lunes, 15 de diciembre de 2014

El imperio y la legitimación de la tortura




La publicación del Informe del Comité de Inteligencia del Senado de Estados Unidos dado a conocer días pasados describe con minuciosidad las diferentes “técnicas de interrogación” utilizada por la CIA para extraer información relevante en la lucha contra el terrorismo. Lo que se hizo público es apenas un resumen, de unas 500 páginas, de un estudio que contiene unas 6.700 y cuya primera y rápida lectura produce una sensación de horror, indignación y repugnancia como pocas veces experimentó quien escribe estas líneas.[1] Los adjetivos para calificar ese lúgubre inventario de horrores y atrocidades no alcanzan a transmitir la patológica inhumanidad de lo que allí se cuenta, sólo comparables a las violaciones a los derechos humanos perpetradas en la Argentina por la dictadura cívico-militar, o las que en el marco del Plan Cóndor se consumaron en contra de miles de latinoamericanos en los años de plomo.
El Informe es susceptible de múltiples lecturas, que seguramente animarán un significativo debate. Para comenzar digamos que su sola publicación produce un daño irreparable a la pretensión estadounidense de erigirse como campeón de los derechos humanos, siendo que una agencia del gobierno, con línea directa a la Presidencia, perpetró estas atrocidades a lo largo de varios años con el aval –caso de George W. Bush- o la displicente indiferencia de su sucesor en la Casa Blanca. Obviamente, si ya antes Estados Unidos carecía de autoridad moral para juzgar a terceros países por presuntas violaciones a los derechos humanos, después de la publicación de este Informe lo que debería hacer Barack Obama es pedir perdón a la comunidad internacional (cosa que desde luego no hará, o no lo dejarán hacer, como lo demostró el escándalo de los espionajes), interrumpir definitivamente la publicación de los informes anuales sobre la situación de los derechos humanos y del combate al terrorismo en donde se califica el comportamiento de todos los países del mundo (excepto Estados Unidos, juez infalible que no puede ser enjuiciado) y asegurarse que prácticas tipificadas como torturas por el Informe senatorial no sólo no volverán a ser utilizadas por la CIA o las fuerzas regulares del Pentágono sino tampoco por el número creciente de mercenarios enrolados para defender los intereses del imperio, lo que tampoco tiene demasiadas probabilidades de ocurrir. Precisamente, la idea de nutrir cada vez más a las fuerzas del Pentágono con mercenarios reclutados por sus aliados en el Golfo Pérsico (Arabia Saudita, Emiratos, Qatar, etcétera) o por compañías especializadas, como Academi (la tenebrosa ex Blackwater) es liberar al gobierno de los Estados Unidos de cualquier responsabilidad por violaciones a los derechos humanos que pudieran cometer estos “contratistas”, como eufemísticamente se los denomina.
Al “tercerizar” de este modo sus operaciones militares en el exterior la aplicación de torturas en contra de presuntos, o verdaderos, terroristas se realiza al margen de las estipulaciones de la Convención de Ginebra que establece que los prisioneros de guerra deben tener garantías jurídicas de defensa y ser tratados de modo humanitario. Los mercenarios o “contratistas”, por el contrario, son bandas contratadas por Washington para operaciones especiales, actuando al margen de toda ley. No tienen prisioneros sino “detenidos”, a los cuales pueden mantener bajo su custodia todo el tiempo que consideren necesario, negándoseles el derecho a la defensa y quedando a merced de los maltratos o las torturas que sus captores decidan aplicarles, gozando para ello de total impunidad.
En segundo lugar, el Informe obvia considerar que la tortura fue legalizada por el Presidente George W. Bush. Tal como lo hemos señalado en un estudio publicado en 2009 la tortura como una práctica habitual venía siendo utilizada desde mucho tiempo atrás por la CIA y otras agencias del gobierno federal. En dicho texto decíamos que “a partir de los atentados del 11 de Septiembre y la nueva doctrina estratégica establecida por el presidente George W. Bush al año siguiente (“guerra contra el terrorismo”, “guerra infinita”, etcétera) las torturas a prisioneros, sean éstos supuestos combatientes enemigos o simple sospechosos, se tornaron prácticas habituales en los interrogatorios, así como también los tratos inhumanos o degradantes infligidos a las personas bajo custodia de las tropas estadounidenses. A fin de evitar las consecuencias legales que se desprenden de esta situación Washington adoptó como una de sus políticas el traslado de sus prisioneros a cárceles situadas en países donde la tortura es legal o en los cuales las autoridades no tienen interés alguno en impedirla, sobre todo si se trata de favorecer los planes estadounidenses; o enviarlos a Afganistán, Irak o la propia base norteamericana de Guantánamo, donde se puede interrogar brutalmente a cualquier prisionero sin ningún tipo de monitoreo judicial y sin la presencia de molestos observadores como, por ejemplo, la Cruz Roja Internacional.”[2]
Para estupor de propios y ajenos, aún después de haberse dado a conocer el Informe del Senado el vocero de la Casa Blanca apeló a ridículos eufemismos cuando transmitió el repudio del presidente Obama por sus revelaciones: condenó los “duros y atroces interrogatorios” practicados por la CIA, obviando utilizar el término correcto para definir lo que según la Convención Contra la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanas o Degradantes es simple y llanamente eso: tortura. En su artículo primero la Convención establece que “Se entenderá por el término ‘tortura’ todo acto por el cual se inflija intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o una confesión; de castigarla por un acto que haya cometido, o se sospeche que ha cometido; o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier razón basada en cualquier tipo de discriminación, cuando dichos dolores o sufrimientos sean infligidos por un funcionario público u otra persona en el ejercicio de funciones públicas, a instigación suya, o con su consentimiento o aquiescencia. No se considerarán torturas los dolores o sufrimiento que sean consecuencia únicamente de sanciones legítimas, o que sean inherentes o incidentales a estas.” [3]
De acuerdo a esta definición es imposible sostener que prácticas tales como la “rehidratación rectal”, la “hipotermia”, la “alimentación rectal”, colgar a una víctima de una barra, amenazar con violar a su esposa o hijas, la prohibición de dormir o el “submarino” (“waterboarding”, como se la llama en inglés) aplicadas cruelmente por horas y días para interrogar sospechosos de terrorismo no constituyen flagrantes casos de tortura.[4]
No obstante ello, en Marzo de 2008 el presidente Bush vetó una ley del Congreso que prohibía la aplicación del “submarino” a presuntos terroristas, dando cumplimiento a un anuncio previo en el cual advertía que vetaría cualquier pieza legislativa que impusiera limitaciones al uso de la tortura como método válido y legal de interrogación. En respuesta a sus críticos la Casa Blanca dijo que sería absurdo obligar a la CIA a respetar los preceptos establecidos por la legislación internacional porque sus agentes no se enfrentaban a combatientes legales, fuerzas regulares de un estado operando de conformidad con los principios tradicionales sino a terroristas que actúan con total desprecio por cualquier norma ética. De este modo Bush y su pandilla intentaron justificar la violación permanente de los derechos humanos bajo el pretexto del “combate al terrorismo”. No sólo eso: su Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, autorizó explícitamente en Diciembre del 2002 la utilización de por lo menos nueve “técnicas de interrogación” que sólo en virtud de un perverso eufemismo pueden dejar de ser calificadas como torturas. Lo interesante del caso es que Estados Unidos adhirió a la citada Convención (que cuenta con 145 estados partes) en el año 1994 pero se cuidó muy bien de ratificar el Protocolo que le otorga facultades de control al Comité de la Tortura de las Naciones Unidas. En otras palabras, la simple adhesión a la Convención fue una movida demagógica, carente de consecuencias prácticas en la lucha contra la tortura.
El horror que despierta el Informe no debería llevarnos a pensar que allí se encuentra toda la verdad. Si bien destruye el argumento central de la CIA en el sentido de que esas “duras tácticas de interrogación” eran necesarias para prevenir nuevos ataques terroristas contra Estados Unidos, lo cierto es que la estimación de los números de los detenidos y torturados se ubica muy por debajo de lo que permiten inferir otras fuentes documentales. En el Informe, por ejemplo, se dice que “la CIA mantuvo detenidas a 119 personas, 26 de los cuales aprehendidas ilegalmente”. Sin embargo, es sabido que para perpetrar estas violaciones a los derechos humanos Estados Unidos habilitó numerosas cárceles secretas en Polonia, Lituania, Rumania, Afganistán y Tailandia; y contó con la colaboración de países como Egipto, Siria, Libia, Paquistán, Jordania, Marruecos, Gambia, Somalía, Uzbekistán, Etiopía y Djibouti para realizar sus interrogatorios, a la vez que algunas ejemplares “democracias” europeas, como Austria, Alemania, Bélgica, Chipre, Croacia, Dinamarca, España, Finlandia, Irlanda, Italia, Lituania, Polonia, Portugal, Reino Unido, República Checa, Rumania y Suecia, amén de otros países extraeuropeos, colaboraron en facilitar la entrega y traslado de prisioneros a sabiendas de lo que les aguardaba a esas personas.[5] El número de víctimas supera con creces las 119 del Informe. Téngase presente que según Human Rights First, una organización no gubernamental estadounidense, el número total de detenidos que pasaron por la cárcel de Guantánamo desde su inauguración fue de 779 personas.[6] Por otra parte, un informe especial de Naciones Unidas asegura que sólo en Afganistán la CIA detuvo a 700 personas y a 18.000 en Irak, todos bajo la acusación de “terroristas”.[7] Ni hablemos de lo ocurrido en el campo de detención de Abu Ghraib, tema que hemos examinado en detalle en nuestro libro.[8]
Para finalizar, tres conclusiones. Primero, el Informe pone el acento en la inefectividad de las torturas soslayando imprescindibles consideraciones de carácter ético o político. De las veinte conclusiones que se presentan en las primeras páginas del Informe sólo una, la vigésima, expresa alguna preocupación marginal por el tema al lamentarse que las torturas aplicadas por la CIA “dañaron la imagen de los Estados Unidos en el mundo a la vez que ocasionaron significativos costos monetarios y no- monetarios.” [9] No existe ninguna reflexión sobre lo que significa para un país que presume orgullosamente de ser una democracia -o la más importante democracia del mundo, según algunos de sus más entusiastas publicistas- además del “líder del mundo libre” incurrir en prácticas monstruosas que sólo pueden calificarse como propias del terrorismo de estado al estilo del que conociéramos en América Latina y el Caribe en el pasado. La tortura no sólo degrada y destruye la humanidad de quien la sufre; también degrada y destruye al régimen político que ordena ejecutarla, la justifica o la consiente. Por eso es que este nuevo episodio demuestra, por enésima vez, el carácter farsesco de la “democracia norteamericana”. De ahí que la expresión que mejor conviene para retratar su verdadera naturaleza es el de “régimen plutocrático.” Régimen, porque quien manda es un poder de facto, el complejo militar-financiero-industrial que nadie ha elegido y a quien nadie rinde cuentas; y plutocrático, porque el contenido material del régimen es la colusión de gigantescos intereses corporativos que son, como lo anotara Jeffrey Sachs días atrás, quienes invierten centenares de miles de millones de dólares para financiar las campañas y las carreras de los políticos y los lobbies que cabildean en favor de sus intereses y que luego obtienen como compensación a sus esfuerzos beneficios económicos de todo tipo que se miden en billones de dólares. Todo esto, además, justificado por una decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos que legalizó los donativos ilimitados que, en su enorme mayoría, pueden beneficiarse del anonimato.[10]
Segundo, el Informe se abstiene de recomendar la persecución legal de los responsables de las monstruosidades perpetradas por la CIA. Ante una descripción que parece inspirada en las más horribles escenas del Infierno de Dante, los autores se abstienen de recomendar al Premio Nobel de la Paz que la justicia tome cartas en el asunto. Pero el pacto de impunidad está consagrado, y ante la inacción de la Casa Blanca los torturadores y sus numerosos cómplices, dentro y fuera de la Administración Bush, han salido a apoyar abiertamente las torturas y acusar a los redactores del Informe de parcialidad ideológica, todo esto en medio de una desaforada exaltación del chauvinismo estadounidense y de una cuidadosa ocultación de las mentiras utilizadas por Bush y su pandilla, desde las referidas a qué fue lo que realmente ocurrió el 11-S, en donde hay más incógnitas que certezas, hasta la acusación a Irak de poseer armas de destrucción masiva. Dado que Obama ha dado a entender que no enjuiciará a los responsables materiales e intelectuales de estos crímenes la conclusión es que no sólo se legaliza la tortura sino que también se la legitima, se la aprueba, tal vez como un “mal necesario” pero se la justifica. Ante ello sería bueno que algún tribunal del extranjero, actuando bajo el principio de la jurisdicción universal en materia de delitos de lesa humanidad, trate de hacer justicia allí donde el régimen norteamericano apaña la impunidad de los criminales y consagra la perversión y la maldad como una virtud.
Tercero y último: la deplorable complicidad de la prensa. Todos sabían que la CIA y otras fuerzas especiales del Pentágono tienen incorporada la tortura de prisioneros como un SOP (“standard operating procedures”, un procedimiento estandardizado de operación en la jerga militar de los servicios norteamericanos), como se ha dicho más arriba. Pero los grandes medios -no tan sólo los pasquines rabiosamente derechistas de la cadena de Rupert Murdoch y muchos otros de su tipo, dentro y fuera de Estados Unidos- conspiraron voluntariamente o no, es irrelevante, para no llamar a la cosa por su nombre y utilizar en cambio toda clase de eufemismos que permitieran edulcorar la noticia y mantener engañada a la población norteamericana. Para el Washington Post, el New York Times y la Agencia Reuters eran métodos de interrogación “brutales”, “duros” o “atroces”, pero no torturas; para la cadena televisiva CBS eran “técnicas extremas de interrogación” y para Candy Crowley, la jefa de la corresponsalía política de la CNN en Washington, eran “torturas, pero según quien las describa”. Para el canal de noticias MSNBC (fusión de Microsoft con la NBC) eran, según Mika Brzezinski, hija del estratego imperial Zbigniew Brzezinski y, por lo visto, fiel discípula de las enseñanzas de su padre, “tácticas de interrogación utilizadas por la CIA”. Esta es la gente que luego es señalada por los políticos y los intelectuales de la derecha para darnos lecciones de democracia y de libertad de prensa en América Latina y el Caribe. Sería bueno tomar nota de su complicidad con estos crímenes y de su absoluta carencia de virtudes morales como para dar lecciones a nadie.

Atilio Borón

Notas:

[1] El Informe puede consultarse en la siguiente dirección: https://es.scribd.com/doc/249652086/Senate-Torture-Report
[2] Cf. Atilio A. Boron y Andrea Vlahusic, El Lado Oscuro del Imperio. La Violación de los Derechos Humanos por Estados Unidos (Buenos Aires: Ediciones Luxemburg, 2009), pp. 43-44.
[3] Ibid., p. 44.
[4] Sobre el tema de la tortura el libro de Roberto Montoya, La impunidad imperial. Como Estados Unidos legalizó la tortura y “blindó” ante la justicia a sus militares, agentes y mercenarios (Madrid: La esfera de los libros, 2005) es una fuente absolutamente imprescindible por la meticulosidad de su investigación y la sólida fundamentación de los casos examinados. Particularmente instructivo es su análisis de las 35 “técnicas de interrogación”, las cuales, como dicen los miembros de una Comisión ad-hoc convocada por el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld, podrían tener como resultado “que personal estadounidense involucrado en el uso de esas técnicas pudieran ser objeto de persecución por violación de los derechos humanos en otros países o que pudiera ser entregado a foros internacionales, como la Corte Penal Internacional. Esto tendría un impacto en futuras operaciones o viajes al exterior de ese personal.” Cf. Montoya, op. cit, pp. 130-134. Datos más específicos sobre las “técnicas de interrogación” se encuentran en http://globalsecurity.org/intell/library/policy/army/fm/fm34-52
[5] “¿Qué países colaboraron con el programa de torturas de la CIA”, informe elaborado sobre la base de documentación aportada por la American Civil Liberties Union y la Open Society Justice Initiative, y publicado por La Nación (Buenos Aires) el 10 de Diciembre del 2014. Ver http://www.lanacion.com.ar/1751052-que-paises-colaboraron-con-el-programa-de-torturas-de-la-cia
[6] http://www.humanrightsfirst.org/sites/default/files/gtmo-by-the-numbers-2014-11-24.pdf
[7] Cf. “Preliminary Findings on Visit to United States by Special Rapporteur on Human Rights and Counter-terrorism”, May 29, 2007, en El Lado Oscuro, op. cit., pp. 55-56.
[8] El lado oscuro, op. cit., pp. 47-48
[9] Informe, op. cit., pg.16.
[10] “Understanding and overcoming America’s plutocracy”, Huffington Post, 6 Noviembre 2014. http://www.huffingtonpost.com/jeffrey-sachs/understanding-and-overcom_b_6113618.html

¿Y si Syriza gobierna Grecia en 2015?




“Grecia debe evitar elegir fuerzas extremistas”. Las palabras son del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, pronunciadas esta semana en una clara referencia a la posibilidad de que Syriza pueda resultar ganadora en las próximas elecciones. ¿Y si Syriza llega al gobierno en 2015? ¿Y si los mercados reaccionan? ¿Y si sus propuestas no se cumplen? ¿Y si…?”. Estas son algunas preguntas que todos se hacen.

"Asumo que los griegos -que no tienen una vida fácil, sobre todo los más pobres- saben muy bien lo que un resultado equivocado de esas elecciones supondría para Grecia y la zona euro", dijo el líder de la Unión Europea. “No voten mal”, pidió Juncker, en lo que puede interpretarse como una amenaza a la población griega.
A su vez, el primer ministro griego, Antonis Samarás, aseguró el jueves que Grecia corría el riesgo de una “vuelta catastrófica" a la crisis financiera si su Gobierno cae como resultado de la votación parlamentaria que se producirá los próximos días.
En unos días, el Parlamento griego debe votar a favor o en contra del candidato a presidente propuesto por Samarás. Si durante el mes de diciembre no logra reunir 180 votos a favor, inmediatamente deberá convocar a elecciones generales, para el mes de febrero a más tardar.

Todas las encuestas dan como ganador a Alexis Tsipras, de Syriza.

El “fantasma” de Syriza estuvo muy presente en las elecciones de 2012. En mayo de ese año ningún partido obtuvo la mayoría absoluta. La Constitución griega prevé que en ese caso el presidente de la República consulte a los líderes de los partidos sobre su capacidad para “formar gobierno”. Como ninguno de los partidos pudo lograr un acuerdo, se llamaron nuevas elecciones generales para junio de ese año.
A continuación se desplegó una gran campaña por parte de Bruselas, Merkel y la Troika advirtiendo del “caos” que podía producirse si Syriza llegaba al poder y cumplía su promesa de revisar las medidas de austeridad y el plan de rescate.
Finalmente, el partido conservador Nueva Democracia resultó ganador, pero por escasa diferencia sobre Syriza. Entonces se produjo una coalición impensable antes de la crisis: Antoni Samarás fue elegido primer ministro de Grecia por un acuerdo entre los conservadores de Nueva Democracia, los socialistas del PASOK, y el partido de centroizquierda DIMAR.
La alianza entre los históricos representantes del bipartidismo griego dio lugar a la formación de un “partido de la austeridad”, para evitar cualquier cuestionamiento a la política de Bruselas e intentar una salida a la crisis política.
Syriza se comprometió desde ese momento a jugar el papel de una “oposición constructiva” y mostrarse ante Bruselas y los mercados como un partido “responsable”, defendiendo la posición de mantener a Grecia dentro de la Unión europea.
Ese verano de 2012 fue uno de los momentos más catastróficos de la crisis, en medio de las elecciones griegas y con el default español como amenaza inminente. Pero a pesar de que esa situación logró sortearse, la crisis siguió carcomiendo la estructura social griega.
Grecia tiene un 25% de desempleo, uno de cada dos jóvenes no tiene trabajo ni perspectiva de poder conseguirlo. Los ancianos sobreviven con pensiones miserables y los salarios han caído.
Desde el comienzo de la crisis en Grecia se han vivido 32 huelgas generales, miles de manifestaciones, represión y choques con la policía.
En esta situación, el “acuerdo histórico” entre los conservadores y el PASOK, en vez salvar al régimen, ha profundizado su crisis. Syriza puede ganar las elecciones, e incluso obtener mayoría absoluta.
¿Es Syriza un partido “extremista”, como advierte Juncker? ¿Representa una alternativa para millones de trabajadores y la población empobrecida para salir de la crisis, como afirma gran parte de la izquierda mundial?
La realidad es que Syriza defiende un programa de reformas parciales en la economía capitalista griega, como la propuesta de reestructuración negociada de la deuda, estímulos para el empleo y terminar con los recortes.
Ante las medidas draconianas de Bruselas y la “dictadura” de los bancos, la estrategia de Tsipras, como buen reformista, ha sido ceder posiciones, suavizar el discurso, mostrar “responsabilidad de Estado”. El argumento es que así conseguirán “llegar al poder”.
Pero una prueba de su papel en el poder se encuentra ya en la región de Áttica, donde la reciente electa Rena Dourou de Syriza hizo gala de gran pragmatismo, asegurando que: “Yo nunca prometí que iba a resolver el desempleo. Yo dije que iba a tratar de asignar fondos de la Unión Europea para proyectos que no agraven el desempleo. Esto muestra a qué nivel pongo la barra... Yo sé que este discurso poco romántico ha desestabilizado a una parte de mi formación, pero he trabajado trece años en el sector privado y soy realista."
Ni los grandes bancos y fondos de inversión, ni los representantes políticos de la Unión Europea están dispuestos a ceder ni un ápice en las medidas de ajuste. El “realismo” de los líderes de Syriza significa adaptarse a esa situación, limitándose a algunas medidas parciales que no cambian la vida de millones de parados y trabajadores.
Como se preguntaba hace unos días un analista de la situación griega: ¿de dónde dsacará Tsipras el dinero para planes sociales, aumentar salarios y terminar con el ajuste, sin pedir prestado a los acreedores? Para mantenerse dentro de los marcos de la Unión Europea, sin “preocupar” a los mercados ni a Bruselas, no tiene mucho margen.
Syriza está “atrapada” en sus propias redes, y sus promesas de terminar con la austeridad se diluyen con sus “compromisos” de mantener el statu quo en la Unión Europea.
La alternativa sería impulsar la movilización de los millones de trabajadores y parados contra los planes de austeridad, asumiendo las consecuencias de avanzar en medidas sobre la propiedad de las grandes fortunas y un programa anticapitalista, pero esto es algo que Tsipras ha descartado por completo desde el comienzo.
¿Y qué sucederá entonces si Syriza gana las elecciones en febrero? ¿Y si los mercados reaccionan? ¿Y si...? Pronto lo sabremos.

Josefina L. Martínez
Madrid | @josefinamar14

sábado, 13 de diciembre de 2014

Mentiras y verdades sobre los médicos cubanos en el mundo




Páginas y páginas se escriben cotidianamente en el mundo contra Cuba. En su gran mayoría, apoyándose en mentiras y tergiversaciones. Sin embargo, en el último tiempo algunos medios han intentado golpear en uno de los fuertes de la Revolución Cubana: su solidaridad internacional y sus profesionales de la medicina.
Cuba ha enviado más de 250 profesionales de la salud a combatir el virus del Ébola en África Occidental. Más que los que han aportado grandes potencias como Estados Unidos y China u organizaciones como Médicos Sin Fronteras.
Hoy por hoy son más de 48 mil los médicos cubanos que prestan servicio diariamente en más de 60 países, principalmente de América Latina, pero también en África y Asia.
En este escenario es que se ha dado una ofensiva reciente hacia este punto fuerte de la Revolución Cubana ya que es una de las principales herramientas diplomáticas de La Habana y un ejemplo mundial que va en contra de la propaganda estadounidense.

Estados Unidos financia la deserción

Hace algunas semanas, el prestigioso diario estadounidense The New York Times, publicó una editorial cuestionando el Cuban Medical Profesional Parole (CMPP).
Este programa implementado por Washington desde 2006 ofrece a los médicos cubanos que realizan misiones en el extranjero “asilo político”. Según explica el periódico solo acercándose a una embajada o consulado “pueden ingresar a Estados Unidos en cuestión de semanas” y en “pocos años convertirse en ciudadanos estadounidenses”.
El artículo es contundente al respecto: “Es incongruente que Estados Unidos valore las contribuciones de los médicos cubanos enviados por el gobierno para asistir en crisis mundiales, como aquella del terremoto en Haití en 2010, mientras procura desestabilizar al Estado facilitando las deserciones”.
Sin embargo, los medios de comunicación occidentales, siempre tan prestos a citar a los diarios estadounidenses cuando critican a los gobiernos de izquierda, en esta oportunidad decidieron olvidarlo. En cambio se despacharon con el dato de las deserciones de profesionales cubanos, como si esto sucediera por arte de magia.
“Los médicos enviados por Cuba a Venezuela huyen en masa a EEUU”. Ese es el título que eligió la corresponsal del diario ABC de España en Caracas para su artículo donde da cuenta que, en promedio, 15 profesionales cubanos desertan semanalmente y que “en total, han desertado de Venezuela y otros países unos tres mil profesionales encuadrados en los programas sociales auspiciados por La Habana en el exterior”.
Independientemente de que la fuente es simplemente la ONG con sede en Miami llamada Solidaridad Sin Fronteras, y que en ningún momento se menciona el programa CMPP, supongamos que ese dato es real.
Tal como se mencionó, hay 48 mil médicos cubanos brindando su solidaridad en el mundo y su estadía fuera del país en cada misión es de aproximadamente dos años. Considerando que el CMPP comenzó a funcionar en 2006, desde entonces casi 200 mil profesionales de la salud de la isla han sido potenciales receptores del beneficio de la ciudadanía estadounidense sólo con acercarse a cualquier consulado o embajada.
Ahora bien, según el artículo de ABC “en total” se han escapado tres mil. Esto quiere decir que sólo el 1,5% ha optado por desertar. Y aquí cabe la pregunta ¿cuántos profesionales latinoamericanos desean hoy tener los beneficios de trabajar en EEUU? ¿Por qué los cubanos, si viven en tan malas condiciones, teniendo esta posibilidad no la aprovechan masivamente?
La primera de estas preguntas fue respondida por Eugenio Martínez, embajador de Cuba en España, en una carta dirigida al diario ABC ante la publicación de ese artículo. Allí expresaba su “sorpresa” por darle tanta relevancia al asunto y omitir que en España, a mayo de este año, “3.400 médicos han pedido el certificado para emigrar”. Esto da un promedio de 85 por semana, seis veces más que los supuestos 15 médicos cubanos que “huyen en masa a EEUU”.

La solidaridad que no pueden tapar las mentiras

Aunque la propaganda internacional intente ocultarlo, la solidaridad cubana no tiene precedentes ni comparación. Más de 320 mil profesionales de la salud han participado en misiones internacionalistas desde la llegada al gobierno de los revolucionarios cubanos en 1959.
Varias de estas personas lo han hecho en más de una oportunidad. Actualmente en África hay algunos médicos que han estado anteriormente en dos o tres misiones distintas.
Sólo para dar algunos datos recientes, la ayuda cubana en Haití tras el terremoto de 2010 ha brindado hasta la fecha más de 22 millones de atenciones médicas; le ha devuelto o mejorado la visión a alrededor de 62 mil pacientes; ha efectuado más de 400 mil intervenciones quirúrgicas y ha salvado alrededor de 315 mil vidas humanas. Todo esto mientras el resto de los países ha enviado soldadospara garantizar las inversiones de empresas multinacionales y el saqueo de las riquezas haitianas.
Para sumar más información: 1.750.000 vidas fueron salvadas en Venezuela desde la llegada de los médicos cubanos en 2003, 292.640 en Guatemala desde 1998 y 74.946 en Bolivia desde 2006.
Por otra parte, el aporte cubano no se acaba en un apoyo temporal, si no que supone una construcción a largo plazo. La Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), con sede en Cuba y que recientemente ha cumplido 15 años, ha egresado desde su fundación a más de 24 mil profesionales de más de 30 países. Todas las personas que han estudiado allí lo han hecho de forma gratuita gracias al Estado cubano.
Estos son sólo algunos datos de muchos que se pueden agregar sobre la irrenunciable solidaridad cubana con todos los pueblos del mundo. Algunos datos que Ludmila Vinogradoff, la corresponsal deABC en Caracas debería tener en cuenta. Más cuando, hace algunos meses, la misma periodista encabezó una nota (que luego debió eliminar) en la que denunciaba la supuesta represión en Venezuelacon una foto de manifestaciones en Egipto.
Como decía John Lennon: “Mientras más realidad enfrentamos, más nos damos cuenta de que la irrealidad es el programa principal del día”.

Santiago Mayor

Che en la ONU: El mensaje imborrable




Hace cincuenta años, el 11 de diciembre de 1964, la Asamblea General de la ONU tuvo su encuentro definitivo con la Historia. En atuendo guerrillero, Ernesto Che Guevara compareció ante el gran salón repleto de delegados y un público que escuchó en silencio reverente sospechando quizás que les hablaba el futuro.
En discurso que aun se comenta en los pasillos del rascacielos neoyorquino, Che repasó los problemas principales que agobiaban al mundo y presentó la plataforma indispensable para una salida revolucionaria.
Aquel era año de definiciones y requería pensamiento claro capaz de mostrar el camino.
En el Golfo de Tonkin se había producido el incidente que luego se supo fue uno de los tantos embustes fabricados por Washington y le sirvió para escalar su intervención y desatar una guerra de la que sólo saldría, en humillante derrota, una década después. La intervención foránea en el Congo, usando ilegalmente el nombre de la ONU, y el alevoso asesinato de Lumumba frustró la independencia de ese país y lo hundió en el caos y el terror. En América Latina se afirmaba la hegemonía norteamericana con asesores militares y de seguridad que la imponían por todas partes. El derrocamiento de Joao Goulart en Brasil, seguido por el de Paz Estenssoro en Bolivia daría paso al sombrío capítulo de las dictaduras militares como instrumento de dominación. El intento de restaurar la democracia en República Dominicana, un año más tarde, habría de provocar la invasión militar norteamericana que la OEA santificó desvergonzadamente.
Estados Unidos había logrado que la OEA decretase la ruptura de relaciones con Cuba acatada por todos salvo México. La agresividad contra la isla condujo, también en 1964, a extender el bloqueo al área de la salud prohibiéndole adquirir medicinas y productos médicos. Desde el territorio usurpado en la bahía de Guantánamo se producían numerosas provocaciones, 1323 en 340 días, incluyendo 78 en que los marines dispararon contra las posiciones cubanas como ocurrió el 19 de julio cuando mataron al joven Ramón López Peña.
A esos temas se refirió el Che expresando solidaridad con todos los pueblos de África, Asia y América Latina y el Caribe sin olvidar a los que encaran las situaciones más complejas y suelen ser a menudo ignorados en la oratoria diplomática: Palestina y Puerto Rico (junto a él, integrando su delegación, estaba Laura Meneses, la viuda de Pedro Albizu Campos, el gran patriota puertorriqueño fallecido poco antes, luego de salir del sistema carcelario que lo encerró durante buena parte de su vida).
El discurso abordó también otros temas urgentes como la necesidad de lograr el desarme general y completo y la de poner fin a un orden económico internacional injusto que frustra el desarrollo de los países subdesarrollados. Trató especialmente la cuestión de la paz y lo que bajo el rótulo de “coexistencia pacífica” algunos concebían apenas como el equilibrio y el entendimiento entre las dos superpotencias a fin de impedir una nueva conflagración bélica. Para el Che la paz exigía mucho más. Para que fuese auténtica y perdurable debía alcanzar a todos los países independientemente de su poderío. Tampoco podía extenderse la “coexistencia” a la contradicción entre opresores y oprimidos, explotadores y explotados, a escala internacional o al interior de cada país. Su visión revolucionaria demandaba desplegar, junto al empeño por evitar un conflicto armado entre las potencias nucleares, la solidaridad efectiva con los pueblos que bregaban por emanciparse del yugo extranjero y con quienes querían conquistar un mundo mejor.
Era indispensable la acción de la comunidad internacional. Pero la ONU estaba paralizada. La Asamblea General, que normalmente concluía sus labores antes de la Navidad, a esas alturas aun no salía de su fase inicial, el llamado debate general y sus comisiones todavía no se habían instalado a mediados de diciembre. El estancamiento era consecuencia del chantaje norteamericano que amenazaba con privar del derecho al voto a la URSS y a sus aliados por su justa negativa a contribuir financieramente a la operación en el Congo. Para evadir el enfrentamiento y la crisis, sin consultar a los demás, se había llegado, tras bambalinas, a un arreglo tácito: no habría votaciones y todo quedaría en discursos. Che lo denunció al comenzar el suyo:
“Quisiéramos ver desperezarse a esta Asamblea y marchar hacia delante, que las Comisiones comenzaran su trabajo y que este no se detuviera en la primera confrontación. El Imperialismo quiere convertir esta reunión en un vano torneo oratorio en vez de resolver los graves problemas del mundo, debemos impedírselo. Esta Asamblea no debiera recordarse en el futuro sólo por el número XIX que la identifica”.
Algunos ejercieron el “derecho de réplica” intentando vanamente refutarlo. Lo hicieron el representante de Estados Unidos y los de varios gobiernos de una América Latina que ya no existe y no vale la pena nombrarlos.
Uno de ellos le reprochó que sus palabras apartaban a Cuba de lo que denominó la “órbita occidental”. Che respondió simplemente: “órbita tienen los satélites y nosotros no somos satélites. No estamos en ninguna órbita, estamos fuera de órbita”.
Otros, balbuceantes, ensayaron contrastar su acento argentino con el habla cubana mientras pretendían justificar la sumisión al amo yanqui.
A todos respondió el Che con voz serena, sin estridencia:
“si no se ofenden las ilustrísimas señorías de Latinoamérica, me siento tan patriota de Latinoamérica, de cualquier país de Latinoamérica, como el que más y, en el momento en que fuera necesario, estaría dispuesto a entregar mi vida por la liberación de cualquiera de los países de Latinoamérica, sin pedirle nada a nadie, sin exigir nada, sin explotar a nadie”.
Quien así hablaba pertenecía a una estirpe rara que se creía en peligro de extinción. Los que dicen sencillamente la verdad y respaldan sus palabras con la conducta.
Cuando habló ante la ONU ya el Che estaba enfrascado en los planes que lo llevarían a realizar la meta anunciada con toda naturalidad.
Unos meses después estaría combatiendo en África a los asesinos de Lumumba. Y luego en Bolivia entregaría su vida por la emancipación continental “sin pedirle nada a nadie”.
Mucho cambió el mundo desde entonces. De Indochina tuvieron que huir, derrotados, los agresores; Viet Nam es un país libre y próspero; China, ayer ignorada, es una potencia indispensable al nuevo equilibrio planetario; el Apartheid y el Imperio portugués quedaron como referencias del pasado; América Latina vive una época nueva y busca su destino “fuera de órbita”.
Nada de eso hubiera sido posible sin el ejemplo de Ernesto Guevara. Profeta militante no sólo anticipó el futuro, sacrificó su vida por alcanzarlo. Por eso vive hoy más que nunca.
P.S. Mientras Che hablaba, un tal Guillermo Novo Sampol, terrorista radicado en New Jersey, disparó un bazucazo contra el edificio de la ONU. Reportando el inusitado hecho, al día siguiente en primera plana, el New York Times señalaba que el artefacto utilizado sólo estaba al alcance de las fuerzas armadas. Iniciaba aquel personaje su larga carrera criminal que incluyó el asesinato de Orlando Letelier y Ronnie Mofit en plena capital norteamericana y más recientemente, el plan para atentar contra Fidel Castro y centenares de personas en Panamá. Perdonado por la ex Presidenta de ese país se instaló en Miami donde disfruta total impunidad junto a sus socios de la llamada Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA). Aun busca inútilmente un arma capaz de matar al Che.

Ricardo Alarcón de Quesada
Punto Final, Nº 818

viernes, 12 de diciembre de 2014

China: la juventud se detuvo en las máquinas




"Un tornillo cayó al suelo / en su negra noche de horas extra. / Cayó vertical y tintineante / pero no atrajo la atención de nadie, / igual que aquella última vez, / en una noche como ésta, / en la que alguien se lanzó al vacío".
Los versos, escritos por el poeta Xu Lizhi en 2013, se corporizaron en él: Xu se quitó la vida el 30 de septiembre de este año al arrojarse por la ventana de su dormitorio en la ciudad de Shenzhen. Tenía 24 años.
Su historia es la de muchos: fue uno de las decenas de obreros de Foxconn -la compañía que ensambla en China el iPhone- que se mataron desde 2010 por la explotación feroz en sus plantas.
Foxconn es el mayor fabricante global de componentes electrónicos. La firma es la mayor tercerizada del planeta. Instalada en China, emplea 1,4 millones de trabajadores, distribuidos en 28 centros de trabajo (Prensa Obrera, 21/2/13). En Shenzhen son 800 mil.
Cuentan que Xu Lizhi escribía poesía en sus ratos libres. Que nació en un pueblo de la sureña provincia de Cantón. Que viajó a la ciudad, para buscar trabajo, como millones de jóvenes de su edad. Que en 2011 consiguió ingresar en Foxconn (EFE, 29/11).
Sus versos hablan de la vida en la fábrica. De la explotación en la fábrica. Pero sus líneas también hablan del cielo. De mirar otra vez el mar. De subir una montaña. De querer ser libre. Sus poemas -el sentido de creación- empuñaron ese intento de pronunciar la vida. Su poesía fue la rebelión.
La rebelión, en Foxconn, no sólo se expresa en la poesía de jóvenes obreros como Xu. En China, las huelgas han aumentado casi un tercio en el primer trimestre de 2014 respecto al año anterior (ABC, 21/4) pasando por encima de la contención de las burocracias de los sindicatos. En abril de este año, por ejemplo, hubo una gran huelga por aumento salarial contra el fabricante de zapatillas Yu Yuan (tercerizada de Nike, Adidas, Reebook, etc.), en siete de sus diez plantas. En octubre, también lo hicieron los propios trabajadores de la Foxconn (EFE, 10/10).
Tras la ola de suicidios de 2010, el dueño de Foxconn dispuso un aumento salarial del 30%, entre otras medidas, que buscaron ser un dique de contención a la enorme presión obrera. Lo mismo sucedió en 2013 con el planteo de esta patronal (junto con el gobierno y las burocracias gremiales) de que se eligieran delegados en el conjunto de las plantas.
Pero la explotación siguió. Tras la jornada laboral, Xu Lizhi volvía una y otra vez a su dormitorio de trabajadores (se trata de "ciudades-empresas"). Como aquella vez, en 2013, donde anotó: "Soy como un muerto / que abre lentamente la tapa del ataúd". La opresión no tiene adjetivos.
La noche anterior a quitarse la vida dejó un último poema: "Quiero mirar otra vez el mar, observar la inmensidad de las lágrimas de media vida. / Quiero subir otra montaña, tratar de devolver la llamada al alma que he perdido. / Quiero tocar el cielo, sentir el tono azulado tan ligero. / Pero no puedo hacer nada de esto, así que estoy dejando este mundo".
Se mató a finales de septiembre. No hubo mares. No hubo cielos. No hubo nada. Sólo la muerte y las condiciones de explotación que la aceleraron. El poeta escribió: "La juventud se detuvo en las máquinas, murió antes de tiempo". A Xu Lizhi lo trepó la muerte pero no el olvido. Un trabajador de Foxconn le dedicó un poema: "Vos morís en mi lugar, y yo sigo escribiendo en el tuyo".
Tras el suicidio, amigos y compañeros del joven poeta decidieron recopilar sus poemas, traducirlos al inglés y publicarlos en internet, donde en las últimas semanas se han convertido en todo un símbolo para muchos jóvenes obreros emigrantes como Xu (ídem anterior).
En su poesía late el porvenir.

Daniel Mecca

Cuba: ¿socialismo de mercado o socialismo con mercado?



jueves, 11 de diciembre de 2014

Imperialismo hacia fuera y hacia adentro




Análisis de las editoriales de algunos de los principales diarios del mundo. El New York Times sobre EEUU en Afganistan.The Guardian/The Observer de Londres sobre la quiebra del sistema judicial norteamericano. Frankfurter Allgemeine Zeitung sobre la llegada de Die Linke al gobierno en Turingia.

Reincidiendo en Afganistán. El editorial del New York Times de hoy escribe que Obama de alguna manera está replanteándose su estrategia en Medio Oriente, dando un nuevo golpe de timón a lo que había decidido poco tiempo atrás.
“Nadie parecía más decidido a sacar a los Estados Unidos de Afganistán que el presidente Obama. ‘Es tiempo para dar vuelta la página’, dijo en mayo cuando anunció planes para reducir las fuerzas estadounidenses a 9.800 soldados para finales de diciembre, hasta llegar a una retirada total a finales de 2016. Ese objetivo parecía encaminarse… hasta hoy. El giro reciente del Sr. Obama y otros acontecimientos parecen estar llevando a EE.UU de nuevo hacia la guerra de Afganistán, un gran error.”
Obama autorizó un plan militar en Afganistán para 2015 de más alcance que el que se había estipulado originalmente. Esto incluye la entrada en combate nuevamente de tropas norteamericanas contra los talibanes. Sus órdenes también permiten la utilización de drones y cazas norteamericanos como apoyo de misiones de las tropas afganas. Antes de este giro, Obama había dicho que las tropas que había autorizado solamente se emplearían en operaciones de contraterrorismo contra grupos radicales islámicos.
Los nuevos planes de Obama llevarán al número de tropas desplegadas en Afganistán, incluyendo a contingentes adicionales de los países miembros de la OTAN, a un número entre 12 mil y 14 mil. Sin embargo, las tensiones en los países europeos sobre su involucramiento en misiones norteamericanas podría hacer que tal vez no lleguen esos refuerzos y EE.UU tenga que mantener permanentemente sus tropas allí e incluso desplegar más.
“[Obama] debe resistir el consejo de los comandantes militares, que presionan nuevamente para tener una mayor participación. No fueron capaces de derrotar a los talibanes cuando había más de 100.000 soldados norteamericanos en el país; no hay ninguna razón para pensar que una fuerza estadounidense tan limitada vaya a tener más efectividad ahora.”
El NY Times plantea que las razones por las cuales Obama podría haber dado este giro ante la crisis estatal brutal de Medio Oriente, donde surgió el Estado Islámico en Irak a partir de la crisis del ejército iraquí, donde gran parte de este se pasó a las filas del ISIS. El NY Times plantea que la única solución viable es el entrenamiento de las fuerzas represivas locales por parte de los norteamericanos, para que las primeras se hagan cargo de lidiar con los talibanes y el islamismo radical. El problema de EE.UU sigue siendo su sobre-extensión como fuerza represiva y ejército de ocupación mundial, mientras que le siguen apareciendo nuevos focos de conflicto que debe atender. Al mismo tiempo, desconfía de la capacidad de los ejércitos locales para lidiar con estas amenazas, habida cuenta de que el llamado “terrorismo islámico” no solo provino de fuerzas inicialmente financiadas por EE.UU contra sus antiguos rivales, sino que además se alimenta de la descomposición estatal de Medio Oriente.
El editorial de The Guardian/The Observer de Londres de hoy se dedica a “la quiebra del sistema de justicia norteamericano”. Se refiere a la actuación de la justicia, demostrando una evidente orientación racista, y toma como casos ejemplares los de las reacciones tras la absolución de Darren Wilson por el fusilamiento de Michael Brown en Ferguson, el mes pasado el fusilamiento de un niño negro de 12 años, Tamir Rice, en Cleveland, y en estos días el caso de Eric Garner, quien murió en Nueva York tras ser asfixiado por policías.
“No fueron las circunstancias que rodearon la muerte de Garner las que provocaron las manifestaciones callejeras en Nueva York y en otros lugares, sino la decisión incomprensible del jurado de no presentar cargos contra el agente de policía, Daniel Pantaleo, cuyo estrangulamiento, grabado en video, fue lo que lo mató. Una decisión similar en Ferguson de no procesar a Darren Wilson, que le disparó a Brown, también provocó llamados a reformar la justicia. Incluso en un país fuertemente armado y con una enfoque extrañamente permisivo hacia la violencia armada, esta confluencia de tres injusticias letales y de mucha repercusión tuvieron un impacto sorprendente. El sistema de justicia de Estados Unidos hizo famoso en el mundo la frase "tres strikes y estás fuera". Sobre esta base, deberían rodar varias cabezas. ¿No debería haber alguien que pague por todo esto? Al parecer no. La respuesta oficial a los asesinatos, tanto de Barack Obama como del fiscal general, Eric Holder, ha sido dilatoria, desapasionada y decepcionante. El presidente se muestra abatido en estos días posteriores a las elecciones de medio término.”
La respuesta del Guardian es que Obama debería hacer suyo el programa de reformas de la justicia levantado por los manifestantes de Ferguson. El punto central del manifiesto es el llamado a Obama a iniciar “un plan de acción nacional por la justicia racial”. Sin embargo, habría que decir, el problema de la reforma de la justicia y de las fuerzas represivas norteamericanas está en que, lejos de tratarse solamente de un problema de discriminación racial, el sistema la combina además con una justicia abiertamente clasista. Es la manifestación fronteras adentro de cómo actúa al Estado norteamericano como gendarme imperialista en el exterior, la contraparte necesaria del amurallamiento y la militarización de la frontera con México y de la existencia de campos de concentración como la base cubana de Guantánamo.
En el Frankfurter Allgemeine Zeitung la noticia más destacada se refiere a las repercusiones de la muy discutida llegada al poder del primer gobernador de un estado alemán perteneciente al partido Die Linke, Bodo Ramelow (el título propiamente es el de “ministro-presidente”, elegido por las legislaturas locales, a la manera del primer ministro a nivel nacional). Ramelow es desde el viernes gobernador del estado de Turingia, que hasta 1989 formó parte de la antigua Alemania Oriental. El gran escándalo fue armado por medios y sectores movilizados de la derecha, ya que el partido Die Linke es el sucesor aggiornado del antiguo Partido Socialista Unificado (SED), estalinista, que gobernó con una brutal dictadura burocrática que llegó a tener uno de los servicios de espionaje contra sus ciudadanos más numerosos del mundo, la Stasi, un equivalente de la KGB soviética. Esto llevó a la derecha a montar una campaña sobre la “vuelta al comunismo”, en un país como Alemania Federal (legalmente la antigua Alemana Oriental se disolvió para integrarse a la entidad estatal de la antigua Alemania Occidental), que luego de la Segunda Guerra Mundial se refundó en base a un mito de ser una democracia cuyo objetivo era superar a los “dos totalitarismos” locales, es decir, al nazismo y al régimen estalinista de la RDA, considerado como la expresión del “comunismo.”
Concretamente, el redactor del Frankfurter Allgemeine Zeitung habla de la desmentida, por parte de la democracia cristiana (CDU, el partido de la primer ministro Angela Merkel) local de haber formado una alianza con el partido populista de derecha AfD (Alternativa por Alemania) para intentar frenar la llegada al poder de Ramelow y Die Linke al gobierno de Turingia. La AfD es un partido que ha surgido en el último año al calor del fortalecimiento de las corrientes xenófobas y anti-europeas en el continente, como en Francia con el Front National de Marine Le Pen y en Gran Bretaña con el UKIP de Nigel Farage, entre otros. La AfD intenta ser la expresión electoral “moderna” que agrupe a las varias corrientes ultraderechistas que se expresan desde las distintas corrientes racistas y cercanas a los neonazis hasta el movimiento de hooligans o “barrabravas” que se manifiestan contra los inmigrantes, particularmente los provenientes de los países islámicos. Die Linke ya ha co-gobernado en distintos estados junto con la socialdemocracia aplicando recetas neoliberales, por lo cual no representa ningún peligro para el capitalismo alemán (el principal lema de campaña de Ramelow fue “No hay que cambiar todo el sistema, solamente debemos hacer las cosas mejor”). A Ramelow, que durante la existencia de las dos Alemanias por separado fue un ciudadano del sector occidental, los servicios de inteligencia lo consideran un antiguo agente de la RDA. Sin embargo, el escándalo sobre el caso Ramelow es un anticipo de las reacciones del Estado alemán ante un posible giro a izquierda dentro del electorado alemán, junto con una polarización incipiente hacia la derecha como podría encarnar un crecimiento electoral de corrientes como la AfD.

Guillermo Iturbide

La CIA y el imperio de la tortura




El martes 9 de diciembre se conoció un primer informe del Comité de Inteligencia del Senado norteamericano sobre la investigación del programa de interrogatorios de la CIA, llevado adelante entre 2001 y 2009, como parte de la llamada “guerra contra el terrorismo”. En algo más de 500 páginas se detallan no solo métodos aberrantes de tortura sino también el entramado político nacional e internacional que le dio legitimidad.

Submarino. “Walling” (que consiste en estrellar a una persona contra una pared). Golpes. Hidratación y alimentación rectal. Privación del sueño. Posiciones de estrés. Temperaturas extremas. Estas y otros crímenes atroces se pueden leer en el informe desclasificado del Comité de Inteligencia del Senado, apenas una décima parte de las 6500 páginas aun clasificadas, obtenidas a partir de la investigación de unas 6 millones de páginas de documentos de diversas agencias y departamentos del gobierno norteamericano, bajo la presidencia de George W. Bush. Además, nos enteramos de que la CIA contrató psicólogos a quienes les hizo un contrato por 180 millones de dólares, para que asesoraran sobre los métodos más adecuados de tortura psíquica para liquidar la voluntad de los detenidos y someterlos completamente a sus captores.
La lectura del catálogo de torturas a los que la CIA sometió a prisioneros sospechados de terroristas produce naturalmente una suerte de deja-vu por estas tierras. Los pueblos de América Latina sufrieron en carne propia el accionar de los dictadores en la década de 1970-1980, que como sabemos, se formaron en la academia de torturadores de la CIA, llamada “Escuela de las Américas”. Sin embargo, mientras que los militares latinoamericanos aplicaron los métodos de terrorismo de Estado contra una parte de la población nacional, la CIA los reserva, fundamentalmente, para ciudadanos extranjeros, a excepción por supuesto de resonados magnicidios como el asesinato del presidente Kennedy. En este caso se trata de musulmanes apresados en países como Pakistán, Afganistán o Gran Bretaña y torturados en cárceles clandestinas y bases militares fuera del territorio de Estados Unidos.
Se puede decir, con razón, que no hacía falta esperar este informe para saber que la tarea de la CIA es liquidar toda amenaza a los intereses norteamericanos en cualquier lugar del mundo. Creada por el presidente Truman en 1947 como una herramienta fundamental de la Guerra Fría y la “lucha contra el comunismo”, sus operaciones encubiertas son innumerables: golpe de estado contra Arbenz en Guatemala en 1954, la invasión a Cuba en Bahía de Cochinos en 1961, el asesinato del Che Guevara en Bolivia, el golpe contra Allende en Chile en 1973, armamento de los contra en Nicaragua para derrocar al Frente Sandinista en 1981, escándalo Irán-Contras, intervención en la guerra civil de El Salvador, o su rol en el sangriento Plan Cóndor, para dar solo algunos ejemplos de su accionar en América Latina.
A raíz de este escándalo, un medio dio a conocer una investigación que estima que hasta 1987, 6 millones de personas habían muerto como resultado de operaciones encubiertas de la CIA, lo que un exfuncionario del Departamento de Estado llamó el “holocausto americano”.
Indudablemente esto es así. Sin embargo, el temor es que, aun en forma limitada, esta exposición pública de los crímenes de Estados Unidos produzca un efecto potenciado de odio y, seguramente, de antinorteamericanismo en diversos lugares del mundo. Por eso el presidente Obama demoró más de dos años la publicación del reporte e hizo causa común con la CIA hasta último momento para censurarlo, a pesar de que el Comité que lo elaboró está presidido por una senadora demócrata.
No solo la revelación es escandalosa, sino también la hipocresía del Estado norteamericano, su personal político y los medios liberales “bienpensantes”.
Tanto en el Congreso como en los principales medios, uno de los argumentos de peso es que la tortura en realidad es ineficiente.
En la edición del 9 de diciembre, el diario New York Times publicó una editorial “políticamente correcta” repudiando el accionar terrorista del Estado, pidiendo que se juzgue a los responsables de estos crímenes. Llega incluso a denunciar el principal argumento que usó el gobierno de Bush para justificar la tortura como un método necesario para resguardar la seguridad nacional después de los atentados del 11S.
Lo que no dice es que medios como New York Times y Washington Post no solo fueron entusiastas propagandistas de las guerras de Irak y Afganistán bajo Bush, sino que recibieron y publicaron artículos basados en información de la CIA para demostrar la eficiencia de estos mismos métodos, para crear una corriente favorable a la tortura en el marco del trauma de los atentados contra el World Trade Center. Incluso desde las páginas de ese mismo diario, un columnista llama a Obama a “perdonar a Bush y a quienes torturaron”, como Gerald Ford hizo con Nixon luego del escándalo de Watergate.
El Comité de Inteligencia del Senado, que hasta enero tiene mayoría demócrata, condena las torturas diciendo que son ilegales e inmorales y acusa a la CIA de haber ocultado al Congreso el verdadero carácter brutal de sus “interrogatorios reforzados”. También denuncia a la benemérita Agencia por haber falseado la realidad, diciendo que estos métodos ayudaron a atrapar a terroristas –notablemente Bin Laden- y a “salvar vidas”, cuando después admitió que el problema con la tortura es que no dio ninguna información de inteligencia útil para la “guerra contra el terrorismo”.
Sin embargo, no nombra ni a un solo responsable político de esta banda de torturadores, empezando por el presidente George W. Bush que firmó la autorización para este tipo de interrogatorios días después de los atentados contra las torres gemelas. Tampoco hay siquiera un llamado a castigar estos crímenes aberrantes.
Los republicanos, como era de esperar, salieron abiertamente, a excepción de McCain, a defenestrar el informe, reivindicando todo lo actuado. El presidente Obama no disimuló y reconoció la “profunda deuda” que Estados Unidos tiene con la CIA antes de decir que las “técnicas” empleadas están en contra de los “valores” y la “moral” y que dañan la imagen internacional del país, pensando en que se hace menos creíble aun sus guerras imperialistas en Irak, Afganistán y ahora Siria en nombre de los derechos humanos.
Desde el 11S se vienen fortaleciendo las instituciones de control social, con un un ataque sostenido contra derechos democráticos elementales, con un estado cada vez más vigilante que espía a los ciudadanos, con policías cada vez más militarizadas y bravas, que asesina a jóvenes afroamericanos como en Ferguson
Difícilmente se pase del escándalo al castigo de algún responsable. Tanto los demócratas como los republicanos defienden que la CIA está formada por hombres y mujeres sacrificados, que se ven obligados a realizar el trabajo sucio para que el conjunto de los norteamericanos puedan gozar de su “libertad”. Pero lo que está en juego para la CIA no es la “libertad” y la “democracia” sino los intereses imperialistas de su clase dominante. Por eso la defensa de la CIA es una razón de estado.

Claudia Cinatti

martes, 9 de diciembre de 2014

A un año de la muerte de Nelson Mandela




Un año ha pasado desde la muerte de Nelson Mandela. Su funeral, transmitido a todo el mundo, fue un acto de cinismo mayúsculo, la reivindicación de Mandela por parte de los representantes de los gobiernos imperialistas, como Barak Obama, busco ocultar el papel que cumplieron durante el Apartheid apoyando durante décadas el régimen racista que les garantizaba fabulosas ganancias.

En Sudáfrica se dieron nuevas manifestaciones y actos recordando a quien fue una de las figuras del siglo XX, aunque menores comparados con el enorme luto de millones de trabajadores y pobres de Sudáfrica cuando conocieron la muerte de quienes ellos identifican como uno de los pilares de la lucha contra el Apartheid. Mandela representó para millones la lucha de los negros en Sudáfrica contra el régimen racista que rigió en el país por casi cincuenta años. Los 27 años en las cárceles del régimen le dieron la autoridad sobre millones que se movilizaban.
Aún hoy se utiliza la figura de Mandela para revindicar que firmó el pacto con el gobierno blanco De Klerk (y el aval del imperialismo), que impuso un fin ordenado y pacífico al Apartheid. El que buscó la “paz y unidad nacional” y puso en funcionamiento (durante su mandato como Presidente) la Comisión para la Verdad y la Reconciliación que garantizó la impunidad a los autores de los crímenes racistas y la violación de derechos humanos, dejándolos libres de culpa y cargo simplemente por reconocer sus actos, como forma de lograr la “pacificación nacional”.
Se lo utiliza para mostrar a millones de oprimidos que el camino es la conciliación, la búsqueda de la reforma dentro del régimen que oprime y explota a millones.
Su elección como primer presidente negro en Sudáfrica representando al Congreso Nacional Africano (CNA) y la Triple Alianza (alianza entre CNA, el Partido Comunista (PCSA) y la central sindical COSATU) fue la culminación de su lucha y al mismo tiempo lo que permitió que en Sudáfrica la caída del Apartheid, jaqueado por las movilizaciones obreras y populares, no se diera en forma revolucionaria.
Mandela luchó por la caída del Apartheid para lograr la igualdad de oportunidades de negros y blancos, para lograr la “libertad” dentro del marco del capitalismo. Para Mandela y para los dirigentes de la Triple Alianza la construcción de la democracia en Sudáfrica daría la oportunidad de terminar con la pobreza y la explotación que sufría la mayoría de la población. En sus discursos decían que la caída del Apartheid incluiría la nacionalización de las minas en manos de empresas imperialistas, la garantía de los servicios básicos para la mayoría de la población pobre y la respuesta a las demandas democráticas de la mayoría trabajadora y popular.
Lejos de esto, el gobierno de la Triple Alianza fue el que garantizó la estabilidad capitalista y, sobre todo desde la segunda presidencia del CNA (Thabo Mbeki), la aplicación de los planes neoliberales, las privatizaciones y la entrega de las riquezas nacionales al imperialismo a cambió de transformarse en socios menores de las multinacionales. Esto permitió que surja un sector minoritario de la población negra (que incluye a los propios burócratas sindicales mediante el control de las empresas tercerizadas, como ocurre en el sector minero) que se benefició con el fin del régimen del Apartheid y dio lugar a una nueva élite y burguesía negra, mientras para la mayoría negra (80% de la población) las condiciones sociales fueron las mismas, viviendo en ciudades hacinados, con la desocupación que llega al 25% y con condiciones laborales de explotación.
A un año de su muerte, lo que a pocos les agrada es que Mandela representó para millones de trabajadores y explotados de Sudáfrica el cuestionamiento y la lucha por terminar con la explotación capitalista de la burguesía blanca y el imperialismo sobre las grandes mayorías en Sudáfrica, aunque este no fuera el objetivo de su lucha.
Ese “sueño” de millones todavía queda por cumplirse, y será de las propias manos de los trabajadores y el pueblo pobre que se pueda cumplir.

Diego Sacchi
@sac_diego

Video exclusivo de la Liberacion del general Alzate capturado por las FARC