger en la distensión con la Unión Soviética. La misión vital de Brzezinski, que veía el mundo en blanco y negro, era enfrentarse a la Unión Soviética y destruirla, al igual que a cualquier gobierno o movimiento que considerara bajo influencia comunista o simpatizante de ésta. 
 Bajo la influencia de Brzezinski, Carter abandonó las Conversaciones sobre Limitación de Armas Estratégicas (Acuerdo SALT II) con la Unión Soviética, que pretendía frenar el despliegue de armas nucleares. Aumentó el gasto militar. Envió ayuda militar al gobierno indonesio del Nuevo Orden durante la invasión y ocupación indonesia de Timor Oriental, que muchos han calificado de genocidio. Apoyó, junto con el Estado sudafricano del apartheid, al sanguinario grupo contrarrevolucionario Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA), dirigido por Jonas Savimbi. Proporcionó ayuda al brutal dictador zaireño Mobutu Sese Seko. Apoyó a los Jemeres Rojos. 
 Dio instrucciones a la CIA para apoyar a los grupos y partidos políticos opositores que intentaban derribar al gobierno sandinista de Nicaragua cuando tomó el poder en 1979, lo que posteriormente, con la Administración Reagan, dio lugar a la formación de los Contras y a una insurrección sangrienta e insensata respaldada por EE.UU. Proporcionó ayuda militar a la dictadura de El Salvador, ignorando el llamamiento del arzobispo Oscar Romero –asesinado posteriormente– a interrumpir los envíos de armas. 
 Envenenó las relaciones de EE.UU. con Irán al dar respaldo al régimen represivo del Shah Mohammad Reza Palaví hasta el último minuto y permitir luego, una vez depuesto, que buscara tratamiento médico en Nueva York, lo que desencadenó la ocupación de la embajada estadounidense en Teherán y la “crisis de los rehenes”, que se prolongó durante 444 días. La beligerancia de Carter –que congeló los activos iraníes, dejó de importar su petróleo y expulsó a 183 diplomáticos iraníes de Estados Unidos– contribuyó a la demonización de Estados Unidos por parte del ayatolá Jomeini y a sus llamamientos a un gobierno islámico. Destruyó la credibilidad de la oposición iraní laica. 
 Carter concedió al presidente filipino Ferdinand Marcos miles de millones en asistencia militar, a pesar de que gobernaba bajo la ley marcial. Armó a los muyahidines en Afganistán tras la intervención soviética en 1979, una decisión que costó a Estados Unidos 3.000 millones de dólares, supuso la muerte de un millón y medio de afganos y dio lugar al nacimiento de los talibanes y de Al Qaeda. Las consecuencias de esta política exterior de Carter han sido catastróficas. 
 Asimismo, apoyó al ejército surcoreano en 1980 cuando sitió la ciudad de Gwangju, donde los manifestantes habían formado una milicia, lo que provocó la masacre de unas 2.000 personas. 
 Por último, traicionó a los palestinos cuando en 1979 negoció un tratado de paz entre el presidente egipcio Anwar el-Sadat y el primer ministro israelí Menájem Begín, conocido como los Acuerdos de Camp David. Dicho acuerdo excluía de las conversaciones a la Organización para la Liberación de Palestina. A pesar de lo prometido a Carter, Israel nunca intentó resolver la cuestión palestina con la participación de Jordania y Egipto. No permitió el autogobierno palestino en Cisjordania y Gaza en un plazo de cinco años. No puso fin a los asentamientos israelíes, una negativa que llevó a Carter a afirmar más tarde que Begín le había mentido. Pero como el acuerdo no incluía ningún mecanismo para su aplicación, y como Carter no estaba dispuesto a desafiar al lobby israelí para imponer sanciones a Israel, los palestinos se encontraron, una vez más, impotentes y abandonados. 
 En su haber, Carter tiene haber nombrado a la activista por los derechos civiles Patricia Derian como Subsecretaria de Estado para Derechos Humanos y Asuntos Humanitarios, lo que condujo al bloqueo de préstamos y a la reducción de la ayuda a la junta militar en Argentina durante la Guerra Sucia, restricciones que la administración Reagan eliminó. El compromiso de Derian con los derechos humanos era auténtico. Apoyó al líder filipino Benigno S. Aquino Jr. y al disidente y ex presidente surcoreano Kim Dae-jung. Carter le permitió enfadar a algunos de nuestros aliados más represivos. Pero su política de derechos humanos estaba destinada principalmente a respaldar a los disidentes democráticos y a los movimientos obreros de Europa Central y Oriental, especialmente Polonia, en un esfuerzo por debilitar a la Unión Soviética.
 Carter tenía una decencia de la que carecen la mayoría de los políticos, pero da la impresión de que las cruzadas morales que emprendió una vez fuera de la presidencia fueran una forma de penitencia. Su historial como presidente es sangriento y funesto, aunque no tan sangriento y funesto como el de los presidentes que le sucedieron. Eso es lo mejor que podemos decir de él. 

 Chris Hedges | 02/01/2025 | EE.UU. 
 Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

miércoles, 1 de enero de 2025

¿’Nueva’ derecha latinoamericana?


No es sólo “pensamiento” lo que de derecha escurre desde sus iglesias añejas o recientes. No es sólo “pensamiento” de derecha lo que supura el conservadurismo de algunas sectas moralistas que reglamentan conductas sociales para defender negocios familiares. No son sólo “ideas” de derecha lo que, algunos títeres disfrazados de “políticos”, exhiben con sus artes domadoras reformistas para venderse como mercancía reaccionaria contra los cambios históricos impulsados por las organizaciones de las bases. La derecha vive una crisis intelectual y eso las lleva a la acción violenta, intervención, secuestro arrebato a punta de sangre y postergación para los pueblos. El atole ideológico de la derecha no es un cuadrilátero democrático donde se enfrentan deportivamente “opiniones distintas”. Ellos se arman hasta los dientes.
 Entre Bolsonaro, Milei, Boluarte, Lacalle, Peña, Bukele… y todos sus adláteres, se configura una nómina de derechistas, santiguados incluso por la extrema derecha española, que impúdicamente celebraron un encuentro en Madrid, con miras puestas en el negocio de las elecciones europeas. Así y todo, las nóminas con los apellidos son insuficientes para explicar la dimensión de la amenaza que implica la desnutrición intelectual de la derecha y sus instintos mercantiles violentos como etapa tóxica en que se encuentra el capitalismo, con sus crisis y contradicciones internas, con sus desesperaciones y odios, con sus ambiciones y codicias. Por ejemplo, algunos líderes de izquierdas, que no dejan de defender al capitalismo, advierten para su país (y acaso para toda la región) que la derecha se organiza para convertirnos en territorio consagrado al saqueo de recursos naturales o “materia prima”, con salarios aplastados y mínima expresión, con Estados achicados dedicados recaudar impuestos y orquestar represión actualizada tecnológicamente. 
 Mientras las izquierdas no logran consolidar una corriente de unidad las derechas están rentabilizando todas las formas del repudio y queja sociales. Cada palabra que articulan, en forma de campaña política o ideario “justiciero”, es una emboscada ideológica fabricada por expertos en manipulación de “malestares”. Usan en su favor las penurias sociales (de las que son realmente causantes históricos y beneficiarios mercachifles) para disfrazarse de Mesías del cambio, de “lo nuevo” y de la “salida democrática”. Contratan propagandistas de la anti política se presentan como inmaculados en el mercado de los votos (síndrome de Estocolmo electoral) como salvadores de sus propias víctimas. Guerra ideológica que disfraza de clamor popular el ideario de los verdugos. En el corazón de tal asalto una escalada neonazifascista. Inteligencia paupérrima. 
 Pero todo eso nada tiene de nuevo porque es una muy añeja tradición perversa de la democracia burguesa. Se victimizan para exorcizar sus canalladas contra los pueblos. Y por colmo, suele funcionarles bien gracias a una desmemoria lábil de raíz mediática apuntalada con entretenimiento y fútbol. Entre otras jugarretas mercantilizadas, también. No es una calamidad que sorprenda por su novedad, ni una sorpresiva maldición trágica del destino causada por fuerzas extraterrestres. Es el capitalismo que ensaya todo género de argucias para desorganizar a la clase trabajadora, deprimirla en todas sus fuerzas transformadoras y desfigurar las tesis históricas emancipadoras, convirtiéndolas en espasmos libertarios y eructos de falsa rebeldía tramposa. 
 Su negocio es lucrar con el escepticismo, y la decepción, aprovechando la desigualdad bochornosa que abofetea con sueldos miserables y jornadas laborales esclavistas. Infraestructuras abandonadas, fallas de energía eléctrica, abastecimiento irregular del agua, educación maltratada, salud lenta y cara… Mientras, la derecha secuestra la economía y se enriquece hasta la obscenidad, y se ofrece como el único futuro posible, con poder de dinero como única respuesta razonable. Imponen la idea de que ellos pueden “limpiar” la política y que todo concepto de pueblo organizado es sinónimo de fracaso. Que el mejor plan es confiar en los empresarios, porque sólo así hay posibilidades de riqueza y bienestar que algún día escurrirán hacia abajo. Los paladines de la corrupción burguesa se ofrecen como personas impolutas apasionadas por la honradez. 
 Tienen por ejes semánticos los dolores sociales más hondos que ellos mismos han propinado a los pueblos. No tienen vergüenza en denunciar la inflación, que es unos de sus grandes negocios. No les ruboriza hablar de la pobreza fabricada por ellos mismos para enriquecerse. No les tiembla el pulso para desplegar su política con banderas de antipolítica contra la corrupción, que ellos mismos han permitido en la democracia falaz de sus sectas privilegiadas. Dicen amar a los pueblos, a la patria y a la República, mientras desgarran sus vestiduras empresariales con palabrerío dogmático y fanático. Sueñan con seducir a la juventud con disfraces de rebeldía, secretamente diseñados para que los jefes no se asusten. El plan es blandir el malestar social con engaños demagógicos para legitimar sus placeres de represión contra sus votantes.
 Mientras, algunas “izquierdas”, que no le tocan un pelo al capitalismo, no trabajan por la unidad del proletariado, tal como lo recomendó Marx en el último renglón del Manifiesto. Eso podría frenarse inmediatamente si las fuerzas sociales emancipadoras se unieran para modificar y controlar toda instancia jurídico-política de los procesos electorales. Arrebatarle a la burguesía los controles tramposos que ha ideado contra la voluntad democrática de los pueblos. Y no contentarse con eso. Revisar hasta el tuétano la propiedad privada. La guerra ideológica burguesa no es otra cosa que el despliegue de ataques para garantizarse dominio eterno en la relación capital-trabajo. 
 Nada nuevo. Y por eso más irritante. En el circo electoral pagado por las oligarquías, brillan hoy peleles entrenados para atraer adeptos, o adictos, a la cultura del show, con cualquier payasada efectista: cortes de pelo o ausencia de ellos; vociferaciones o susurros; altanerias o palabrerío a destajo… como si eso fuese garantía de ideas claras o de consensos verificados. Circo con muchas pistas, operando en simultáneo sobre la confusión y con “fake news”, cada día más espectaculares, publicitadas a destajo con todos los altavoces monopólicos disfrazados como medios de comunicación que son, en realidad, armas de guerra ideológica. La libertad de mercado disfrazada como libertad de expresión. Con odio e ignorancia pueden ganar elecciones. La mentira de unos cuantos como verdad de todos. Eso no es poco peligro.

 Fernando Buen Abad Domínguez, filósofo, semiólogo y científico mexicano (CDMX 1956) Licenciado en Ciencias de la Comunicación. Máster en Filosofía Política. Doctor en Filosofía. Es Rector Internacional de la Universidad Internacional de las Comunicaciones y Fundador del Proyecto Universidad de la Filosofía.