viernes, 6 de diciembre de 2013

Fallece el expresidente sudafricano Nelson Mandela, icono de la lucha contra el apartheid




El expresidente de Sudáfrica Nelson Mandela, ha fallecido este jueves a los 95 años, según ha anunciado el actual mandatario, Jacob Zuma, en un discurso a la nación.
«Queridos sudafricanos, nuestro amado Nelson Rohlihla Mandela, padre fundador de nuestra nación democrática, ha fallecido», ha proclamado Zuma. El antiguo mandatario ha muerto «en paz» y «en compañía de su familia» en torno a las 20.50 horas.
«Nuestro país ha perdido a su mejor hijo», ha lamentado Zuma, quien ha anunciado que las banderas ondearán a media asta en homenaje al líder contra el apartheid hssta después del funeral de Estado, para el que no ha establecido fecha.
«Aunque sabíamos que este día llegaría, nada puede mitigar la profunda pérdida. Su incansable lucha por la libertad le hizo ganarse el respeto del mundo», ha destacado el presidente sudafricano, que también ha recordado los «sacrificios» de su predecesor, así como su «humildad» y su «humanidad».
Zuma ha agradecido a ‘Madiba’ haber trabajado por una sociedad «en la que nadie sea explotado, oprimido o desposeído por otro» y ha instado a la población a permanecer unida en el recuerdo del que fuera premio Nobel de la Paz, considerado un símbolo para el país. «Descansa en paz, Dios bendiga África», ha proclamado para concluir.

Fundación Mandela

Por su parte, la Fundación Mandela ha señalado en un mensaje de Twitter que «la muerte es inevitable».
«Cuando un hombre hace lo que considera que es su deber con su pueblo y con su país, ya puede descansar en paz. Nuestro país ha perdido a su mejor hijo».

El largo camino de la libertad

La vida de Nelson Mandela está estrechamente ligada a la evolución de la política en Sudáfrica: fue todo un líder en la lucha contra el régimen del apartheid, pagó largos años de cárcel a causa de su compromiso y, finalmente, fue elegido presidente. Esta cronología recoge los hechos más relevantes en la vida de una de las figuras más importantes del siglo XX.

1918.- 18 de julio: Rolihlahla Dalibhunga Mandela nace Mvezo una aldea de 300 habitantes de la Provincia Oriental del Cabo. Es uno de los trece hijos que su padre, Gadla Henry Mphakanyiswa, analfabeto, nieto de rey y notable del clan Madiba de la etnia xhosa, tiene con sus cuatro esposas.

1927.- Tras la muerte de su padre, Rolihlahla (que significa literalmente «tirando de la rama de un árbol») queda al ciudado del regente de la tribu thembu, David Jongintaba Dalindyebo, quien procura al pequeño la educación primaria y secundaria en sendas instituciones metodistas con el fin de formarle como dirigente de su comunidad étnica. Su profesora de primaria, una misionera británica, le puso en clase el nombre anglófono Nelson, que posteriormente adquirió validez legal.

1939.- Inicia los estudios de Derecho en Fort Hare University College, la única del país reservada para estudiantes no blancos, en Ciudad del Cabo. Allí se inicia en la actividad política y conoce a Oliver Tambo, futuro presidente del Congeso Nacional Africano (CNA –ANC en inglés–).

1940.- Es expulsado del centro académico por participar en una huelga de estudiantes. Se traslada a un suburbio de Johannesburgo para evitar un matrimonio tribal concertado por su padrino. Trabaja como vigilante en una mina de oro. Entra en contacto con el activista político antiapartheid. Conoce a Walter Sisulu, miembro histórico del CNA, que le introduce como oficinista en un despacho de abogados blancos. Entra en contacto con el activismo político antiapartheid.

1942.- Se gradúa en Derecho por correspondencia.

1944.- Ingresa en el CNA, una de las principales organizaciones que luchan contra la segregación racial en Sudáfrica. Se casa con la prima de Sisulu, Evelyn Mase, con quien tendrá cuatro hijos (dos niñas y dos niños). Bajo el liderazgo intelectual de Anton Lembede, funda junto a un grupo de jóvenes la Liga Juvenil del CNA, dispuesto a transformar la organización en un movimiento de masas más radical.

1948.- En las elecciones restringidas (con exclusión de la población negra) resulta vencedor el Partido Nacional, que institucionaliza la segregación racial. Mandela es nombrado secretario general de la Liga Juvenil de CNA. Tres años más tarde, debido a su prestigio y trabajo, es nombrado presidente de la misma.

1949.- El CNA aprueba y pone el marcha el «Programa de Acción» contra el apartheid elaborado por un comité del que forma parte Mandela. Se propugna la desobediencia civil y la resistencia pacífica como principales métodos de lucha. Aboga, además, por la igualdad jurídica, la redistribución justa de la tierra y la riqueza, la educación y la sanidad universales y la instauración de un sistema representativo democrático y no racial. Es adoptado como política oficial del CNA.

1952.- El CNA lanza la «Campaña de desafío a las leyes injustas». Mandela participa en el primer acto de desobediencia civil mediante el desacato al toque de queda. Recorre el país para organizar la resistencia al sistema. Es arrestado y procesado por infringir la Ley de Represión del Comunismo. Es condenado a nueve meses de prisión y trabajos forzados. La sentencia queda en suspenso durante dos años a cambio de la prohibición de participar en actos públicos y ejercer cargos políticos, y de un confinamiento de seis meses en Johannesburgo. Estas proscripciones son renovadas sucesivamente hasta 1958, pero continúa dirigiendo el movimiento de forma clandestina. Abre con Oliver Tambo el primer bufete de abogados para negros que ofrece asistencia legal a bajo coste a quienes de otra manera no podrían obtenerla. Es el primer despacho negro del país con licencia y es hostigado por las autoridades hasta su cierre en 1956.

1955.- El CNA aprueba la «Carta de la libertad», un informe que propugna una sociedad democrática, libre y multirracial y se convierte en el programa ideológico del movimiento. Crecen las tensiones entre la dirección histórica y los jóvenes «africanistas» que reclaman mayor radicalidad.

1956.- Es detenido junto a otros 155 miembros del CNA, acusados de alta traición. Tras un periodo de prisión, queda en libertad en espera de la culminación del proceso años más tarde.

1957.- Se divorcia formalmente de Evelyn Mase, de quien ya se había separado dos años antes. Un año más tarde se casa con Nomzamo Winnie Madikizela, con quien llega a tener dos hijas, y que a diferencia, de Mase, sí se implica activamente en la lucha de liberación.

1959.- La mayoría de la corriente «africanista» del CNA se separa para formar el Congreso Panafricano (PAC).

1960.- Masacre de Sharpeville, en el Transvaal: El 21 de marzo, la Policía abre fuego contra una multitud que denunciaba el apartheid, mata a 69 personas y deja más de 180 heridos. En los días posteriores, el Gobierno segregacionista de Hendrik Verwoerd instaura el estado de emergencia, ilegaliza el CNA y detiene a más de once mil personas. La ola de represión desata una marea de protestas en todo el mundo. El PAC comienza la resistencia armada. Mandela es absuelto en el juicio por traición y pasa a la clandestinidad.

1961.- Se reabre el debate sobre la eficacia de los métodos de lucha. Mil cuatrocientos delegados del CNA celebran la Conferencia Panafricana en Pietermaritzburg, en la que Mandela propugna la creación de Umkhonto we sizwe (La Lanza de la nación), organización armada inspirada en el modelo del Irgun israelí, que tras ser aprobada, él mismo liderará como comandante en jefe. Comienzan los actos de sabotaje contra los intereses blancos y los preparativos para una posible guerrilla. Durante meses vive esquivando constantemente a la Policía recurriendo a todo tipo de tretas, lo que le vale el sobrenombre de «Pimpinela negro».

1962.- Mandela viaja al exterior con un pasaporte etíope falso. Se reúne con líderes políticos de todo el continente y visita Londres; en su camino va reclutando compatriotas para la organización armada y todos reciben instrucción militar en Argelia. La guerrilla será especialmente activa en la década de los ochenta, cuando Mandela permanece ya en prisión condenado a cadena perpetua. A su vuelta a Sudáfrica es detenido en Natal gracias a la colaboración de la CIA con el Gobierno racista. Es juzgado y condenado a cinco años de prisión por dirigir una huega general en 1961 y abandonar el país de manera ilegal.

1963.- La Policía detiene en una granja de Rivonia, al norte de Johannesburgo, a destacados líderes del CNA y de Umkhonto we sizwe. La Fiscalía extiende la causa también a Mandela, a quien suma los cargos de «sabotaje», «terrorismo», «conspiración para derrocar al Gobierno» e «invasión de fuerzas extranjeras». Es trasladado a la prisión de máxima seguridad de Robben Island, emplazada en una pequeña isla en el mar a once kilómetros de Ciudad del Cabo. En noviembre comienza el conocido como «juicio de Rivonia».

1964.- Durante el juicio, junto a siete altos dirigentes del CNA y del Partido Comunista de Sudáfrica (PCSA), Mandela argumenta el recurso a la violencia tras agotarse las vías pacíficas y pronuncia el famoso alegato de defensa «Estoy preparado para morir por un ideal». Este mismo año es nombrado presidente del CNA. El 12 de junio, todos los acusados excepto uno son condenados a cadena perpetua. Mandela es encerrado en un módulo de aislamiento con el número de prisionero 466/66 en Robben Island. Desde la prisión, comienza a convertirse en el símbolo de la lucha contra el apartheid y un referente internacional.

1969.- Las severas condiciones de reclusión a que es sometido impiden incluso que el preso sea conducido al funeral de su hijo mayor, Thembi, muerto en un accidente de circulación. Las visitas autorizadas de su esposa e hijos son limitadísimas.

1973.- La ONU declara el apartheid crimen contra la Humanidad.

1976.- El 16 de junio, miles de estudiantes negros realizan una marcha contra la obligación de estudiar en afrikaner. La Policía disuelve las concentración matando a 23 niños y adolescentes. Los disturbios se extienden en todo el suburbio y el país durante las próximas horas y días. La cifra de muertos supera los quinientos. Hay también miles de heridos.

1977.- Winnie Mandela es confinada por el Gobierno a la aldea de Brandfort, donde permanece hasta 1985.

1980.- Comienzan las campañas internacionales para su liberación.

1982- Junto con otros condenados de Rivonia, es trasladado a la prisión de máxima seguridad de Pollsmoor, también en Ciudad del Cabo, donde las condiciones se suavizan ligeramente. En el exterior, tanto la represión como la resistencia civil y armada se incrementan.

1985.- El Gobierno de Piether Botha intenta un acercamiento con el CNA a través de Mandela en prisión. Le ofrece la redención de la condena a cambio de renunciar a la violencia y aceptar la independencia de los bantustanes (territorios negros teóricamente autónomos, rechazados por todas las instituciones internacionales). Mandela se niega en rotundo a negociar a cambio de su libertad. Primeros contactos secretos para establecer negociaciones.

1986.- Comienzan los contactos con el ministro de Justicia, Kobie Coetsee, y continúan con Gerrit Viljoen, ministro de Desarrollo Constitucional, y con Niel Bernard, jefe del Servicio Nacional de Inteligencia. Mandela rehúsa una y otra vez las precondiciones, pero los contactos secretos se mantienen.

1987- El dirigente del CNA Govan Mbeki es puesto en libertad. Tiene lugar el primer encuentro formal con negociadores gubernamentales.

1988.- El 70º cumpleaños de Mandela es celebrado en todo el mundo, en particular en Londres, con un macroconcierto musical que es retransmitido a 67 países. En octubre, Mandela contrae tuberculosis. Tras su hospitalización es trasladado a la prisión de Victor Verster, cerca de Ciudad del Cabo, donde dispone de una casa privada con piscina, jardín y cocinero particular para facilitar su convalecencia y el clima de distensión.

1989.- El 4 de julio se entrevista con el presidente Piether Botha en su despacho, lo que provoca una controversia política en el movimiento antisegregacionista. El 13 de noviembre se reúne con el nuevo presidente, Frederick De Klerk.

1990.- El 2 febrero vuelve a ser legalizado el CNA. El 11 de febrero es puesto en libertad Nelson Mandela tras 27 años de prisión. El 2 de marzo es elegido vicepresidente del CNA.

1991.- Es nombrado presidente del CNA por aclamación, en sustitución de Oliver Tambo.

1993.- Le es concedido el premio Nobel de la Paz junto al presidente Frederick De Klerk, quien deroga las leyes segregacionistas y acuerda con el CNA un gobierno de transición.

Discurso pronunciado por Nelson Mandela en la ceremonia de entrega del Premio Nobel el 10 de Diciembre de 1993.

1994.- Las primeras elecciones multirraciales de la historia sudafricana dan la victoria a Nelson Mandela por mayoría absoluta. Es el primer presidente negro de Sudáfrica, pone en marcha una política de reconciliación nacional, nombra vicepresidente a De Klerk e intenta atraer al sistema al renuente movimiento zulú Inkhata.

1996.- Se divorcia de Winnie.

1997.- Anuncia el relevo del liderazgo del CNA y comienza su retirada paulatina de la política.

1998.- Contrae matrimonio con la mozambiqueña Graca Machel, viuda de Samora Machel, antiguo presidente de Mozambique.

1999.- Aquejado ya de un cáncer de próstata, el 16 de culmina su mandato como presidente de la República y da paso a su sucesor, Thabo Mbeki. Se retira de la vida política. Desde entonces es reconocido con numerosos galardones y atenciones internacionales y se dedica a las tareas de tres fundaciones dedicadas a la promoción del diálogo, la memoria y la educación.

2008.- El Congreso de Estados Unidos decide retirar de su lista de «terroristas» bajo vigilancia a Nelson Mandela y al Congreso Nacional Africano. Esta clasificación estaba vigente incluso cuando Mandela visitó el país norteamericano en 1994 en calidad de presidente de Sudáfrica.

2013.- Fallece en Johannesburgo, a los 95 años de edad.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

El Estado y la revolución hoy




La cuestión del Estado ha sido siempre fundamental para los marxistas, siendo tema central de algunos de los textos más importantes del marxismo, como El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado de Federico Engels y El 18 Brumario de Luis Bonaparte de Marx. Pero sin duda alguna, la obra que mejor explica la esencia de la teoría marxista del Estado es El Estado y la revolución de Lenin, uno de los escritos más importantes del siglo XX.
Curiosamente, la cuestión del Estado, pese a su enorme importancia, es algo que normalmente no ocupa la atención de los obreros, incluso de los más avanzados. Este hecho no es ninguna casualidad. El Estado no tendría ninguna utilidad para la clase dominante si la gente no creyese que se trata de algo inocuo, imparcial, por encima de los intereses de las clases o personas, o algo que simplemente “está ahí”. Por lo tanto, no les interesa en absoluto atraer la atención de las masas a lo que realmente representa esta institución. Cualquier discusión seria sobre la misma es considerado algo fuera de lugar, inaceptable, como pegar gritos dentro de una iglesia. La constitución, la monarquía, el ejército, la “Justicia”... son prácticamente tabú en la política del actual sistema que se autodenomina “democracia”. Al fin y al cabo, el Estado “es de todos”, ¿no es así?
El marxismo nos enseña que el Estado, es decir todo Estado, es un instrumento para la opresión de una clase por otra. Por lo tanto, el Estado no puede ser neutral. Ya en El Manifiesto Comunista, Marx y Engels explican que “el gobierno del Estado no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa”. (Marx y Engels, El Manifiesto Comunista, pág. 41. Fundación de Estudios Socialistas Federico Engels.) Y realmente es así. Bajo un régimen de democracia burguesa formal, cada uno puede decir (más o menos!) lo que quiere, pero los bancos y los grandes monopolios deciden lo que va a pasar. Dicho de otra forma, la democracia burguesa es solamente otra manera de expresar la dictadura del gran capital.
Eligiendo sus palabras muy cuidadosamente, Lenin caracteriza el Estado como “un poder situado aparentemente por encima de la sociedad”. Esta apariencia de “legalidad imparcial”, de la “justicia para todos”, etc. está santificada por la Iglesia y la moralidad existente. El famoso escritor francés Anatole France habla de la majestuosa imparcialidad de la Ley, que concede igualmente a los ricos y a los pobres el derecho de pasar hambre y de dormir debajo de puentes. Detrás de la fachada de imparcialidad, se ocultan los intereses de clase. No obstante, en períodos normales la gente se acostumbra a aceptarla sin cuestionar nada. Les parece normal e inmutable. Esto es comprensible puesto que nace con ella, y les rodea durante toda la vida. Sólo en momentos de graves crisis que sacuden la sociedad hasta sus cimientos, la gente empieza a romper con el peso muerto del hábito, la rutina y la tradición, y se enfrenta con la cruda realidad. En este momento, cuando los oprimidos empiezan a levantarse contra sus opresores, el Estado revela sus auténticos colores.
En ciertos períodos, cuando la lucha de clases queda en un punto muerto, en que la clase dominante no es capaz de seguir gobernando con los viejos métodos, pero la clase obrera, paralizada por sus direcciones, aún no está en condiciones para derrumbarla, la tendencia del Estado de separarse de la sociedad y adquirir cada vez más independencia, se agudiza. Se da un fenómeno que hemos visto muchas veces a lo largo de la historia: el “cesarismo” en el período del decadencia de la República romana, el régimen de la monarquía absoluta en la última etapa del feudalismo, y el bonapartismo en la época moderna. En todas estas variantes, el Estado — la “Ejecutiva”— se eleva por encima de la sociedad, emancipándose de todo tipo de control, incluso de la clase dominante. Se trata del “dominio de la espada”, de la dominación abierta de los militares, normalmente expresado en el gobierno absoluto de un solo individuo — en el siglo pasado, Napoleón Bonaparte, Louis Bonaparte y Bismarck; en la época moderna, Perón, De Gaulle, Pinochet y toda una serie de dictadores en el “Tercer Mundo”—. Muchas veces, un régimen bonapartista intenta equilibrarse entre las clases, apoyándose en unas contra otras. El dictador suele hablar en nombre de “la Nación”. Pero detrás de toda la demagogia, este Estado, al igual que cualquier otro, representa la defensa de las relaciones de producción existentes.

La Comuna de París

Es el deber de los marxistas estudiar la historia, no como un pasatiempo académico, sino para sacar conclusiones prácticas. De la misma manera, en las academias militares de la burguesía, los oficiales estudian las guerras de Napoleón y Julio César para prepararse para las guerras del futuro. Sin la experiencia de la Comuna de París y la Revolución rusa del año 1905, el Partido Bolchevique jamás hubiera podido elaborar un programa y una perspectiva adecuada para la toma del poder en 1917. Marx no inventó su teoría del Estado, sino que ésta surgió de la experiencia de la Comuna de París.
Marx explica la verdadera significación de la Comuna en una carta a Kugelmann con fecha del 12 de abril de 1871: “Si miras el último capítulo de mi 18 Brumario, verás que declaro que el próximo intento de la Revolución francesa será no solamente el de transferir la maquinaria burocrática y militar de unas manos a otras — como ha pasado hasta ahora — sino romperla (‘zerbrechen’); y ésta es la condición previa para cualquier auténtica revolución popular (…) Esto es exactamente lo que implica el intento de nuestros heroicos compañeros franceses”.
En base a esta experiencia, se introdujo un cambio importante en la edición alemana de 1872 de El Manifiesto, que explica que la clase obrera no puede utilizar el aparato estatal existente para sus propios fines, sino que tiene que derrumbarlo y crear un nuevo Estado obrero o, más correctamente, un semi-Estado, un Estado que no es otra cosa que el pueblo armado y organizado para llevar a cabo la transformación de la sociedad. Ese fue el caso con la Comuna de París y también con la Revolución rusa de noviembre de 1917 (octubre según el viejo calendario).

Militarismo e imperialismo

La historia del siglo XX nos da sobradas muestras de lo que significa el imperialismo, que Lenin define como la “fase superior del capitalismo”. Según un estudio hecho en 1948, las dos guerras mundiales costaron el equivalente (en cifras de 1997) a 22 billones de dólares. Y el militarismo no ha cambiado su carácter desde aquel entonces. El grado de concentración de capital ha alcanzado niveles sin precedentes. Los grandes bancos y los monopolios tienen lazos muy estrechos con los gobiernos nacionales y están íntimamente relacionados con el Estado que los protege, subvenciona y les proporciona importantes mercados para sus productos. En los EEUU, la alianza del gobierno con la industria armamentística y los militares tiene un nombre: “El Complejo Militar-Industrial”. Una situación similar existe en los otros países imperialistas. Para mantener semejante monstruo, hace falta un Estado igualmente monstruoso, una gran masa de burócratas que, sin producir nada, chupa una cantidad impresionante de recursos que, en un sistema socioeconómico racional, estarían destinados a fines productivos. El empleo racional de estos recursos, por sí solo, sería suficiente para transformar el mundo. Bajo el socialismo, este obsceno derroche podría ser abolido de la noche a la mañana. En estos momentos, los gastos armamentísticos de Gran Bretaña se cifran en unos 22.000 millones de libras al año (cinco billones de pesetas); los de Japón, en 44.600 millones de dólares (6,5 billones de pesetas); y los de EEUU, en 100.000 millones de dólares (14,5 billones de pesetas). Estas asombrosas cifras son en sí mismas un indicio del carácter bárbaro del Estado burgués moderno. Estas cantidades bestiales se gastan todos los añosen la producción ¿de qué?: de chatarra. Porque la gran mayoría de estos cohetes, tanques y cañones no se van a utilizar nunca. Y cuando se emplean, como en la Guerra del Golfo, es exclusivamente para defender los beneficios de los grandes multinacionales, que están íntimamente ligadas al Estado en los EE.UU. y en los demás países imperialistas. Según un estudio del United States Nuclear Weapons Cost Study, desde su inicio en 1940 hasta 1995, el programa nuclear de los EEUU por sí solo habrá costado por lo menos cuatro billones de dólares. Pero Stephen Schwartz, el editor del mismo estudio, dice ahora que la auténtica cifra será “considerablemente más alta”.
El carácter parasitario del Estado, sobre todo del Estado moderno, fue resaltado por Marx en su obra magistral acerca de la lucha de clases, El 18 Brumario de Luis Bonaparte: “Este Poder ejecutivo, con su inmensa organización burocrática y militar, con su compleja y artificiosa máquina de Estado, un ejército de funcionarios que suma medio millón de hombres, junto a un ejército de otro medio millón de hombres, este espantoso organismo parasitario que se ciñe como una red al cuerpo de la sociedad francesa y le tapona todos los poros, surgió en la época de la monarquía absoluta, de la decadencia del régimen feudal, que dicho organismo contribuyó a acelerar”.
Si Marx encontró chocante la idea de un Estado de medio millón de personas, ¿qué diría hoy de los billones que traga el Estado moderno, con sus abultadas burocracias, sus ejércitos permanentes y sus gastos militares astronómicos que derrochan una gran parte de la plusvalía producida por la clase trabajadora en todos los países? Si sólo tomamos el caso de los EEUU, el dinero que se dedica anualmente al armamento sería suficiente para crear entre dos y tres millones de nuevos puestos de trabajo; o para solucionar el problema de la vivienda en menos de diez años. No obstante, las peticiones de los pacifistas a favor del desarme nunca han tenido el más mínimo efecto, puesto que estos “juguetes” mortíferos son absolutamente necesarios para los intereses de la clase dominante. Y al fin y al cabo, ningún diablo jamás se ha cortado las garras de forma voluntaria. Es necesario movilizar y organizar la fuerza de la clase trabajadora para la transformación de la sociedad.
La destrucción de este monstruo, el Estado burgués, es la primera condición para la construcción de una sociedad realmente democrática y humana, que pondrá las bases para la transición hacia el socialismo: una sociedad sin clases, en que el Estado, esa reliquia de la barbarie será relegado al museo de antigüedades, junto con el dinero, las cárceles, la familia burguesa, la religión, y todas las demás aberraciones que, por razones incomprensibles para cualquier hombre o mujer capaces de pensar, son consideradas como los componentes imprescindibles de une vida “civilizada”.

Las bases objetivas del reformismo

“Los elementos de oportunismo acumulados durante decenios de desarrollo relativamente pacífico crearon la corriente de socialchovinismo imperante en los partidos socialistas oficiales del mundo entero”. (Lenin, El Estado y la revolución).
A pesar de su evidente importancia, la cuestión del Estado ha sido ignorada por los dirigentes del movimiento obrero en los países capitalistas avanzados durante décadas. Esto no es ningún accidente. Es sólo otra manera de decir que han abandonado totalmente cualquier idea de llevar a cabo la transformación socialista de la sociedad. Pero también existe otra razón importante. Durante el largo período de auge capitalista después de la segunda guerra mundial, hubo una cierta suavización de las contradicciones entre las clases. Dos generaciones de obreros en Gran Bretaña, Suecia, Alemania, EEUU, y otros países pasaron por la experiencia del pleno empleo, las reformas y las concesiones. Pero incluso las conquistas durante este contexto histórico se lograron mediante las luchas y presiones de la clase obrera y el movimiento sindical, puesto que la burguesía nunca hace concesiones gratuitas.
La mayoría de la gente creyó que esta situación era normal e iba a durar para siempre, cuando lo que realmente representó fue una anomalía y una excepción histórica. “El ser social determina la conciencia” dice Marx. Y así fue. En una situación en que el sistema capitalista aparentemente “funcionaba”, la mayoría de la clase trabajadora estaba dispuesta a tolerarlo. Las ideas reformistas defendidas por la socialdemocracia calaron hondo en las masas, y fueron aceptadas incluso por los dirigentes de los partidos comunistas (“eurocomunismo”, etc.). Las ideas de Marx y Lenin fueron consideradas como “aguas pasadas”. El capitalismo, decían, había cambiado. Ya no habría más recesiones. El paro masivo era algo del pasado. La lucha de clases estaba desfasada puesto que la clase obrera había dejado de existir. Y en cuanto a la idea de una revolución socialista, ¡por Dios!
¡Ah, qué tiempos aquellos! ¡Qué sueño más bonito! Hoy mejor que ayer, y mañana mejor que hoy. Lamentablemente, esto es todo lo que era: un sueño. Y ahora nos toca despertarnos finalmente. ¡Un despertar bastante brusco! Ataques constantes contra el nivel de vida en todos los países sin excepción y un desempleo oficial de más de 20 millones en los países capitalistas desarrollados (el paro real mundial no se puede cifrar con certeza, pero bajo ningún concepto bajará de los mil millones si incluimos a los millones de subempleados). En los EEUU el salario real de los trabajadores no ha experimentado ningún mejora en los últimos 20 años. Esta es la primera generación desde la creación de los EEUU que no puede esperar un nivel de vida mejor que la generación precedente. En Gran Bretaña y Suecia, el célebre Estado de bienestar ha sido prácticamente demolido en los últimos diez años. ¿Y el Estado español? Con más de un 20 por ciento de paro, la situación es negra. Después de un período de mejora temporal y relativa, la burguesía está intentando liquidar todos los logros de la clase obrera.
Todo esto demuestra que el sistema de la mal llamada libre empresa está haciendo aguas por todos lados. ¡Es necesario levantar la bandera de una alternativa radical! Aquí no sirven las medias tintas. Como dijo Largo Caballero, no se puede curar el cáncer con aspirinas. Los problemas de la sociedad no se pueden curar mientras todas las decisiones claves estén tomadas por una pequeña minoría de banqueros y capitalistas. He aquí el quid de la cuestión.
Paradójicamente, justo en los momentos en que el sistema capitalista está dando claras muestras de bancarrota total, los dirigentes obreros se agarran a él como a un clavo ardiendo. No sólo Blair en Inglaterra y Jospin en Francia, sino dirigentes sindicales en el Estado español se apresuran a ofrecer la mano al gran Capital en búsqueda de la “unidad nacional” y la paz social. ¡En vano! “La debilidad invita la agresión”. Por cada paso atrás que den, los empresarios exigirán dos más, y no por simple malevolencia o mala fe (que tampoco falta, por supuesto). Lo único que logra esta política supuestamente realista es aumentar cada vez más el abismo entre ricos y pobres, preparando el camino para una explosión de la lucha de clases en el próximo período. Aquí también es aplicable la ley del marxismo: “el ser social determina la conciencia”.
La clase obrera aprende de su experiencia. Y desgraciadamente, cada generación tiene que aprender, a costa de su sudor, sangre y lágrimas las lecciones que hace mucho tiempo aprendieron sus padres y abuelos. ¿Acaso no existe ningún mecanismo mediante el cual la nueva generación pudiera aprender estas lecciones de antemano, ahorrándose las penas y molestias de tantos errores y fracasos? Sí existe. Se llama el partido. Un verdadero partido revolucionario debería actuar como la memoria de la clase obrera. Un partido reformista, como dijo Trotsky, es un partido con una memoria corta.
No es la primera vez que hemos visto un período como este. Durante el largo período de 1870 a 1914 hubo un auge del capitalismo con pleno empleo y un aumento en el nivel de vida. Como ahora, esta fue la base material para las ilusiones en el reformismo. No es ninguna casualidad que Eduardo Bernstein en Alemania empezara a cuestionar las teorías revolucionarias del marxismo en ese momento. Los dirigentes de los partidos socialdemócratas, aunque seguían llamándose marxistas y hablaban de la lucha de clases y de la revolución en sus discursos del 1º de Mayo, en la práctica habían sacado la conclusión de que las ideas de Marx eran “agua pasada”, que la revolución socialista no era necesaria y que, lentamente, gradualmente, pacíficamente, iban a cambiar la sociedad a través del parlamento.
Aquel período culminó en la primera guerra mundial, cuando la degeneración nacional-reformista de la Segunda Internacional llevó a la traición abierta de los dirigentes socialdemócratas ingleses, alemanes y franceses votando a favor de los créditos de guerra.

La Revolución rusa

La guerra mundial fue la expresión más gráfica de las contradicciones acumuladas durante todo el período anterior. Todas las viejas ilusiones de los reformistas se disolvieron en un momento entre la sangre, el barro y el gas mostaza de las trincheras. La cuestión de la revolución, la guerra y el Estado volvió a ocupar la primera plana. Y fue precisamente Lenin quien dio la explicación teórica del colapso de la vieja Internacional y proclamó la necesidad de una ruptura fundamental con el nacional-reformismo. Eran momentos harto difíciles para los revolucionarios internacionalistas. En la célebre Conferencia de Zimmerwald en 1915, el primer intento de reagrupar a los internacionalistas, al ver el número tan reducido de asistentes, Lenin hizo una broma diciendo que se podía meter a todos los internacionalistas del mundo en dos diligencias. Pero, pese a su debilidad numérica y a su aislamiento total de las masas, Lenin no dudó en llamar a la fundación de una nueva Internacional, basada en los principios revolucionarios e internacionalistas del marxismo.
Pero situaciones de reacción no duran para siempre. En un momento dado, se dio un cambio en el ambiente de las masas. Los horrores de la guerra dieron un fuerte impulso a la revolución, que finalmente estalló en Petrogrado en marzo de 1917 (febrero según el viejo calendario). La Revolución rusa marcó el inicio de un nuevo período, muy diferente al período de antes de la guerra. Las décadas de 1920 y 1930 se caracterizaron por convulsiones y crisis económicas, sociales y políticas, que solamente se cerraron con la segunda guerra mundial. Este período fue abierto por la Revolución rusa, cuando por primera vez la clase obrera llegó al poder, dirigido por un partido marxista con una dirección revolucionaria consciente: el Partido Bolchevique, con Lenin y Trotsky a la cabeza. Cualquier análisis revelará que, sin esta dirección y sin un programa científico basado en la teoría marxista, la revolución de Octubre jamás hubiera triunfado.
Este no es el lugar adecuado para trazar los acontecimientos que tuvieron lugar entre febrero y octubre de 1917. Baste con decir que el éxito de la revolución no estaba garantizado de antemano. Se trataba, como siempre, de una lucha de fuerzas vivas, en la cual la calidad de la dirección, su audacia, su firmeza y la claridad de sus ideas juegan un papel decisivo. Lenin desarrolló sus teorías del Estado, no en la tranquilidad de un seminario universitario, sino en el calor de la lucha. Cuando Lenin pasó a la clandestinidad durante la reacción de julio, viajando a Finlandia bajo las órdenes del comité central para evitar la detención, llevó consigo dos libros: El arte de la guerra de Clausewitz y La guerra civil en Francia de Marx. Este último representó el punto de partida de su obra maestra El Estado y la revolución, un libro que no solamente es uno de los clásicos más importantes de la teoría marxista, sino también un verdadero manual de la revolución.
Al igual que Marx y Engels, Lenin no era un utópico. No se basaba en esquemas abstractos, sino en el auténtico movimiento de la clase obrera, en su experiencia histórica y, sobre todo, en aquella página tan heroica e inspiradora: la Comuna de París de 1871. Fue precisamente la experiencia de la Comuna lo que permitió a Marx comprender la forma concreta que tendría “la dictadura del proletariado”. Hoy, después de la experiencia de los regímenes de Hitler, Mussolini, Franco y Stalin, la palabra “dictadura” ha adquirido unas connotaciones totalmente diferentes a las que tenía en tiempos de Marx y Engels. Ellos tenían en mente el régimen de la República romana que, en tiempo de guerra, por un período temporal, concedía poderes excepcionales al “dictador” para llevar a cabo la guerra. La acusación dirigida contra Marx, Engels y Lenin de que defendían un sistema totalitario es una calumnia grotesca. Una lectura de la presente obra y deLa guerra civil en Francia, basada en la experiencia de la Comuna de París, demuestra que para Marx y Lenin “la dictadura del proletariado” significaba ni más ni menos que una democracia obrera.

Marxismo y anarquismo

Lenin era muy consciente del peligro de la burocratización y la tendencia del Estado a alejarse de la sociedad. Gran parte de El Estado y la revolución lo dedica a este tema. ¿Cómo luchar contra la burocratización? La experiencia de la Comuna nos da la respuesta. La Comuna de París limitó el salario de sus representantes a 6.000 francos anuales, más o menos el sueldo de un obrero cualificado. Con esta medida, en las palabras de Marx, la Comuna “realizó el ideal burgués de ‘gobierno barato’”. Y Lenin, que comprendió perfectamente el peligro de la degeneración burocrática, estableció cuatro condiciones para el Estado obrero ruso después de la Revolución de octubre:

1) Elecciones libres con revocabilidad de todos los funcionarios.

2) Ningún funcionario puede recibir un salario más alto que un obrero cualificado.

3) Ningún ejército permanente, sino el pueblo armado.

4) Gradualmente, todas las tareas de administración del Estado se harán por todo el mundo de forma rotativa. “Cuando todo el mundo es un burócrata por turnos, nadie es un burócrata”.

He aquí el auténtico programa leninista para el Estado. Que quede claro que Lenin estaba hablando, no del socialismo, ni del comunismo, sino de las condiciones básicas para el poder obrero — la situación que tiene que existir el día después de la toma del poder —. Algo más alejado de un régimen totalitario es difícil de imaginar. Los enemigos del socialismo intentan calumniar a Lenin y la Revolución de Octubre, identificando el leninismo con el estalinismo. Es verdad que el aislamiento bolchevique en condiciones de atraso económico espantoso impidió que la clase obrera se mantuviera en el poder, y que el régimen de democracia obrera establecido por Octubre fuese desplazado por el régimen burocrático, totalitario y monstruoso de Stalin. Pero las razones de esta degeneración radican, no en el programa y los métodos del bolchevismo, sino en las condiciones objetivas de un país hambriento y analfabeto con una clase obrera agotada por años de guerra y revolución, y desanimada por la derrota de la revolución internacional.
A diferencia de los anarquistas, el marxismo no propone la abolición del Estado como una idea abstracta, sino que desarrolla una estrategia para luchar concretamente por su desaparición, comenzando con el derrocamiento del Estado burgués. La transformación socialista de la sociedad sería impensable sin esto. Pero, ¿qué es el Estado? Lenin explica que, en última instancia, el Estado se compone de grupos de hombres armados en defensa de la propiedad. Por lo tanto, para derrocar el viejo Estado y superar la resistencia de los opresores, la clase obrera necesita su propio “Estado”, es decir, necesita organizarse como un poder alternativo, capaz y dispuesto a hacer frente a la resistencia de la reacción. Pero este Estado de los trabajadores, siendo la organización de la aplastante mayoría de la sociedad, no tiene nada que ver con el viejo y monstruoso aparato burocrático con su ejército de funcionarios. Semejante organización, como explica Engels, “ya no es un Estado, propiamente dicho”, sino un “semi-Estado”, una organización muy simplificada, basada en el administración democrática directa del pueblo, un Estado cuyo único fin es llegar cuanto antes a su propia desaparición.
El Estado se terminará disolviendo en la sociedad, siendo sustituido por una asociación libre de productores. Pero este proceso no es algo arbitrario que se puede llevar a cabo por decreto. El marxismo, la doctrina del socialismo científico, explica que la fuerza motriz del progreso social es el desarrollo de las fuerzas productivas. La posibilidad real de sustituir los viejos mecanismos de coacción por una sociedad auténticamente libre depende del grado de desarrollo de la industria, la ciencia, la tecnología y la cultura. Sin ir más lejos, la posibilidad física de las masas para participar en la gestión democrática de la sociedad depende de una reducción drástica de la jornada laboral. Mientras la aplastante mayoría de hombres y mujeres se vean obligados a trabajar ocho, diez o doce horas al día, trabajando horas extras, fines de semana, etc. para poder vivir, la democracia será siempre una ilusión, una formalidad vacía. En semejantes condiciones, como explica Engels, una minoría siempre gozará del monopolio del arte, la ciencia y el gobierno, y siempre abusará de este monopolio en su propio beneficio.
Sólo cuando los hombres y mujeres estén libres de las preocupaciones humillantes identificadas con la lucha cotidiana para la supervivencia, sólo cuando las horas de trabajo se reduzcan a una mínima expresión, sólo entonces las masas dispondrán de las condiciones necesarias para desarrollarse como seres humanos libres. Sólo entonces será posible la participación de todos en las tareas de administración y gestión de la sociedad, la única manera en que se puede lograr la desaparición del Estado. Por esta razón, contrariamente a los prejuicios anarquistas, el Estado no se puede abolir por decreto, sino que se disuelve en la sociedad en la medida en que la transformación de las condiciones de vida de las masas lo permita.
La revolución española de 1931-37 es el caso más gráfico del carácter desastroso de la teoría y la práctica del anarquismo. En julio de 1936, la clase obrera de Barcelona se levantó contra los fascistas. Armados sólo con palos, cuchillos y algún fusil viejo, asaltaron los cuarteles y aplastaron la reacción. Los obreros anarquistas de la CNT jugaron un papel decisivo en esta acción heroica, que indudablemente evitó el triunfo del fascismo. Después de su victoria, siguiendo un instinto revolucionario acertado, se organizaron en comités, imponiendo el control obrero en las fábricas abandonadas por los capitalistas catalanes. El poder estaba en manos de los comités y las milicias obreras. El célebre dirigente anarquista Buenaventura Durruti organizó un ejército que llevó a cabo una guerra revolucionaria en Aragón. Pero las conquistas de los obreros cenetistas fueron abortadas por sus dirigentes. En esta situación hubiera sido muy fácil disolver el gobierno burgués de la Generalitat y proclamar el poder obrero en Catalunya, como reconoció el propio Presidente Lluís Companys. Este burgués astuto convocó a los dirigentes de la CNT a una entrevista y los invitó a tomar el poder — ¡un incidente con pocos antecedentes en la historia de revoluciones! — Pero los dirigentes anarquistas se negaron. ¿Cómo podían formar un gobierno obrero, cuando estaban en contra de todo gobierno en general? Consecuentemente, permitieron que el Estado burgués se reconstituyera en Catalunya y que, de esta manera, reuniese suficientes fuerzas para aplastar las fuerzas revolucionarias en mayo de 1937.
Los dirigentes cenetistas, si hubieran sido revolucionarios consecuentes, tenían que haber hecho un llamamiento a todos los comités, tanto los de fábrica como los de las milicias, para que eligieran delegados a un comité central para toda Catalunya. Este hubiera sido ni más ni menos que un gobierno revolucionario, o lo que Marx llamaba la “dictadura del proletariado”: algo que nada tiene que ver con el Estado burgués, sino que expresaría el poder revolucionario de la clase trabajadora. La negativa de la CNT de dar este paso decisivo fue la causa de la derrota de la revolución, pese al heroísmo extraordinario de los obreros cenetistas. Es más. Los mismos dirigentes anarquistas que se negaron a formar un gobierno obrero, alegando que la mera idea de participar en un gobierno violaba sus principios, acto seguido entraron en el gobierno del Frente Popular, donde sirvieron como ministros al lado de los ministros burgueses republicanos. Este hecho no debe de extrañar a nadie que conozca la historia del anarquismo. En Francia, antes de la primera guerra mundial, los dirigentes anarcosindicalistas, corriente mayoritaria en el movimiento sindical galo en ese momento, juraron y perjuraron que, en caso de una guerra, ellos no colaborarían en ella bajo ningún concepto, sino que llamarían a una huelga general revolucionaria (una postura claramente falsa y demagógica, puesto que en una situación de movilización general y el ambiente de chovinismo que inevitablemente acompaña la declaración de una guerra, no habría condiciones objetivas para una huelga general exitosa). Por contra, los dirigentes anarcosindicalistas no convocaron nada, sino que inmediatamente entraron en el llamado gobierno de la “Unidad Nacional” (L’Union Sacreé), donde jugaron el papel de rompehuelgas desde el inicio de la guerra hasta el final. Aquí es donde acaba una falsa teoría del Estado: un paraguas lleno de agujeros. Hoy por hoy, la nueva generación debería de reflexionar sobre la historia — el mejor antídoto contra la influencia perniciosa del anarquismo —.

La cuestión de la violencia

Uno de los argumentos que siempre se suele utilizar como un arma arrojadiza contra los marxistas es la acusación de que abogamos por la violencia. Semejante argumento carece de toda base. Los marxistas deseamos una transformación pacífica de la sociedad, pero también somos realistas, y sabemos que ninguna clase dominante en toda la historia ha abandonado jamás su poder y sus privilegios sin una lucha y, normalmente, una lucha sin cuartel. Este hecho ha sido demostrado tantas veces que sería superfluo argumentarlo. No tenemos que ir más allá de los acontecimientos en España entre 1931 y 1939, cuando la clase dominante no vaciló en desencadenar una guerra civil sangrienta contra la clase trabajadora. De nada sirvió el hecho de que el gobierno del Frente Popular había sido elegido democráticamente. De nada sirvieron los llamamientos a la legalidad o a la constitución. Lo único que importaba a los capitalistas y terratenientes era que sus intereses de clase estaban amenazados. Y la única manera de derrotarles era aplastándoles y expropiándoles. Todo lo demás era un sueño y un engaño. Y la historia demuestra que los sueños reformistas se pagan caros.
Más tarde tuvimos el caso del gobierno de la Unidad Popular en Chile. Otra vez más, vimos la cruda realidad de la supuesta “independencia e imparcialidad” del Estado. Siguiendo los pasos sangrientos de Franco, Pinochet (conviene recordar que éste era considerado como un general "democrático" nombrado por el presidente socialista Salvador Allende) llevó a cabo un golpe de Estado contra el gobierno “constitucional”. La clase obrera y el pueblo chileno pagaron un precio terrible por las ilusiones constitucionales de sus dirigentes. Este no es el sitio para analizar la catástrofe de Chile en detalle. Lo hemos hecho en otros documentos. Baste con decir que el triunfo de Pinochet no fue inevitable. La clase obrera chilena disponía de suficiente fuerza como para aplastar a los militares reaccionarios meses antes del golpe de Estado, pero en el momento de la verdad estaba paralizada por una falsa política que imaginaba que todo se podía arreglar dentro del marco de la Constitución, las leyes existentes y “las reglas del juego” o como si se tratara de un juego de ajedrez, y no de una lucha sin cuartel de intereses de clase opuestos e incompatibles. Semejantes ilusiones han conducido siempre al desastre.
Solón el Grande, autor de la Constitución de Atenas, era un gran experto en todo lo relacionado con leyes y constituciones y dijo lo siguiente: “La ley es como una telaraña: los pequeños quedan atrapados y los grandes la rompen en pedazos”.
Este hecho es fácilmente demostrable con la experiencia de gobiernos socialdemócratas durante décadas en Gran Bretaña, Francia, etc. Siendo elegidos por los votos de millones de obreros exigiendo un cambio en la sociedad, se ven frustrados por la resistencia feroz de un puñado de banqueros y capitalistas que se sienten amenazados incluso por las reformas más tímidas e inocuas. Sería ingenuo imaginar que la clase dominante de este país actuaría de otra forma en el caso de la elección de un auténtico gobierno de izquierdas en el futuro. Ni qué decir que la clase obrera tiene que luchar por los derechos democráticos. Ni qué decir que tenemos que utilizar todas las avenidas democráticas disponibles para defender nuestros derechos y preparar el camino para la transformación socialista de la sociedad, incluyendo la participación en elecciones a nivel local, regional y estatal. No somos anarquistas. Comprendemos que, sin la lucha cotidiana para conseguir avances parciales bajo el capitalismo, la revolución socialista sería impensable. Solamente de esta manera será posible organizar a las masas, educarlas en la lucha y forjar los instrumentos necesarios para llevar a cabo la transformación de la sociedad.
Todo esto es verdad, pero insuficiente. Sobre todo en el momento actual, cuando la burguesía a nivel mundial está lanzando un ataque salvaje contra el nivel de vida, los salarios, las pensiones, las condiciones laborales y el empleo, es necesario comprender que, incluso cuando la clase obrera arranca concesiones, estos triunfos serán sólo momentáneos. Lo que hoy dan con la mano izquierda lo quitarán mañana con la mano derecha. Los aumentos salariales son liquidados por el aumento de los precios y los impuestos. El paro y la precariedad aumentan de una manera sin precedentes, pese a la manipulación escandalosa de las cifras y la propaganda mentirosa de la prensa vendida. Si todo esto está teniendo lugar en un período que denominan de boom económico, ¿cómo serán las cosas cuando llegue la próxima recesión, la cual no tardará mucho en aparecer?
Antes que nada es necesario decir la verdad a la clase trabajadora, la cual ya está harta de mentiras y engaños. Y la verdad es que la única manera de solucionar la actual crisis es mediante una transformación radical de la sociedad que ponga fin a la dominación de la gran Banca y los monopolios. Cualquier otro intento de solución será un desastre. Si los dirigentes del movimiento obrero gastasen una décima parte del tiempo y las energías que dedican a la búsqueda de los mal llamados pactos y consensos con la burguesía y su gobierno (lo que equivale a un intento de cuadrar el círculo) a explicar la auténtica situación y movilizar a la clase obrera y la juventud para cambiar la sociedad, el problema sería resuelto rápidamente. Al mismo tiempo que luchamos contra todos los intentos de la burguesía de cargar todo el peso de la crisis sobre las espaldas de los trabajadores y sus familias, tenemos que luchar por un auténtico gobierno de izquierdas que lleve a cabo la nacionalización de la banca, la tierra y los grandes monopolios bajo el control democrático de la clase trabajadora como la única manera de salir de la actual crisis que azota a millones de trabajadores, jóvenes, amas de casa y pensionistas.
En una sociedad moderna, la clase trabajadora representa la aplastante mayoría de la sociedad. En sus manos descansan las palancas más importantes de la economía. No hay ningún poder en el mundo capaz de resistir a la clase obrera, una vez que ésta se movilice para transformar la sociedad. El ejemplo de Albania demuestra como un Estado aparentemente poderoso puede quedar reducido a cenizas en el momento de la verdad, una vez que los soldados se den cuenta de que el poder que tienen delante es cien veces superior a lo que tienen detrás. Y al fin y al cabo, Albania es un país pequeño y atrasado en comparación al Estado español con una clase obrera poderosa con grandes tradiciones revolucionarias.
Los próximos años no serán años de tranquilidad y paz social, sino todo lo contrario. El sistema capitalista está tambaleándose de una crisis a otra. A través de sus experiencias, la clase obrera y la juventud aprenderá de nuevo las lecciones del pasado. Nuevos luchadores entrarán en las filas para sustituir a los que se han cansado de la lucha. Las organizaciones de la clase obrera se transformarán de arriba a abajo. Y las nuevas capas comprenderán la necesidad de un programa revolucionario. Ideas que hoy son escuchadas por grupos reducidos, mañana serán la propiedad de millones. El capitalismo no ofrece ningún futuro a la clase obrera y la juventud. Su abolición radical es la única solución. Pero la condición previa para el éxito es la preparación de un número suficiente de cuadros marxistas en cada fábrica, escuela, oficina, mina, agrupación sindical… La formación de estos cuadros es la tarea más urgente en el momento actual. Y no puede haber un texto más importante en su preparación que El Estado y la Revolución.

Ted Grandt
Escrito el 4 de septiembre de 1997
Prólogo a la edición del Estado y la Revolución

domingo, 1 de diciembre de 2013

Los seis meses que vendrán para Irán y el mundo




La noticia recorrió el mundo. Ningún medio de comunicación dejó de hacer referencia a que los integrantes del Consejo de Seguridad de la ONU (Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Rusia y China) más Alemania, sellaron en Ginebra un histórico acuerdo con Irán que congelará el programa nuclear iraní durante seis meses, tiempo en el se buscará llegar a un acuerdo global y definitivo.
Entre lo pactado se encuentra que Irán dentro de seis meses no contará con más reservas de uranio enriquecido al 20 por ciento, las que serán diluidas en su totalidad, además de que no aumentará sus reservas de 3,5 por ciento o uranio enriquecido a bajo nivel en el periodo en cuestión. Se pondrán en marcha igualmente mecanismos de control sin precedentes del programa nuclear iraní, con accesos diarios de mecanismos de verificación a todas las instalaciones nucleares que posee esta nación.
A cambio de las concesiones que ha hecho Irán, se aliviarán las sanciones económicas que sufre, aunque de forma limitada y reversible. Uno de los elementos centrales es que podrá repatriar 4 200 millones de dólares procedentes de las exportaciones de petróleo y que están bloqueados en bancos extranjeros, y podrá obtener 1 500 millones de dólares adicionales por exportaciones de productos petroquímicos y automotrices.
Se trata de un primer paso y ahora todas las partes deben seguir trabajando juntas y sobre una base de igualdad y respeto mutuo para garantizar este resultado a largo plazo. Sobre el derecho de su país a enriquecer uranio, las autoridades iraníes declararon que este ha quedado reconocido y recordó que el Tratado de No Proliferación Nuclear no priva a los Estados firmantes de desarrollar la tecnología nuclear con fines pacíficos ni el procedimiento de enriquecimiento de uranio, en particular.
Sobre este trascendental acuerdo, al que solo Israel ha catalogado de error histórico, reflexionaron los panelistas invitados a la Mesa Redonda de este martes, quienes insistieron en que aunque no es un pacto conclusivo, si llega a puerto seguro, va a abrir una nueva relación de fuerzas en el Oriente Medio, en la que Irán tendrá una postura mucho más cómoda, a la vez que la comunidad internacional estará frente a un escenario de menores fricciones.
El analista Jorge Luis Rodríguez, del periódico Juventud Rebelde, explicó que en la vida doméstica también Irán sentiría un impacto muy favorable, ya que “estamos hablando de un país que contrajo su economía en un 6 por ciento el año pasado, tiene cerca de un 30 por ciento de desempleo y una inflación que ronda el 40 por ciento”.
Al parecer, dijo, la decisión ha tenido un respaldo popular entre los iraníes, pero hay potenciales saboteadores del acuerdo: hablamos de Israel, Arabia Saudita… países que estaban esperando un desmantelamiento total de los armamentos. “La negativa más crítica es la de Israel”.
Sobre esta postura, el periodista Ulises Canales advirtió que Israel es el enemigo del mundo árabe, y se trata de “un acuerdo que los deja desprotegidos, porque ellos ven que Irán mantiene su capacidad nuclear. Y aunque el mundo árabe ha tenido siempre reticencia a acercarse a Irán, eso no los hará alearse a Israel, que es el enemigo común. Y no puede olvidarse que potencias que han apoyado a Israel, como la Gran Bretaña, alegaron que no permitirán que nadie eche atrás este acuerdo, a pesar de la postura confrontativa de Israel”.
Los países de cooperación del Golfo, subrayó el especialista, siempre han tenido disensos, pero tienen claro que comparten un espacio común y mantienen el entendimiento en la zona, y aunque a veces los discursos sean amenazadores terminan entendiéndose. Arabia Saudita, por ejemplo, dijo que si todo sigue como va es un buen acuerdo. Mientras Kuwait refirió que era un primer paso, a pesar de en un principio se mostró cauteloso con los resultados.
El experto Leonel Nodal apuntó que la posición de Estados Unidos y de las grandes potencias es bastante feliz, porque todos se declaran ganadores, anque si profundizamos un poquito en las políticas de todos ellos y en el resultado del acuerdo, vemos que hay el reconocimiento del fracaso de ciertas posturas. Evidentemente, advirtió, están tratnado de reacondicionar su política hacia el Oriente Medio.
Los analistas coincidieron en que este acuerdo es bueno además porque entroniza en la región un nuevo curso para la política y hay un nuevo espacio para la diplomacia, en tanto el multilateralismo se impone sobre el unilateralismo de los 90 del siglo XX.

Yailin Orta Rivera, especial para la Mesa Redonda

China: Incremento de huelgas, corrupción y deuda son presagios de la revolución que viene




Seis meses después de la elección del nuevo Comité Permanente del Buró Político de China bajo la presidencia de Xi Jinping, ha quedado muy claro que los próximos diez años bajo su mandato no se parecerán a la relativa estabilidad social y al rápido crecimiento de los diez años pasados. El carro no seguirá rodando por el mismo camino. Xi Jinping y el Partido Comunista de China están en una encrucijada, enfrentados a ese dilema clásico de todas las clases dominantes - ¿abrirse a reformas democráticas o tomar medidas drásticas ante el crecimiento de la disidencia?
Por debajo del suave, controlado y aparentemente inmutable edificio de la presidencia de Hu Jintao, China ha sido cualquier cosa menos estable. Millones se han unido a lo que es, de lejos, el mayor proletariado del mundo para comenzar a producir más y más mercancías. De particular interés para los marxistas es el renacimiento del movimiento obrero chino que está creciendo en confianza y en organización día a día. Este hecho es infinitamente de la mayor importancia para determinar la disposición del nuevo régimen a reformarse a sí mismo como le suplican los liberales progresistas.
Según China Labour Bulletin (CLB), los tres meses de junio a agosto de 2013 vieron 183 huelgas, un 7% más que en el trimestre anterior ¡y más del doble que en el mismo periodo del 2012!
CLB también ha observado un desarrollo de gran importancia – cada vez hay más huelgas en un número mayor de grandes fábricas. La concentración y socialización de la producción capitalista es una ley que se expresa en China con una fuerza particular. Esto está llevando a huelgas más grandes y potentes en los centros urbanos más importantes. Guangdong, probablemente, la provincia de mayor desarrollo económico e importancia, ahora concentra un tercio de todas las huelgas de China.
"Una de las tendencias de particular interés en los datos de los mapas huelguísticos es el creciente número de conflictos en las empresas más grandes, las que tienen de 100 a 1000 empleados. La proporción pasó del 35 por ciento en los meses de junio, julio y agosto de 2012 al 60 por ciento en el mismo período de este año. Además, observamos cinco huelgas que afectan a más de un millar de personas. En el centro de fabricación de Dongguan, por ejemplo, más de un millar de obreras realizaron una huelga contra los recortes salariales el 14 de junio y bloquearon las carreteras en las afueras de Lun Hop, una empresa de prendas de vestir de propiedad sueca ...Y en septiembre, cinco de los 38 incidentes registrados, contaron con la participación de más de 1.000 trabajadores. En Jixi, Heilongjiang, por ejemplo, más de 1.000 trabajadores siderúrgicos del Grupo Beigang llevaron a cabo una huelga y se manifestaron frente al gobierno local el 16 de septiembre. Los trabajadores protestaban contra los salarios atrasados, y pusieron carteles que decían "¡tenemos que sobrevivir, tenemos que comer, pagadnos nuestros salarios!" Al día siguiente, el 17 de septiembre, se informó de que alrededor de 6.000 trabajadores de la empresa Electrónica Shili en Dongguan bloquearon las carreteras en protesta por las contribuciones pendientes del pago de la seguridad social. Se enfrentaron a cientos de policías antidisturbios y varios trabajadores fueron golpeados".
CLB luego agrega que "el porcentaje de incidentes en las empresas pequeñas y medianas, las que tienen menos de 100 empleados, se redujo de un 58 por ciento del total al 31 por ciento", muy probablemente debido a que "cada vez más las pequeñas empresas simplemente van a la quiebra o se fusionan con empresas más grandes. Un informe publicado en Forbes China, el 20 de junio, señalaba que, debido a una falta de creatividad, innovación y apoyo del gobierno, las pequeñas y medianas empresas en China se enfrentan cada vez más a la amenaza de la bancarrota". En otras palabras, el desarrollo orgánico del capitalismo en capitalismo monopolista encuentra su reflejo en la fuerza organizativa del proletariado chino - exactamente lo que Marx explicó hace más de 150 años.
La experiencia adquirida y el creciente tamaño y combatividad de las movilizaciones demuestran la confianza creciente de la clase obrera china, cuyo temor al Estado chino disminuye con el aumento de la organización de los trabajadores. Y esta falta de miedo tiene una base objetiva - "Los trabajadores de China ahora parecen estar frente a una fuerza de policía más "amigable" y a un número de detenciones menor. En el verano de 2012, alrededor del 47 por ciento de los incidentes registrados tuvieron una intervención de la policía, y casi el 17 por ciento terminó con algunos arrestos o detenciones; en 2013, sin embargo, las cifras se redujeron al 12 por ciento y 5 por ciento, respectivamente".
¿Cómo se explica la disminución de la represión? ¿Está el Estado chino reformándose en un Estado liberal, como desea tan encarecidamente la intelectualidad occidental? Es evidente que no es así, el nuevo régimen de Xi Jinping está persiguiendo a los disidentes de Internet más que nunca y ha incrementado el gasto en seguridad interna, que ahora suma más que el dedicado a defensa militar. ¿O tal vez está incluso girando a la izquierda y comienza a apoyar los derechos de los trabajadores? Existe alguna evidencia de que la Federación China de Sindicatos (ACFTU), controlada por el gobierno, ha apoyado realmente a trabajadores en huelga, como en el caso de la huelga en International Paper. ¿Indica esto que el Partido Comunista de China está comenzando a regresar a sus raíces para ponerse a la cabeza de la clase obrera?
Al contrario. El PCCh y el Estado chino, en lugar de defender a la clase obrera, están aterrorizados de su fuerza cada vez mayor y se ven obligados a ceder algo de terreno a la misma. El movimiento desde abajo está creciendo más rápido que la capacidad de este pesado aparato de seguir su ritmo, y está, como señala CLB, apoyando pasivamente y de mala gana a la ACFTU. Siempre atareado con las cifras del PIB y preocupado por la banca en la sombra, el Estado chino se ha olvidado de que décadas con resultados de crecimiento de dos cifras produjo igualmente una clase obrera en expansión.
La represión estatal y el control ideológico totalitario de cosas tales como Internet no pueden resistir estas fuerzas, las relaciones económicas y sociales son más poderosas y fundamentales que las políticas. Por cada activista sindical detenido, miles más surgen de la tormentosa e incesante industria china, en la que cientos de millones de trabajadores viven y trabajan codo con codo. Por cada sitio web bloqueado, miles más de trabajadores chinos consiguen acceder a Internet. Por cada cuenta de Sina Weibo (equivalente a Facebook o Twitter) cerrada, ¿cuántas más surgen para informar de noticias de huelgas, protestas contra la contaminación o para quejarse de la corrupción del gobierno?
Es por esta razón que el Estado chino está teniendo un papel más pasivo y deja a los trabajadores un poco de espacio para organizarse - porque no puede contenerlos. Pero esto no significa, como imagina Han Dongfang de CLB, que el Estado chino está consiguiendo una mayor legitimidad y puede ser reformado gradualmente hasta que represente los intereses de los trabajadores. El poder del Estado chino está basado enteramente en el crecimiento del capitalismo chino en el escenario mundial, y el aparato estatal, de arriba a abajo está corrompido a fondo por los intereses capitalistas. Como el propio Han señala en el mismo artículo, "Repito: los trabajadores de China ya no son víctimas sino luchadores. Ellos no sólo están luchando por instinto, ahora están más organizados y en el futuro tendrán una perspectiva más estratégica. Ya no se conforman con luchar por reivindicaciones ocasionales, sino que están empezando a luchar por una solución a largo plazo" (el subrayado es nuestro).

Combatiendo a moscas y tigres

Las políticas emblemáticas iniciales de la presidencia de Xi han sido el 'Sueño Chino' y la campaña contra la corrupción. La primera está tomada del "sueño americano" de los EEUU, y es igual de vacía y falsa, y sirve al mismo propósito - adormecer al proletariado con la ilusión de una prosperidad y libertad futuras. La campaña contra la corrupción representa un intento de cubrir el flanco izquierdo del régimen atacando de forma superficial las injusticias más flagrantes del capitalismo, mientras que en sustancia se introducen medidas cada vez más pro-capitalistas. Es muy revelador que estas sean las principales políticas de Xi - un ataque superficial contra los ricos, unido a la propaganda de un estilo de vida burgués inaccesible para la inmensa mayoría.
Junto con innumerables jefes locales del partido, o "moscas", la campaña contra la corrupción se distingue con algunas víctimas de muy alto perfil, o 'tigres', entre ellos el muy poderoso Zhou Yongkang, miembro del Comité Permanente del Buró Político saliente y responsable de la seguridad interna, y Jiang Jiemin, presidente de la estatal Comisión de Administración y Supervisión de Activos; es decir, ¡el jefe de las privatizaciones en China!
Esto coincide con la invocación de Xi, de forma cínica, de la Línea política de Masas de Mao. Los funcionarios corruptos del PCCh son objeto, bajo su mirada directa, de auto-flagelaciones frente a las masas por sus pecados burgueses. Estas sesiones se transmiten por TV, con Xi Jinping presente, por supuesto; no se hacen confesiones sino que se interroga a los funcionarios, que reconocen cosas como están demasiado preocupados con el crecimiento y el dinero, y no por el bien del pueblo. Por supuesto, todo está orquestado y son cuidadosos en no revelar nada demasiado escandaloso, sin embargo cuando se trata de los juicios de dirigentes como Bo Xilai, Zhou Yongkang y Jiang Jiemin, las revelaciones de la corrupción y la riqueza obscena son inevitablemente perjudiciales para la credibilidad del partido.
La campaña contra la corrupción no engaña a la gente haciéndola creer que el gobierno se autocorrige. El pueblo chino es consciente de que el abismo que separa a las clases ha crecido en proporciones insalvables en el capitalismo, y que los funcionarios del Estado hace tiempo que se han pasado al otro lado. Los informes diarios de corrupción obscena de los funcionarios del partido, tanto pequeños como grandes, en lugar de aumentar la confianza en el liderazgo de Xi, sólo sirven para subrayar la injusticia inherente a todos los niveles que existe en la sociedad capitalista. Según The Economist, "Un bloguero se hizo eco del cinismo general que existe hacia el funcionariado: "¿Por qué no empiezan por criticar el tamaño de sus cuentas bancarias y bienes personales?""
Y qué grandes se han convertido estas cuentas bancarias. Una investigación del New York Times reveló que el entorno familiar de Wen Jiabao, el primer ministro de China hasta noviembre de 2012, tenía una riqueza acumulada de alrededor de 2.700 millones de dólares gracias a sus conexiones. El reciente juicio de Bo Xilai reveló al pueblo chino que este prominente ex-miembro del Partido "Comunista" había aceptado sobornos en forma, entre otras cosas, de una villa de lujo en Francia. Según la agencia Bloomberg, la familia del nuevo presidente y héroe anti-corrupción Xi Jinping tiene "intereses incluyendo inversiones en compañías con activos totales de $ 376 millones, una participación indirecta del 18 por ciento en una empresa de tierras raras con $ 1.730 millones en activos, y un paquete de 20,2 millones de dólares invertidos públicamente en una compañía tecnológica".
Se filtró accidentalmente un informe del Banco Popular de China que reveló que 16.000-18.000 funcionarios del PCCh habían huido de China desde mediados de la década de 1990, ¡llevándose alrededor de 160.000 millones de dólares con ellos! Esto significa que "cada funcionario robó, en promedio, una cifra estimada en 50 millones de yuanes (más de $ 7 millones). Precisamente porque esto es sólo una estimación, se puede imaginar que los números reales son en realidad mucho más grandes. Algunos medios de comunicación han informado que la esposa del ingeniero jefe adjunto del Ministerio de Ferrocarriles, Zhang Shuguang, capturado recientemente por corrupción, posee tres mansiones de lujo en Los Ángeles, y cuenta en una Caja de Ahorros hasta $ 2.800 millones en Estados Unidos y Suiza. Esto da una idea de un panorama más amplio" (World Crunch).
Contrariamente a lo que dicen las publicaciones liberales como The Economist y The Guardian, la corrupción no puede ser acometida mediante la realización de reformas liberales, tales como "el desarrollo de un poder judicial y medios de comunicación independientes". Bajo el capitalismo, cada institución es "despojada de su halo", y los jueces y periodistas "independientes", cuanto más liberados están del control del gobierno, más se convierten en los títeres del capital. Libertad y privatizaciones en la sociedad capitalista no son más que la sumisión al mercado. La verdadera fuente de la corrupción de la burocracia china es la conquista del poder del mercado; de ahí que privatizar los medios de comunicación y liberar el poder judicial simplemente legaliza y formaliza la corrupción, así como miembros del Congreso de Estados Unidos son corrompidos legalmente por los ejércitos de lobbystas de las corporaciones.

La zona de libre comercio de Shanghai

Si alguien se dejó engañar por el ruido "izquierdista" de la campaña contra la corrupción y tenía dudas de que la dirección de la administración de Xi Jinping ha sido hacia una mayor privatización, sólo tenemos que apuntar en la dirección del reciente anuncio de la creación de la Zona de Libre Comercio de Shanghai.
La actividad de esta zona, cuya creación ha sido recientemente anunciada, se centrará alrededor del libre movimiento de capitales internacionales relacionados con instituciones financieras de China. Las principales medidas prometidas serían (todavía hay, como es habitual con el gobierno de China, una gran cantidad de incertidumbre en cuanto a los detalles de las normas de esta nueva zona) la convertibilidad de la mineda china, el Yuan (es decir, la capacidad para liquidar los pagos y el comercio libremente en la moneda de China en los mercados financieros internacionales), y la eliminación de límites a la tasa de interés con que se paga a los depositantes, como se ha ensayado recientemente en Wenzhou. El verdadero objetivo de las zonas de libre comercio en China es probar los siguientes pasos que se aplicarán en el resto del país en su inevitable marcha hacia una economía plenamente capitalista. Más zonas de libre comercio se han anunciado en Wuhan, Guangzhou y Ningxia.
Por supuesto, la filosofía del gobierno chino es "domar a la bestia", e instituir el capitalismo e integrarlo en el mercado mundial de una forma planificada y controlada, con el fin de preservar el status-quo. Sin embargo, la naturaleza burguesa desvergonzada de estas reformas es clara, e indica los planes que Xi Jinping y Li Keqiang (el Primer Ministro) tienen para el conjunto de China.
Hu Xialian, la vicegobernadora del gigantesco banco estatal Banco Popular de China, escribió recientemente un artículo muy franco donde señalaba la naturaleza completamente burguesa de la motivación del gobierno chino para impulsar la convertibilidad del Yuan. Dice:
"La expansión de los negocios transfronterizos del renminbi [otra forma de denominar al yuan. NdT] también crea mayores requisitos para el nivel de los servicios financieros y la infraestructura financiera. ... Por lo que es necesario acelerar las mejoras en el sistema financiero ", escribe. "Los productos deben ser más abundantes, las operaciones de mercado más eficientes, el sistema de mercado más completo y la supervisión del mercado más efectiva. Tenemos que abrir los mercados financieros nacionales de una manera gradual y ordenada, y acelerar el establecimiento de un sistema de mercado comparativamente desarrollado y maduro."
No podía ser más claro - la dirección real del PCCh y de Xi Jinping no va en la "línea de masas" de Mao y de la participación de las masas en predicar justicia social entre los funcionarios corruptos y la emergente clase burguesa, sino en utilizar superficialmente tales campañas como una hoja de parra para disfrazar las privatizaciones en curso y la apertura general de la economía a las fuerzas del mercado.

El mercado dicta al Estado

A medida que el gobierno chino ha aceptado el capitalismo como el motor del crecimiento chino, se ve obligado a cada paso a conceder cada vez más terreno a las necesarias leyes del capitalismo. Sus intentos de "controlar" el mercado y evitar las crisis simplemente absorben mucho más al gobierno en las relaciones capitalistas. Al igual que un hombre que se ahoga en arenas movedizas, la agitación de sus miembros sólo revela su total impotencia ante la situación.
El estímulo fiscal de 2008 ha dado lugar a un hinchamiento de la deuda pública. El gobierno ni siquiera sabe la cantidad exacta de deuda que flota en el sistema. Según sus propios cálculos, varía del 30% al 60% del PIB. Los gobiernos locales, que se vieron obligados a pedir prestado a los bancos de propiedad estatal para luego financiar el gasto en infraestructuras (y otros), ahora están atrapados en una cadena de pagos más grandes de lo que pueden soportar. Esto les ha obligado, en contra de la propia normativa del gobierno central, a emitir deuda en forma de bonos. Estos bonos son luego reempaquetados y utilizados como "Productos de Gestión de Riqueza, 'Wealth Management Porducts' (WMA), que son también, como los bonos de las autoridades locales, "innovaciones financieras" para saltarse las regulaciones bancarias de China. WMA son productos que permiten a los chinos invertir los ahorros y obtener tasas de interés más altas que en las cuentas bancarias normales, ya que las tasas de interés sobre estas últimas están limitadas, en otro intento de "controlar" el capitalismo.
El problema es que el gasto en infraestructura de las autoridades locales no ha creado para ellos un auge económico, ya que el mercado mundial está saturado y el crecimiento de China se está desacelerando. Los datos oficiales muestran que a finales de 2012, la tasa de utilización de la capacidad productiva en las industrias del hierro y acero, cemento, electroliticas, aluminio y vidrio eran respectivamente de sólo el 72%, 73,7%, 71,9%, 73,1% y 75%. No pueden funcionar cerca del 100%, porque entonces no sería rentable vender todo lo que producen. Por lo tanto, las autoridades locales no recaudarán lo suficiente en impuestos con este auge económico como esperaban, y de hecho no lo están haciendo, para financiar este gasto. Hay un enorme déficit y esta es la razón por la que se han visto obligados a comenzar a emitir bonos, rompiendo las regulaciones gubernamentales.
A su vez, dependen de su otra principal fuente de ingresos, la venta de tierras (que también son a menudo ilegales). Por el momento las autoridades locales están, fundamentalmente, apropiándose ilegalmente de tierras campesinas de propiedad colectiva con el fin de vendérselas a los especuladores y promotores. Esto se conoce eufemísticamente como "tierra a cambio de equidad", un nombre que pasa por alto la realidad de millones de campesinos privados de tierras y obligados a trasladarse a las ciudades para convertirse en proletarios inmigrantes, a menudo en lejanas provincias, y por lo tanto carecen de los derechos y los beneficios que se dan sólo a los que pertenecen a cada provincia.
Esta política va a ser formalizada y legalizada en la próxima Tercera Sesión Plenaria del 18º Comité Central del Partido. Pero al mismo tiempo, el gobierno central está tratando conscientemente de enfriar el mercado inmobiliario, por temor a las hipotecas de alto riesgo en peligro de impago. De este modo, pueden terminar provocando impagos de las autoridades locales, que dependen de la subida de los precios de las tierras que venden para tapar sus brechas fiscales.
De esta manera, se demuestra que el mercado, con sus crisis inevitables, está dictándole al gobierno y no al revés. Como señala el economista de Nomura, Zhang Zhiwei, "la deuda de los gobiernos locales ha estado creciendo a una velocidad de casi el 20% anual en el último par de años. Si esta tendencia continúa, sin duda traerá riesgos sistémicos para la economía de China"
Si el Comité Central aprueba esta ley, acelerará el despojo de tierras y de riqueza de los campesinos, y con ello aumentarán los brotes de lucha campesina, ya comunes, como se vio en la ocupación de Wukan en 2011. Estas disputas campesinas están muy conectadas con la clase obrera, ya que a menudo involucran a familias cuya situación también ha obligado a algunos de sus miembros a buscar trabajo asalariado en las ciudades. Es de destacar que este mismo Comité Central también es probable que aumente la edad de jubilación y las contribuciones de los trabajadores para sus pensiones. En Europa, estos movimientos han sido una fuente importante de lucha de clases. El cóctel de más acaparamiento de tierras, "reforma" de las pensiones, una desaceleración de la economía y el ya incremento de las huelgas está acelerando la llegada de la tan temida "explosión social".

Las Luchas de Clase que vienen

Cada vez está más claro que China no puede evitar la crisis capitalista ni un movimiento revolucionario. Las cifras de huelgas testifican que algo se está gestando, y que China está desde hace tiempo madura para una revolución. Pero, ¿qué carácter tendrá?
Como hemos señalado en artículos anteriores ( http://www.marxist.com/xi-jinping-and-the-future-of-china-part-one.htm), la revolución china que viene tendrá una clara división de clases desde el primer momento. Inevitablemente, sus primeros objetivos incluirán reformas democráticas, sin embargo, la fuerza motriz será la clase obrera que arrastrará tras de sí a los campesinos. La clase burguesa en China ya está demasiado insertada en el statu quo y el aparato estatal, y no puede resolver la cuestión de la Democracia, que es históricamente una tarea burguesa. Ella ya es la clase dominante. Se alineará con el aparato del Estado y se opondrá a los trabajadores. Los principales métodos de la revolución serán huelgas masivas y levantamientos campesinos.
Aunque el capitalismo chino es fuerte, su clase dominante ha resultado ser políticamente inmadura y atrofiada por la historia. Todavía está pagando el precio de su desarrollo tardío a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, cuando era tan débil que ni siquiera podía oponerse a la anticuada y tambaleante dinastía Qing. En cambio, la revolución china de 1949 tuvo que barrer del poder también a los capitalistas emergentes. El regreso del capitalismo ha llevado a un crecimiento poderosísimo pero, una vez más, no ha podido ser llevado a término por ningún sector de la clase capitalista china porque no existía. En su lugar, esta restauración fue dirigida por el aparato del Estado del que surgió gradualmente una pequeña y frágil clase capitalista.
Esto significa que la clase capitalista china carece de experiencia política. Está excluida del poder y tiene que recurrir al soborno de funcionarios. Mientras que la clase dominante de, por ejemplo, Estados Unidos y Gran Bretaña, tuvo siglos para perfeccionar el arte de controlar la política, incluyendo la corrupción de los dirigentes obreros, la burguesía china no tiene esa experiencia. Ni que decir tiene cómo la ola huelguística está tratando a los sindicalistas corruptos, y el Estado carece de cualquier medio para involucrar a los elementos reformistas del movimiento obrero en la gestión del Estado burgués.
Esto significa que una explosión revolucionaria puede tener lugar sin previo aviso y con la burguesía sin medios probados y comprobados a su disposición para influir en las capas superiores de la clase obrera. Y todo esto ocurre en el contexto de un capitalismo mundial plagado de crisis que está restringiendo el uso de la válvula de seguridad probada y comprobada que ofrece el capitalismo chino, o que ofrecía, con su crecimiento exponencial.
Como muestran las cifras de huelga, en el yunque de las luchas en el taller omnipotente de China, el nuevo proletariado está adquiriendo las más indispensables de las conquistas - la conciencia de clase y la organización. Ninguna cantidad de represión estatal ha sido o será capaz de detener el avance de este proceso objetivo. ¡Viva la clase obrera china, viva la revolución china!

Daniel Morley y Congyue Da
23 de octubre de 2013

El declive de Estados Unidos (y de todos los demás...)


La economía política del mundo es un mosaico de corrientes opuestas: deterioro interior y enriquecimiento de la élite, nuevas fuentes de incremento de las ganancias y de profundización del desencanto político, caída de los estándares de vida para muchos y lujo extravagante para unos pocos; pérdidas militares en algunas regiones y avances imperiales en otras. Se habla de configuraciones de poder mundial de carácter unipolar, multipolar e incluso despolarizada. ¿Dónde, cuándo, hasta qué punto y bajo qué circunstancias tienen validez dichas caracterizaciones?
Las burbujas crecen y se desvanecen -pero hablemos de los "beneficiados": Aquellos que causan las crisis, recogen las mayores ganancias mientras sus víctimas no tienen voz ni voto. La economía especulativa y el estado delictivo prosperan promoviendo la perversión de la cultura y del lenguaje. "Periodismo investigador", o reportaje a través de la mirilla, está de moda. El mundo del poder gira descontrolado: Mientras se produce la decadencia, los poderes líderes declaran: "¡o nuestro liderazgo o la ruina de todos!".

Configuraciones globales de poder

El poder es una relación entre clases, estados e instituciones militares e ideológicas. Cualquier configuración de poder depende de las luchas pasadas y presentes que reflejan relaciones cambiantes de fuerza. Las estructuras y los recursos materiales, las concentraciones de riqueza, armamento y medios tienen una gran importancia; establecen el marco en el cual se insertan los dueños principales del poder. Pero las estrategias para retener o ganar poder dependen del tejido de alianzas, del desarrollo de guerras y de la negociación de la paz. Por encima de todo, el poder depende de la fuerza de los cimientos internos. Estos se basan en una economía productiva, un estado independiente y libre de conflictos externos perjudiciales y de una clase dominante capaz de recolectar recursos globales para "comprar" el consenso interno de la mayoría.
Para evaluar la posición de Estados Unidos en la configuración global de poder es necesario analizar las cambiantes relaciones políticas y económicas a dos niveles: por región y por esfera de poder. La historia no transcurre siguiendo un patrón lineal ni ciclos recurrentes: las derrotas militares y políticas en algunas regiones pueden ir acompañadas de victorias importantes en otras. La decadencia económica en algunas esferas y regiones puede estar compensada por marcados avances en otros sectores económicos y en otras regiones.
En el análisis final, no se trata de marcar los resultados en un tablero ni de sumar victorias y restar derrotas sino de interpretar los resultados regionales y sectoriales extrayendo la tendencia y las estructuras emergentes de la configuración de poder global. Comencemos por examinar el legado de las guerras recientes en el poder económico, militar y político global de EE.UU.

Mantenimiento del imperio estadounidense: Derrotas, retiradas, avances y victorias

Las perspectiva dominante en los análisis más críticos sostien que en la década pasada el imperio estadounidense ha sufrido una serie de derrotas militares, de decadencia económica y que ahora enfrenta competidores más fuertes y la probabilidad de mayores derrotas militares. La evidencia citada es contundente: EE.UU. se vio forzado a retirar tropas de Irak, después de una ocupación militar extremadamente costosa que duró una década, dejando un régimen que es un estrecho aliado de Irán, el adversario regional de EE.UU. La guerra de Irak saqueó la economía, privó a las corporaciones de EE.UU. de la riqueza del petróleo, incrementó el presupuesto de Washington y los déficit de la balanza comercial y disminuyó los estándares de vida de los ciudadanos de EE.UU. La guerra de Afganistán tuvo resultados similares, con altos costos externos, retirada militar, regímenes subalternos débiles, descontento interno y carencia de transferencia de poder (saqueo imperial) hacia el Tesoro de EE.UU. o hacia las corporaciones privadas. La guerra de Libia causó la destrucción total de una rica economía petrolera en el Norte de África, la desintegración total del estado y de la sociedad civil y la emergencia de milicias armadas tribales y fundamentalistas opuestas a los regímenes subalternos de EE.UU. y la Unión Europea en África del Norte, en la región al Sur del Sahara y más allá. Washington decidió que, en lugar de seguir beneficiándose de los jugosos acuerdos de gas y petróleo con el gobierno conciliador de Kadafi, iba a impulsar un "cambio de régimen", mediante una guerra que arruinó Libia y destruyó la viabilidad de un estado central. La actual "guerra por intermediarios" en Siria ha fortalecido a los señores de la guerra musulmanes, ha destruido la economía del país y ha incrementado la cantidad de refugiados -que ya contaba con millones de desplazados de las guerras en Irak y Libia. Las guerras imperiales de EE.UU. han causado pérdidas económicas, inestabilidad política y ganancias militares para los adversarios musulmanes.
América Latina ha rechazado categóricamente los esfuerzos de EE.UU. para derrocar al gobierno de Venezuela. El mundo entero -menos Israel y Washington- repudia el embargo a Cuba. Proliferan las organizaciones de integración regional, que excluyen a EE.UU. Ha disminuido la participación de EE.UU. en la balanza comercial de la región, con Asia tomando el lugar dejado por EE.UU. en los mercados latinoamericanos.
En Asia, China consolida y expande sus vínculos económicos con los países clave, mientras que el "pivot" de EE.UU. se centra principalmente alrededor de los asentamientos militares en Japón, Australia y Filipinas. Es decir que China es más importante que EE.UU. para la expansión económica de Asia, y al mismo tiempo, China financia el déficit de la balanza comercial de EE.UU. y revitaliza la economía estadounidense.
En África, las fuerzas militares de EE.UU. llevan a cabo operaciones para promover los conflictos armados e intensificar la inestabilidad. Mientras, los capitalistas asiáticos, con grandes inversiones en los países estratégicos de África, recogen los beneficios del boom de commodities, expanden los mercados e incrementan las ganancias.
Las revelaciones sobre la red de espionaje global de la NSA de EE.UU. han perjudicado el accionar de los servicios de inteligencia y las operaciones clandestinas. La inversión masiva de EE.UU. en el ciber-imperialismo, aunque pudo haber beneficiado los intereses de algunas corporaciones privadas privilegiadas, parece haber generado reacciones diplomáticas y prácticas negativas para el imperio.
En suma, el actual panorama global presenta un cuadro de derrotas significativas en las políticas imperiales, al igual que pérdidas sustanciales para el Tesoro de EE.UU. y la erosión del respaldo popular. Sin embargo, esta perspectiva presenta debilidades notorias, especialmente en relación con otras regiones, relaciones y esferas de la actividad económica. Las estructuras fundamentales del imperio siguen intactas.
La OTAN, la principal alianza militar liderada por el Pentágono, está ampliando su lista de socios y expandiendo su campo de operaciones. Los estados del Báltico, especialmente Estonia, son sitio de ejercicios militares a gran escala a solo pocos minutos de las principales ciudades rusas. Tanto Europa del Centro como del Este proveen bases para misiles que apuntan a Rusia. Ucrania recientemente ha dado pasos para integrarse a la Unión Europea y para integrar la OTAN.
La Alianza Trans-Pacífico (TPP) liderada por EE.UU. ha expandido sus socios entre los países andinos: Chile, Perú y Colombia. Esto funciona como un trampolín para debilitar los bloques de intercambio comercial en la región como MERCOSUR y ALBA, que excluyen a Washington. Mientras tanto, la CIA, el Departamento de Estado y las ONGs aliadas impulsan todo tipo de sabotajes económicos y campañas de desestabilización política para debilitar al gobierno nacionalista de Venezuela. Los banqueros y capitalistas pro-EE.UU. siguen trabajando para sabotear la economía, generar inflación (50%), desabastecimiento de artículos básicos de consumo y apagones eléctricos. El control que ejercen sobre los medios de prensa de Venezuela les ha permitido explotar el descontento popular echándole la culpa de la inestabilidad económica a la "ineficiencia del gobierno".
Por sobretodo, la ofensiva de EE.UU. en América Latina se ha enfocado en el golpe militar en Honduras, en el sabotaje económico constante en Venezuela, en campañas electorales y de medios en Argentina, en la guerra cibernética en Brasil, mientras que a la par EE.UU. estrecha vínculos con los gobiernos neoliberales complacientes de México, Colombia, Chile, Panamá, Guatemala y República Dominicana. EE.UU. ha perdido influencia en América Latina durante la primera década del siglo XXI, pero desde entonces ha recuperado parcialmente algunos de sus clientes y socios. La recuperación relativa de la influencia de EE.UU. en la región ilustra el hecho de que los "cambios de régimen" y la disminución en la balanza comercial, no han desgastado los vínculos financieros y corporativos con los poderosos intereses estadounidenses, incluso en los países progresistas. La presencia continua de poderosos aliados políticos -incluso aquellos "fuera del gobierno- constituye un trampolín para que EE.UU. pueda recuperar su influencia en la región. Las políticas nacionalistas y los proyectos de integración regional emergentes siguen siendo vulnerables a los contraataques de EE.UU.
Mientras que EE.UU. ha perdido influencia entre algunos países productores de petróleo, por otra parte ha disminuido el grado de dependencia de las importaciones de gas y petróleo gracias a un notable incremento de la producción energética vía "fracking" y otras tecnologías extractivas intensivas. Mayor autosuficiencia significa costos energéticos más bajos para los productores internos, lo que aumenta su capacidad competitiva en los mercados mundiales, y por ende la posibilidad de recuperar espacio en los mercados para sus exportaciones.
El aparente declive de la influencia imperial de EE.UU. en el mundo árabe, posterior a las populares revueltas de la "Primavera Árabe", se ha detenido e incluso se ha revertido. El golpe militar en Egipto, y el establecimiento y consolidación de la dictadura militar en El Cairo sofocó las movilizaciones de masa populares y nacionales. Egipto ha regresado a la órbita de EE.UU. e Israel. En Argelia, Marruecos y Túnez los viejos y nuevos gobernantes están aplastando cualquier protesta antiimperialista. En Libia, la fuerza aérea de EE.UU. y la OTAN destruyeron el gobierno nacional populista de Kadafi, eliminaron un modelo alternativo de estado de bienestar social y lo reemplazaron con el saqueo neocolonial, pero hasta el momento no lograron consolidar un régimen neoliberal aliado en Trípoli. Pandillas musulmanas armadas adversarias, matones de grupos étnicos y monárquicos saquean y asolan el territorio. La destrucción de un régimen antiimperialista no condujo al establecimiento de un régimen proimperialista.
En el Medio Oriente, Israel continúa despojando a los palestinos de la tierra y del agua. EE.UU. sigue escalando las maniobras militares e imponiendo más sanciones económicas contra Irán -debilitando a Teherán pero también disminuyendo la riqueza y la influencia de EE.UU. por la pérdida del lucrativo mercado iraní. Como en Siria, los aliados de EE.UU. y la OTAN destruyeron la economía nacional y fragmentaron una sociedad compleja, sin lograr convertirse en los principales beneficiados del proceso. Los mercenarios musulmanes han ampliados sus bases de operación mientras que Hezbolá se ha consolidado como un importante actor en la región. Las negociaciones actuales con Irán abrieron posibilidades para que EE.UU. reduzca sus pérdidas y la amenaza regional de una nueva y costosa guerra pero esas conversaciones son bloqueadas por una alianza entre el estado sionista-militar de Israel, la monarquía de Arabia Saudita y la Francia "socialista".
Washington ha perdido influencia económica en Asia -ante el avance de China- pero está implementando una contraofensiva regional, desde su red de bases militares en Japón, Filipinas y Australia. Promueve un nuevo acuerdo económico Trans-Pacífico que excluye a China. Esto pone de manifiesto la capacidad de EE.UU. para intervenir y para delinear los intereses imperialistas. Sin embargo, anunciar nuevas política y formas organizativas no es lo mismo que implementarlas y proveerles un contenido dinámico. El cerco militar tendido por Washington alrededor de China está contrabalanceado por la deuda billonaria contraída con Beijín. Una política militar agresiva contra China podría causar que China se decida a vender masivamente bonos del Tesoro estadounidense y que las inversiones de quinientas multinacionales se hallen en serio peligro.
El reparto del poder entre una potencia global establecida y una emergente, como los son EE.UU. y China, no puede ser "negociado" a través de la superioridad militar de EE.UU. Las amenazas y chicanas diplomáticas solo consiguen victorias propagandísticas, únicamente los logros económicos de largo plazo pueden constituir los caballos de Troya necesarios para erosionar el dinámico crecimiento de China. Incluso hoy, la élite de China gasta cuantiosas sumas para educar a sus hijos en las "prestigiosas" universidades de EE.UU. y Gran Bretaña, donde se enseñan las doctrinas económicas de libre mercado y las narrativas centradas en la noción de imperio. En la última década, los políticos chinos más destacados y las corporaciones más adineradas han enviado miles de millones de dólares de valores lícitos y no-lícitos hacia cuentas bancarias en el exterior, para invertir en negocios inmobiliarios de lujo en América del Norte y Europa y para lavado de dinero en paraísos de estas actividades. Hoy, existe en China una facción poderosa de economistas y consejeros de las élites financieras a favor de una mayor "liberalización financiera", es decir, un dominio de las corporaciones financieras especuladoras de Wall Street y la City de Londres. Mientras que las industrias chinas pueden estar ganando espacios en la competencia por los mercados internacionales, EE.UU. ha ganado y sigue ganando espacios en la estructura financiera de China.
La participación de EE.UU. en el comercio de América Latina puede estar en retroceso pero el valor absoluto del dólar se ha incrementado varias veces en la última década.
EE.UU. puede estar perdiendo clientes de derecha en América Latina pero los nuevos gobiernos de centro-izquierda están colaborando activamente con las principales corporaciones mineras y agro-industriales y con las empresas de importación-exportación de bienes. El Pentágono no ha sido capaz de orquestar golpes de estado, con la patética excepción de Honduras, pero todavía mantiene una estrecha relación con los militares de América Latina de dos maneras: 1) realizando actividades "antiterroristas", "antinarcóticos" y de "control de migración" a nivel regional, 2) proporcionando entrenamiento técnico y adoctrinamiento político mediante programas militares "educativos" en el extranjero y 3) desarrollando ejercicios militares conjuntos.
En suma, las estructuras corporativas, financieras, militares, políticas y culturales del imperio estadounidense continúan en su lugar y dispuestas a recobrar hegemonía en el momento en que las oportunidades políticas se presenten. Por ejemplo, un marcado declive en los precios de los bienes (k) probablemente provocaría una crisis profunda e intensificaría los conflictos de clase en los países gobernados por regímenes de centro-izquierda, que dependen de las exportaciones agrícolas y mineras para financiar sus programas sociales. En cualquier confrontación, EE.UU. impulsaría el derrocamiento del gobierno y la reimplantación de un gobierno aliado neoliberal en asociación con las élites económicas y militares. La fase actual de políticas y configuraciones de poder post neoliberal es vulnerable. El "declive de la influencia y del poder de EE.UU." es relativo y puede ser revertido, incluso cuando no vuelva a su configuración anterior. El punto teórico es que mientras las estructuras imperiales sigan vigentes y mientras los colaboradores externos mantengan posiciones estratégicas, EE.UU. podrá recuperar una posición dominante en la configuración global de poder.
Para que se concrete el regreso imperial no hace falta que sigan "las mismas caras conocidas". Ya hay nuevas figuras políticas, especialmente algunas con credenciales de progresistas y retoques cosméticos de ideología "socialmente incluyente" con papeles importantes en las nuevas redes de intercambio dirigidas por el imperio. En Chile, la recientemente electa Presidenta "socialista" Michelle Bachelet y el peruano ex-nacionalista Ollanta Humala son grandes defensores de la Alianza Trans-Pacífico de Washington, un mercado regional que compite con MERCOSUR y ALBA, y excluye a China. En México, el Presidente Peña Nieto, cliente de EE.UU., está privatizando la "joya" de la economía mexicana, PEMEX, la gigante compañía petrolera, fortaleciendo el poder de Washington sobre los recursos energéticos regionales y aumentando la independencia de EE.UU. del petróleo de Medio Oriente. El Presidente colombiano Santos, el presidente de la "paz", está negociando el fin de la guerrilla para expandir la explotación multinacional de minerales y recursos energéticos localizados en regiones disputadas por la guerrilla, un desenlace que le traerá grandes beneficios a las corporaciones petroleras de EE.UU. En Argentina, Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) ha firmado un contrato con el gigante petrolero Chevron para explotar un gran yacimiento de gas y petróleo conocido como Vaca Muerta. Este acuerdo expandirá la presencia de EE.UU. en Argentina en el área energética, sumándose a la influencia ganada por Monsanto en el poderoso sector agrícola.
No hay dudas de que América Latina ha diversificado el comercio y que la participación de EE.UU. ha experimentado un declive relativo. Los gobernantes latinoamericanos ya no buscan ansiosamente la "certificación" de los embajadores de EE.UU. antes de presentar una candidatura política. EE.UU. está totalmente aislado en el boicot a Cuba. La OEA ya no es un paraíso para EE.UU. Pero hay tendencias en el sentido contrario, como las reflejadas por el TPP. Hay nuevos sitios de explotación económica, que no se hallan bajo el control absoluto de EE.UU. que ahora sirven como trampolines desde donde obtener un incremento del poder imperial.

Conclusión

La economía de EE.UU. está en una fase de estancamiento y no logra recuperar dinamismo debido a una serie de guerras imperiales. Sin embargo, en el Medio Oriente, el declive de EE.UU. en relación con el pasado, no fue acompañado de un ascenso de los viejos rivales. Europa se halla en una crisis cada vez más profunda, con un ejército inmenso de desocupados, crecimiento negativo crónico y pocos signos de recuperación para el futuro cercano. Incluso China, el nuevo poder global emergente, está disminuyendo su crecimiento, que ha bajado del 11% al 7% en la década actual. Beijín enfrenta un creciente descontento interno. India, al igual que China, está liberalizando su sistema financiero, abriéndolo a la penetración e influencia del capital financiero de EE.UU.
Las principales fuerzas antiimperialistas de Asia y África no son los movimientos progresistas, seculares, democráticos o socialistas. Los movimientos que se enfrentan al imperialismo son religiosos, étnicos, misóginos y autoritarios con tendencias irredentistas. Las viejas voces seculares y socialistas han perdido fuerza, y proporcionan "justificaciones" perversas para las guerras de agresión en Libia, Mali y Siria. Los socialistas franceses, que se opusieron a la guerra de Irak en el 2003, ahora tienen al Presidente Hollande parodiando el militarismo brutal del señor de la guerra israelí, Netanyahu.
El punto es que tanto la tesis del "declive del imperio estadounidense" como su corolario, "la crisis de EE.UU." es una exageración, dependiente del tiempo y carente de datos específicos. En realidad no hay una alternativa al imperio ni una tendencia antiimperialista en el horizonte inmediato. Mientras que es cierto que el capitalismo occidental está en crisis, la reciente curva ascendente del capitalismo asiático en China e India enfrentan diferentes crisis producidas por la salvaje explotación de clase y por las criminales relaciones de casta. Si las condiciones objetivas están "maduras para el socialismo", los socialistas, al menos aquellos que tienen alguna presencia política, se hallan cómodamente insertados en sus respectivos regímenes imperialistas. Los marxistas y socialistas de Egipto respaldaron a los militares para derrocar el gobierno conservador musulmán electo por el pueblo, conduciendo a la restauración de un régimen pro-imperialista en el país. Los "marxistas" franceses e ingleses han respaldado la destrucción de Libia y Siria por parte de la OTAN. Numerosos progresistas y socialistas, en Europa y Estados Unidos apoyan a los israelíes militaristas y/o se quedan callados ante el poder sionista interno en el poder ejecutivo y en el legislativo.
Si el imperialismo está en una fase de declive, también lo está el antiimperialismo. Si el capitalismo está en crisis, los anticapitalistas están en retirada. Si los capitalistas buscan nuevos rostros e ideólogos para restablecer su prosperidad, ¿no es hora de que los antiimperialistas y anticapitalistas hagan lo mismo?

James Petras

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