sábado, 11 de abril de 2020

Bolivia: con Áñez avanza el coronavirus




Organizarse para enfrentar la pandemia y la represión.

"Solo queda pedirle a la población boliviana que se quede en casa, no tenemos condiciones en salud para enfrentar esta pandemia” dijo Yerko Núñez, ministro de la Presidencia del gobierno golpista.
El secretario general del Sindicato de Ramas Médicas de Salud Pública, Fernando Romero, también recalcó que el sector se encuentra en “extrema crisis” y reclamó al ministro de Salud los medios mínimos de seguridad y equipamiento para enfrentar la pandemia del coronavirus. Los directores del complejo hospitalario más importante -el Hospital de Clínicas de La Paz- y médicos y enfermeros del sector salud del país han manifestado su mayor preocupación por la falta de los insumos mínimos de uso inmediato para enfrentar el coronavirus. El “plan” del gobierno golpista es que la gente se quede en sus casas en cuarentena, pero sin las condiciones económico-sociales para hacerlo. Y aplica la represión para lograrlo.
Pero el comandante de la Policía, Rodolfo Montero, declaró que hay lugares especiales donde el efectivo policial que resulte contagiado sea internado. “Hemos resuelto, todo en el Estado Mayor Policial, tercerizar los servicios de salud: en caso de que se agrave la situación de nuestro efectivo policial, pasará a una clínica que tenga todos los instrumentos necesarios para atenderlos”. Dos varas diferentes para los represores que defienden al gobierno golpista y para el pueblo trabajador.
Más allá de las sanitarias, las medidas económico-sociales que ha adoptado el gobierno de Áñez son harto insuficientes. El gobierno de la ciudad de Cochabamba envió un proyecto de ley destinado a que la población pida “perdón a Dios” y haga “ayuno y oración” para combatir la propagación de la pandemia. No solo es volver al oscurantismo de la Edad Media (faltaría autoflagelarse con látigos, etc.), sino que es una manera de justificar el no garantizar el alimento para las familias más pobres (¿serán más pecadoras que los burgueses que no pasan hambre?). “El único que puede ayudarnos y librarnos de esta pandemia es Dios… la ciencia del hombre es insuficiente” declaró el jefe de gobierno de Cochabamba, correligionario ultracatólico de la presidenta Áñez.
Han comenzado a desarrollarse protestas. El 70% de los bolivianos trabaja en forma autónoma y/o informal. La cuarentena no les garantiza ingresos. Las medidas que ha adoptado el gobierno son insuficientes y no llegan a todos. Se van levantando diferentes reclamos: que se extiendan los alimentos de la Canasta Familiar a todos los necesitados, sin discriminación alguna de labor, geográfica, etc.; que el Bono Familia sea extensivo a todos los estudiantes de primaria, secundaria y de la universidad; que se garantice el suministro de servicios básicos y el pago del consumo para las familias de bajos recursos; prohibición de despidos; pago del 100% de los salarios de los que están en cuarentena; etc.
En barriadas de Santa Cruz ha habido cacerolazos e intentos de marchar que fueron fuertemente reprimidas, en el Beni también, al igual que en barriadas de El Alto, etc.
También fueron fuertemente reprimidos, en la frontera, los bolivianos que estaban en Chile y quisieron entrar en Bolivia, con balas y heridos de diversa gravedad.
Ante cualquier movilización, el gobierno sale a decir que son agitadores del MAS, terroristas, desestabilizadores, etc. Pero el MAS no está articulando una resistencia a la catástrofe sanitaria-económico-social en desarrollo. A pesar de tener mayoría en las dos cámaras del parlamento, no pone a votación proyectos para enfrentar la pandemia y la crisis social sobre las masas trabajadoras, sino medidas que benefician a sectores patronales (exenciones impositivas, etc.). En los inicios de la pandemia sobre Bolivia, Evo declaró la necesidad de la unión nacional para enfrentarla: lo que es un llamado a la pasividad y dar vía libre al gobierno golpista.
Sobre la base de la existencia de la pandemia es que el Tribunal Electoral postergó las elecciones convocadas originariamente para el 3 de mayo. El MAS, que controla ambas cámaras legislativas, acordó posponer el debate sobre la fecha de la votación hasta que pase la cuarentena.
Hay indicadores firmes sobre los intentos continuistas de Áñez en el gobierno. Está plenamente abierta la perspectiva de un nuevo golpe que postergue las elecciones y continúe una ofensiva contra derechos y condiciones de vida de las masas.
En lo que sí se apuró el gobierno golpista fue en declarar su apoyo a la flota yanqui que se ha instalado frente a las costas venezolanas para forzar la renuncia de Maduro con un bloqueo impidiendo el ingreso de medicinas y alimentos.
La Central Obrera (COB) se ha llamado a silencio. Solo sacó un comunicado planteando la necesidad de… guardar cuarentena. Ni una palabra contra el hambre, los despidos, etc.
El reclamo de Fuera Áñez sigue teniendo plena vigencia. No solo no encara una lucha real contra los efectos de la pandemia sobre las masas trabajadoras y campesinas, sino que seguirá con su ofensiva contra derechos, conquistas e ingresos de los de abajo. Reclamar la libertad de todos los presos políticos y de los detenidos por manifestar sus reclamos frente a la inoperancia del gobierno ante la pandemia. Libertad de prensa, con acceso a TV y medios de comunicación a todas las expresiones políticas y organizaciones de lucha populares. Retiro de las fuerzas represivas de las calles. Derecho a manifestación. Y una plataforma de reivindicaciones sanitarias (dotación de elementos para hospitales, centralización estatal, bajo control de profesionales y trabajadores de la salud, etc., y de medidas sociales: subsidios y alimentos para todos sin excepción, etc.
Frente a la “borrada” de la COB es necesario construir organismos de bases en las barriadas, empresas, etc. y coordinarlos entre sí para encarar las tareas, reclamos y movilizaciones para imponerlos. Un paso importante de este proceso sería la convocatoria a un congreso de bases de los trabajadores y las masas en lucha.

Rafael Santos

viernes, 10 de abril de 2020

Crisis en Estados Unidos: 16 millones de nuevos desocupados en tres semanas




Este jueves se conoció el dato semanal de pedidos de seguro de desempleo en Estados Unidos. Con 6,6 millones en los últimos 7 días llega a los 16 millones en solo tres semanas. En el otro extremo miles de trabajadores que son obligados a trabajar en actividades no esenciales y sin protección adecuada comenzaron a realizar distintas protestas.

Más de 6,6 millones de trabajadores solicitaron la semana pasada el subsidio por desempleo en Estados Unidos, sumándose a los casi 10 millones que lo habían hecho en las dos semanas anteriores debido a la crisis por el coronavirus, informó ese jueves el Departamento de Trabajo.
La cifra fue levemente menor que los 6,867 millones -un número sin precedentes- de la semana anterior, pero aún así superó las expectativas de los analistas, que habían calculado la pérdida de unos 5,25 millones de puestos de trabajo.
Este panorama devastador muestra que a pesar del rescate multimillonario votado en el Congreso, que destina gran parte de los 2 billones de dólares del paquete a rescatar a las empresas, estas están descargando el peso de la crisis sobre los y las trabajadoras. El número supone un récord que solo es comparable con la crisis previa a la Segunda Guerra Mundial.
Mientras que el Congreso destina esos millones a rescatar al sector financiero, bancario e industrial, y la Reserva Federal utiliza otro tanto para comprar deuda de los empresarios y los Estados, para inyectar dinero en efectivo, millones de desocupados denuncian que deben esperar semanas, incluso hasta un mes, para poder cobrar el seguro de desempleo.
En el otro extremo de esta realidad se encuentran miles de trabajadores, muchos de ellos de actividades no esenciales como las cadenas de comida rápida, que han denunciado que los obligan a trabajar sin ningún tipo de protección y sin licencias pagas por enfermedad. Es por esto que en las últimas semanas se han visto todo tipo de protestas, e incluso huelgas, en sectores como Mc Donald’s, Amazon, Whole Foods, Instacart, y trabajadores de la salud a los que no les dan los elementos de protección básicos y que se encuentran en la primera linea de la lucha contra el coronavirus.
Hay que tener en cuenta que este dato alarmante es solo la punta del iceberg ya que las solicitudes por desempleo no reflejan toda la realidad del mercado laboral. Los trabajadores independientes y las personas empleadas sin contratos no tienen la capacidad de acceder a estos beneficios, por lo que sus casos no son contemplados ni contabilizados.
En Estados Unidos no existe la indemización por despido, y la gran mayoría de los y las trabajadoras no tienen derecho a licencias por enfermedad ni seguro de salud que cubra una atención sanitaria adecuada. Este combo explosivo es el que está detrás de otra realidad aberrante, que los sectores con menos recursos como los latinos y afroamericanos sean los que tienen las tasas más altas de contagios y muertes por el virus.
El mayor paquete de "estímulo fiscal" de la historia aprobado por el Congreso, tiene como principal objetivo el rescate inmediato de los capitalistas mientras que el cheque de 1200 dólares para los trabajadores registrados que perdieron su ingreso o el de 600 dólares adicionales para los que cobran el seguro de desempleo, se ha convertido en una quimera. Los estados dicen que no tienen capacidad de procesar toda la información, las familias pasan hasta un mes entero sin ingresos, por lo que son cada vez más las ciudades que han comenzado a establecer puntos de reparto de comida en la que se ven colas kilométricas para acceder a una ración semanal que les permita no morir de hambre. Fuera de este esquema quedan aún los sectores más desprotegidos, tanto los inmigrantes sin papeles como todos aquellos con trabajos informales que no son contabilizados y que no reciben siquiera ese beneficio básico y tardío.
Todo indica que este escenario se va a agudizar. Sin embargo, junto con el aumento de la crisis es esperable que también se multipliquen las acciones de trabajadores, como las mencionadas más arriba, que pelean por hacerlo en condiciones seguras, y posiblemente a ellos también se sumen los millones que comienzan a quedar desempleados y que ya no tendrán nada más que perder.

La Izquierda Diario
Jueves 9 de abril | 12:30

Los números de la hecatombe pospandémica que pronostican la OIT y la CEPAL




Auguran pérdida masiva de empleos y reducción de salarios.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) dieron a conocer sendos informes sobre las consecuencias “catastróficas” que, a corto y mediano plazo, tendrá sobre la economía y el mercado de trabajo la crisis que se potenció con la pandemia de coronavirus, y que ya está provocando “pérdidas de empleo que están creciendo rápidamente en todo el mundo”.
La CEPAL destaca que “el desempeño económico de la economía mundial ya era débil antes de la pandemia del covid-19” y que, “las previsiones de crecimiento del PIB mundial para 2020 se habían revisado a la baja”. Enfatiza también que “el covid-19 llegó en un momento en que la economía mundial se estaba desacelerando; los niveles de deuda eran históricamente altos y los salarios y la productividad se habían estancado en muchos países en desarrollo y desarrollados”.
La OIT, por su parte, caracteriza la situación actual como “la crisis más severa desde la Segunda Guerra Mundial” y, cuando ya cuenta más de 188 millones de trabajadores desocupados en el mundo, afirma que la pandemia del coronavirus afectará con una caída drástica en “el número de empleos (aumento del desempleo y el subempleo), la calidad del trabajo (reducción de salarios y menor acceso a la protección social)” y “un importante aumento de la pobreza y la pobreza extrema”.
La OIT ahora estima que “hay un riesgo muy alto de que se supere significativamente” su cálculo inicial que preveía para finales de este año unos 25 millones de despidos en el mundo. “Los trabajadores independientes, los monotributistas, los trabajadores de plataformas y los trabajadores informales en general se cuentan entre los más vulnerables”, ya que son quienes “no están cubiertos por un seguro de desempleo u otras protecciones esenciales”, destaca el organismo.
Según aquella primera estimación, en la Argentina se iban a perder más de 340.000 puestos de trabajo y se iba a producir una caída “significativa del PIB durante 2020, de entre el 2 y el 3,8%”. A su vez, si el trabajo en negro es el sector más vulnerable, esto vale particularmente para nuestro país donde desde hace muchos años más de una tercera parte de los trabajadores está en esa condición.
Para graficar el nivel de barbarie al que la crisis lleva a centenares de millones de estos trabajadores no registrados en todo el mundo, en el informe se destaca la situación de la India: “un país en el que el 90% de los trabajadores se desempeña en la economía informal y alrededor de 400 millones están en riesgo de profundizar su situación de pobreza durante la crisis, forzándolos a volver a las zonas rurales en busca de alimentos”.

América Latina

En otro ejemplo del retroceso social que auguran estos organismos, que dependen de las Naciones Unidas -es decir que están condicionados por el manejo de los gobiernos imperialistas-, la CEPAL estima que en la pos pandemia latinoamericana “es probable que las familias más pobres envíen a sus hijos al mercado de trabajo, lo que aumentará las tasas de trabajo infantil”, y añade que “la OIT estima que actualmente el 7,3% de los niños de 5 a 17 años de la región (unos 10,5 millones de niños) trabajan”.
En cuanto al cuadro económico que enfrentan los países de la región, la CEPAL dice que “América Latina y el Caribe enfrentan la pandemia desde una posición más débil que la del resto del mundo” por “las marcadas caídas” en los precios de los productos primarios que exportan “y el deterioro de los términos de intercambio”. Destaca entre ello el desplome de los precios internacionales del petróleo y resalta que la Argentina se verá perjudicada especialmente por una caída en las ventas de soja.
A la crisis pospandémica que afectará a todo el comercio mundial -que verá caer abruptamente su volumen- la CEPAL agrega otro elemento que va a golpear a los países de América Latina. “El acuerdo de ‘fase 1’ entre los Estados Unidos y China celebrado en enero pasado, en el que China se comprometió a aumentar sus importaciones de bienes y servicios de los Estados Unidos por lo menos en u$s77.000 millones anuales, puede desplazar a las exportaciones latinoamericanas”. Estima que “el valor de las exportaciones de la región caerá por lo menos el 10,7% en 2020” y las ventas a China se derrumbarán casi un 22%.
En relación a la crisis sanitaria en América latina, el informe muestra el desfinanciamiento que han sufrido todos los sistemas de salud a lo largo de estos años: “el gasto público de los gobiernos centrales en el sector, que en 2018 se situaba en un 2,2% del PIB regional, está lejos del 6% del PIB recomendado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) para reducir las inequidades y aumentar la protección en el marco del acceso y la cobertura universal”. Es decir que la inversión representa la tercera parte de lo que correspondería para que la salud cubra las necesidades de la población, no ya ante una emergencia sanitaria como la actual sino en condiciones de normalidad.

Después de la pandemia

Ambos organismos, después de pronosticar esta catástrofe económica y social, muestran sus orientaciones. Después de describir semejante cuadro -dominado por la súperexplotación de centenares de millones de trabajadores en beneficio de los capitalistas-, la CEPAL plantea que “después de la crisis, la comunidad mundial tendrá que afrontar el hecho de que la globalización no ha funcionado como se suponía y que es necesario reformarla” y que deben encararse “políticas industriales de diversificación hacia industrias más sofisticadas”. Acompaña esto con un llamado a apaciguar “las desigualdades entre los países y entre grupos sociales, que aumentaron la fragilidad del sistema mundial”, cuando la crisis por el contrario agudiza los enfrentamientos entre las grandes potencias por un mercado más reducido y una mayor sobreproducción, que marcan el camino de las guerras comerciales a los combates bélicos.
De hecho, la propia CEPAL se ve obligada a reconocer en la conclusión de su informe que “los elementos económicos y sociales reseñados se dan en un contexto de inestabilidad política generalizada e incluso de agitación política. La confianza en las instituciones políticas (Congreso, Poder Ejecutivo, Poder Judicial y partidos políticos) se encuentra en el nivel más bajo en décadas. La pérdida de confianza en la democracia será aún más grave si los gobiernos no dan una respuesta adecuada al covid-19”.
La OIT recoge esta preocupación cuando sostiene como salida a la crisis las medidas adoptadas por el gobierno argentino como “el bono extraordinario de la AUH y el Ingreso Familiar de Emergencia”, acompañadas de medidas de apoyo fiscal y crediticio a las empresas, en el marco de un “compromiso compartido de gobiernos, empleadores y sindicatos, en un proceso activo de diálogo social”. Este intento contención del descontento popular mientras se rescata al capital puede chocarse rápidamente con la explosiva situación que viven las masas empobrecidas de la población trabajadora.
Efectivamente, el proceso de creciente comprensión de la profundidad de la crisis por parte de una franja del activismo obrero se va abriendo paso. El desenlace estará colocado, como siempre, en el terreno de la lucha de clases. Los trabajadores deben prepararse para ello.

Nelson Marinelli

jueves, 9 de abril de 2020

Boris Johnson internado: un Reino en terapia intensiva




La internación del primer ministro, Boris Johnson, a causa del coronavirus, posó de nuevo las miradas sobre el Reino Unido. En ese país, ya se han registrado más de 6.500 muertes debido a la pandemia y lo peor está por venir, dado que el pico de la enfermedad se espera recién para Semana Santa.

Irónicamente, Johnson es uno de los mandatarios que había abordado el problema del Covid-19 con mayor displicencia. Inicialmente, adoptó una política prescindente que consistía en mantener la rutina económica y social, dejando que se propagara la enfermedad, en nombre de la creación de una “inmunidad de grupo”. Cuando el enfoque oficial amenazaba con generar una catástrofe total, el gobierno se avino a declarar una cuarentena obligatoria el 22 de marzo. Pero para entonces, se había perdido un tiempo precioso en la preparación frente al virus.
Hoy se estima -según un informe del Instituto de Métrica y Evaluación Sanitaria de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington- que la pandemia tendrá al Reino Unido como el país europeo más afectado, con proyecciones que hablan de hasta 60 mil muertos.
El sistema sanitario no se encuentra preparado para enfrentar la situación (hay poco más de 17 mil camas para una demanda que llegará a las 100 mil, y 800 plazas en terapia para las 24 mil que se necesitarán).
El director de la revista médica The Lancet, Richard Horton, ha publicado un amargo texto en que reprocha la falta de medidas de prevención y sentencia que “pacientes morirán innecesariamente. El personal del NHS [servicio público de salud] morirá innecesariamente. Es, de hecho, como escribió un trabajador sanitario la semana pasada, ‘un escándalo nacional’. Aún no se percibe la gravedad de ese escándalo” (Perfil, 27/3).
Los trabajadores de la salud denuncian que la distribución de los equipos de protección -área que se encuentra privatizada desde el gobierno de Tony Blair- ha sido caótica. Y que dichos equipos son escasos y no suficientemente seguros. A causa de esta negligencia ya han muerto varios trabajadores. En algunos nosocomios se han producido sublevaciones del personal en demanda de las condiciones mínimas de seguridad.
Todo esto es la coronación de un desfinanciamiento sistemático del NHS, en línea con las políticas de ajuste, que ha llevado a un colapso de las guardias hospitalarias y a largas esperas para acceder a tratamientos. El último clavo en el ataúd sería su privatización completa. Entre los buitres que rondan alrededor figura el propio Trump, que ha expresado su interés en que sea entregado a empresarios norteamericanos.

La crisis política

Con Johnson fuera de combate, las riendas del país han quedado provisoriamente en manos del ministro de exteriores, Dominic Raab. Al igual que Boris, ha sido un ferviente defensor del Brexit -cuyas negociaciones se han congelado debido al impacto devastador de la pandemia en todo el continente. En caso de que el primer ministro falleciera, los ministros y el Partido Conservador deberían elevar a la reina Isabel II un nombre para que esta le encargue la formación de gobierno.
El abordaje político de la pandemia ha provocado -como en tantos otros países- fisuras en el gabinete. Los medios indican una tensión entre el ministro de salud y el ministro de economía, este último operando más directamente bajo la presión de grupos empresarios perjudicados por la cuarentena.
Para rescatar a las empresas ante la crisis, el Banco de Inglaterra ha dispuesto un aumento en su plan de compra de bonos de hasta 200 mil millones de libras (245 mil millones de dólares), que financiará el aumento gubernamental del gasto. Entre las medidas ya adoptadas por el gobierno, figura la asunción del pago de hasta el 80% de los sueldos -por al menos tres meses- en empresas que no están operando a causa de la pandemia.

El laborismo

El nuevo jefe del Partido Laborista, Keir Starmer, ha anunciado en este contexto que hará una “oposición constructiva”. En nombre de la pandemia, se ha colocado en un campo común con un gobierno brutalmente antiobrero y procapitalista.
Starmer, apoyado por el ala derecha del partido, viene de derrotar con el 56% de los votos a Rebecca Long-Bailey, la candidata de Jeremy Corbyn en la interna laborista, que obtuvo sólo el 26%. Starmer consiguió un mayor apoyo que su rival incluso entre los sindicatos. La caída de Corbyn se produce como consecuencia del desastre de las últimas elecciones generales, en las que el laborismo sufrió una tremenda derrota a manos de Johnson, aun en bastiones laboristas del centro y el norte inglés. Corbyn procuró un equilibrio imposible entre los sectores de su partido proclives al Brexit y los partidarios de la permanencia en la Unión Europea, por lo que careció de un planteo coherente frente a un problema político crucial. Esto fue aprovechado por Johnson, quien presentó ante los explotados la salida de la Unión Europea como la respuesta a todas las penurias que el país atraviesa desde la bancarrota de 2008. La victoria de Starme en el laborismo refuerza a los sectores más derechistas, pero no cancela la crisis de un partido profundamente dividido.

Una salida

El coronavirus viene a potenciar la crisis en un país que se encuentra profundamente golpeado por las tendencias a la disgregación nacional que abrió el Brexit (Escocia, Irlanda del Norte) y por la propia crisis de la Corona, que tuvo su último episodio en la salida del príncipe Harry y su esposa Megan Markle.
Las masas necesitan un plan de reivindicaciones frente a la pandemia, en defensa del sistema de salud, del salario y los puestos de trabajo, como parte de la lucha contra el gobierno ajustador de Johnson. Y, frente al callejón sin salida del Brexit y las políticas ajustadoras de Bruselas, recobra actualidad el planteo de la unidad socialista del Reino Unido y Europa.

Gustavo Montenegro

miércoles, 8 de abril de 2020

Crecen las luchas en Estados Unidos por medidas de seguridad e higiene ante la pandemia




Paros en Amazon y varias fábricas. Protestas en el sector salud

"Siento que todos estamos siendo enviados al matadero”. Esta es la declaración del enfermero Thomas Riley en una entrevista con la BBC (1/4) y que resume a la perfección el cuadro de crisis general que atraviesa la clase obrera de Estados Unidos, el país más afectado por el coronavirus. La pandemia no redujo los antagonismos entre clases sociales, ya que los capitalistas hacen todo por resguardar sus ganancias -a costa de la salud y la vida de las masas- y los obreros se organizan y luchan para defenderse del ataque.
En esta pulseada, los obreros estadounidenses vienen protagonizando grandes luchas por la conquista de licencias por enfermedad, condiciones de salubridad e higiene y el cierre de los establecimientos cuando está en riesgo la salud del colectivo obrero.

Coronavirus y huelgas

El lunes de la semana pasada, los trabajadores de Amazon en State Island, frenaron sus tareas por 24 hs. contra la exigencia patronal de seguir trabajando a pesar de detectar cinco casos de coronavirus, sin siquiera desinfectar el lugar ni darle cuarentena al grupo de riesgo. Chris Smalls, principal vocero de la manifestación, fue despedido el martes pasado. La patronal amenazó con más despidos a quienes no vuelvan a cumplir sus tareas (CNBC, 31/3), tildándolos de “exagerados”, pero transcurrida apenas una semana, ya se detectaron veinte nuevos casos en el mismo almacén. Los trabajadores volvieron al paro de actividades desde la mañana de este martes y hasta que se garanticen las condiciones de sanidad e higiene, esta vez con la adhesión de sus compañeros en Chicago.
Pero la de Amazon no es una situación aislada. Sucedió antes con las fábricas automotrices y con General Electric y se vienen repitiendo, de modo similar, en otros lugares. Casi 2.000 trabajadores de la alimentación de distintas fábricas en Illinois y Colorado comenzaron una huelga de conjunto para que se garantice la higienización periódica y se cumpla con el distanciamiento social preventivo. En Massachusetts, son los 100.000 trabajadores que nuclea el Sindicato de Carpinteros (NERCC, por sus siglas en inglés) los que fueron al paro para exigirle al gobernador republicano Charlie Baker que declare la cuarentena para ese sector, ya que la construcción de obras estatales no son una tarea esencial en este momento. En Nueva York, epicentro de la pandemia, ya han muerto 33 trabajadores del tránsito y 10 carteros por contagios en la vía pública.
Otro punto a destacar es la situación que se vive en las cárceles para inmigrantes, un blanco favorito de Trump para arremeter siempre que puede. Por el momento, se han registrado sólo a 8 inmigrantes contagiados. Pero sin jabones ni barbijos, hacinados, y en contacto permanente con policías que entran y salen sin la higienización correspondiente, la propagación del virus será imparable. En la cárcel de mujeres migrantes de Washington, se inició una huelga de hambre por la liberación inmediata del grupo de riesgo, una moratoria en los procesos de deportación y traslados y un protocolo de salubridad e higiene (Democracy now, 6/4).

Trabajadores de la salud, carne de cañón

Pero, para colmo, quienes reciben de lleno el impacto del virus en primera línea, son los trabajadores de la salud. Solo hasta el momento, 22 doctoras/es y enfermeras/os murieron expuestos al contagio cuando atendían a sus pacientes, ya que no poseían los equipos de protección individual (EPP). Para solventar este déficit, se les pide a doctoras/es y enfermeras/os que reutilicen sus equipos descartables, como ser barbijos, guantes de látex y delantales (Infobae, 5/4). Contra este pedido irrisorio, enfermeras de Detroit hicieron un piquete a las afueras del hospital y siete de ellas fueron despedidas.
Los trabajadores de la salud también denuncian el desfinanciamiento del sistema público, propiciado sistemáticamente por demócratas y republicanos. El personal no posee un equipo de prevención ni los insumos necesarios para atender a sus pacientes: hay falta de pruebas, lentitud para dar a conocer los resultados, escasez de equipos protectores, falta de respiradores y una planta médica que no da abasto. Esta realidad “contradice el optimismo de Trump de que los Estados tienen recursos de sobra para pelear contra la pandemia” (El País, 6/4). Jerome Adams, director general del departamento de Salud Pública, dijo que los próximos días serán “nuestro momento Pearl Harbor o nuestro momento 11-S, francamente” (ídem, 7/4).

Por la victoria de todas las luchas

Como advertimos en Prensa Obrera, asistimos “al completo descrédito de todas las instituciones del capitalismo estadounidense, que ha demostrado ser incapaz de prepararse o responder a una pandemia, lo cual, a su turno, aviva todas las tensiones internas”.
Con más de 12.000 muertos por coronavirus y más de 10 millones de telegramas de despidos por emitirse, la clase obrera estadounidense debe organizarse para enfrentar los estragos de la pandemia en todas sus vertientes: el virus se potencia con las crisis y contradicciones del régimen capitalista.

Álvaro Chust

lunes, 6 de abril de 2020

El detonante de la nueva recesión mundial




En el momento justo, cuando tenía lugar la cumbre de los líderes de las principales economías capitalistas (G7) en Biarritz, China anunció una nueva ronda de aranceles por valor de 75.000 millones de dólares para las mercancías importadas de Estados Unidos. Una represalia ante la nueva ronda de aranceles a los productos chinos que los EE.UU. tienen prevista para diciembre. El presidente de EE.UU. Trump reaccionó con enojo e inmediatamente anunció que iba a aumentar los aranceles ya existentes en 250.000 millones de dólares para los productos chinos e imponer más aranceles por valor de 350.000 millones de dólares a las importaciones de China.
El presidente de Estados Unidos también dijo que ordenaba a las compañías de Estados Unidos buscar la manera de abandonar sus operaciones en China. «No necesitamos a China y, francamente, sería mucho mejor sin ella», escribió Trump. «Ordeno, por lo tanto, a nuestros grandes empresas estadounidenses comenzar inmediatamente a buscar una alternativa a China, incluyendo cómo traer de vuelta a casa sus empresas y fabricar sus productos en los EE.UU.».
Esta intensificación de la guerra comercial, naturalmente, dañó a los mercados financieros; el mercado de valores de EE.UU. cayó fuertemente, los precios de los bonos subieron, con los inversores buscando «refugios seguros» en los títulos públicos; y el precio del crudo cayó mientras China se prepara para una reducción de las importaciones de petróleo de Estados Unidos.
Estos acontecimientos se produjeron sólo un día después de que los últimos datos sobre el estado de las principales economías capitalistas revelaran una desaceleración significativa. El índice de la actividad manufacturera de Estados Unidos (PMI) para agosto estuvo por debajo de 50 por primera vez desde el final de la Gran Recesión en 2009.



De hecho, los índices de EE.UU., la zona euro y Japón están por debajo de 50, lo que indica que estamos ya en una recesión manufacturera real. Y el de ‘nuevos pedidos’ para cada región ha sido aún peor, así que el índice de las manufacturas caerá aún más. Hasta ahora, los sectores de servicios de las principales economías han estado aguantando, evitando así los índices de una depresión económica en toda regla. «Este descenso aumenta el riesgo de que la debilidad del sector manufacturero pueda haber comenzado a extenderse a los servicios, un riesgo que podría generar un debilitamiento mayor al esperado en los mercados de trabajo estadounidense y global». (JPM). En general, JP Morgan estima que la economía mundial está creciendo a un ritmo anual de apenas un 2,4%, cerca de los niveles considerados como ‘perdida de velocidad’ antes de una auténtica recesión.
A pesar de todas sus bravatas acerca de lo bien que va la economía de Estados Unidos, Trump está preocupado. Además de atacar a China, también se lanzó a criticar al presidente de la Reserva federal de EE.UU., Jay Powell, por no recortar las tasas de interés para impulsar la economía, afirmando que Powell es un «enemigo» de la economía de Estados Unidos, ¡tan peligroso como China!
Powell acababa de hablar en la reunión anual de verano de los banqueros centrales del mundo en Jackson Hole, Wyoming. En su discurso, básicamente dijo que la política monetaria solo podía hacer lo que podía. Las guerras comerciales y otros ‘choques’ globales no pueden superarse solo con políticas monetarias. El comité de política monetaria de Powell está dividido sobre qué hacer. Algunos quieren mantener las tasas de interés donde están porque tienen miedo de que unas tasas de interés demasiado bajas (y en todas partes son negativas) impulsarán un crecimiento insostenible del crédito y estallará la burbuja. Otros quieren recortar las tasas, como Trump exige, para resistir las fuerzas recesivas que descienden sobre la economía. Powell aseguró que «Estamos examinando los instrumentos de política monetaria que hemos utilizado tanto en tiempos de calma como de crisis, y nos preguntamos si debemos ampliar nuestra caja de herramientas».
El problema es que los banqueros centrales en Jackson Hole se están dando cuenta, como ya se había hecho evidente, de que la política monetaria, ya sea convencional (reducción de las tasas de interés) o no convencional (impresión de dinero o ‘flexibilización cuantitativa’), no esta funcionando a la hora de conseguir que las economías salgan de su bajo crecimiento y poca productividad y eviten una nueva recesión.
Muchos de los trabajos académicos presentados a los banqueros centrales en Jackson Hole están marcados por el pesimismo. Uno argumenta que los banqueros necesitan coordinar la política monetaria en torno a una «tasa natural de interés mundial» para todos. El problema es que «existe una considerable incertidumbre acerca de cuál es esa tasa neutral precisamente» en cada país, y mucho más a nivel mundial. Como dijo un orador: «Soy prudente a la hora de utilizar este concepto imposible de medir para estimar el grado de divergencia política en todo el mundo (o incluso sólo el G4)». ¡Así están los fundamentos de la política monetaria de la mayoría de los bancos centrales de los últimos diez años!
Otro papel señala que «la divergencia en políticas monetarias vis-a-vis los EE.UU. tiene efectos indirectos más importantes en los mercados emergentes que en las economías avanzadas. «Por lo tanto, la transmisión de la política monetaria interna es imperfecta, y en consecuencia, las medidas de política monetaria de los mercados emergentes diseñadas para limitar la volatilidad del tipo de cambio pueden ser contraproducente». En otras palabras, el impacto de la tasa de política de la Reserva Federal y del dólar en las economías más débiles es tan grande que los bancos centrales más pequeños no pueden hacer nada con su política monetaria, ¡excepto empeorar las cosas!
No es de extrañar que el gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, aprovechase la oportunidad en su discurso antes de abandonar su puesto para sugerir que la respuesta debía ser poner fin a la hegemonía del dólar en los mercados comerciales y financieros. Los EE.UU. suponen sólo el 10 por ciento del comercio mundial y el 15 por ciento del PIB mundial, pero asimismo la mitad de las facturas comerciales y dos tercios de la emisión de valores a nivel global, según el gobernador del Banco de Inglaterra. Por ello, «mientras que la economía mundial está siendo restructurada, el dólar sigue siendo tan importante como cuando se derrumbó en 1971 el sistema de Bretton Woods. Causa demasiados desequilibrios en la economía mundial y es un peligro para las economías emergentes más débiles, que no pueden obtener suficientes dólares. Ha llegado la hora de un fondo mundial de protección contra la fuga de capitales y más tarde de un sistema monetario mundial ¡con una moneda mundial! ¡Qué ilusiones! Pero es una muestra de la desesperación de los bancos centrales.
La inminente recesión global también ha concentrado las mentes de la teoría económica dominante. Hay división de opiniones entre los economistas ortodoxos sobre que política económica hay que adoptar para evitar una nueva recesión global. El ortodoxo keynesiano, Larry Summers, exsecretario del Tesoro de Estados Unidos con Clinton y profesor de Harvard, ha argumentado que las economías capitalistas están en ‘estancamiento secular’. Así que él cree que la flexibilización monetaria, ya sea convencional o no, no funcionará. Se necesitan estímulos fiscales.
Por otra parte Stanley Fischer, exgobernador adjunto de la Reserva Federal de Estados Unidos, y ahora ejecutivo del megafondo de inversión Blackrock, reconoce que los estímulos fiscales no funcionarán porque no son ‘suficientemente ágiles’, es decir tardan demasiado tiempo en tener efecto. Además se corre el riesgo de que aumente la deuda pública y los intereses hasta niveles insostenibles. Por lo tanto, las medidas monetarias son mejores.
Los postkeynesianos y los partidarios de la Teoría Monetaria Moderna están muy emocionados porque Summers parecía estar de acuerdo con ellos, finalmente, a saber, porque el estímulo fiscal a través de los déficits presupuestarios y los gastos del Gobierno pueden frenar el colapso de la ‘demanda agregada’. Parece que el consenso entre los economistas comienza a ser que los bancos centrales pueden hacer muy poco o nada para apoyar a las economías capitalistas en 2019.
Pero en mi opinión, ni los ‘monetaristas’ ni los keynesianos/TMM tienen razón. Ni una mayor flexibilización monetaria ni estímulos fiscales podrán detener la recesión que se aproxima. Esto se debe a que no tiene que ver con la débil ‘demanda agregada’. El consumo de los hogares en la mayoría de las economías es relativamente fuerte porque la gente sigue gastando más, en parte, a través de un mayor endeudamiento a tasas muy bajas de interés. La otra parte de la ‘demanda agregada’, la inversión empresarial es cada vez más débil. Pero eso es debido a la baja rentabilidad y ahora más en el último año, debido a la caída de las beneficios en los EE.UU. y en otros lugares. De hecho, los márgenes de beneficio empresarial en los Estados Unidos (beneficios como porcentaje del PIB) se han reducido (desde su nivel récord) durante más de cuatro años, la mayor contracción de postguerra.



Los keynesianos, postkeynesianos (y los partidarios de la TMM) creen que los estímulos fiscales a través de más gasto público y el aumento de los déficits presupuestarios de los gobiernos es la manera de poner fin a la Larga Depresión y evitar una nueva recesión. Pero nunca ha habido la menor prueba de que tales medidas de gasto fiscal funcionen, excepto en la economía de guerra de 1940, cuando el grueso de la inversión fue pública o dirigida por el Gobierno, y la capacidad de decisión sobre la inversión industrial arrebatada a las empresas capitalistas.
La ironía es que el mayor gasto fiscal a nivel mundial ha sido el de Japón, que ha tenido déficits presupuestarios durante 20 años, con poco éxito a la hora de conseguir un crecimiento económico por encima del 1% anual desde el final de la Gran Recesión; y el de los EE.UU de Trump, con sus recortes y exenciones de impuestos corporativos en 2017. La economía de Estados Unidos se está desacelerando rápidamente y Trump está hablando de hacer más recortes de impuestos y exigiendo a Powell que recorte las tasas de interés. En Europa el Banco Central Europeo está preparando una nueva ronda de medidas de flexibilización monetaria. E incluso el Gobierno alemán juega con la idea de aumentar el gasto público mediante el déficit fiscal.
Así que probablemente tengamos una nueva ronda de flexibilización monetaria y de medidas de estímulo fiscal, para satisfacción de todas las escuelas de teoría económica ortodoxas y heterodoxas. Pero no va a funcionar. La guerra comercial y tecnología es el detonante de una nueva recesión global.

Michael Roberts, reconocido economista marxista británico, que ha trabajado 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.
Traducción: G. Buster

domingo, 5 de abril de 2020

La crítica del Che a la economía política soviética




Apuntes sobre los «Apuntes…»

Cuando Marx terminó El Capital y entregó, luego de 19 arduos años de trabajo, esta obra a la imprenta, se congratuló por el golpe práctico que había asestado. El líder revolucionario sabía mejor que nadie el arma formidable que ponía en manos del proletariado para su lucha cotidiana. Despojada de toda mistificación, la economía política marxista mostraba la verdadera esencia de la explotación, la plusvalía constantemente acumulada y que acaba convirtiéndose en un poder material sobre los hombres. Sobre esta concepción científica podía comenzar a construirse una efectiva estrategia revolucionaria.
Este comentario sobre la importancia que daba Marx a la teoría no resulta ocioso a la hora de hablar del Che. Inmerso en las contradicciones de construir una nueva sociedad en un país como Cuba, con una estructura económica y social deformada por siglos de capitalismo dependiente, Guevara no descuidó el estudio ni el debate, consciente de que solo con una adecuada concepción teórica de los problemas cardinales se podía orientar la práctica por el buen sendero de la construcción del socialismo.
La que pudiéramos denominar “su obra teórica” quedó esparcida en una serie de escritos de diversa índole: discursos, diarios, artículos publicados en revistas, transcripciones de actas, etc. Quizás su más ambicioso proyecto fuera la serie de notas que se publicarían luego con el título de Apuntes críticos a la Economía Política. Allí, al comentar varios fragmentos extraídos del Manual de Economía Política, publicado por la Editora Política en 1963, desarrolla una concepción dinámica del marxismo, donde no duda en contraponer sus propias ideas a las de clásicos como Lenin.
El Che llega a este estudio impelido por los retos que planteaba la construcción práctica del socialismo a los cubanos. La declaración del carácter socialista de la Revolución pocos años antes obligó a difundir a gran escala el marxismo en un país prácticamente sin tradición marxista previa. En este empeño hubo que apoyarse en los manuales soviéticos que, como apuntaba el Che en carta a Armando Hart, “tienen el defecto de no dejarte pensar, pues el partido ya lo hizo por ti.” Se imponía, pues, una revisión crítica de ese marxismo.
En su estudio, Guevara se topa con un problema clave: lo que se enseñaba en estos manuales no era el reflejo de una evolución teórica en el marxismo, sino que eran compendios ideológicos, donde las deformaciones, contradicciones y vueltas de tuerca de la sociedad soviética eran convertidos en leyes universales de la construcción del socialismo. La crítica de los manuales devenía entonces la crítica de una sociedad y de su expresión teórica, el marxismo soviético. Toda forma es forma de su contenido, decía Marx. Pero la crítica del Che no es la crítica por la crítica, sino que es el posicionamiento de un revolucionario que todo el tiempo extrae de la experiencia estudiada lecciones prácticas para construir el socialismo en una pequeña isla del Caribe.
Para los años en que el Che emprende estos Apuntes, mediados de la década del sesenta, ya se habían concretado en la URSS y las llamadas “democracias populares” de Europa del Este una serie de procesos y se iniciaban otros que, a la vuelta de dos décadas, acabarían dando al traste con el socialismo europeo. Se hablaba del “socialismo de mercado” como clave para salir de la recesión económica que comenzaron a experimentar esas sociedades a finales de los cincuenta. La aspiración de muchos de estos países a parecerse a sus homólogos de Europa occidental, haciendo abstracción de las diferencias históricas, políticas y de otra índole, llevaron a un resquebrajamiento de la antigua ideología. El famoso deshielo trajo, por un lado, un margen de libertad creativa y personal que era ansiada, pero por otro, profundizó la confusión ideológica. Para decirlo con palabras del Che: “Al dogmatismo intransigente de la época de Stalin ha seguido un pragmatismo inconsistente.”
Resulta imposible en estas breves páginas agotar la riqueza, real y potencial, de lo que el Che esboza en sus notas al Manual de Economía Política. Nos limitaremos entonces a señalar algunas de las directrices fundamentales del libro, así como algunos de los principales momentos de diálogo que se dan entre el guerrillero y la tradición marxista precedente, como parte del proceso creativo de asimilación del marxismo que le era consustancial.
En el análisis de la sociedad soviética, al que se ve abocado como parte de su estudio crítico del Manual…, Guevara establece el momento de la NEP como el parteaguas de todas las deformaciones posteriores. Su admiración por el líder de la Revolución de Octubre no le impide cuestionar su decisión, que en la práctica implicaba un regreso de la sociedad soviética a formas precapitalistas, aún cuando comprendía las razones que lo habían empujado a dar este paso. En el proyectado prólogo, titulado La necesidad de este libro, escribe:
«Nuestra tesis es que los cambios producidos a raíz de la Nueva Política Económica (NEP) han calado tan hondo en la vida de la URSS que han marcado con su signo toda esta etapa. Y sus resultados son desalentadores: la superestructura capitalista fue influenciando cada vez en forma más marcada las relaciones de producción y los conflictos provocados por la hibridación que significó la NEP se están resolviendo hoy a favor de la superestructura; se está regresando al capitalismo.» (El subrayado es mío)
Esto, dicho desde la década del sesenta, resulta premonitorio. La comprensión de que la esencia de muchos fenómenos en la sociedad soviética derivaba de las formas capitalistas que, bajo nuevos disfraces y con nuevas actitudes, se reproducían en la sociedad, es el hilo de Ariadna que permite interpretar muchas de las “verdades científicas” del manual en su correcto sentido. Desde las hoy risibles afirmaciones de que la URSS era ya, casi, comunista, hasta otras más complejas, como presentar las viejas leyes del capitalismo con otro nombre cual si fuesen nuevas leyes descubiertas por el socialismo. Ocurre así, por ejemplo, con el interés. Al reconocer que los Bancos soviéticos cobraban interés por los créditos se caía en una contradicción, puesto que el interés es consustancial al capital, es el dinero produciendo dinero, algo incompatible con la forma comunista de organizar la sociedad y la economía. Ya el interés había sido fuertemente criticado por las diversas corrientes de socialismo premarxista y por el mismo Marx, quien bebe de estas fuentes.
La subsistencia de formas y relaciones capitalistas en la sociedad soviética, sumado a la necesidad de dinamizar la producción, llevaron a alternativas que no tenían nada que ver con la concepción del socialismo que defendía el Che. El estímulo material como única palanca enturbiaba el carácter social que debía tener el trabajo. Para el Che se debía apelar en igual medida, o preferencialmente, a resortes morales. Ir formando en los hombres una conciencia colectiva. Cualquier forma de propiedad y distribución de la riqueza generada que no comprendiera a la sociedad en su conjunto, aun cuando se distribuyera entre colectividades como la de una fábrica o una cooperativa, lo único que hacía era generar desigualdad y fracturas.
Ante la defensa manualística de los koljoz, y su conversión en una forma universal socialista de organización de la economía agraria, el Che apunta en primer lugar el carácter exclusivamente soviético de la experiencia para luego afirmar que la propiedad de los koljoz se colocaba, inevitablemente, como una forma de propiedad diferente de la propiedad social. Esta escisión para el Che era inconcebible. Todos los medios de producción debían ser propiedad del Estado, el cual durante la etapa de transición los explotaba en beneficio social. La mayor cantidad, riqueza, eficiencia y productividad de los koljozes, que en esencia no eran más que cooperativas de propietarios privados, en contraposición con los sovjozes, de propiedad estatal, eran, para él, uno de los síntomas de la vitalidad de las formas capitalistas en la URSS. De hecho, en una de las notas afirma tajantemente: «Insisto: la propiedad cooperativa no es una forma socialista.» El Che compartía la visión de Marx de que la pequeña propiedad campesina produce capitalismo a cada paso.
Su cuestionamiento del estímulo material como palanca exclusiva de la producción lo va a enfrentar no solo con la concepción soviética, sino con teóricos importantes del marxismo, como Lenin y Trotsky. Este último en La Revolución Traicionada apuesta por esta forma de estímulo como la mejor vía para dinamizar la economía soviética en la década del treinta.
Sin profundizar en esta contradicción, que no es la única, basta apuntar que en la concepción del Che jugaba un importante papel la educación y el ejemplo. Apostaba por buscar formas en las cuales primara el estímulo moral como forma directa y que el estímulo material, de estar, estuviese de un modo secundario. Ponía el ejemplo del obrero que se destaca en la producción, como premio se le da un reconocimiento y un curso para que se supere, al cabo del cual y como resultado de su mayor preparación, puede optar por una plaza más cualificada y esto mejora su salario.
Pero la solapada tendencia hacia el capitalismo en la sociedad soviética no se hacía evidente solo en la readecuación de formas y nombres, sino también en las importantes concesiones que se hacían en puntos que eran claves para la concepción revolucionaria del marxismo. Se hablaba de la “emulación pacífica entre ambos sistemas” o la afirmación de que la dictadura del proletariado no es solo, ni es necesariamente, un régimen de violencia. El apunte del Che ante este último planteamiento resulta sintomático de su punto de vista y su temperamento:
«Oportunismo de poca monta. La dictadura del proletariado es un régimen de violencia contra la burguesía; está claro que la intensidad de la lucha depende de la resistencia de los explotadores, pero nunca será un régimen de agua de rosas, o se lo comen.»
La negación de la violencia revolucionaria era, también, la negación de la lucha de clases como motor impulsor de la historia. Se perdía de vista el punto crucial del enfrentamiento entre ambos sistemas, en el cual el socialismo debía ser la negación del anterior estado de cosas capitalista. Una vez más, se manipulaban los términos para convertir un presente circunstancial en una verdad definitiva. El socialismo, para ser, debía necesariamente negar al capitalismo, aún cuando en un momento histórico específico se viese obligado a convivir con su enemigo. El perder de vista la esencia clasista del enfrentamiento fue uno de los factores que llevaron al fracaso del modelo soviético.
El Che critica también la tendencia constante en estos manuales a comparar los resultados económicos del socialismo en la URSS con los de los países desarrollados, llegando a conclusiones casi siempre falseadas. Esto es lo que clasifica como “complejo de inferioridad ideológico”.
En sus apuntes, Guevara recorre otra serie de temáticas que van desde las diferencias sociales al interior de la URSS, las relaciones no siempre cordiales entre los países socialistas, Stalin y sus sucesores, hasta cuestiones teóricas como la transición al comunismo y el problema del Estado. Todos estos temas, al menos la riqueza de su planteamiento en notas apresuradas, dejan la insatisfacción de no conocer a profundidad la postura del guerrillero en torno a ellos.
Desde su percepción, el problema fundamental al que se enfrentaba la sociedad soviética en su época era resolver la contradicción creada por la existencia de bienes de producción en propiedad privada, los koljoses, y asegurar la educación para el comunismo. Esta tarea sigue siendo prioritaria hoy también para nuestra sociedad.
De la lectura cuidadosa de estos Apuntes se sacan múltiples lecciones para la realidad cubana. Inmersos todavía hoy, como hace sesenta años, en la construcción del socialismo, las advertencias y críticas de Che siguen siendo válidas. En tiempos donde se desarrolla la propiedad privada, donde se apela exclusivamente a la palanca material como estímulo para la producción, donde se olvida o se desvirtúa la lucha de clases, podemos encontrar en sus escritos algunas de las claves.
En la rica tradición de revolucionarios intransigentes, de hombres íntegros, que no dudaron en sacrificar su vida por el Ideal, no el idealismo, Ernesto Guevara ocupa un lugar relevante. Su pensamiento sigue siendo hoy un organismo vivo con el que necesariamente debemos dialogar todos los que aspiramos a una sociedad mejor.

José Ernesto Nováez Guerrero
La Tizza

Colonia golpeada por el coronavirus y la incertidumbre




Cuarentena, infectados, desempleo, una crisis que se profundiza y vecinos que se organizan.

El coronavirus también golpea a Colonia. En las últimas horas se confirmó en el departamento 4 caso positivos y 8 que aún están en estudio. La cuarentena se refleja en el centro de la Ciudad de Colonia, por ejemplo, en el Barrio Histórico, lugar elegido por el turismo, ni se están realizando actividades y sus calles están sin visitantes. Hoteles, restaurantes y comercios permanecen cerrados.

Detrás de la cuarentena

Pero detrás de la cuarentena y de la soledad de las calles, hay miles de familias viviendo en la incertidumbre total. Trabajadores enviados al seguro del paro, como el caso de los trabajadores del shopping y de la fábrica Yazaki, otros que fueron despedidos sin ningún tipo de respaldo, personal que está expuesto por las patronales para seguir cumpliendo funciones, y los trabajadores informales que no tienen otra salida: cuarentena o llevar la comida de cada día a sus hogares. No todos los colonienses podemos quedarnos en casa, hay quienes no tienen ninguna cobertura y se ven en la necesidad de salir a generar ingresos.
El departamento hace tiempo que vive una situación compleja: desempleo, precarización, elevadas tarifas, solo por mencionar algunos temas. Pero ahora la crisis se profundiza en este nuevo contexto de epidemia. La clase trabajadora no sólo está preocupada por la salud de sus familias, a esto se le suma la preocupación de cómo "ir tirando el día a día", cómo hacer frente al alquiler, impuestos y deudas.
La cuarenta en algún momento va a pasar, pero las consecuencias de esta situación van a seguir recayendo sobre las espaldas de miles de familias. Mientras tanto las medidas que toma el Estado son nulas o resultan ser simples migajas para la dimensión del problema, y por otro lado se siguen echando más cargas a los trabajadores, como por ejemplo las nuevas subas en las tarifas de los servicios que se aplicaron a partir del 1 de abril.

¡La comunidad se organiza!

Ante este escenario de crisis sanitaria y económica, los vecinos de Colonia se organizaron para solidarizarse con las familias que están siendo gravemente golpeadas en este contexto. Se organizaron ollas populares y merenderos. Tanto en el Barrio El General y en Real de San Carlos, hay vecinos planificando estas actividades y difundiendo a través de las redes sociales.
Una de las ollas populares tuvo lugar el fin de semana pasado en el Club San Carlos, que se planificó entre vecinos y el club. El sábado hubo una concurrencia de 75 personas y el domingo fue de aproximadamente 200 personas, números que reflejan las necesidades que están viviendo las familias colonienses. La olla seguirá funcionando los miércoles, sábados y domingos. En el barrio El General también se están planificando ollas para los próximos días, y varios vecinos se están agrupando en otros puntos para realizar merenderos.

¡Que la crisis no la paguemos nosotros!

La situación es preocupante, no sólo está en riesgo nuestra salud, también lo están nuestros empleos, ingresos, viviendas y subsistencia.
¡Basta de descargar la crisis en las clases trabajadoras y populares!
¡Que está crisis sanitaria y económica la paguen quiénes la generaron!
¡Que se tomen las medidas necesarias en materia de salud como por ejemplo los test masivos, además de soluciones reales para que la comunidad pueda respetar el aislamiento!
Porque nuestras vidas valen más que sus ganancias y que la crisis la paguen sus verdaderos originadores.

Eleonora González
Viernes 3 de abril | 21:23

Población en situación de calle: desamparo, hacinamiento y punitivismo

La población en situación de calle está en riesgo, y el gobierno lo resuelve hacinando a la gente y con medidas punitivas. La situación de los refugios no es menos indignante.

La Izquierda Diario Uruguay conversó con una funcionaria que trabaja en un refugio nocturno, quien nos contó la situación desesperante que vive la población en situación de calle y también la del personal que la atiende, en situación de hacinamiento y de precarización absoluta.

La situación de los refugios

Los refugios nocturnos tipo 1 van desde las 18 a las 9 hs del otro día. No hay posibilidad de que las personas en situación de calle que allí acuden, puedan permanecer en el refugio durante el día, por lo que tienen que volver a la calle.
En los espacios públicos son escasos los lugares de encuentro para pasar el tiempo, higienizarse y calentar agua durante el día, al permanecer cerrados los edificios públicos y las facultades.
En un principio, el MIDES no dio instrucciones de cómo trabajar ante la pandemia, por lo que las mismas trabajadoras y trabajadores han tenido que donar de su bolsillo alcohol en gel y productos de limpieza para higienizar y fumigar el local.
Nunca hubo un refuerzo de insumos de limpieza y cuidado de la salud, según nos comenta esta funcionaria. En un refugio surgió la iniciativa de confeccionar tapabocas, ante la falta de este insumo tan básico.
Como se sabe, la población en situación de calle es la más desprotegida y desamparada. Tampoco hay cuidado por las funcionarias y funcionarios que allí trabajan.
“La población de calle es el reflejo de todas las contradicciones de nuestra sociedad, expresan el malestar de un sistema totalmente enfermo de la sociedad. Tenemos demasiado naturalizado el descuido por la salud de la población de calle y por la salud de las trabajadoras y trabajadores de refugios y otros centros de asistencia social”, expresa la funcionaria que, por cuestiones obvias, preservamos su identidad .
Trabajando horas extras que no se reconocen, priorizando los informes que deben enviar al MIDES y descuidando a la población de calle. “Se prioriza a la burocracia y no nuestra salud. Nosotros mismos, los funcionarios, estamos en condición de hacinamiento, junto con la población de calle, los cuales la mayoría son población de riesgo porque presentan distintas patologías como VIH, diabetes, hipertensión.
Encima laburamos por chirolas, siendo que somos profesionales, estamos recontra precarizados” nos cuenta esta funcionaria.
El equipo móvil de situación de calle tampoco está atendiendo, porque están en cuarentena. Y por esta pandemia, se han ocultado otros muchos problemas de salud, y situaciones de emergencia no son atendidas porque “no son una emergencia”, es decir que se incurre en una omisión de asistencia por parte del Estado.
Las y los funcionarios están rotando en los días de atención, pero el riesgo de contagio sigue alta.
Tampoco funciona el dispositivo de “puerta de entrada” y queda a cargo de los refugios hacer el ingreso correspondiente. “Esto genera mayor precarización porque no estamos aptos para esa tarea, con el riesgo que implica que, si llega alguien contagiado, se contagia todo el mundo. O por lo menos, si tenemos que recibir a la gente, podamos tener un kit de test para que podamos hacerlo y ver cuál es la situación sanitaria”.
A su vez la perversión del sistema burocrático del MIDES lleva a que a personas que se habían desvinculado por el plazo de un año, no se les permite el reingreso al sistema de los refugios, por lo que desde las autoridades se prefiere dejar a esas personas en la calle antes de que puedan ser ingresadas a pernoctar en los refugios.
Todas las asistencias a la población a su salud por adicciones, patologías psiquiátricas y otros tratamientos quedaron totalmente suspendidas, con el riesgo que esto implica.
Las fuerzas represivas están patrullando por las calles en la noche, en algunos casos sin identificación, y es muy probable que sucedan abusos policiales.

El hacinamiento y punitivismo de los lugares provistos por el gobierno

Con el correr de los días y de la crisis, el MIDES comunicó que varias personas en situación de calle irían a hoteles y otros lugares acondicionados, supuestamente, pero no se habilitó a que los refugios se transformen en centros de 24 hs, de manera de poder alejar a la población.
Estos lugares, como ya fue denunciado, se encuentran en total condición de hacinamiento y confinamiento. “Es un aguantadero de gente” al decir de una funcionaria contratada por una de las cooperativas que gestiona un refugio. Lo cual representa un espacio de gran riesgo de contagio porque no es recomendable tener tantas personas juntas.
Los lugares propuestos por el MIDES para albergar a la población de calle son, hasta ahora, el Palacio Peñarol, el Estadio Centenario y Rural del Prado, además del Hotel Urban Express, y ya hay denuncias de ingresos compulsivos y no permiso de salida, donde la población está virtualmente “detenida”. A esto se suma el hacinamiento, ya que las camas están unas encima de otras – sin la previsión de metro y medio de distancia entre una y otra – y la falta de insumos de higiene.
Por su parte, quienes atienden estos lugares, en muchos casos son el personal de los refugios, pero en otros son voluntarias y voluntarios, lo que significa un “ahorro” del MIDES que va en detrimento de las condiciones de la población en estos nuevos lugares improvisados.

Hay quienes lucran con la pobreza y la pandemia

No está de más recordar que la ex senadora del Partido Nacional Verónica Alonso y su familia se ha beneficiado por la crisis sanitaria al ser contratada por el MIDES para alojar en el Hotel Urban Express a la población de riesgo de la gente en situación de calle, mayores de 65 años. Cínicamente, en declaración a la prensa, Alonso afirmó que lo que cobra el hotel de su familia “es una donación”.

Se dice mucho “quedate en casa”, y ¿los que no tienen casa?

En tiempos en el que se solicita quedarse en casa para evitar el riesgo de propagación del COVID-19, las personas en situación de calle y las y los trabajadores a cargo de los refugios están expuestos a un gran riesgo de contagio por las situaciones de hacinamiento y por las pésimas respuestas brindadas por el Ministerio. La improvisación, los negocios con los empresarios amigos, y el encierro compulsivo no son los mecanismos que parecen adecuados para este gobierno.
En estas semanas, compañeras y compañeros del Colectivo Ni Todo Está perdido, colectivo integrado por personas de calle, se encuentran en una campaña de visibilización bajo la consigna “no somos invisibles”. Están expuestas públicamente las pésimas medidas que no son garantía para evitar la propagación del COVID-19, y varias medidas de cierres de lugares que les afecta seriamente su cotidianeidad.
Ante todo esto, reclaman que los centros sean habitados las 24 horas y estos no sean lugares de confinamiento forzoso, tampoco ser objeto de represión policial apelando a leyes de faltas o impedimento de aglomeraciones, exigen espacios para poder estar (encuentro, protección contra el viento y la lluvia, higiene, calentar agua). Desde el Colectivo sostienen que “no se están dando las garantías sobre las medidas que están tomando con "el virus" y nosotres. Aún seguimos en calle y sin uso de siquiera un baño. La solución que se ha implementado ha sido la de "300" personas mayores que están en refugios; la realidad es que somos más 2038 personas en situación de calle, usuarios de refugios y personas que viven en calle”.
Desde La Izquierda Diario entendemos que las respuestas deben contemplar las necesidades de las personas en situación de calle y garantizar las condiciones de los trabajadores de los refugios, que se abran locales durante el día con las adecuadas medidas de higiene, pagar un subsidio económico digno para desocupados no alcanzados por el seguro, personas en situación de calle y trabajadores de la vía pública, y utilizar las viviendas vacías en Montevideo para albergar a las personas en situación de calle (existe capacidad edilicia, es posible y necesario). Especialmente por sobre todo, que se respete la dignidad humana y tome en cuenta la palabra de las personas implicadas.

¡Basta de políticas sociales compulsivas y de punitivismo!

Por último, queremos hacer un reconocimiento a la labor de documentalistas como Jorge Fierro que, en medio de la psicosis generada por la pandemia, han salido con su cámara a testimoniar la situación de esta población.

Justiniano González
Karina Rojas
Jueves 2 de abril | 23:44

viernes, 3 de abril de 2020

Se rompió la cadena económica mundial




La economía mundial, que ya presentaba grandes lagunas en 2019, acabó de estremecerse violentamente al romperse el eslabón que la sostenía debido a la aparición y propagación del nuevo coronavirus Covid 19 el cual ha puesto en vilo a toda la humanidad.
Varios indicadores macroeconómicos auguraban que desde hacía un tiempo, la economía global estaba al borde de una nueva crisis parecida o superior a la de 2008 cuando comenzó por Estados Unidos con la quiebra del banco de inversiones Lehman Brothers.
La políticas de “sanciones” o mejor dicho, extorsiones aplicadas por Washington contra numerosas naciones del mundo, comenzaron a provocar una disminución del comercio mundial.
Los especialistas explicaban hace pocos meses que a diferencia de la crisis mundial anterior debido al endeudamiento de los gobiernos, familias y debilidad fiscal de los bancos, en esta ocasión ocurriría por los pasivos acumulados de las grandes empresas (deuda corporativa) y por la deuda soberana de muchos Estados.
En el transcurso de 2019 ocurrió la desaceleración económica en varias naciones por lo que disminuyeron los pedidos de materias primas, se redujeron producciones, aumentaron los precios, la inflación y las fuentes de empleo se dirigieron mayormente a los servicios y al sector informal de la economía.
El portal Proyect Syndicate, explicaba que los mercados emergentes se estaban enfrentando a serios desafíos y presiones mundiales, como la desaceleración de China, el deterioro comercial de materias primas, creciente inflación, la debilidad de la moneda en varias naciones, que aumentaban el valor real de la deuda acumulada durante la última década.
Es decir, antes de la aparición de la pandemia del Covid-2, la economía mundial estaba entrando en un proceso de recesión al debilitarse el comercio internacional cuyo mejor ejemplo es que en seis meses, de septiembre de 2019 a marzo 2020, bajó 84 %. A la par, bajaban las esperanzas de crecimiento para casi todos los países.
Ahora, con la rápida expansión del coronavirus se han aglomerado una cadena de negativas consecuencias como pánico en los mercados financieros, fuga de capitales, caída de los precios del petróleo, devaluación de las monedas frente al dólar, quiebra de empresas, desaparición masiva de puestos de empleo y como consecuencia la amenaza de una recesión global.
La industria sin humo, desde los primeros momentos, se convirtió en la más perjudicada. La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) estima que el impacto será superior a la crisis financiera de 2008 o al provocado por el derribo de las torres gemelas de Nueva York en 2001.
La IATA informó que los precios de las acciones de las aerolíneas cayeron entre 25 % y 30 % y los transportistas perderán más de 120 000 millones de dólares por ese desastre sanitario.
En línea directa con esa estimación, el Consejo Mundial del Viaje y el Turismo significó que el desplome de la demanda de pasajeros internacionales eliminará más de 50 millones de empleos en la industria turística global.
En cuanto al precio del petróleo, antes de la pandemia había bajado por disputas entre la OPEP y Rusia y se acrecentó con el frenazo en la demanda por los efectos del tsunami sanitario. El barril se cotiza en estos momentos entre 25 y 30 dólares.
Para tratar de suavizar los efectos negativos en la Bolsa de Valores, la Reserva Federal (FED) de Estados Unidos bajó los tipos de interés al 0 % y anunció compras de deuda por 700 000 millones de dólares pero eso no fue óbice para que se desplomara Wall Street y bajaran el Dow Jones y el Nasdaq.
El Bank of America declaró que la economía del país norteamericano “ha caído en una recesión” y prevé que la economía “colapse en el segundo trimestre de 2020”. El virus se propaga por toda la nación y no se sabe cuando se podrá detener, mientras el presidente Donald Trump realiza incoherentes declaraciones que apuestan por apoyar una economía en contra de la vida de la población.
Goldman Sachs considera que el 50% de los estadounidenses contraerá el virus (unos 150 millones de personas) y en Europa también lo adquirirán decenas de millones de sus habitantes.
Por lo tanto la economía mundial ya esta recibiendo un contundente golpe y las que más se afectarán son las naciones en desarrollo que no tienen reservas monetarias para enfrentar la paralización de sus intercambios comerciales y la fuerte baja del turismo del que muchos dependen. En América Latina se estima un decrecimiento del 1,5 % para este año.
La consultora McKinsey & Company y Bloomberg consideraron que con este escenario las pérdidas globales podrían alcanzar los 2,7 billones de dólares.
Mientras estos cálculos suceden, China, por donde se inició el virus y considerada actualmente como la locomotora de la economía del orbe, después de alcanzar el pico de contagio, ha pasado a la fase de recuperación y cerca del 95 % de las grandes compañías y el 60 % de las pequeñas y medianas empresas han comenzado a funcionar.
Esperemos que tras los desastres económicos, financieros y humanos que dejará esta pandemia, las naciones con sistemas neoliberales, comprendan la imperiosa necesidad de implementar programas sociales que salven a sus poblaciones por encima del enriquecimiento de unos pocos como ha estado ocurriendo en los últimos 30 años.

Hedelberto López Blanch, periodista, escritor e investigador cubano.

jueves, 2 de abril de 2020

Estados Unidos: epicentro de la pandemia y de la crisis mundial




Estamos asistiendo al completo descrédito de todas las instituciones políticas del capitalismo estadounidense

El número de muertos en Estados Unidos por coronavirus​ ya superó a las víctimas fatales reportadas oficialmente por China. Es el país más afectado por número de casos, a razón de más de 20.000 infectados diarios. El estado de Nueva York es el epicentro de la epidemia, con cerca de 76.000 casos y 1.550 muertos. El principal asesor de salud del país predice que millones contraerán el Covid-19 y entre 100.000 y 200.000 personas morirán.
Las consecuencias económicas y sociales de dicha catástrofe son gigantescas. Se calcula que la contracción de la economía alcanzaría un 25% y hasta un 30%. Una cifra muy superior a la crisis de 2008, en que la economía retrocedió un 10%, sólo comparable con la del crack del ’29 y a una velocidad mayor inclusive. Esta situación ha provocado uno de los derrumbes bursátiles más preanunciados en la historia.
Estamos asistiendo al completo descrédito de todas las instituciones políticas del capitalismo estadounidense, que ha demostrado ser incapaz de prepararse o responder a una pandemia -sobre cuyo riesgo muchos especialistas venían advirtiendo previamente-, lo cual, a su turno, aviva todas las tensiones internas.
El régimen político tomado de conjunto ha empezado a crujir, empezando por la relación entre el gobierno federal y los estados en la que se constata una fractura. Cada vez más gobernadores se han ido sumando a la cuarentena, en contraposición con la política de Trump, que venía abogando por aflojar las restricciones en materia de circulación y actividad, así como de distanciamiento social.
El crecimiento exponencial del contagio ha obligado al magnate a pegar un giro y disponer una cuarenta hasta finalizar Semana Santa, el 12 de abril, pero posiblemente sea tarde, después de semanas en que se ha propagado el virus, mientras el magnate venía minimizando la gravedad de la pandemia. No hay que descartar que la conmoción política que se está registrando termine por echar por tierra las expectativas reeleccionistas de Trump.
La crisis política se ve agravada por la denuncias en todo el país sobre la falta de suministros vitales, hospitales inundados, inaccesibilidad de pruebas y médicos. Abundan los informes de caos absoluto en la producción y distribución de equipos críticos, resultado de décadas de deterioro de la infraestructura social y de salud básica.
El gobernador de Nueva York reclamó 40.000 equipos y apenas recibió 2.000 después de interpelaciones sucesivas. Los hospitales Nueva York están desbordados y muchos pacientes han empezado a ser trasladados a otros estados.

Crisis social

La crisis sanitaria va de la mano de la crisis económica y social. El retroceso del PBI traería aparejado un salto mayúsculo del desempleo. Como resultado de la crisis económica de 2008 se eliminaron unos 26 millones de empleos. La crisis actual podría superarlo ese número y en un espacio de tiempo mucho más corto. Lo cierto es que las solicitudes del desempleo en estas últimas semanas ya se acercan a los 4 millones de trabajadores.
Se avecina una ola de quiebras que ya está en curso. Un caso emblemático es el de la renombrada cadena minorista Macis, que acaba de anunciar el despido de 130.000 empleados.
Lo que hay que entender es que no estamos ante una crisis pasajera. El coronavirus empalma con una crisis capitalista previa, que estaba en pleno desarrollo. La economía mundial avanzaba a una nueva recesión. Estados Unidos no escapa de esta tendencia, y eso se constataba con el desinfle que venía sufriendo la actividad económica, que había descendido por debajo del 2%. Wall Street ya había tenido tres temblores a lo largo de 2019, en medio de un enorme endeudamiento público y privado. La deuda del gobierno federal, previo al coronavirus ya superaba el PBI norteamericano, en tanto la deuda corporativa ascendía a 16 billones de dólares -o sea, el 75% del PBI- y, por lo tanto, su continuidad estaba en tela de juicio con independencia de la pandemia. Lo que está como telón de fondo es la crisis de sobreproducción y sobreacumulación de capitales que se venía traduciendo en una caída de la inversión, la productividad y la tasa de beneficio. Es probable que muchas de las empresas cerradas debido a la pandemia nunca vuelvan a abrir, con lo cual las tendencias recesivas desemboquen en una depresión.
Esto plantea penurias inauditas para amplios sectores de la población, que tiene como blanco a los trabajadores formales sometidos a la pérdida de sus puestos de trabajo y rebajas salariales, pero con más razón a los trabajadores informales y precarizados. El cierre de actividad no esencial pone en tela de juicio la sobrevivencia de miles de personas que vivían del día a día para acceder a un ingreso o los trabajadores de bajos salarios.

El paquete de rescate

El Congreso norteamericano acaba de aprobar una ayuda económica multimillonaria de 2,2 billones de dólares. Trump se ha apresurado a hacer una gran demagogia destacando la asistencia a los más necesitados. Pero esto no puede encubrir que el grueso de los recursos va dirigido al rescate del capital. Los más de 2 billones de dólares, muy superior al rescate bancario de 700 mil millones aprobado en 2008, subestima sustancialmente la escala real de la ayuda del gobierno a las grandes empresas. La mayor porción del proyecto de ley, 500 mil millones para financiar préstamos garantizados a grandes corporaciones, está diseñada para ser apalancada por la Junta de la Reserva Federal en unos 4,5 billones en préstamos y subsidio. Esto equivale a un respaldo prácticamente ilimitado a las con ataduras reales.
La ley asigna 300 mil millones de dólares para pagos directos en efectivo a más de 150 millones de hogares, que recibirán 1.200 dólares por adulto o 2.400 por pareja, más 500 adicionales por cada niño. Este es un subsidio de una sola vez y no incluye trabajadores indocumentados. Además, contempla 250 mil millones de dólares para extender los subsidios de desempleo por 13 semanas y agregar 600 por semana a los beneficios proporcionados por los estados. El subsidio por única vez es concebido por Trump como un recurso pasajero, para descomprimir la enorme presión popular, mientras vuelve a la carga y despeja el terreno para “abrir” el país y obligar a los trabajadores a volver a las plantas y lugares de trabajo, apoyándose en las presiones crecientes que ejerce la clase capitalista.
Por su parte, 500 mil millones de dólares son destinados, a su turno, para financiar los costos de la lucha contra la epidemia de coronavirus y otras necesidades sociales. Sólo se reservan 16 mil millones para que los hospitales adquieran equipos de protección personal y respiradores, suma que ya ha sido denunciada como insuficiente por distintos estados y sectores de la salud.
La disparidad obscena entre los recursos destinados a las empresas y lo que se asignan a los trabajadores afectados y a la salud pública dio lugar a una denuncia encendida por parte de la congresista demócrata socialista, Alejandra Ocasio-Cortéz, quien rechazó el proyecto. Esta actitud contrasta con la del senador de Vermont, Bernie Sanders, quien apoyó la ley que fue acompañada por la bancada demócrata. La inclusión de un artículo disponiendo el subsidio del desempleo fue el argumento para respaldar el proyecto, por parte de ambos partidos que, además del salvataje corporativo y a la banca, tiene, en la letra chica, una serie de cláusulas que permiten a las empresas burlar los condicionantes para recibir los beneficios, entre los cuales figura la necesidad de mantener los puestos de trabajo.
Salta a la vista los límites insalvables de la estrategia que enarbola la izquierda demócrata nucleada detrás de la candidatura de Sanders, quien estaría por desistir en su carrera presidencial luego de las nuevas derrotas sufridas en las primarias posteriores al supermartes y que ya ha adelantado su decisión a cerrar filas en el seno el Partido Demócrata y, por lo tanto, apoyar a Biden. El respaldo dado por Sanders al rescate habla de los intereses de clase a los cuales tributa el senador. Esto coloca al rojo vivo la cuestión clave y estratégica de la independencia de clase que, todo indicaría, no es el camino que habrían optado los demócratas socialistas, que habrían decidido no sacar los pies del plato y seguir atados al Partido Demócrata.

Perspectivas

La perspectiva más auspiciosa viene del lado de los trabajadores. Aumenta la frecuencia de huelgas y protestas de trabajadores que exigen protección contra el coronavirus en los últimos semanas (ver nota de Prensa Obrera). Enfrentan la voracidad patronal que presiona por reanudar la producción y preservar sus ganancias, aunque eso acelere la propagación del Covid-19 y, por lo tanto, el total de muertos.
El hecho de que sea la principal potencia capitalista del mundo la que tenga el récord de infectados y, muy pronto al paso que va, de muertos es una señal inconfundible del agotamiento histórico de un régimen social. Da cuenta del antagonismo irreversible entre una organización basada en el lucro y la vida, así como de la salud de la población.
La ley fogoneada en común por republicanos y demócratas está muy lejos de movilizar el inmenso poder de la tecnología y la industria, de la infraestructura y recursos existentes de una manera planificada y coordinada para combatir la pandemia, en todos los planos posibles. Es una tarea reservada a los trabajadores norteamericanos y de todo el mundo, que deben plantear sus demandas, como ya lo vienen haciendo en las huelgas y protestas en Estados Unidos, y unirlas a la batalla en favor de una salida propia e independiente frente la gigantesca catástrofe económica, social y sanitaria en desarrollo.

Pablo Heller

miércoles, 1 de abril de 2020

La pandemia y el fin de la era neoliberal




La pandemia ha movido las placas tectónicas del capitalismo global y ya nada podrá volver a ser como antes. Es un tremendo desafío para quienes queremos construir un mundo post-capitalista porque, sin duda, la pandemia y sus devastadores efectos ofrecen una oportunidad única, inesperada, que sería imperdonable desaprovechar.
El coronavirus ha desatado un torrente de reflexiones y análisis que tienen como común denominador la intención de dibujar los (difusos) contornos del tipo de sociedad y economía que resurgirán una vez que el flagelo haya sido controlado. Sobran las razones para incursionar en esa clase de especulaciones, ojalá que bien informadas y controladas, porque si de algo estamos completamente seguros es que la primera víctima fatal que se cobró la pandemia fue la versión neoliberal del capitalismo. Y digo la “versión” porque tengo serias dudas acerca de que el virus en cuestión haya obrado el milagro de acabar no sólo con el neoliberalismo sino también como la estructura que lo sustenta: el capitalismo como modo de producción y como sistema internacional. Pero la era neoliberal es un cadáver aún insepulto pero imposible de resucitar. ¿Qué ocurrirá con el capitalismo? Bien, de eso trata esta columna.
Simpatizo mucho con la obra y la persona de Slavoj Zizek pero esto no me alcanza para otorgarle la razón cuando sentencia que la pandemia le propinó “un golpe a lo Kill Bill al sistema capitalista” luego de lo cual, siguiendo la metáfora cinematográfica, éste debería caer muerto a los cinco segundos. No ha ocurrido y no ocurrirá porque, como lo recordara Lenin en más de una ocasión, “el capitalismo no caerá si no existen las fuerzas sociales y políticas que lo hagan caer.” El capitalismo sobrevivió a la mal llamada “gripe española”, que ahora sabemos vio la luz en Kansas, en marzo de 1918, en la base militar Fort Riley, y que luego las tropas estadounidenses que marcharon a combatir en la Primera Guerra Mundial diseminaron el virus de forma incontrolada.
Los muy imprecisos cálculos de su letalidad oscilan entre 20, 50 y 100 millones de personas, por lo cual no es necesario ser un obsesivo de las estadísticas para desconfiar del rigor de esas estimaciones difundidas ampliamente por muchas organizaciones, entre ellas la National Geographical Magazine . El capitalismo sobrevivió también al tremendo derrumbe global producido por la Gran Depresión, demostrando una inusual resiliencia –ya advertida por los clásicos del marxismo- para procesar las crisis e inclusive y salir fortalecido de ellas. Pensar que en ausencia de aquellas fuerzas sociales y políticas señaladas por el revolucionario ruso (que de momento no se perciben ni en Estados Unidos ni en los países europeos) ahora se producirá el tan anhelado deceso de un sistema inmoral, injusto y predatorio, enemigo mortal de la humanidad y la naturaleza, es más una expresión de deseos que producto de un análisis concreto.
Zizek confía en que a consecuencia de esta crisis para salvarse la humanidad tendrá la posibilidad de recurrir a “alguna forma de comunismo reinventado”. Es posible y deseable, sin dudas. Pero, como casi todo en la vida social, dependerá del resultado de la lucha de clases; más concretamente de si, volviendo a Lenin, “los de abajo no quieren y los de arriba no pueden seguir viviendo como antes”, cosa que hasta el momento no sabemos. Pero la bifurcación de la salida de esta coyuntura presenta otro posible desenlace, que Zizek identifica muy claramente: “la barbarie”. O sea, la reafirmación de la dominación del capital recurriendo a las formas más brutales de explotación económica, coerción político-estatal y manipulación de conciencias y corazones a través de su hasta ahora intacta dictadura mediática. “Barbarie”, István Mészarós solía decir con una dosis de amarga ironía, “si tenemos suerte.”
Pero, ¿por qué no pensar en alguna salida intermedia, ni la tan temida “barbarie” (de la cual hace tiempo se nos vienen administrando crecientes dosis en los capitalismos realmente existentes”) ni la igualmente tan anhelada opción de un “comunismo reinventado”? ¿Por qué no pensar que una transición hacia el postcapitalismo será inevitablemente “desigual y combinada”, con avances profundos en algunos terrenos: la desfinanciarización de la economía, la desmercantilización de la sanidad y la seguridad social, por ejemplo y otros más vacilantes, tropezando con mayores resistencias de la burguesía, en áreas tales como el riguroso control del casino financiero mundial, la estatización de la industria farmacéutica (para que los medicamentos dejen de ser una mercancía producida en función de su rentabilidad), las industrias estratégicas y los medios de comunicación, amén de la recuperación pública de los llamados “recursos naturales” (bienes comunes, en realidad)? ¿Por qué no pensar en “esos muchos socialismos” de los que premonitoriamente hablaba el gran marxista inglés Raymond Williams a mediados de los años ochenta del siglo pasado?
Ante la propuesta de un “comunismo reinventado” el filósofo sur-coreano de Byung-Chul Han salta al ruedo para refutar la tesis del esloveno y se arriesga a decir que «tras la pandemia, el capitalismo continuará con más pujanza.” Es una afirmación temeraria porque si algo se dibuja en el horizonte es el generalizado reclamo de toda la sociedad a favor de una mucho más activa intervención del estado para controlar los efectos desquiciantes de los mercados en la provisión de servicios básicos de salud, vivienda, seguridad social, transporte, etcétera y para poner fin al escándalo de la híperconcentración de la mitad de toda la riqueza del planeta en manos del 1 por ciento más rico de la población mundial. Ese mundo post-pandémico tendrá mucho más estado y mucho menos mercado, con poblaciones “concientizadas” y politizadas por el flagelo a que han sido sometidas y propensas a buscar soluciones solidarias, colectivas, inclusive “socialistas” en países como Estados Unidos, nos recuerda Judith Butler, repudiando el desenfreno individualista y privatista exaltado durante cuarenta años por el neoliberalismo y que nos llevó a la trágica situación que estamos viviendo. Y además un mundo en donde el sistema internacional ya ha adoptado, definitivamente, un formato diferente ante la presencia de una nueva tríada dominante, si bien el peso específico de cada uno de sus actores no es igual.
Si Samir Amin tenía razón hacia finales del siglo pasado cuando hablaba de la tríada formada por Estados Unidos, Europa y Japón hoy aquella la constituyen Estados Unidos, China y Rusia. Y a diferencia del orden tripolar precedente, en donde Europa y Japón eran junior partners (por no decir peones o lacayos, lo que suena un tanto despectivo pero es la caracterización que se merecen) de Washington, hoy éste tiene que vérselas con la formidable potencia económica china, sin duda la actual locomotora de la economía mundial relegando a Estados Unidos a un segundo lugar y que, además, ha tomado la delantera en la tecnología 5G y en Inteligencia Artificial.
A lo anterior se suma la no menos amenazante presencia de una Rusia que ha vuelto a los primeros planos de la política mundial: rica en petróleo, energía y agua; dueña de un inmenso territorio (casi dos veces más extenso que el estadounidense) y un poderoso complejo industrial que ha producido una tecnología militar de punta que en algunos rubros decisivos aventaja a la norteamericana, Rusia complementa con su fortaleza en el plano militar la que China ostenta en el terreno de la economía. Difícil que, como dice Han, el capitalismo adquiera renovada pujanza en este tan poco promisorio escenario internacional. Si aquél tuvo la gravitación y penetración global que supo tener fue porque, como decía Samuel P. Huntington, había un “sheriff solitario” que sostenía el orden capitalista mundial con su inapelable primacía económica, militar, política e ideológica. Hoy la primera está en manos de China y el enorme gasto militar de EEUU no puede con un pequeño país como Corea del Norte ni para ganar una guerra contra una de las naciones más pobres del planeta como Afganistán. La ascendencia política de Washington se mantiene prendida con alfileres apenas en su “patio interior”: Latinoamérica y el Caribe, pero en medio de grandes convulsiones. Y su prestigio internacional se ha visto muy debilitado: China pudo controlar la pandemia y Estados Unidos no; China, Rusia y Cuba ayudan a combatirla en Europa, y Cuba, ejemplo mundial de solidaridad, envía médicos y medicamentos a los cinco continentes mientras que lo único que se les ocurre a quienes transitan por la Casa Blanca es enviar 30.000 soldados para un ejercicio militar con la OTAN e intensificar las sanciones contra Cuba, Venezuela e Irán, en lo que constituye un evidente crimen de guerra. Su antigua hegemonía ya es cosa del pasado. Lo que hoy se discute en los pasillos de las agencias del gobierno estadounidense no es si el país está en declinación o no, sino la pendiente y el ritmo del declive. Y la pandemia está acelerando este proceso por horas.
El surcoreano Han tiene razón, en cambio, cuando afirma que “ningún virus es capaz de hacer la revolución” pero cae en la redundancia cuando escribe que “no podemos dejar la revolución en manos del virus.” ¡Claro que no! Miremos el registro histórico: la Revolución Rusa estalló antes que la pandemia de la “gripe española”, y la victoria de los procesos revolucionarios en China, Vietnam y Cuba no fueron precedidos por ninguna pandemia. La revolución la hacen las clases subalternas cuando toman conciencia de la explotación y opresión a las que son sometidas; cuando vislumbran que lejos de ser una ilusión inalcanzable un mundo post-capitalista es posible y, finalmente, cuando logran darse una organización a escala nacional e internacional eficaz para luchar contra una “burguesía imperial” que antaño entrelazaba con fuerza los intereses de los capitalistas en los países desarrollados. Hoy, gracias a Donald Trump, esa férrea unidad en la cúspide del sistema imperialista se ha resquebrajado irreparablemente y la lucha allá arriba es de todos contra todos, mientras China y Rusia continúan pacientemente y sin altisonancias construyendo las alianzas que sostendrán un nuevo orden mundial.
Una última reflexión. Creo que hay que calibrar la extraordinaria gravedad de los efectos económicos de esta pandemia que hará de una vuelta al pasado una misión imposible. Los distintos gobiernos del mundo se han visto obligados a enfrentar un cruel dilema: la salud de la población o el vigor de la economía. Las recientes declaraciones de Donald Trump (y otros mandatarios como Angela Merkel y Boris Johnson) en el sentido de que él no va a adoptar una estrategia de contención del contagio mediante la puesta en cuarentena de grandes sectores de la población porque tal cosa paralizaría la economía pone de relieve la contradicción basal del capitalismo. Porque, conviene recordarlo, si la población no va a trabajar se detiene el proceso de creación de valor y entonces no hay ni extracción ni realización de la plusvalía. El virus salta de las personas a la economía, y esto provoca el pavor de los gobiernos capitalistas que están renuentes a imponer o mantener la cuarentena porque el empresariado necesita que la gente salga a la calle y vaya a trabajar aún a sabiendas de que pone en riesgo su salud.
Según Mike Davis en Estados Unidos un 45 por ciento de la fuerza de trabajo “no tiene acceso a licencia paga por causa de una enfermedad y está prácticamente obligada a ir a su trabajo y transmitir la infección o quedarse con un plato vacío.” La situación es insostenible por el lado del capital, que necesita explotar a su fuerza de trabajo y que le resulta intolerable se quede en su casa; y por el lado de los trabajadores, que si acuden a su trabajo o se infectan o hacen lo propio con otros, y si se quedan en casa no tienen dinero para subvenir sus más elementales necesidades. Esta crítica encrucijada explica la creciente beligerancia de Trump contra Cuba, Venezuela e Irán, y su insistencia en atribuir el origen de la pandemia a los chinos. Tiene que crear una cortina de humo para ocultar las nefastas consecuencias de largas décadas de desfinanciamiento del sistema público de salud y de complicidad con las estafas estructurales de la medicina privada y la industria farmacéutica de su país. O para achacar la causa de la recesión económica a quienes aconsejan a la gente quedarse en sus casas.
En todo caso, y más allá de si la salida a esta crisis será un “comunismo renovado” como quiere Zizek o un experimento híbrido pero claramente apuntando en la dirección del poscapitalismo, esta pandemia (como lo explican claramente Mike Davis, David Harvey, Iñaki Gil de San Vicente, Juanlu González, Vicenç Navarro, Alain Badiou, Fernando Buen Abad, Pablo Guadarrama, Rocco Carbone, Ernesto López, Wim Dierckxsens y Walter Formento en diversos artículos que circulan profusamente en la web) ha movido las placas tectónicas del capitalismo global y ya nada podrá volver a ser como antes. Además nadie quiere, salvo el puñado de magnates que se enriquecieron con la salvaje rapiña perpetrada durante la era neoliberal, que el mundo vuelva a ser como antes. Tremendo desafío para quienes queremos construir un mundo post-capitalista porque, sin duda, la pandemia y sus devastadores efectos ofrecen una oportunidad única, inesperada, que sería imperdonable desaprovechar. Por lo tanto, la consigna de la hora para todas las fuerzas anticapitalistas del planeta es: concientizar, organizar y luchar; luchar hasta el fin, como quería Fidel cuando en un memorable encuentro con intelectuales sostenido en el marco de la Feria Internacional del Libro de La Habana, en febrero del 2012, se despidió de nosotros diciendo: “si a ustedes les afirman: tengan la seguridad de que se acaba el planeta y se acaba esta especie pensante, ¿qué van a hacer, ponerse a llorar? Creo que hay que luchar, es lo que hemos hecho siempre.” ¡Manos a la obra!

Atilio A. Boron