domingo, 8 de abril de 2012
Tenemos en Estados Unidos ahora muchas empresas de mercenarios.
Comentarios para CX36 Radio Centenario del sociólogo norteamericano, Prof. James Petras desde Nueva York -Estados Unidos. Lunes 26 de marzo de 2012
“Cuando uno habla de las fuerzas especiales debemos entender que no solamente están involucradas en asesinatos de militantes, de dirigentes populares, de dirigentes de la insurgencia sino que también tratan con narco traficantes, tratan con todo tipo de contrabandistas, compra y venta de armas, tienen multitud de informantes que controlan y eliminan sin es necesario. Y también utilizan a las fuerzas especiales como fuerzas de intimidación. Ahora, muchos no tienen todas las calificaciones para funcionar en un ambiente urbano donde tienen que disfrazar su apariencia, su presencia, como algún funcionario. Pero están muy, muy metidos en el ejército, mucho más como asesores y también trabajan con las fuerzas contratadas. Tenemos en Estados Unidos ahora muchas empresas de mercenarios. Formalmente mercenarios. Subcontratan soldados y fuerzas armadas para reemplazar a los soldados normales”
Chury: Oyentes, estamos en el panorama internacional de análisis de todos los lunes. Antes que nada le queremos decir a Petras que sabemos que nos está escuchando, que hoy vamos a invertir de alguna manera el proceso de los reportajes en el sentido de que él comenzaba con los análisis que está preparando y vamos a hacer al revés. Hacemos alguna pregunta antes y después él hace todo el análisis final.
Esto lo hacemos porque de lo contrario los sitios en internet simplemente toman una parte de todo esto o la que les conviene y en definitiva no es lo que hizo de esta entrevista un clásico y lo queremos dejar en claro.
Nosotros estamos cubriendo entonces a partir de este momento la información internacional y dándole la bienvenida a James Petras y agradeciéndole muy especialmente su saludo por el Aniversario del Movimiento 26 de Marzo.
Petras, bienvenido, el gusto de que estés con nosotros.
Petras: Muchas gracias, estamos contento de participar otra vez con los oyentes de Uruguay y más allá en todos los países que escuchan este programa de radio Centenario.
Chury: Bien Petras. Antes que nada queríamos preguntarte, porque la BBC hace una semana lanzó una información de que las fuerzas especiales de Estados Unidos estarían listas para preparar acciones en América Latina. Que el comando de operaciones especiales cuyas fuerzas de elite fueron las que rastrearon y mataron a Osama Bin Laden como a otros, lanzó una propuesta al pentágono para tener mayor libertad de desplazamiento de las fuerzas especiales, el SOF por sus siglas en inglés (Special Operations Forces), y realizar operativos en América Latina. ¿Es esto un hecho nuevo o simplemente se está repitiendo algo que ya estaba establecido?
Petras: Existen operaciones especiales, existen fuerzas especiales hace tiempo, desde la contra insurgencia de los 60 que empezó con los boinas verdes del presidente Kennedy y siguió después con varios presidentes. Ahora, últimamente este sector de la contra revolución el aparato militar norteamericano ha sido extendido. Tenemos en todo caso, operaciones clandestinas militares por parte de varias otras agencias, incluso la CIA, la Central de Inteligencia; la DEA, la organización de las drogas que opera también en América Latina, pero últimamente han aumentado el presupuesto y han dado un lugar más central para las fuerzas especiales. Es difícil conseguir información porque todo es secreto. Las operaciones son clandestinas incluso y ni el Congreso está avisado de lo que estás haciendo las fuerzas especiales. Solamente hay un director que se trata directamente con el Ministro de defensa y el presidente. Ahora, más allá de eso, debemos anotar que las actividades de las fuerzas especiales son muy prominentes en lugares donde hay grupos insurgentes. Puede ser guerrilleros, puede ser movimientos sociales de gran alcance, puede estar en un lugar donde hay un gobierno progresista. Y las tareas, el funcionamiento de las fuerzas especiales varían según las circunstancias. Por ejemplo, en Centro América durante las luchas populares en los años 80 y 90, trabajaban mucho en entrenamiento de los paramilitares y los escuadrones de la muerte. Lo mismo hasta hace poco, incluso ahora en Colombia, las fuerzas especiales, grupos de asesinos, operan en el país con el ejército y entrenan a los grupos paramilitares.
Cuando uno habla de las fuerzas especiales debemos entender que no solamente están involucradas en asesinatos de militantes, de dirigentes populares, de dirigentes de la insurgencia sino que también tratan con narco traficantes, tratan con todo tipo de contrabandistas, compra y venta de armas, tienen multitud de informantes que controlan y eliminan sin es necesario. Y también utilizan a las fuerzas especiales como fuerzas de intimidación. Ahora, muchos no tienen todas las calificaciones para funcionar en un ambiente urbano donde tienen que disfrazar su apariencia, su presencia, como algún funcionario. Pero están muy, muy metidos en el ejército, mucho más como asesores y también trabajan con las fuerzas contratadas. Tenemos en Estados Unidos ahora muchas empresas de mercenarios. Formalmente mercenarios. Subcontratan soldados y fuerzas armadas para reemplazar a los soldados normales. Y las fuerzas especiales tratan con estos mercenarios y comparten tareas. Ahora por ejemplo, en lugares como Afganistán e Irak y otros lugares. Operan en la tierra, operan a partir de aviones, tratan con diferentes recursos marítimos por ejemplo y en algunos casos infiltran un lugar, matan y después salen y uno no sabe cómo murió un oficial, un líder político, etc. No dejan ninguna señal, ningún mensaje, ninguna indicación entonces siembran la confusión, la oscuridad sobre la razón o el autor del acto.
Pero el hecho de que las guerras norteamericanas han sido tan prolongadas, costosas e impopulares por falta de respaldo popular, han presionado al gobierno para que cambie su forma de operar y ahora utilizan a las fuerzas especiales para evitar que un levantamiento se extienda y profundice. Mandan a eliminar a los protagonistas en las primeras fases para no tener que enfrentar una revolución o insurrección o una guerra extendida y profunda. El uso de las fuerzas especiales está especialmente dirigido a evitar la necesidad de mandar tropas que ya es muy difícil que el gobierno haga.
Lo segundo es que cuando una guerra anda mal y las tropas tienen que retirarse, también las fuerzas especiales aumentan su papel, que es lo que está pasando ahora. Entonces cada vez más las fuerzas especiales tienen una gran importancia en la política del imperio, en un momento en que el déficit fiscal donde los gastos tienen que ser controlados y hay un repliegue en el apoyo de guerras imperialistas y a la infantería.
Chury: La otra pregunta es por la reunión de Seúl
Petras: Sí, sobre el problema peninsular de Corea están todavía en un estado de guerra, no han firmado la paz legal, es decir que no han legalizado el fin de la guerra, un reconocimiento y un trato. En estas condiciones de beligerancia Washington sigue teniendo más de 40 mil tropas en Corea del Sur con barcos nucleares cerca, submarinos cerca de la costa de Corea del Norte y Corea del Norte a partir de sus científicos ha producido una bomba nuclear. Frente a eso es muy difícil para Washington hacer una confrontación. Corea del Norte no es tan loco como muchos creen. Ellos piensan que con la bomba nuclear están evitando una invasión al estilo de Irak. Mientras Estados Unidos no quiere reconocer a Corea del Norte como una entidad legal o nación con reconocimiento, ellos están en un estado de beligerancia. Ahora, Corea del Norte ofrece negociar el desarme nuclear, pero quiere garantías y quiere que Washington no siga la política de bloqueo económico, las sanciones, las restricciones. En este caso actual China busca la coexistencia pacífica. China cree que Corea del Norte no va a enfrentar, no va a encontrar una agresión norteamericana y deben llegar a un acuerdo. Hace largo tiempo ya China tiene enormes relaciones comerciales con Corea del Sur, con los Estados Unidos, entonces China está actuando como intermediaria, recibiendo presiones de Estados Unidos para imponer una política menos bélica con Corea del Norte, mientras Corea del Norte insiste en que China debe informar a los Estados Unidos que están dispuestos a negociar siempre que sea como iguales y sin amenazas. Y esta conferencia de Seúl es un acercamiento. Corea del Norte indicó que está dispuesta a negociar todo. Está dispuesta pero quiere tener el derecho de mandar un satélite a la atmósfera como una prueba y también celebrar los cien años del aniversario del ex presidente Kim Il Sung. En este sentido es una doble fecha, pero Washington considera este satélite como una expresión agresiva. Un misil con capacidad intercontinental, etc. y está poniendo trabas hacia el mejoramiento de las relaciones. Corea del Norte dice que quiere mejorar las relaciones, pero no va a dejar sus programas de defensa. Es una situación muy complicada, con muchas presiones y espero que termine mejor que las otras, que no termine en ruptura y mayores presiones contra el pobre pueblo de Corea del Norte.
Chury: Petras, ¿qué otros temas estás analizando en estos momentos?
Petras: Bueno, hay varios. Uno es que ayer anunciaron en Washington que se va a pagar una indemnización de 50 mil dólares por cada uno de los individuos masacrados, las 17 personas masacradas. Las familias recibirán 50 mil dólares como compensación. Ahora, esta compensación es para ocultar el hecho de que Washington no quiere ninguna investigación más sobre este asunto porque las mentiras que mencionábamos en la entrevista anterior ahora son más evidentes. Por ejemplo ayer declaró Washington una nueva versión porque cada vez cambian la versión de que pasó. Dicen ahora que el soldado que fue a hacer la masacre, el cuento del asesino único, se fue a matar a todos esos pueblos, dos aldeas, los quemó, etc. Bueno, eso es una fantasía, nadie creía esto porque ¿cómo se puede ir cuatro kilómetros entre las dos aldeas matando? Entonces ayer dijeron que confesó que fue en dos turnos. Primero a la noche, después vuelve al desayunar, después fue por segunda vez.
Cada vez es peor, es una fantasía porque ¿cómo se puede pasar dos veces por el puesto sin ser reconocido? Incluso empezar a matar a plena luz del día. Entonces tenemos otra vez cómo Estados Unidos trata de mantener en la oscuridad cómo las fuerzas especiales están asesinando pueblos cada día en estas ocupaciones coloniales. Y cuando un cuento no vuela, cuando no es creíble, cambian pero cada vez que cambian el cuento es peor porque nadie cree. Dicen primero que el tipo era borracho, después dicen que tiene problemas domésticos, ahora dicen que tiene problemas mentales, pero no es simplemente problemas de un individuo sino que es un problema militar en una base militar. El hecho de que era un grupo de soldados bajo el mando de los oficiales y cometieron esta atrocidad dentro de una operación de fuerzas especiales. Eso está atrás de pagar ahora casi 800 mil dólares para tratar de salvar la situación frente al enorme escándalo que han montado.
El segundo punto es sobre la visita del Vaticano a México y Cuba y cómo entendemos eso. Pues de México entendemos porque es el país católico más grande en el mundo. Hay mucha miseria, producto del neoliberalismo hay más pobres ahora que hace 10 años, dicen que menos del 30% tienen alguna cobertura de jubilación, el 70% de los mexicanos se quedan sin ninguna jubilación, la pobreza se multiplica, las desigualdades se multiplican; el Papa va a dar consolación y va recibiendo una enorme audiencia para que la gente sienta que en este mundo las cosas son tan malas que buscan la salvación en el otro o a partir de la falta de materialidad en la vida buscan la consolación en la vida espiritual como un mecanismo de adaptarse a una situación imposible. Ahora ¿qué entendemos con Cuba? Cuba es un país socialista, con prácticas ateas pero tolerancia hacia diferentes religiones: protestantes, judíos, musulmanes, ortodoxos, griegos, etc. Pero hay una oportunidad aquí: dentro de la nueva política de Cuba, la liberalización, hay un crecimiento de desocupación y algunos problemas difíciles para adaptarse a las nuevas condiciones del mercado y el Vaticano está acumulando alguna institucionalidad. La caridad está en Cuba ahora, Cáritas y otras organizaciones incluso tienen hospitales, tienen algunos lugares para entrenar curas, etc. Y Cuba busca el apoyo del Vaticano contra el bloqueo norteamericano, busca apoyos diplomáticos y también el Vaticano tiene influencia en América Latina y otros países del Sur de Europa y puede ser un aporte más para evitar las agresiones norteamericanas entonces hay beneficios mutuos: el Vaticano no quiere meterse con estos grupos financiados por los Estados Unidos como las mal llamadas damas de blanco que son mujeres que reciben subvenciones del gobierno norteamericano orientadas hacia el derrocamiento del gobierno. En esta parte el Vaticano hasta ahora ha puesto distancia porque tiene sus propios representantes allá y no quiere meterse con las funcionarias y agentes de Estados Unidos. Ellos tienen sus curas, sus obispos, sus fieles, etc. Y las damas no tienen ninguna base popular como la iglesia, ¿para qué el Vaticano va a crear problemas con el gobierno de Cuba dando legitimidad a estos agentes de Washington? Como decía tiene su propia agenda, una agenda con su propia orientación religiosa y político-económico pero no exactamente en la misma línea de Washington y por lo menos en este momento meterse con Washington va a terminar con sus posibilidades de trabajar en Cuba y para ellos la prioridad es conciliar o tener una buena relación y reconocimiento mutuo con Cuba, con el gobierno, y evitar algunos conflictos abiertos. Como ellos dicen, es a largo plazo. Dice el Papa que tenemos que tener paciencia, que es un proceso de largo plazo. Obviamente que el vaticano a final de cuentas apoya la privatización de la economía capitalista pero no de golpe sino que está más en la línea de paso a paso, cambio por cambio, hasta que esté en una posición más fuerte y estratégica. Mientras Cuba cree que en esta pugna se puede beneficiar en el corto plazo y controlar las consecuencias de cualquier aumento de la influencia del Vaticano.
Chury: Petras, estamos en el final pero no quiero irme sin preguntarte de qué manera ves en tu análisis la perspectiva de las elecciones de octubre en Venezuela con el devenir de todos los acontecimientos que han estado ocurriendo con la salud de Chávez y todas estas cosas.
Petras: Yo creo que en primera instancia el gobierno de Venezuela tiene una ventaja enorme o dos ventajas. Una, que tiene un líder que es muy popular, tiene enorme arrastre, tiene una historia de fidelidad a las luchas y reivindicaciones populares. Y actualmente tiene enormes ingresos por el alto precio del petróleo y está haciendo enormes inversiones en empleo y habitación, que son dos puntos básicos. En este contexto si no hay alguna caída vertical en el petróleo, si no hay un problema con el presidente Chávez yo creo que gana por lo menos con el 60% del voto. La derecha está simplemente tratando de sembrar dudas sobre la salud de Chávez pero no puede encontrar forma de criticar los gastos sociales y la construcción de 100 o 150 mil casas en este año y eso va a impactar sobre más de 500 mil personas, votantes etc., mientras hay otros proyectos en las provincias. No hay ninguna posibilidad para la derecha de ganar la presidencia ahora en el voto para el Congreso sí va a ser estrecho y hay una diferencia entre el apoyo que Chávez tiene personalmente y el apoyo que tiene el partido y los candidatos congresistas.
Yo creo que tal vez en el congreso por arrastre de Chávez puede ganar una mayoría pero no una gran mayoría sino un 51 a 52% contra una oposición cada vez más fuerte en la política local.
Chury: Muy bien Petras, como todos los lunes estamos agradeciéndote tus análisis. Te mandamos un abrazo y te esperamos el próximo lunes con la audiencia de radio Centenario.
Petras: Muchas gracias y saludos a los oyentes, tanto a los taxistas, los trabajadores de oficina y a los que simplemente caminan con la radio en la oreja.
Chury: Muy bien. Un abrazo grande
www.radio36.com.uy
sábado, 7 de abril de 2012
viernes, 6 de abril de 2012
Necesidad de una preparación ideológica de la masa.
Nunca imaginó la dirección del Partido que para luchar contra la ideología burguesa, para liberar a las masas de la influencia del capitalismo, fuera menester ante todo difundir en el Partido mismo la doctrina marxista y defenderla de toda contrafracción.
Desde hace casi cincuenta años, el movimiento obrero revolucionario italiano ha caído en una situación de ilegalidad o de semilegalidad. La libertad de prensa, el derecho de reunión, de asociación, de propaganda, han sido prácticamente suprimidos. La formación de los cuadros dirigentes del proletariado no puede realizarse, pues, por la vía y con los métodos que eran tradicionales en Italia hasta 1921. Los elementos obreros más activos son perseguidos, son controlados en todos sus movimientos, en todas sus lecturas; las bibliotecas obreras han sido incendiadas o eliminadas de otra manera; las grandes organizaciones y las grandes acciones de masa ya no existen o no pueden organizarse. Los militantes no participan plenamente o sólo en medida muy limitada en las discusiones y en el contraste de ideas; la vida aislada o las reuniones irregulares de pequeños grupos clandestinos, el hábito que puede crearse en una vida política que en otros tiempos parecía excepción, suscitan sentimientos, estados de ánimo, puntos de vista que son con frecuencia erróneos e incluso a veces morbosos.
Los nuevos miembros que el Partido gana en tal situación, evidentemente hombres sinceros y de vigorosa fe revolucionaria, no pueden ser educados en nuestros métodos de amplia actividad, de amplias discusiones, del control recíproco que es propio de los periodos de democracia y de legalidad. Se anuncia así un periodo muy grave: la masa del Partido habituándose, en la ilegalidad, a no pensar en otra cosa que en los medios necesarios para escapar al enemigo, habituándose a ver posible y organizable inmediatamente sólo acciones de pequeños grupos, viendo cómo los dominadores aparentemente habían vencido y conservan el poder con el empleo de minorías armadas y encuadradas militarmente, se aleja insensiblemente de la concepción marxista de la actividad revolucionaria del proletariado, y mientras parece radicalizarse por el hecho de que a menudo se anuncian propósitos extremistas y frases sanguinolentas, en realidad se hace incapaz de vencer al enemigo. La historia de la clase obrera, especialmente en la época que atravesamos, muestra cómo este peligro no es imaginario. La recuperación de los partidos revolucionarios, tras un periodo de ilegalidad, se caracteriza con frecuencia por un irrefrenable impulso a la acción, por la ausencia de toda consideración de las relaciones reales de las fuerzas sociales, por el estado de ánimo de las grandes masas obreras y campesinas, por las condiciones del armamento, etc. Así, a menudo ha ocurrido que el Partido revolucionario se ha hecho destrozar por la reacción aún no disgregada y cuyas reservas no habían sido debidamente justipreciadas, entre la indiferencia y la pasividad de las amplias masas, que, después de todo periodo reaccionario, se vuelven muy prudentes y son fácilmente presa del pánico cada vez que se amenaza con la vuelta a la situación de la que acaban de salir.
Es difícil, en líneas generales, que tales errores no se cometan; por eso, el Partido tiene que preocuparse de ello y desarrollar una determinada actividad que especialmente tienda a mejorar su organización, a elevar el nivel intelectual de los miembros que se encuentren en sus filas en el periodo del terror blanco y que están destinados a convertirse en el núcleo central y más resistente a toda prueba y a todo sacrificio del Partido, que guiará la revolución y administrará al Estado proletario.
El problema aparece así más amplio y complejo. La recuperación del movimiento revolucionario y especialmente su victoria, lanzan hacia el Partido una gran masa de nuevos elementos. Estos no pueden ser rechazados, especialmente si son de origen proletario, ya que precisamente su adhesión es uno de los signos más reveladores de la revolución que se está realizando; pero el problema que se plantea es el de impedir que el núcleo central del Partido sea sumergido y disgregado por la nueva arrolladora ola. Todos recordamos lo que ha ocurrido en Italia, después de la guerra, en el Partido Socialista. El núcleo central, constituido por camaradas fieles a la causa durante el cataclismo, se restringe hasta reducirse a unos 16.000. En el Congreso de Liorna estaban representados 220.000 miembros, es decir, que existían en el Partido 200.000 adherentes después de la guerra, sin preparación política, ayunos o casi de toda noción de doctrina marxista, fácil presa de los pequeños burgueses declamadores y fanfarrones que constituyeron en los años 1919-1920 el fenómeno del maximalismo. No carece de significado que el actual jefe del Partido Socialista y director de Avanti sea el propio Pietro Nenni, entrado en el Partido Socialista después de Liorna, pero que resume y sintetiza en sí mismo toda la debilidad ideológica y el carácter distintivo del maximalismo de la posguerra. Sería realmente delictivo que en el Partido Comunista se verificase con respecto al periodo fascista lo que ha ocurrido en el Partido Socialista respecto al periodo de la guerra; pero esto sería inevitable, si nuestro Partido no tuviera una línea a seguir también en este terreno, si no procurase a tiempo reforzar ideológica y políticamente sus actuales cuadros y sus actuales miembros, para hacerlos capaces de contener y encuadrar masas aún más amplias sin que la organización sufra demasiadas sacudidas y sin que la figura del Partido sea cambiada.
Hemos planteado el problema en sus términos prácticos más inmediatos. Pero tiene una base que es superior a toda contingencia inmediata.
Nosotros sabemos que la lucha del proletariado contra el capitalismo se desenvuelve en tres frentes: el económico, el político y el ideológico. La lucha económica tiene tres fases: de resistencia contra el capitalismo, esto es, la fase sindical elemental; de ofensiva contra el capitalismo para el control obrero de la producción; de lucha para la eliminación del capitalismo a través de la socialización. También la lucha política tiene tres fases principales: lucha para contener el poder de la burguesía en el Estado parlamentario, es decir, para mantener o crear una situación democrática de equilibrio entre las clases que permita al proletariado organizarse y desarrollarse; lucha por la conquista del poder y por la creación del Estado obrero, es decir, una acción política compleja a través de la cual el proletariado moviliza en torno a sí todas las fuerzas sociales anticapitalistas (en primer lugar la clase campesina), y las conduce a la victoria; fase de la dictadura del proletariado organizado en clase dominante para eliminar todos los obstáculos técnicos y sociales, que se interpongan a la realización del comunismo.
La lucha económica no puede separarse de la lucha política, y ni la una ni la otra pueden ser separadas de la lucha ideológica.
En su primera fase sindical, la lucha económica es espontánea, es decir, nace ineluctablemente de la misma situación en la que el proletariado se encuentra en el régimen burgués, pero no es por sí misma revolucionaria, es decir, no lleva necesariamente al derrocamiento del capitalismo, como han sostenido y continúan sosteniendo con menor éxito los sindicalistas. Tanto es verdad, que los reformistas y hasta los fascistas admiten la lucha sindical elemental, y más bien sostienen que el proletariado como clase no debiera realizar otra lucha que la sindical. Los reformistas se diferencian de los fascistas solamente en cuanto sostienen que si no el proletariado como clase, al menos los proletarios como individuos, ciudadanos, deben luchar también por la democracia burguesa; en otras palabras, luchar sólo para mantener o crear las condiciones políticas de la pura lucha de resistencia sindical.
Puesto que la lucha sindical se vuelve un factor revolucionario, es menester que el proletariado la acompañe con la lucha política, es decir, que el proletariado tenga conciencia de ser el protagonista de una lucha general que envuelve todas las cuestiones más vitales de la organización social, es decir, que tenga conciencia de luchar por el socialismo. El elemento “espontaneidad” no es suficiente para la lucha revolucionaria, pues nunca lleva a la clase obrera más allá de los límites de la democracia burguesa existente. Es necesario el elemento conciencia, el elemento “ideológico”, es decir, la comprensión de las condiciones en que se lucha, de las relaciones sociales en que vive el obrero, de las tendencias fundamentales que operan en el sistema de estas relaciones, del proceso de desarrollo que sufre la sociedad por la existencia en su seno de antagonismos irreductibles, etcétera.
Los tres frentes de la lucha proletaria se reducen a uno sólo, para el Partido de la clase obrera, que lo es precisamente porque asume y representa todas las exigencias de la lucha general. Ciertamente, no se puede pedir a todo obrero de la masa tener una completa conciencia de toda la compleja función que su clase está resuelta a desarrollar en el proceso de desarrollo de la humanidad, pues eso hay que pedírselo a los miembros del Partido. No se puede proponer, antes de la conquista del Estado, modificar completamente la conciencia de toda la clase obrera; sería utópico, porque la conciencia de la clase como tal se modifica solamente cuando ha sido modificado el modo de vivir de la propia clase, esto es, cuando el proletariado se convierta en clase dominante, tenga a su disposición el aparato de producción y de cambio y el poder estatal. Pero el Partido puede y debe en su conjunto representar esta conciencia superior; de otro modo, aquel no estaría a la cabeza, sino a la cola de las masas, no las guiaría, sino que sería arrastrado. Por ello, el Partido debe asimilar el marxismo y debe asimilarlo en su forma actual, como leninismo.
La actividad teórica, la lucha en el frente ideológico, se ha descuidado siempre en el movimiento obrero italiano. En Italia, el marxismo (por influjo de Antonio Labriola) ha sido más estudiado por los intelectuales burgueses para desnaturalizarlo y adecuarlo al uso de la política burguesa, que por los revolucionarios. Así hemos visto en el Partido Socialista Italiano convivir juntas pacíficamente las tendencias más dispares, hemos visto como opiniones oficiales del Partido las concepciones más contradictorias. Nunca imaginó la dirección del Partido que para luchar contra la ideología burguesa, para liberar a las masas de la influencia del capitalismo, fuera menester ante todo difundir en el Partido mismo la doctrina marxista y defenderla de toda contrafracción. Esta tradición por lo menos no ha sido interrumpida de modo sistemático y con una notable actividad continuada.
Se dice, sin embargo, que el marxismo ha tenido mucha suerte en Italia y en cierto sentido esto es cierto. Pero también es cierto que tal fortuna no ha ayudado al proletariado, no ha servido para crear nuevos medios de lucha, no ha sido un fenómeno revolucionario. El marxismo, o algunas afirmaciones separadas de los escritos de Marx, ha servido a la burguesía italiana para demostrar que por la necesidad de su desarrollo era necesario prescindir de la democracia, era necesario pisotear las leyes, era necesario reírse de la libertad y de la justicia; es decir, se ha llamado marxismo, por los filósofos de la burguesía italiana, la comprobación que Marx ha hecho de los sistemas que la burguesía empleará, sin necesidad de recurrir a justificaciones… marxistas, en su lucha contra los trabajadores. Y los reformistas, para corregir esta interpretación fraudulenta, se han hecho democráticos, se han convertido en los turiferarios de todos los santos consagrados del capitalismo. Los teóricos de la burguesía italiana han tenido la habilidad de crear el concepto de la “nación proletaria” y que la concepción de Marx debía aplicarse a la lucha de Italia contra los otros Estados capitalistas, no a la lucha del proletariado italiano contra el capitalismo italiano; los “marxistas” del Partido Socialista han dejado pasar sin lucha estas aberraciones, que fueron aceptadas por uno, Enrico Ferri, que pasaba por un gran teórico del socialismo. Esta fue la fortuna del marxismo en Italia: que sirvió de perejil para todas las indigestas salsas que los más imprudentes aventureros de la pluma han querido poner en venta. Marxistas de esta guisa han sido Enrico Ferri, Guillermo Ferrero, Achille Loria, Paolo Orano, Benito Mussolini…
Para luchar contra la confusión que se ha creado de esta manera, es necesario que el Partido intensifique y haga sistemática su actividad en el campo ideológico, que se imponga como un deber de los militantes el conocimiento de la doctrina del marxismo-leninismo, al menos en sus términos más generales.
Nuestro Partido no es un partido democrático, al menos en el sentido vulgar que comúnmente se da a esta palabra. Es un Partido centralizado nacional e internacionalmente. En el campo internacional, nuestro Partido es una simple sección de un partido más grande, de un partido mundial. ¿Qué repercusiones puede tener y ya ha tenido este tipo de organización, que también es una necesidad de la revolución? La propia Italia se da una respuesta a esta pregunta. Por reacción a la costumbre establecida por el Partido Socialista, en el que se discutía mucho y se resolvía poco, cuya unidad por el choque continuo de las fracciones, de las tendencias y con frecuencia de las camarillas personales se rompía en una infinidad de fragmentos desunidos, en nuestro Partido se había terminado con no discutir ya nada. La centralización, la unidad de dirección y unidad de concepción se había convertido en un estancamiento intelectual. A ello contribuyó la necesidad de la lucha incesante contra el fascismo, que verdaderamente desde la fundación de nuestro Partido había ya pasado a su fase activa y ofensiva, pero contribuyeron también las erróneas concepciones del Partido, tal como son expuestas en las “Tesis sobre la táctica” presentadas al Congreso de Roma. La centralización y la unidad se concebían de modo demasiado mecánico: El Comité Central, y más bien el Comité Ejecutivo era todo el Partido, en lugar de representarlo y dirigirlo. Si esta concepción fuera permanentemente aplicada, el Partido perdería su carácter distintivo político y se convertiría, en el mejor de los casos, en un ejército (y un ejército de tipo burgués); perdería lo que es su fuerza de atracción, se separaría de las masas. Para que el Partido viva y esté en contacto con las masas, es menester que todo miembro del Partido sea un elemento político activo, sea un dirigente. Precisamente para que el Partido sea fuertemente centralizado, se exige un gran trabajo de propaganda y de agitación en sus filas, es necesario que el Partido, de manera organizada, eduque a sus militantes y eleve su nivel ideológico. Centralización quiere decir especialmente que en cualquier situación, incluso en estado de sitio reforzado, incluso cuando los comités dirigentes no pueden funcionar por un determinado periodo o fueran puestos en condiciones de no estar relacionados con toda la periferia, todos los miembros del Partido, cada uno en su ambiente, se hallen en situación de orientarse, de saber extraer de la realidad los elementos para establecer una orientación, a fin de que la clase obrera no se desmoralice sino que sienta que es guiada y que puede aún luchar. La preparación ideológica de la masa es, por consiguiente, una necesidad de la lucha revolucionaria, es una de las condiciones indispensables para la victoria.
Antonio Gramsci
Escrito: En mayo de 1925.
Primera Edición: Aparecido en “Lo Stato Operaio” de Marzo-abril de 1931.
Digitalización: Aritz, setiembre de 2000.
Edición Digital: Marxists Internet Archive, 2000.
jueves, 5 de abril de 2012
Carta al obispo Fuentes
Otro oprobio: conceptos vertidos por el Ministro de Defensa Fernández Huidobro en el almuerzo de la Asociación de Dirigentes de Marketing
Por primera vez un ministro de Defensa Nacional acepta la invitación a disertar en un almuerzo de trabajo de la Asociación de Dirigentes de Marketing (ADM). Fernández Huidobro concurrió al primer evento del año de este tipo acompañado por el senador y ex ministro de esa cartera Luis Rosadilla y por el director general de Secretaría, Jorge Delgado.Fernández Huidobro tituló su ponencia “La certeza de la incertidumbre”
A Fernández Huidobro le preguntaron si aún hay una separación en la sociedad uruguaya en el marco del acto de asunción de responsabilidades por el caso Gelman y el pedido de perdón por parte del Estado. Contestó a título personal que “hay mucha gente que se apunta para exigirles a los demás que pidan perdón, fácil, pedir perdón también es fácil; pero hay poca gente que se anote para perdonar, eso sí que es difícil”. En ese sentido señaló que, independientemente de ser “creyente o no”, Uruguay es parte de una cultura occidental y cristiana que está basada en lo que decía Jesús, al que definió como “ese flaco que lo crucificaron por gil y que se pasó predicando el perdón”.
CARTA DEL OBISPO DE MINAS
“Tu lunfardo te jugó en contra”
Monseñor Jaime Fuentes, obispo de Minas, escribió una carta al ministro de Defensa, Fernández Huidobro, con el que fueron compañeros de escuela, por sus dichos sobre Jesucristo
A la reacción del ex presidente y senador, Luis Alberto Lacalle, quien exigió al ministro de Defensa Eleuterio Fernández Huidobro que pida disculpas por sus declaraciones públicas contra Jesús, se suma la carta que el obispo de Minas, Monseñor Jaime Fuentes le escribió al secretario de Estado, y wur publicó en su blog Desde el Verdún bajo el título “Ministro, te pasaste”.
En la carta fechada el 30 de marzo, Fuentes se refiere a Fernández Huidobro en un estilo muy personal. Y es que según consigna en la misiva, durante la infancia concurrieron al mismo colegio, el de los Hermanos Maristas (Santa María), aunque se llevaban tres años de diferencia.
En referencia a lo que dijo el ministro en el almuerzo de ADM de la semana pasada -cuando habló de Jesús como “ese flaco al que crucificaron por gil y que lo que se pasó predicando fue perdonar”-, el obispo le advirtió: “¿Sabés qué pienso? Que tu lunfardo te jugó en contra”.
“Porque vos y yo estudiamos en los Maristas (con tres años de diferencia a favor tuyo, que para los más chicos era una diferencia importante). Tuvimos los mismos profesores: el Hermano Antonio (a) El Tronco; Salvador (a) Pildorita, Alberto, Alfonso… Ahora pienso...¡qué capacidad de perdonar demostraban!”, afirmó Fuentes.
“El otro día, en la reunión de ADM, dijiste muchas cosas con tu estilo de siempre: para cantar algunas verdades hablás en "lunfardo". Pero no siempre lo usás: por ejemplo, cuando dijiste que “pedir perdón es fácil, perdonar es difícil y poca gente se suma a esa fila”. No pudiste usar un lenguaje más formal y verdadero para expresar algo en lo que estamos muy de acuerdo”, manifestó el obispo de Minas, quien a su vez, le expresó: “En el contexto no te puedo acompañar”.
“La razón principal es porque pusiste como ejemplo “al flaco ese, que lo crucificaron por gil, porque se pasó predicando el perdón”. ¡Pará la mano hermano! Te pasaste. Si hubiera estado en la reunión me levantó y te paro el carro”, aseguró. “Una cosa es que tengas derecho a decir lo que se te antoje y en el lenguaje que se te antoje, pero hay límites, como en todo: el límite se llama respeto. (…) Si nadie te dijo nada en público, será por tu cargo de Ministro. Pero después, en privado, te aseguro que te están mandando a… la vos también mencionaste”.
“Para mí el lunfardo esta vez te traicionó: porque, en realidad vos sabés por qué murió Jesucristo; y sabés que su Perdón hay que escribirlo con mayúscula. Y a la altura de la vida en la que estamos, vos y yo tenemos bien presente que cualquier día de estos vamos a encontrarlo y nos va a preguntar qué hicimos de bueno aquí abajo”.
En su carta, Fuentes no olvida reconocerle a Fernández Huidobro su voto en contra de la ley del aborto. “Espero que haya más que sigan tu ejemplo”, apuntó antes de despedirse.
“Un abrazo sin ningún rencor y, como gritábamos todos los días en el patio del Santa María al terminar las clases ¡Viva Cristo Rey!”.
Mensaje a Monseñor Jaime Fuentes, obispo de Minas
En memoria combatiente de Jacinto
Monseñor:
En representación de varios compañeros Tupamaros (ex integrantes del hoy en día inexistente MLN) y creyéndonos interpretar el sentir de la mayoría de los tupamaros de antes le hago llegar este mensaje a través de los Blogs solidarios. Mensaje que tiene relación con la afrenta inferida por el Sr. Ministro de Defensa a la figura de Cristo.
Comprendemos su reacción y enojo. Lo dicho por Fernández Huidobro es una de las tantas provocaciones que suele llevar adelante el Sr. Ministro, como aquella tan cruel, infame y mentirosa de que la búsqueda por parte de los Familiares de sus seres queridos desaparecidos era "un asunto de plata", de "mucha plata". Es el estilo corrupto que ha tomado para su práctica política una vez que ha saboreado "las mieles del poder" como dijera Fidel Castro refiriéndose a los burócratas cubanos.
Queremos hacerle saber que estas palabras del Ministro de Defensa no representan en absoluto, ni lo que fué el espíritu ni la práctica de los tupamaros de antes. Siempre existió un profundo respeto por las creencias de los otros integrantes de la organización así como las del pueblo en general. No encontrará Ud. un solo documento o material de "la orga" de aquellos tiempos en el cual se denigre al creyente ni tampoco que se burle de sus símbolos. Nunca nadie fué maltratado, excluído, relegado o dejado de lado por su credo. Ni se lo preguntaba , ni se lo sabía si el creyente no lo decía. Era algo personal y altamente respetado.
Con estas palabras queremos expresarle que lo dicho por el Ministro no tiene nada que ver con la tradición de un movimiento popular y revolucionario que nunca discriminó a la gente en razón de su fe. En el encabezamiento dedicabamos estas palabras al hermano combatiente Jacinto. Seguramente usted sabrá que se trata del Padre Indalecio Olivera, miembro del MLN tupamaros muerto a causa de la heridas de bala sufridas en un enfrentamiento armado en 1969. Cuando el Obispo de su Diócesis fué a verlo al hospital, moribundo ya, lo único que Indalecio le preguntó al Obispo fué ¿"se salvó el compañero ?" en referencia al otro combatiente que estaba junto con él en el momento del enfrentamiento. La respuesta positiva del Obispo fué la última noticia que Indalecio escuchó en vida.
Indalecio Olivera fué uno de los tantos sacerdotes y monjas que integró las filas del MLN, que combatieron por la justicia social, que fueron perseguidos, detenidos, torturados y presos, en muchos casos durante largos períodos. Seguramente usted conoce la mayoría de los casos, así que no es necesaria una lista. Sin embargo corresponde destacar algo que reafirma la validéz histórica de lo explicitado en este mensaje: hubieron muchos combatientes que sin vestir los hábitos, eran creyentes convencidos. Por ejemplo "El Gorila" Horacio Ramos, vilmente asesinado en prisión. Incluso más, en 1968 llegó a haber una columna entera del MLN compuesta solamente por cristianos. Los ejemplos serían muchos.
Así como los ejemplos de otros países latinoamericanos que tuvieron también gran influencia entre los tupamaros dado su carácter de referente en el compromiso con el pueblo. El más conocido quizás sea el de Camilo Torres en Colombia, pero hay muchos más, como lo ha sido Cardenal en Nicaragua, la gran corriente de la Teología de la Liberación en Brasil y el resto del Continente, los curas obreros y la corriente de Cristianismo y Revolución dirigida por Juan García Ellorrio en Argentina, toda la enorme corriente de cristianos por el socialismo en Chile y muchos ejemplos más. Era impensable que los tupamaros se burlarsen de militantes y combatientes que en los otros países desarrollaban un trabajo tan vasto entre los sectores explotados y que tenían tal formación y tan profunda convicción. Carlos Flores, primer mártir del MLN caído en combate el 22 de diciembre de 1966 fué identificado porque portaba una camiseta de la Asociación Cristiana de Jovenes.
Como usted podrá apreciar el respeto hacia los hermanos cristianos siempre ha existido entre los tupamaros. Así como por las otras creencias, iglesias y congregaciones de la fe, avalado esto por la cantidad de integrantes de muchas de ellas. No hubiera sido posible el que tanta gente hubiera hecho un sacrificio generoso por la creencia social que tenía, de haber existido siquiera un dejo de una actitud como la de Fernández Huidobro. Los cristianos que murieron, fueron presos y torturados bajo las banderas del MLN son prueba suficiente de que esta postura de Fernández es solamente suya y públicamente expresada ahora, no antes, cuando era dirigente del MLN.
Los tupamaros siempre consideraron, individualmente, ya que sobre esos temas no había porque tener algún tipo de definición como organización, que Jesús se rebeló contra un imperio ocupante y por eso fué torturado y asesinado. Sobre el rol del Vaticano y en general el de la jerarquía se era tan crítico como lo son las mismas corrientes progresistas de la Iglesia, particularmente la inspirada en la Teología de la Liberación.
Sin más y lamentando que haya sido herido en su fe por un Ministro que dice representar un sentimiento, el tupamaro, que está en total contradicción con la práctica de este gobernante en todos los aspectos sociales y políticos. Otros vientos soplarán en el porvenir y entonces se podrá ver que el martirio de Indalecio no ha sido en vano.
Att. Rosendo
martes, 3 de abril de 2012
Crisis mundial y proteccionismo
Fracaso de la integración capitalista en el Cono Sur
El proteccionismo argentino ha llegado para quedarse, señalan algunos observadores uruguayos. En las últimas semanas, la cuestión de las “trabas” argentinas a las exportaciones desde Uruguay ha marcado buena parte de la agenda uruguaya de los partidos del régimen, las cámaras empresariales y hasta del PIT/CNT. El llamado a la “defensa de la producción nacional” es un grito común.
Sin embargo, el proteccionismo no es un asunto que afecte solamente a nuestras vecinas orillas. Sobre fines de diciembre, el Mercosur subió los aranceles en común contra Europa y, en menor grado, contra China (Ambito Financiero, 21/12/11). En el marco de la crisis mundial, la guerra comercial intercapitalista y las represalias están planteadas contra todos los países. Desde el inicio de la crisis, casi todos los países que integran el G-20 -y, más recientemente, los llamados “emergentes”- han impuesto medidas restrictivas al comercio bilateral. La guerra comercial es el síntoma de la disgregación del comercio mundial. Por ello, el planteo de encerrarnos en nuestro “paisito” no tiene salida.
La “preocupación nacional” por el proteccionismo argentino les ha dado la excusa a las patronales para despedir a más de mil trabajadores del sector de la vestimenta, industria automotora, gráficos y de la industria del papel (El País, 14/3). Ha sido también la excusa del gobierno para entregar fenomenales subsidios a los capitalistas de estos sectores, para ocultar que el problema obedece a una recesión.
Por otra parte, la dirección del PIT/CNT ha dejado pasar los despidos sin resistencia. Incluso, en el interior del país se han movilizado junto a las patronales de la industria de la madera en reclamo de apoyos al sector (La República, 29/2). Desde la dirección del sindicato se afirmó que “aunque es obvio que defendemos intereses distintos, en esta coyuntura también estamos haciendo alianzas con la patronal con la intención de permitir el mantenimiento de las fuentes de trabajo” (El Popular, 7/3).
Desintegración
Lo que con claridad evidencia esta crisis es el agotamiento del Mercosur y, por lo tanto, el fracaso de la integración capitalista sur-sur. La unidad latinoamericana tiene un límite insalvable sobre bases capitalistas. El proteccionismo manifiesta que los gobiernos de la región han decidido actuar en custodia del gran capital instalado en sus naciones. Desde el gobierno uruguayo -y con el apoyo de la oposición de derecha- se comienza a plantear la firma de tratados de libre comercio por fuera del Mercosur. La crisis muestra que el proyecto ‘nacional’ de ‘integración’ de la burguesía latinoamericana se agota en un marco de creciente crisis mundial y, por lo tanto, de agudización de la lucha comercial entre las principales potencias. La crisis del comercio internacional desintegrará al Mercosur. Estamos ante un evidente fracaso de la burguesía nacional. Los objetivos de independencia nacional de América Latina sólo podrán alcanzarse por medio de una Federación Socialista de Estados.
Por una conferencia obrera sudamericana
La proclamada “defensa de la producción nacional” oculta el hecho de que estamos en presencia de una lucha burguesa sur-sur, no una lucha entre los trabajadores.
Es preciso plantear una estrategia obrera de carácter internacionalista, la cual integre en una lucha común a los trabajadores sudamericanos.
Se impone trabajar hacia la realización de una conferencia obrera y sindical de Sudamérica, para defender los derechos y el empleo frente a la guerra comercial y contra los despidos por recesión.
Nicolás Marrero
lunes, 2 de abril de 2012
El mundo maravilloso del capitalismo
La búsqueda de la verdad política siempre será una tarea dura, aun en nuestros tiempos cuando la ciencia ha puesto en nuestras manos un gran número de conocimientos. Uno de los más importantes fue conocer y estudiar el fabuloso poder de la energía contenida en la materia.
El descubridor de esa energía y su posible empleo era un hombre pacífico y bonachón que, a pesar de su repudio a la violencia y a la guerra, solicitó su desarrollo a Estados Unidos, presidido entonces por Franklin D. Roosevelt, de conocida posición antifascista, líder de un país capitalista en profunda crisis, que había contribuido a salvar con fuertes medidas que le ganaron el odio de la extrema derecha de su propia clase. Hoy ese Estado impone al mundo la más brutal y peligrosa tiranía que ha conocido nuestra frágil especie.
Los despachos procedentes de Estados Unidos y sus aliados de la OTAN se refieren a las fechorías cometidas por ellos y sus cómplices. Las ciudades más importantes de Estados Unidos y de Europa reflejan constantes batallas campales entre los manifestantes y la policía bien entrenada y alimentada, con carros blindados y escafandras, repartiendo golpes, patadas y gases contra mujeres y hombres, torciendo manos y cuellos de jóvenes y viejos, mostrando al mundo las cobardes acciones que se cometen contra los derechos y la vida de los ciudadanos de sus propios países.
¿Hasta cuándo pueden durar semejantes barbaries?
Para no ser extenso, ya que estas tragedias se irán presentando cada vez más por la televisión y la prensa en general, y serán como el pan que cada día se niega a los que menos tienen, citaré el despacho cablegráfico, recibido hoy, de una importante agencia de noticias occidental:
“Buena parte de las costas japonesas del Pacífico podrían quedar inundadas por una ola gigantesca superior a los 34 metros (112 pies) si se produjera un sismo poderoso, según los cálculos revisados de un panel del gobierno.
“Cualquier tsunami desencadenado por un terremoto de magnitud 9 en la depresión de Nankai, que va desde la principal isla nipona de Honshu hasta la isla sureña de Kyushu, podría alcanzar los 34 metros de altura, señaló el comité.
“Un cálculo anterior en el 2003 estimaba que la altura máxima de dicha ola sería inferior a los 20 metros (66 pies).”
“La planta de Fukushima había sido diseñada para resistir un tsunami de 6 metros (20 pies), menos de la mitad de altura de la ola que la impactó el 11 de marzo del 2011.”
Pero no hay razones para preocuparse. Otro despacho fechado hace dos días, el 30 de marzo, nos puede tranquilizar. Procede de un medio realmente bien informado. En breves palabras sintetizaré: “Si usted fuera futbolista, jeque árabe o directivo de una gran multinacional ¿Qué tipo de tecnología le haría suspirar?
“Recientemente, unos conocidos almacenes de lujo en Londres inauguraron una sección entera dedicada a amantes de la tecnología con abultadas billeteras.
“Televisores de un millón de dólares, cámaras de video Ferrari y submarinos individuales son algunos de los fetiches para hacer las delicias del millonario.”
“El televisor del millón de dólares es la joya de la corona.”
“En el caso de Apple, la empresa se compromete a entregar sus nuevos productos el mismo día de lanzamiento en el mercado.”
“Pongamos que hemos salido de nuestra mansión y ya estamos cansados de rondar por ahí con nuestro yate, limousine, helicóptero o jet. Todavía nos queda la opción de comprar un submarino individual o para dos personas.”
La oferta prosigue con celulares con carcasa de acero inoxidable, procesador de 1,2 GHz y 8 G de memoria, y tecnología NFC para realizar pagos a través del celular. Videocámara con sello Ferrari.
¡Verdad compatriotas que el capitalismo es cosa maravillosa! Quizás nosotros seamos culpables de que cada ciudadano no tenga un submarino particular en la playa.
Son ellos y no yo quien mezcló en este mismo saco a los jeques árabes y los directivos de las grandes transnacionales con los futbolistas. Al menos estos últimos entretienen a millones de personas y no son enemigos de Cuba. Debo aclararlo.
Fidel Castro Ruz
Abril 1 de 2012
8 y 35 p.m.
domingo, 1 de abril de 2012
Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental
Crear dos, tres... muchos Vietnam, es la consigna.
Es la hora de los hornos y no se ha de ver más que la luz.
José Martí
Ya se han cumplido ventiún años desde el fin de la última conflagración mundial y diversas publicaciones, en infinidad de lenguas, celebran el acontecimiento simbolizado en la derrota del Japón. Hay un clima de aparente optimismo en muchos sectores de los dispares campos en que el mundo se divide.
Ventiún años sin guerra mundial, en estos tiempos de confrontaciones máximas, de choques violentos y cambios repentinos, parecen una cifra muy alta. Pero, sin analizar los resultados prácticos de esa paz por la que todos nos manifestamos dispuestos a luchar (la miseria, la degradación, la explotación cada vez mayor de enormes sectores del mundo) cabe preguntarse si ella es real.
No es la intención de estas notas historiar los diversos conflictos de carácter local que se han sucedido desde la rendición del Japón, no es tampoco nuestra tarea hacer un recuento, numeroso y creciente, de luchas civiles ocurridas durante estos años de pretendida paz.
Bástenos poner como ejemplos contra el desmedido optimismo las guerras de Corea y Vietnam.
En la primera, tras años de lucha feroz, la parte norte del país quedó sumida en la más terrible devastación que figure en los anales de la guerra moderna; acribillada de bombas; sin fábricas, escuelas u hospitales; sin ningún tipo de habitación para albergar a diez millones de habitantes. En esta guerra intervinieron, bajo la fementida bandera de las Naciones Unidas, decenas de países conducidos militarmente por los Estados Unidos, con la participación masiva de soldados de esa nacionalidad u el uso, como carne de cañón, de la población sudcoreana enrolada.
En el otro bando, el ejército y el pueblo de Corea y los voluntarios de la República Popular China contaron con el abastecimiento y asesoría del aparato militar soviético. Por parte de los norteamericanos se hicieron toda clase de pruebas de armas de destrucción, excluyendo las termonucleares pero incluyendo las bacteriológicas y químicas, en escala limitada. En Vietnam, se han sucedido acciones bélicas, sostenidas por las fuerzas patrióticas de ese país casi ininterrumpidamente contra tres potencias imperialistas: Japón, cuyo poderío sufriera una caída vertical a partir de las bombas de Hiroshima y Nagasaki; Francia, que recupera de aquel país vencido sus colonias indochinas e ignoraba las promesas hechas en momentos difíciles; y los Estados Unidos, en esta última fase de la contienda.
Hubieron confrontaciones limitadas en todos los continentes, aun cuando en el americano, durante mucho tiempo, sólo se produjeron conatos de lucha de liberación y cuartelazos, hasta que la Revolución cubana diera su clarinada de alerta sobre la importancia de esta región y atrajera las iras imperialistas, obligándola a la defensa de sus costas en Playa Girón, primero, y durante la Crisis de Octubre, después.
Este último incidente pudo haber provocado una guerra de incalculables proporciones, al producirse, en torno a Cuba, el choque de norteamericanos y soviéticos.
Pero, evidentemente, el foco de las contradicciones, en este momentos, está radicado en los territorios de la península indochina y los países aledaños. Laos y Vietnam son sacudidos por guerras civiles, que dejan de ser tales al hacerse presente, con todo su poderío, el imperialismo norteamericano, y toda la zona se convierte en una peligrosa espoleta presta a detonar. En Vietnam la confrontación ha adquirido características de una agudeza extrema. Tampoco es nuestra intención historiar esta guerra. Simplemente, señalaremos algunos hitos de recuerdo.
En 1954, tras la derrota aniquilante de Dien-Bien-Phu, se firmaron los acuerdos de Ginebra, que dividían al país en dos zonas y estipulaban la realización de elecciones en un plazo de 18 meses para determinar quienes debían gobernar a Vietnam y cómo se reunificaría el país. Los norteamericanos no firmaron dicho documento, comenzando las maniobras para sustituir al emperador Bao Dai, títere francés, por un hombre adecuado a sus intenciones. Este resultó ser Ngo Din Diem, cuyo trágico fin es conocido de todos.
En los meses posteriores a la firma del acuerdo, reinó el optimismo en el campo de las fuerzas populares. Se desmantelaron reductos de lucha antifrancesa en el sur del país y se esperó el cumplimiento de lo pactado. Pero pronto comprendieron los patriotas que no habría elecciones a menos que los Estados Unidos se sintieran capaces de imponer su voluntad en las urnas, cosa que no podía ocurrir, aun utilizando todos los métodos de fraude conocidos.
Nuevamente se iniciaron las luchas en el sur del país y fueron adquiriendo mayor intensidad hasta llegar al momento actual, en que el ejército norteamericano se compone de casi medio millón de invasores, mientras las fuerzas títeres disminuyen su número, y sobre todo, han perdido totalmente la combatividad.
Hace cerca de dos años que los norteamericanos comenzaron el bombardeo sistemático de la República Democrática de Vietnam en un intento más de frenar la combatividad del sur y obligar a una conferencia desde posiciones de fuerza. Al principio los bombardeos fueron más o menos aislados y se revestían de la máscara de represalias por supuestas provocaciones del norte. Después aumentaron en intensidad y método, hasta convertirse en una gigantesca batida llevada a cabo por unidades aéreas de los Estados Unidos, día a día, con el propósito de destruir todo vestigio de civilización en la zona norte del país. Es un episodio de la tristemente célebre escalada. Las aspiraciones materiales del mundo yanqui se han cumplido en buena parte a pesar de la denodada defensa de las unidades antiaéreas vietnamitas, de los más de 1,700 aviones derribados y de la ayuda del campo socialista en material de guerra.
Hay una penosa realidad: Vietnam, esa nación que representa las aspiraciones, las esperanzas de victoria de todo un mundo preterido, está trágicamente solo. Ese pueblo debe soportar los embates de la técnica norteamericana, casi a mansalva en el sur, con algunas posibilidades de defensa en el norte, pero siempre solo. La solidaridad del mundo progresista para con el pueblo de Vietnam semeja a la amarga ironía que significaba para los gladiadores del circo romano el estímulo de la plebe. No se trata de desear éxitos al agredido, sino de correr su misma suerte; acompañarlo a la muerte o la victoria.
Cuando analizamos la soledad vietnamita nos asalta la angustia de este momento ilógico de la humanidad.
El imperialismo norteamericano es culpable de agresión; sus crímenes son inmensos y repartido por todo el orbe. ¡Ya lo sabemos, señores! Pero también son culpables los que en el momento de definición vacilaron en hacer de Vietnam parte inviolable del territorio socialista, corriendo, así, los riesgos de una guerra de alcance mundial, pero también obligando a una decisión a los imperialistas norteamericanos. Y son culpables los que mantienen una guerra de denuestos y zancadillas comenzada hace ya buen tiempo por los representantes de las dos más grandes potencias del campo socialista.
Preguntemos, para lograr una respuesta honrada: ¿Está o no aislado el Vietnam, haciendo equilibrios peligrosos entre las dos potencias en pugna? Y ¡qué grandeza la de ese pueblo! ¡Qué estoicismo y valor, el de ese pueblo! Y qué lección para el mundo entraña esa lucha.
Hasta dentro de mucho tiempo no sabremos si el presidente Johnson pensaba en serio iniciar algunas de las reformas necesarias a un pueblo para limar aristas de las contradicciones de clase que asoman con fuerza explosiva y cada vez más frecuentemente. Lo cierto es que las mejoras anunciadas bajo el pomposo título de lucha por la gran sociedad han caído en el sumidero de Vietnam.
El más grande de los poderes imperialistas siente en sus entrañas el desangramiento provocado por un país pobre y atrasado y su fabulosa economía se resiente del esfuerzo de guerra. Matar deja de ser el más cómodo negocio de los monopolios. Armas de contención, y no en número suficiente, es todo lo que tienen estos soldados maravillosos, además del amor a su patria, a su sociedad y un valor a toda prueba. Pero el imperialismo se empantana en Vietnam, no halla camino de salida y busca desesperadamente alguno que le permita sortear con dignidad este peligroso trance en que se ve. Mas los "cuatro puntos" del norte y "los cinco" del sur lo atenazan, haciendo aún más decidida la confrontación.
Todo parece indicar que la paz, esa paz precaria a la que se ha dado tal nombre, sólo porque no se ha producido ninguna conflagración de carácter mundial, está otra vez en peligro de romperse ante cualquier paso irreversible e inaceptable, dado por los norteamericanos. Y, a nosotros, explotados del mundo, ¿cuál es el papel que nos corresponde? Los pueblos de tres continentes observan y aprenden su lección en Vietnam. Ya que, con la amenaza de guerra, los imperialistas ejercen su chantaje sobre la humanidad, no temer la guerra es la respuesta justa. Atacar dura e ininterrumpidamente en cada punto de confrontación, debe ser la táctica general de los pueblos. Pero, en los lugares en que esta mísera paz que sufrimos no ha sido rota, ¿cuál será nuestra tarea? Liberarnos a cualquier precio.
El panorama del mundo muestra una gran complejidad. La tarea de la liberación espera aún a países de la vieja Europa, suficientemente desarrollados para sentir todas las contradicciones del capitalismo, pero tan débiles que no pueden seguir ya seguir el rumbo del imperialismo o iniciar esa ruta. Ahí las contradicciones alcanzarán en los próximos años carácter explosivo, pero sus problemas y, por ende, la solución de los mismos son diferentes a las de nuestros pueblos dependientes y atrasados económicamente.
El campo fundamental de la explotación del imperialismo abarca los tres continentes atrasados, América, Asia y África. Cada país tiene características propias, pero los continentes, en su conjunto, también las presentan.
América constituye un conjunto más o menos homogéneo y en la casi totalidad de su territorio los capitales monopolistas norteamericanos mantienen una primacía absoluta. Los gobiernos títeres o, en el mejor de los casos, débiles y medrosos, no pueden imponerse a las órdenes del amo yanqui. Los norteamericanos han llegado casi al máximo de su dominación política y económica, poco más podrían avanzar ya. Cualquier cambio de la situación podría convertirse en un retroceso en su primacía. Su política es mantenerlo conquistado. La línea de acción se reduce en el momento actual, al uso brutal de la fuerza para impedir movimientos de liberación de cualquier tipo que sean.
Bajo el slogan, "no permitiremos otra Cuba", se encubre la posibilidad de agresiones a mansalva, como la perpetrada contra Santo Domingo o, anteriormente, la masacre de Panamá, y la clara advertencia de que las tropas yanquis están dispuestas a intervenir en cualquier lugar de América donde el orden establecido sea alterado, poniendo en peligro sus intereses. Esa política cuenta con una impunidad casi absoluta; la OEA es una máscara cómoda, por desprestigiada que esté; la ONU es de una ineficiencia rayana en el ridículo o en lo trágico; los ejércitos de todos los países de América están listos a intervenir para aplastar a sus pueblos. Se ha formado, de hecho, la internacional del crimen y la traición.
Por otra parte las burguesías autóctonas han perdido toda su capacidad de oposición al imperialismo y solo forman su furgón de cola. No hay más cambios que hacer; o revolución socialista o caricatura de revolución.
Asia es un continente de características diferentes. Las luchas de liberación contra una serie de poderes coloniales europeos, dieron por resultado el establecimiento de gobiernos más o menos progresistas, cuya evolución posterior ha sido, en algunos casos, de profundización de los objetivos primarios de la liberación nacional y en otros de reversión hacia posiciones proimperialistas.
Dado el punto de vista económico, Estados Unidos tenía poco que perder y mucho que ganar en Asia. Los cambios le favorecen; se lucha por desplazar a otros poderes neocoloniales, penetrar nuevas esferas de acción en el campo económico, a veces directamente, otras utilizando al Japón.
Pero existen condiciones políticas especiales, sobre todo en la península indochina, que le dan características de capital importancia al Asia y juegan un papel importante en la estrategia militar global del imperialismo norteamericano. Este ejerce un cerco a China a través de Corea del Sur, Japón, Taiwan, Vietnam del Sur y Tailandia, por lo menos.
Esa doble situación: un interés estratégico tan importante como el cerco militar a la República Popular China y la ambición de sus capitales por penetrar esos grandes mercados que todavía no dominan, hacen que el Asia sea uno de los lugares más explosivos del mundo actual, a pesar de la aparente estabilidad fuera del área vietnamita.
Perteneciendo geográficamente a este continente, pero con sus propias contradicciones, el Oriente Medio está en plena ebullición, sin que se pueda prever hasta dónde llegará esa guerra fría entre Israel, respaldada por los imperialistas, y los países progresistas de la zona. Es otro de los volcanes amenazadores del mundo.
El África ofrece las características de ser un campo casi virgen para la invasión neocolonial. Se han producido cambios que, en alguna medida, obligaron a los poderes neocoloniales a ceder sus antiguas prerrogativas de carácter absoluto. Pero, cuando los procesos se llevan a cabo ininterrumpidamente, al colonialismo sucede, sin violencia, un neocolonialismo de iguales efectos en cuanto a la dominación económica se refiere. Estados Unidos no tenía colonias en esta región y ahora lucha por penetrar en los antiguos cotos cerrados de sus socios. Se puede asegurar que África constituye, en los planes estratégicos del imperialismo norteamericano su reservorio a largo plazo; sus inversiones actuales sólo tienen importancia en la Unión Sudafricana y comienza su penetración en el Congo, Nigeria y otros países, donde se inicia una violenta competencia (con carácter pacífico hasta ahora) con otros poderes imperialistas.
No tiene todavía grandes intereses que defender salvo su pretendido derecho a intervenir en cada lugar del globo en que sus monopolios olfateen buenas ganancias o la existencia de grandes reservas de materias primas. Todos estos antecedentes hacen lícito el planteamiento interrogante sobre las posibilidades de liberación de los pueblos a corto o mediano plazo.
Si analizamos el África veremos que se lucha con alguna intensidad en las colonias portuguesas de Guinea, Mozambique y Angola, con particular éxito en la primera y con éxito variable en las dos restantes. Que todavía se asiste a la lucha entre sucesores de Lumumba y los viejos cómplices de Tshombe en el Congo, lucha que, en el momento actual, parece inclinarse a favor de los últimos, los que han "pacificado" en su propio provecho una gran parte del país, aunque la guerra se mantenga latente.
En Rhodesia el problema es diferente: el imperialismo británico utilizó todos los mecanismos a su alcance para entregar el poder a la minoría blanca que lo detenta actualmente. El conflicto, desde el punto de vista de Inglaterra, es absolutamente antioficial, sólo que esta potencia, con su habitual habilidad diplomática presenta una fachada de disgustos ante las medidas tomadas por el gobierno de Ian Smith, y es apoyada en su taimada actitud por algunos de los países del Commonwealth que la siguen, y atacada por una buena parte de los países del África Negra, sean o no dóciles vasallos económicos del imperialismo inglés.
En Rhodesia la situación puede tornarse sumamente explosiva si cristalizaran los esfuerzos de los patriotas negros para alzarse en armas y este movimiento fuera apoyado efectivamente por las naciones africanas vecinas. Pero por ahora todos sus problemas se ventilan en organismos tan inicuos como la ONU, el Commonwealth o la OUA.
Sin embargo, la evolución política y social del África no hace prever una situación revolucionaria continental. Las luchas de liberación contra los portugueses deben terminar victoriosamente, pero Portugal no significa nada en la nómina imperialista. Las confrontaciones de importancia revolucionaria son las que ponen en jaque a todo el aparato imperialista, aunque no por eso dejemos de luchar por la liberación de las tres colonias portuguesas y por la profundización de sus revoluciones.
Cuando las masa negras de Sudáfrica o Rhodesia inicien su auténtica lucha revolucionaria, se habrá iniciado una nueva época en el África.
Che
Publicado por primera vez en La Habana - Cuba, en abril de 1967.
Texto digitalizado aparece aquí por cortesí de la Biblioteca de Textos Marxistas en Internet.
Recodificado para el MIA por Juan R. Fajardo.
“El marxismo es el pensamiento filosófico y científico de nuestro tiempo”
Fernando Hugo Azcurra es un economista argentino que realizó estudios de postgrado en Historia Económica en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA). Se desempeñó como profesor en las facultades de Ciencias Económicas y de Filosofía y Letras de la misma casa de estudios. En la actualidad se desempeña como profesor de Historia Económica en el CBC de la UBA. Ha sido académico de macroeconomía de la Universidad del Salvador, entre muchas otras actividades universitarias. También dicta un taller de postgrado sobre Marx y Sraffa en la Universidad De Luján.
Es autor de 'Democracia y proceso socialista en Argentina' (1985); 'La nueva alianza burguesa en Argentina' (1987); ‘Empresas del Estado y economía en Argentina' (1989); 'Marx y la teoría subjetiva del valor' (1993); 'Fundamentos de macroeconomía' (2003) y 'Capital y excedente' en colaboración con Alejandro Fiorito (2005) y 'Teoría macroeconómica' (2006).
De visita en Chile invitado por la agrupación política Unidad del Movimiento de los Pueblos y los Trabajadores, y en las laderas cordilleranas del Valle Central, en las afueras de Santiago, Fernando Hugo Azcurra concedió la presente entrevista. El martes 11 de enero, a las 19:00 hrs. en calle Carrera 177 ofrecerá una exposición y debate sobre su última producción “Imperialismo y Socialismo” abierta a todo el público interesado.
-La mayoría de las veces se habla muy mal del marxismo…
“El marxismo como visión y concepción materialista del mundo, apuntará en algunas décadas más a los dos siglos. Es relativamente reciente desde la perspectiva del desarrollo histórico de las teorías políticas, sociológicas, filosóficas, lógicas y, sobre todo, económicas. Esto es, no estamos hablando de algo muerto, sino de algo vigente, pero no como verdad total y absoluta. Su actualidad se sostiene porque de manera permanente está dando cuenta de su validez mediante el incesante debate que suscita. Aun cuando, por supuesto, aspectos del marxismo han debido modificarse al tenor de los propios cambios que ha sufrido la sociedad burguesa.”
-Hay quienes afirman que Marx es asunto del pasado…
“En materia de ciencias sociales, no existe ninguna teoría de la sociedad que haya superado hoy, o que esté en tránsito de hacerlo, la labor realizada por Marx y que en el terreno de la teoría política y la práctica se resume en las figuras de Lenin y Gramci. No se puede afirmar que el marxismo ya pasó de moda, porque nunca estuvo de moda. El marxismo ha estado siempre presente porque está inmerso dentro de la lucha de clases de los pueblos. Su vigencia no es de carácter académico o literario, sino que surge del proceso de la realidad misma y de las transformaciones que existen en la sociedad.”
-¿Por ejemplo?
"Durante la crisis que se desató en Estados Unidos el 2008, se produjo en algunos centros académicos una especie de resurrección de Marx, buscando allí qué podía decirse para enfrentar la crisis, que, por lo demás, continúa. Y lo mismo ocurrió con Keynes. Estos dos grandes pensadores todavía son fuente de consulta porque algo hicieron que tiene permanencia. Nadie busca a un pensador que ya se considera superado”.
-Entonces, ¿qué es el marxismo?
“El marxismo es el pensamiento filosófico y científico de nuestro tiempo”.
-¿Cuál es el aspecto más relevante en la actualidad que ofrece el marxismo?
“El materialismo analítico en teoría política. Y luego, aun cuando está muy cuestionado, la teoría económica. En el primer campo no ha aparecido, ni veo en el horizonte inmediato, ninguna teoría política que pueda suministrar un conjunto de conceptos y categorías analíticas como la producida por los clásicos del marxismo. En el área económica está más objetado, no de manera total, pero sí en algunos aspectos que no dejan de ser centrales. Si yo dijera que Marx está muy cuestionado y con ciertos fundamentos bastante estrictos, en la teoría del valor, al punto que las críticas llegan a dudar sobre la existencia del valor como tal o de su naturaleza más bien como una definición o hipótesis de análisis, para parte de muchos que nos formamos en la izquierda podría resultar una suerte de sacrilegio. Sin embargo, siempre la teoría del valor estuvo cuestionada por las concepciones académicas ortodoxas. Pero una cosa es cuando se objetaba desde un punto de vista ideológico, y otra cosa es cuando, como pasa ahora, apareció, se elaboró y se difunde una teoría económica sobre la base de Quesnay y Ricardo, respetando lo que hizo Marx en algunos puntos, pero eliminando el valor del análisis de la economía burguesa. Y se hace con fundamentos técnicos y analíticos muy serios. Se podrá, como siempre, coincidir o no con ella, pero no se puede ignorar afirmando que es una cuestión puramente ideológica”.
UNA CRÍTICA PRELIMINAR A PIERO SRAFFA
-¿Quién lleva la voz cantante en los cuestionamientos mencionados?
“Desde hace unos treinta años la teoría económica de Piero Sraffa ha provocado un impacto que demolió la teoría económica marginalista dominante hacía más de un siglo, y también impactó en la teoría económica de Marx. Sraffa surge como un pensador que define un nuevo paradigma desde donde examinar el funcionamiento del proceso de reproducción del capital. Su obra se conoce como “Producción de mercancía por medio de mercancía” y se ubica de una manera altamente original y penetrante. Son 100 páginas que han provocado una revolución al interior del propio pensamiento de muchos marxistas, al punto de que es muy raro encontrar en Europa y Estados Unidos la cantidad significativa de economistas y pensadores de esta concepción que todavía sea marxista. Existe, pero es una minoría. Buena parte de los ex economistas marxistas se han convertido hoy en economistas ‘esraffianos’ porque consideran que Marx no pudo completar su obra desde una perspectiva lógica respecto de una explicación que sea coherente y consistente entre valor y precio; y que Sraffa logró explicar el funcionamiento del sistema de los precios y su distribución sin necesidad de ninguna teoría del valor.”
-¿Cuál es su opinión al respecto?
“Tengo la impresión, aún muy primaria, de que la labor que se impuso Sraffa en comparación con Marx resulta extremadamente pequeña. Marx es toda una cordillera desde el punto de vista de su obra lógica, filosófica, política y económica. En cambio Sraffa se ocupó de una pequeña montaña de esa cordillera, resolviendo el tema con una brillantez notable. Y lo hace desde una concepción analítica muy difundida entre los economistas: el pensamiento matemático. Por supuesto que el capital no escapa a tener fórmulas, definiciones, esquemas y aritméticas muy elementales. Pero Sraffa fue uno de los primeros en utilizar fórmulas matemáticas –que ni siquiera se encuentran en Ricardo y mucho menos en Adam Smith-. En este caso, el empleo de las matemáticas no es simplemente para hacer más claro el pensamiento porque se establecen relaciones cuantitativas, sino que corresponde a toda una modalidad de pensar la realidad. Mientras que Marx la piensa también en relaciones cuantitativas, pero con un mayor peso en las relaciones histórico-institucionales en el que se desenvuelve el capitalismo. Sraffa no se ocupó de ello.”
- ¿Qué buscaba Sraffa?
“Hacer de la economía una ciencia natural, y si fuera posible, con un alto grado de exactitud en sus cálculos. Es decir, la economía concebida por Sraffa sería algo así como un esquema analítico que permitiría elaborar herramientas de políticas económicas estrictas, de la misma manera que un odontólogo, como decía Keynes. Él afirmaba que en algún momento la economía tendría que ser lo suficientemente desarrollada como la odontología. Ahora bien, Sraffa llevó esa idea a su punto más alto.”
-¿Cuál es su parecer en relación a esta pretensión?
“Es respetable, pero Sraffa se evade de lo que es el fundamento de la economía: los conflictos sociales. Marx, por su parte, señaló que la economía sólo puede llegar a convertirse en una ciencia positiva, en una ciencia natural, cuando únicamente atiende los conflictos de los dogmas, y se despreocupa de los fundamentos que son los conflictos reales.”
-¿Qué significa ello?
“Que se puede hacer de la economía una ciencia estricta y cercana a lo natural sólo evadiéndose de los conflictos reales de la sociedad, de los conflictos de clase y de las instituciones que están comprometidas en estas luchas. La ciencia económica es histórico-social.”
-¿Y cuándo podría utilizarse la teoría de Sraffa?
“Cuando la sociedad deje de estar dividida en clases y su conflicto sea con la apropiación mejor de la naturaleza. Pero ese método no puede usarse por intermedio de las clases sociales, cuando un sector explota al otro. Estos son los límites de la concepción sraffiana.”
LOS RIESGOS DE LA ABSTRACCIÓN
-Usted sostiene cierta cautela respecto de las generalidades para observar la realidad…
“La izquierda del mundo ha sido capacitada leyendo de los clásicos que la estructura fundamental de la sociedad burguesa existe en la contraposición entre empresarios capitalistas y trabajadores asalariados. Marx no hablaba de capital y trabajo asalariado, porque ello reemplaza con la abstracción los sujetos reales. Es cierto, la realidad se aprehende por medio de abstracciones. El problema es que, inmediatamente, las abstracciones parecen autonomizarse de su origen y entonces ocupan el lugar de los sujetos reales. Luego, cuando uno habla de capital ya no piensa inmediatamente en empresarios capitalistas, sino que en un elemento genérico. Es decir se sustantiva el concepto. Y cuando decimos trabajo asalariado hablamos también de una abstracción. Ya no pensamos inmediatamente en trabajadores de carne y hueso concretamente existentes y explotados.”
-Parece una sutileza…
“Pero es una sutileza extremadamente importante porque nos impide reemplazar los sujetos reales por sus abstracciones, aunque sean necesarias en tanto son abreviaturas mentales de lo real. Hay que procurar evitar la sustantivación de las categorías filosóficas, económicas, políticas porque este es el desliz idealista que tienen las abstracciones. Inadvertidamente tendemos a abreviar y entonces nos acostumbramos a manejarnos con abstracciones que en realidad, no son vacías, tienen un contenido empírico.”
-¿Cuáles son las abstracciones más peligrosas para quienes emprenden la lucha por transformar la sociedad desde los intereses de los trabajadores?
“Hay que comprender que el concepto de trabajo asalariado se afinca en una realidad de la lucha de clases que tiene historia. La izquierda ha sido instruida en el concepto de obrero y proletario, e inmediatamente en nuestra representación se nos aparece un proletario fabril del siglo XIX –que no es que no exista hoy-, pero pocas veces nos percatamos de que esta figura correspondió en su predominio a una etapa del desarrollo de la sociedad capitalista y de la acumulación del capital. Por eso las obras de Marx tienen el concepto de obrero y de proletario con ese contenido empírico. Sin embargo, cuando nosotros hablamos en la actualidad de trabajador, sin darnos cuenta seguimos pensando en esa figura, toda vez que la realidad ha ampliado el concepto de proletario al de trabajador asalariado, que abarca desde el obrero fabril al bancario, al educador, al de la salud, al de los servicios. Es decir, que la realidad se ha vuelto más rica que el concepto. Por eso es preciso hablar de trabajador asalariado que somos todos los que vivimos de un sueldo. Aquí los conceptos deben enriquecerse con las categorías sociológicas de estatus y rol.”
-¿Cómo así?
“El trabajador bancario considera que ocupa un estatus y desempeña un rol diferente al del obrero fabril. El obrero tiene la experiencia de la explotación sobre su pellejo mucho más evidentemente que el trabajador bancario que estima, por ejemplo, que está haciendo una carrera. Un trabajador fabril a lo sumo llegará a ser capataz. Aunque ambos sean objetivamente de la misma clase social.”
¿Qué desafíos significa lo anterior para quienes luchan por cambiar el actual orden de cosas?
“La unidad, porque el trabajador cuando se une se potencia. Por eso Marx plantea que el capital ha sido una fuerza revolucionaria en la historia de la humanidad porque derribó las barreras del feudalismo, abriendo la potencia social del trabajo. El proceso de producción y reproducción es de carácter social. No hay que pensar en el individuo aunque no hay sociedad ni producción y reproducción sin individuo. Pero cuando los individuos se unen producen relaciones y cosas que están más allá. El individuo no es solamente lo que existe sino que el resultado de relaciones mutuas, y en conjunto, crean superestructuras que a veces se autonomizan, como el Estado. Es una creación de los individuos y, sin embargo, se autonomiza y se vuelve en su contra cuando un sector de la sociedad emplea el Estado como un instrumento de sometimiento del resto. Ahora, como es una creación humana, también los hombres pueden cambiar esa entidad.”
LA HEGEMONÍA DEL CAPITAL FINANCIERO
-¿Qué es el capital?
“En general, la gente asocia al capital con el dinero, con maquinaria, con la educación para mejorar su nivel de vida. El capital se define básicamente porque de él se obtiene un beneficio y tiene, supuestamente, derechos sobre ese beneficio. El capital siempre produce una ganancia, porque todo aquello que no produzca un beneficio no es capital. No obstante, el capital necesita de trabajadores –fabriles, bancarios, comerciantes, de servicios- para producir bienes y servicios y el capital obtenga ganancias, porque sino lo invertiría. Entonces el elemento sustancial que define al capital es el trabajo asalariado. En definitiva, el capital no es una cosa. Es una relación que se da entre sectores sociales: entre propietarios del capital, de los medios de producción que funcionan como capital, frente a no propietarios de medios de producción. El propietario de los medios de producción es un no trabajador, y el trabajador es un no capital. En esta estructura asimétrica aparece el beneficio. El capital es una relación histórica específica de producción.”
-¿Qué ocurre con el ahorro de las personas?
“Yo tengo unos ahorritos producto de mi esfuerzo personal y los deposito en un banco para que me dé una tasita de interés. Entonces la gente dice que ‘tengo un capitalito’. Pero no es cierto. Ese es capitalito para el que lo toma en deuda y lo pone en el proceso de producción. Para quien lo deposita en un banco, simplemente es un consumo diferido. En realidad cuando uno mes a mes va quitando una fracción de su salario para ahorrarlo en un banco, es para consumir algo después. Como ese algo no lo puedo comprar de inmediato, debo ir reuniendo de a poco y pasado un tiempo lo compro. En la realidad económica esos ahorros del trabajador son consumo diferido, pero mientras tanto son utilizados por la red bancaria para suministrar crédito a las empresas y seguir reproduciendo el capital. En el fondo, todos quienes pueden ahorrar algo, sin saberlo ni quererlo, están ayudando a reproducir el propio capital. Cuando yo compro una botella de leche lo hago no sólo porque me quedo fuera del mercado, sino porque no puedo sobrevivir sin ella. Pero en materia bancaria, yo puedo prescindir de esa botella de leche. En buenas cuentas, el sistema financiero está absorbiendo parte del esfuerzo de la clase trabajadora para reproducir como negocio a otras empresas.”
-Usted afirma con mucha fuerza la hegemonía del capital financiero en el mundo, ¿cómo se explica?
“Primero, lo financiero son los bancos y sus pisos: el banco crediticio que se vincula a la empresas y los depositantes; el banco que se especializa en determinados créditos únicamente a empresas; el banco de inversión internacional; el banco especializado sólo en activos financieros y crea nuevos instrumentos financieros como los derivados; y el banco central que sólo trabaja con bancos. Además están las bolsas y los mercados de valores. Todo este conjunto esta correlacionado y se ha expandido de una manera tal, sobre todo en los países capitalistas más desarrollados, que las relaciones del capital financiero se han autonomizado al punto que el capital financiero está ‘montado’ sobre el viejo capitalismo comercial e industrial.”
-¿Cuándo ocurrió lo que señala?
“Hasta la Segunda Guerra Mundial todavía y de manera relativa, se podía hablar de un predominio del capital industrial donde el capital financiero era un facilitador de los negocios y las transacciones de ese capital industrial, y que la tasa de interés nunca podía estar sobre la tasa media de ganancia. Hoy eso ya no ocurre. El capital financiero se ha desarrollado tan monstruosamente y se ha autonomizado tanto, que él le dicta financieramente al capital comercial e industrial todo tipo de finales y cálculos, y le impone la obtención de un rendimiento porque ahora el capital financiero es el dueño del industrial, no como hace 50 o 100 años atrás. En la actualidad, las empresas y corporaciones se compran y se venden para ver si dan rendimiento como latas de tomates.”
-Pero antes las empresas también se compraban y vendían…
“Pero comprar o vender un pequeño taller industrial es distinto que vender corporaciones gigantescas. Es más. El capital financiero las puede descuartizar porque una rama específica de una corporación es más productiva que las otras. El capital financiero es dueño y señor de vidas, no sólo de los trabajadores y del conjunto de la sociedad, sino de los propios sectores burgueses industriales que están obligados a crear a través de sus plantillas gerenciales nuevas formas de rendimiento que le exige el capital financiero. O sea que ahora la tasa de ganancia tiene que estar acorde y rendir de acuerdo a una tasa de interés.”
LA SUPERACIÓN DEL CAPITALISMO
-¿Y qué es el socialismo después de la caída de la Unión Soviética, de lo que pasa en China?
“Ya existen experiencias históricas. Y aquí no podemos hacernos los distraídos, independientemente de los defectos y errores. Que el socialismo de la URSS, por ejemplo, haya resultado una experiencia fracasada con todas sus especificaciones históricas, no significa que el capitalismo es superior al socialismo. No es así. El capitalismo no está en condiciones de eliminar la explotación, las desigualdades, las injusticias, ni la pobreza, ni la impunidad. Si el capitalismo lograra evitar lo anterior, simplemente dejaría de ser capitalismo. De manera que aunque fracase una y mil veces cualquier experiencia socialista, eso no significa que el sistema capitalista es mejor. Significa, por el contrario, que las sociedades están buscando salir de él porque sino no habría tantas experiencias socialistas. Los trabajadores no están conformes en el capitalismo. Y ninguna sociedad desaparece a cambio de otra ‘pura’. En verdad estamos transitando el acceso a una nueva sociedad, pero como somos contemporáneos no nos damos cuenta de ello, la queremos ver inmediatamente, antes de morirnos. En el futuro se verá a la Revolución Rusa como el comienzo de la declinación del capitalismo. Y el capital y la sociedad burguesa no son eternos. Son históricos. Yo no tengo ninguna duda ni angustia existencial respecto de la superación del capitalismo.”
-Hay miradas que ligan al socialismo a un Estado centralizado…
“Si el Estado concentra los medios de producción, concentra las decisiones de producción y reproducción como un único ente resolutivo y, por tanto, como un único patrón, y el resto de la sociedad es de trabajadores asalariados, lo que hay es un intento de superación del capitalismo, pero todavía dentro de las relaciones trabajo asalariado y capital. Ahora no se trata de millones de empresarios, sino de un único monopolio económico, político y social: el Estado que decía representar a los trabajadores. En estas circunstancias, la sociedad continúa viviendo de un salario y sigue produciendo mercancías a las cuales accede mediante el ingreso salarial. Esto significa que, si las sucesivas experiencias socialistas actuales no apuntan básica y centralmente a crear las condiciones para la eliminación del trabajo asalariado, volverá a resucitar el capitalismo.”
-¿Y de que manera se supera el trabajo asalariado?
“Construyendo condiciones para el trabajo asociado. Puede haber en el proceso de tránsito propiedad pública, propiedad del Estado, combinada con empresas cooperativas en la industria de toda índole.”
-Pero continúa existiendo excedente…
“El excedente no lo inventó el capitalismo. El excedente es algo que toda sociedad produce cuando la cantidad de bienes y servicios supera el nivel de la sobrevivencia. El tema es quién se apropia del excedente y por medio de qué relaciones sociales y políticas. En el capitalismo hay plus producto, plus trabajo, y plus valor apropiado privadamente. En una sociedad socialista el excedente es producido y distribuido socialmente por los propios productores. En un sistema de trabajadores asociados se trabaja no para otro, sino para el conjunto y el mejoramiento general de la vida.”
-¿Y políticamente?
“Que exista un partido de los trabajadores en el Estado no significa su eternización allí. La experiencia del partido comunista identificado con el Estado, fue un fenómeno puramente ruso que se generalizó como si fuera una ley de la naturaleza. Lenin decía que todavía estaban en un proceso -1920- de muchas estrechecez, penurias y acoso de las bandas imperialistas que invadían el país, impidiendo su recuperación en paz. Por eso afirma que no hay que entregar el Estado porque fracasaría la revolución. Pero estamos hablando de períodos transicionales. Lenin señaló que cuando la revolución estuviera consolidada el partido debería separarse del Estado, y el Estado tendría que ser dirigido y controlado por los propios trabajadores. Entonces, en ese estadio, la nueva sociedad se parará sobre sus propios pies. Además, si el partido y el Estado van a reemplazar y sustituir a la clase trabajadora, ¿por qué la clase debería luchar por esa sociedad?”
-Si se separa el partido del Estado, ¿para qué sirve el partido en ese momento?
“Tenderá a desaparecer porque también tenderá a desaparecer el Estado.”
Andrés Figueroa Cornejo
Enero 10 de 2011
Crisis del capitalismo: repensando alternativas desde América Latina
¿En qué radica la esencia de la crisis, más allá de la fenomenología de sus manifestaciones? ¿Por qué integral, sistémica y civilizatoria? ¿Qué alternativas emancipatorias se debaten en las actuales condiciones históricas de América Latina y el Caribe? La tercera pregunta es la principal para nuestro encuentro, porque estamos reunidos aquí luchadores y personas comprometidas. Pero precisamente por eso es tan conveniente formular las dos primeras preguntas.
Comienzo recalcando que las alternativas no pueden existir apartadas del capitalismo, sino en el proceso de una verdadera guerra contra él. Esa afirmación mía parte de una posición intelectual que analiza las realidades desde la hipótesis de que ellas contienen un conjunto de conflictos cuyo control resulta decisivo para el funcionamiento del sistema, y de que esos conflictos son diferentes, pero tienen una articulación entre sí. Es decir, si se trata de la emancipación humana y social me guío por los conflictos, y no solamente por la descripción del sistema y su funcionamiento, o por la descripción de la emancipación. Considero que esta cuestión teórica tiene una enorme importancia práctica, que a veces es decisiva.
Paso a comentar la primera pregunta. La esencia de la crisis que confronta el capitalismo está en su naturaleza actual, no en un alto nivel de las luchas contra él. A mi juicio, esta es una premisa básica para los anticapitalistas.
¿Cuál es la naturaleza del capitalismo imperialista hoy? Sus cambios recientes, ¿son inevitables?, ¿son irreparables? No me toca desarrollar este punto, pero es imprescindible profundizar en su conocimiento. Solo añado que es necesario distinguir entre lo que es resultado de la maduración de tendencias inherentes al sistema capitalista y a más de un siglo de su fase imperialista, y los hechos y características de la etapa más reciente del capitalismo. Entre estas últimas, por ejemplo, el fin del concierto de naciones que rigió durante tanto tiempo las relaciones entre sus potencias y la suerte de ultraimperialismo de la actualidad, o el tránsito del neocolonialismo que caracterizó a la madurez mundial del sistema a un nuevo complejo neocolonialista selectivo.
Si atendemos al movimiento histórico, y no solo a la estructura económico-social y el funcionamiento del sistema, quisiera destacar cuatro de los instrumentos que el capitalismo utiliza en la actualidad: un desmontaje de gran parte de las conquistas obtenidas durante el siglo XX; un alto nivel de prevención antisubversiva ―junto a la represión pero más importante que ella―; el desarme o la neutralización de las alternativas que pretenden levantarse en su contra; y una gran guerra cultural mundial, que he tratado en numerosos trabajos, y que es la pieza clave de su estrategia. Todos estos son retos provenientes del sistema de dominación, para los revolucionarios y para las resistencias de los de abajo.
Paso al segundo aspecto de la esencia de la crisis del capitalismo: no es causada por el nivel y la fuerza de la actuación de los revolucionarios, ni de resistencias organizadas.
Hace cien años, la hegemonía burguesa europea de “la bella época” del imperialismo temprano se basaba en un gigantesco auge de las fuerzas económicas y las relaciones sociales del sistema, la explotación de las mayorías, más moderada en los centros y a través del más salvaje colonialismo o el intercambio desigual en el resto del mundo, y una larga paz entre las potencias.
Entre 1914 y 1945 esa hegemonía se rompió en pedazos y se desprestigió a fondo: la Primera Guerra Mundial, la Gran Depresión, el predominio del fascismo en aquel continente y la Segunda Guerra Mundial fueron los hitos principales de aquella crisis. Pero la Revolución bolchevique, los primeros años de la URSS y la Internacional Comunista crearon una nueva realidad fuera del capitalismo y opuesta a él, hubo grandes revoluciones en México y en China, se pasó de las resistencias culturales al nacionalismo político en Asia y África y hubo revoluciones por la liberación nacional en varios lugares. Se fueron extendiendo las ideas y las luchas socialistas.
No hablaré del período 1945-1989/91, porque es muy conocido, solo quiero recordar que durante esa época hubo grandes revoluciones e el Tercer Mundo, un gran número de conflictos y profundos cambios de las personas, entre otros eventos. El capitalismo fue negado o desafiado en muchísimos terrenos.
Hoy no estamos a ese nivel. Las luchas de clases y de liberación nacional han sufrido una profunda disminución a escala mundial en las últimas décadas. El capitalismo se recompuso y pasó a la ofensiva con una gran efectividad. Pero en América Latina estamos tratando de revertir la situación. ¿Cómo le podremos sacar provecho a la crisis que sufre el capitalismo a causa de su naturaleza actual?
Menciono entonces desafíos para los revolucionarios y para las resistencias de los de abajo, provenientes de sus propias realidades: dispersión de sus fuerzas, confusiones y divisiones, falta de claridad en las estrategias, escasez de organizaciones efectivas, poco desarrollo de un pensamiento creador que sirva como ayuda y guía, y pocas habilidades movilizadoras de la acción política. Pero todo eso y mucho más será discutido en este Taller.
Comento la segunda pregunta. La crisis integral, ¿lo es realmente? ¿Es indispensable que sea tan completa, o es un recurso subjetivo que acostumbramos a utilizar, causado por el peso tan tremendo que tiene el determinismo en las elaboraciones intelectuales correspondientes a la modernidad capitalista? Es muy comprensible que ese determinismo nos influya mucho, pero estamos obligados a liberarnos de él.
Ante todo, la crisis no es integral. Si atendemos a la financiera que se desató hace poco en 2008, se puede constatar que:
1- no disminuyó el poder de los Estados Unidos, y quizás reforzó la convicción entre los demás imperialistas de que es inevitable que ese país ostente el poder supremo;
2- demostró que el poder del Estado sigue siendo fundamental para mantener el dominio económico capitalista;
3- China, India, Brasil, Rusia y algunos otros países del Tercer Mundo no sufrieron la crisis;
4- América Latina no ha sido doblegada por esa crisis; y
5- el grupo constituido por numerosos países que son los más empobrecidos y abandonados del mundo viven su crisis permanente, ajena a la crisis financiera citada.
Lo fundamental del capitalismo contemporáneo ha seguido funcionando: la hipercentralización, la financiarización y el cobro de tributos, el saqueo sistemático y el necolonialismo selectivo, los mecanismos internacionales que son propiedad de ellos y una potencia que es suprema en lo militar y lo político, y predominante en lo cultural.
La crisis del medio en que vivimos es gravísima y es palpable que será cada vez peor. Pero también es, por lo mismo, un indicador serio de los datos esenciales del conflicto. Nosotros hemos avanzado en integrar esa crisis a nuestras luchas y a nuestras ideas, ellos no la integran a sus posiciones por dos razones básicas: no se lo permite la lógica depredadora de su sistema económico y de dominación, y no tenemos fuerzas suficientes para obligarlos a hacerlo. Desarrollamos los aspectos más creativos de nuestras ideas y sentimientos cuando integramos la conciencia ecológica hacia nuevas concepciones del mundo, el orden social y la vida; es decir, damos pasos creativos importantes que ya los capitalistas no pueden dar, nos adelantamos y nos vamos volviendo superiores a ellos.
Cuando tengamos fuerzas suficientes, podremos extender a cientos de millones de personas humildes esa conciencia ecológica y movilizarlos para luchar por ella, y se integrará en un complejo emancipador poderoso y opuesto al capitalismo, pero sobre todo creador de una nueva manera de vivir y de entender el mundo.
Considerar civilizatoria la crisis depende de la posición teórica que compartamos. A mi juicio, “civilización” es uno de los conceptos centrales del dominio cultural e ideológico capitalista surgido en Europa, que tuvo un aire científico sociológico con aquella clasificación colonialista de “salvajes, bárbaros y civilizados”, y una ideología abierta de colonialismo y racismo con la oposición “barbarie-civilización”, que tantos estragos ha hecho, pero que ya combatía José Martí hace un siglo y cuarto. “Civilización” está cargado de un sentido de clasificación de las personas, de dominación sobre las mayorías y destrucción del equilibrio con el medio natural, en nombre del dominio que el llamado “hombre civilizado” debía ejercer sobre la naturaleza.
Comparto totalmente lo que plantean los materiales del Taller, incluido el salto cultural necesario para vencer y superar al sistema hegemónico capitalista, pero prefiero calificar a ese salto de liberador.
Situados en un terreno diferente y opuesto, partimos de constatar que la cultura del capitalismo ha sido la única capaz de sustentar una dominación mundial, y que debemos aprovechar la debilidad que se está apoderando de sus fundamentos para combatirla a fondo, levantar la cultura nuestra y desarrollar sus instrumentos. Los lenguajes no son inocentes, pueden servir a la dominación o a la liberación. Necesitamos liberar el lenguaje, para pensar desde nosotros y para nosotros, identificarnos, apreciarnos y sentirnos capaces, y poder actuar eficazmente.
No comentaré nada sobre el carácter sistémico de la crisis, para continuar con los comentarios a la tercera pregunta, que ya inicié con esta última idea.
En América Latina y el Caribe se está dando un proceso que es favorable, en términos generales, a la conquista de alternativas emancipatorias. A los efectos del trabajo que llevaremos a cabo en el Taller, quisiera distinguir cuatro aspectos de esas alternativas. Es necesario analizarlos y profundizar en cada uno de ellos, pero sin olvidar nunca que no existen separados unos de otros, ni será posible, a mi juicio, obtener el logro de cada uno de ellos sin vincularlo en grados más o menos íntimos con los otros. Esos aspectos son: el mejoramiento humano; la justicia social; la liberación nacional; y avances tendientes a la integración continental de un bloque de revolucionarios y de aliados que estén dispuestos a pelear por su autonomía y sus intereses.
Considero que una victoria muy importante de los movimientos y las ideas emancipatorias actuales es que están logrando integrar cada vez más y con mayor profundidad los dos primeros aspectos. Ambos constituyen anhelos muy antiguos de los seres humanos y tienen una historia muy larga de sentimientos, ideas, luchas y sacrificios en todo el mundo.
Hace dos siglos, en nuestro continente se pusieron a la orden del día al mismo tiempo y se relacionaron la libertad, la justicia social y la integración continental, lo cual fue un acontecimiento trascendental a escala mundial. La gran revolución social victoriosa de Haití logró la independencia nacional del primer Estado de la región. La revolución fue la vía predominante para la creación de aquellos Estados soberanos, a través de procesos que combinaron la libertad y la justicia social, lo que les permitió movilizar a muchos miles de personas; la revolución puso su impronta a la época de la independencia. La nación y el nacionalismo tuvieron significados anticoloniales y populares, cuando en Europa apenas comenzaban a tener importancia, y ejércitos internacionalistas decidieron la suerte de la mayor parte de la América del Sur.
En las nuevas repúblicas la libertad fue muy recortada, la justicia social fue negada a las mayorías, las naciones se forjaron paulatinamente ―tanto que algunas no se han completado todavía― y el capitalismo mundial logró mantener vínculos favorables a él, que el imperialismo convirtió en neocolonialismo. Pero el resultado de conjunto fue un formidable avance, le dio singularidad a este continente en la universalización del capitalismo y constituyó un gran aporte cultural que mantiene vigencia y utilidad hasta hoy.
Ese aporte forma parte de una acumulación cultural continental que se desplegó en el curso del siglo XX: identidades, experiencias, ideas, resistencias, rebeldías, capacidades económicas, cultura política y social latinoamericanas. Esa acumulación es capaz, potencialmente, de enfrentar en mejores condiciones que otras regiones del mundo los males a los que ha sido sometido en las últimas décadas y la rapacidad y la agresividad del imperialismo. Es un punto de partida idóneo para las actividades y las ideas emancipatorias actuales, pero estas tendrán que ser, sin embargo, muy ambiciosas y profundamente creativas y originales.
En 2011, nuestro continente vive un tiempo que puede llegar a ser de cambios trascendentales. Después de un final de siglo desolador, la primera década de este registró avances muy notables en cuanto a la formación de un polo de logros y atracción de las causas populares, compuesto por movimientos sociales combativos y gobiernos populares muy consecuentes. Otros Estados buscan autonomía respecto al imperialismo, y crecen las coordinaciones latinoamericanas. Ganan terreno las iniciativas y la idea de la integración de los países de la región. Al mismo tiempo, ningún análisis serio podrá obviar los innumerables escollos, insuficiencias y enemigos que tiene este proceso.
El momento es incierto, y prefiero referirme a él mediante algunas preguntas. ¿Se levantarán en el continente nacionalismos enfrentados al imperialismo, capaces de formar gobiernos y bloques sociales fuertes, ganar legitimidad por sus actos y encontrar fuerza en la memoria y la cultura de rebeldía, de expresarse a través de políticas, acciones e ideologías en las que participen las colectividades? ¿Serán capaces esos nacionalismos de comprender la necesidad de establecer coordinaciones internacionales antiimperialistas como un requisito para ser factibles, poder luchar, triunfar, mantenerse y avanzar?
Y si eso sucede, ¿qué predominaría: los intereses de sectores minoritarios, pero con influencia decisiva en la economía y las instituciones, y hegemónicos en la sociedad; o los intereses de la sociedad, a través de las movilizaciones, la concientización y las organizaciones populares que luchen por sus objetivos y se opongan al imperialismo y a todos los sistemas de dominación? ¿O será que en la situación actual una o la otra opción solo podrán salir adelante coordinándose, o inclusive uniéndose? Pero, ¿es posible que sostengan ese tipo de relaciones, o una opción deberá gobernar a la otra?
La causa principal actual de las resistencias y las movilizaciones populares es la injusticia social, más que la cuestión nacional. Quizás la primera necesidad a resolver sea unir ambas culturas de rebeldía, la nacional y la social, en causas que se pongan al servicio de las necesidades y los anhelos de los pueblos. Esa tarea es sumamente difícil, y exigirá ―entre otras cosas― superar historias y prejuicios que separan las diversas vertientes y hacer análisis muy críticos de los propios proyectos, las organizaciones, los métodos, el alcance que se da a los objetivos, los lenguajes. Habrá que aprender bien en qué consiste el “rescate” de lo nacional, y qué demandas y creaciones resultan imprescindibles y no postergables en materia de justicia social.
Pero serán las prácticas lo decisivo, y como le sucede a todo el que entra en política en tiempos cruciales, las cuestiones trascendentales del poder y de la organización aparecerán en toda su centralidad. Y pronto se abrirá paso una exigencia del proceso: se trata de hacer realmente una nueva política, que deberá ser no solamente opuesta, sino muy diferente a la política que hacen los que dominan.
Una cosa es comprender que la política del campo popular comete muchos errores y quizás todavía se parece demasiado a la de sus adversarios, y otra es creer que toda política es perversa, porque eso a quienes conviene es a los dueños capitalistas de la política. Es como la idea de que todo poder es perverso: solo sirve a quienes tienen el poder, mientras los que nunca lo han tenido pierden la posibilidad de tomarlo, equivocarse y aprender ejerciéndolo, y crear poder popular.
El notable desarrollo de la cultura política de los pueblos de la región ha sido determinante para que las vías políticas del sistema ―diseñadas para ofrecer recambios electorales de la dominación― se hayan vuelto contra él. Hoy millones sienten que es posible luchar otra vez por la vida y el futuro en América, y se ponen en marcha. A mi juicio, el alcance, las victorias y la permanencia de los procesos de cambio dependerán en última instancia de la calidad y el peso de las luchas de los movimientos populares organizados, combativos y concientes. Su potencial de liberación de las personas y los grupos humanos es muy grande, sus propuestas alternativas son más capaces de expresar las complejidades, las necesidades y los sueños, y sus experiencias podrían ser aportes muy importantes a la nueva política necesaria.
Destaco dos rasgos muy positivos de esos movimientos populares en cuanto a la relación entre sus especificidades y el movimiento en su conjunto. Uno es su gran capacidad de comunicarse e intercambiar experiencias e ideas, apoyarse en asuntos concretos y, en situaciones cruciales para sus países, reunirse para emprender y sostener campañas. El otro es que muchos pertenecen a redes u organizaciones internacionales, sea de su tipo de movimiento o con un fin determinado. En la medida en que lo político vaya teniendo su lugar en los movimientos populares, será más factible armonizar sus necesidades y sus iniciativas con los principales problemas generales del continente. También es muy probable que entonces aparezcan otros problemas que todavía no se advierten bien.
No hay que olvidar la larga historia de controles, cooptaciones y manipulaciones de los movimientos sociales por parte de los poderes en cada país, ni la de las presiones y negociaciones de aquellos para sacarles a los dominantes demandas o ventajas para sus sectores. Así se han reformulado también consensos y hegemonías. No se trata de un toma y daca entre iguales: el mango de la sartén casi siempre lo ha tenido el poder. Pero lo necesario hoy no es reformar esa historia, sino acabar con ella, crear un nuevo orden de relaciones y avanzar hacia una nueva política y un nuevo sistema.
Los poderes revolucionarios deben evitar la antigua tentación de mandar, y también abandonar las creencias en que la diversidad social actuante los debilita y lesiona la unidad. Los movimientos deben defender sus identidades y sus campos de actuación, aportar su riqueza, pero priorizar en las grandes luchas la liberación de todos y el poder popular, sin el cual nunca estarán seguros ni irán muy lejos los éxitos de cada uno.
Opino que si las alianzas autónomas se profundizan y los poderes populares se desarrollan y tienden a extenderse, será inevitable una escalada imperialista y sobrevendrán conflictos violentos. Ante esa situación, la radicalización de los procesos será imprescindible para su propia sobrevivencia. Serían suicidas los retrocesos y las concesiones desarmantes frente a un enemigo que sabe ser implacable, pero lo principal es que, dado el nivel que han alcanzado la cultura política de los pueblos y las esperanzas de libertad, justicia social y bienestar para todos, los movimientos, los poderes y los líderes prestigiosos y audaces podrán multiplicar las fuerzas populares, si ponen la liberación efectiva de los yugos del capitalismo en la balanza de sus convocatorias a luchar.
No será suficiente pelear de riposta. La palabra “alternativa” ha expresado muy bien lo más ambicioso del campo popular durante una época terrible. Hoy sigue siendo necesario ser alternativos, y más de una vez expresa lo que podemos lograr. Sin embargo, la política revolucionaria no podrá conformarse con ser alternativa, porque la naturaleza del sistema lo ha situado históricamente en un callejón sin salida, pero su poder y sus recursos actuales le permiten maniobrar, e inclusive dejarle un nicho de tolerancia a algunas alternativas, para que se “naturalicen” como parte de las realidades y se desgasten. En la medida en que vayamos obteniendo triunfos sobre los dominantes y cambios de nosotros mismos, convertiremos las alternativas en procesos de emancipación humana y social.
Nuestra política no puede ser moderada, porque ya aprendimos que ninguna evolución progresiva llevará a la humanidad a una liberación decretada y ninguna crisis ―por extensa o profunda que sea― será suficiente para acabar con el imperialismo. Por lo tanto, estamos obligados a ser muy creativos, a convocar todas las cosas espontáneas que puedan ponerse a nuestro favor, pero al mismo tiempo a hacer cada vez más intencionada nuestra actuación, más meditada, debatida y consensuada, más hija de un pensamiento que tenga puntos de partida diferentes, y no solo opuestos a las dominaciones, y que sea capaz de pensar y actuar en otro terreno. Un movimiento que comprenda que cada aparente lugar de “llegada” es solo un hito que señala el camino hacia nuevas y complejas creaciones. Solo así nos acercaremos a la victoria.
Fernando Martínez Heredia
Comienzo recalcando que las alternativas no pueden existir apartadas del capitalismo, sino en el proceso de una verdadera guerra contra él. Esa afirmación mía parte de una posición intelectual que analiza las realidades desde la hipótesis de que ellas contienen un conjunto de conflictos cuyo control resulta decisivo para el funcionamiento del sistema, y de que esos conflictos son diferentes, pero tienen una articulación entre sí. Es decir, si se trata de la emancipación humana y social me guío por los conflictos, y no solamente por la descripción del sistema y su funcionamiento, o por la descripción de la emancipación. Considero que esta cuestión teórica tiene una enorme importancia práctica, que a veces es decisiva.
Paso a comentar la primera pregunta. La esencia de la crisis que confronta el capitalismo está en su naturaleza actual, no en un alto nivel de las luchas contra él. A mi juicio, esta es una premisa básica para los anticapitalistas.
¿Cuál es la naturaleza del capitalismo imperialista hoy? Sus cambios recientes, ¿son inevitables?, ¿son irreparables? No me toca desarrollar este punto, pero es imprescindible profundizar en su conocimiento. Solo añado que es necesario distinguir entre lo que es resultado de la maduración de tendencias inherentes al sistema capitalista y a más de un siglo de su fase imperialista, y los hechos y características de la etapa más reciente del capitalismo. Entre estas últimas, por ejemplo, el fin del concierto de naciones que rigió durante tanto tiempo las relaciones entre sus potencias y la suerte de ultraimperialismo de la actualidad, o el tránsito del neocolonialismo que caracterizó a la madurez mundial del sistema a un nuevo complejo neocolonialista selectivo.
Si atendemos al movimiento histórico, y no solo a la estructura económico-social y el funcionamiento del sistema, quisiera destacar cuatro de los instrumentos que el capitalismo utiliza en la actualidad: un desmontaje de gran parte de las conquistas obtenidas durante el siglo XX; un alto nivel de prevención antisubversiva ―junto a la represión pero más importante que ella―; el desarme o la neutralización de las alternativas que pretenden levantarse en su contra; y una gran guerra cultural mundial, que he tratado en numerosos trabajos, y que es la pieza clave de su estrategia. Todos estos son retos provenientes del sistema de dominación, para los revolucionarios y para las resistencias de los de abajo.
Paso al segundo aspecto de la esencia de la crisis del capitalismo: no es causada por el nivel y la fuerza de la actuación de los revolucionarios, ni de resistencias organizadas.
Hace cien años, la hegemonía burguesa europea de “la bella época” del imperialismo temprano se basaba en un gigantesco auge de las fuerzas económicas y las relaciones sociales del sistema, la explotación de las mayorías, más moderada en los centros y a través del más salvaje colonialismo o el intercambio desigual en el resto del mundo, y una larga paz entre las potencias.
Entre 1914 y 1945 esa hegemonía se rompió en pedazos y se desprestigió a fondo: la Primera Guerra Mundial, la Gran Depresión, el predominio del fascismo en aquel continente y la Segunda Guerra Mundial fueron los hitos principales de aquella crisis. Pero la Revolución bolchevique, los primeros años de la URSS y la Internacional Comunista crearon una nueva realidad fuera del capitalismo y opuesta a él, hubo grandes revoluciones en México y en China, se pasó de las resistencias culturales al nacionalismo político en Asia y África y hubo revoluciones por la liberación nacional en varios lugares. Se fueron extendiendo las ideas y las luchas socialistas.
No hablaré del período 1945-1989/91, porque es muy conocido, solo quiero recordar que durante esa época hubo grandes revoluciones e el Tercer Mundo, un gran número de conflictos y profundos cambios de las personas, entre otros eventos. El capitalismo fue negado o desafiado en muchísimos terrenos.
Hoy no estamos a ese nivel. Las luchas de clases y de liberación nacional han sufrido una profunda disminución a escala mundial en las últimas décadas. El capitalismo se recompuso y pasó a la ofensiva con una gran efectividad. Pero en América Latina estamos tratando de revertir la situación. ¿Cómo le podremos sacar provecho a la crisis que sufre el capitalismo a causa de su naturaleza actual?
Menciono entonces desafíos para los revolucionarios y para las resistencias de los de abajo, provenientes de sus propias realidades: dispersión de sus fuerzas, confusiones y divisiones, falta de claridad en las estrategias, escasez de organizaciones efectivas, poco desarrollo de un pensamiento creador que sirva como ayuda y guía, y pocas habilidades movilizadoras de la acción política. Pero todo eso y mucho más será discutido en este Taller.
Comento la segunda pregunta. La crisis integral, ¿lo es realmente? ¿Es indispensable que sea tan completa, o es un recurso subjetivo que acostumbramos a utilizar, causado por el peso tan tremendo que tiene el determinismo en las elaboraciones intelectuales correspondientes a la modernidad capitalista? Es muy comprensible que ese determinismo nos influya mucho, pero estamos obligados a liberarnos de él.
Ante todo, la crisis no es integral. Si atendemos a la financiera que se desató hace poco en 2008, se puede constatar que:
1- no disminuyó el poder de los Estados Unidos, y quizás reforzó la convicción entre los demás imperialistas de que es inevitable que ese país ostente el poder supremo;
2- demostró que el poder del Estado sigue siendo fundamental para mantener el dominio económico capitalista;
3- China, India, Brasil, Rusia y algunos otros países del Tercer Mundo no sufrieron la crisis;
4- América Latina no ha sido doblegada por esa crisis; y
5- el grupo constituido por numerosos países que son los más empobrecidos y abandonados del mundo viven su crisis permanente, ajena a la crisis financiera citada.
Lo fundamental del capitalismo contemporáneo ha seguido funcionando: la hipercentralización, la financiarización y el cobro de tributos, el saqueo sistemático y el necolonialismo selectivo, los mecanismos internacionales que son propiedad de ellos y una potencia que es suprema en lo militar y lo político, y predominante en lo cultural.
La crisis del medio en que vivimos es gravísima y es palpable que será cada vez peor. Pero también es, por lo mismo, un indicador serio de los datos esenciales del conflicto. Nosotros hemos avanzado en integrar esa crisis a nuestras luchas y a nuestras ideas, ellos no la integran a sus posiciones por dos razones básicas: no se lo permite la lógica depredadora de su sistema económico y de dominación, y no tenemos fuerzas suficientes para obligarlos a hacerlo. Desarrollamos los aspectos más creativos de nuestras ideas y sentimientos cuando integramos la conciencia ecológica hacia nuevas concepciones del mundo, el orden social y la vida; es decir, damos pasos creativos importantes que ya los capitalistas no pueden dar, nos adelantamos y nos vamos volviendo superiores a ellos.
Cuando tengamos fuerzas suficientes, podremos extender a cientos de millones de personas humildes esa conciencia ecológica y movilizarlos para luchar por ella, y se integrará en un complejo emancipador poderoso y opuesto al capitalismo, pero sobre todo creador de una nueva manera de vivir y de entender el mundo.
Considerar civilizatoria la crisis depende de la posición teórica que compartamos. A mi juicio, “civilización” es uno de los conceptos centrales del dominio cultural e ideológico capitalista surgido en Europa, que tuvo un aire científico sociológico con aquella clasificación colonialista de “salvajes, bárbaros y civilizados”, y una ideología abierta de colonialismo y racismo con la oposición “barbarie-civilización”, que tantos estragos ha hecho, pero que ya combatía José Martí hace un siglo y cuarto. “Civilización” está cargado de un sentido de clasificación de las personas, de dominación sobre las mayorías y destrucción del equilibrio con el medio natural, en nombre del dominio que el llamado “hombre civilizado” debía ejercer sobre la naturaleza.
Comparto totalmente lo que plantean los materiales del Taller, incluido el salto cultural necesario para vencer y superar al sistema hegemónico capitalista, pero prefiero calificar a ese salto de liberador.
Situados en un terreno diferente y opuesto, partimos de constatar que la cultura del capitalismo ha sido la única capaz de sustentar una dominación mundial, y que debemos aprovechar la debilidad que se está apoderando de sus fundamentos para combatirla a fondo, levantar la cultura nuestra y desarrollar sus instrumentos. Los lenguajes no son inocentes, pueden servir a la dominación o a la liberación. Necesitamos liberar el lenguaje, para pensar desde nosotros y para nosotros, identificarnos, apreciarnos y sentirnos capaces, y poder actuar eficazmente.
No comentaré nada sobre el carácter sistémico de la crisis, para continuar con los comentarios a la tercera pregunta, que ya inicié con esta última idea.
En América Latina y el Caribe se está dando un proceso que es favorable, en términos generales, a la conquista de alternativas emancipatorias. A los efectos del trabajo que llevaremos a cabo en el Taller, quisiera distinguir cuatro aspectos de esas alternativas. Es necesario analizarlos y profundizar en cada uno de ellos, pero sin olvidar nunca que no existen separados unos de otros, ni será posible, a mi juicio, obtener el logro de cada uno de ellos sin vincularlo en grados más o menos íntimos con los otros. Esos aspectos son: el mejoramiento humano; la justicia social; la liberación nacional; y avances tendientes a la integración continental de un bloque de revolucionarios y de aliados que estén dispuestos a pelear por su autonomía y sus intereses.
Considero que una victoria muy importante de los movimientos y las ideas emancipatorias actuales es que están logrando integrar cada vez más y con mayor profundidad los dos primeros aspectos. Ambos constituyen anhelos muy antiguos de los seres humanos y tienen una historia muy larga de sentimientos, ideas, luchas y sacrificios en todo el mundo.
Hace dos siglos, en nuestro continente se pusieron a la orden del día al mismo tiempo y se relacionaron la libertad, la justicia social y la integración continental, lo cual fue un acontecimiento trascendental a escala mundial. La gran revolución social victoriosa de Haití logró la independencia nacional del primer Estado de la región. La revolución fue la vía predominante para la creación de aquellos Estados soberanos, a través de procesos que combinaron la libertad y la justicia social, lo que les permitió movilizar a muchos miles de personas; la revolución puso su impronta a la época de la independencia. La nación y el nacionalismo tuvieron significados anticoloniales y populares, cuando en Europa apenas comenzaban a tener importancia, y ejércitos internacionalistas decidieron la suerte de la mayor parte de la América del Sur.
En las nuevas repúblicas la libertad fue muy recortada, la justicia social fue negada a las mayorías, las naciones se forjaron paulatinamente ―tanto que algunas no se han completado todavía― y el capitalismo mundial logró mantener vínculos favorables a él, que el imperialismo convirtió en neocolonialismo. Pero el resultado de conjunto fue un formidable avance, le dio singularidad a este continente en la universalización del capitalismo y constituyó un gran aporte cultural que mantiene vigencia y utilidad hasta hoy.
Ese aporte forma parte de una acumulación cultural continental que se desplegó en el curso del siglo XX: identidades, experiencias, ideas, resistencias, rebeldías, capacidades económicas, cultura política y social latinoamericanas. Esa acumulación es capaz, potencialmente, de enfrentar en mejores condiciones que otras regiones del mundo los males a los que ha sido sometido en las últimas décadas y la rapacidad y la agresividad del imperialismo. Es un punto de partida idóneo para las actividades y las ideas emancipatorias actuales, pero estas tendrán que ser, sin embargo, muy ambiciosas y profundamente creativas y originales.
En 2011, nuestro continente vive un tiempo que puede llegar a ser de cambios trascendentales. Después de un final de siglo desolador, la primera década de este registró avances muy notables en cuanto a la formación de un polo de logros y atracción de las causas populares, compuesto por movimientos sociales combativos y gobiernos populares muy consecuentes. Otros Estados buscan autonomía respecto al imperialismo, y crecen las coordinaciones latinoamericanas. Ganan terreno las iniciativas y la idea de la integración de los países de la región. Al mismo tiempo, ningún análisis serio podrá obviar los innumerables escollos, insuficiencias y enemigos que tiene este proceso.
El momento es incierto, y prefiero referirme a él mediante algunas preguntas. ¿Se levantarán en el continente nacionalismos enfrentados al imperialismo, capaces de formar gobiernos y bloques sociales fuertes, ganar legitimidad por sus actos y encontrar fuerza en la memoria y la cultura de rebeldía, de expresarse a través de políticas, acciones e ideologías en las que participen las colectividades? ¿Serán capaces esos nacionalismos de comprender la necesidad de establecer coordinaciones internacionales antiimperialistas como un requisito para ser factibles, poder luchar, triunfar, mantenerse y avanzar?
Y si eso sucede, ¿qué predominaría: los intereses de sectores minoritarios, pero con influencia decisiva en la economía y las instituciones, y hegemónicos en la sociedad; o los intereses de la sociedad, a través de las movilizaciones, la concientización y las organizaciones populares que luchen por sus objetivos y se opongan al imperialismo y a todos los sistemas de dominación? ¿O será que en la situación actual una o la otra opción solo podrán salir adelante coordinándose, o inclusive uniéndose? Pero, ¿es posible que sostengan ese tipo de relaciones, o una opción deberá gobernar a la otra?
La causa principal actual de las resistencias y las movilizaciones populares es la injusticia social, más que la cuestión nacional. Quizás la primera necesidad a resolver sea unir ambas culturas de rebeldía, la nacional y la social, en causas que se pongan al servicio de las necesidades y los anhelos de los pueblos. Esa tarea es sumamente difícil, y exigirá ―entre otras cosas― superar historias y prejuicios que separan las diversas vertientes y hacer análisis muy críticos de los propios proyectos, las organizaciones, los métodos, el alcance que se da a los objetivos, los lenguajes. Habrá que aprender bien en qué consiste el “rescate” de lo nacional, y qué demandas y creaciones resultan imprescindibles y no postergables en materia de justicia social.
Pero serán las prácticas lo decisivo, y como le sucede a todo el que entra en política en tiempos cruciales, las cuestiones trascendentales del poder y de la organización aparecerán en toda su centralidad. Y pronto se abrirá paso una exigencia del proceso: se trata de hacer realmente una nueva política, que deberá ser no solamente opuesta, sino muy diferente a la política que hacen los que dominan.
Una cosa es comprender que la política del campo popular comete muchos errores y quizás todavía se parece demasiado a la de sus adversarios, y otra es creer que toda política es perversa, porque eso a quienes conviene es a los dueños capitalistas de la política. Es como la idea de que todo poder es perverso: solo sirve a quienes tienen el poder, mientras los que nunca lo han tenido pierden la posibilidad de tomarlo, equivocarse y aprender ejerciéndolo, y crear poder popular.
El notable desarrollo de la cultura política de los pueblos de la región ha sido determinante para que las vías políticas del sistema ―diseñadas para ofrecer recambios electorales de la dominación― se hayan vuelto contra él. Hoy millones sienten que es posible luchar otra vez por la vida y el futuro en América, y se ponen en marcha. A mi juicio, el alcance, las victorias y la permanencia de los procesos de cambio dependerán en última instancia de la calidad y el peso de las luchas de los movimientos populares organizados, combativos y concientes. Su potencial de liberación de las personas y los grupos humanos es muy grande, sus propuestas alternativas son más capaces de expresar las complejidades, las necesidades y los sueños, y sus experiencias podrían ser aportes muy importantes a la nueva política necesaria.
Destaco dos rasgos muy positivos de esos movimientos populares en cuanto a la relación entre sus especificidades y el movimiento en su conjunto. Uno es su gran capacidad de comunicarse e intercambiar experiencias e ideas, apoyarse en asuntos concretos y, en situaciones cruciales para sus países, reunirse para emprender y sostener campañas. El otro es que muchos pertenecen a redes u organizaciones internacionales, sea de su tipo de movimiento o con un fin determinado. En la medida en que lo político vaya teniendo su lugar en los movimientos populares, será más factible armonizar sus necesidades y sus iniciativas con los principales problemas generales del continente. También es muy probable que entonces aparezcan otros problemas que todavía no se advierten bien.
No hay que olvidar la larga historia de controles, cooptaciones y manipulaciones de los movimientos sociales por parte de los poderes en cada país, ni la de las presiones y negociaciones de aquellos para sacarles a los dominantes demandas o ventajas para sus sectores. Así se han reformulado también consensos y hegemonías. No se trata de un toma y daca entre iguales: el mango de la sartén casi siempre lo ha tenido el poder. Pero lo necesario hoy no es reformar esa historia, sino acabar con ella, crear un nuevo orden de relaciones y avanzar hacia una nueva política y un nuevo sistema.
Los poderes revolucionarios deben evitar la antigua tentación de mandar, y también abandonar las creencias en que la diversidad social actuante los debilita y lesiona la unidad. Los movimientos deben defender sus identidades y sus campos de actuación, aportar su riqueza, pero priorizar en las grandes luchas la liberación de todos y el poder popular, sin el cual nunca estarán seguros ni irán muy lejos los éxitos de cada uno.
Opino que si las alianzas autónomas se profundizan y los poderes populares se desarrollan y tienden a extenderse, será inevitable una escalada imperialista y sobrevendrán conflictos violentos. Ante esa situación, la radicalización de los procesos será imprescindible para su propia sobrevivencia. Serían suicidas los retrocesos y las concesiones desarmantes frente a un enemigo que sabe ser implacable, pero lo principal es que, dado el nivel que han alcanzado la cultura política de los pueblos y las esperanzas de libertad, justicia social y bienestar para todos, los movimientos, los poderes y los líderes prestigiosos y audaces podrán multiplicar las fuerzas populares, si ponen la liberación efectiva de los yugos del capitalismo en la balanza de sus convocatorias a luchar.
No será suficiente pelear de riposta. La palabra “alternativa” ha expresado muy bien lo más ambicioso del campo popular durante una época terrible. Hoy sigue siendo necesario ser alternativos, y más de una vez expresa lo que podemos lograr. Sin embargo, la política revolucionaria no podrá conformarse con ser alternativa, porque la naturaleza del sistema lo ha situado históricamente en un callejón sin salida, pero su poder y sus recursos actuales le permiten maniobrar, e inclusive dejarle un nicho de tolerancia a algunas alternativas, para que se “naturalicen” como parte de las realidades y se desgasten. En la medida en que vayamos obteniendo triunfos sobre los dominantes y cambios de nosotros mismos, convertiremos las alternativas en procesos de emancipación humana y social.
Nuestra política no puede ser moderada, porque ya aprendimos que ninguna evolución progresiva llevará a la humanidad a una liberación decretada y ninguna crisis ―por extensa o profunda que sea― será suficiente para acabar con el imperialismo. Por lo tanto, estamos obligados a ser muy creativos, a convocar todas las cosas espontáneas que puedan ponerse a nuestro favor, pero al mismo tiempo a hacer cada vez más intencionada nuestra actuación, más meditada, debatida y consensuada, más hija de un pensamiento que tenga puntos de partida diferentes, y no solo opuestos a las dominaciones, y que sea capaz de pensar y actuar en otro terreno. Un movimiento que comprenda que cada aparente lugar de “llegada” es solo un hito que señala el camino hacia nuevas y complejas creaciones. Solo así nos acercaremos a la victoria.
Fernando Martínez Heredia
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