viernes, 5 de febrero de 2016

De pie y con el puño en alto el miliciano Virgilio Peña celebra su 102 cumpleaños




Es difícil encontrar personajes que hayan participado en la guerra de España, en la Segunda Guerra Mundial y, encima, que hayan sobrevivido a los campos de concentración nazis. Por lo tanto Virgilio Peña, apodado “el rubio” en su pueblo de Espejo, Córdoba, nacido en el año de 1914, es protagonista y testigo de excepción de esos hechos históricos que marcaron a sangre y fuego la historia del pasado siglo XX. Virgilio Peña vive hoy en Pau, Francia, Pirineos-Atlánticos donde tuvo que exiliarse obligado por las circunstancias.

Virgilio Peña desde su más tierna infancia tuvo que trabajar en el campo junto a sus padres y hermanos cumpliendo las agotadoras faenas de sol a sol. Y a golpe sudor y lágrimas comprendió cual iba a ser su destino: doblar el lomo y obedecer fielmente las órdenes del patrón, del señorito, del terrateniente, del amo, de “mi amo” como era usual referirse a tan importante personaje. Jamás podían dirigirse a ellos mirándolos a los ojos pues debían agachar la cabeza y callar. Sobre todo, callar. El respeto a la jerarquía por encima de todo así que “a mandar mi amo” ya que por algo lo había puesto allí Dios padre todopoderoso.
Nacido bajo el yugo de la servidumbre y la ignorancia en esa Andalucía profunda de los “catetos”; seres hoscos que hablan una jeringonza incomprensible para los finos oídos de los señoritos. Vicente Peña pertenece a la raza de los arrieros, de los gañanes, de los peones o jornaleros. Él se crio en un mundo arcaico y artesanal donde la materia básica es el adobe, la piedra, el esparto, la paja o la madera. Sin máquinas ni electricidad, utilizando la tracción animal para mover las ruedas de molino o las norias que regaban los campos mustios de la campiña cordobesa.
En ese entonces se contrataba a los peones en plena plaza del pueblo donde los amos o el capataz elegían los mejores ejemplares; o sea, a los más fuertes para sacar el mayor rendimiento en el tajo. Esa humillación pública de la que eran víctimas es algo que jamás podrá olvidar.
Testigo de primera mano de los grandes cambios sociales acaecidos en los años 20 y 30 del pasado siglo XX. Como por ejemplo, el trienio bolchevique donde las masas populares, los sindicatos, los partidos de izquierda exigían materializar los principios básicos de la Revolución de Octubre: la reforma agraria, la defensa de los derechos de los trabajadores, de los obreros y campesinos.
Y es que la posesión de la tierra era y es la principal lacra de esa España rural. Especialmente en Andalucía y Extremadura que es donde se concentran los grandes latifundios propiedad de la burguesía y la aristocracia.
Virgilio Peña gracias a su buena estrella ha logrado salir indemne de los más terribles trances. Incluso desarmado y a pecho descubierto jamás se negó a ocupar el lugar más sacrificado en la primera línea de fuego. –Como el mismo lo expresa de viva voz- “¿sabes lo que es el miedo? Yo no lo conozco. A mí me da igual que caigan bombas o que me disparen a quemarropa”. Esto es algo que nos produce un escalofrío a sabiendas de la falta de coraje y entrega que predomina en la sociedad actual. A los 102 años se mantiene en guardia y con una lucidez asombrosa. Su compromiso en defensa de la república es inclaudicable porque a pesar de su corto periodo de existencia dignificó a la clase obrera.
Su capacidad de memoria es algo difícil de creer pues a partir de cierta edad los seres humanos pierden sus capacidades mentales.
102 años de resistencia nunca mejor dicho y con una vitalidad sobrehumana que nos deja atónitos. “tengo un corazón que late muy despacio. Parece que estuviera muerto” Seguro que su genética de campesino lo hace más fuerte que un roble.
Este sí que es un ejemplo de fidelidad a sus ideales pues su militancia se remonta a la época en que ingresó a las Juventudes Comunistas allá por los años treinta del siglo XX.
Virgilio Peña a pesar de haber alcanzado el rango de oficial de transmisiones del ejército de la República se considera un simple soldado. Él pertenece a la zaga de esos antiguos luchadores que no necesitan galones para demostrar su valía.
Parece mentira que Virgilio Peña en un medio completamente adverso como era el mundo rural andaluz de la época haya podido forjar su espíritu revolucionario. Porque de antemano estaba condenado a la oscura mazmorra de la servidumbre y la ignorancia. Con tenacidad y gracias al ejemplo de su padre -también jornalero y analfabeta redimido- consiguió superar su estado de postración en un proceso lento y pausado pues carecía de recursos ni tiempo para estudiar o adquirir libros. Con toda la fuerza de voluntad y de forma autodidacta aprendió a leer y a escribir.
El padre de Virgilio Peña fue el fundador del Sindicato de Obreros del Campo afiliado a la CNT y años después al Partido Comunista cuando este legalizó. En la sede local de Espejo se llevaban a cabo las reuniones donde sus dirigentes pronunciaban charlas pedagógicas y proselitistas a las que no dejaba nunca de asistir. Esa fue su mejor escuela para gestar su conciencia política. Allí por primera vez escuchó hablar de Carlos Marx y Federico Engels y sus teorías sobre la explotación del hombre por el hombre y la lucha de clases.
Por los años veinte y treinta del siglo pasado los campesinos, los jornaleros o los obreros del campo eran tratados como bestias de carga. Debían soportar una descarada explotación, despreciables condiciones de trabajo y salarios de hambre. En la Andalucía rural los señoritos de alta alcurnia ejercían el poder cuasi feudal protegidos por la iglesia, la Guardia Civil o los militares.
Para salir de la ignorancia atávica primero tenía que despojarse del complejo de inferioridad en una época en que más de la mitad de la población española era analfabeta.
¿Pero por qué tiene que aprender a leer o escribir un obrero o un campesino? si es que para empujar el arado o picar piedras no es necesario ser un bachiller. Además si la plebe abría los ojos podrían subvertir el orden establecido. Es preferible que continúen en la inopia y que se dediquen a rezar por la salvación de sus almas en el altar de la iglesia.
Virgilio Peña con el sombrero de paja, un raído vestido de tela basta medio remendado y las clásicas alpargatas de esparto cumplía su condena abriendo los surcos a la tierra áspera y avara.
Trabajar en la campiña cordobesa suponía muchas veces desplazarse entre 15 o 20 kilómetros hasta donde estaba el cortijo del señorito. Como a los gañanes les era imposible regresar al pueblo tenían que quedarse a dormir en los establos sobre sacas de paja junto a las recuas de ganado para darse calor. Ellos mismos se cocinaban la dieta básica de judías, garbanzos, arroz o lentejas, con algo de tocino de cerdo que les entregaba el amo a modo de dádiva. De desayuno untaban el pan en aceite de oliva y se bebían un tazón de chicoria antes de comenzar la faena.
No existía el tiempo libre, ni vacaciones pues el campo nunca descansa. Así que año tras año seguían cual autómatas la misma rutina heredada de sus mayores: labrar la tierra, sembrar y recoger las cosechas o arrear las recuas de burros, mulas o yeguas o caballos que era el medio de transporte y carga por excelencia. Solo en las fiestas de guardar la amargura se convertía en alegría al son de una guitarra o en el cante de los copleros. Ellos llevaban en la sangre la cultura popular que nace de las raíces de la tierra.
Disciplinadamente todos los días se levantaba al alba para hacer aún más rico al señorito mientras que ellos recibían a cambio nada más que unas sucias monedas.
En el año 1931 se produjo un hecho histórico excepcional. En las elecciones municipales convocadas por el monarca Alfonso XIII para intentar legitimarse, vencen las fuerzas republicanas. Estalla por los cuatro puntos cardinales una ola de entusiasmo popular incontenible. Al proclamarse solemnemente la II república el Rey Alfonso XIII abdica y parte al exilio junto a la familia real.
La republica significaba la redención de la clase obrera, trabajadora y campesina. El pueblo había dejado de ser súbditos y vasallos de un rey para convertirse en ciudadanos de pleno derecho. Era el momento precisos para recuperar la soberanía, modernizar las instituciones y hacer las reformas sociales urgentes: legislar las ocho horas de trabajo, los jurados mixtos, la ley de desahucios que impedía despedir al trabajador o la enseñanza laica en un sistema educativo dominado por la iglesia católica.
Virgilio Peña fue el primero que gritó en Espejo ¡viva la república! e izó la bandera tricolor roja, amarilla y morada en el balcón del sindicato. Un rayo de esperanza iluminaba esa España rural miserable y atrasada. Ahora los campesinos podían levantar la voz y exigir un trato digno, salarios justos, y seguridad social.
Esos vientos de libertad presagiaban un cambio profundo en las estructuras del estado. Imperiosamente se necesitaba impulsar la revolución educativa y las brigadas culturales para aniquilar el flagelo del analfabetismo.
Tal y como escribió el poeta Cesar Vallejo “Un día prendió el pueblo su fósforo cautivo” Empezaba un proceso emancipador que prometía ser largo tortuoso y plagado de infranqueables obstáculos.
Para llevar a cabo una reforma agraria con todas las de la ley era preciso destruir la estructura socio-política reaccionaria. Y esto sólo se podía lograr con una revolución. El amo, el señorito, el terrateniente o los aristócratas jamás se desprenderían de sus propiedades. Como es obvio lucharán por conservarlas como los parias lucharán por obtenerlas. De ahí que la ocupación de fincas, de parcelas o latifundios en Extremadura en Andalucía era un síntoma muy preocupante para las élites. El lema anarquista de “ni dios, ni propiedad, ni amos” se repetía constantemente en todas las manifestaciones.
Mientras tanto el enfrentamiento político entre el fascismo y el comunismo iba in crescendo. El grado de agitación social podríamos calificarlo de prerrevolucionario. Los obreros, trabajadores y campesinos exigía implantar la dictadura del proletariado; los anarquistas la expropiación de tierras y su colectivización. Ante una situación social tan polarizada se incrementó la violencia y los asesinatos políticos. El anticlericalismo fue la señal más palpable del odio que despertaban los poderes fácticos y que desembocó en la quema de iglesias o la persecución de curas o las monjas. Tales acontecimientos constituían una afrenta imperdonable para los católicos tradicionalistas que prometieron venganza. Los miembros de la CEDA azuzados por la actitud pro golpista de la iglesia estaban decididos a tomarse la justicia por su propia mano (conspiración muy bien planificada) En todas las ciudades y los pueblos las derechas hacían acopio de armas para combatir a la canalla judía bolchevique, los ateos de la anti España que pretendían hundirla en el caos y la anarquía.
El triunfo del Frente Popular en las elecciones generales de 1936 enrabietó aún más a la derecha fascista que hizo lo imposible por no reconocer los resultados. Entonces la oligarquía, los militares y la iglesia católica pusieron en marcha la contrarrevolución.
A nadie le tomó por sorpresa el golpe militar perpetrado el día 18 de julio de 1936 por el general Franco y sus secuaces Sanjurjo, Mola y Yagüe. Desde el protectorado español de Marruecos se iniciaba “la gloriosa cruzada nacional”
Entre tanto Virgilio Peña dormía plácidamente en la era junto a las acémilas y los aperos de labranza ignorante por completo de lo que estaba aconteciendo. De repente en la madrugada alguien jalándole la cobija lo despertó: “espejeño levántate que comenzó la revolución” La radio acababa de comunicar la noticia del levantamiento fascista. Virgilio medio aturdido se puso en pie, se echó el zurrón al hombro y salió corriendo en dirección a Espejo. No tardó mucho en recorrer los 15 kilómetros de distancia pues estaba ansioso por presentarse en el sindicato y sumarse a los piquetes de resistencia
El Movimiento Nacional estaba decidido a reestablecer el orden, la obediencia a la jerarquía, el respeto a la religión católica y velar por la unidad de la patria. Franco “empuñando la espada victoriosa del Cid Campeador” se autoproclamaba el salvador de España, por la gracia de Dios.
En Espejo los obreros y campesinos comenzaron a levantar barricadas y a tomar las posiciones de vanguardia. Pero poco podían hacer con palos y machetes para enfrentar a los señoritos y la guardia civil y se vieron obligados a escapar al pueblo vecino de Castro del Río -que se alineó con los rojos- para preparar el contraataque.
Al cabo de unos cuantos días regresaron en compañía de los milicianos de Castro del Río y los mineros de Linares y las Carolinas que armados con fusiles y cargas de dinamita retomaron el control de Espejo.
Pero poco les duró la euforia pues las numerosas columnas de falangistas, requetés, monárquicos tradicionalistas, carlistas, la guardia civil o el ejército insurrecto avanzaban imparables. El fascismo rural católico por medio de la violencia y el terrorismo estaba decidido a exterminar a la república.
Habría que remitirse al inmortal poeta Miguel Hernández para comprender mejor el espíritu heroico de aquellos voluntarios que no les importaba ofrendar sus vidas en nombre de la justicia y la libertad.
“Vosotros, campesinos, por experiencia lo sé sois los que más sabéis de sufrimientos y necesidades. Que a nadie le importe morir por la defensa de su barbecho libre, de sus manos libres para recoger el trigo y la viña. Cada muerto fascista, es un montón de estiércol que tenéis para las cosechas venideras. Que caiga principalmente sobre vosotros campesinos la gloria de ahogar en las trincheras al fascismo”
Virgilio Peña defendió su pueblo hasta la extenuación pero ante un enemigo más numeroso y mejor armado tuvieron que retirarse hasta Villanueva de Córdoba. En esa localidad se organizó el batallón Garcet – Esta unidad militar republicana se bautizó con el apellido del diputado comunista por Córdoba Bautista Garcet asesinado por los fascistas en Córdoba -Con este batallón al mando del comandante Ortiz y cuyo comisario político era el poeta Pedro Garfias estuvo prácticamente hasta el final de la contienda.
Junto al batallón Garcet participa en la batalla de Pozoblanco, La Chimorra, el Valle de los Pedroches, Almadén, Cabeza de Buey (Extremadura). Posteriormente son trasferidos a Talavera de la Reina, en la provincia de Toledo, con el propósito de contener la ofensiva de los nacionales que pretendían cercar esa estratégica ciudad.
La república no contaba con un ejército estructurado pues apenas se estaba formando sus unidades así que tenían que improvisar sobre la marcha con voluntarios, reclutas de las quintas o extranjeros de las Brigadas Internacionales. En un principio les faltaba armamento o el que tenían era antiguo y no funcionaba hasta que llegaron los arsenales procedentes de la Unión Soviética, México o Checoeslovaquia.
Tal y como lo pregonara el poeta peruano Cesar Vallejo en su libro “España aparta de mi este cáliz” se necesitaba urgentemente el auxilio internacionalista para salvar a la república “si la madre España cae -digo, es un decir- ¡salid niños del mundo; id a buscarla!”
El ejército nacional practicaba la táctica de tierra quemada por los pueblos y ciudades que encontraba a su paso. No querían heridos ni prisioneros. “Al paredón y el tiro de gracia” -era la orden emitida por los sanguinarios jefes fascistas. (Yagüe y Queipo del Llano.) ¡Limpiad a España de bolcheviques!
La guerra ya se extendía por toda España y a finales de 1937 el batallón Garcet recibió la orden de desplazarse al frente de Teruel para cubrir la retirada de las tropas al mando del general Hernández Saravia. Al ejército republicano se encontraba a la defensiva y su única opción ante el incontenible avance nacionalista era replegarse hacia el Bajo Ebro en la provincia de Tarragona. Utilizando la ruta de Alcañiz y Valderrobres llegaron hasta la ciudad de Tortosa donde apresuradamente tuvieron que cruzar el río por el puente del ferrocarril.
El Alto Estado Mayor Central liderado por Vicente Rojo decidió preparar una contraofensiva -que posteriormente se conocería con el nombre de la batalla del Ebro- para intentar salvar la república. El plan consistía en movilizar a más de 150.000 soldados con el propósito de recuperar el territorio perdido. Se precisaba acometer un titánico esfuerzo para organizar la intendencia, infraestructuras, puentes móviles, aparte de aprovisionarse de armamento, carros de combate, artillería y aviones.
Virgilio Peña ocupaba el puesto de oficial de transmisiones en la 226 brigada mixta de la 42 división del XV cuerpo a las órdenes del teniente coronel Tagueña. A él le cabe el honor de ser el primero en cruzar el Ebro por el sector de Flix en la noche de luna nueva del día 25 de julio de 1938. Desde el principio hasta el final participó en los combates que se desarrollaron principalmente en la sierra de Cavalls y de Pándols. Es herido durante un bombardeo y tiene que ser evacuado al otro lado del río Ebro que es donde se encuentran los hospitales de campaña. Tras unas semanas de avances exitosos la ofensiva republicana se bloquea en el frente de Gandesa. No había ninguna posibilidad de seguir adelante al carecer de unidades de reserva, falta de combustible, munición, artillería antiaérea y aviones de combate. En el mes de noviembre el alto Estado Mayor Central da la orden de retirada y entonces el ejército republicano cruza nuevamente el Ebro y se repliega hacia el interior de Cataluña. Barcelona no iba a ser el Madrid del “no pasarán” pues se rindió sin prestar casi resistencia.
La única esperanza que tenía el ejército de la republica según el jefe de gobierno el señor Negrín era “resistir, resistir hasta vencer”. O sea, aguantar el envite de las tropas franquistas ya que estaba a punto de estallar la Segunda Guerra mundial. Los nazis se aprestaban a invadir los Sudetes (Checoeslovaquia) y Polonia así que a Francia e Inglaterra no les hubiera quedado más remedio que prestarle obligatoriamente ayuda a la República Española.
La república se derrumbaba. Por todas partes cundía la desmoralización y la pérdida de iniciativa era ostensible. Miles de personas, entre las que se mezclaban soldados y población civil, huían de forma desordenada y caótica rumbo a los Pirineos. Virgilio Peña y su brigada inician también la retirada hacia la frontera francesa. “A mí me echaron de España a cañonazos”-se queja, porque él jamás quiso abandonar su terruño y esa es la gran amargura que le hiere el alma. Como a tantos millones de españoles la guerra destrozó su vida, los separó de su familia y de su entorno natural.
Tras la derrota el gobierno francés confinó a los exiliados en campos de internamiento. Virgilio Peña fue conducido hasta Argeles sur la Mer donde bajo unas condiciones durísimas padecieron hambre y sed, les atacaban las enfermedades o las plagas de piojos, pulgas y garrapatas. Los primeros meses estuvieron alojados en tiendas de campaña soportando las inclemencias climatológicas y sometidos a un estricto régimen carcelario. No les quedó más remedio que asumir el humillante destierro y para colmo tratados peor que delincuentes, como rojos comunistas seguidores de Stalin merecedores de ese castigo colectivo. Desde luego que representaban un peligro para la sociedad capitalista francesa que temía el contagio de la revolución bolchevique. Por eso fueron separados y excluidos. Meses después el gobierno francés para aprovechar la mano de obra de los reclusos organizó las Compañías de Trabajo (obligatorio) para que se ocuparan de labores tales como: explotación de canteras, construcción de caminos, líneas ferroviarias o complejos militares.
Al estallar la Segunda Guerra Mundial el ejército nazi empleó a fondo toda su maquinaria bélica para colmar sus ansias expansionistas. A mediados del año 1940 invade Francia y el gobierno del mariscal Pétain se ve obligado a firmar el armisticio de Rethondes que divide el país en la zona ocupada y la zona libre o de Vichy.
Virgilio Peña completamente huérfano y desprotegido se marchó a la zona libre en la Gironde. Entre los refugiados españoles corría el rumor de que el jefe del Partido Socialista Indalecio Prieto había prometido barcos en el puerto de Burdeos para todos los republicanos que quisieran exiliarse en Chile, Argentina o en México. Ante unas perspectivas de futuro tan desconsoladoras él se presentó allí esperanzado en embarcarse pero pronto pudo comprobar que nada más se trataba de un bulo. Así que no le quedó otra opción que peregrinar por los pueblos en compañía de sus camaradas pidiendo trabajo a cambio de un plato de comida. El azar quiso que dueños de un chateau vinícola en Fronsac (Libourne) lo contrataran para fumigar las vides y podarlas. En ese lugar permanecería durante casi dos años. Como jornalero estaba perfectamente habituado a las tareas del campo y eso le permitió ganarse la confianza de los jefes.
Pero Virgilio Peña no podía resignarse a ser un perdedor y empieza a organizar con otros camaradas españoles y franceses -de ideología socialistas, comunista y anarquista- un grupo de resistencia. Era preciso combatir al ejército de ocupación nazi con la creencia de que una vez derrotado Hitler el próximo en caer sería Franco.
Su misión consistía en llevar a cabo labores de inteligencia y propaganda. Además de comprar en el mercado negro armas y explosivos para cometer atentados y sabotajes. Los mandos del Partido Comunista francés le obligan a trasladarse de Libourne a Burdeos con el fin de desarrollar sus acciones con mayor eficacia. Lamentablemente uno de sus camaradas cae en una redada y tras ser torturado delata a toda la célula. La gendarmería localiza a Virgilio Peña que es detenido. Los colaboracionistas tras someterlo a las más perversas torturas no logran que confiese la valiosa información que posee. Entonces lo entregan a la Gestapo que deciden deportarlo a los campos de concentración en Alemania por sus actividades terroristas.
Primero es conducido a la prisión de Fort du Hâ, luego a la Caserne Boudet y por último al campo de tránsito de Compiègne donde remitían a los presos de la resistencia. Desde allí lo embarcaron en un tren de 30 o 40 vagones en el que introducen a punta de culatazos a más de 3.000 personas. Hacinados como cerdos que llevan al matadero tuvieron que soportar el calor infernal, la sed y el hambre durante los cuatro días que tardó ese horroroso viaje hasta Alemania. Lo más triste es que ante la falta de espacio muchos de sus compañeros murieron asfixiados pues entre ellos mismos se pisoteaban en una angustiosa lucha por la supervivencia.
Cuando por fin llegaron al campo de concentración de Buchenwald fueron recibidos por los carceleros -que no eran otros que los propios presos bajo órdenes de las SS-. “¡Bienvenidos al infierno! Aquí el que entra por esa puerta sale por la chimenea (de los hornos crematorios)”. En el campo de Buchenwald se aplicaban las leyes de Darwin, es decir, sólo los más fuertes sobrevivían. En principio se realizaba una minuciosa selección apartando a los ancianos y los niños que eran eliminados en las cámaras de gas para posteriormente introducir sus cadáveres en los hornos crematorios. Esta labor se justificaba como parte de la política de limpieza étnica que predicaba el Tercer Reich. No se podían permitirse el lujo de mantener y alimentar a seres inútiles que sólo representaban una carga.
El sufrimiento en esos antros de la muerte es difícil de describir. Se les clasificaba según sus aptitudes físicas y los metían en unos barracones de madera donde eran apilados en literas cual cadáveres de una morgue. Aguantando el frío atroz del invierno pues tan sólo contaban para abrigarse con el traje a rayas de presidiarios. Ellos pertenecían a las malditas razas inferiores nacidas para ser esclavos. Alemania necesitaba imperiosamente la mano de obra de los presos para utilizarla en las fábricas de armamento y munición –se ensamblaban bombas V1 y V2- en las minas y canteras o la industria naviera y aeronáutica. Virgilio Peña fue destinado a una fábrica de muebles donde además se construían falsos aviones de madera para engañar a los bombarderos aliados.
En Buchenwald había desde prisioneros alemanes, comunistas, socialistas, anarquistas, judíos, homosexuales, rusos o eslavos hasta republicanos españoles y gitanos. Mejor dicho, la escoria del mundo según el ideario hitleriano. Virgilio Peña fue testigo de los crímenes más execrables: ejecuciones, torturas y experimentación médica con los propios presos a los que usaban de conejillos de indias. Su vida estaba en constante peligro porque si no rendía al máximo en la cadena de montaje o producción corría el riesgo de ser eliminado ipso facto. Las malas condiciones de higiene o salubridad, el hambre o el agotamiento físico también contribuían a elevar la alta tasa de mortalidad. Se calcula que más de 60.000 prisioneros fueron asesinados en Buchenwald. Uno de los compañeros de Virgilio Peña fue Jorge Semprún (Ministro de Cultura durante el gobierno del socialista de Felipe González) cuya buena parte de su obra literaria está inspirada en la infernal experiencia en este campo de concentración.
Virgilio Peña es consciente de que él también debería haber sido una víctima más del holocausto. Cuando salió libre tan solo pesaba 40 kilos. Hasta hoy en día sufre las consecuencias psicológicas de la angustiosa espera en el corredor de la muerte. A cada quien le llega su hora pero su hora se alarga hasta el infinito
El campo de Buchenwald lo liberaron los propios presos el día 16 de abril de 1945 -horas antes de que llegaran las tropas norteamericanas-. Los aliados pretendían devolver a los cautivos a los países de origen y como los republicanos españoles se consideraban apátridas tuvieron que hacerse pasar por italianos o franceses.
Para Virgilio Peña la guerra de España –no civil sino golpista-aún no ha concluido. Los herederos del dictador Franco se han disfrazado de demócratas y ocupan los entresijos del poder. Empezando por el rey don Juan Carlos I, su hijo Felipe VI y toda la familia real española. España es un reino pequeño burgués dominado por la nobleza, la aristocracia, los grandes de España, la burguesía, el clero, los jueces, los militares, los empresarios, los banqueros o los políticos cortesanos que hacen y deshacen a su antojo.
El triunfo del nazi-fascismo franquista condenó a miles y miles de españoles al destierro, otros tantos miles fueron encarcelados, o sufrieron la tortura o la deportación, otros miles fueron ejecutados sumarialmente. Se calcula que existen más de 160.000 desparecidos que están enterrados en las cunetas o las fosas comunes de los cementerios. España fue el único país europeo donde triunfó el nazismo. Al término de la Segunda Guerra mundial los aliados toleraron el franquismo por su postura abiertamente anticomunista. Por eso no se ha realizado ningún proceso de desnazificación como si se hizo en Alemania. Al contrario los generales golpistas que se sublevaron contra el orden constitucional de la República se les considera héroes.
El mayor genocidio que provocó la guerra fue sin duda alguna el del mundo rural español. Porque se aniquiló la invaluable herencia genética de esos campesinos, de los jornaleros, pastores, pescadores. A causa del hambre y la miseria y la persecución generada por el conflicto bélico tuvieron que emigrar a las grandes urbes o al extranjero. Castrada la incontenible fuerza telúrica de los “hijos de la tierra” se transformaron en proletarios, en obreros, en la mano de obra barata que demandaba las fábricas y las industrias en pleno crecimiento. Un fenómeno que marcó la época del desarrollismo franquista allá por los años sesentas. En ese entonces la población rural procedente de las regiones más deprimidas de España tuvo que emigrar al País Vasco o Cataluña (los polos de desarrollo industrial y tecnológico)
A Virgilio Peña se le puede considerar uno de los últimos mohicanos de esa raza brava de segadores, arrieros, pastores o gañanes. Así lo demuestran sus manos encallecidas y deformes de tanto empuñar la azada, el arado, la hoz o la honda de cabrero.
Los campesinos españoles fueron los primeros en enfrentar al fascismo y también fueron los principales damnificados tras su triunfo. Porque la “guerra civil” fue en sí misma una guerra por el dominio de la tierra. Era imposible que triunfaran los ideales libertarios del socialismo o del comunismo pues las clases más pudientes no iban a permitir que el pueblo llano levantara la cabeza.
Virgilio Peña una vez liberado del campo de concentración de Buchenwald regresó a Francia. Lo cierto es que no tenía otra salida ya que en España como a tantos otros le esperaba el pelotón de fusilamiento. Entonces asumió orgulloso su condición de apátrida y aprendió el oficio de carpintero. Quizás por una necesidad vital de reconstruir o de crear después de haber contemplado tantos desastres. Por los avatares del destino se instaló en Billère, Pau, donde se casó y fundo una familia en la que ejerce como patriarca.
Los 40 años de dictadura franquista inocularon en el pueblo español el virus del miedo y el terror. Y ese miedo y ese terror increíblemente todavía persiste. De ahí que muchas víctimas y represaliados prefieren mascullar en silencio su amargura. Virgilio Peña como testigo de excepción sabe que tiene el sagrado deber de denunciar los crímenes cometidos por el nazi-fascismo. Es necesario levantar la pesada lápida del olvido como parte fundamental de la recuperación de la memoria histórica. En sus palabras no hay nostalgia porque el tiempo pasado lo conjuga en futuro.

Carlos de Urabá

jueves, 4 de febrero de 2016

El Estado para Todos: es necesario acabar con el mundo de las apariencias.




El Estado no es un problema nuevo, ni para la teoría política burguesa, ni para la crítica marxista. La pregunta es sencilla: si los individuos somos todos por definición libres e iguales, si sólo podemos relacionarnos a través de un acuerdo de voluntades, de un contrato, de un cambio, y si el cambio es por definición una operación que trata sobre equivalentes ¿cómo es posible que se den contradicciones que tengan que conducir a la constitución del Estado? ¿Cómo es posible que a partir del simple cambio de mercancías entre individuos con un mismo status jurídico puedan darse contradicciones que tienen que conducir a la constitución del Estado?
Si el cambio es un cambio de equivalentes y si el capitalista no tiene ningún poder sobre el trabajador asalariado ¿cómo puede el capitalista apropiarse de la plusvalía? El capital sólo puede relacionarse con el trabajo mediante el cambio, y mediante el cambio le es imposible valorizarse, es decir, obtener plusvalía. (Plusvalía: trabajo no pago al trabajador durante su jornada de trabajo ya que durante una parte de la misma el trabajador crea un valor que constituye su salario; pero otra parte de la jornada laboral trabaja gratis para el capitalista. Durante esta parte de la jornada laboral, el trabajador no recibe remuneración alguna. Todo el valor del producto del tiempo de trabajo no pagado al trabajador va directamente al bolsillo del capitalista.)
Karl Marx en El Capital señala: «La transformación del dinero en capital ha de investigarse sobre la base de las leyes inmanentes al cambio de mercancías, tomando, por tanto, como punto de partida el cambio de equivalentes», por ello, «el capital no puede brotar de la circulación, ni puede brotar tampoco fuera de ella. Tiene que brotar al mismo tiempo en ella y fuera de ella… Estas son las condiciones del problema».
El modo de producción capitalista sólo puede funcionar sobre la base de un cambio en el que formalmente son respetadas las reglas del “cambio entre equivalentes”, y en el que, sin embargo, materialmente se contradicen esas reglas, es decir, se cambian magnitudes no equivalentes.
La peculiar mercancía que el trabajador vende, fuerza de trabajo, sí se distingue de las demás mercancías, ya que mientras éstas en el proceso de trabajo simplemente conservan su valor en el producto en el que son transformadas, la fuerza de trabajo, en el proceso de producción, no sólo conserva su valor, sino que crea además un valor adicional que es el que se apropia el capitalista como plusvalía.
Marx ya señalaba en los Grundrisse que el capital no es sino «el poder de apropiarse trabajo ajeno sin cambio, sin equivalente, pero con la apariencia del cambio». El capital crea las condiciones para la obtención de más plusvalía, al mismo tiempo que se ve obligado a ello por la competencia como única forma de conservarse. La competencia, continúa Marx, «le fuerza a ampliar constantemente su capital para conservarlo, y sólo puede ampliarlo mediante la acumulación progresiva». Es por esto por lo que el proceso de producción del capital es y no puede dejar de ser un proceso de acumulación.
El capital, en nuestro país tienen nombre y apellido: Urquía, Vicentín y Navilli (aceites y harinas), Mastellone (lácteos), Ledesma (azúcar y derivados), Arcor (golosinas y alimentos), Roggio (construcción y servicios públicos), BGH (electrodomésticos y electrónica de consumo), OSDE (medicina prepaga), Braun (actividades comerciales), Sadesa (productor de cueros) y Pescarmona (maquinarias y grandes obras de infraestructura). Techint, Clarín y Madanes (Aluar), Fortabat, Bemberg, Acevedo, Peñaflor, Rohm, Garovaglio y Zorraquín, Macri, Cirigliano, Barracas, La Nación, Williner, Backchellian, Agrocom y Gualtieri, Pérez Companc, Eurnekian, Sancor, Temis Lostaló y Roemmers, ODS de Calcaterra, Caputo, José Cartellone e IRSA (construcción privada y pública), Pampa Holding, Electroingeniería e Indalo de Cristóbal López (sector energético y espacios privilegiados de acumulación como concesiones de obras de infraestructura y juegos de azar), Bagó e Insud (sector farmacéutico).
Por su parte los bancos argentinos obtienen la rentabilidad más elevada del mundo. Y los bancos privados de capital extranjero son los que mayores ganancias alcanzan, seguidos por los bancos privados de capital nacional y los bancos públicos.
Hay que tener en cuenta que, la plusvalía no se la apropia cada capitalista individual según lo que él mismo ha producido en su esfera de producción, sino que se lo apropia en la forma de una tasa media de beneficio para todos los capitalistas. Pero, sin embargo, sabemos que el proceso de acumulación es al mismo tiempo el proceso de crisis del capital, y que dicho proceso no se desarrolla mediante la capitalización uniforme de la plusvalía producida por todos los capitales que han contribuido a su creación, sino mediante la acumulación en mayor medida de unos capitalistas que en otros, mediante la concentración y centralización del capital, por un lado, y mediante la expulsión del mercado, por otro, de parte del capital.
Por eso Marx dice, que los capitalistas se reparten la plusvalía «como hermanos y como enemigos», como hermanos, porque para todos ellos es apropiación de trabajo no pagado, resultado de la explotación de la clase trabajadora; como enemigos, porque cada uno pretende apropiarse la mayor cantidad posible y arrojar al otro fuera del mercado.

El Estado

Así las cosas, la justificación del Estado no es necesario ir a buscarla en la naturaleza humana, como pretende la teoría burguesa clásica, sino que se encuentra en las relaciones de producción de una sociedad determinada.
Por un lado, el Estado media para garantizar los intereses de los capitalistas entre sí, pero sobretodo garantiza la dominación económica - ideológica sobre los explotados a fin de garantizar la perpetuidad del robo del trabajo no pago.
Como sostiene Marx en La Cuestión Judía “El Estado anula a su modo las diferencias de nacimiento, de estado social, de cultura y de ocupación al declarar el nacimiento, el estado social, la cultura y la ocupación del hombre como diferencias no políticas, al proclamar a todo miembro del pueblo, sin atender a estas diferencias, como copartícipe por igual de la soberanía popular, al tratar a todos los elementos de la vida real del pueblo desde el punto de vista del Estado. […] En efecto, sólo así, por encima de los elementos especiales, se constituye el Estado como generalidad.”
Y continúa “El Estado político acabado es, por su esencia, la vida genérica del hombre por oposición a su vida material. Todas las premisas de esta vida egoísta permanecen en pie al margen de la esfera del Estado, en la sociedad civil, pero como cualidades de ésta. Allí donde el Estado político ha alcanzado su verdadero desarrollo, lleva al hombre, no sólo en el pensamiento, en la conciencia, sino en la realidad, en la vida, una doble vida, una celestial y otra terrenal, la vida en comunidad política, en la que se considera como ser colectivo, y la vida en la sociedad civil, en la que actúa como particular; considera a los otros hombres como medios, se degrada a sí mismo como medio y se convierte en juguete de poderes extraños. […] en el Estado, donde el hombre es considerado como un ser genérico, es el miembro imaginario de una imaginaria soberanía, se halla despojado de su vida individual real y dotado de una generalidad irreal.”
El Estado, entonces, aparece como por encima de las clases; aparece como la tentativa de conciliar las clases y ésta es su contradicción fundamental. En las sociedades de clase el Estado es la emanación de una clase que domina y, en tanto que es esta emanación, tiene tendencia a hacerse autónomo para conciliar los antagonismos de clase; ahora bien, al mismo tiempo que pretende conciliar los antagonismos de clase, los agrava aún más y, por consiguiente, lejos de atenuar subraya la intensidad de la lucha de clases.
Partimos, del hecho concreto y actual de que el trabajador es más pobre cuanta más riqueza produce. El trabajador se convierte en una mercancía tanto más barata cuanto más produce. Los individuos nacen libres, dentro de la libertad burguesa; sin embargo, nacen dentro de un régimen social que habrá de manejarlo como una especie de fantasma, como una abstracción. Es decir, la gran masa de estos individuos tienen que entrar en relación de dependencia con un patrón capitalista –con el mercado-. Los individuos son “trabajadores libres”, pero lo son sólo en un sentido y es que tienen libertad para ofrecer su fuerza de trabajo a distintos patrones, a distintos mercados que son parte del mercado mundial. Ya situados en ese mercado como trabajadores, serán objeto de explotación, como lo fueron los esclavos y los siervos. Pero el trabajador libre en el sistema capitalista sólo tiene su fuerza de trabajo, que apenas le alcanza para reproducirse.
Pareciera, entonces, que la libertad es mayor para los trabajadores en el sistema capitalista, ya que no se verían limitados por el dominio de otro individuo, sino que la limitación aparece en el orden material. Pero justamente, las condiciones de esas relaciones exteriores muestran la imposibilidad para un individuo aislado de superarla. Solamente podrán ser sobrepasadas si se suprime de conjunto las relaciones de producción que le han dado origen.
Como ya mencionamos, en el centro del análisis económico de Marx existe una categoría que tiene relevancia para la ideología: el concepto de valor de cambio. En El Capital, explica cómo dos mercancías con valor de uso diferentes pueden ser intercambiadas en condiciones de igualdad, bajo el principio de que ambas contienen la misma cantidad de trabajo abstracto. Pero así las diferencias específicas entre estos objetos son suprimidas ya que su valor de uso se subordina a su equivalencia abstracta.
Este principio que impera en la economía se refleja en el campo político de la sociedad burguesa: todos los hombres y mujeres son iguales de un modo abstracto, esta equivalencia teórica sirve para enmascarar una desigualdad concreta, como ya vimos en el concepto de libertad.
La ideología del mercado no es algo suplementario que pueda ser extraído del problema económico y diseccionado aisladamente. La ideología es la imagen derivada objetivamente necesaria del mercado; ambas dimensiones deben registrase juntas, tanto en su identidad como en su diferencia.
El Estado pretende haber sido creado como mito, perdiendo de esta manera su historicidad y sus fundamentos (la división de la sociedad en clases, la apropiación por parte de una minoría del excedente producido por la comunidad). Como mito pretende ser un modelo ideal, donde las diferencias quedan canceladas para ocultar la opresión de una clase sobre otra. El Estado a través de todos sus mecanismos (justicia, educación, cárceles, etc.) pretende ocultar la diferencia, de la misma manera que lo hace el capital cuando pretende mostrarse como el creador de la plusvalía.
Así, el Estado representa un nuevo obstáculo a la emancipación humana, una nueva forma de separación, de enajenación, ya que pone la libertad y la igualdad en un terreno formal -como dice Marx, “en el cielo de la política”-, dejando intactas la opresión y la desigualdad reales.
Lenin señala que “...difícilmente se encontrará otro problema en que deliberada e inconscientemente, hayan sembrado tanta confusión los representantes de la ciencia, la filosofía, la jurisprudencia, la economía política y el periodismo burgueses como en el problema del Estado. Todavía hoy es confundido muy a menudo con problemas religiosos; no sólo por los representantes de doctrinas religiosas (es completamente natural esperarlo de ellos), sino incluso personas que se consideran libres de prejuicios religiosos confunden muy a menudo la cuestión específica del Estado con problemas religiosos y tratan de elaborar una doctrina -con frecuencia muy compleja, con un enfoque y una argumentación ideológicos y filosóficos- que pretende que el Estado es algo divino, algo sobrenatural, cierta fuerza, en virtud de la cual ha vivido la humanidad, que confiere, o puede conferir a los hombres, o que contiene en sí algo que no es propio del hombre, sino que le es dado de fuera: una fuerza de origen divino.” Lenin, Sobre el Estado (Conferencia pronunciada en la Universidad Sverdlov) – 1919.
La concepción marxista del Estado, nuestra concepción, es fruto de una forma determinada de entender las relaciones de poder y aparece como producto del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase, en palabras de Marx “la anatomía de la sociedad civil hay que buscarla en la economía política”.

Avanzar hacia el Socialismo

La tarea de los marxistas no es quejarse de las consecuencias inevitables de la decadencia capitalista. Dejamos ese tipo de cosas a los predicadores y pacifistas.
Como sostiene Marx, en La Cuestión Judía “No cabe duda de que la emancipación política representa un gran progreso y aunque no sea la forma última de la emancipación humana en general, sí es la forma última de la emancipación humana dentro del orden del mundo actual. Y claro está que aquí nos referimos a la emancipación real, a la emancipación práctica.”
Justamente, porque las reformas no resuelven el problema de raíz, nuestra tarea es trabajar incansablemente para señalar a los trabajadores y los jóvenes las causas reales de los horrores de la explotación y de la miseria obrera y de la juventud y explicar la forma en que el problema se puede erradicar de una vez por todas.
Eso sólo se puede lograr mediante una transformación de base de la sociedad. Problemas drásticos exigen soluciones drásticas. Sólo la revolución socialista puede resolver los problemas a los que se enfrenta la humanidad. Esa es la única causa por la que vale la pena luchar hoy día.
Sólo el avance del movimiento hacia una sociedad más justa, el Socialismo, donde los medios de producción sean propiedad de todos, puede terminar con las lacras de esta sociedad explotadora que necesita de la represión para perpetuar la desigualdad.
De lo que se trata es de organizarse políticamente para terminar con una sociedad que se basa en el robo y la explotación de una minoría de empresarios y capitalistas, en perjuicio de la inmensa mayoría de la población como lo somos los trabajadores.

Ana Crux

miércoles, 3 de febrero de 2016

Uruguay: agua y sentido común




Abya Yala o América del Sur ─designación de originarios o de europeos─ es el continente, la porción de tierra planetaria más húmeda, más rica en agua. Al menos en estado líquido, de superficie o subterránea. Son tales sus dimensiones territoriales, cerca de 20 millones de km2, que alberga en su seno también vastas regiones secas e incluso desérticas.
En esa nave inmensa, parte apenas de la nuestra planetaria, nos encontramos en Uruguay. Un territorio física y políticamente pequeño. Comparado con el abanico mundial de estados, estamos precisamente en la media de superficie (alrededor de unos cien estados más extensos y otros cien más pequeños); en términos poblaciona-les, en cambio, vivimos en un territorio más bien despoblado respecto de la media mundial (hay dos tercios de estados mayores y sólo un tercio de menos poblados).1
Tenemos una de las tierras mejor irrigadas del mundo entero, lo cual habilita su uso para ganadería y agricultura. La calidad ganadera del país ─rebautizado en algún momento vaquería─ la comprobó hace ya cuatro largos siglos Hernando Arias de Saavedra, ”nuestro” Hernandarias, gobernador español del Paraguay.

¿País minero?

Por sus dimensiones más bien reducidas, por las características del suelo, todo verde, la “propuesta”, formulada por José Mujica Cordano, a la sazón presidente del Uruguay, de que ‘así como el país había sido ganadero dos siglos [se refiere, infiero, a los de vida “independiente”], bien podía ser ahora minero’ merece ser elevada a los anales de la estulticia. Basta observar donde se emplazan las principales actividades mineras de la humanidad para darse cuenta: en tierras yermas, que el clima y el suelo hacen poco propicias para cultivos; en la cordillera de los Andes, por ejemplo.
Otro rasgo característico: países con fuerte desarrollo minero coinciden en general con enorme disposición de tierras, como son los casos de Canadá, Australia, EE.UU. o China que rondan los 10 millones de km2 cada uno (Australia, algo menos), es decir unas 60 veces la superficie del “paisito”. 600 km no es lo mismo que 10 km. Ni 600 km2, 10 km2. El país alberga propiedades de 10 000 ha. Y también mucho mayores. Pero no de 600 000…
Uruguay es un país “verde” y goza, propiamente, uno de los porcentajes más altos de cubierta verde de todos los países del planeta, alrededor del 90% de su superficie.2 Como bien explica Víctor Bacchetta en su “vivisección” del proyecto Aratirí:3 “En el caso de Uruguay, la minería no se practica en montañas o desiertos sin cobertura vegetal. El primer obstáculo para llegar al mineral es la base de una pradera natural […]. Este “detalle” que al parecer le pasó inadvertido a José Mujica Cordano, tiene un doble costo: el de eliminar la pradera para ejercer la minería y el de perder la actividad económica que con dicha pradera puede hacerse; como vimos, siglos de ganadería, que le otorgó al Uruguay en el concierto de las naciones periféricas y más o menos excoloniales una asombrosa calidad alimentaria.
Respecto de la “película” verde que recubre casi todo el suelo oriental, hay una propuesta de la empresa Zamin Ferrous, titular del proyecto Aratirí, que también nos presenta Bacchetta, y que es ilustrativa de la relación centro-periferia, para el caso entre los consorcios industriales y los países más o menos periféricos, más o menos coloniales, en que se asientan. Zamin Ferrous tiene la peculiaridad de su origen indio, pero su comportamiento es exactamente equiparable al de los consorcios primermundianos.
Cuando Zamin Ferrous-Aratirí presenta su proyecto aclara que esa cubierta del suelo “será retirada para ser devuelta a su lugar original [¡sic!] al final de la explotación.” 4 Advierta el lector que estamos hablando de un período de al menos década y media… ¿Conservando el suelo verde?… ¿dónde?, ¿cómo?
La ocurrencia tiene un penoso parentesco con la propuesta de la Barrick Gold en provincias andinas de la Argentina: cuando las asociaciones vecinales criticaron el proyecto minero que contaba con arrasar un glaciar, Barrick Gold entonces “tranquilizó” a los pobladores ofreciendo trasladar ese glaciar (y eventualmente dos más) a otros sitios para que no se perdieran o fundieran…
Sólo una visión muy “administrativa” de la naturaleza, en este caso el clima de montaña y su biota, y una visión también “administrativa” de la biota en el caso de la cubierta vegetal compuesta por animales y plantas (microfauna y microflora), puede permitirse argumentar que se puede cambiar el lugar de un glaciar como si fuera un florero o que se puede retirar un suelo vivo y reponerlo décadas después…
En rigor, ambos ejemplos, extraídos de dos grandes consorcios mineros, remiten a los vidrios de colores con que algunos europeos avisados engañaban o seducían a nativoamericanos en sus primeros contactos…

¿País agroindustrial?

Las dimensiones del país tampoco hacen propicio el territorio para los cultivos agroindustriales. Más allá de toda consideración ambiental que plantea una problematicidad gravísima que abordaremos a continuación.
Por su tamaño, Uruguay puede ofrecer a gatas una potencialidad marginal: basta ver los estados que han apostado a la agroindustria para darse cuenta cuándo hablamos de explotación plena y cuándo de explotación marginal. La agroindustria con su dotación de cosechadoras gigantescas rinde en países con llanuras inmensas, como las de EE.UU., Canadá, Argentina, Brasil, Australia, o siquiera como las ucranianas.
La razón por la cual el gobierno populista argentino de la primera década del siglo actual, el gobierno K, se pudo dar el lujo de retener hasta un tercio del precio de la venta bruta de soja transgénica como regalía para el estado, proviene de la extraordinaria rentabilidad, absolutamente excepcional, de tales cultivos, que permitió que los sojeros aceptaran esa “expropiación” porque aun así, sus ganancias eran increíblemente altas. En el territorio uruguayo, no pampeano sino ondeado, con subidas y bajadas tan visibles en nuestras carreteras y rutas, el rendimiento de tipo agroindustrial es menor.
La actividad agroindustrial, es decir la producción de bienes rurales como cereales o carnes con los rasgos de una actividad industrial, presenta un aspecto ambiental que anunciamos y que a su vez es sustancial: se trata de una actividad humana altamente contaminante. De actividades que están llevando a la humanidad a un callejón sin salida, fruto de una tecnobiología (biotech) desbocada.
Es precisamente ese aspecto más la menguada rentabilidad que lo agroindustrial puede desplegar en un territorio como el nuestro, lo que ha llevado a más de un analista a desechar el cultivo de commodities como apuesta del país al mercado mundial. Una pésima solución para la economía nacional, aunque muy promovida por las empresas transnacionales que tejen el dominio corporativo de la economía planetaria actual.
Tenemos una superficie demasiado pequeña para lograr un ingreso significativo adaptándonos a las “necesidades” de esas megaempresas a menudo con presupuestos mucho mayores que los de los estados nacionales que las “albergan”.
Nuestra opción, entendemos, teniendo en cuenta la ubicación geográfica (el hemisferio sur está mucho menos contaminado que el norte), la dimensión territorial, y la abundancia de agua, podrían ser specialities, no commodities. En lugar de venta a granel de productos alimenticios “del montón”, optar por la producción de alimentos orgánicos y naturales. Lo cual permitiría darle sentido a la consigna “Uruguay natural” que ha sido puramente turística y demagógica (basta ver como tratamos a los “residuos”), consigna que se sigue usando con creciente, penosa falsedad. La producción orgánica, slow-food, comida sin ingredientes químicos está siendo crecientemente demandada por la población y particularmente por los sectores más atentos a la problemática ambiental, que se van separando cada vez más notoriamente de la comida basura y la cancerización consiguiente.
Claro que semejante apuesta significaría aprender a producir ingredientes sanos, con mucho menores cargas químicas, y consiguientemente apostar a las pequeñas unidades productivas, y tejer una red económica de circulación material y sostén de tal tipo de actividades. Esa potencialidad existe en nuestro territorio; un desafío para que exista también en nuestra sociedad.
Por las dimensiones del territorio nuestro, la actividad minera como actividad económica principal no parece la mejor opción, porque la irradiación de cualquier actividad de ese tipo es de varios kilómetros a la redonda (y no hace falta que sea de minerales radiactivos para que haga daño y nos afecte). Lo acabamos de vivenciar con la cantera abierta al lado de Suárez, donde el polvo y el ruido afectaba a sus tan cercanos “vecinos”.
La fabricación de commodities rurales no sólo nos condena a una subalternidad económica permanente ante países de grandes extensiones y por lo mismo con mejor competitividad como, precisamente, nuestros linderos, Argentina y Brasil, sino que además crea las bases para una contaminación generalizada que si es criminal en cualquier territorio, en cualquier estado, es además propia de estúpidos en un territorio pequeño, por la facilidad con que se nos hace patente.
Baste reparar en el “percance” del río Dulce en Minas Geraes, Brasil, hace apenas algunas semanas: un dique de cola de esos que se construyen garantizados para que duren indefinidamente, aunque demasiado a menudo el tiempo indefinido se trunca sorpresivamente, como en este caso, cuando una de sus paredes cede. El enorme piletón de contención de los desechos metálicos, químicos, tóxicos de una extracción minera de años empezó a escurrir río abajo hacia su desembocadura, en el océano Atlántico, a 650 km. Tardó algunos días desplazándose esa masa de lodo tóxico a razón de unos 50 km. por día… Dejó decenas de muertos humanos, desolación y contaminación a lo largo del río, totalmente inutilizado a partir de entonces como fuente de agua o de pesca… ¿Qué habría significado para Uruguay un desastre de similares proporciones? Basta mirar dos mapas, los de Uruguay y de Brasil, para darse cuenta de la diferencia de impacto a escala nacional.
Y sin embargo, si bien el plan de cambiar de matriz productiva de la ganadería a la minería no ha “marchado”, afortunadamente, la implantación de la agroindustria, con “titulares de primera” como Monsanto y UPM, por ejemplo, sí se ha llevado adelante.
¡Cómo no va a prosperar la agroindustria si los grandes consorcios no pagan casi impuestos, el gobierno les ofrece zonas francas y ni siquiera atienden al desgaste cada vez mayor de las rutas, deshechas por el peso de las grandes cargas de rolos y soja! ¡No pagan siquiera por los muertos en ruta por ese motivo!

Y aquí llegamos al agua.

En rigor, podríamos decir que lo que se llevan las empresas extractivas del Uruguay es humedad en forma de rollos de las plantaciones de eucaliptus y pinos y otra vez humedad en forma de granos de soja.
El negocio es penosamente asimétrico: se llevan agua procesada por organis-mos vivos (los árboles, las oleaginosas, por ejemplo) y nos dejan agua contaminada. Porque para hacer aquella extracción y que la misma resulte rentable, se la incre-menta de dos maneras: mediante fertilizantes que aumentan el tamaño y el peso de las plantas, y mediante plaguicidas que evitan que las plantas de la actividad agroem-presaria tengan “competencia”. Los fertilizantes y plaguicidas derramados en los campos de cultivo no son sólo absorbidos por pinos, eucaliptos o porotos de soja… van a parar, siguiendo la ley de la gravedad, a cañadones, arroyos, ríos y por esa vía a las fuentes de agua potable de los uruguayos. Los venenos no son fácilmente separables puesto que suelen presentarse en partículas ínfimas que seguramente “superan” muchos filtros; los fertilizantes favorecen el florecimiento de algas y otras organismos vivos elementales que tienden a suprimir el oxígeno de los espejos de agua que los albergan; eutrofización, que es pérdida de toda fuerza vital en el agua; el agua pasa a estar muerta, privada de vida. Ese proceso suele iniciarse con una plétora de algas, de las que muchas son tóxicas para humanos (y para otras especies).
Y ésa es la situación del Uruguay actual: tenemos algas tóxicas en nuestras fuentes proveedoras de agua… potable, que ya no es tal.

Algo que era un orgullo uruguayo, disponer desde agua corriente, se ha convertido en un problema.

Porque inicialmente, el agua corriente se sobreentendía que era agua potable. A ningún ingeniero del s XIX se le habría ocurrido hacer esa formidable obra, el tendido de redes, para proveer agua no potable o agua tóxica.
Pero tal es la situación hoy. La cuenca del río Santa Lucía abastece a unos dos tercios del país, de agua corriente que ya no es potable. Montevideo, Canelones, Florida… La Laguna del Sauce provee de agua al departamento de Maldonado. Los departamentos litoraleños, Artigas, Salto, Paysandú, Río Negro, Soriano solían proveerse de agua del río Uruguay, pero con la floración abrumadora de algas y el reconocimiento de alteraciones del sabor y calidad en el agua, se ha encarado la extracción de agua desde perforaciones. En estos parajes del Uruguay, la perforación debería hacerse para alcanzar el Acuífero Guaraní, aunque por cómo ya ha sido afectado por la mano del hombre, esa agua tendría que ser controlada y eventualmente potabilizada…
¿Cómo es posible que lo que fuera orgullo de modernización hace cien años haya devenido en causa de pesar y vergüenza, de desconfianza y enfermedad?
Los organismos oficiales de control nos aseguran la calidad y la potabilidad en remitidos que dan vergüenza ajena.5 Conocedores, investigadores del área, como Daniel Panario, terminan recomendando filtros hogareños, puesto que los públicos y generales presentan tantas fallas.
En medio de esta vergüenza nacional, las compañías embotelladoras de agua (mineral o mineralizada) proclaman, contentas, que han hecho pingües ganancias. Chocolate por la noticia. Quede para otra nota el examen de esa alegría.

Luis E. Sabini Fernández

1 Con un rasgo llamativo y no exento de problematicidad; hay toda una lista de estados nacionales que medio siglo atrás estaban menos poblados que Uruguay y ahora superan su población, incluso la duplican o triplican: Paraguay, Nicaragua, Honduras, Panamá, Nueva Zelandia, Liberia, Libia…
2 Países con generoso volumen de “tierras cultivables” son, por ejemplo, Bangla Desh u Holanda (alrededor de dos tercios de su superficie); se trata de países con menor o mucho menor extensión que la del Uruguay.
3 Aratirí y otras aventuras, Doble clic editoras, Montevideo, 2015, p. 27.
4 Ibíd, p. 28.
5 La ministra Eneida de León comunicó que “los últimos resultados de las muestras obtenidas arrojaron un porcentaje de agua potable superior al 99 %, dato que consideró «más que admisible» al compararlo con Europa y América Latina, donde el promedio se sitúa en el 93 % y el 76 %, respectivamente.” (Ag. EFE, 11/5/2015). Una pena que la ministra no hubiera revelado las fuentes de semejantes afirmaciones. Y ni hablar de los olvidos de semejante fraseo…

martes, 2 de febrero de 2016

“La obra de Marx no dice la verdad por su relevancia política. Es relevante políticamente en la medida en que dice la verdad ”




Entrevista a Carlos Fernández Liria sobre su libro "El marxismo hoy. La herencia de Gramsci y Althusser"

El último libro de Carlos Fernández Liria se inscribe una colección de filosofía que se ha divulgado junto con el periódico El País. El número de la colección que corrió a su cargo es el correspondiente a la herencia del marxismo en la actualidad, a través de las obras de Althusser y de Gramsci. En él encontramos una síntesis muy pedagógica de algunas de las tesis que este autor, junto con Luis Alegre Zahonero, había ya mantenido en su obra El orden de El capital (Akal, 2012), y también una reflexión sobre la herencia del pensamiento de Gramsci en el actual debate político.

Felicidades por tu nuevo libro. Te pregunto por el título: ¿Qué es para ti el marxismo? ¿Una ciencia, una filosofía, una política de transformación socialista no entregada, una nueva cultura?
Probablemente es y ha sido todas esas cosas. Pero, si yo tuviera que destacar lo más importante, diría que Marx fue una especie de Galileo de la historia, que marcó el camino para entender nuestra sociedad capitalista. A mi entender, eso que llamamos la “economía” se desarrolla en una especie de alquimia al servicio de los poderes fácticos. Tal y como ocurriría con la física si los enemigos de Galileo, de Newton o de Einstein hubieran logrado marginar sus obras de la comunidad científica y siguieran un camino dictado por los poderes económicos y religiosos. Se comprende que, en economía, eso es actualmente mucho más peligroso que en el caso de la física, la química o la biología. Otra cosa es, por supuesto, que, al sentar las bases para una comprensión de la sociedad capitalista, Marx sacó a la luz cuestiones que tenían una trascendencia política impresionante y que, consiguientemente, influyeron y siguen influyendo en las luchas políticas. Suelo decir a menudo que, si los triángulos rectángulos consistieran en una inmensa injusticia, el teorema de Pitágoras sería muy subversivo desde un punto de vista político. Pero eso es lo que ocurre precisamente, con el capitalismo. La obra de Marx no dice la verdad por su relevancia política. Es relevante políticamente en la medida en que dice la verdad.
¿No es el caso, como apuntas en las primeras líneas del libro que marxismo y actualidad parecen nociones contradictorias? ¿Dónde es actual el marxismo?
El marxismo es tan actual como el capitalismo. O sea, desdichadamente, mucho. Leyendo a muchos pensadores contemporáneos uno podría imaginarse que ya no hay obreros ni capitalistas, como si las cosas nacieran por arte de magia en los escaparates. Pero basta pensar en la ropa que uno lleva encima para saber que ha sido fabricada en condiciones infrahumanas, en las fábricas del tercer mundo. La postmodernidad es mucho más moderna de lo que podría parecer. Y las claves para entender nuestro mundo siguen, en mi opinión, siendo las mismas que planteó Marx. Una de las cosas que hay que sacar a la luz, en primer lugar, es por qué la economía no deja de dar palos de ciego, por qué es una pseudociencia apologética, una estafa ideológica. Marx lo denunció y lo explicó ya en su época y la situación no ha cambiado tanto. En cierto sentido es mucho peor aún que en tiempos de Marx.
¿Qué aspectos relevantes de la tradición marxista han quedado más obsoletos en tu opinión?
Uno se sorprende comparando la obra de Marx con la tradición marxista. Un poco como si comparas a Jesús de Nazaret con la conferencia episcopal o con 13TV. Pero yo creo que lo más importante es comprender que Marx no fundó una teoría general de la historia, que no era hegeliano y que no consideró que la democracia parlamentaria fuera una mera superestructura ligada al modo de producción capitalista. Lo explicamos Luis Alegre y yo, con mucho detenimiento, en El orden de El Capital. Ahora he intentado hacer un resumen de carácter divulgativo, que pudiera llegar a mucha gente.
Las experiencias socialistas del siglo XX, ¿qué balance han dejado respecto al cuerpo teórico marxista? Hablando en términos popperianos, ¿han falsado muchas de sus teorías e hipótesis?
No cabe duda de que Marx se habría sentido horrorizado con las experiencias del socialismo real. Pero aquí hay que tener cuidado. Por “socialismo real” no deberíamos entender tan solo aquellas experiencias históricas que lograron ser “socialistas” durante unas cuantas décadas, contra viento y marea, en unas condiciones infernales, entre invasiones, guerras y bloqueos, y que, desde luego, resistieron tan sólo a base de suprimir las libertades, la democracia y la división de poderes. También eran “reales” los muchos intentos que hubo en el siglo XX de llevar el socialismo por la vía democrática. Lo que pasa es que todos esas experiencias políticas fueron masacradas por golpes de Estado o invasiones militares. Así pues, no está probado en absoluto que el socialismo y la democracia sean incompatibles. No es lo mismo fracasar que ser derrotado. Lo que en todo caso demostró el siglo XX es que el socialismo democrático no servía para ganar guerras. Esto puede ser muy interesante para reflexionar, pero no significa ni mucho menos que socialismo y democracia sean incompatibles. Además, la senda venía marcada por los países europeos en la época del Estado del Bienestar. Se podría haber profundizado por ese camino y se habría comprobado que el socialismo era mucho más compatible con la democracia que el capitalismo. Pero eso se acabó. Y de todos modos: Marx no estudió el comunismo, sino el capitalismo. Son sus tesis sobre el capitalismo las que habría que “falsar” y, la verdad, a mí me parece que el siglo XXI, más bien, las va confirmando más y más. Por ejemplo, Marx explicó muy bien por qué el capitalismo necesitaba de una reproducción ampliada y de una polarización de la riqueza cada vez más sangrante. Actualmente, el crecimiento capitalista amenaza ya los límites ecológicos más elementales, abocando a un suicidio de la humanidad. Y la brecha entre ricos y pobres ha llegado a superar todas las previsiones y raya ya en el más puro surrealismo.
¿Qué es eso de rescatar a Marx el propio marxismo? ¿Una especie de Marx sin ismos como quería y escribió Francisco Fernández Buey?
Seguramente sí, no conozco bien lo que dijo nuestro querido Francisco Fernández Buey, al que considero, en todo caso, uno de los pensadores más honestos y grandes del marxismo español. La fórmula de un marxismo sin ismos es, en todo caso, muy buena. Desde que Marx mismo dijo aquello de “yo no soy marxista”, estaba claro que su obra tenía que ser estudiada con un poco de seriedad académica, sin pagar tributos a las ideologías marxistas. Algunas de esas ideologías introdujeron verdaderos disparates en la interpretación de la obra de Marx. Otra cosa es que su papel político, en muchos casos, haya podido ser, por otros motivos, admirable o heroico. Yo admiro la tradición política comunista. Pero eso no implica que se puedan aceptar muchas de sus lecturas de Marx.
Gramsci, Althusser, ¿por qué estos dos autores? ¿Son los únicos filósofos de la tradición, más allá de los clásicos, que te resultan hoy de algún interés?
No, la verdad es que me lo propuso así la editorial, en concreto, Manuel Cruz, el director de la colección. De todos modos, me pareció un acierto por las razones que cuento en el libro. Althusser, porque nos ayuda a leer a Marx con un poco de serenidad científica. Y Gramsci, porque es, sin duda alguna, el pensador marxista más influyente en el momento actual. En el libro procuro ligar a Gramsci con el llamado populismo de izquierdas, de la mano de Chantal Mouffe o Ernesto Laclau, y también, por supuesto con el surgimiento de Podemos en este país. Hubo, por cierto, algunas reticencias en la editorial para nombrar a Podemos o incluso para aludir al 15M. Alegaban que se trataba de un libro de divulgación y no de un libro comprometido políticamente. Ya les dije que estaba de acuerdo, pero que la cuestión era más bien qué convenía y que no convenía divulgar. Llegué a proponerles que encargaran a algún otro un libro que se llamara: “El marxismo actual que a los antimarxistas nos interesa divulgar”.
¿Ves alguna relación entre el uso y significado del concepto “crítica” en las críticas kantianas y el subtítulo de El Capital, crítica de la economía política?
Sí. Aquí “crítica” significa “delimitación”, demarcación de los límites de algo. Delimitar algo es sacar a la luz “en qué consiste”, y, por lo tanto, cuál es su “fundamentación”, un término que Marx también utiliza mucho.
El primer capítulo del libro lleva por título “La relectura estructuralista de Marx”. ¿Qué noción de estructura usa esta lectura estructuralista?
Es un poco largo de explicar. He intentado contarlo con un ejemplo sacado de El Capital, el ejemplo del señor Peel, un señor que, según Marx, metió en un barco todas las partes del capital y se olvidó de meter, precisamente, la “estructura” del capital. Creo este ejemplo es muy pedagógico para explicar lo que es una estructura. Yo lo utilizaba en clase para explicar no a Marx, sino a Platón, para explicar el concepto de eîdos. Explicaba a Platón con Marx y a Marx con Platón. Es gracioso, mis alumnos han hecho ya varias canciones sobre el señor Peel, yo creo que, al menos, tres. Una de ellas, del grupo Complejo de Electra, está ya en un disco.
Comentas críticamente las supuestas leyes marxianas de la historia. Sin embargo, Gerald Cohen, como bien sabes, escribió una defensa de la teoría marxista de la historia. ¿No te convenció su aproximación? ¿Puede haber una teoría que no incorpore esas supuestas “leyes” históricas?
No he estudiado a Cohen, pero siempre estoy muy de acuerdo con César Rendueles, que es un gran conocedor de su obra. Sea como sea, el que no haya leyes de la historia no quiere decir que la historia sea incomprensible, que no pueda ser estudiada con rigor científico. Como digo, César Rendueles, ya desde los tiempos de su tesis doctoral (lo sé porque yo era su director y aprendía mucho con ello) no ha dejado nunca de pensar este problema y estoy seguro de que tiene toda la razón.
Althusser, apuntas, nunca se definió como estructuralista pero, añades a continuación, “no cabe duda de que su interpretación de Marx debía mucho al estructuralismo”. ¿Qué deuda o deudas estructuralistas tenía Althusser?
Pienso que, como dijo en una ocasión Lévi-Strauss, eso del estructuralismo no era ni mucho menos tan novedoso como se pretendía. Yo creo que lo que sí hubo fue una batalla muy importante contra las filosofías de la historia. Se trataba de hacer ver que la sincronía y la diacronía no se explican mutuamente. Para entender una jugada de ajedrez no sirve para nada, en efecto, saber cómo se ha llegado a ella. Y claro, el concepto hegeliano de Aufhebung, tan querido por el marxismo, sugería todo lo contrario. Había que romper con Hegel y con todas las filosofías de la historia que tuvo por herencia.
Causalidad estructural es una noción clave en tu lectura de Althusser. ¿Nos haces un pequeño resumen del significado e importancia de esta categoría?
Bueno, es un tema endiablado y yo he hecho lo que he podido. Pero podemos pensar en que todo el mundo entiende la diferencia que hay entre, por ejemplo, la injusticia que se puede cometer contra un obrero y la injusticia en la que consiste el hecho mismo de ser obrero (aunque sea un obrero muy bien tratado). Una cosa es que sea injusto lo que hace un banquero y otra que sea injusto aquello que hace banquero al banquero. Desde Platón, se han hecho mil intentos de pensar la diferencia entre el mundo de los hechos y el mundo de las estructuras (que no por eso dejan, por supuesto, de ser, también fácticas y contingentes). Una cosa es luchar contra las atrocidades de los capitalistas y otra luchar contra la atrocidad del capitalismo mismo.
Te cito de nuevo: “Es aquí donde Althusser consideró que residía el núcleo mismo de la “inmensa revolución teórica de Marx”, en el descubrimiento de una estructura”. ¿Y qué estructura descubrió Marx?
Descubrió, “aquello en lo que consiste el capital”. Y estudió el dinamismo estructural de esa consistencia, que no es el mismo que su dinamismo temporal o histórico. Estudió, en suma, aquello que hace capitalista a la sociedad capitalista.
¿Cómo debemos entender el antihumanismo que Althusser atribuye a Marx? ¿No es contradictorio con aquello de que el hombre es nuestro capital más preciado? ¿O con el lema que él mismo eligió: “Nada humano me es extraño”?
Sí, le he dado mucha importancia a este tema en el libro. No es Marx el que es antihumanista, es el capitalismo el que trata a los seres humanos como una basura. Y si somos anticapitalistas es, por supuesto, a favor del ser humano. Marx habla en El Capital, muchísimas veces, de que el comunismo liberará las fuentes del “desarrollo humano” que el capitalismo, en cambio, está abortando constantemente. Y para mi interpretación, en la que no he parado de insistir en todas mis publicaciones, estas “fuentes de desarrollo humano” han sido perfectamente radiografiadas por el pensamiento de la Ilustración. Por eso he mantenido siempre que no somos comunistas más que para poder ser ciudadanos de una república bien hecha. Somos marxistas a favor del proyecto político de la Ilustración no a favor de un nirvana comunista o de un hombre nuevo maoísta. Esto implica que, por el camino, es preciso haber terminado con el mito ese de que la revolución francesa fue una revolución burguesa. Pero eso ya lo han hecho a la perfección Florence Gauthier, Toni Domènech o Joan Tafalla.
Unas preguntas más, no abuso. ¿Por qué está de nuevo Gramsci tan de moda, como lo estuvo por ejemplo en los años setenta del siglo pasado?
Esta claro que no podemos ganar una revolución armada contra el capitalismo. No hay otra posibilidad que la lucha por la hegemonía cultural, ideológica y social. Por eso Gramsci vuelve a estar en primer plano, porque el fue quien pensó mejor en lo que era una batalla por la hegemonía.
¿Ves alguna relación entre las nociones más valoradas del Gramsci de los Quaderni y la teoría “populista” asociada –y tan moda y estudio- a Laclau y Mouffe?
Mucha. Aunque Gramsci era un comunista que no renunciaba a la lucha revolucionaria. Lo que pasa es que son otros tiempos. Venimos de una derrota impresionante e ininterrumpida. Es un delirio no tener esto en cuenta y pensar con los esquemas leninistas de comienzos del siglo XX, cuando la correlación de fuerzas era tan distinta. En todo caso, precisamente ahora voy a publicar un libro sobre Populismo en el que me voy a ocupar de todas estas cosas. Saldrá en marzo.
¿Cuáles son las categorías gramscianas que te parecen hoy más fructíferas?
Las que utiliza constantemente Manolo Monereo...“hegemonía”, “guerra de posiciones”, “partido orgánico”... Monereo es el gran heredero de Gramsci en este país.
¿Podrías haber incluido a Benjamin entre ese colectivo de autores marxistas que te interesan especialmente?
Por supuesto, pero soy muy ignorante y no sé mucho de Benjamin.
¿Te sigue interesando Anders?
Mucho, la verdad. El concepto de “desnivel prometeico” me parece muy importante y afortunado para entender lo que nos está pasando. Y además, tengo simpatía por este señor que pasó del pacifismo a defender la lucha armada, precisamente cuando tenía ya ochenta años. No digo que esté de acuerdo con él, pero entiendo su desesperación.
¿Qué futuro ves al marxismo? ¿Te parece una tradición muerta o bastante o muy herida de muerte?
Respecto al futuro que nos espera soy, a medio plazo, muy pesimista. Yo creo que el capitalismo acabará con el mundo o con todo lo que merece la pena respetar en este mundo, en un plazo relativamente corto. Y el marxismo por eso mismo, será cada vez más actual, porque cada vez se demostrará más hasta qué punto tenía razón. Claro que esto no será un gran consuelo, me temo.
Una duda para acabar. Hablas de Gramsci y Althusser y en ningún momento citas a Manuel Sacristán, por ejemplo, que escribió sobre uno y otro, especialmente sobre el primero. ¿No te interesa especialmente su línea interpretativa?
No, no, claro que me interesa. Pero lo poco que sé al respecto es porque tú me explicaste algo alguna vez. Las referencias de Sacristán a Althusser, las que he leído, me parecieron muy oportunas, mucho mejor de lo que estilaba en la época, desde luego. Pero es que yo conozco muy poco la obra de Sacristán. No estoy orgulloso de ello.
Por cierto, ¿cómo se distribuye el libro? ¿Cómo podemos dar con él?
Para mí mismo es un gran misterio. He contactado con El País para saber cómo hacerme con el libro, yo mismo, que soy el autor, y me dicen que me los venden en ventanilla, si me paso por ahí. Pero creo que ha habido quien ha conseguido el libro encargándolo en los kioskos, atendiendo al número que sale en el código de barras, que es el 36. Yo creo que debe ser el número de la colección. La editorial es Batiscafo, pero ellos también me dijeron que tenían problemas para conseguir ejemplares con El País. Es un poco surrealista, porque en el contrato que firmé ponía que la edición era nada menos que de 250.000 ejemplares.
¿Quieres añadir algo más?
Bueno, que me encantaría charlar contigo sobre cómo ves la situación tras las elecciones del 20D. Pero lo dejamos para cuando nos veamos.
Pues te pido una cita, como en los viejos tiempos.

Salvador López Arnal

Emir Sader y el fracaso de la centroizquierda




El jueves tuve la gratificante posibilidad de reir en el desayuno (es siempre bueno empezar el día con unas buenas sonrisas) mientras leía un artículo en Página 12 donde mi conterráneo Emir Sader se muestra nervioso con todo aquello que exista a la izquierda de su modo de pensar. ¿Por qué, en un momento en que está en curso una derechización de la superestructura política de todo el subcontinente, uno de los intelectuales más conocidos de Brasil y Latinoamérica (por lo menos en los medios de centroizquierda) tiene la necesidad de destilar tanto veneno contra los que se proponen a resistir a este proceso?
Emir allí “demuele” a la izquierda que se mantuvo independiente de los gobiernos de tinte más o menos centroizquierdista que marcaron la realidad sudamericana en la última década: “el principal fracaso de la ultraizquierda fue no haber sabido comprender el carácter de la época histórica actual, de los grandes retrocesos a escala internacional. Siguieron haciendo sus planteamientos verbalmente radicalizados, sin darse cuenta que el objetivo mayor de la izquierda hoy es derrotar y construir alternativas concretas al neoliberalismo, proyecto en que han avanzado tanto los gobiernos de América del Sur”.
Es una lástima que Emir no haya aprovechado la visibilidad del principal diario de centroizquierda en Argentina para recomendar la alternativa concreta al neoliberalismo que Dilma hoy implementa en Brasil para enfrentar la crisis económica, por ejemplo. Macri acá en Argentina, al igual que Clarín y muchos analistas, economistas y periodistas, están muy preocupados en cómo acabar con el déficit fiscal y mejorar la rentabilidad de los empresarios. ¿Por qué Emir no les recomienda los recortes que Dilma ha hecho en la salud, la educación, la vivienda, los transportes y los programas sociales? ¿O quizá los tarifazos que aumentaron las cuentas de luz y agua? ¿Por qué no recomienda la reforma laboral – apoyada por la burocracia sindical petista de la CUT – que generalizó las suspensiones con reducción salarial y subsidios a las patronales en la industria? ¿No se debería acá también debatir el aumento de la edad jubilatoria que Dilma actualmente negocia con la CUT? ¿O por qué no compartir las lecciones del plan de privatizaciones de la Petrobrás actualmente en curso, así como de la huelga de petroleros que se levantó contra el mismo y que la burocracia sindical del PT logró impedir que adoptara “planteamientos radicalizados” para triunfar?
Teniendo en cuenta la importancia que tiene en Argentina hoy el debate sobre como resistir a los ajustes que Macri y la patronal se proponen a implementar, Emir podría como mínimo contar un poco sobre qué dificultades tuvo la burocracia petista para movilizar el enorme peso sindical que tiene y rodear de solidaridad las luchas de resistencia que estallaron para que puedan triunfar, coordinarse y emerger como un gran movimiento nacional que cuestione la política de Dilma por izquierda.
No, Emir prefirió privar a los argentinos de algunas de las (sic) “extraordinarias transformaciones sociales que esos gobiernos han implementado en nuestras sociedades”. Por algún motivo opina que estas no ayudarían a sus amigos kirchneristas a enfrentar el nuevo gobierno de Macri. Curiosamente, le parece más importante criticar a una izquierda que considera “irrelevante”.
Pero supongamos que Emir no está conforme con la política económica de Dilma y, a pesar de no ver ningún rol de la burocracia sindical petista en los ataques que han pasado, está dando una dura batalla intelectual para convencerla de algo distinto. Esto ameritaría escuchar sus argumentos en el terreno político:
Sin decir que los ambientalistas y las ONG que protestan contra el extrativismo depredatorio de Evo en Bolivia o Correa en Ecuador son algo distintos de los trotskistas del Frente de Izquierda de Argentina, Emir nos brinda con más una de sus críticas estratégicas: “sin participar de la disputa hegemónica del gobierno y sin capacidad de construir fuerzas alternativas - estos sectores de la izquierda estarían – completamente distanciados de la historia concreta contemporánea de la izquierda realmente existente”.
Sí. Pero para que la crítica pueda enseñar habría que explicar mejor como el PT participó y participa de la disputa hegemónica del gobierno. Habría explicar los mecanismos a través de los cuales el PT utilizó la Petrobrás y el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) para ganar hegemonía sobre los partidos y sectores burgueses que construyeron la base de su gobierno como la fuerza alternativa que realmente existe y hace historia contemporánea. Aparentemente, este grado de profesionalismo hegemónico el kirchnerismo no logró construir en Argentina, y quizá abrir esta reflexión con los lectores de Página 12 ayudaría en el balance de por qué la centroizquierda fue derrotada acá y que tiene que cambiar para volver.
Pero no. Por algo Emir no quiso dedicar su capacidad intelectual para analizar los temas que su “izquierda del siglo XXI” (sic) ocupe las principales noticias de las portadas internacionales y quiso dedicarse a algo que él mismo insiste como pequeño y fracasado. Por algún motivo Emir no dio importancia a profundizar esta reflexión y le pareció más importante criticar a los ambientalistas de Bolivia (que últimamente el vicepresidente García Linera ha equivocadamente denominado “trotskistas verdes o trotskistas oenegistas”) o los trotskistas del Frente de Izquierda en Argentina.
En un reportaje reciente, el eminente periodista kirchnerista Horacio Verbitsky volvió a polemizar con el Frente de Izquierda por el voto en blanco en el ballotage que Emir también critica.Respondiendo a la polémica, Cristian Castillo da una idea del motivo por el cual Emir tanto se enoja:
“En lo que hace a atribuir “una parte no menor de responsabilidad” al FIT en el triunfo de Macri, Verbitsky nos cuelga el “sambenito” que los kirchneristas vienen utilizando para evadir sus responsabilidades en la victoria de Macri y en haber llevado como presidente un candidato “noventista” y conservador. No fuimos nosotros quienes propusimos a la presidencia a quien el caído en desgracia Florencio Randazzo había sindicado como “candidato de los fondos buitre y de Clarín”, lo mismo que se repetía desde 678. A quien dejó la principal provincia del país tras ocho años de “gestión” con los salarios estatales y docentes más bajos de la región centro, con un millón y medio de familias en emergencia habitacional, con falta de obras públicas esenciales para hacer frente a las inundaciones, con rienda libre a la especulación inmobiliaria y una nefasta política “de seguridad” de la mano de Granados y Casal, a los que el propio Verbitsky ha denunciado justamente. Fue el candidato presidencial del FPV, no los dirigentes del FIT, quien anunció como futuros ministros “estrella” a Granados, Casal y Berni, el represor de Lear y del barrio Papa Francisco (en tándem en este último caso con la Metropolita macrista). Un Sergio Berni a quien HV pasó del apoyo a la crítica abierta”.
Mientras el kirchnerismo se escondía detrás de la poco convincente demagogia del derechista Scioli, el candidato presidencial del Frente de Izquierda, Nicolás Del Caño, se postuló como la voz de la izquierda que no tiene ataduras con ningún sector de la burguesía y se propone encabezar la resistencia a los ajustes que terminarían siendo implementados por cualquiera de los candidatos. Ahora, frente a los primeros ataques de Macri, mientras el aparato kirchnerista hace una oposición verbalmente (muy poco) radical de twits y videítos y sus principales referentes avalan o silencian ante distintos ataques macristas -como el encarcelamiento de una líder popular de su propio frente político por luchar- son los trotskistas del Frente de Izquierda los que han puesto el cuerpo para organizar la verdadera resistencia.
Esa ubicación conquistada por Nicolás Del Caño fue suficiente para que sea entrevistado por el diario O Estado de São Paulo, el Folha de São Paulo y la petista Carta Capital. Particularmente la Rede Brasil Atual, una agencia periodística de la CUT, destacó: “El trotskista Caño obtuvo una votación significativa en el primer turno de la elección, cerrada el mes pasado: con 815 mil votos (3,3% del total de votos válidos), quedó en cuarto lugar. Para efecto de comparación, en términos percentuales, obtuvo el doble del resultado de Luciana Genro en Brasil en 2014, cuando la candidata del PSOL consiguió 1,6%. (...) Según el excandidato del FIT, su "corriente hermana" en Brasil es el Movimiento Revolucionario de Trabajadores (MRT)”.
Quizás en lo más íntimo, lo que más incomode a Emir no sea el emerger de una izquierda de los trabajadores como una alternativa a sus amigos kirchenristas en el país vecino. Quizás lo que verdaderamente lo atormente sea la posibilidad de que un trotskismo fuerte en Argentina pueda ser un "mal ejemplo" para que emerja una corriente de trabajadores y jóvenes en Brasil que cuestione al PT por izquierda.
Pd1: Acá me restringí a la discusión con las ideas presentadas por Emir. Sin embargo, no puedo privar al lector argentino de saber lo que me hizo acordar el alegre desayuno con el artículo de Pagina 12: que parte esencial del mecanismo hegemónico del PT es el financiamiento estatal de los libros de Emir Sader y otros cuantos intelectuales fieles a la causa. Mecanismo este que me imagino debe ser no menos común entre los intelectuales y periodistas de Página 12, que ahora tendrán que ser más abnegados.
Pd2: Emir Sader se considera un marxista. Pero muy lejos de ahí, lo único que muestra su racionamiento es el notorio espíritu de autopreservación burocrático del cual el PT es toda una imagen: la burocracia académica entrelazada con la burocracia sindical e la burocracia política del PT. Como reza un dicho argentino “entre bueyes no hay cornadas”. Todo este aparato está puesto al servicio de contener la espontaneidad de masas que estalló en junio de 2013 en Brasil, volvió a estallar en la huelga de los basureros de Rio en 2014 y ahora vuelve en la lucha de los secundarios contra el cierre de escuelas en São Paulo en 2015. Una fuerza social que pretenda emerger y enfrentar consecuentemente el avance de la derecha en la región tendrá que sacarse la burocracia petista de encima.

Daniel Matos
San Pablo

lunes, 1 de febrero de 2016

Gobierno uruguayo garantiza orden imperialista en Haití




Los gobiernos de Mujica y Vázquez garantizan la ocupación militar del imperialismo contra el pueblo haitiano.

Haití es de nuevo noticia, como contamos aquí, el pueblo salió a las calles en repudio a las elecciones fraudulentas impuestas desde el orden imperialista garantizado por la MINUSTAH, “Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití”. La actual situación no es más que un nuevo episodio de la opresión y explotación imperialista sobre éste país y la resistencia del pueblo haitiano en contra de la intervención militar imperialista de EEUU, camuflada a través de la ONU y la asistencia de algunos de los gobiernos “progresistas” latinoamericanos, entre ellos el FA bajo los gobiernos de José Mujica y Tabaré Vázquez.

Rol de la MINUSTAH

Desde el año 2004 la invasión militar del imperialismo norteamericano fue “legalizada” por la ONU, y a través de su fuerza de ocupación llamada MINUSTAH, se fijó como objetivos la “estabilización y pacificación” del país, la promoción de “elecciones libres”, el “desarrollo económico e institucional”, entre otras cosas. Todas excusas para mantener y profundizar las cadenas imperialistas en el primer país latinoamericano donde triunfó la independencia con respecto al viejo colonialismo europeo.
La mayoría de los gobiernos progresistas de la región, paradigmáticamente a inicios de sus ciclos, garantizaron la ocupación imperialista, mediante su aporte de efectivos militares para la integración de la fuerza de ocupación. El Uruguay “progresista” del Frente Amplio estuvo desde el comienzo entre los que más efectivos militares integraron a la MINUSTAH, no solo en proporción a la población de Uruguay, sino que también numéricamente en relación a la fuerza de ocupación, llegando el aporte del gobierno uruguayo a unos 1000 efectivos.

Fieles aliados del orden imperialista

La coherencia es sintomática, el FA viene votando en bloque junto a la derecha, más allá de la disidencia individual de algún diputado, desde 2005 cuando asumió por primera vez el gobierno nacional con el primer gobierno de Vázquez, durante toda la presidencia de José Mujica y ahora nuevamente bajo la segunda presidencia de Vázquez. En la última votación a fines de 2015, el FA destacó que eran menos las tropas actualmente y que se tiene planificado terminar la “misión” en 2017. Las graves denuncias de violaciones a los DDHH respecto a las tropas uruguayas no hicieron al FA retroceder en esta unidad con la derecha y el imperialismo.
Esto es una verdadera “política de estado”, sostenida casi por unanimidad por todos los bloques del régimen político uruguayo. Se prolonga al aporte de fuerzas de ocupación de la ONU en otros países, como por ejemplo el Congo. Los políticos uruguayos, incluidos los del mismo FA, se vanaglorian de que el país, es el que mayor cantidad de militares, en proporción a la población, aporta a la ONU, para estas fuerzas de “ayuda humanitaria”. Los premios a estos servicios prestados han sido la designación de Almagro (el canciller en el gobierno de Mujica) como Secretario General de la OEA y el puesto en el Consejo de Seguridad de la ONU para Uruguay.
La cara interna de esta política en pro del orden imperialista, es el represtigio, entrenamiento y fortalecimiento de los aparatos represivos del estado. Ejemplos son el freno al juzgamiento a los represores de la dictadura y el otorgamiento de prisión domiciliaria, el aumento de presupuesto a las fuerzas represivas, los megaoperativos en barrios pobres, y la represión a la protesta social como en el Codicen. Conforman junto con estas “experiencias” de la policía y el ejército en el extranjero como fuerzas de ocupación, una preparación preliminar ante futuros posibles escenarios parecidos a nivel local.

¡Solidaridad activa con el pueblo haitiano!

Solo con la solidaridad activa y en las calles podemos demostrar que el pueblo uruguayo no es cómplice de esta política, oponiéndonos a la opresión y represión de los aparatos de seguridad del estado, tanto en nuestro país como en el exterior. Los únicos responsables son el FA, la derecha y el imperialismo. A través de las organizaciones de DDHH, de trabajadores y estudiantes, expresemos nuestra solidaridad y exijamos el retiro inmediato de las tropas, por la libre autodeterminación del pueblo haitiano.

Sebastián Artigas

Para ganar una de las más grandes batallas por la cultura




Ciudad Escolar Abel Santamaria
Más de 300 000 personas reunidas en la pla­­za del antiguo regimiento acompañaron las palabras emocionadas del Comandante en Jefe

La Revolución se propuso erradicar el analfabetismo en un año y para ello contó con el esfuerzo de miles de personas en todo el país e incluso de la solidaridad de otras naciones. Foto: Mario Ferrer
Desde las primeras horas de la mañana del sábado 28 de enero de 1961, arribaron de­cenas de miles de villaclareños a Santa Clara pa­ra asistir al acto de inauguración de la Ciu­dad Escolar Abel Santamaría, en el lu­gar que ocupara el Regimiento Leoncio Vi­dal. Trans­for­mar cuarteles en escuelas fue una de las ma­neras más hermosas de materia­lizar la prédica martiana y de mostrar la humanidad y fuerza latentes en la Revo­lu­ción Cubana.
Más de 300 000 personas reunidas en la pla­­za del antiguo regimiento acompañaron las palabras emocionadas del Comandante en Jefe.

UNO DE LOS GRANDES ORGULLOS DEL PUEBLO CUBANO

Al iniciar su discurso, Fidel rememoró que el 28 de enero del año anterior se había inaugurado, en Santiago de Cuba, la Ciudad Es­colar 26 de Julio en lo que fuera el antiguo Cuar­tel Moncada; y reflexionó sobre el simbolismo de este día en el que —por segunda vez consecutiva—, se conmemoraba el natalicio de Martí inaugurando una ciudad escolar don­de antes se albergaban los soldados de la tiranía.
“Es posible —reflexionó Fidel— que ni us­tedes ni nosotros volvamos a tener esta oportunidad. Es posible que ya el año que viene no podamos inaugurar el 28 de enero otro cuartel convertido en escuela. ¿Saben por qué? Por­que ya están acabándosenos los cuarteles. Po­dremos abrir nuevos centros, construir otras ciudades escolares, pero no tendrá ese sabor, ese sabor tan grato para ustedes y para nosotros, de ver convertido en magnífico centro, de ver llenos de maquinarias esos pabellones que ayer estaban llenos de fusiles, de máquinas de muerte […]”.1
El sueño de convertir cuarteles en escuelas comenzó a materializarse el 14 de septiembre de 1959, cuando el Gobierno Re­vo­lucionario entregó la mayor fortaleza militar de Cuba —el Campamento de Co­lum­bia—, al Mi­nis­terio de Educación, para que construyera la Ciudad Escolar Liber­tad. Luego, en un tiempo relativamente cor­to, “hasta el último cuartelito” fue transfor­mado en escuela. El simbolismo de transformar 69 centros de represión y tortura en escuelas, marca la diferencia con todos los regímenes anteriores y es uno de los grandes orgullos del pueblo cubano.
Se estaban haciendo realidad las proféticas palabras de Raúl Castro cuando, el 17 de enero de 1957, después del ataque victorioso al cuartel de La Plata en la Sierra Maestra, escribió en su diario de campaña: “Desde lo lejos se veían arder sobre los cuarteles de la opresión las llamas de la libertad. Algún día no lejano, sobre esas cenizas levantaremos escuelas”.2

EL FUSIL Y LA CARTILLA DE ALFABETIZACIÓN

Fidel en su intervención en Santa Clara no solo abordó el tema de la educación y la conversión de cuarteles en escuelas.
Él también se refirió a la situación que enfrentaba el territorio de Las Villas con numerosas bandas armadas en las montañas de Trinidad y Sancti Spí­ritus [Escambray]. Sobre este tema, argumentó cómo el imperialismo había hecho grandes esfuerzos para establecer una cabeza de playa contrarrevolucionaria en Las Villas; cómo se había realizado la persecución a in­contables bandidos por más de mil campesinos del Es­cambray y otros cientos venidos de las zonas montañosas de la región oriental; y cómo se llevaron a cabo las operaciones para capturar a los principales cabecillas de aquellos grupos y ocuparles la mayor parte de las armas.
Cuando a finales de diciembre de 1960 se movilizaron las Milicias y el Ejército en pleno ante el peligro de una agresión directa del im­perialismo, decenas de bandidos aventureros y esbirros batistianos pensaron que el imperialismo iba a invadir a Cuba y comenzaron a subir las montañas del Escambray “en fila india”.
Así fue como, mientras el pueblo estaba en las trincheras, el número de elementos contrarrevolucionarios ascendió a cerca de 500 en la zona de Trinidad y Sancti Spíritus. Ellos esperaban la invasión norteamericana, pero quienes llegaron fueron los milicianos. “las bandas contrarrevolucionarias han quedado abandonadas a su suerte —dijo Fidel—, como quedan abandonados todos los aventureros. […] Las patrullas de milicianos obreros, que están tomando posiciones y moviéndose dentro de los cerros, llevan, cada uno de ellos, una pequeña biblioteca y una cartilla de alfabetización. Es decir, que no solo van a combatir y liquidar a los elementos contrarrevolucionarios sino que van a desarrollar, al mismo tiempo, la campaña de alfabetización en el Es­cambray. Es posible que ninguna fuerza militar en la historia del mundo hubiese llevado juntos estos dos instrumentos: el fusil y la cartilla de alfabetización”.3

UNA BATALLA VERDADERAMENTE ÉPICA

Antes de concluir sus palabras, Fidel expresó que “la Revolución se ha propuesto ganar una de las más grandes batallas por la cultura que haya librado ningún pueblo. Se propone erradicar el analfabetismo en un año. […] Así que esa sí va a ser una batalla verdaderamente épica, en que debe participar todo el pueblo. La Revolución no se ha propuesto hasta hoy nada que no haya sido capaz de lograr, y ahora tenemos por delante esa meta”.
Lo más difícil para alcanzar esa meta, estaba en el aislamiento de los campesinos. Y Fidel planteó la necesidad de que hubiese un alfabetizador en cada casa de las montañas y convocó a todos los estudiantes —de 13 años en adelante— para formar un ejército de 100 000 alfabetizadores.
En honor a la verdad, la campaña de alfabetización tuvo sus antecedentes durante la lucha guerrillera en las adversas condiciones de la Sierra Maestra. Ernesto Che Guevara es­taba entre quienes alfabetizaban a los soldados rebeldes. En un pasaje de su diario de cam­­paña —redactado el 9 de febrero de 1957—, al referirse con dolor a la muerte de Julio Zenón Acosta, escribe:
“Fue mi primer alumno en la Sierra; estaba haciendo esfuerzos por alfabetizarlo y en los lugares donde nos deteníamos le iba enseñando las primeras letras; estábamos en la etapa de identificar la A y la O, la E y la I. Con mucho empeño, sin considerar los años pasados sino lo que quedaba por hacer, Julio Zenón se ha­bía dado a la tarea de alfabetizarse […] El guajiro inculto, el guajiro analfabeto que había sabido comprender las tareas enormes que tendría la Revolución después del triunfo y que se estaba preparando desde las primeras letras para ello, no podría acabar su labor”.4
La campaña de alfabetización, catalogada por Fidel como una gran batalla, obtuvo su victoria el 22 de diciembre de 1961, cuando Cu­ba fue declarada Territorio Libre de Anal­fa­betismo.

Eugenio Suárez Pérez | internet@granma.cu
Acela Caner Román | internet@granma.cu

[1] Fidel Castro Ruz: Obra Revolucionaria, 5 de febrero de 1961, p. 5.
[2] Diarios de Campaña Ernesto Che Guevara y Raúl Castro Ruz. La conquista de la esperanza. Ediciones Verde Olivo, La Habana, 2004, p. 194.
[3] Fidel Castro Ruz: Obra Revolucionaria, 5 de febrero de 1961, pp. 13, 14 y 15.
[4] Diarios de Campaña Ernesto Che Guevara y Raúl Castro Ruz. La conquista de la esperanza. Ediciones Verde Olivo, La Habana, 2004, p. 275.