sábado, 14 de mayo de 2022

Golpe a Johnson en las elecciones locales en el Reino Unido


Los conservadores perdieron la elección 

Las recientes elecciones municipales en el Reino Unido marcaron un retroceso del Partido Conservador del primer ministro Boris Johnson. Perdió cerca de 300 bancas y fue derrotado en Londres, incluyendo tres barrios que los tories dominaron históricamente.
 Si bien en los comicios pesan las cuestiones locales, hay una razón de orden nacional insoslayable que explica la derrota de los conservadores: el alza inflacionaria de los últimos meses (la mayor desde comienzos de los ’90) y el deterioro de los ingresos de la población trabajadora. Además, la imagen de Johnson ha caído a raíz de los escándalos por la violación de los protocolos del Covid que envolvieron tanto al primer ministro como a sus principales funcionarios. 
 El laborismo ha sumado algunas decenas de bancas, pero no se recupera aún del hundimiento político de las parlamentarias de 2019, cuando salió perdidoso en sus bastiones del centro y norte proletario de Inglaterra e hizo una de sus peores elecciones históricas. El líder del partido, Keir Starmer (quien desplazó del cargo a Jeremy Corbyn), se consuela señalando que “salimos del foso”. Mientras tanto, insiste en llevar el Labour aún más a la derecha (amenaza con expulsar a cualquier diputado que cuestione el rol de la Otan), pese a que es la agenda ajustadora y neoliberal implementada por los laboristas durante su paso por el gobierno la que en gran medida llevó a la debacle del partido. 
 Quienes han tenido más éxito en canalizar el fracaso conservador son los liberal-demócratas y los verdes, que tuvieron un crecimiento significativo. 

 Ulster 

Con todo, el hecho político más importante de la elección se dio en Irlanda del Norte, donde se elegían los 90 escaños de la asamblea territorial. El Sinn Fein, una fuerza surgida de lo que fue el IRA -la formación armada partidaria de la reunificación de Irlanda- ganó por primera vez en la historia las elecciones, al sumar 27 escaños, contra los 25 del Partido Unionista Democrático (DUP en inglés), una fuerza conservadora, protestante y partidaria de la permanencia en el Reino Unido. 
 Aunque es un dato significativo que un partido que proviene del bando proclive a la reunificación venza en los comicios, el Sinn Fein no centró -según los medios- su campaña en el problema de la independencia sino en una crítica del deterioro social. El DUP, en tanto, perdió parte de su caudal a manos de un partido unionista más recalcitrante, el Voz Unionista Tradicional (TUV).
 De cualquier manera, el DUP y el Sinn Fein vienen cogobernando el territorio desde los acuerdos de Viernes Santo de 1998 que pusieron fin al conflicto armado. En función de ese pacto, el primer ministro pertenece al partido ganador y el vice al otro. Las decisiones están sometidas a un veto recíproco. La jefa política del Sinn Fein ha prometido que no habrá cambios bruscos y privilegiará un gobierno de unidad, que es también lo que reclama con ansiedad Londres. 
 El problema es que es el DUP quien amenaza con no sumarse al nuevo Ejecutivo, como parte de una política de presión hacia Johnson para que negocie cambios en el Protocolo sobre Irlanda del Norte acordado en el marco del Brexit. 
 En ocasión de la salida del Reino Unido de la Unión Europea, se estableció un protocolo para evitar el resurgimiento de una “frontera dura” entre las dos Irlandas que reactivara los planteos de reunificación de la isla. A tal efecto, se establecieron los controles aduaneros entre Irlanda del Norte y Gran Bretaña. 
 Sin embargo, esto desató el malestar del DUP y los unionistas, que entendieron que Irlanda del Norte quedaba separada de hecho del resto del Reino Unido. Hubo ataques en los puertos y un boicot a la instrumentación de los controles aduaneros. Bandas unionistas salieron a las calles y hubo incidentes. Además, los controles aduaneros y normas fitosanitarias de la UE llevaron a que muchas mercancías dejaran de circular entre los dos territorios, provocando escasez de algunos de ellos y desabastecimiento.
 Por eso, se puede decir que el protocolo pensado para evitar un renacimiento del conflicto en Irlanda terminó precipitándolo. 
 La crisis se ha trasladado al plano continental. Actualmente, Londres y la Unión Europea protagonizan una agria controversia sobre el protocolo. Johnson exige su reformulación. La UE se muestra dispuesta a aflojar los controles aduaneros, pero no hay acuerdo sobre la jurisdicción del Tribunal de Justicia Europeo, que Bruselas reivindica para Irlanda del Norte y Londres rechaza. Johnson amenaza con recurrir a un artículo que llevaría el asunto a fojas cero. El Brexit sigue dando que hablar aún después de consumado.
 La crisis capitalista (inflación y tendencias a la desaceleración económica, cuando la economía británica aún no regresó a los niveles previos a la pandemia) y las tendencias disgregadoras que recorren el Reino (Irlanda del Norte y Escocia) son los condimentos de una crisis histórica en el Reino Unido y muestran los límites de la tentativa nacionalista de Johnson. 
 Ni la Unión Europea ni el Brexit son un camino para las masas del Reino Unido. Es necesaria una salida de los trabajadores. Defendemos la perspectiva de una reunificación socialista de Irlanda, en el marco de una federación de pueblos socialistas de Europa. 

 Gustavo Montenegro

Uruguay, el país real que se trata de ocultar, pero se sufre a diario

Inflación, encarecimiento de la vida y pérdida de poder de compra de trabajadores y jubilados caracterizan el panorama económico y social de Uruguay, que sufre un gobierno de derechas que tienen una solo guión: la culpa de todo la tienen los tres gobiernos anteriores de la centroizquierda frenteamplista.
 Pero la realidad muestra que hacía mucho tiempo que el país no sufría una crisis como la que se vive, en materia seguridad, de libertad de prensa, de salarios, de pobreza, de previsión social: la situación no da para más y las medidas impulsadas por el poder Ejecutivo son apenas parches que pretenden aliviar un contexto como si fuera coyuntural. Un país donde miles de personas en todo el país sólo tienen posibilidades de acceder a un plato de comida en las ollas populares solidarias.
 El Instituto Nacional de Estadística informó de un acumulado en 12 meses (a marzo) del 9,38 por ciento del Índice de Precios al Consumo, más de dos puntos por encima del techo fijado por el Banco Central. Añadió que en 2021 el 10,6 por ciento de la población se encontró por debajo del nivel de pobreza y los valores más elevados se registraron entre los niños de seis a 12 años de edad con 19,4 por ciento y de cero a seis años con 18,6. 
 En los primeros cuatro meses del año se observó una caída en el consumo de 4% y un aumento de 6% en la facturación. Abril cerró con una fuerte caída en el volumen de ventas (-7%) y un elevado incremento en el precio promedio (+13,5%)”. El informe de consumo de Scanntech confirma que las variaciones en las distintas zonas del país muestran una caída generalizada en lo que va del año, con valores negativos en todas las regiones. 
 Desviando la atención de la crisis y de los problemas acuciantes de los ciudadanos, los medios hegemónicos se preocuparon prioritariamente de la separación del presidente Lacalle Pou y su esposa Loly Ponce de León y su eventual incidencia en el gobierno. No faltaron las bromas sobre que ni ella lo soportó más. 

 La inseguridad de cada día 

 Los homicidios están aumentando desde hace meses en Uruguay y causa alarma en la población, aunque el gobierno de la coalición de derecha encabezado por Luis Lacalle señale reiteradamente la caída del índice de violencia n el país. Es más, en una encuesta de la Usina de Percepción Ciudadana, 83% de las personas consultadas opinó que la inseguridad ha aumentado o sigue igual. Heber tiene un saldo negativo de -19% por su gestión. 
 El ministro del Interior, Luis Alberto Heber, afirmó que la causa del problema es el aumento de la violencia en los enfrentamientos entre bandas de narcotraficantes, y anunció que tenía un plan para hacerle frente a la situación. 
 Heber atribuyó el alza de homicidios a escasez de oferta de droga por cierre de bocas. «Mayores vacantes, más vehículos para el despliegue policial y alguna fiscalía más en materia de drogas, fue la fórmula que planteó Heber para hacerle frente al aumento de los homicidios 
 Lo novedoso es que el actual gobierno de derecha reconoce que los conflictos entre organizaciones delictivas son una causa importante de que haya más violencia. Cuando el exministro frenteamplista Eduardo Bonomi lo decía, los entonces opositores (hoy en el gobierno) solían opinar que se trataba de una excusa inaceptable.
 No se debe olvidar que la cuestión de la seguridad pública fue priorizada en las campañas de los mayores partidos que hoy integran el gobierno, y sus promesas se centraron en el aumento del patrullaje en las calles, que obviamente no es el mejor modo de afrontar las causas del problema señaladas por Heber. 
 La seguridad depende en importante medida de la prevención, y esta no consiste apenas en vigilar los espacios públicos. Para algunos tipos de delito, multiplicar esa vigilancia sirve de poco: así sucede, por ejemplo, con la violencia doméstica, y también con los enfrentamientos entre personas asociadas para cometer delitos. Hay que actuar antes, como sucede en otros tipos de problema, advierte Marcelo Pereira en Ladiaria. 

 Libertad de prensa 

 Causó revuelo en Uruguay la presentación del (pretencioso) ranking mundial de libertad de prensa que elabora la organización no gubernamental Reporteros sin Fronteras: en relación con el del año pasado, la ubicación de Uruguay cayó del lugar 18 al 44, y de inmediato comenzaron discusiones políticas al respecto. 
 La ONG señaló que ahora se tienen en cuenta nuevos indicadores, como las dificultades para crear un medio de comunicación, el favoritismo en las subvenciones públicas, la influencia de los anunciantes y las presiones económicas vinculadas a los propietarios de los medios, cuando estos defienden sus intereses de negocio, lo que empeoró la calificación de Uruguay. 
 Si se acepta que el buen periodismo es necesario para aumentar la calidad de la democracia, la responsabilidad de hacerlo posible es de los uruguayos y no depende del informe de una ONG europea. 
 Obviamente, la independencia económica es un requisito para que la independencia periodística resulte viable. Asimismo, el informe alerta factores como la dificultad de acceso a la información, procesos judiciales e intimidaciones a periodistas de investigación, sobre todo por parte de actores políticos.
 En lo referido a la libertad de prensa lo que más importa es que la sociedad sea capaz de analizar su situación, establecer metas, identificar dificultades y desarrollar políticas de Estado para avanzar. Cuando estas se limitan a la tontería superficial de que “la mejor ley de prensa es la que no existe”, el resultado sólo puede ser, como en cualquier otro terreno, contribuir por omisión a que se perpetúen las desigualdades y las dominaciones, señala Marcelo Pereira. 

 La riqueza y la previsión social 

 Es perturbador que, mientras la riqueza crece y los poderosos son cada vez más ricos, el gobierno plantee que la mayoría de las personas deben trabajar más años o recibir ingresos menores cuando ya no puedan trabajar. El financiamiento de retiros dignos con un mayor aporte de quienes más tienen enfrenta poderosas resistencias, y la ciudadanía suele estar poco dispuesta a que le impongan condiciones más duras. 
 El actual oficialismo –la coalición de derechas- reconoce que hay que reformar el sistema previsional, pero hay diferencias de enfoque entre sus integrantes, y el acuerdo preelectoral al respecto de la llamada “coalición multicolor” fue vago. El gobierno trabaja desde hace meses en la redacción de un proyecto, al que el presidente Luis Lacalle ubicó entre las prioridades inmediatas tras el referéndum, pero el panorama es complicado. 
 La perspectiva de que el centroizquierdista Frente Amplio (FA) no lo vote en el Congreso, llevó a que legisladores oficialistas declararan que, si la oposición no va a asumir la responsabilidad de aprobar normas impopulares, se podría dejar el asunto sin resolver, quizá a la espera de un próximo gobierno frenteamplista. 
 Sin duda es una manera de razonar llamativa, que quizá pueda tener algún impacto propagandístico (la culpa de todo la tienen los gres gobiernos anteriores del Frente Amplio, es la reiterada excusa del gobierno), aun sin entrar en consideraciones éticas. 
 La Constitución establece que sólo el Ejecutivo puede enviar al Parlamento proyectos sobre el asunto, y parece no tener sentido pedirle al FA que, antes de que haya uno, lo apoye o proponga una alternativa. 
 Pero volviendo a lo importante para la prensa (la separación del presidente y su esposa), es un asunto privado y no incide en el gobierno según el 47 por ciento de los encuestados, mientras que el 36 por ciento señala que sí incide, porque ella cumple tareas en el gobierno, El resto respondió a la encuesta de Caras y Caretas que no lo molestaran con nimiedades. 

 Luvis Hochimín Pareja. Periodista uruguayo, analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)

jueves, 12 de mayo de 2022

El asesinato de Abu Aqla, otro crimen de guerra del sionismo


El pueblo palestino y todo el mundo árabe está conmocionado por el asesinato a sangre fría de la periodista Shirin Abu Aqla a manos de tropas israelíes. 
 Abu Aqla era corresponsal de la cadena qatarí Al Jazeera y se encontraba cubriendo las operaciones militares israelíes en el campo de refugiados de Jenin, al norte de Cisjordania. Sus reportajes y coberturas la habían hecho muy popular. Su asesinato a sangre fría fue un shock internacional. Miles de palestinos acompañaron sus funerales. 
 La autoría del crimen fue confirmada por otro periodista, Ali Al Samudi, del periódico palestino Al Quds, quien se encontraba con ella y fue herido de bala en la espalda durante el ataque. Al Samudi dijo que ambos llevaban cascos y chalecos antibalas claramente identificados como prensa, a pesar de lo cual las fuerzas israelíes abrieron fuego. “No nos pidieron irnos ni nos dijeron que paráramos de grabar. Nos dispararon. Una bala me dio a mí y otra a Shireen, la mataron a sangre fría”, dijo (El Independiente, 11/5). Negó asimismo que hubiera fuego palestino cuando se produjo el asesinato. 
 El gobierno sionista, sin embargo, en primera instancia le atribuyó la muerte de Abu Aqla a “palestinos armados” que abrieron fuego contra sus soldados. Montó todo un relato que se fue derrumbando a medida que surgían nuevas pruebas y testimonios. Finalmente, solicitó a los funcionarios de la Autoridad Palestina que le entregaran la bala extraída del cuerpo de la corresponsal para examinarla, tras admitir la posibilidad de que hubiera sido disparada por sus propios soldados. La petición fue rechazada por el gobierno palestino, que plantea una “investigación independiente”. En la misma línea se pronunciaron funcionarios estadounidenses y europeos, que consideraron la muerte de Abu Aqla como un atentado contra la libertad de prensa, pero sin condenar a Israel por su responsabilidad.
 Abu Aqla, muerta a los 51 años, había nacido en Jerusalén y tenía doble nacionalidad palestina-estadounidense. Trabajaba en Al Jazeera desde 1997 y había comenzado a cubrir el “conflicto” palestino israelí desde la Segunda Intifada. 
 Las tropas israelíes intentaban llevar a cabo una razzia en el campo de refugiados de Jenin en busca de presuntos "terroristas", luego de que una reciente ola de ataques en las calles de Israel y en la llamada Ribera Occidental dejara un saldo de 17 israelíes y 2 ucranianos muertos, según la cadena BBC (12/5). Al menos 26 palestinos fueron asesinados a manos de los soldados sionistas desde que comenzaron las operaciones de represalia. 

 Jacyn 
 12/05/2022

miércoles, 11 de mayo de 2022

De la Segunda Guerra Mundial a la actual


La celebración del Día de la Victoria, en el aniversario de la capitulación de Alemania, en 1945, ante el Ejército Rojo, no confirmó ninguna de las suposiciones que hizo con anticipación la prensa internacional que suscribe políticamente a la OTAN. Básicamente, Putin no produjo una declaración formal de guerra contra Ucrania, lo cual lo habría autorizado a poner en estado de guerra a todo el país, ni ofreció tampoco una salida negociada o una suspensión de las hostilidades. A la defensiva, Putin planteó que “la derrota es inaceptable” –una advertencia de que recurriría, en última instancia, al uso de armas nucleares. El discurso se limitó a justificar el propósito de ocupar Ucrania o incluso anexarla, al comparar la guerra actual con la expulsión de los ejércitos nazis de Ucrania en 1943/4 por las tropas de la Unión Soviética.
 Interesadamente, sin embargo, omitió que la "re-incorporación" de Ucrania a la URSS y la dominación que impuso ulteriormente en Europa del este había sido acordada con Estados Unidos y Gran Bretaña en tres conferencias internacionales –Teherán, Postdam y Yalta; lo contrario de lo que ocurre en la actualidad. A cambio de ese reparto de territorios, Joseph Stalin comprometió a los partidos comunistas a estrangular la revolución en ascenso en Yugoslavia, Francia, Italia, Grecia y China, y a compartir con las potencias imperialistas “aliadas” la ocupación de Alemania. Los partidos comunistas de Yugoslavia y China no acompañaron, sin embargo, ese libreto, en cuanto a sus propios países, donde tomaron el poder político por vía revolucionaria; lo harían después, Yugoslavia en 1948/50 y China en 1974, en forma "independiente". La destrucción del nazismo fue acompañada por la supresión de un movimiento obrero independiente en los países ocupados. El mismo stalinismo, ya en abierta descomposición, pactó la transferencia de Europa del este a las potencias imperialistas a mediados de la década del 80 del siglo pasado, seguida por la disolución de la propia URSS. Putin pertenece a los aparatos de seguridad del Estado que aseguraron el "éxito" de esa catástrofe histórica. Sobre la complicidad del aparato político actual con la destrucción de la URSS, no dijo una palabra. 

 OTAN: “la guerra contra Rusia” 

En el terreno de la guerra, las cosas se han agravado considerablemente. La provisión de armamento sofisticado, por parte de la OTAN, a las fuerzas armadas de Ucrania y a las “unidades territoriales”, como se llama oficialmente a las milicias fascistas ucranianas que colaboran con ellas, ha crecido considerablemente en cantidad y calidad. Ha convertido a la OTAN en parte beligerante para el derecho internacional, y potencial objetivo militar, por lo tanto, para Rusia. El Congreso norteamericano ha votado una partida de 33 mil millones de dólares para asistir a Ucrania con armamento moderno, la mitad de la totalidad del presupuesto militar ruso. Gabriel Tokatlian, especialista internacional de la Universidad Di Tella, sostiene que “la guerra por encargo (que libra EEUU en Ucrania) es una guerra contra Rusia” (Clarín, 4/5). Para una infinidad de izquierdistas, sin embargo, esta guerra internacional contra Rusia constituye, exclusiva o esencialmente, una guerra de liberación nacional contra una potencia opresora. 
 El reemplazo, por parte de Ucrania, del armamento heredado de la Unión Soviética por este nuevo armamento, significa, a todos los fines prácticos y jurídicos, una integración militar de facto de Ucrania a la OTAN. El frenesí de esta provisión de armamento llega al punto de que el uso del misil personal Javelin supera la tasa de reemplazo en los arsenales norteamericanos. Las fuerzas armadas ucranianas se han reestructurado en función del estándar tecnológico y operacional de la OTAN, y el consiguiente reentrenamiento del personal militar. Estados Unidos, Alemania y Polonia han desarrollado, dentro y fuera de Ucrania, incluso en Alemania, campos de entrenamiento para los soldados y milicianos ucranianos que abarca todo este espectro estratégico. La OTAN, por lo tanto, ha alcanzado, en esta guerra, su principal objetivo estratégico. Las promesas de Zelensky, el presidente de Ucrania, o del francés Macron y el alemán Scholz, de que Ucrania no adheriría a la OTAN, al menos por algunas décadas, ya han superado el etiquetado de vencimiento. La asistencia para Ucrania votada por el Congreso norteamericano ha sido comparada con el sistema de Préstamo y Arriendo que financió a Gran Bretaña durante los primeros años de la Segunda Guerra, que ya tenía un carácter mundial. La adhesión inminente de Suecia y Finlandia a la OTAN, en las fronteras de Rusia, desenmascara, sin atenuantes, las intenciones del imperialismo acerca del futuro histórico de Ucrania.

 Una “guerra nuclear” 

Este despliegue fenomenal apunta, como lo señalan documentos públicos del Pentágono, a un objetivo secuencial. Primero, recuperar todo el territorio ocupado por Rusia, segundo, "neutralizar", o sea liquidar por un largo período, la capacidad militar del estado ruso. El objetivo estratégico de la guerra es, entonces, producir un “cambio de régimen” en Rusia. Como lo admiten numerosos observadores, esta estrategia implica una perspectiva de guerra nuclear –una guerra a todo o nada entre potencias nucleares. Un ex subsecretario del ministerio de Marina de EEUU, Seth Cropsey, ha planteado en The Wall Street Journal (27/4), repetidamente citado con posterioridad, que lleva por título “Estados Unidos debe mostrar que puede ganar una guerra nuclear”. Allí plantea que “La realidad es que a menos que EEUU se prepare para ganar una guerra nuclear, corre el riesgo de perderla”. Para eso propone incorporar de inmediato armamento nuclear a los barcos de guerra de superficie, con el propósito aniquilar en forma preventiva a aquellos submarinos nucleares de Rusia que están encargados de responder a un golpe nuclear. 
 Putin, por su lado, ha reiterado que tiene en la agenda la posibilidad de una guerra nuclear para el caso de que Rusia se vea enfrentada a una “amenaza existencial”, o sea a “una derrota inaceptable”. En un par de operaciones militares, el ejército de Rusia ha atacado con misiles supersónicos de largo alcance, que fue interpretado como una amenaza “nuclear” a los países limítrofes de Ucrania. En los despachos del Pentágono y del Kremlin, el uso de bombas atómicas “tácticas” es admitido abiertamente. “Funcionarios civiles y militares”, informa Financial Times (28/4), “han participado de juegos de guerra donde el uso armas nucleares tácticas de bajo rendimiento, escala en numerosas ocasiones a intercambios nucleares estratégicos”. Rusia, por su lado, ha advertido que la OTAN está a punto de introducir armas nucleares en el este de Europa, en referencia al sistema misil de defensa AEGIS-Ashorw, que serviría para instalar el misil para lanzar Tomahawk, que lleva cabezas nucleares W-80. Como se ve, los dos bloques en guerra contemplan, sin miramientos humanitarios, la eventualidad de una guerra nuclear. 

 Rivalidad ‘inter-imperialista’ 

La Unión Europea desempeña un papel creciente en esta guerra. Luego de un pseudo intento de evitar la guerra, se ha lanzado a ella con vigor, sin por eso dejar de lado las divergencias con Estados Unidos. Alemania ha desplegado más tropas en el este después de EEUU, desde hace décadas. Ha triplicado, en un par de horas, su presupuesto militar, mientras envía armamento a Ucrania desde los países del Báltico y Eslovaquia, principalmente; hay 30 países que están entregando armas a Ucrania (Asia Times, 8/5). Ahora Alemania lo hace desde su propio territorio, aportando el Guepard, el tanque más sofisticado que hay en el stock de las principales potencias. Ha enviado asimismo la artillería autopropulsada, que siembra devastación en un radio de diez kilómetros y no compromete la vida de quienes la disparan. El mundo asiste, nada menos, que al “rearme alemán”. El imperialismo europeo cree ver en la guerra actual la oportunidad de desarrollar una fuerza militar independiente de Estados Unidos, en este caso para "competir" estratégicamente por los beneficios de una derrota de Rusia a manos de la OTAN. El planteo abre una crisis profunda en el bloque imperialista, porque EEUU pretende aprovechar la guerra para monopolizar la dependencia estructural del gas y del petróleo que tiene Europa. El "teórico" de la fuerza militar independiente que debería estrenar la guerra actual, es el francés Macron, quien por estas horas ha ventilado otra "idea" de su cosecha: la formación de una Comunidad Política de Estados Europeos, distinta de la Unión Europea, que reintegraría a Gran Bretaña y sus aliados pero por sobre todo a Ucrania, sin necesidad de recurrir a una adhesión a la OTAN. El bocado de cardenal de esta Comunidad sería la absorción de Rusia en ella, una vez conseguido “el cambio de régimen” que aboga Biden. Es una carnada que el imperialismo europeo ofrece al militarismo y los servicios de seguridad de Rusia – les promete "un lugar" en Europa, en contraste con el ostracismo al que los condenaría Putin. 
 Un sector decisivo de la burguesía de Alemania que no se deja seducir por estas veleidades geopolíticas, reclama, de su lado, un acuerdo de cese del fuego y una negociación política entre Rusia y Ucrania. Lo acaba de plantear en forma pública y apremiante el directorio de la automotriz VW. Denuncia que, de lo contrario, el desarrollo de su rama de autos eléctricos será aplastado por Tesla, la empresa de Elon Musk, que la viene superando en el mercado internacional. VW y el capital alemán han tercerizado su actividad en gran escala en Europa del este, y la automotriz depende de Ucrania para el abastecimiento de mazos de cables para sus automotores. Planteos similares han hecho la industria química en su conjunto y la Confederación de la Industria. El embargo a la importación del gas ruso podría llevar a la quiebra a la burguesía germana. 
 La crisis “inter-imperialista” entre EEUU, de un lado, y las potencias de la UE, del otro, se ha manifestado en forma rotunda en la decisión de las gasíferas Uniper, de Alemania, y OMV, de Austria, de aceptar el pago en rublos de las importaciones de gas desde Rusia, a partir del corte del suministro a Polonia y Bulgaria, que se han negado a hacerlo. Hungría y Eslovaquia ya han acordado esa forma de pago y la italiana ENI lo está evaluando. Se trata de una brecha importante en el mecanismo de guerra de la OTAN, porque habilita a Rusia a desarrollar su comercio exterior sin recurrir al dólar. Es lo que le permite mantener las puertas abiertas con numerosos países, en especial China e India. En el imaginario de Putin, esta brecha le permitiría financiar una guerra de desgaste en el terreno. Pero China no puede acompañar a Rusia mucho tiempo por este camino, debido a su entrelazamiento financiero y comercial con Estados Unidos y Europa, que además afectaría su proyecto de inversiones –la Ruta de la Seda. La posibilidad de un bloque geopolítico del Asia Central, como insinúan las inversiones en infraestructura entre China y Rusia, enfrenta obstáculos insuperables. La guerra de la OTAN contra Rusia es un aspecto de la guerra en ciernes por el control del ámbito asiático. La guerra actual se conecta a nuevos capítulos cada vez más devastadores, y no puede ser entendida sino en su conjunto. 
 Un artículo de dos macristas, en Clarín (4/5), ilustra la intención de un sector de la burguesía local de insertar a Argentina en la guerra mediante la provisión de alimentos y, potencialmente, de combustibles (Vaca Muerta) a Europa, para sustituir a Rusia. Es lo que, según el periodista Carlos Pagni, explica el viaje en curso de Alberto Fernández a Francia y Alemania. Simultáneamente, sin embargo, el brasileño Bolsonaro ha propuesto revitalizar el Brics, la alianza de Brasil, India y Sudáfrica con China y con Rusia. Quien asegure que la guerra no ha penetrado en América Latina, obviamente se hace el distraído. En este contexto, un sector del kirchnerismo acaba de lanzar la iniciativa de incorporarse al Brics. Argentina, de todos modos, no puede decidir nada en la cuestión de alimentos, cuya exportación monopolizan media docena de multinacionales, y tampoco sobre combustibles, que son explotados, mayoritariamente por compañías extranjeras. 

 La guerra prolongada

 Dadas las posiciones en litigio, ningún observador vislumbra un acuerdo de cese del fuego. Las sugerencias de Zelensky en este sentido fueron vetadas por Biden; la independencia de Ucrania no se manifiesta en los hechos. El desgaste militar y político de la invasión rusa es incuestionable. Incluso la ocupación de toda la franja costera del Mar Negro hasta Moldavia avanza con lentitud y con retrocesos, y con un número enorme de víctimas civiles y destrucciones materiales. El potencial ofensivo de Rusia está exhausto; la prolongación de la guerra acentuará este agotamiento. El propósito del ejército ruso no es conquistar políticamente a la población sino aterrorizarla, como ya lo hiciera en las guerras en el Cáucaso norte; en esto sigue la escuela del stalinismo y, antes, del zarismo. La Duma de Rusia ha votado la anexión de la región del Donbas, a la cual le atribuye un derecho a la autodeterminación en ese sentido. La izquierda rusófila ha dado su apoyo a este atropello, que, por sobre todas las cosas, divide a la clase obrera de los dos países y acentúa los enconos nacionales. Esta aparente renuncia a anexar la totalidad de Ucrania, no le evitará a Putin la prosecución de la guerra de la OTAN. Biden juega, como alternativa a una derrota militar de Rusia, a un "replay" del acoso de Reagan contra la burocracia de Gorbachov, en la década del 80 del siglo pasado, a la que obligó a capitular mediante una acentuación de la carrera armamentista. La guerra, entendida como una unidad de operaciones militares, guerra económica y ofensivas políticas, se habrá de acentuar, así como la posibilidad de escaladas en todos los frentes, incluido el nuclear. 

 Vigencia del internacionalismo socialista 

Un sector del "troskismo" democratizante acaba de escribir que propicia o desea “la derrota militar” de Rusia. Es decir que aboga por la victoria de la OTAN. El texto no aclara si incluye en esa “derrota” a una confrontación nuclear. Una mayoría de observadores coincide, sin embargo, junto con Putin, en que si el ejército ruso fuera derrotado en territorio ucraniano, existe el peligro de una represalia nuclear. Los "juegos de guerra" de la OTAN no excluyen el uso de bombas atómicas “tácticas”. El mencionado planteo "derrotista" no tiene nada que ver con el “derrotismo revolucionario”, a favor de la derrota de todas las potencias capitalistas envueltas en una guerra mundial, en este caso la OTAN. 
 Si la izquierda democratizante tuviera posiciones parlamentarias en los países de la OTAN, votarían los aumentos de presupuestos (“créditos de guerra”) de los gobiernos burgueses de todos los países, tanto de la OTAN como Rusia.
 El planteo “derrotista” contra las guerras imperialistas significa promover la confraternización entre las tropas de los estados rivales, en este caso, primordialmente, la de las rusas con las ucranianas, contra sus respectivos gobiernos imperialistas o pro-imperialistas o agentes del imperialismo, o sea, por su derrocamiento. Para eso debe existir un partido en acción, que desarrolle una agitación subversiva contra la guerra imperialista. Las guerras imperialistas no tienen, para los trabajadores, salidas militares sino políticas y revolucionarias. Una victoria de la OTAN sobre Rusia ampliaría el campo de la guerra al Asia Central en general y a China en particular. Una victoria de Rusia no sería más que un intermedio hacia otra guerra aún más letal, incluido un compromiso insostenible con la OTAN. La "lucha" de Putin contra la OTAN se realiza en función de los intereses de una oligarquía "sui generis" de carácter capitalista y parasitaria, así como de la opresión nacional y del sojuzgamiento de la clase obrera. 
 Putin no defiende el “ex espacio soviético” (Ucrania, Bielorrusia, Asia Central) contra el imperialismo y el capital financiero, entendido como un residuo intransferible de pasado "socialista". Tanto los servicios de seguridad como la oligarquía rusas han convertido a esos "espacios" en capitalistas, sin ninguna connotación soviética. No es lo mismo haber defendido, en el pasado, a los estados obreros en forma incondicional contra el imperialismo, que hacer lo mismo con quienes se han convertido, por arte de la manipulación, en “ex estados obreros”, cuando se trata de estados capitalistas.
 El lugar histórico de la guerra presente es que pone en evidencia la irremisible decadencia del capitalismo y su tendencia a guerras de destrucción incalculables, incluso por referencia a un pasado de holocausto. La catástrofe de la sociedad humana solo puede ser evitada mediante la destrucción de la dominación del capital a escala internacional. En todos los países del mundo, sin excepción, pone en la agenda política la agitación socialista y revolucionaria.

Jorge Altamira
10/05/2022

martes, 10 de mayo de 2022

Guerra en Ucrania: ¿qué está pasando?


Sri Lanka: renuncia el primer ministro y crece el repudio al gobierno


El país se encuentra convulsionado por las movilizaciones 

 El primer ministro de Sri Lanka, Mahinda Rajapaksa, presentó su renuncia este lunes tras el ataque de una banda armada del oficialismo con palos y fierros contra un campamento de la oposición en la capital, que dejó decenas de heridos. El renunciante es, junto a su hermano -el presidente Gotabaya Rajapaksa- el núcleo del poder.
 Desde hace varias semanas, la isla del Indico se encuentra convulsionada por masivas movilizaciones ante el desabastecimiento de productos de primera necesidad y una elevada inflación. La guerra entre Ucrania y Rusia terminó de precipitar una crisis para financiar las importaciones. Además, el país se vio obligado a cesar sus pagos de deuda externa.
 En medio del tenso clima social, un diputado del oficialista Sri Lanka Podujana Peramuna (SLPP) habría asesinado a un manifestante y luego se habría suicidado. En tanto, tras el brutal ataque contra el campamento, manifestantes incendiaron residencias de ministros y otros miembros del SLPP.
 La renuncia de Mahinda es un intento de descomprimir el malestar popular. Un día antes, el presidente volvió a ofrecer a las dos principales coaliciones opositoras (Samagi Jana Balawegaya -SJB- y People’s Front Liberation -JVP) la formación de un gobierno de unidad nacional. Estas han rechazado el ofrecimiento porque saben que el gobierno está en crisis y no quieren ser arrastradas con él. De hecho, en abril cuarenta diputados del oficialismo rompieron con el bloque oficial, dejándolo con una ajustada minoría parlamentaria.
 El gobierno se encuentra en plenas tratativas con el Fondo Monetario Internacional para refinanciar su deuda y conseguir fondos. Simultáneamente, explora la asistencia financiera de India y China, que junto a Japón es el principal Estado acreedor. Sri Lanka posibilitó grandes negociados al capital especulativo en la última década con la emisión de bonos de alto rendimiento. La suba de tasas por parte de la Reserva Federal norteamericana agrava la situación financiera de la isla. 
 La oposición plantea un gobierno de consenso frente a la crisis y el fin de los superpoderes presidenciales. No representa una alternativa al gobierno, ya que su perspectiva se centra también en un acuerdo con el FMI.
 El gobierno ha dictado en varias ocasiones el estado de emergencia contra las protestas y ha sacado los militares a las calles. El clan Rajapaksa tiene un historial represivo sangriento. Durante el período de Mahinda en la presidencia, miles de personas fueron asesinadas en el marco de la guerra de aniquilación contra la guerrilla independentista de los Tigres Tamiles, en el noroeste del país. 
 El 27 de abril, un paro general de 24 horas sacudió el país. Tuvo un alto acatamiento tanto en el sector público como en la industria y las plantaciones. En Colombo, miles de portuarios, ferroviarios, petroleros, bancarios, electricistas y maestros se movilizaron reclamando la renuncia del presidente. 
 Sri Lanka es uno de los eslabones débiles de la actual crisis mundial. Que viva la movilización de sus trabajadores y campesinos. 

 Gustavo Montenegro

domingo, 8 de mayo de 2022

Hoy en la Mesa Redonda: Conversando con Ignacio Ramonet


Crisis de Ucrania: Biden aviva las llamas de la guerra


En un anuncio impactante, el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov, dijo a los medios estatales rusos: “La OTAN, en esencia, está involucrada en una guerra con Rusia a través de un tercero y está armando a ese tercero”. En un tono inusualmente enojado, acusó a la OTAN de librar una guerra indirecta mediante el suministro de ayuda militar a Ucrania, justo en un momento en que los ministros de defensa occidentales se han reunido en Alemania para conversaciones organizadas por EE. UU. sobre el apoyo a Ucrania a través de lo que un general de EE.UU. denominó unas semanas “muy críticas”. 
 El principal objetivo de las conversaciones patrocinadas por Estados Unidos era coordinar la creciente asistencia de seguridad a Kiev que incluía armamento pesado, como obuses, así como drones armados y municiones. 
 “Las próximas semanas serán muy, muy críticas”, dijo Milley. “Necesitan apoyo continuo para tener éxito en el campo de batalla. Y ese es realmente el propósito de esta conferencia”. 
 Esto marcaría una intensificación significativa de la guerra en Ucrania, lo que explica la furia con la que ha sido recibido en Moscú. 
 Cuando se le preguntó sobre la importancia de evitar una tercera guerra mundial, Lavrov dijo: “No me gustaría elevar esos riesgos artificialmente. A muchos les gustaría eso. El peligro es serio, real. Y no debemos subestimarlo”. 
 Pero la camarilla de Zelenski en Kiev estaba jubilosa. El ministro de Relaciones Exteriores de Ucrania, Dimitro Kuleba, dijo que esto mostraba que Moscú había perdido su «última esperanza de asustar al mundo para que no apoyara a Ucrania». “La guerra significa guerra”, advirtió Lavrov. 

 Las nuevas armas de guerra 

En realidad, las medidas ya tomadas por los estadounidenses contra Rusia en cualquier momento del pasado habrían sido vistas como actos de guerra. La imposición de sanciones tenía la intención de paralizar la economía rusa.
 Clausewitz dijo que la guerra es sólo la continuación de la política por otros medios. Washington tiene una nueva variante de esta idea. Hoy en día, la economía es sólo una continuación de la guerra. 
 El imperialismo estadounidense ha convertido el comercio en un arma de guerra. En los buenos viejos tiempos, cuando el Imperio Británico tenía un problema, enviaba un acorazado. Hoy en día, los estadounidenses envían una carta del Departamento de Comercio. 
 Pero sus tan cacareadas sanciones no han logrado poner de rodillas a la economía rusa y no han tenido ningún efecto en los planes de guerra de Putin. 
 En la medida en que ha tenido algún efecto, ha sido empujar a la mayoría de los rusos detrás de Putin y de la guerra. Cuando se le preguntó a una joven en Moscú quién era el responsable del aumento de los precios, respondió sin dudar: “Los que impusieron las sanciones”. 
 Además, las sanciones son un arma de doble filo. Ya han causado un daño muy grave al frágil tejido del comercio mundial, interrumpiendo las cadenas de suministro, provocando la escasez de muchos productos clave y elevando los precios. 
 Naturalmente, los estadounidenses son supremamente indiferentes a la escasez de petróleo y gas en Europa. Tienen sus propios suministros nada desdeñables. Pero otros no están en la misma situación cómoda. 
 Estados Unidos está ejerciendo una fuerte presión sobre países como Alemania para que pongan fin a su dependencia del petróleo y el gas rusos. Pero a pesar de todas las afirmaciones en sentido contrario, Alemania no puede encontrar fuentes alternativas adecuadas a precios sostenibles. 
 Y, como sabemos, los principios son los principios, pero los negocios son los negocios. En cuanto a renunciar a todo uso del petróleo y el gas rusos, la respuesta de Alemania recuerda las célebres palabras de San Agustín: “Señor, hazme casto, pero aún no…”. 
 Mientras tanto, la guerra no va bien para Ucrania. Los rusos están concentrando sus fuerzas para una ofensiva total en Donbás , y Mariupol ha caído efectivamente.

 La desesperación de Zelenski 

No hace mucho, la maquinaria de propaganda imperialista insistía en que Ucrania estaba ganando la guerra en todos los frentes. Pero los hechos apuntan en otra dirección. Si Rusia gana la batalla del Donbás, sería un golpe decisivo para Ucrania. Es por eso que Zelenski exige continuamente a sus amigos en la OTAN más armas, incluidos tanques, artillería pesada e incluso aviones de combate modernos. Lo que realmente le gustaría (lo ha repetido muchas veces) es que la OTAN intervenga directamente, ya sea enviando tropas para luchar junto a su ejército, o al menos para establecer lo que se conoce como “zona de exclusión aérea” sobre Ucrania.
 El asediado presidente ucraniano está cada vez más indignado por el hecho de que sus amigos en Washington están dispuestos a luchar hasta la última gota de sangre ucraniana, sin participar en ningún combate. 
 El asediado presidente ucraniano está cada vez más indignado por el hecho de que sus amigos en Washington estén dispuestos a luchar hasta la última gota de sangre ucraniana, sin participar ellos mismos en ninguna lucha. 
 Y su frustración encuentra cada vez más una expresión pública en sus discursos, en los que repite constantemente su deseo de hablar directamente con Vladimir Putin («el único hombre que puede detener la guerra»). 
 Finalmente, Joe Biden ha decidido actuar. Está decidido a mostrar un «liderazgo fuerte», independientemente de las consecuencias. El Secretario de Defensa estadounidense, Lloyd Austin, fue enviado a Kiev, donde se reunió con el presidente ucraniano El presidente Volodymyr Zelenski y otros altos funcionarios. El lunes, hablando en Polonia, aseguró a todos que Estados Unidos quiere “que Ucrania siga siendo un país soberano, un país democrático capaz de proteger su territorio soberano”, lo cual es muy bueno. 
 Pero también dijo algo más de lo que pretendía con respecto a los verdaderos objetivos de guerra del imperialismo estadounidense, es decir: “queremos ver a Rusia debilitada hasta el punto que no pueda hacer cosas como invadir Ucrania”. 
 “El primer paso para ganar es creer que puedes ganar”, y tanto EE. UU. como Ucrania “creen que nosotros – ellos– podemos ganar, si tienen el equipamiento adecuado, el apoyo adecuado”, dijo. “Y vamos a hacer todo lo que podamos y seguiremos haciendo todo lo que podamos”. 
 Se nota con interés el desliz freudiano, inmediatamente corregido por el secretario de Defensa norteamericano. Dijo que era importante que “tanto los EE. UU. como los ucranianos crean que nosotros –ellos– podemos ganar”. 
 La palabra «nosotros» se refiere claramente a los EE. UU., mientras que los ucranianos se agregan como una ocurrencia tardía. Y no puede haber ninguna duda en cuanto a qué pensamiento prevalecía en la mente del Sr. Lloyd Austin. 

 La política cínica del imperialismo estadounidense 

Está todo muy claro. En el fondo, esta no es una guerra de Rusia y Ucrania. Es una guerra de poder entre Rusia y los Estados Unidos. Temas como la democracia, los derechos humanos y la soberanía nacional no interesan lo más mínimo a los imperialistas, salvo como puntos de propaganda barata. Pero están muy interesados ​​en prolongar la guerra, independientemente de todo el sufrimiento humano, ya que esperan que sirva para debilitar a Rusia. 
 A diferencia de los hipócritas imperialistas, la clase obrera de Occidente siente genuina simpatía por los terribles sufrimientos de millones de personas pobres en Ucrania. Donan dinero, ropa y alimentos, que no pueden pagar, para ayudar a las víctimas de la guerra. Abren sus casas y comparten lo que tienen con los refugiados sin hogar. Y esto es para mérito suyo. 
 Pero una cosa es expresar solidaridad con las víctimas de la guerra. Y otra cosa muy distinta es apoyar, directa o indirectamente, la política cínica del imperialismo, que está explotando la miseria de millones de hombres, mujeres y niños, prolongando deliberadamente el conflicto para sus propios intereses egoístas. 

 ¿Autodeterminación? 

El elemento clave en el argumento de los belicistas pacifistas es que debemos defender la soberanía de Ucrania, es decir, su derecho a la autodeterminación. Dado que esa es la excusa habitual para respaldar a Ucrania en la guerra actual, nos ocuparemos de eso primero.
 El asunto se presenta de la siguiente manera: el pueblo ucraniano tiene derecho a la libre determinación. Ucrania es un Estado soberano. Su soberanía ha sido violada por una brutal invasión lanzada por un vecino poderoso y agresivo. Por tanto, debemos ponernos del lado de la víctima frente al agresor.
 La cuestión se plantea como un simple problema en blanco y negro. Además, está respaldado por repetidas referencias a presuntos crímenes de guerra y atrocidades. 
 Pero para Marx, Engels y Lenin, la cuestión nacional nunca fue una panacea, una especie de cheque en blanco que cualquiera podía cobrar en cualquier circunstancia. 
 ¿Cuál es la actitud marxista hacia la autodeterminación? Los escritos de Lenin tratan con gran detalle este importante tema, y ​​todavía nos proporcionan una base sólida para tratar esta cuestión tan complicada. 
 Los argumentos de Lenin son generalmente conocidos. Pero, como señaló una vez Hegel, lo que es conocido no es necesariamente comprendido. De hecho, las proposiciones más “conocidas” se malinterpretan con frecuencia por el hecho mismo de que son tan familiares que su contenido real se ha pasado por alto por completo.
 Como señaló Hegel, y como a menudo citaba Lenin, la verdad es siempre concreta. El primer error es imaginar que debemos defender la autodeterminación en todas las circunstancias, como un principio fijo e inmutable. Pero tal idea no tiene nada en común con el marxismo y comete dos errores fundamentales. El derecho de las naciones a la autodeterminación es una reivindicación democrática y los marxistas la apoyamos, como apoyamos cualquier otra reivindicación democrática. Pero el apoyo a las demandas democráticas en general nunca ha sido considerado por los marxistas como una especie de imperativo categórico. 
 Las reivindicaciones democráticas están siempre subordinadas a los intereses generales de la clase obrera y a la lucha por el socialismo. 
 Siempre es necesario evaluar las condiciones concretas y aprender a distinguir entre lo progresista y lo reaccionario en un movimiento dado. 

 ¿Progresista o reaccionario? 

La cuestión nacional puede tener un contenido progresista o reaccionario, según las circunstancias concretas, el contexto internacional y las implicaciones que tenga para la conciencia de clase de los trabajadores y las relaciones entre las clases. 
 Todos estos factores concretos deben ser cuidadosamente considerados antes de que podamos tomar una posición con respecto a una lucha nacional en particular. Tales luchas pueden, por supuesto, desempeñar un papel progresista, como fue el caso de la lucha de los pueblos polaco e irlandés por la independencia en el siglo XIX, o la lucha por la independencia de las colonias esclavizadas en tiempos más recientes. 
 Pero no toda lucha nacional tiene un carácter progresista, y con mucha frecuencia la cuestión nacional puede servir de tapadera para los propósitos más reaccionarios. 
 A diferencia de Proudhon, Marx y Engels dieron la debida consideración a la cuestión nacional, sin embargo, siempre la consideraron subordinada a la “cuestión obrera”. Es decir, siempre lo consideraron exclusivamente desde el punto de vista de la clase obrera y la revolución socialista.
 Así, mientras daban apoyo a la lucha del pueblo polaco por la independencia, dado que eso asestaba un golpe al zarismo ruso, principal baluarte de la reacción europea, Marx y Engels se negaron a apoyar la lucha nacional de los eslavos del sur y los checos, precisamente porque vieron detrás de ellos la mano de San Petersburgo. 
 Al igual que Marx, Lenin tuvo una posición muy flexible sobre la cuestión nacional, que siempre abordó desde el punto de vista de los intereses generales del proletariado y la revolución internacional. 

 Lenin sobre la guerra y la cuestión nacional 

Los escritos de Lenin sobre la guerra y la cuestión nacional exponen la posición marxista básica sobre este tema, que desarrolló de una manera muy rica, polifacética y dialéctica. Sin embargo, incluso la más mínima mirada a la literatura de los grupos que hoy en día reivindican la herencia de Lenin es suficiente para convencerse de que ya nadie lee a Lenin, y si leen sus artículos, no entienden una sola palabra.
 La dialéctica, como explicó Lenin muchas veces, se ocupa de los fenómenos de manera integral. Abstraer un solo elemento en una ecuación compleja y contraponerlo a todos los demás elementos de esa ecuación es un mal uso infantil de la dialéctica, conocido en la historia de la filosofía como sofisma. 
 Tales abusos conducen a errores lógicos del tipo más burdo. Y en política, y particularmente en la política de la cuestión nacional, conducen directamente a la defensa de posiciones reaccionarias y al abandono total del socialismo. Esto se muestra muy claramente en la guerra de Ucrania. Aquí vemos cómo el completo fracaso de los llamados «marxistas» para comprender la actitud marxista hacia la guerra los ha llevado a abandonar por completo la posición de clase. 
 Pero la actitud de los marxistas ante la guerra no puede estar determinada por consideraciones sentimentales, y mucho menos por la propaganda histérica con la que los imperialistas buscan ocultar sus verdaderos objetivos.
 Hay un caso específico donde Lenin deja en claro que no apoya el derecho de las naciones a la autodeterminación: Consideró como una sugerencia monstruosa la demanda de apoyar la autodeterminación (incluso si estaba justificada en sí misma), si eso significaba arrastrar a las grandes potencias a una guerra. 
 En 1916, recomendó a los polacos que subordinaran su lucha por la autodeterminación a la perspectiva de la revolución en Rusia y Alemania:
 “Plantear hoy la cuestión de la independencia de Polonia”, escribió, “bajo las relaciones existentes entre las potencias imperialistas vecinas, es en realidad perseguir una utopía, descender al nacionalismo estrecho de miras y olvidar que una premisa necesaria es una revolución europea o al menos en Rusia y Alemania.” (Obras Completas, La discusión sobre la autodeterminación resumida, vol. 22, p. 350, énfasis mío AW). 
 ¿Sonó abstracto y utópico ese consejo para muchas personas en aquel momento? Sin duda lo hizo. Pero la historia demostró que Lenin tenía razón al cien por cien. Fue solo la Revolución Rusa la que creó las condiciones para el establecimiento de un Estado polaco independiente, mientras que todos los demás intentos terminaron en un desastre. 
 Asimismo, en relación a la lucha de los serbios contra Austria durante la Primera Guerra Mundial, Lenin escribió lo siguiente:
 “En la guerra actual, el elemento nacional está representado únicamente por la guerra de Serbia contra Austria (que, por cierto, se señaló en la resolución de la Conferencia de Berna de nuestro Partido). Solo en Serbia y entre los serbios podemos encontrar un movimiento de liberación nacional de larga data, que abarca a millones, «las masas del pueblo», un movimiento del cual la actual guerra de Serbia contra Austria es una «continuación». Si esta guerra estuviera aislada, es decir, si no estuviera conectada con la guerra general europea, con los objetivos egoístas y depredadores de Gran Bretaña, Rusia, etc., habría sido el deber de todos los socialistas desear el éxito de la burguesía serbia, ya que esta es la única conclusión correcta y absolutamente inevitable que se puede sacar del elemento nacional en la guerra actual. Sin embargo, es esta conclusión la que ha faltado sacar al sofista Kautsky, que ahora está al servicio de la burguesía, los clericales y los militaristas austriacos. 
 “Además, la dialéctica marxista, como última palabra del método científico-evolutivo, excluye cualquier examen aislado de un objeto, es decir, unilateral y monstruosamente distorsionado. El elemento nacional en la guerra serbo-austríaca no tiene, ni puede tener, ningún significado serio en la guerra europea general. Si gana Alemania, estrangulará a Bélgica, a una parte más de Polonia, y quizás a parte de Francia, etc. Si gana Rusia, estrangulará a Galitzia, a una parte más de Polonia, Armenia, etc. Si la guerra termina en “empate”, la vieja opresión nacional permanecerá. Para Serbia, es decir, quizás para el uno por ciento más o menos de los participantes en la guerra actual, la guerra es una “continuación de la política” del movimiento de liberación burgués. Para el otro noventa y nueve por ciento, la guerra es una continuación de la política del imperialismo, es decir, de la burguesía decrépita, que solo es capaz de violar naciones, no de liberarlas. La Triple Entente, que está “liberando” a Serbia, está vendiendo los intereses de la libertad serbia al imperialismo italiano a cambio de la ayuda de este último para robar a Austria”. 
 Esto es bastante claro. Si tomamos la lucha del pueblo serbio por la autodeterminación contra el imperialismo austríaco aisladamente del contexto internacional general, tendríamos que apoyar a los serbios. Pero en el contexto de una guerra europea, que se reduce a una lucha entre diferentes grupos de ladrones imperialistas, y en la que las pequeñas naciones se convierten en meras monedas de tal o cual imperialismo, no podemos apoyar. 
 En particular, debemos recordar lo que dijo Lenin sobre la inadmisibilidad de apoyar la lucha por la autodeterminación si eso significaba arrastrar a los trabajadores de Europa a una guerra general.
 Y en el momento actual de la historia, ¿de qué manera la extensión del conflicto ucraniano a una conflagración europea general, o incluso a una guerra mundial, podría servir a los intereses de los trabajadores de Europa y de la revolución socialista mundial? Dejamos que nuestros lectores decidan. La verdad es siempre concreta.

 ¿Apoyamos la autodeterminación de Ucrania? 

¿Apoyamos la autodeterminación de Ucrania? Por supuesto lo hacemos. ¿Tiene el pueblo ucraniano derecho a decidir su propio futuro como Estado independiente? Respondemos inequívocamente: sí, tienen ese derecho. Han demostrado su derecho a existir como un Estado separado durante mucho tiempo. 
 Pero eso no agota la cuestión. Hagamos ahora otra pregunta. ¿Tienen los ucranianos derecho a oprimir a las personas de otras nacionalidades que viven en su territorio nacional? Por ejemplo, ¿tienen derecho a imponer leyes discriminatorias contra las muchas personas en Ucrania que hablan ruso como primera lengua? A esa pregunta respondemos igualmente enfáticamente en forma negativa. Recordemos que una de las primeras medidas adoptadas por el régimen nacionalista ucraniano que llegó al poder tras el golpe de Maidán fue imponer todo tipo de leyes discriminatorias dirigidas contra los rusohablantes. Fue esto, más que cualquier otra cosa, lo que condujo al levantamiento en Donbás, que terminó con la ruptura de las dos áreas rebeldes en el este. 
 El rápido ascenso del movimiento fascista y de otros movimientos nacionalistas ucranianos extremistas también causó alarma en Crimea, donde la mayoría está formada por personas de habla rusa, que no sienten ninguna afinidad particular con Ucrania. Eso acabó con la escisión de Crimea, que, a pesar de toda la propaganda sobre la anexión rusa, fue apoyada por la gran mayoría de los habitantes de esa región y aprobada posteriormente en referéndum. 
 Así, la victoria del nacionalismo en Ucrania tuvo inmediatamente el efecto de la pérdida de una parte significativa de su territorio. Más tarde intentaron recuperar las tierras perdidas en el este mediante una feroz campaña de bombardeos que mató a miles de personas. Este hecho ha sido ignorado o minimizado durante mucho tiempo por los medios de comunicación occidentales, pero ha jugado un papel importante en la detonación de la presente invasión. 

 Una lucha de fuerzas vivas

 Es difícil decir cómo está progresando la guerra. La información sobre la situación militar en los medios de comunicación es tan escasa que es casi inexistente. Y las constantes predicciones de derrotas rusas deben tomarse con cautela. 
 El último envío de armas, incluido el armamento moderno de los EE. UU., puede brindar cierto alivio a la parte ucraniana, pero apenas compensará la aplastante superioridad de las fuerzas rusas que ahora se concentran en Donbás. Las perspectivas para las fuerzas ucranianas allí no son muy halagüeñas. Pero la guerra es una lucha de fuerzas vivas y, en un sentido más amplio, la parte rusa podría enfrentarse a dificultades más serias. En última instancia, el peso de Rusia, su gran fuerza industrial y su mayor población deben finalmente prevalecer. 
Pero la guerra nunca es una cuestión simple, y aún puede haber muchos elementos complicados.
 La cuestión de la moral puede jugar un papel crucial. Según todas las pruebas disponibles, la guerra cuenta con el apoyo de la gran mayoría del pueblo ruso. Por el momento, al menos, la posición de Putin parece segura.
 Sin embargo, según mis fuentes en Rusia, los niveles más altos de apoyo se encuentran entre las capas más viejas de la población, mientras que el apoyo entre los jóvenes es solo del 30 al 40 por ciento. Pero es entre esa capa donde habrá que encontrar a los futuros reclutas para combatir en Ucrania.
 Por todas estas razones, Putin puede tener que conformarse con la conquista de una gran porción de territorio en el Donbás ya lo largo de la región costera. Eso puede considerarse una especie de éxito, pero no será una victoria completa y tendrá consecuencias negativas para la clase trabajadora de ambos países.
 Se habrá hecho un daño terrible al sentido de hermandad y solidaridad de siglos de antigüedad entre el pueblo ruso y el pueblo de Ucrania. Los estados de ánimo de desconfianza mutua, amargura y sospecha no serán fáciles de erradicar. Y en un suelo tan venenoso, los chovinistas extremos de ambos lados pueden sacar nuevas fuerzas y volverse aún más agresivos y arrogantes. 
 Esas son las razones por las que nos oponemos a esta guerra. Cualquiera que sea el resultado final, el balance desde el punto de vista de la clase obrera y de la revolución socialista será negativo. Sin embargo, toda la historia muestra que la niebla de la guerra eventualmente se disipará. La cuestión de clases volverá a pasar a primer plano, creando condiciones favorables para el resurgimiento de la lucha de clases tanto en Rusia como en Ucrania. 

 ¿Podemos apoyar a Zelenski? 

La naturaleza reaccionaria del régimen de Putin es bastante clara. Pero la de la parte ucraniana ha sido ocultada sistemáticamente por la maquinaria de propaganda. Los bandidos fascistas de la brigada Azov, que no hace mucho tiempo Washington quería incluir en la lista de organizaciones terroristas, ahora se presentan como heroicos luchadores por la libertad e incluso defensores de la democracia (!)
 En cuanto a la supuesta democracia ucraniana: eso es más aparente que real. Recordemos que una de las razones por las que la OTAN retrasó la aceptación de la pertenencia de Ucrania fue por un “déficit democrático”. 
 ¿Y la soberanía de Ucrania? Eso también es un mito. La guerra ha demostrado claramente que el régimen de Zelenski depende por completo de los amos extranjeros. Los estadounidenses pagan las cuentas y suministran las armas con las que esperan que los ucranianos luchen hasta la última gota de su sangre para defender los intereses del imperialismo estadounidense contra su enemigo, Rusia. Y quien paga al flautista siempre elegirá la melodía. 
 El actual régimen de Kiev está enteramente a merced del imperialismo estadounidense. A pesar de todas sus bravatas y audaces discursos, Zelenski no puede hacer nada ni decidir nada excepto lo que le dictan desde Washington. Y Washington ha decidido que es mejor que Ucrania siga desangrándose para debilitar a su principal adversario, Rusia. Las vidas y el sufrimiento del pueblo ucraniano simplemente no figuran en sus cálculos. 
 Esta es una lucha de poder entre el imperialismo estadounidense y Rusia. Solo un tonto o un pícaro podría negar eso. Lamentablemente, no faltan de ambos tipos, especialmente en lo que solía llamarse «la izquierda». 
 El claro deterioro de la posición de Ucrania en el frente oriental significa que Zelenski continúa insistiendo en sus demandas, aparentemente ajeno a las consecuencias para el resto del mundo. Como dijo una vez Lenin, un hombre al borde de un precipicio no razona. 

 Jugando con fuego

 El riesgo de una guerra total en Europa es algo que los estadounidenses y sus aliados europeos, hasta ahora, han encontrado demasiado aterrador para contemplar. En este punto, los intereses del imperialismo occidental y el régimen de Zelenski comenzaban a distanciarse. 
 A pesar de toda la propaganda hipócrita y las lágrimas de cocodrilo sobre los sufrimientos del pobre pueblo ucraniano (sufrimientos muy genuinos, por supuesto), no tenían (ni tienen todavía) ninguna intención de ponerse en riesgo. 
 Recordemos los fundamentos. Los capitalistas no hacen la guerra por el patriotismo, la democracia o cualquier otro principio altisonante. Hacen la guerra por ganancias, para capturar mercados extranjeros, fuentes de materias primas (como el petróleo) y expandir las esferas de influencia. 
 Una guerra nuclear no significaría ninguna de estas cosas, sino solo la destrucción mutua de ambos lados. Incluso han acuñado una frase para describir esto: MAD (acrónimo en inglés para Destrucción Mutuamente Asegurada). Este es un asunto que debería despejar hasta las mentes más engañadas.
 Pero algunas mentes parecen estar más engañadas que otras. Joe Biden, que nunca fue el cerebro más agudo de Washington, parece estar sufriendo algunos de los síntomas del deterioro senil avanzado. Evidentemente, está obsesionado por la visión del expresidente Trump, cuya megalomanía se expresaba habitualmente en episodios de asertividad de bravucón, para evidente horror de sus asesores. 
 El intento de Biden de ponerse los zapatos descomunales de su predecesor no parece particularmente convincente desde el punto de vista de las relaciones públicas. Pero las palabras pronunciadas por el presidente de la nación más poderosa del mundo inevitablemente tendrán efectos de gran alcance, y no todos previstos por el hombre que las pronunció. 
 Acusar al presidente de la Federación Rusa de ser un criminal de guerra no estaba del todo dentro de la tradición aceptable de la diplomacia o los buenos modales presidenciales. Después de todo, tarde o temprano, el tío Joe tendrá que sentarse en una mesa de negociaciones con el mismo hombre al que ha acusado de ser un criminal.
 Incluso Zelenski entiende eso. No es de extrañar que los funcionarios de la Casa Blanca inmediatamente se desvivieran por decir que él realmente no quiso decir lo que dijo. Al día siguiente lo volvió a decir. ¡Esto sí que es un verdadero combate de palabras, socio! 
 Ahora, el bocazas de Joe ha ido varios pasos más allá, provocando a Moscú hasta el límite de su tolerancia. Los resultados no tardarán en llegar. Pero, ¿cuáles serán? Los estadounidenses han llevado las cosas a un punto en el que Rusia se verá obligada a responder. En varias ocasiones, Putin le ha recordado a Occidente que Rusia posee tanto armas nucleares como el poder de enviarlas a grandes distancias.
 Se ha convertido en una costumbre en los medios occidentales retratar al líder ruso, no solo como un criminal de guerra, sino también como un hombre completamente trastornado. Pero independientemente de lo que se pueda decir sobre el hombre del Kremlin, no está loco y es capaz de hacer juicios racionales. No se puede decir lo mismo del actual ocupante de la Casa Blanca. 
 La probabilidad de que Rusia recurra a las armas nucleares en el corto plazo es muy pequeña. Pero ya advirtieron que las entregas prometidas de armas sofisticadas por parte de la OTAN significarán que serán atacadas.
 Eso era predecible y lo explicó Lavrov, quien dijo: «Estas armas serán un objetivo legítimo para el ejército de Rusia que actúa en el contexto de la operación especial». 
 Y Rusia puede intensificar su esfuerzo de guerra de muchas maneras en lugar de entrar en un curso que podría conducir a la Tercera Guerra Mundial. Lo que eso significa en la práctica, solo el tiempo lo dirá. 
Pero como dice la Biblia: “¿Puede un hombre llevar fuego junto a su pecho y que su ropa no se queme?” 
 La pregunta, naturalmente, se responde sola. 

 Vladímir Putin, heredero de Stalin 

Algunas personas tontas tienen la ilusión de que de alguna manera Putin representa una fuerza progresista en el mundo. Ese es el colmo de la estupidez. ¿Es el Estado ruso actual un Estado burgués? ¡Por supuesto que sí! 
 Rusia es ahora un régimen capitalista, dominado por una oligarquía rapaz que se ha enriquecido fabulosamente apropiándose de toda la riqueza creada por la clase obrera soviética. Está gobernado por una banda de ladrones cuyo único interés es hacer su propio nido a expensas del pueblo ruso. 
 Después de tres décadas, nada queda de lo que fue progresista en la antigua Unión Soviética. La riqueza del pueblo ha sido robada por una manada de ladrones y a su cabeza se encuentra un hombre que imita los peores aspectos del podrido régimen zarista y su heredero estalinista. 
 Pero al menos Stalin, en última instancia, se basaba en las conquistas históricas de la Revolución de Octubre: una economía planificada nacionalizada. Pero ahora ese último vestigio del pasado socialista ha sido liquidado. 
 ¿Vladimir Putin representa los intereses de la clase obrera rusa o ucraniana? ¡Ni en lo más mínimo! Defiende los intereses de la oligarquía corrupta y voraz a la que proporciona un punto central de apoyo y que, a su vez, lo mantiene en el poder.
 De un régimen tan venenoso no se puede esperar nada progresista. Y la política exterior no es más que el reflejo de la política interior. Esto debe tenerse muy en cuenta cuando pasemos a analizar la situación actual. 
 Recordemos las mismas palabras que usó Lenin en su conflicto con Stalin, a quien comparó con “ese hombre típicamente ruso, el chovinista gran ruso, en esencia un sinvergüenza y un tirano, como lo es el típico burócrata ruso”. Estas palabras son una descripción muy precisa del hombre que ahora se sienta en el escritorio de Stalin en el Kremlin. 
 ¿Cómo propone Vladimir Putin resolver la “cuestión ucraniana”? Por los mismos medios que utiliza para resolver todos los problemas: por la fuerza bruta. Este ex agente de la KGB es, en ese sentido, un fiel discípulo de Stalin. 
 Si los trabajadores rusos estuvieran en el poder, toda la situación sería diferente. Al acabar con el gobierno de una oligarquía corrupta y degenerada y establecer una democracia obrera genuina, Rusia actuaría una vez más como un faro, alentando a los trabajadores de Ucrania a deshacerse del yugo de sus propios oligarcas ladrones y sus marionetas políticas. 
 Pero el régimen de Putin no puede tener ningún poder de atracción para el pueblo de Ucrania. Al contrario, Putin los está empujando a los brazos del nacionalismo reaccionario. 
 Robespierre comentó una vez que «a nadie le gustan los misioneros que vienen con bayonetas». Dijo eso en un momento en que la Gran Revolución Francesa todavía estaba en una fase saludable y progresista. Pero todo eso cambió bajo Napoleón, cuyo gobierno opresivo provocó un resurgimiento general de la revuelta nacionalista en Europa, que desempeñó un papel clave en su caída final. 
 No hay necesidad de aceptar las acusaciones obviamente maliciosas de los medios occidentales a sueldo sobre los presuntos crímenes de guerra rusos. Tampoco debemos aceptar al pie de la letra todo lo que dicen los mismos medios mentirosos sobre los supuestos fracasos de la campaña militar rusa. 
 Pero un régimen bonapartista sólo puede hacer la guerra de manera bonapartista. No es difícil imaginar que una gran cantidad de problemas en la campaña ucraniana de Rusia están relacionados con la corrupción endémica, el amiguismo y la ineficiencia de ese régimen. 
 Un auténtico Ejército Rojo combinaría la lucha armada con un llamamiento de clase a la clase obrera ucraniana. Pero hay muy pocas señales de eso. Esto significa que los ucranianos seguirán ofreciendo resistencia. La guerra será innecesariamente prolongada y sangrienta.

 ¡Por una posición de clase! 

Para nosotros, la pregunta más importante es: ¿qué clase libra la guerra, y en interés de quién? Esta es la pregunta esencial que debe responderse como condición previa para tomar una posición de clase basada en principios. 
 Apartarse un solo milímetro de la posición de clase es entrar en una pendiente resbaladiza que conduce inevitablemente al pantano de la traición y la reacción. Si olvidamos este hecho elemental, caeremos en peligro.
 En los días inmediatamente posteriores al estallido de la guerra, escribí lo siguiente: 
 “No hace falta decir que Putin y la oligarquía a la que sirve son enemigos de los trabajadores rusos. Y su base de apoyo ha ido disminuyendo constantemente, lo que obviamente fue una de las razones por las que decidió jugar la carta de invadir Ucrania. También es cierto que eso puede resultarle contraproducente en un determinado momento. 
 “Sin embargo, cualquier sugerencia de que los imperialistas reaccionarios pueden, en cualquier sentido, modo o forma, defender los intereses del pueblo de Rusia, Ucrania o de cualquier otro país es una mentira despreciable y un engaño al pueblo.
 “El pueblo ucraniano ha aprendido por experiencia dolorosa cuánto valió la ayuda y la solidaridad prometidas por la OTAN y Occidente cuando llegó el momento decisivo. Ven al pueblo ucraniano como meros peones en un juego cínico, carne de cañón que se puede sacrificar útilmente para desacreditar a Rusia, sin costarle la vida a un solo de sus soldados. 
 “No se debe confiar en absoluto en estos mafiosos. Y eso es particularmente cierto para los trabajadores y socialistas de Occidente.
 “La tarea de luchar contra la banda reaccionaria del Kremlin es tarea exclusiva de los trabajadores rusos. Nuestra tarea es luchar contra nuestra burguesía, contra la OTAN y contra el imperialismo estadounidense, la fuerza más contrarrevolucionaria del planeta”. 
 Nuestra oposición no tiene nada en común con la repugnante hipocresía de los imperialistas. Y por muy reaccionario que sea Putin, sus crímenes no son nada comparados con la infame brutalidad del imperialismo estadounidense, cuyas manos están manchadas para siempre con la sangre de innumerables víctimas inocentes de todas las partes del mundo. 
 El 11 de marzo escribí lo siguiente:
 “Es la OTAN, especialmente los estadounidenses y los británicos, los que empujaron a Ucrania al actual conflicto con Rusia para sus propios fines, y luego cínicamente retrocedieron y observaron cómo el pueblo ucraniano se ahogaba en un mar de sangre. Fueron responsables de esta guerra innecesaria, y ahora son responsables de prolongarla deliberadamente para sus propios intereses cínicos.
 “Nuestras condolencias están totalmente del lado del pueblo ucraniano que sufre, que son las víctimas inocentes de este juego cínico de la política de las grandes potencias. Pero los sufrimientos solo terminarán cuando la guerra misma llegue a su fin. Quienes los presionan continuamente para que sigan combatiendo, cuando saben perfectamente cómo terminará esto y no tienen la menor intención de mover un dedo para ayudarlos militarmente sobre el terreno, no son amigos del pueblo ucraniano. Son sus peores enemigos”.
 No veo ninguna razón para cambiar una palabra de esto hoy. 

 Alan Woods (CMI)
 Londres, 26 de abril de 2022

Pegasus en acción: el espionaje contra dirigentes catalanes


El Estado español, acusado de operaciones con el software israelí. 

 Esta semana, el gobierno español denunció públicamente que el presidente Pedro Sánchez y la ministra de defensa, Margarita Robles, fueron espiados a través de Pegasus, un programa informático de origen israelí que permite invadir en forma remota los celulares para acceder a información. La denuncia, aunque factible, es un intento de correr del centro del escenario otro escándalo de intrusión que estalló previamente: el del robo de datos a través del mismo software de más de cincuenta referentes políticos, activistas y abogados catalanes; el “Catalangate”, según lo bautizó el grupo de expertos en ciberseguridad de la Universidad de Toronto que sacó a luz el caso.
 ¿Quién puede estar detrás de estas operaciones? Pegasus, elaborado por la empresa NSO, es una herramienta que solo se vende a gobiernos y fuerzas de seguridad, con la autorización previa del gobierno israelí. “NSO vende sus tecnologías únicamente a agencias policiales y de inteligencia de determinados gobiernos” (Página 12, 20/7/21), según el portavoz de la compañía. La firma tiene clientes en todo el mundo.
 Los referentes catalanes no dudan: el espionaje procede del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), los servicios estatales, que poseen el programa desde 2020 y previamente contaban ya con uno similar. El Ejecutivo negó las imputaciones, pero la ministra Robles hizo declaraciones que se consideraron una confirmación de los hechos: “¿Qué tiene que hacer un Estado, un Gobierno, cuando alguien vulnera la Constitución, cuando alguien declara la independencia [se refiere al Procés de 2017], corta las vías públicas, cuando realiza desórdenes públicos (…)?”, le dijo a una diputada de la CUP, uno de los tres principales partidos soberanistas.
 Además, La Moncloa bloqueó la formación de una comisión investigadora en el parlamento, restringiendo la cuestión a la Comisión de Secretos Oficiales de la cámara, que trabaja en la más estricta reserva. 
 Para el gobierno de Sánchez, el estallido del “Catalangate” es un dolor de cabeza porque necesita del apoyo de las formaciones políticas catalanas ERC y Junts en el Congreso Nacional. 
 De todos modos, la reacción del gobierno catalán ha sido extremadamente medida, buscando preservar los acuerdos con el gobierno y la mesa de diálogo que se abrió el año pasado. Sánchez impulsó ese espacio con el doble objetivo de conseguir el respaldo político de los diputados catalanes en votaciones parlamentarias claves y de clausurar la etapa de movilizaciones por la independencia -frente a las cuales el Estado recurrió también a la represión, la intervención y el encarcelamiento. En tanto, ante un proceso como el de 2017 que se le terminó yendo de las manos, la orientación del Govern, tributario de la burguesía catalana, pasa hoy por una “salida pactada” con Madrid.
 El reclamo de las máximas autoridades catalanas es que por el escándalo pague algún funcionario de segunda línea. Según el diario ABC (4/5), el Ejecutivo está dispuesto a desplazar a la titular del CNI, en caso de sentirse acorralado por el caso.
 En cuanto al espionaje contra Sánchez, que data de mayo pasado, algunos apuntan contra Marruecos, dado que posee el programa y la intrusión se produjo en simultáneo con una crisis de refugiados en la frontera entre ambos países. Pero la monarquía hachemita niega vehementemente las imputaciones. 

 No es un caso aislado

 A mediados del año pasado, se revelaron 50 mil números telefónicos espiados por el programa Pegasus, incluyendo los de jefes de Estado, funcionarios, activistas de derechos humanos y periodistas. Arabia Saudita, Marruecos, Hungría y Ruanda estaban entre los Estados involucrados, pero también las grandes potencias se valen de estos métodos. 
 Para maquillar la situación, el Parlamento Europeo votó la formación de una comisión para investigar el uso de Pegasus en el continente. Esta recién tendría un informe dentro de un año, y en caso de comprobar irregularidades, cuanto mucho, se procederá a una regulación. 
 El espionaje sobre la población y la oposición política y la vulneración de las libertades individuales se ha vuelto una norma en las democracias capitalistas. Los gobiernos imperialistas posan de defensores de los derechos políticos mientras refuerzan los aparatos de inteligencia y conspiración. 
La lucha en defensa de las libertades democráticas es una lucha contra un régimen social.  

 Gustavo Montenegro

viernes, 6 de mayo de 2022

La suba de tasas de la Reserva Federal y la crisis mundial


Jerome Powell, jefe de la Fed 

 Como parte de los intentos por contener la inflación en Estados Unidos y a nivel global, la Reserva Federal estadounidense (Fed) anunció una nueva suba de la tasa de interés que la lleva al 0,75-1%. Se estiman futuros incrementos de medio punto que la elevarían al 2% para julio. 
 La inflación en Estados Unidos se encuentra en el orden del 8,5% interanual, la mayor en cuarenta años. La eurozona también está en niveles récord y los países subdesarrollados son los que más sufren la disparada de los alimentos y combustibles, tras el comienzo de la guerra entre Rusia y Ucrania. Esta espiral inflacionaria encuentra sus antecedentes aún antes de la pandemia, como resultado de un déficit en la oferta y las inversiones que se explica por la caída de la rentabilidad del capital. El Covid-19 potenció el problema, entorpeciendo las cadenas de suministros (que el virus no es cosa del pasado lo muestra el hecho de que los nuevos confinamientos en China han vuelto a complicar las cadenas globales de producción). 
 Es esta razón de fondo, la caída de la rentabilidad del capital, fruto de las contradicciones insalvables del régimen capitalista, y no un problema de “demanda excesiva” (mucho menos de los salarios) o de emisión monetaria -como aducen la mayoría de los economistas- la que explica el proceso inflacionario.
 Por eso mismo, la política monetaria es una herramienta limitada para contenerla, como ha destacado en recientes artículos el economista marxista Michael Roberts. Peor aún, puede agravar la crisis. La suba de tasas por parte de la Fed encarece la deuda de las empresas y los Estados, en un momento crítico, dado el tendal de empresas zombis que apenas ganan lo suficiente para pagar sus compromisos y el alto nivel de endeudamiento de los países. Más de quince naciones “emergentes” tienen una deuda superior al 100% del PBI, y algunas están aún por encima (Líbano, Panamá, Mongolia). Las economías centrales no están mucho mejor. En resumen, una de las consecuencias de la suba de tasas puede ser una crisis de deuda y plantea un escenario de quiebras. El Fondo Monetario Internacional mismo alertó sobre el crecimiento de la deuda privada mundial.
 La apuesta de los funcionarios de la Fed es ir llevando la economía global a una especie de “aterrizaje suave”, pero son múltiples las voces que advierten sobre los riesgos. Un expresidente de la Fed, Bill Dudley, pronostica que “será difícil frenar la inflación sin caer en una recesión, y un aterrizaje forzoso es prácticamente inevitable” (El Cronista, 5/5).
 Si bien hubo un alivio inicial en las bolsas ante el anuncio de la Fed, dado que esperaban una suba aún mayor, el día posterior a la decisión experimentaron caídas. Es que la era de crédito barato y megapaquetes de rescate del capital que parece estar llegando a su fin no sacó a la economía global de la crisis pero sí había servido para montar grandes negocios especulativos. Cabe señalar que los principales indicadores bursátiles norteamericanos (Nasdaq, Dow Jones y S&P500) vienen operando con pérdidas este año. 
 La guerra en el este europeo, la suba de alimentos y combustibles y una pandemia que vuelve a levantar cabeza (Estados Unidos, Sudáfrica, China) muestran que el régimen social capitalista somete a las masas a una permanente situación de penurias. La organización de los explotados del mundo es vital para derrocarlo y abrir paso a gobiernos de trabajadores. 

 Gustavo Montenegro

jueves, 5 de mayo de 2022

Migración: crisis humanitaria, descomposición capitalista


Hace dos décadas que EEUU no recibía tantos inmigrantes como en marzo de 2022. Considerando las políticas adoptadas por Biden, Trump y sus predecesores, 221.303 personas fueron detenidas intentando ingresar desde México (según dw.com, 28/04). Desde que asumió Joe Biden, la cifra ha aumentado mes a mes casi sin excepciones, y se torna improbable que esa tendencia vaya a cambiar, teniendo en cuenta las consecuencias que la guerra imperialista a escala mundial genera sobre las masas asalariadas y pauperizadas, agravando la carestía, el desempleo y el incremento del costo de vida. En este sentido, la crisis humanitaria y migratoria también se retrata en el incremento elevado de muertos tanto en la ruta del Mediterráneo como del Atlántico hacia las Canarias, registrado desde principios del 2022 (Ídem, 29/04). 

 EEUU y los migrantes 

Recientemente se dio a conocer que en mayo, el gobierno de Biden va a rescindir una norma conocida como “Título 42”, que posibilita la expulsión de los inmigrantes justificándose en la situación sanitaria desenvuelta por el coronavirus. Aunque la Casa Blanca ya ha dicho que, en su reemplazo, aplicará el “Título 8”, que es la norma estándar para las expulsiones rápidas, pretenden morigerar las consecuencias de estas políticas con el plan de 1.200 millones de dólares anunciado en diciembre de 2021 por la vicepresidente Kamala Harris, y que cuenta con el respaldo de empresas privadas, como Mastercard y Pepsi Co. El objetivo de la administración Biden, apunta a “generar oportunidades de empleo en los países de origen”. 
 Sin embargo, Marco Pérez-Navarrete, miembro del Programa Democracia de la Fundación Heinrich Böll para Centroamérica dijo a DW, que esta política de Biden apunta a "favorecer el consumo de productos de transnacionales, que promueven la sobreexplotación de recursos y beneficia a pequeños sectores poblacionales. Con la instalación de estos negocios, más del 70% de las remesas serán gastadas en ellos y así el dinero retorna, como parte de un ciclo que crea pequeñas élites, pero mantiene intacto el riesgo de pobreza, sin que haya inversiones en salud, educación y necesidades sociales”. Además, complementa Pérez-Navarrete, "en el caso de Honduras, las catástrofes ambientales del 2020 (huracanes Iota y Eta), más la violencia fortalecida por la impunidad y un Estado cooptado por fuerzas militares y ultraconservadoras, han mantenido el éxodo masivo desde un territorio inviable para la vida digna”. 
 En este sentido, Natalia Ortiz, socióloga e investigadora del Instituto Centroamericano de Estudios Sociales y Desarrollo (INCEDES), de Guatemala, señala que “la migración es una estrategia de sobrevivencia ante la falta de trabajo en los países de origen. ‘Quédense en sus países', les decían. Pero, ¿para qué van a quedarse, si se sigue perpetuando la pobreza, la desigualdad, la falta de respuesta institucional?”. 
 Por su parte, el gobernador republicano de Texas, Greg Abbott, anunció que haría uso de un artículo de la Constitución Nacional que le daría poderes de guerra y, como consecuencia, la posibilidad de avanzar con arrestos masivos y uso de armas de fuego en caso de ser “necesario”. Con esto Abbott, pretende declarar una "invasión" en el estado ante una ola de inmigrantes que llegó a la frontera con México (Ámbito Financiero, 02/05). Como contexto ineludible de esta situación, se verifica un aumento de rebeliones populares en Estados Unidos, donde el incremento de huelgas y conquistas alcanzan niveles no vistos en décadas (https://politicaobrera.com/6880-ola-de-huelgas-en-estados-unidos) 

 Naufragio 

Más de 3.000 migrantes murieron o desaparecieron en el Mediterráneo y el Atlántico el pasado año al intentar llegar a Europa, una cifra que duplica las víctimas de 2020, según reveló (29.04.2022) la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Durante el 2022 se registraron 1.544 muertes en ambas rutas. 
 "Resulta alarmante que, desde principios de año, otras 478 personas hayan muerto o desaparecido en el mar", afirmó Shabia Mantoo, portavoz de ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados, en Ginebra. "El viaje en mar desde los Estados costeros de África del Oeste, como Senegal y Mauritania a las islas Canarias es largo y peligroso y puede durar hasta 10 días", resaltó la portavoz de ACNUR. "Muchas embarcaciones se desviaron o desaparecieron sin dejar rastro en estas aguas", continuó. Como en el caso de las migraciones centroamericanas hacia EEUU, las que se verifican desde el norte del África por el Mediterráneo hacia la UE, dan cuenta de una crisis humanitaria y migratoria cuyas causas en la guerra imperialista a escala mundial, son insoslayables.

 Sergio Escalas 
 05/05/2022

miércoles, 4 de mayo de 2022

Colombia: los “falsos positivos” eran órdenes del gobierno de Uribe


Nueve militares retirados, en una comparecencia convocadas por la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), reconocieron por primera vez y frente a los familiares de las víctimas de "los falsos positivos" durante el gobierno de Álvaro Uribe (2002-2010). El asesinato de civiles para pasarlos como bajas de combate era una forma sistemática de represión estatal. Las declaraciones estremecieron al pueblo colombiano, que viene de protagonizar una rebelión popular y una huelga general histórica contra el régimen.
 "Maquinamos un teatro para mostrar un supuesto combate por la presión que había de los altos mandos", dijeron. "No voy a justificar lo que hice, porque cometí delitos, crímenes, asesinamos personas inocentes, campesinos. Lo que asesinamos fueron campesinos", declaró el ex militar Néstor Guillermo Gutiérrez.
 La presión ejercida sobre las unidades del Ejército Nacional Colombiano para que se reportaran éxitos militares respondían a la necesidad del gobierno de Uribe de mostrar avances de su política represiva contra las FARC y otros grupos guerrilleros asentados en la selva. Se incentivaba a los oficiales con retribuciones de carácter económico, más días de descanso, condecoraciones y otros reconocimientos. Tampoco los yanquis pueden ser ajenos a estas prácticas, ya que su injerencia militar en la represión interna de Colombia, en nombre de la lucha contra el narcotráfico, ha sido enorme. 
 Para el Derecho Internacional Humanitario la situación cae bajo la figura de "crímenes de guerra" y "ejecuciones extrajudiciales" y para el Derecho Penal Colombiano bajo la figura de "homicidios en persona protegida". La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) determinó en febrero de 2021 que en Colombia, al menos 6.402 personas fueron víctimas de los llamados falsos positivos. Un verdadero genocida. 
 Uribe, cabeza de este plan sistemático, debe ir preso junto a los militares que lo ejecutaron. El pueblo colombiano, en 2021, ha protagonizado, pese a la enorme represión, una prolongada rebelión popular contra la política de hambre del uribista Iván Duque. Su lucha llevará a los asesinos a la cárcel.

 Ana Belinco 
 29/04/2022

martes, 3 de mayo de 2022

China: ¿"Covid cero" en un solo país?


La ciudad de Zhengzhou, anunció el martes que impondrá nuevas restricciones de movimiento debido al aumento de contagios por Covid del 4 al 10 de mayo. 
 El domingo, en Pekín, se construyó un hospital temporal con 4.000 camas. “En la ciudad, se entremezclan brotes esporádicos y agrupados. Para garantizar la admisión y el tratamiento de los casos asintomáticos y de los casos leves, las autoridades de Pekín han decidido abrir oficialmente el Hospital Temporal de Xiaotanshan” dijo el subdirector de la Comisión Municipal de la Salud, Lil Ang. En la ciudad los restaurantes, y ubicaciones turísticas se encuentran cerrados. Mientras en Shanghai, el aislamiento ya lleva aproximadamente un mes de duración. 
 El crecimiento económico del país, sin embargo, se ve dificultado, mientras los analistas habían calculado que en los tres primeros meses la expansión del PBI rondaría en un 4.3% interanual, el efecto de los cierres ha comenzado a dejarse notar en los resultados de marzo. China enfrenta una de las consecuencias de una crisis en el sector inmobiliario por los problemas en la empresa Evergrade, que había entrado en default. La semana pasada, Lil Keqiang, el primer ministro, explicitó la situación de urgencia sobre la necesidad de tomar medidas de apoyo a la economía del país.
 “Calculamos que un mes entero de confinamiento supondrá una pérdida de un 6% del PIB para Shanghai y un 2% para toda China” dice ING Bank. 
 Mientras Occidente desarrolla una política de convivencia con el virus -en países europeos como Italia y Suecia y también en Estados Unidos se quiere eliminar hasta el uso de barbijo, lo que ha generado nuevas mutaciones como la Omicrón BA 2 y la XE- ha aumentado la dificultad para países como China de mantener una política de Cero-Covid, debido a que el contagio de nuevas mutaciones en la población ha sido completamente normalizado, a pesar de que un sector de la población ha presentado secuelas como el “long Covid”, y que aquellas personas inmunodeprimidas se encuentran desprotejidas si se comienza a eliminar por completo todo protocolo Covid que niega una enfermedad que aún existe en la población, y que sigue produciendo contagios, como en el caso de EEUU que lidera la lista de contagios en el mundo por Covid e Italia donde hubo un brote llegando a los 90.000 casos aproximadamente. 
 La pandemia que comenzó hace dos años requería de medidas internacionales para combatirla de una manera eficaz, con una política sanitaria de vacunación gratuita, equipamiento de personal y hospitales y medidas preventivas de salud. Sin embargo, se priorizaron las ganancias de las empresas farmacéuticas como así también, el beneficio económico de cada país. En un sistema capitalista, se utilizó la pandemia para generar más ganancias, dejando de lado la salud de la población. Luego de dos años la pandemia continúa con nuevas mutaciones, que parecen extenderse si no se toman medidas internacionales para combatirla. Estos dos años sirvieron para demostrar la incompatibilidad del capitalismo con la defensa de la salud humana, y la clase trabajadora. Lo que se ha protegido es la acumulación del capital. 

Florencia Suárez
03/05/2022

Alan Woods - Materialismo Dialéctico


lunes, 2 de mayo de 2022