miércoles, 7 de octubre de 2015

La Conferencia de Zimmerwald – el cambio de la marea




Hace 100 años, el 5 de septiembre de 1915, un pequeño grupo de socialistas internacionalistas se reunió en el pueblecito suizo de Zimmerwald. Fue el primer intento de unir a los socialistas que se oponían a la guerra.

La Primera Guerra Mundial

El estallido de la guerra en agosto de 1914 representó un punto de inflexión fundamental en la historia mundial y del movimiento obrero internacional. Europa se sumió en un terrible baño de sangre del que fueron responsables directos los dirigentes de la Internacional Socialista. Es difícil imaginar hoy el impacto que tuvo la decisión, por parte de los dirigentes de los partidos de la Internacional Socialista, de apoyar a "su" burguesía. Cayó como un rayo en la clase obrera.
La posición de los líderes de la II Internacional respecto a la I Guerra Mundial significó de hecho el colapso de la Internacional. A partir de ese momento, la cuestión de la guerra concentró la atención de los socialistas en todos los países. Fue la traición más grande en la historia del movimiento obrero internacional, que impactó y desorientó profundamente a las filas de la Internacional.
Inicialmente, cuando Lenin leyó en Vorwärts ("Adelante"), órgano oficial de la socialdemocracia alemana, que los miembros del Partido Socialdemócrata (SDP) del Reichstag habían votado a favor de los créditos de guerra, pensó que se trataba de una falsificación del Estado Mayor alemán para desacreditar a la socialdemocracia (la reacción de Trotsky fue idéntica). ¿Cómo podía suceder esto cuando congreso tras congreso se había votado por unanimidad la oposición a la guerra imperialista y el uso de todos los medios para derrocar al capitalismo? Sin embargo, no tuvo dudas una vez que fue confirmada la verdad. Exigió la escisión completa con los Social Chovinistas.
En aquel momento, el peligro más grande para Lenin no residía tanto en la derecha socialdemócrata, cuya traición era clara y palpable, sino en los "centristas" como Kautsky, quienes ocultaban su oportunismo detrás de una astuta ambigüedad y frases pacifistas. Luchó para convencer al pequeño grupo de internacionalistas de la imposibilidad de cualquier acercamiento con los líderes socialdemócratas que habían apoyado la guerra. Por esta razón, Lenin adoptó un tono implacable e intenso, que ofendía la sensibilidad de algunas personas. A estas quejas, Lenin básicamente respondía encogiéndose de hombros. Siempre le preocupó más la claridad teórica y los principios, aun a riesgo de ofender a algunos.
No abandonó en ningún momento la idea de volver a crear una auténtica Internacional revolucionaria. Pero se opuso radicalmente a cualquier sugerencia de recrear la vieja II internacional socialdemócrata, a la que Rosa Luxemburgo describió correctamente como un cadáver putrefacto. Ya, en ese momento, la idea de una nueva Internacional se estaba formando en la mente de Lenin. Pero era muy consciente de que no se podría proclamar por sí sola. Se construyó a través de una lucha contra los social chovinistas y la cristalización de una tendencia revolucionaria internacionalista.
El hecho es que Lenin estaba aislado al comienzo de la guerra. Hizo todo lo posible por contactar con las tendencias de izquierda de los partidos socialdemócratas de otros países. Siguió muy de cerca la vida interna de todos los partidos socialistas, analizó la prensa socialista extranjera, apoyó con entusiasmo cada ataque dirigido al social-chovinismo. A todos los bolcheviques que vivían en el extranjero se les pidió que organizaran "clubes internacionalistas" locales. A los que sabían la lengua del país se les pidió que participaran en el movimiento obrero, especialmente en los partidos socialistas.
La verdad es que muy poca gente logró mantener sus posiciones en ese momento. Lenin en Rusia; Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht en Alemania; los dirigentes de los socialdemócratas serbios; James Connolly en Irlanda; y John Maclean en Escocia, fueron excepciones a la regla. Trotsky había adoptado una posición claramente revolucionaria contra la guerra, tal como se expresa en su libro La guerra y la Internacional.
Durante su exilio en París, Trotsky publicó un periódico ruso, Nashe Slovo, que defendía los principios del internacionalismo revolucionario. Con sólo un puñado de colaboradores y aún menos dinero, pero con enormes sacrificios, lograron publicarlo diariamente, un logro único, inigualable para cualquier otra tendencia en el movimiento ruso, incluyendo a los bolcheviques de aquel tiempo. En su autobiografía, Mi vida, Trotsky recuerda que el papel de Nashe Slovo fue reconocido en la Conferencia de Zimmerwald:
"Los delegados franceses señalaron en su informe el valor de Nashe Slovo en el establecimiento de un contacto de ideas con el movimiento internacional en otros países. Rakovsky señaló que el Nashe Slovo había jugado un papel importante en establecer el desarrollo de la posición internacional de los partidos socialdemócratas balcánicos. El partido italiano estaba familiarizado con Nashe Slovo, gracias a las muchas traducciones de Balabanova. La prensa alemana, incluyendo los periódicos del gobierno, mencionaba a Nashe Slovo más que a ningún otro diario; igual que Renaudel intentó apoyarse en Liebknecht, Scheidemann no se oponía a anotarnos como sus aliados".

Los preparativos de Zimmerwald

Los primeros intentos de una reunión internacional tuvieron lugar en el otoño de 1914 en Lugano (Suiza). Los socialdemócratas italianos y suizos aprobaron resoluciones contra la guerra, pero luego lo estropearon todo apelando al Buró de la Internacional Socialista (la dirección de la vieja Internacional) para "celebrar una reunión tan pronto como fuera posible para discutir asuntos internacionales". Puesto que los líderes "socialistas" de los Estados beligerantes estaban actuando como agentes conscientes de la clase dominante, los bolcheviques, que defendían las tesis de Lenin sobre la guerra, se opusieron a esto naturalmente de una forma implacable. El asunto de Lugano, que estuvo teñido de pacifismo, terminó en fracaso.
El primer éxito parcial fue con el ala izquierda de las organizaciones de mujeres socialdemócratas. En nombre del periódico bolchevique,Rabotnitsa (Mujer Obrera), Inessa Armand y Alexandra Kollontai enviaron a la alemana socialdemócrata, Klara Zetkin, una propuesta para organizar una Conferencia Internacional de mujeres socialistas de izquierda. La Conferencia se celebró en Berna, Suiza, en marzo de 1915. La asistencia fue pequeña (29 delegadas de Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia, Holanda, Polonia y Rusia) y se llevó a cabo en secreto, en parte debido a que los dirigentes de la socialdemocracia alemana habían prohibido la asistencia a la reunión.
Los resultados no fueron grandes. La resolución que se aprobó no pasó más allá de una condena general de tipo pacifista de la guerra. Las delegadas bolcheviques propusieron una resolución alternativa, que decía: "la mujer trabajadora alcanzará su objetivo [...] sólo a través de un movimiento revolucionario de masas y un fortalecimiento y agudización de la lucha socialista”. Recibió solamente los votos de las delegadas rusas y polacas. Pero a pesar de su naturaleza confusa y pacifista, el manifiesto de la conferencia ayudó a galvanizar la resistencia de las mujeres contra la guerra. Fue distribuido ilegalmente en grandes cantidades –200.000 solamente en Alemania.
Un mes más tarde se celebró una conferencia de las Juventudes Socialistas en Berna. La iniciativa de celebrar una Conferencia Internacional de la juventud vino de la mano de los Jóvenes Socialistas Suizos, en colaboración con las Juventudes Socialistas Italianas y las Juventudes Socialistas de la región de Stuttgart de Alemania. Antes de la guerra, las Juventudes de la II Internacional habían jugado un papel clave en la lucha contra el imperialismo y el militarismo. Pero la Conferencia de Berna mostró la misma confusión que se vio en la Conferencia de mujeres. Una vez más, los delegados bolcheviques presentaron una resolución que defendía una alternativa revolucionaria a la guerra imperialista y, una vez más, se encontraron aislados.
Los delegados escandinavos presentaron una resolución pacifista, que abogaba por el desarme (¡en medio de una guerra!), que fue aprobada por 19 votos contra tres. Los tres que votaron en contra fueron, una vez más, los rusos y los polacos. Sólo a través de la experiencia de los grandes acontecimientos y, especialmente, gracias a la Revolución de Octubre, la política revolucionaria del bolchevismo consiguió hacerse eco. Finalmente, en 1918, las Juventudes de la Internacional Socialista se pasaron al lado del comunismo y se unieron a la III Internacional.
La necesidad de un encuentro internacional de quienes se oponían a la guerra se hizo cada vez más evidente. Los partidos italiano y suizo, en cuyas filas había un fuerte sentimiento contra la guerra, estaban en mejor posición para organizar dicho encuentro. Los líderes de esta iniciativa (Grimm y Balabanova) eran centristas. Convocaron una conferencia en Berna en julio de 1915. De forma significativa, sin embargo, no invitaron a un sólo grupo de la izquierda real, sino a los dirigentes «centristas»: Hugo Haase, Karl Branting y Peter Troelstra, a lo que se oponían los bolcheviques. Evidentemente, Grimm se opuso a la creación de una nueva Internacional.
Antes de la conferencia, se había celebrado en el mismo lugar una reunión organizativa, el 11 de julio de 1915. Ahí ya surgieron diferencias sobre qué invitados debían asistir a la Conferencia. Los bolcheviques propusieron que debía limitarse a aquellos que defendieran una clara e inequívoca política antiimperialista y anti-oportunista, pero otros deseaban una "amplia" reunión incluyendo a todo tipo de elementos pacifistas y centristas. El resultado fue un acuerdo incómodo.

Se inicia la Conferencia

La elección del lugar fue un tanto irónica. En todas partes se podía oír el ensordecedor rugido de los cañones y el ruido de las ametralladoras. Pero en los Alpes suizos reinaba una perfecta paz y tranquilidad. La guerra mundial podría estar sucediendo en cualquier otro planeta. En el soñoliento pueblecito de Zimmerwald la vida seguía su curso normal como lo hacía desde generaciones.
Éste era el escenario cuando, el 5 de septiembre de 1915, un grupo de supuestos “ornitólogos” venidos de todo el mundo salieron de Berna en cuatro carruajes. Cruzaron los pintorescos prados de Längenberg hasta llegar a Zimmerwald por la noche. Debido a la falta de camas en el Hotel Beau Séjour, algunos de los "ornitólogos" tuvieron que hospedarse en las casas del veterinario y del cartero del pueblo.
Los habitantes de esta tranquila aldea suiza se indignaron cuando descubrieron más tarde que los treinta y tantos "observadores de pájaros" eran, en realidad, dirigentes socialistas internacionales de doce países diferentes, que habían respondido a una invitación del socialdemócrata suizo, Robert Grimm, para discutir cómo debía reaccionar la clase obrera de Europa a la guerra imperialista. Lo que estos respetables burgueses suizos opinaron de tal aberración no ha encontrado ningún lugar en los libros de historia desafortunadamente, aunque probablemente fue bastante variopinto. Pero el acontecimiento que pasó a conocerse como la Conferencia de Zimmerwald debe considerarse como un importante punto de inflexión en la historia.
El hecho de llegar tan lejos ya fue un gran logro. Sin embargo, la composición de los asistentes a la reunión en Zimmerwald fue, como hemos dicho, más bien heterogénea. Zinoviev afirmó correctamente que la intención de Robert Grimm fue organizar una reunión internacional, no de la izquierda sino del "centro". Eso era algo que Lenin estaba dispuesto a combatir con todas sus fuerzas. La intención de Lenin era, por encima de todo, agrupar al conjunto de la genuina izquierda y conseguir separarse radicalmente de los oportunistas de la II Internacional.
La Conferencia despertaba entusiasmo, lo que era lógico después de un largo período en el que los socialistas que estaban contra la guerra habían trabajado aislados en las condiciones más difíciles. Al entrar en la sala y ver los pocos asistentes, Lenin bromeó: «todos los internacionalistas del mundo caben en cuatro diligencias». Pero estaba impaciente de que la Conferencia resolviera las cuestiones fundamentales y pusiera encima de la mesa los problemas.
Lenin llegó temprano al soñoliento pueblo suizo para sostener largas discusiones con otros delegados. Se había preparado para la Conferencia desde hacía meses, redactando documentos con un carácter inequívoco y sin concesiones. Modificó el manifiesto original porque creía que era demasiado académico y no suficientemente combativo. Aún así, la mayoría de los delegados se mostraban poco congruentes y tendían hacia el centrismo.
En Zimmerwald, Lenin organizó la "izquierda de Zimmerwald". Se trataba de una minoría dentro de una minoría (ocho de 38). El problema no era simplemente que la izquierda estuviera aislada internacionalmente. Es que incluso en Zimmerwald, la izquierda auténticamente revolucionaria estaba también en minoría. Y, a veces, Lenin se encontraba en minoría dentro de la propia izquierda.
La Conferencia comenzó con la lectura de las declaraciones de los asistentes y organizaciones que no pudieron estar presentes. Los delegados del Partido Laborista Independiente Británico y del Partido Socialista Británico (PSB) no pudieron asistir ya que se les negó el pasaporte, pero enviaron cartas expresando sus simpatías con los objetivos de la Conferencia. Asimismo, los revolucionarios franceses Alfred Rosmer y Pierre Monatte no obtuvieron el permiso del gobierno francés.
Sin duda, la carta más importante fue la del socialdemócrata alemán, Karl Liebknecht, que cumplía una condena de prisión en Alemania por su oposición a la guerra y cuyo nombre ni siquiera podía aparecer en el informe oficial de la Conferencia. Trotsky, recuerda:
"Liebknecht no estaba en Zimmerwald; era ya prisionero del ejército de los Hohenzollers, antes de estarlo en prisión. Pero envió una carta, en la que se pasaba bruscamente del frente pacifista al frente revolucionario. Su nombre fue mencionado muchas veces en la Conferencia. Aquel nombre era ya una consigna en la lucha que estaba desgarrando al socialismo mundial".
La carta de Karl Liebknecht se leyó en la Conferencia –un momento muy emotivo del acto: "soy un preso del militarismo. Estoy encadenado. Así, no puedo sino enviar mi corazón y mis pensamientos, todo mi ser está con vosotros”. En su carta, Liebknecht abogaba por:
"Un inexorable ajuste de cuentas con los desertores y tránsfugas de la Internacional en Alemania, Gran Bretaña, Francia y otros países.
«Entendimiento mutuo, ánimo y estímulo para aquéllos que son fieles a su bandera y decididos a no ceder una pulgada al imperialismo internacional, incluso a riesgo de morir. Ordnung (orden) en las filas de quienes están decididos a aguantar, mantenerse firmes y luchar, con los pies firmemente plantados sobre los cimientos del socialismo internacional".
También exigía:"¡no paz civil, sino guerra civil! […] Solidaridad internacional del proletariado hacia y contra la pseudo-nacional y seudo patriótica armonía entre las clases. Lucha de clases internacional hacia y contra la guerra entre los Estados. Lucha de clases internacional por la paz, por la revolución socialista."
Más tarde, los delegados informaron sobre la situación de sus países.
El delegado francés Merrheim informaba que en Francia los trabajadores se encontraban "en un estado de desilusión" y "desmoralización”:
"En Francia nos encontramos con una clase trabajadora completamente desmoralizada, que en la actualidad ha perdido toda la fe. Nos escucharán si hablamos de paz, pero no si repetimos los viejos clichés". Esta apreciación pesimista refleja algo que hemos visto demasiado a menudo: una tendencia de la izquierda a culpar a la clase obrera y al supuesto "atraso" de las masas. Trotsky interrumpe al orador: «Monatte y Rosmer piensan de forma diferente”.
El socialista balcánico, Christian Rakovsky, y el búlgaro, Kolarov, dieron cuenta detallada de la resistencia de sus partidos en la Segunda Guerra Balcánica. Kolarov también habló sobre la separación entre los Tesnyakio socialistas "Estrechos" y los oportunistas de la socialdemocracia búlgara. Se había sido formado una Federación Socialista Balcánica por los partidos socialdemócratas, quienes excluyeron a los oportunistas.
Los italianos informaron sobre la persecución de los socialistas desde la entrada de Italia en la guerra. Se acompañó de huelgas y manifestaciones callejeras de los trabajadores italianos. Henriette Roland Holst informó sobre la actividad dentro del movimiento holandés y Victor Chernov hizo el informe en nombre del Partido Socialista Revolucionario Ruso. Pavel Axelrod dio el informe de los mencheviques, restando importancia a la postura ambigua de su partido sobre la guerra.

Conflictos agudos

La Conferencia de Zimmerwald fue escenario inevitable de un fuerte conflicto ideológico. El primer documento de la conferencia fue una declaración conjunta de las delegaciones francesa y alemana. Esta declaración, firmada por Ledebour y Hoffman (Alemania) y Merrheim y Bouderon (Francia), afirmaba que la I Guerra Mundial no era su guerra, que fue provocada por la política imperialista y colonial de todos los gobiernos. Abogaba por la restauración de Bélgica y por una paz sin anexiones o "incorporación económica" basada en la autodeterminación de los pueblos involucrados. El documento abogaba por el fin de la política de paz civil y una renovación de la lucha de clases para forzar a sus gobiernos a poner fin a la guerra.
Los sentimientos expresados por Liebknecht no eran los mismos que los expresados por Georg Lebedour, el representante del "centro Kautskista”, que fue el principal líder de la derecha en Zimmerwald. Su intento de excusar a la socialdemocracia alemana provocó indignadas protestas que le hicieron interrumpir su discurso. Vale la pena citar su respuesta a las protestas:
"No era posible para la minoría intervenir en el Reichstag, a menos que estableciéramos una nueva fracción, y evitamos hacer eso para no dividir al partido. En tiempo de guerra es especialmente necesario mantenernos juntos para no perder influencia sobre las masas."
Estas palabras recogen la esencia de todo el reformismo y el centrismo de izquierda. Los socialdemócratas de derecha se aferran a la burguesía y al imperialismo, y servilmente hacen su trabajo sucio; las "izquierdas" se aferran a la derecha y se subordinan servilmente a ella en nombre de la «unidad», para así preservar la influencia sobre las masas –de la derecha y de la burguesía.
Respondiendo a Lebedour, Berta Thalheimer, de los espartaquistas dijo: "el camarada Lebedour no ha hablado aquí en nombre de toda la oposición. También hay una minoría dentro de la minoría, agrupada en torno a Liebknecht. Ésta apoya su postura de anteponer los principios por encima de la disciplina del partido".
Trotsky se encontraba muy cerca de la izquierda políticamente, pero todavía prefería seguir siendo independiente. Incluso dentro de la izquierda, sin embargo, hubo diferencias. Dentro del grupo de la izquierda, el borrador de Lenin fue rechazado a favor del defendido por Radek. Esta resolución fue luego presentada a la Conferencia como referencia para una comisión de redacción, pero fue rechazada por una votación de 19 contra 12. Trotsky votó a favor de la resolución. Grimm, comentó, no sin cierto fundamento, que la resolución de Lenin, "a los trabajadores de Europa", estaba más dirigida a los miembros del partido que a las masas.
Lebedour hizo todo lo posible por aguar el contenido de la declaración final. Los delegados alemanes insistieron en que se retiraran del documento las demandas parlamentarias, como el voto en contra de los créditos de guerra y la renuncia de los ministerios, mientras que Lenin y la izquierda se sorprendían de que el manifiesto no repudiara el oportunismo o presentara un claro método para luchar contra la guerra. Los delegados del proyecto de resolución de la izquierda de Zimmerwald, junto con Roland-Holst y Trotsky, intentaron insertar una enmienda declarando que la mención de los créditos de guerra debía desaparecer del manifiesto y las declaraciones de Ledebour de que el "manifiesto contiene todo lo que está implícito [en dicha] propuesta". Ledebour protestó negándose a firmar el manifiesto si se incluían dichas enmiendas. Como resultado, la enmienda fue retirada. Al final, se encargó a Trotsky la redacción del manifiesto, que fue aprobado por todos los delegados, a pesar de las diferencias entre ellos.

Después de Zimmerwald

A pesar de las reservas, Lenin y la Izquierda firmaron el Manifiesto de Zimmerwald. La actitud de Lenin fue resumida por el título de su artículo El Primer Paso, donde escribe: "En la práctica, el manifiesto significa un paso hacia una ruptura ideológica y práctica con el oportunismo y el social chovinismo. Al mismo tiempo, el manifiesto, como cualquier análisis mostrará, contiene inconsistencias, y no dice todo lo que hay que decir”.
En otras palabras, critica el manifiesto, no por lo que dice, sino por lo que no dice. Lo más importante fue el desarrollo de la izquierda de Zimmerwald como una corriente independiente. Aun así, muchos de los "izquierdistas" también de inmediato comenzaron a vacilar. Lenin, en particular, tuvo problemas con Roland-Holst y Radek sobre la línea de la revista oficial de la izquierda, Vorbote (El Heraldo), publicada en Holanda con la asistencia de Pannekoek.
En su autobiografía Trotsky escribió:
"Los días de la conferencia, del 5 al 8 de Septiembre, fueron tormentosos. El ala revolucionaria, dirigida por Lenin, y el ala pacifista, que comprendía la mayoría de los delegados, estuvieron de acuerdo con la dificultad de un manifiesto común del cual yo había preparado el borrador. El manifiesto estaba lejos de decir todo lo que debería haber dicho, pero, aun así, fue un gran paso hacia adelante. Lenin estaba en la extrema izquierda en la conferencia. En muchas cuestiones él estaba en una minoría de uno, incluso dentro de la izquierda de Zimmerwald, a la que yo no pertenecía formalmente, aunque estaba cerca de ella en todas las cuestiones importantes. En Zimmerwald, Lenin estaba apuntalando el muelle de la futura acción internacional. En un pueblo de montaña suizo, estaba colocando la piedra angular de la Internacional revolucionaria.
"La conferencia puso una prohibición estricta a todos los informes escritos de sus actuaciones en Zimmerwald, de forma que la noticia no pudiera llegar a la prensa antes de tiempo y crear dificultades a los delegados que regresaban cuando estuvieran cruzando la frontera. Unos días más tarde, sin embargo, el hasta entonces nombre desconocido de Zimmerwald se hizo eco en todo el mundo. Esto tuvo un efecto asombroso en el propietario del hotel; el valiente suizo dijo a Grimm que él esperaba un gran aumento en el valor de su propiedad y por lo tanto estaba dispuesto a suscribir una determinada suma para los fondos de la Tercera Internacional. Sospecho, sin embargo, que pronto cambió de opinión." (Mi Vida)
La Conferencia estableció una Comisión Socialista Internacional con la misión de establecer un Secretariado temporal en Berna que actuaría como intermediario de los grupos afiliados y comenzar a publicar un boletín conteniendo el manifiesto y los procedimientos de la conferencia. Pero estaba compuesto principalmente de centristas como Grimm y Balabanova y se logró muy poco.
Sin embargo, a pesar de todos sus defectos, la Conferencia de Zimmerwald marcó un paso adelante para el socialismo internacional. Hay que tener en cuenta el terrible aislamiento de la vanguardia proletaria en aquellos años en los que, para citar a Lenin de nuevo, todos los internacionalistas podían caber en cuatro diligencias. Más tarde, recordando estos eventos y que resumen su importancia, Trotsky escribiría:
"Durante la guerra hubo un silencio mortal entre los trabajadores. La conferencia de Zimmerwald fue una conferencia de elementos muy confusos en su mayoría. En las profundidades de las masas, en las trincheras, etc. se producía un nuevo estado de ánimo, pero era tan profundo y aterrador que no podíamos llegar a él y darle una expresión. Es por eso que el movimiento parecía a sí mismo como muy pobre e incluso este elemento que se reunió en Zimmerwald, en su mayoría, se movió a la derecha en el año siguiente, en el mes siguiente. No voy a liberarlos de su responsabilidad personal, pero aun así la explicación general es que el movimiento tenía que nadar contra la corriente." (Trotsky, Luchando contra la corriente, 1939)
Después de la conferencia, el trabajo de unir a la vanguardia revolucionaria internacionalista continuó. Se mantuvo como una lucha cuesta arriba. En estas condiciones, sin duda, Zimmerwald proporcionó un rayo de esperanza, como Trotsky explica en Mi Vida:
"La conferencia de Zimmerwald dio al desarrollo del movimiento contra la guerra en muchos países un poderoso impulso. En Alemania, los espartaquistas expandieron sus actividades. En Francia se estableció un "Comité para la Restauración de Conexiones Internacionales". El sector obrera de la colonia rusa en París apretó sus filas alrededor de Nashe Slovo, dándole el apoyo necesario para mantenerla a flote a través de constantes dificultades financieras y de otra índole. Martov, que había tomado parte activa en la labor de Nashe Slovo en el primer período, ahora se apartó de ella. Las diferencias esencialmente sin importancia que aún me separaban de Lenin en Zimmerwald se redujeron a la nada durante los próximos meses”.
Pero las autoridades francesas estaban cada vez más preocupadas acerca de las actividades de Trotsky. Durante dos años y medio, bajo la atenta mirada de la censura, Nashe Slovo llevó una existencia precaria hasta que las autoridades francesas, bajo la presión del gobierno ruso, cerró la revista. Poco después de Zimmerwald, durante un motín en la flota rusa en Toulon, copias del periódico de Trotsky se encontraron en posesión de algunos de los marineros, y usando esto como una excusa, las autoridades francesas deportaron a Trotsky a finales de 1916.
Después de un corto período de tiempo en España, donde Trotsky llegó a conocer el interior de las prisiones españolas, fue deportado de nuevo a Nueva York, donde colaboró ​​con Bujarín y otros revolucionarios rusos en la publicación del periódico Novy Mir, que publicó artículos que eran prácticamente inseparables de la línea de Lenin.

Las divisiones en el campo de Zimmerwald

Las tensiones fueron, sin embargo, cada vez mayores entre la derecha y la izquierda del movimiento de Zimmerwald -una criatura heterogénea en el mejor de los casos. Lenin se preparó para una coexistencia temporal con los centristas, partiendo de una base inicial débil. Pero no podía durar. Una división internacional de facto, que sólo Lenin realmente entendió, ya existía. En condiciones de guerra y revolución, todas las corrientes con una postura intermedia están condenadas a desaparecer. Lenin simplemente las ayudó en su camino, insistiendo en la clarificación. La ambigüedad es intolerable en momentos críticos de la historia en que hay una necesidad apremiante de elegir.
La situación objetiva estaba empujando a las masas hacia la izquierda, al camino de la revolución. La corriente centrista de Zimmerwald estaba arrastrando sus pies. Sólo había dos maneras de continuar: o bien recorrer todo el camino, rompiendo definitivamente con el reformismo y pasar a una posición revolucionaria abierta, o volver al pantano del reformismo. Lenin, con el poder de la palabra y los hechos, dejó esto muy claro. Debido a esto, los centristas lo odiaban, como en todos los momentos de la historia en que un ser confundido siempre odia a un hombre con las ideas claras.
Robert Grimm fue el primero en inclinarse hacia la derecha. En el verano de 1916, ya se había ido. Lenin fue implacable en su crítica a los centristas que eran revolucionarios en frases, pero burgueses reformistas en los hechos. Esto era exactamente lo que Lenin detestaba. Turati, Merrheim, Bourderon y los otros centristas, tarde o temprano se fueron de la misma manera. Al final no quedó nada de Zimmerwald, ¡excepto el recuerdo y la izquierda!
Lenin continuó su lucha por una nueva Internacional. Pero él tenía sólo un pequeño puñado de partidarios y para decir la verdad, estaba a menudo en minoría dentro de su propia facción durante la guerra. Bolcheviques prominentes como Bujarín, Radek y Piatakov, por ejemplo, tenían desacuerdos fundamentales con él, especialmente en la cuestión importante de la autodeterminación. En el contexto de una Europa devastada por la guerra, dividida por alambres de púas y con los periódicos y correspondencia sujetos a la mirada de acero de los censores militares, los contactos con Rusia eran difíciles en extremo.
El mensaje de Zimmerwald, a pesar de su carácter incompleto, comenzaba a llegar al otro lado. Los trabajadores en su mayoría no están acostumbrados a leer la "letra pequeña" de los documentos políticos, pero se apoderan de lo que perciben como el mensaje central y lo llenan con su propio contenido. Gracias a su participación en Zimmerwald, los escritos de Lenin sobre la guerra y la Internacional se hicieron más conocidos en diferentes idiomas. La izquierda de Zimmerwald ganó importantes puntos de apoyo para la futura Tercera Internacional.
En sus memorias, Shliápnikov explica cómo las noticias de la Conferencia de Zimmerwald llegaron gradualmente a los trabajadores en Rusia y tuvieron un efecto muy positivo en animar particularmente a aquellos grupos que no estaban directamente afiliados a los bolcheviques. "Como más tarde resultó", escribe, "todas estas células se convirtieron en adherentes a las resoluciones de Zimmerwald. Debemos tener en cuenta que estos grupúsculos no estaban vinculados entre sí y ni siquiera sabían de la existencia de otros grupos similares a ellos".
Esta reacción no se limitaba a Rusia. Había ahora los comienzos de un fermento en los partidos de masas de la Segunda Internacional. La propia Alemania ahora se estaba moviendo hacia una situación prerrevolucionaria. A principios de 1916, Otto Rühle, diputado del Reichstag, pidió públicamente una ruptura con los social chovinistas. Independientemente, los izquierdistas alemanes venían a ver la necesidad de una nueva Internacional. Una serie de "Cartas" públicas originadas desde la izquierda alemana firmadas como "Spartacus", fueron seguidas de cerca por Lenin. La Juventud Socialista fundada por Karl Liebknecht era la base principal de la izquierda.
Las cosas estaban empezando a moverse en Austria también. En el otoño de 1916 se produjo la formación de un ala izquierda del Partido Socialista de Austria (SPÖ), basado en la juventud. La agitación contra la guerra se llevó a cabo por el "Club Karl Marx" en Viena. En Francia, se formó un grupo de izquierda de los parlamentarios y recibió cartas de apoyo de las trincheras. En Gran Bretaña, el grupo chovinista de Hyndman fue obligado a salir del PSB en la Conferencia de Salford en abril.
En Italia, Serrati "el más a la izquierda" de los líderes todavía estaba vinculado a los Centristas, mientras Gramsci, aún joven, apoyó las ideas de Lenin. El Partido Socialista Suizo rechazó la posición de Zimmerwald como "demasiado radical", pero un gran sector de las bases la apoyó. En Bulgaria, los Tesnyaki (socialistas "estrechos") ya tenían una posición revolucionaria contra la guerra. Corrientes revolucionarias o cuasi-revolucionarias estaban empezando a cristalizar dentro de las organizaciones de masas existentes en todas partes.

De la guerra imperialista a la revolución socialista

El camino de la revolución fue largo y duro, como lo es ahora. La historia no conoce atajos cortos, ni existen fórmulas mágicas que puedan hacer nuestro trabajo con mayor rapidez o más fácil. Lenin habló muchas veces de la necesidad de la paciencia revolucionaria. Las dificultades a que nos enfrentamos hoy son insignificantes en comparación con los terribles problemas a que se enfrentaron Lenin y Trotsky durante la Primera Guerra Mundial. En un mundo donde los trabajadores se estaban disparando y matándose a bayonetazos entre sí para defender los intereses de sus respectivas clases dominantes, el lema "Trabajadores del Mundo, Uníos" debe haber sonado como una triste ironía. La causa del socialismo internacional parecía estar muerta y enterrada bajo una montaña de cadáveres. La perspectiva de la revolución socialista parecía una utopía imposible, un sueño inútil.
Debe haber parecido que la pesadilla de la reacción nunca terminaría. Y, sin embargo, bajo la superficie un nuevo espíritu fue gradualmente naciendo. En el lodo y la sangre de las trincheras, los ánimos se agitaban. En las colas para recibir pan las mujeres desnutridas comenzaban a quejarse de la guerra y los parásitos ricos que estaban volviéndose más ricos a costa de sus hijos. En las fábricas y los campos, los obreros y campesinos comenzaban a moverse - al principio lentamente y de forma vacilante, y luego cada vez con mayor audacia y determinación. Los síntomas de una creciente crisis revolucionaria eran inconfundibles.
Había evidencias anecdóticas de un cambio. Una multitud enfurecida en Alemania abucheó al líder socialista de derechas Scheidemann. En Glasgow, las mujeres de la clase trabajadora organizaron una huelga de alquileres con el apoyo de los trabajadores que tenía connotaciones revolucionarias. En varios países hubo manifestaciones contra la carestía de la vida. Por encima de todo, la creciente efervescencia social en todas las potencias beligerantes se expresó en un fuerte aumento de las huelgas.
En términos prácticos, los logros reales de esa pequeña conferencia en septiembre de 1915 fueron escasos. Su significado era más simbólico que real. El aspecto más importante no era la conferencia en sí (el "Movimiento de Zimmerwald", que contenía elementos contradictorios, pronto se desvaneció y terminó en nada).
La misma izquierda de Zimmerwald no podía tener un significado independiente excepto la de un trampolín para la nueva Internacional. Pero esto tenía que ser construido sobre la base de los grandes acontecimientos que estaban a sólo unos pocos meses de suceder. Al pasar por la experiencia de Zimmerwald, Lenin había ganado una valiosa experiencia y una amplia gama de contactos en diferentes países. Esta fue una etapa necesaria en el camino hacia octubre. Pero esa perspectiva parecía muy lejana en el tiempo.
Lo más importante fue la lucha de Lenin para separar los verdaderos internacionalistas revolucionarios de la mezcolanza general de la izquierda reformista y del centrismo, del genuino marxismo revolucionario, de la Tercera Internacional. Para mucha gente parece que Lenin era demasiado duro en su tono, demasiado terco, demasiado inflexible, en una palabra demasiado "sectario". Pero como Trotsky escribió más tarde: "Viniendo de oportunistas, la acusación de sectarismo es más a menudo un cumplido." Fue precisamente la dureza inflexible lo que permitió a Lenin, junto con Trotsky, dirigir el Partido Bolchevique a la victoria.
Lenin era una persona muy optimista. Sin embargo, incluso él no era inmune a los estados de ánimo de la depresión. A veces era atormentado por la idea de que no viviría para ver la revolución. El día de navidad de 1916, escribió una carta a Inessa Armand dándole respuesta a sus dudas más íntimas: "El movimiento revolucionario crece muy lentamente y con dificultad." Y añadió en un tono de resignación: "Esto debe aceptarse" En un discurso a los jóvenes socialistas suizos pronunciado en enero de 1917, Lenin dijo: "Nosotros, los de la vieja generación puede que no vivamos para ver las batallas decisivas de esta revolución que se avecina." Un mes después, el zar fue derrocado. En menos de un año, los bolcheviques habían llegado al poder en Rusia.
Para muchas personas hoy en día la Revolución de Octubre puede aparecer como algo inevitable, casi predestinado por el destino. Pero no era tal cosa. El triunfo del bolchevismo no se logró rápida ni fácilmente. Antes de que los bolcheviques pudiesen conquistar el poder, primero tenían que conquistar a las masas. Y antes de que pudieran conquistar a las masas, primero tenían que consolidar la vanguardia revolucionaria. Esto implicó una lucha implacable para purgar el movimiento del reformismo y de ilusiones pacifistas, combatir la confusión reformista de izquierda y las vacilaciones centristas, y conseguir sacar adelante una política genuinamente revolucionaria e internacionalista. La Conferencia de Zimmerwald representó una etapa importante en esta lucha.

El significado actual de Zimmerwald

Logo CMIUn siglo después, ¿qué conclusiones debemos sacar de Zimmerwald? Sólo esto: que la crisis del capitalismo siempre produce su contrario. De las situaciones más reaccionarias pueden venir explosiones revolucionarias nuevas y sin precedentes. Y estas pueden ocurrir cuando menos se espera. Las diminutas fuerzas que se reunieron en Zimmerwald podrían llenar cuatro carrozas. Las fuerzas del marxismo a escala mundial hoy en día son relativamente pequeñas, pero mucho más numerosas que las de Zimmerwald. Por otra parte, las fuerzas del genuino marxismo en 1915 estuvieron casi completamente aisladas de la clase obrera. Literalmente, estaban luchando contra la corriente.
El verdadero significado de Zimmerwald hoy es que siempre, bajo todas las circunstancias, es nuestro deber continuar la lucha por la revolución socialista, luchar por las ideas del marxismo y educar a los cuadros. Hoy en día es posible argumentar que el movimiento ha retrocedido. La Internacional Comunista de Lenin fue destruida por Stalin y ahora sólo es un recuerdo lejano, medio olvidado. La propia Revolución de Octubre fue socavada por el régimen burocrático del estalinismo que tomó el poder tras la muerte de Lenin y creó una tergiversación monstruosa del socialismo, que arrastró a la Unión Soviética al abismo. La caída de la URSS fue presentada como el fin del comunismo, el fin del socialismo, e incluso el fin de la historia.
Pero la historia no se puede eliminar tan fácilmente. Veinticinco años después de la caída del estalinismo, estamos frente a un mucho mayor punto de inflexión histórico. La crisis de 2008 mostró que el capitalismo ha llegado a sus límites históricos. Dialécticamente, todos los factores que impulsaron la economía mundial hacia arriba se han combinado para llevar todo el sistema hacia abajo en una espiral sin fin de declive económico.
En los seis o siete años desde que el colapso comenzó todos los gobiernos del mundo han estado luchando para restaurar el viejo equilibrio económico. Pero todos los intentos de restaurar el equilibrio económico sólo han servido para destruir el equilibrio social y político. Por otra parte, todos estos esfuerzos no han logrado restablecer algo parecido a un equilibrio económico. Y ahora, la economía mundial se tambalea al borde de una nueva y aún más catastrófica caída.
Esto representa una clara ruptura en la situación, y está inevitablemente acompañada de cambios bruscos en la conciencia. En todas partes: desde Turquía a Brasil, desde Grecia hasta España, desde Escocia a Irlanda, las masas están buscando una manera de salir de la crisis. Las ideas viejas, partidos y políticos están siendo puestos a prueba y son descartados, como un hombre descarta una camisa sucia y busca una nueva. Hay una corriente hirviente de descontento, de indignación y de rabia que da lugar a la búsqueda de una solución radical a la crisis.
La nueva generación está completamente libre de los prejuicios, del pesimismo y del escepticismo venenoso que colorea la perspectiva de las capas más antiguas que ven sólo derrotas y dificultades y han perdido la voluntad de luchar. La juventud es, naturalmente, revolucionaria y está completamente abierta a las ideas del marxismo revolucionario. Es en esta capa en la que Lenin se basó cuando proclamó: "El que tiene la juventud tiene el futuro."
Hoy la Corriente Marxista Internacional ocupa el mismo terreno ideológico que fue ocupado hace cien años por la izquierda de Zimmerwald. Estamos orgullosos de adoptar la bandera de Lenin como la nuestra. Nos comprometemos a defender las ideas, el programa y los principios del bolchevismo como las únicas ideas que pueden guiar a la humanidad en la terrible crisis en la que el capitalismo la ha sumido.
Igual que Lenin, daremos la espalda a los cobardes y escépticos que desean abandonar las ideas del marxismo, diluir nuestro programa revolucionario con el fin de complacer a los partidarios de la unidad a cualquier precio. Igual que Lenin somos implacables e inflexibles en todas las cuestiones de principios, pero flexibles en todas las cuestiones de táctica. Hacemos un llamamiento a todos los trabajadores y jóvenes que están buscando el camino revolucionario para que se unan a la CMI y nos ayuden a construir el vehículo que es absolutamente necesario para cambiar la sociedad y lograr la transformación socialista del mundo.

Alan Woods

Nota: Una segunda conferencia fue convocada en Kienthal del 24 al 30 de abril 1916, a la que asistieron Lenin, Zinoviev e Inessa Armand. Representó un paso adelante en comparación con las Conferencias de Zimmerwald en la medida en que no sólo condenó a los gobiernos burgueses, partidos y prensa, sino también criticó a los social-patriotas y pacifistas burgueses y afirmó categóricamente que la única forma en que las guerras terminarían era con la toma del poder por la clase obrera y la abolición de la propiedad privada. La declaración final dice: "La lucha por la paz duradera puede, por lo tanto, ser sólo una lucha por la realización del socialismo" (énfasis en el original).

Posdata anecdótica
Los buenos ciudadanos de Zimmerwald hicieron todo lo posible para borrar el recuerdo del evento. En 1962, se prohibieron los sitios y placas conmemorativos de cualquier tipo. Para sabotear los esfuerzos de los izquierdistas y revolucionarios para celebrar el 50 aniversario de la conferencia, los anti-comunistas, incluso organizaron una contra-conferencia en 1965. En 1971 fueron un paso más allá y demolieron la casa de huéspedes donde Lenin se había hospedado. La prohibición sólo se levantó en la década de 1970.

martes, 6 de octubre de 2015

América Latina: doscientos millones de personas pueden volver a la pobreza




Alrededor de doscientos millones de personas están en riesgo de volver a entrar en los índices de pobreza ante la desaceleración del crecimiento económico de la región. La desigualdad no cesó, el 1% de los más ricos acaparan el 44% de las riquezas.

La economista y coordinadora del reporte, Rosa Cañete, indicó a Efe que ese grupo vulnerable dejó de ocupar las tasas de pobreza al comenzar a ganar entre 4 y 10 dólares diarios mientras el producto interior bruto (PIB) de la región creció a un promedio del 6 por ciento en la década comprendida entre 2002 y 2012.
“Sin embargo, están muy amenazados de caer bajo la línea de los 4 dólares diarios porque en ese tiempo no se han desarrollado las políticas necesarias para tener servicios públicos de educación y de salud de calidad, que podrían proteger a estas personas de los choques externos de la economía”, comentó Cañete.
El informe indicó que más de la cuarta parte de la población latinoamericana (165 millones) seguía siendo pobre en 2013, con 69 millones en la indigencia, a pesar de que la pobreza de la región se redujo del 44 al 28 por ciento entre 2002 y 2012.
La economista señaló que abandonar los índices de pobreza de un país no significa dejar de ser pobre y formar parte de la clase media, que gana entre 10 y 50 dólares diarios.
“Se trata de personas que aún viven en condiciones de alta vulnerabilidad y de pobreza multidimensional si la medimos en otras variables que no sean solo la monetaria”, añadió.
Cañete advirtió que las principales amenazas para esas personas en riesgo de volver a ser pobres son la pérdida de su empleo, “que devolverá a la pobreza de un plumazo”, y enfermedades que les obliguen a costear una atención sanitaria al no estar cubiertos por un sistema de salud de calidad.

El 1% de los más ricos se queda con el 41% de la riqueza

El reporte incidió en que la persistencia de la pobreza en la región latinoamericana está causada por la desigualdad en el reparto de la riqueza, que según Cañete sigue sin abordarse con una voluntad efectiva por parte de los Gobiernos latinoamericanos.
El estudio destacó que el 1 por ciento de la población latinoamericana concentraba el 41 por ciento de la riqueza del continente en 2014, y estimó que abarcará el 99 por ciento en 2022 si se mantiene la misma tendencia.
“Los multimillonarios latinoamericanos incrementaron su riqueza en un 21 % de manera anual durante la última década, mientras que el Producto Interior Bruto (PIB) de Latinoamérica creció en un promedio del 6 % durante el mismo período", explicó la coordinadora del estudio.
“Eso significa que gran parte del crecimiento de la región es capturado por muy pocas personas, y eso es malo para todos, incluso para las personas más ricas, porque sus empresas no podrán vender más”, agregó.
El análisis de la ONG reveló además que los latinoamericanos que poseen al menos treinta millones de dólares tienen un ingreso per cápita que es 4.800 veces superior a los ingresos del quinto inferior de la población.
Esta diferencia es de 16.460 veces en Honduras y de 12.197 en Nicaragua, mientras que los países con menor diferencia son Venezuela con 1.012 veces y Uruguay con 1.018 veces.
Cañete indicó que Latinoamérica continúa siendo la región con mayor desigualdad del planeta, a pesar de que redujo su población bajo el umbral de pobreza del 44 al 28 % en la década comprendida entre 2002 y 2012.
Las perspectivas de un menor crecimiento de la región y la tendencia a una continua caída del precio de las materias primas encienden señales de alarma frente a los sectores más vulnerables. Los mismos pueden volver a perder, lo poco conquistado durante los años de crecimiento, como sucede ante cada fin de ciclo.

La Izquierda Diario

lunes, 5 de octubre de 2015

Violan libertades democráticas en Uruguay




Detenciones ilegales y procesamientos exprés. Metodologías similares a las empleadas bajo la dictadura. Avance en la criminalización de la protesta bajo el tercer gobierno del (ya no tan) “progresista” Frente Amplio.

Los agarran en la puerta de sus casas, actúan en grupos de policías de civil que desempeñan tareas de inteligencia, y en algunos casos sin mediar orden judicial ni notificación, los meten en un auto particular y los llevan incomunicados al juzgado, los hacen declarar por horas, y luego los procesan por "atentado agravado" por haber participado en la manifestación que fue reprimida en la puerta del Codicen. Luego, el procesamiento es exprés y la condena también: 200 horas de tareas comunitarias. ¿Garantías democráticas? ¿Para qué?

Los procesamientos aumentan día a día

Ya son 9 los procesados –y uno en suspenso- entre estudiantes y docentes que luchaban por el 6 % del PBI para la educación pública, y trabajadores de otros gremios, como el del taxi, que se solidarizaban con esta lucha.
Todo indica que seguirán los procesamientos y detenciones en los próximos días. Buscan escarmentar a quienes salen a luchar, es decir, criminalizar la protesta social. A los reclamos se les responde con represión, y en esa vía, se vulneran derechos básicos elementales.
En los últimos procesamientos se apeló a los servicios de inteligencia y se violaron todas las garantías: no se dejó una citación en ningún domicilio, se llevó por la fuerza sin mediar palabra, se mantuvieron incomunicados durante las horas que duró el interrogatorio, se actuó siempre de civil y con autos particular, etc.
Es inevitable la comparación de esta metodología con la que se utilizó durante la dictadura, donde los operativos eran “secretos” y se quería esconder el plan sistemático de persecución y aniquilamiento de una generación de luchadores sociales y sindicales que floreció en los 60 y 70.

La estrategia de criminalizar la protesta social

La represión en el Codicen, el trato vejatorio y humillante en el Cuartel de la Guardia Republicana y las posteriores detenciones ilegales develan el propósito del gobierno frenteamplista: dar un escarmiento a todo aquel individuo o grupo que mantenga una postura firme contra alguna de las políticas oficiales. Buscan quebrarlos, amedrentarlos y quieren que este castigo sea “ejemplar” para todo el resto.

Violan sus propias leyes

El Ministerio del Interior sigue afirmando cínicamente que en el operativo de desalojo no se violó ninguna ley y se preservaron los derechos humanos. Pero se sabe que las fuerzas represivas irrumpieron violentamente en el edificio por la puerta de atrás, es decir sin aviso previo, y en el medio de una negociación vigente con autoridades del gobierno, a lo que se suma el hecho de tratarse de menores de edad. Una vez desatada la represión, se escucharon amenazas de los policías contra los gurises que “no verían nunca más a sus padres”, se detuvo a personas que no opusieron resistencia, se arrastraron a jóvenes por el piso llevándolos de los pelos, se golpeó entre varios policías al abogado de los estudiantes. Es decir, Bonomi miente, dice que se hizo todo en los marcos de la ley, de esta ley que está hecha contra los pobres y en beneficio del poder, pero una ley que ellos mismos violan constantemente para poder reprimir mejor.

Las primeras manifestaciones de repudio

Tanto la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU) como otros colectivos de estudiantes secundarios y terciarios se manifestaron enérgicamente contra la criminalización de la protesta. También lo hicieron los docentes agrupados en el sindicato de profesores de ADES Montevideo que venían realizando paros ante cada detención ilegal. La Asociación de Magisterio (ADEMU) también convocó a una jornada de repudio frente al Palacio Legislativo. ADES Montevideo, además, votó en asamblea, lanzar una Campaña contra la Criminalización de la Protesta y por el Desprocesamiento de todos los luchadores, y hacer extensiva la campaña al resto de los gremios de la educación en la próxima Asamblea Intersindical prevista para el próximo sábado.
Prácticamente todos los gremios de la educación salieron a las calles, en vez de amedrentados, se sintieron ofendidos por quienes se regodean en su pasado guerrillero pero que hoy se escudan detrás de las fuerzas represivas y no tienen empacho en violar la legislación nacional e internacional.
Es necesario rodear de solidaridad a los procesados y detenidos, y exigir el fin de estas prácticas que socavan las libertades democráticas y criminalizan la protesta social, un derecho constitucional de todos los ciudadanos. Es necesario un que miles en las calles expresemos nuestro repudio, en un gran movimiento por los derechos humanos y por la defensa de nuestras libertades.
Las organizaciones de derechos humanos deben salir a repudiar tajantemente estos atropellos, tal como lo hacen las federaciones estudiantiles y los sindicatos de la educación. Pero es necesario que este ataque sea enfrentado por todo el movimiento obrero organizado, por tanto el PIT-CNT debe convocar a una jornada de paro nacional con movilizaciones masivas en todas las ciudades del país para frenar el avance represivo de un gobierno que posa de izquierdista pero apela a las peores tradiciones para socavar el reclamo social.
A nivel internacional, ya están las primeras manifestaciones de solidaridad: en Argentina distintos colectivos de DDHH y organizaciones sindicales han salido a repudiar el accionar policial y exigen el cese de la persecución política y gremial.
En conversación con La Izquierda Diario, Sebastián Artigas, familiar de desaparecidos y miembro de la Agrupación Universitaria Tesis XI de Facultad de Humanidades, expresó en este sentido: “me parecen muy bien todas las manifestaciones de repudio que he visto en estos días. Están dadas las condiciones para que un gran movimiento por los derechos humanos emerja con toda la fuerza, no solo para frenar los abusos de hoy, sino también para exigir justicia por los crímenes de la dictadura que todavía siguen impunes”.

Karina Rojas
Montevideo

domingo, 4 de octubre de 2015

Figuras de los derechos humanos en Argentina se pronuncian contra la represión en Uruguay




Reproducimos el comunicado de María Victoria Moyano Artigas, hija de desaparecidos y nieta recuperada y Alejandrina Barry, hija de desaparecidos, ambas integrantes del Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (CeProDH), en solidaridad con los trabajadores, estudiantes y luchadores uruguayos que han sufrido la represión y persecución del gobierno.

Buenos Aires, 2 de Octubre de 2015

Hacemos llegar toda nuestra solidaridad para con los compañeros trabajadores, estudiantes y luchadores en general que han sufrido la represión estatal en los últimos días en Uruguay. Contra ellos se descargó la violencia estatal, desatada a partir de la operación de desalojo por parte del gobierno del edificio del Co.Di.Cen., ocupado por estudiantes secundarios que junto a universitarios y trabajadores vienen siendo protagonistas de la gran lucha por el 6% del PBI para la educación.
Queremos denunciar el abuso del estado uruguayo perpetrado a través de la violencia y la detención contra los compañeros en la misma represión, así como la persecución de la justicia y los aparatos de inteligencia del estado posteriores a los hechos, que desembocó en detenciones totalmente irregulares por parte de policías de inteligencia.
Consideramos que el gobierno uruguayo es también responsable de la “caza de brujas” desatada con la complicidad de los grandes medios de comunicación, donde se trata de estigmatizar a las organizaciones que luchan y criminalizar la protesta social.
Es alarmante la noticia del accionar del aparato de inteligencia, que se viene profundizando desde el año 2013 cuando perseguían a los luchadores movilizados ante la Suprema Corte de Justicia, y que oportunamente denunciamos en el Foro contra la Impunidad que se realizó ese mismo año. Hoy este aparato opera contra estudiantes universitarios y trabajadores, llevando a cabo detenciones ilegales, amedrentando a los militantes sociales. Hoy como ayer vemos la coordinación que existen entre el aparato de inteligencia, el DOE, la Justicia y el poder político en la tarea de criminalizar la protesta social. Pero no van a conseguir eso que buscan, con la unidad en la lucha no nos van a doblegar.
Por eso queremos expresar que nos ponemos a disposición de quienes hayan sido víctimas de la represión y persecución estatal. Nosotras sabemos bien los manejos intimidatorios de las fuerzas represivas y los servicios que espían y se infiltran en nuestras organizaciones, como ya denunciamos en Argentina con el Proyecto X.
No podemos permitir que esta situación avance. Nadie que diga defender los Derechos Humanos puede avalar este accionar del estado y del gobierno. Esperamos que se pueda organizar un gran movimiento solidario, amplio y unitario que logre terminar con la represión y persecución por parte del estado a partir de la movilización masiva de los trabajadores, los estudiantes y las organizaciones de derechos humanos.
Exigimos el cese de las persecuciones y las operaciones de inteligencia contra la protesta social, y el desprocesamiento inmediato de los estudiantes y trabajadores procesados.
La lucha que libramos día a día contra la impunidad de los crímenes cometidos en dictadura, esa lucha que nos hermana, pasa también por defender nuestras libertades hoy, conquistas de las anteriores generaciones, y es nuestro deber defenderlas.

Firman:

María Victoria Moyano Artigas, cuyos padres fueron detenidos desaparecidos en Argentina debiendo escapar de la dictadura uruguaya, nació en el Pozo de Banfield, y fue recuperada su identidad a la edad de 9 años.
Alejandrina Barry, a cuyos padres se los vio por última vez en las afueras de Montevideo escapando de una operación conjunta entre las fuerzas represivas argentinas y uruguayas enmarcadas en el Plan Cóndor. Fue secuestrada por éstos para hacer una operación de prensa a favor de la dictadura.

sábado, 3 de octubre de 2015

Comités de Defensa de la Revolución, 55 años con la guardia en alto




Ya han pasado 55 años desde que los Comités de Defensa de la Revolución —CDR— fueron creados en Cuba, la organización de masas que más cantidad de militantes alberga en su seno. Aquel 28 de septiembre de 1960 estaba recién llegada a la Isla la delegación cubana que, durante diez días, había permanecido en los Estados Unidos para participar en la XV Asamblea General de las Naciones Unidas. Raúl Castro, Osvaldo Dorticós —presidente por aquel entonces— y el Che, entre otros compañeros, les recibieron al pie de la escalerilla del avión que, por cierto, era soviético, ya que el gobierno yanqui embargó el “Britannia” que los había llevado a Nueva York, a pesar de que la delegación cubana gozaba de inmunidad diplomática.
También les esperó una multitud que, haciendo caso omiso al aguacero que aquella tarde caía en Rancho Boyeros, igualmente quería dar la bienvenida al líder de la Revolución y al resto de los compañeros. Tal fue el gentío que acudió a la zona que la caravana liderada por Fidel tardó más de dos horas en llegar al Palacio Presidencial, hoy Museo de la Revolución. Numerosas pancartas, como: “Fidel: sacudiste al monstruo en sus propias entrañas” o “Fidel: hoy tu pueblo te recibe como el líder de los pueblos oprimidos del mundo”, fueron desplegadas entre los miles de hombres y mujeres que asistieron a los recién llegados.
Desde la terraza norte del Palacio, Fidel expuso sus impresiones acerca de los diez días transcurridos en la ciudad de los rascacielos, haciendo un balance altamente positivo del viaje. Durante su exposición al pueblo, se escucharon varios estallidos de bombas colocadas y detonadas por la contrarrevolución, momento en que Fidel anunció la puesta en marcha de una idea de vigilancia colectiva. Así lo dijo y así nacieron los CDR: “Estos ingenuos parece que de verdad se han creído eso de que vienen los ‘marines’, y que ya está el café colado aquí. Vamos a establecer un sistema de vigilancia colectiva, ¡vamos a establecer un sistema de vigilancia revolucionaria colectiva! Y vamos a ver cómo se pueden mover aquí los lacayos del imperialismo, porque, en definitiva, nosotros vivimos en toda la ciudad, no hay un edificio de apartamentos de la ciudad, ni hay cuadra, ni hay manzana, ni hay barrio, que no esté ampliamente representado aquí. Vamos a implantar, frente a las campañas de agresiones del imperialismo, un sistema de vigilancia colectiva revolucionaria que todo el mundo sepa quién vive en la manzana, qué hace el que vive en la manzana y qué relaciones tuvo con la tiranía; y a qué se dedica; con quién se junta; en qué actividades anda. Porque si creen que van a poder enfrentarse con el pueblo, ¡tremendo chasco se van a llevar!, porque les implantamos un comité de vigilancia revolucionaria en cada manzana…, para que el pueblo vigile, para que el pueblo observe, y para que vean que cuando la masa del pueblo se organiza, no hay imperialista, ni lacayo de los imperialistas, ni vendido a los imperialistas, ni instrumento de los imperialistas que pueda moverse. Están jugando con el pueblo y no saben todavía quién es el pueblo; están jugando con el pueblo, y no saben todavía la tremenda fuerza revolucionaria que hay en el pueblo”.
El paso de los años —55 años desde entonces— se encarga de certificar que la fuerza revolucionaria del pueblo siempre ha sido inmensa.
Fruto de la unificación de varias organizaciones con fines diversos, los CDR nacieron, pues, en el fragor de la lucha revolucionaria como respuesta fundamentalmente al terrorismo contrarrevolucionario. Se trataba de impedir la destrucción de la Revolución que tanto perseguían y anhelaban los enemigos imperialistas. De modo que, aunque no fue la única, la vigilancia siempre constituyó su razón de ser y su tarea prioritaria.
Otra tarea muy importante, a la que sin duda han contribuido los CDR durante todos estos años, ha sido la de preservar —con éxito— la unidad del pueblo manteniendo vivo y pujante el socialismo; no en vano, la cederista es una organización sociopolítica de masas estrechamente ligada al hecho histórico de la Revolución Cubana. A través de los CDR se canalizan los diferentes procesos políticos convocados por el Partido y el Gobierno, multiplicándose de esa manera la participación del pueblo.
Los CDR, que cuentan con unos ocho millones y medio de efectivos, aproximadamente, más del 80% de la población mayor de 14 años, se encargan de otras muchas tareas. Mediante el trabajo directo con las personas y las familias de la comunidad, combaten la especulación, organizan los suministros alimenticios al pueblo, promocionan los trabajos voluntarios, participan activamente en la recuperación de materias primas, en el ahorro de energía eléctrica, en las campañas de vacunación, en las donaciones voluntarias de sangre, en los actos conmemorativos, en la concepción de la Guerra de Todo el Pueblo, sobre todo a través de las brigadas de producción y defensa, que son las encargadas de la evacuación de las familias en caso de alarma ante cualquier agresión… En fin, ante cualquier tarea planteada por la Revolución, la militancia cederista siempre estuvo presta, siempre está presta para responder sin atrasos a la llamada.
Muchos años después de que él mismo anunciara la creación de los CDR, Fidel dijo de éstos: “A mi me parece que lo notable de la historia de nuestra Revolución es haber resistido todos esos intentos de destruirla, y, en ese sentido, aquel día en que se formaron los Comités de Defensa de la Revolución fue un día verdaderamente histórico”.
Cuando en 1996 el gobierno de los Estados Unidos —el de William Clinton—aprobó la ley Helms-Burton, que es una flagrante violación del Derecho Internacional, ésta contemplaba la desaparición de los CDR como paso previo para aprobar un gobierno de transición en la Isla; prueba evidente de que la organización de masas, que ya cuenta con 55 años de existencia, cumple eficazmente con su cometido: defender al socialismo que ellos mismos construyen.

Paco Azanza Telletxiki

Cuando en Tlatelolco corrió la sangre y el terror




El miércoles 2 de octubre de 1968, miles de personas se congregaron en la Plaza de las Tres Culturas en la Unidad Habitacional de Tlatelolco para escuchar un discurso del Consejo Nacional de Huelga (CNH), órgano dirigente del movimiento estudiantil. La masacre que siguió fue un parteaguas en la historia de México. Lo que publicamos a continuación es una crónica de lo sucedido aquella fatídica tarde de 1968.

Y el olor de la sangre mojaba el aire
Y el olor de la sangre manchaba el aire

—José Emilio Pacheco

La cita era a las 5 de la tarde, pero el inicio de la concentración se demoró por otra media hora. El ambiente era calmado, el cielo de la tarde mostraba un sol que se iba ocultando tras las nubes grisáceas. Era una indicación de que llovería en unas cuantas horas. Es el final de la temporada de lluvias, el “Cordonazo de San Francisco” –llamado así porque suele caer el 4 de octubre, día de San Francisco de Asís–, el que obligó a México a iniciar los Juegos Olímpicos hasta el 12 de octubre. Algunos de los contingentes que van llegando informan que el ejército está cerca: unos dicen que en el Monumento a la Raza, otros en la Estación de trenes de Buenavista. Dos helicópteros –uno de la policía y otro del ejército– sobrevuelan la Plaza de las Tres Culturas.
La Plaza está compuesta por una explanada amplia, al poniente están las ruinas la ciudad azteca, al sur poniente está una torre que en ese entonces albergaba la Secretaría de Relaciones Exteriores, al sur está la iglesia de Santiago-Tlatelolco y el exconvento del que se escapara en 1913 Bernardo Reyes, al oriente el Edificio Chihuahua y al norte los edificios 2 de Abril y 15 de Septiembre: un anfiteatro “natural” que es más bien una ratonera.
Los asistentes llevaron a sus amigos y familiares y los oradores del CNH dirigían el discurso desde el balcón del tercer piso del Edificio Chihuahua, aclarando que el acto sólo sería un mitin –y no una marcha al Casco de Santo Tomás del Politécnico como se había anunciado– para no provocar a los soldados. Se había votado que no iba a haber nadie en el balcón a excepción del orador, pero el CNH –de alrededor de 250 personas– en su totalidad abarrota la terraza del Chihuahua.
El orador, Florencio López Osuna, va anunciando los contingentes que vienen llegando. Uno de los últimos son los ferrocarrileros, que traen una manta que lee: “los ferrocarrileros apoyamos al movimiento estudiantil”. En el mitin hay, además, prensa nacional y extranjera. Están Francisco Ortiz Pinchetti del mexicano Excélsior, Oriana Fallaci de L’Europeo de Italia, John Rodda de The Guardian de Inglaterra y de Francia están Charles Courrièrre del Paris Match, Fernand Choisel de Europa Uno, René Mauriès de La Dépeche du Midi, Phillipe Nourry de Le Figaro, Guy Largoce de L’Equipe e Yvon Toussant de Pourquoi Pas?, entre otros.
La multitud escucha al “Flaco” Osuna insistir en el diálogo público y que era “indispensable continuar la lucha”. A la llegada de los ferrocarrileros, la multitud –de cerca de 8 mil– sentada en la explanada y las escaleras aplaude y vitorea. John Rodda describirá que la estudiante a su lado nombraría a los sectores que estaban en su apoyo: petroleros, telefonistas, médicos, Luz y Fuerza. Un verdadero apoyo estaba surgiendo y varias escuelas de los otros estados contestaban con manifestaciones y muestras de solidaridad la represión que a lo largo del mes de septiembre se vivía en el Distrito Federal. El movimiento estudiantil, lejos de aislarse como pretendía el gobierno, ganaba apoyo y simpatía especialmente en sectores importantes y estratégicos de la clase obrera, algunos de los cuales habían sido derrotados en sus luchas en años previos.
Súbitamente, a las 6 de la tarde, luces de bengala rojas son disparadas desde lo alto de la Torre de Relaciones Exteriores. Oriana Fallaci comenta que es “igual que en Vietnam, significa que van a atacar”.
Los estudiantes no le creen, pero la multitud comienza a correr de un lado a otro. El ejército entonces aparece desde la avenida San Juan de Letrán –situada hacia el poniente– con camiones y tanquetas y avanza por la zona arqueológica y por el costado sur desde la SRE.
Myrthokleia González, del Poli, anuncia al siguiente orador, pero la confusión obliga a Sócrates Campos Lemus a tomar el micrófono y exigir calma: “¡Compañeros! ¡Orden, por favor, compañeros! ¡Es un acto de provocación! ¡Compañeros! ¡Por favor! ¡No corran!”, pero nadie hace caso. Entonces uno de los helicópteros lanza dos bengalas verdes y comienza el tiroteo. Los oradores tratan de calmar diciendo que son de salva, pero todos pueden sentir el zumbido de las balas de cerca.
Hombres con guante blanco en la mano izquierda irrumpen en el tercer piso y obligan a tirarse al CNH, vecinos y periodistas a la pared de los elevadores a punta de pistola.
Comienzan a disparar a la multitud y a la tropa, que avanza a trote y contesta el fuego. Los manifestantes son obligados a replegarse por el lado norte de la explanada y corren en desbandada a los edificios cercanos a refugiarse de la lluvia de balas –y de la lluvia literal que más tarde se desata en la Plaza de las Tres Culturas.
La planta baja del Chihuahua está bloqueada por jóvenes con guantes blancos y la multitud corre despavorida. El tiroteo dura cerca de dos horas y el sol se oculta. Los del guante blanco gritan: “¡Batallón Olimpia! ¡No disparen!”, pero sólo provocan otra balacera. La refriega causa el incendio de un departamento y revienta las tuberías de agua; el Chihuahua se inunda.
Acabado el tiroteo y una vez identificados, Olimpias y soldados escoltan a los estudiantes a la planta baja del Chihuahua, donde son desnudados y golpeados. Será notoria la paliza al Flaco Osuna, que será fotografiado con los soldados sádicamente sonriendo.
Los departamentos de Tlatelolco son cateados uno por uno y los soldados entran sin orden a arrestar a todos: vecinos y estudiantes por igual. Varios cuerpos y miles de zapatos yacen en la explanada. Más de un negocio de la planta baja de los edificios será saqueado.
El exconvento y la Iglesia sirven como lugar de detención y allí estarán 300 personas en la obscuridad, muchas incluso desnudas, esperando a que se las lleven o les autoricen salir. Los periodistas son llevados a los departamentos contiguos y algunos son cacheados. A los franceses les requisan los rollos, pero otros no corren la misma suerte. Oriana Fallaci es herida en la espalda y los estudiantes que estaban con ella son arrestados. Se recogen aproximadamente 35 cadáveres de la explanada, pero los muertos son evidentemente más. Hay cerca de 2 mil detenidos y la zona entera es acordonada por la policía y el Ejército.
Vecinos que estaban fuera antes de la manifestación, como los entonces niños y futuros actores Bruno, Demián y Odiseo Bichir, tendrán que pasar la noche en casa de algún conocido. Las sirenas de las patrullas y ambulancias resuenan en la oscuridad.
Se escuchan tiros esporádicos y varios camiones llegan a “limpiar”. Los bomberos, la sangre; los de basura, los cuerpos. Familiares de las víctimas acuden a las cárceles y a las morgues en busca de sus parientes. John Rodda llega desecho al Hotel María Isabel, pero nota que todo sigue en orden: nadie se enteró del baño de sangre que ocurrió a unos kilómetros de la Villa Olímpica.
En los hospitales, los médicos no se daban abasto y pronto cundió el caos. Faltaba material de curación, anestesia y el quirófano se vio sobredemandado. El golpe al movimiento médico del 65 tuvo consecuencias terribles. Los detenidos son mandados al Campo Militar N°1 y de allí muchos irán a Lecumberri o a Santa Martha Acatitla.
Destaca entre las bajas Ana María Teuscher Krueger, quien no viviría para poder ser edecán olímpica y cuyo cuerpo fue fotografiado con una herida de bayoneta en el costado.
Los estudiantes permanecerán en las cárceles e insistirán –y siguen insistiendo– en la participación del Batallón Olimpia como responsable de la masacre; el gobierno, por su parte, repetirá la tesis de un complot internacional para desprestigiar a México durante sus Juegos; Octavio Paz renuncia como embajador en la India al enterarse de la matanza.
Se decreta una “tregua olímpica” entre el movimiento y los soldados se retiran de Tlatelolco el 9 de octubre, mientras que algunos agentes –supuestamente de los servicios de Luz y Teléfono– revisan los departamentos. Tres días después se inauguran los XIX Juegos Olímpicos con un sonriente Gustavo Díaz Ordaz en el palco del estadio de Ciudad Universitaria. Los muchachos que lograron escapar hacen volar un papalote en forma de paloma sobre su cabeza: lo responsabilizan de la matanza.

Días posteriores

En los días siguientes, la reacción internacional muestra lazos de apoyo. Manifestaciones en Caracas, California, Ecuador, Chile, Italia, Holanda, Finlandia, Alemania Occidental –donde los consulados amanecen grafiteados con cruces gamadas y SS rúnicas– y Centroamérica –donde apedrean los consulados mexicanos– responsabilizan al gobierno del baño de sangre y llaman a boicotear las olimpiadas.
El descontento de las bases obreras en la Confederación de Trabajadores de México (CTM) obliga a los charros a declarar como culpable de la masacre al gobierno. La imagen de Tommy Smith y John Carlos haciendo el saludo del poder negro como forma de visibilizar la lucha por los derechos civiles de la comunidad afroamericana —los cuales eran una expresión en EE.UU. de los convulsivos acontecimientos de ascenso de la lucha de clases que se vivía a nivel mundial—, los pondrá en primera plana, causando un escándalo internacional que será aprovechado por el capitalismo a nivel global (y el PRI a nivel nacional) para borrar de la memoria colectiva internacional el recuerdo de un México que seguía padeciendo muchas contradicciones y de una juventud que pudo haber tomado el cielo por asalto. Si bien no hay un número definitivo de los muertos de aquel día, es importante señalar que John Rodda había publicado originalmente un número de 325, pero aprovechando la “apertura” de Echeverría, logró tener acceso a los registros del Hospital Militar, haciendo que su cifra bajara a 267; cotejando con las cifras de la embajada de EE.UU. (“entre 150 y 200), es posible que el número real de muertos sea alrededor de 250. Por otra parte, la matanza de 1968 se ha convertido en una bandera de lucha para las generaciones siguientes para exigir justicia por este innegable crimen, así como un ejemplo a seguir en los métodos de lucha (asambleas por escuela, delegados con mandato de base, rotativos y revocables, etc.). El legado del 68 es uno que hay que mantener y recuperar para que la juventud tenga herramientas para que el día de mañana sepa vencer.

Óscar Fernández
@OscarFdz94

Fuentes consultadas:

Informe General de La Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (FEMOSPP)

Cronología del movimiento estudiantil

Proceso: Los Muertos de Tlatelolco

Canal 6 de Julio, Tlatelolco: Las Claves de la Masacre (2003)

Proceso: Testimonios de Tlatelolco – 30 años después (número especial sacado en 1998)

Crónica 1968, Daniel Cazés, México: Plaza y Valdés, 1993.

1968: El Fuego de la Esperanza, Raúl Jardón, México: Siglo Veintiuno Editores, 1998.

De los 30,000 desaparecidos de la dictadura argentina a los 43 normalistas de Ayotzinapa




Una pose humanitaria para Jorge Bergoglio, cómplice de la dictadura militar: quería venir a dar misa en la escuela normal de los normalistas desaparecidos…y no lo dejaron. Pero en su gira por Estados Unidos no recibió a madres de estos jóvenes.

Una piedad de patas cortas. Poco después de la desaparición forzada de los normalistas de Ayotzinapa, en noviembre del año pasado, la arquidiócesis de México hizo pública una carta de solidaridad enviada a los familiares de los jóvenes desaparecidos.
Para enero de este año, nombró cardenal al arzobispo de Morelia, Alberto Suárez Inda. Éste, en una conferencia de prensa dada en Roma en febrero declaró: “Percibo que hay una cierta manipulación y una cierta tendencia política, de intereses que se aprovechan del dolor de los padres de familia para provocar insurrecciones”.
Ésa es la jugada del Vaticano, en su cruzada eterna contra la protesta social: fingida empatía con gestos mediáticos por un lado, mientras que por el otro apuesta a la criminalización de la lucha por los desaparecidos.
Y es que desde que detenta el poder en la Santa Sede, Bergoglio se volvió un tanto más sofisticado.
Denuncia el narcotráfico como el origen de muchos males. Afirmó ante asamblea de la ONU que “va acompañado de la trata de personas, del lavado de activos, del tráfico de armas, de la explotación infantil y de otras formas de corrupción”. Pero al mismo tiempo, protege a la red de pederastas que anida en el Vaticano y extiende sus tentáculos por todo el mundo.
Newsweek en español dio a conocer que, como parte de su gira por Cuba y Estados Unidos, el papa Francisco tenía la intención de pasar por México y aquí dar una misa en la Escuela Normal Rural Isidro Burgos de Ayotzinapa, y que el gobierno de Enrique Peña Nieto se negó.
Ahora, cuando la gira se concretó, cinco madres de Ayotzinapa –Blanca Luz Nava, Luz María Telumbre Casarrubias, Hilda Legideno Vargas, Hilda Hernández Rivera y Angélica González–, con gran esfuerzo, viajaron a verlo a Estados Unidos. Querían entregarle el documento que contradice la “verdad histórica” del gobierno de Enrique Peña Nieto. No lo consiguieron. Nunca las recibió.

Bergoglio, cómplice de desapariciones forzadas

No extraña su actitud ante las madres de Ayotzinapa. Durante los años negros de la dictadura argentina, Bergoglio, hoy papa Francisco, estuvo vinculado al poder militar. Entregó a miembros de la compañía jesuita –la congregación a la que pertenece– a los militares. Fueron los curas Orlando Yorio y Francisco Jalics, quienes tras meses de torturas y vejaciones fueron liberados en la provincia de Buenos Aires.
Bergoglio también está vinculado a la desaparición en 1977 Elena de La Cuadra, una joven que estaba embarazada y dio a luz en un centro clandestino de detención. Su hija, nacida en cautiverio, le fue arrebatada. Bergoglio lo sabía, así como supo de otros casos de apropiación de bebés durante la dictadura.
Pero el papa Francisco no es una manzana podrida en un rebaño de blancas ovejas. Es toda la institución. El Vaticano tiene una larga tradición de ser agente aliado de regímenes militares así como “democráticos”.
Hace unos años, en el periódico The Guardian se dio a conocer que la fortuna de la Santa Sede viene en parte de un pago millonario realizado por Benito Mussolini en 1929 para que la Iglesia reconociera al gobierno fascista. Sólo en propiedades en Reino Unido, Francia y Suiza, posee 800 millones de dólares.
Entre 1931 y 1939, durante la Revolución Española, la Iglesia católica estaba alineada con los nacionalistas, entre ellos quien se convertiría en el dictador Francisco Franco. En 1941, el Vaticano avaló el genocidio croata perpetrado por las tropas de Hitler durante la Segunda Guerra Mundial.
Ante los genocidios, llama a la reconciliación nacional, como lo hizo Juan Pablo II en Chile, cuando incluso llegó a interceder por el dictador Pinochet, o en Guatemala en 2004, para invisibilizar las ejecuciones y desapariciones cometidas por el ejército guatemalteco.
Ésa es la verdadera cara de la Iglesia católica, una institución reaccionaria aliada al imperialismo estadounidense, impulsor de las dictaduras sangrientas en América Latina entre las décadas de 1970 y 1980, de la brutal guerra sucia que se vivió en México y en nuestros días, de la militarización y de la expoliación de la región.

Bárbara Funes
México D.F | @barbarafunes2

jueves, 1 de octubre de 2015

Jorge Risquet y los soles africanos




Las cenizas de Jorge Risquet reposarán definitivamente en el mausoleo que guardan los restos de sus compañeros de armas en la gesta de liberación, pero intuyo que un soplo mágico llevará una parte de ellas desde el Oriente cubano hasta el otro lado del Atlántico, a tierras africanas.
No sabía que estaba herido de muerte la última vez que nos vimos, hace apenas unos meses durante la presentación del libro Visiones de libertad, del historiador italonorteamericano Piero Gleijeses, en la sede del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos.
Como era costumbre suya, me palmeó fuerte la espalda: “Sigues firme”, me dijo y luego comentó la entrevista que yo le había hecho a Piero. “Así que me ves como un Elegguá que abre los caminos”, bromeó acerca de la mención que hice sobre su papel imprescindible en el acceso a las fuentes consultadas por el investigador visitante para contar de manera fiel y objetiva la contribución de Cuba a la consolidación de la independencia de Angola, la emancipación de Namibia y el fin del régimen del apartheid en Sudáfrica.
La de Risquet fue una vida de servicio a favor de la justicia social y el triunfo de las ideas socialistas que abrazó desde temprana edad. Aunque no le gustaba hablar de sí mismo, es posible seguir la saga de su iniciación revolucionaria en el libro Jorge Risquet: del solar a la Sierra, de Gloria León Rojas, publicado hace un lustro por la Editorial Ciencias Sociales.
Las vivencias allí reflejadas permiten comprender las múltiples encrucijadas a las que se vio abocada su generación. Fue, como Blas Roca, Lázaro Peña, Juan Marinello, Flavio Bravo, Carlos Rafael Rodríguez y otros muchos, uno de los que entendió que a partir del Moncada la emancipación definitiva de la Patria transitaba por un nuevo tipo de liderazgo y de estrategia.
De todo ello se da fe en ese libro, pero también del flagelo de la pobreza sobre familias humildes, de una voluntad de lucha, de amistades y peligros, de dolores y alegrías, de sentimientos y heridas. Es sencillamente conmovedor saber cómo un muchacho mestizo que padecía la exclusión social de los habitantes de los solares habaneros se abrió al conocimiento de nuestro continente mediante un libro de ensayos del chileno Volodia Teitelboim y soñaba con ser Pavel, el protagonista de La madre, de Máximo Gorki.
Decididamente martiano, hizo suya la prédica de que Patria es Humanidad. A Guatemala fue en 1954 cuando el gobierno democrático de Jacobo Arbenz sufrió la conjura imperialista que lo derrocó.
Pero donde su vocación internacionalista se hizo más patente fue después del triunfo revolucionario de 1959. De manera especial destacó como jefe del Batallón Internacionalista Patricio Lumumba en el Congo Brazzaville entre 1965 y 1967.
Acerca de esa experiencia escribió el libro El segundo frente del Che en el Congo (Editora Abril, 2006). En el prólogo, el General de Ejército Raúl Castro expresó:
Era, en primer lugar, reserva de la columna del Che, a cuya fuerza se uniría en caso necesario y en el momento oportuno (…) Tenía además la tarea de prestar ayuda al gobierno progresista del Congo, amenazado de agresión por el régimen de Leopoldville (…) No menos importante era la misión de participar con un grupo de asesores combatientes en el Segundo Frente guerrillero del MPLA en Cabinda y entrenar columnas de combatientes angolanos, equiparlos y ayudarlos a emprender la ruta hacia el interior de Angola, hacia el Primer Frente al norte de Luanda. De esta múltiple misión eran responsables los compañeros Risquet y (Rolando) Kindelán.
Más tarde, en 1975, se desempeñó como jefe de la Misión Civil Internacionalista Cubana en la República Popular de Angola y en 1988 presidió la Delegación cubana en las negociaciones cuatripartitas (Cuba-Angola-EE.UU.-Sudáfrica).
Tanto en esas tareas como en otras que lo llevaron a apoyar las luchas africanas, Risquet conoció de cerca a los líderes más prominentes de ese continente y a ser admirado por estos.
Nunca olvidaré una mañana de suave invierno en Pretoria, hace cuatro años, en la que conversé largamente con Risquet sobre sus memorias africanas. El embajador cubano en Sudáfrica en ese entonces, Ángel Villa, era nuestro anfitrión. En un momento de la conversación, Risquet se asomó al cristal que nos separaba de la terraza: “Dicen que el sol africano cae duro sobre la gente y tú que escribes podrás entender el simbolismo de lo que estoy diciendo. Porque tenemos que preservar la memoria de los tantísimos hermanos que han hecho posible que los soles africanos alumbren”.

Pedro de la Hoz

“Nos hicieron un juicio totalmente parcial”




Entrevista a Gerardo Hernández, uno de los tres agentes cubanos liberados tras el acuerdo Washington-La Habana

Si hay una historia dentro de la historia que sintetiza el antagonismo entre Estados Unidos y Cuba, ésa es la de los agentes cubanos condenados en Norteamérica a penas desproporcionadas en relación con los actos cometidos.

Una orquesta de ancianos desafinados ejecuta en desorden un imposible “Bésame Mucho” en las escaleras de la estación Bruselas Norte. Algunas estaciones más adelante espera Gerardo Hernández, uno de los tres agentes de inteligencia cubanos liberados en diciembre pasado luego del acuerdo al que llegaron Washington y La Habana con la mediación del Vaticano para el restablecimiento de sus relaciones diplomáticas. Si hay una historia dentro de la historia que sintetiza el antagonismo entre Estados Unidos y Cuba, ésa es la de los agentes cubanos condenados en Norteamérica a penas desproporcionadas en relación con los actos cometidos. Gerardo Hernández es uno de los 5 agentes de inteligencia cubanos (Ramón Labañino Salazar, René González Sehwerert, Fernando González Llort, Gerardo Hernández Nordelo y Antonio Guerrero Rodríguez) que a mediados de los años 90 cumplieron misiones especiales en territorio estadounidense con el fin de descubrir y desarticular las acciones terroristas que los grupos contrarrevolucionarios planificaban en Miami y luego cometían en Cuba –sabotajes, atentados contra los hoteles y centros turísticos–. Los cinco fueron descubiertos y arrestados en 1998. Más tarde, en uno de los juicios más extensos de la historia judicial norteamericana, los agentes cubanos fueron condenados a penas que, más que a justicia, equivalían a un castigo político orquestado por la obsesión de las administraciones norteamericanas con Cuba. A Gerardo Hernández, acusado de “conspiración para cometer asesinatos”, le tocó lo equivalente a dos cadenas perpetuas. Por lo general, estos casos de agentes descubiertos en otro territorio se resuelven a puertas cerradas y mediante una negociación. Con los cinco cubanos fue todo lo contrario. Acusados de espionaje y otras barbaridades, los llamados “Cuban Five” fueron sancionados con un juicio celebrado en Miami y utilizados como instrumento de manipulación política. Hoy liberado, nada refleja en la frescura inteligente de Gerardo Hernández los 16 años pasados en las cárceles norteamericanas, ni los vejámenes sufridos, ni los largos meses de detención bajo el estricto régimen de aislamiento absoluto. Gracias a la intervención del senador estadounidense Patrick Lehay –uno de los más fervientes militantes por el fin del embargo contra Cuba– Hernández tuvo un hijo mientras estaba en la cárcel. El senador ayudó a organizar la inseminación artificial de la esposa de Hernández, Adriana Pérez. Tras 18 meses de negociaciones secretas y con el papa Francisco como garantía de lo que había sido imposible, los tres cubanos que permanecían encarcelados en Estados Unidos (Antonio Guerrero Rodríguez, Gerardo Hernández Nordelo y Ramón Labañino Salazar) recuperaron la libertad el mismo día del histórico anuncio, el 17 de diciembre de 2014.
–Los agentes cubanos condenados en Miami fueron el tema que bloqueó y, al mismo tiempo, desencadenó la negociación con Estados Unidos.
–Sí, exactamente. Nuestro caso duró tanto en el tiempo justamente por el conflicto y el tipo de relaciones, o de no relaciones existentes, entre Cuba y los Estados Unidos por más de medio siglo. Eso fue lo que le imprimió una connotación política al caso de los cinco cubanos, a eso se debió el ensañamiento con nosotros. Recuerden que años atrás hubo el caso de unos espías rusos que fueron arrestados. Pero acá, rápidamente hubo una negociación y fueron enviados a su país sin juicio ni nada. Lo que complicó el caso nuestro fue la historia del conflicto entre Cuba y los Estados Unidos. Paradójicamente, también facilitó su solución. Desde luego, la solución de nuestro caso no se puede resumir a esa negociación, sino también influyó el apoyo y la solidaridad que recibimos durante tantos años. Llegó un momento en que los cinco éramos ya muy conocidos, había presidentes pidiendo nuestra liberación, personalidades religiosas, políticas y culturales. Nos habíamos convertido en un caso bastante incómodo para los Estados Unidos. De todas formas, a nosotros nos costó mucho trabajo hacer que se lograra hacer conciencia sobre nuestro caso. Fue uno de los juicios más largos de la historia judicial de los Estados Unidos. Duró siete meses y hubo más de 100 testigos. La prensa mantenía un silencio casi absoluto. Poco a poco fue necesario el trabajo solidario de compañeros y compañeras que salían a manifestar a la calle.
–Hoy lo sabemos, el Papa desempeñó un papel primordial en este acuerdo. El Vaticano fue garante del proceso de liberación. ¿Usted sabía que el Vaticano estaba mediando?
–No, no sabía. Para mí fue una sorpresa porque nosotros estábamos ajenos a todo el proceso de negociación. No conocía el papel desempeñado por el Vaticano. Me enteré después de lo que ocurrió, del papel que jugaron varios cardenales, entre ellos el arzobispo de La Habana, el cardenal Jaime Ortega, a quien le tengo mucho respeto. Estamos muy agradecidos. Nosotros siempre aceptamos la ayuda de cualquier persona de buena voluntad. Hay que recordar que nuestro caso, además de sus connotaciones políticas, fue una gran tragedia desde el punto de vista humano. Me alegra que el papa Francisco, siendo un papa latinoamericano, haya sido consecuente. Le puedo decir que siento una gran admiración por él. Ha tenido una actitud muy valiente, digna de admirar. En nombre de nuestros familiares y de los cinco, que nos beneficiamos con esa actitud, le enviamos nuestro agradecimiento.
–De hecho, si se observan las condiciones de la negociación, Cuba no cedió. Washington juró siempre que jamás negociaría con Cuba en las condiciones políticas actuales, y, sin embargo, así ocurrió.
–Mi opinión personal es ésta: por mucho tiempo, Estados Unidos se mantuvo diciendo que no negociaría nada con Cuba mientras existieran los Castro en el poder –es así como ellos se refieren a que la Revolución y el pueblo cubano estén en el poder–, también decían que no tenían nada que negociar con Cuba mientras el Partido Comunista estuviera en el poder y mientras que la Revolución socialista se mantuviera. Todas esas condiciones aún existen y sin embargo hemos conversado con la única condición que Cuba ponía siempre: una conversación de igual a igual, con absoluto respeto a nuestra soberanía y nuestra independencia.
–¿En algún momento sintió el peso de la historia que estaba sobre sus espaldas? Ustedes eran, en gran parte, la clave del nudo.
–Nunca vi el caso en esa magnitud. Recién empecé a sentir eso en los tiempos finales, cuando se rumoreaba que podría haber una solución, y sobre todo, cuando me enunciaron que iba a ser liberado. Ahí sí supuse que ese podría ser el camino para que se avanzara algo más. En ese momento no sabía que se había avanzado mucho más. Me enteré cuando el presidente Raúl Castro pronunció sus palabras y estaba a su lado junto a nuestros familiares. Los tres cubanos liberados no sabíamos nada de la negociación. Nos informaron un día antes de la liberación y nos enteramos del restablecimiento de las relaciones diplomáticas con las palabras de Raúl.
–Su caso representa un ejemplo mundial de la utilización de la justicia como instrumento de un conflicto con otro Estado.
–Si, el caso de los cinco fue más una venganza contra le Revolución cubana, contra los cubanos revolucionarios. Estados Unidos vio la manera de anotarse un punto y lo hicieron tomando a cinco personas como rehenes. Nosotros reconocimos que habíamos violado algunas leyes de Estados Unidos, como tener un pasaporte falso o ser un agente de otro país sin inscribirnos en el Departamento de Estado. Ahora bien, legalmente, nosotros teníamos derecho a hacer una defensa de necesidad y explicar por qué, pero no se nos permitió. El juicio tuvo lugar en Miami y carecimos de toda garantía. Fue un juicio totalmente parcial. Fuimos encontrados culpable y se nos impuso la máxima sentencia posible en todos los cargos. Castigando a los 5 pensaron que castigaban a la Revolución cubana. El plan inicial era que, todos o algunos, traicionaríamos y podernos usar así en un show mediático contra la Revolución. No lo consiguieron y por eso vinieron los 17 meses en celdas de castigo, más otros meses que pasamos en las mismas celdas sin haber cometido ninguna indisciplina. Por eso nos negaron las visitas de nuestras esposas.
–Paradójicamente, mientras a ustedes los condenaban, en Miami circulaba gente con un prontuario muy espeso.
–¡Es increíble! Estados Unidos dice tener una guerra contra el terrorismo. Hay jóvenes norteamericanos que sirven en el ejército y han muerto en otros países en nombre de esa lucha contra el terrorismo. ¡Pero tienen a los terroristas ahí! Todavía hoy Luis Posadas Carriles se pasea libre por las calles de Miami. Posadas Carriles es el autor de un atentado contra un avión de Cubana de Aviación que, en 1976, les costó la vida a 73 personas, es promotor de bombas en hoteles de La Habana que se cobraron la vida de un italiano. Tiene un historial terrorista inmenso y se pasea libremente por las calles. Carriles y otros fueron entrenados por la CIA con el objetivo de derrocar a la Revolución cubana. Hubo un momento en la historia en que la CIA no tuvo nada más que ver con ellos, pero miraron hacia otro lado y han hecho lo que han querido.
–¿Esa fue su misión cuando fue enviado a Miami, investigar a esos grupos?
–Sí, Ibamos a investigar los planes de grupos terroristas como Alpha 66, los Comandos F4, Hermanos al rescate. Estos grupos todavía existen, tienen ahí sus campos de entrenamiento. Lo cierto es que Cuba se quejó muchas veces por las labores de estos grupos ante el gobierno norteamericano, pero Estados Unidos continuó dándoles impunidad a esas personas y, por consiguiente, fue necesario que Cuba enviara a sus operativos para investigar e infiltrar esos grupos, enviar información a Cuba y prevenir los actos terroristas.
–¿Su mirada sobre Estados Unidos y la Revolución cambió?
–Cambió en el sentido de que hoy mis convicciones y mi carácter de revolucionario son más sólidos, al igual que mi amor por el pueblo cubano. Viví 16 años en esas cárceles y en esa sociedad y en esos años compartí en las prisiones muchísimas historias, dramas humanos, vidas de jóvenes que pudieron haber sido ingenieros o doctores y, con apenas 20 años, están condenados a cadena perpetua. Esto es porque hay un sistema que, desde que nacen, les inculca que hay que tener más y pisotear a cualquiera con tal de triunfar en la vida y tener cosas. Es un embrutecimiento total, se trata de un verdadero drama humano. Haber pasado años en Estados Unidos, tanto en la calle como en la cárcel, ha reafirmado mi convicción de que no importa cuántos problemas tengamos en Cuba, tenemos que seguir trabajando para perfeccionar nuestro sistema y nuestro socialismo. Yo no quiero para Cuba nada parecido a lo que viví en Estados Unidos. De todas formas, yo no guardo ningún resentimiento ni ningún rencor hacia Estados Unidos. No siento odio por nadie. Acaso compasión.
–Usted también enfrenta otro cambio: recupera la libertad en otro momento de la Revolución y con el gran enemigo como, tal vez, nuevo aliado. La Cuba durante la cual usted estuvo preso no es la Cuba de su libertad.
–¡Claro, sería raro que fuese la misma Cuba porque entonces estaríamos negando la dialéctica nosotros mismos! Me alegro de que Cuba haya cambiado y de que la mayoría de los cambios sean para bien. Ninguna revolución puede quedarse estática. Estamos confiados en que el pueblo cubano podrá enfrentar los retos a los que se enfrenta con este proceso. Son retos importantes. Hay personas que apuestan por que, a través del abrazo del oso, podrán lo lograr lo que no consiguieron durante más de 50 años de bloqueo, de agresiones y amenazas.

Eduardo Febbro
Página/12