viernes, 8 de enero de 2010

¿Otra vez elecciones en Cuba?



Para algunos en el mundo debe haberles sonado algo raro el anuncio del Consejo de Estado de la República de Cuba sobre que el domingo 25 de abril se efectuarán las elecciones para delegados a las 169 Asambleas Municipales del Poder Popular.
Eso es perfectamente comprensible, pues uno de los componentes principales de la guerra mediática contra la Revolución cubana ha sido negar, escamotear o silenciar la realización de elecciones democráticas: las parciales, cada dos años y medio, para elegir a delegados (concejales), y las generales, cada cinco, para elegir a los diputados nacionales e integrantes de las asambleas provinciales.
Cuba entra en su décimo tercer proceso electoral desde 1976 con la participación entusiasta y responsable de todos los ciudadanos mayores de 16 años de edad. En esta ocasión se trata de elecciones parciales.
Con la tergiversación, la desinformación y la exclusión de las elecciones en Cuba de la agenda informativa de cada uno, los dueños de los grandes medios de comunicación han intentado afianzar su siniestro mensaje de que los dirigentes en Cuba, a diferentes niveles, no son electos por el pueblo. Aunque afortunadamente en los últimos años, sobre todo luego de la irrupción de la web, los controles mediáticos se han ido resquebrajando aceleradamente, y la verdad sobre la realidad de Cuba, en las elecciones y en otros acontecimientos y temas, se ha ido abriendo paso.
No dar información sobre las elecciones en Cuba, como tampoco a su obra de salud, educación, seguridad social y otros temas, obedece a que los poderosos del mundo del capital temen la propagación de su ejemplo, a la vez que quede completamente al desnudo la ficción de democracia y libertad que por siglos se ha vendido al mundo.
Apreciamos, sin embargo, que el implacable decursar del tiempo es adverso a los que tienden muros de silencio. Aunque aún andan por ahí algunos comentaristas tarifados o políticos defensores de intereses ajenos o adversos a los pueblos que siguen afirmando que “bajo la dictadura de los Castro en Cuba no hay democracia ni libertad ni elecciones”. Se trata de una consigna que se repite frecuentemente para hacer honor a aquel pensamiento de un ideólogo del nazismo de que una mentira repetida mil veces podría convertirse en una verdad.
A la luz de las elecciones convocadas para el próximo 25 de abril, quiero solamente comentarles en este artículo, dentro de la mayor brevedad posible, cuatro rasgos del proceso electoral en Cuba, aún susceptibles de perfeccionamiento, que marcan sustanciales diferencias con los mecanismos existentes para la celebración de elecciones en las llamadas “democracias representativas”. Esos aspectos son: 1) Registro Electoral; 2) Asambleas de Nominación de Candidatos a Delegados; 3) Propaganda Electoral; y 4) La votación y escrutinio.
El Registro Electoral es automático, universal, gratuito y público. Al nacer un cubano no sólo tiene derecho a recibir educación y salud gratuitamente, sino que cuando arriba a los 16 años de edad automáticamente se le inscribe en el Registro Electoral. Por razones de sexo, religión, raza o filosofía política a nadie se le excluye. Tampoco si pertenece a los cuerpos de defensa y seguridad del país. A nadie se le cobra un solo centavo por aparecer inscripto, y mucho menos se le somete a engorrosos trámites burocráticos como exigirles fotos, sellos del timbre o la toma de huellas dactilares. El Registro es público, se expone en lugares de masiva afluencia del pueblo en cada circunscripción..
Todo ese mecanismo público posibilita, desde los inicios del proceso electoral, que cada ciudadano con capacidad legal pueda ejercer su derecho de elegir o resultar elegido. E impide la posibilidad de fraude, lo que es muy común en países que se llaman democráticos. La base del fraude en todas partes está, en primer lugar, en que la inmensa mayoría de los electores no saben quienes tienen derecho a votar. Eso sólo lo conocen o dominan unas pocas maquinarias políticas. Y, por eso, hay muertos que votan varias veces, o, como pasa en Estados Unidos, numerosos ciudadanos no son incluidos en los registros porque alguna vez fueron condenados por los tribunales, a pesar de haber cumplido sus sentencias.
Lo que más distingue y diferencia a las elecciones en Cuba de otras son las asambleas de nominación de candidatos. En otros países la esencia del sistema democrático es que los candidatos surjan de los partidos, de la competencia entre varios partidos y candidatos. Eso no es así en Cuba. Los candidatos no salen de ninguna maquinaria política. El Partido Comunista de Cuba, fuerza dirigente de la sociedad y el Estado, no es una organización con propósitos electorales. Ni postula, ni elige ni revoca a ninguno de los miles de hombres y mujeres que ocupan los cargos representativos del Estado cubano. Entre sus fines nunca ha estado ni estará ganar bancas en la Asamblea Nacional o en las Asambleas Provinciales o Municipales del Poder Popular. En cada uno de los procesos celebrados hasta la fecha han sido propuestos y elegidos numerosos militantes del Partido, porque sus conciudadanos los consideraron personas con méritos y aptitudes, pero no debido a su militancia.
Los cubanos y cubanas tienen el privilegio de postular a sus candidatos sobre la base de sus méritos y capacidad, en asambleas de residentes en barrios, demarcaciones o áreas en las ciudades o en el campo. A mano alzada se hace la votación en esas asambleas, donde resulta electo aquel propuesto que obtenga mayor número de votos. En cada circunscripción electoral hoy varias áreas de nominación, y la Ley Electoral garantiza que al menos dos candidatos, y hasta 8, puedan ser los que aparezcan en las boletas para la elección de delegados del próximo 25 de abril.
Otro rasgo del proceso electoral en Cuba es la ausencia de propaganda costosa y ruidosa, la mercantilización que está presente en otros países, donde hay una carrera por la obtención de fondos o por privilegiar a una u otra firma de relaciones públicas. Ninguno de los candidatos postulados en Cuba puede hacer propaganda en su favor y, por supuesto, ninguno necesita ser rico o disponer de fondos o ayuda financiera para dar a conocerse. En las plazas y calles no hay actos en favor de candidato alguno, ni manifestaciones ni carros altoparlantes ni pasquines con sus fotos, ni promesas electoreras; en la radio y la televisión, tampoco; en la prensa escrita, tampoco. La única propaganda la ejecutan las autoridades electorales y consiste en la exposición en lugares públicos en la misma área de residencia de los electores de la biografía y foto de cada uno de los candidatos. Ningún candidato es privilegiado sobre otro. En las biografías se exponen méritos alcanzados en la vida social, a fin de que los electores puedan tener elementos sobre condiciones personales, prestigio y capacidad para servir al pueblo de cada uno de los candidatos y emitir libremente su voto por el que considere el mejor.
El rasgo final que queremos comentar es la votación y el escrutinio público. En Cuba no es obligatorio el voto. Como lo establece el Artículo 3 de la Ley Electoral, es libre, igual y secreto, y cada elector tiene derecho a un solo voto. Nadie tiene, pues, nada que temer si no acude a su colegio electoral el día de las elecciones o si decide entregar su boleta en blanco o anularla. No ocurre como en muchos países donde el voto es obligatorio y la gente va compulsada para evitar que le impongan una multa, lo lleven a los tribunales o incluso para no perder un empleo. Mientras en otros países, incluyendo Estados Unidos, la esencia radica en que la mayoría no vote, en Cuba se garantiza que todo el que desee pueda hacerlo. En lo elecciones efectuadas en Cuba desde 1976 a la fecha, como promedio, 97 % de los electores han ido a votar. En las últimas tres lo hicieron más de 8 millones de electores inscriptos.
El conteo de los votos en las elecciones cubanas es público, y puede ser presenciado en cada colegio por todos los ciudadanos que lo deseen, incluso la prensa nacional o extranjera. Y, además, los elegidos lo son solo si alcanzan más del 50 por ciento de los votos válidos emitidos, y ellos rinden cuenta a sus electores y pueden ser revocados en cualquier momento de su mandato.
Aspiro simplemente a que con estos rasgos enunciados, un lector sin información sobre la realidad cubana responda a algunas elementales preguntas, como las siguientes: ¿dónde hay mayor transparencia electoral y mayor libertad y democracia? y ¿dónde se ha logrado mejores resultados electorales: en países con muchos partidos políticos, muchos candidatos, mucha propaganda o en la Cuba silenciada o manipulada por los grandes medios, monopolizados por un puñado de empresas y magnates cada vez más reducido?
Y aspiro, además, a que algún día, al menos, en la gran prensa cese el muro de silencio que se ha levantado sobre las elecciones en Cuba, al igual que en otros temas como la obra de salud pública y la educación, y ello pueda ser fuente de conocimiento para otros pueblos que merecen un mayor respeto y un futuro de más libertades y democracia.

Juan Marrero | Cubadebate

jueves, 7 de enero de 2010

El mundo medio siglo después



Al cumplirse hace dos días el 51 aniversario del triunfo de la Revolución, acudieron a mi mente los recuerdos de aquel 1º de Enero de 1959. Ninguno de nosotros imaginó nunca la peregrina idea de que transcurrido medio siglo, que pasó volando, lo estaríamos recordando como si fuera ayer.
Durante la reunión en el central Oriente, el 28 de diciembre de 1958, con el Comandante en Jefe de las fuerzas enemigas, cuyas unidades élites estaban cercadas y sin escape alguno, este reconoció su derrota y apeló a nuestra generosidad para buscar una salida decorosa al resto de sus fuerzas. Conocía de nuestro trato humano a los prisioneros y heridos sin excepción alguna. Aceptó el acuerdo que le propuse, aunque le advertí que las operaciones en curso proseguirían. Pero viajó a la capital e instigado por la embajada de Estados Unidos promovió un golpe de Estado.
Nos preparábamos para los combates de ese día 1º de Enero, cuando en la madrugada llegó la noticia de la fuga del tirano. Se impartieron órdenes al Ejército Rebelde de no admitir el alto al fuego y continuar los combates en todos los frentes. A través de Radio Rebelde se convocó a los trabajadores a una Huelga General Revolucionaria, secundada de inmediato por toda la nación. El intento golpista fue derrotado, y en horas de la tarde de ese mismo día nuestras tropas victoriosas penetraron en Santiago de Cuba.
El Che y Camilo recibieron instrucciones de avanzar rápidamente por la carretera, en vehículos motorizados con sus aguerridas fuerzas, hacia La Cabaña y el Campamento Militar de Columbia. El ejército adversario, golpeado en todos los frentes, no tendría capacidad de resistir. El propio pueblo sublevado, ocupó los centros de represión y las estaciones de policía. El día 2, en horas de la tarde, acompañado por una pequeña escolta, me reuní en un estadio de Bayamo con más de dos mil soldados de los tanques, artillería e infantería motorizada, contra los cuales habíamos estado combatiendo hasta el día anterior. Portaban todavía su armamento. Nos habíamos ganado el respeto del adversario con nuestros audaces, pero humanitarios métodos de guerra irregular. De este modo, en solo cuatro días -después de 25 meses de guerra que reiniciamos con unos pocos fusiles-, alrededor de cien mil armas de aire, mar y tierra y todo el poder del Estado quedaron en manos de la Revolución. En solo pocas líneas relato lo ocurrido aquellos días hace 51 años.
Comenzó entonces la principal batalla: preservar la independencia de Cuba frente al imperio más poderoso que ha existido, y que nuestro pueblo libró con gran dignidad. Me complace hoy observar a aquellos que por encima de increíbles obstáculos, sacrificios y riesgos, supieron defender a nuestra Patria, y en estos días, junto a sus hijos, sus padres y sus seres más queridos, disfrutan la alegría y las glorias de cada nuevo año.
En nada se parecen, sin embargo, los días de hoy a los de ayer. Vivimos una época nueva que no tiene parecido con ninguna otra de la historia. Antes los pueblos luchaban y luchan todavía con honor por un mundo mejor y más justo, pero hoy tienen que luchar, además, y sin alternativa posible, por la propia supervivencia de la especie. No sabemos absolutamente nada si ignoramos esto. Cuba es, sin duda, uno de los países políticamente más instruido del planeta; había partido del más bochornoso analfabetismo, y lo que es peor: nuestros amos yankis y la burguesía asociada a los dueños extranjeros eran los propietarios de las tierras, los centrales azucareros, las plantas de productos de bienes de consumo, los almacenes, los comercios, la electricidad, los teléfonos, los bancos, las minas, los seguros, los muelles, los bares, los hoteles, las oficinas, las casas de vivienda, los cines, las imprentas, las revistas, los periódicos, la radio, la naciente televisión y todo cuanto tuviera un valor importante.
Los yankis, apagadas las ardientes llamas de nuestras batallas por la libertad, se habían arrogado la tarea de pensar por un pueblo que tanto luchó por ser dueño de su independencia, sus riquezas y su destino. Nada en absoluto, ni siquiera la tarea de pensar políticamente, nos pertenecía. ¿Cuántos sabíamos leer y escribir? ¿Cuántos llegábamos siquiera al sexto grado? Lo recuerdo especialmente un día como hoy, porque ese era el país que se suponía pertenecía a los cubanos. No cito más cosas, porque tendría que incluir muchas más, entre ellas las mejores escuelas, los mejores hospitales, las mejores casas, los mejores médicos, los mejores abogados. ¿Cuántos éramos los que teníamos derecho a ello? ¿Quiénes poseíamos, salvo excepciones, el derecho natural y divino de ser administradores y jefes?
Ningún millonario o sujeto rico, sin excepción, dejaba de ser jefe de Partido, Senador, Representante o funcionario importante. Esa era la democracia representativa y pura que imperaba en nuestra Patria, excepto que los yankis impusieran a su antojo tiranuelos despiadados y crueles, cuando convenía más a sus intereses para defender mejor sus propiedades frente a campesinos sin tierra y obreros con o sin trabajo. Como ya nadie habla siquiera de eso, me aventuro a recordarlo. Nuestro país forma parte de los más de 150 que constituyen el Tercer Mundo, que serán los primeros aunque no los únicos destinados a sufrir las increíbles consecuencias si la humanidad no toma conciencia clara, cierta y bastante más rápida de lo que imaginamos de la realidad y consecuencias del cambio climático ocasionado por el hombre, si no se logra impedirlo a tiempo.
Nuestros medios de comunicación masiva han dedicado espacios a describir los efectos de los cambios climáticos. Los huracanes de creciente violencia, las sequías y otras calamidades naturales, han contribuido igualmente a la educación de nuestro pueblo sobre el tema. Un hecho singular, la batalla en torno al problema climático que tuvo lugar en la Cumbre de Copenhague, ha contribuido al conocimiento del inminente peligro. No se trata de un riesgo lejano para el siglo XXII, sino para el XXI, ni lo es tampoco solo para la segunda mitad de este, sino para las próximas décadas, en las que ya comenzaríamos a sufrir sus penosas consecuencias.
Tampoco se trata de una simple acción contra el imperio y sus secuaces, que en esto, como en todo, tratan de imponer sus estúpidos y egoístas intereses, sino de una batalla de opinión mundial que no se puede dejar a la espontaneidad ni al capricho de la mayoría de sus medios de comunicación. Es una situación que por fortuna conocen millones de personas honradas y valientes en el mundo, una batalla a librar con las masas y en el seno de las organizaciones sociales e instituciones científicas, culturales, humanitarias, y otras de carácter internacional, muy especialmente en el seno de las Naciones Unidas, donde el Gobierno de Estados Unidos, sus aliados de la OTAN y los países más ricos trataron de asestar, en Dinamarca, un golpe fraudulento y antidemocrático contra el resto de los países emergentes y pobres del Tercer Mundo.
En Copenhague, la delegación cubana, que asistió junto a otras del ALBA y el Tercer Mundo, se vio obligada a una lucha a fondo ante los increíbles acontecimientos que se originaron con el discurso del presidente yanki, Barack Obama, y del grupo de Estados más ricos del planeta, decididos a desmantelar los compromisos vinculantes de Kyoto -donde hace más de 12 años se discutió el peliagudo problema- y a hacer caer el peso de los sacrificios sobre los países emergentes y los subdesarrollados, que son los más pobres y a la vez los principales suministradores de materias primas y recursos no renovables del planeta a los más desarrollados y opulentos.
En Copenhague, Obama se presentó el último día de la Conferencia, iniciada el 7 de diciembre. Lo peor de su conducta fue que, cuando tenía ya decidido enviar 30 mil soldados a la carnicería de Afganistán -un país de fuerte tradición independentista, al que ni siquiera los ingleses en sus mejores y más crueles tiempos pudieron someter- asistió a Oslo para recibir nada menos que el Premio Nobel de la Paz. A la capital noruega llegó el 10 de diciembre, donde pronunció un discurso hueco, demagógico y justificativo. El 18, que era la fecha de la última sesión de la Cumbre, se apareció en Copenhague, donde pensaba permanecer inicialmente solo 8 horas. El día anterior habían llegado la Secretaria de Estado y un grupo selecto de sus mejores estrategas.
Lo primero que hizo Obama fue seleccionar a un grupo de invitados que recibieron el honor de acompañarlo a pronunciar un discurso en la Cumbre. El Primer Ministro danés, que presidía la Cumbre, complaciente y adulón, le cedió la palabra al grupo que apenas rebasaba 15 personas. El jefe imperial merecía honores especiales. Su discurso fue una mezcla de edulcoradas palabras aliñadas con gestos teatrales, que ya aburren a quienes, como yo, se asignaron la tarea de escucharlo para tratar de ser objetivos en la apreciación de sus características e intenciones políticas. Obama impuso a su dócil anfitrión dinamarqués que solo sus invitados podían hacer uso de la palabra, aunque él, tan pronto pronunció las suyas, hizo “mutis por el foro” por una puerta trasera, como duende que escapa de un auditorio que le había hecho el honor de escuchar con interés.
Concluida la lista autorizada de oradores, un indígena aymara de pura cepa, Evo Morales, presidente de Bolivia, que acababa de ser reelecto con el 65% de los votos, exigió el derecho a usar la palabra, que le fue concedida ante el aplauso abrumador de los presentes. En solo nueve minutos expresó profundos y dignos conceptos que respondían a las palabras del ausente Presidente de Estados Unidos. Acto seguido se levantó Hugo Chávez para solicitar hablar en nombre de la República Bolivariana de Venezuela; a quien presidía la sesión no le quedó otra alternativa que concederle también el uso de la palabra, que utilizó para improvisar uno de los más brillantes discursos que le he escuchado. Al concluir, un martillazo puso fin a la insólita sesión.
El ocupadísimo Obama y su séquito no tenían, sin embargo, un minuto que perder. Su grupo había elaborado un Proyecto de Declaración, repleto de vaguedades, que era la negación del Protocolo de Kyoto. Después que salió precipitadamente de la plenaria, se reunió con otros grupos de invitados que no llegaban a 30, negoció en privado y en grupo; insistió, mencionó cifras millonarias de billetes verdes sin respaldo en oro, que constantemente se devalúan y hasta amenazó con marcharse de la reunión sí no se accedía a sus demandas. Lo peor fue que se trató de una reunión de países superricos a la que invitaron a varias de las más importantes naciones emergentes y a dos o tres pobres, a las cuales sometió el documento, como quien propone: ¡Lo tomas o lo dejas!
Tal declaración confusa, ambigua y contradictoria -en cuya discusión no participó para nada la Organización de Naciones Unidas-, el Primer Ministro danés trató de presentarla como Acuerdo de la Cumbre. Ya esta había concluido su período de sesiones, casi todos los Jefes de Estado, de Gobierno y Ministros de Relaciones Exteriores se habían marchado a sus respectivos países, y a las tres de la madrugada, el distinguido Primer Ministro danés lo presentó al plenario, donde cientos de sufridos funcionarios que desde hacía tres días no dormían, recibieron el engorroso documento ofreciéndoles solo una hora para analizarlo y decidir su aprobación.
Allí se incendió la reunión. Los delegados no habían tenido siquiera tiempo de leerlo. Varios solicitaron la palabra. El primero fue el de Tuvalu, cuyas islas quedarán bajo las aguas si se aprobaba lo que allí se proponía; lo siguieron los de Bolivia, Venezuela, Cuba y Nicaragua. El enfrentamiento dialéctico a las 3 de aquella madrugada del 19 de diciembre es digno de pasar a la historia, si la historia durara mucho tiempo después del cambio climático.
Como gran parte de lo ocurrido se conoce en Cuba, o está en las páginas Web de Internet, me limitaré sólo a exponer en parte las dos réplicas del canciller cubano, Bruno Rodríguez, dignas de ser consignadas para conocer los episodios finales de la telenovela de Copenhague, y los elementos del último capítulo que todavía no han sido publicados en nuestro país.
“Señor Presidente (Primer Ministro de Dinamarca)… El documento que usted varias veces afirmó que no existía, aparece ahora. Todos hemos visto versiones que circulan de manera subrepticia y que se discuten en pequeños conciliábulos secretos, fuera de las salas en que la comunidad internacional, a través de sus representantes, negocia de una manera transparente.”
“Sumo mi voz a la de los representantes de Tuvalu, Venezuela y Bolivia. Cuba considera extremadamente insuficiente e inadmisible el texto de este proyecto apócrifo…”
“El documento que usted, lamentablemente, presenta no contiene compromiso alguno de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.
“Conozco las versiones anteriores que también, a través de procedimientos cuestionables y clandestinos, se estuvieron negociando en corrillos cerrados que hablaban, al menos, de una reducción del 50% para el año 2050…”
“El documento que usted presenta ahora, omite, precisamente, las ya magras e insuficientes frases clave que aquella versión contenía. Este documento no garantiza, en modo alguno, la adopción de medidas mínimas que permitan evitar una gravísima catástrofe para el planeta y la especie humana.”
“Este vergonzoso documento que usted trae es también omiso y ambiguo en relación con el compromiso específico de reducción de emisiones por parte de los países desarrollados, responsables del calentamiento global por el nivel histórico y actual de sus emisiones, y a quienes corresponde aplicar reducciones sustanciales de manera inmediata. Este papel no contiene una sola palabra de compromiso de parte de los países desarrollados.”
“…Su papel, señor Presidente, es el acta de defunción del Protocolo de Kyoto, que mi delegación no acepta.”
“La delegación cubana desea hacer énfasis en la preeminencia del principio de ‘responsabilidades comunes, pero diferenciadas’, como concepto central del futuro proceso de negociaciones. Su papel no dice una palabra de eso.”
“La delegación de Cuba reitera su protesta por las graves violaciones de procedimiento que se han producido en la conducción antidemocrática del proceso de esta conferencia, especialmente, mediante la utilización de formatos de debate y de negociación, arbitrarios, excluyentes y discriminatorios…”
“Señor Presidente, le solicito formalmente que esta declaración sea recogida en el informe final sobre los trabajos de esta lamentable y bochornosa 15 Conferencia de las Partes.”
Lo que nadie podría imaginar es que, después de otro largo receso y cuando ya todos pensaban que solo faltaban los trámites formales para dar por concluida la Cumbre, el Primer Ministro del país sede, instigado por los yankis, haría otro intento de hacer pasar el documento como consenso de la Cumbre, cuando no quedaban ni siquiera Cancilleres en el plenario. Delegados de Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Cuba, que permanecieron vigilantes e insomnes hasta el último minuto, frustraron la postrera maniobra en Copenhague.
No concluiría, sin embargo, el problema. Los poderosos no están habituados, ni admiten resistencia. El 30 de diciembre la Misión Permanente de Dinamarca ante Naciones Unidas, en Nueva York, informó cortésmente a nuestra Misión en esa ciudad que había tomado nota del Acuerdo de Copenhague del 18 de diciembre de 2009, y adjuntaba copia avanzada de esa decisión. Textualmente afirmó: “…el Gobierno de Dinamarca, en su calidad de Presidente de la COP15, invita a las Partes de la Convención a informar por escrito a la Secretaría de la UNFCCC, lo antes posible, su voluntad de asociarse al Acuerdo de Copenhague.”
Esta sorpresiva comunicación motivó la respuesta de la Misión Permanente de Cuba ante Naciones Unidas, en la que “…rechaza de plano la intención de hacer aprobar, por vía indirecta, un texto que fue objeto de repudio de varias delegaciones, no sólo por su insuficiencia ante los graves efectos del cambio climático, sino también por responder exclusivamente a los intereses de un reducido grupo de Estados.”
A su vez, originó una carta del Viceministro Primero del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de la República de Cuba, Doctor Fernando González Bermúdez, al Sr. Yvo de Boer, Secretario Ejecutivo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, algunos de cuyos párrafos transcribimos:
“Hemos recibido con sorpresa y preocupación la Nota que el Gobierno de Dinamarca circulara a las Misiones Permanentes de los Estados miembros de las Naciones Unidas en Nueva York, que usted seguramente conoce, mediante la cual se invita a los Estados Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático a informar a la Secretaría Ejecutiva, por escrito, y a su más pronta conveniencia, su deseo de asociarse al denominado Acuerdo de Copenhague.”
“Hemos observado, con preocupación adicional, que el Gobierno de Dinamarca comunica que la Secretaría Ejecutiva de la Convención incluirá, en el informe de la Conferencia de las Partes efectuada en Copenhague, un listado de los Estados Partes que hubieran manifestado su voluntad de asociarse con el citado Acuerdo.”
“A juicio de la República de Cuba, esta forma de actuar constituye una burda y reprobable violación de lo decidido en Copenhague, donde los Estados Partes, ante la evidente falta de consenso, se limitaron a tomar nota de la existencia de dicho documento.”
“Nada de lo acordado en la 15 COP autoriza al Gobierno de Dinamarca a adoptar esta acción y, mucho menos, a la Secretaría Ejecutiva a incluir en el informe final un listado de Estados Partes, para lo cual no tiene mandato.”
“Debo indicarle que el Gobierno de la República de Cuba rechaza de la manera más firme este nuevo intento de legitimar por vía indirecta un documento espurio y reiterarle que esta forma de actuar compromete el resultado de las futuras negociaciones, sienta un peligroso precedente para los trabajos de la Convención y lesiona en particular el espíritu de buena fe con que las delegaciones deberán continuar el proceso de negociaciones el próximo año.”, concluyó el Viceministro Primero de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de Cuba.
Muchos conocen, especialmente los movimientos sociales y las personas mejor informadas de las instituciones humanitarias, culturales y científicas, que el documento promovido por Estados Unidos constituye un retroceso de las posiciones alcanzadas por los que se esfuerzan en evitar una colosal catástrofe para nuestra especie. Sería ocioso repetir aquí cifras y hechos que lo demuestran matemáticamente. Los datos constan en las páginas Web de Internet y están al alcance del número creciente de personas que se interesan por el tema.
La teoría con que se defiende la adhesión al documento es endeble e implica un retroceso. Se invoca la idea engañosa de que los países ricos aportarían una mísera suma de 30 mil millones de dólares en tres años a los países pobres para sufragar los gastos que implique enfrentar el cambio climático, cifra que podría elevarse a 100 mil por año en el 2020, lo que en este gravísimo problema, equivale a esperar por las calendas griegas. Los especialistas conocen que, esas cifras son ridículas e inaceptables por el volumen de las inversiones que se requieren. El origen de tales sumas es vago y confuso, de modo que no comprometen a nadie.
¿Cuál es el valor de un dólar? ¿Qué significan 30 mil millones? Todos sabemos que desde Bretton Woods, en 1944, hasta la orden presidencial de Nixon en 1971 -impartida para echar sobre la economía mundial el gasto de la guerra genocida contra Viet Nam-, el valor de un dólar, medido en oro, se fue reduciendo hasta ser hoy aproximadamente 32 veces menor que entonces; 30 mil millones significan menos de mil millones, y 100 mil divididos por 32, equivalen a 3 125, que no alcanzan en la actualidad ni para construir una refinería de petróleo de mediana capacidad.
Si los países industrializados cumplieran alguna vez la promesa de aportar a los que están por desarrollarse el 0,7 por ciento del PIB -algo que salvo contadas excepciones nunca hicieron-, la cifra excedería los 250 mil millones de dólares cada año.
Para salvar los bancos el gobierno de Estados Unidos gastó 800 mil millones, ¿Cuánto estaría dispuesto gastar para salvar a los 9 mil millones de personas que habitarán el planeta en el 2050, si antes no se producen grandes sequías e inundaciones provocadas por el mar debido al deshielo de glaciares y grandes masas de aguas congeladas de Groenlandia y la Antártida?
No nos dejemos engañar. Lo que Estados Unidos ha pretendido con sus maniobras en Copenhague es dividir al Tercer Mundo, separar a más de 150 países subdesarrollados de China, India, Brasil, Sudáfrica y otros con los cuales debemos luchar unidos para defender, en Bonn, en México o en cualquier otra conferencia internacional, junto a las organizaciones sociales, científicas y humanitarias, verdaderos Acuerdos que beneficien a todos los países y preserven a la humanidad de una catástrofe que puede conducir a la extinción de nuestra especie.
El mundo posee cada vez más información, pero los políticos tienen cada vez menos tiempo para pensar.
Las naciones ricas y sus líderes, incluido el Congreso de Estados Unidos, parecen estar discutiendo cuál será el último en desaparecer.
Cuando Obama haya concluido las 28 fiestas con que se propuso celebrar estas Navidades, si entre ellas está incluida la de los Reyes Magos, quizás Gaspar, Melchor y Baltasar le aconsejen lo que debe hacer.
Ruego me excusen la extensión. No quise dividir en dos partes esta Reflexión. Pido perdón a los pacientes lectores.

Fidel Castro Ruz
Enero 3 de 2010
3 y 16 p.m.

Sonido para ver

¡Llegó la radio! Fue la frase escuchada y todos los muchachos se juntaron junto al aparato cuadrado de madera y forrado en cartón que deslucía entre las paredes de tabla con techo de guano. Enseguida se escuchó la voz tierna recomendando la pasta Colgate para una sonrisa limpia y blanca, a continuación un joven prefería la cerveza Hatuey y una señora clamaba por el Crisol para limpiar los muebles.
A partir de ahí algo comenzó a ser diferente en la casa. Se soñaba con una fiesta de quince para la hermana mayor, con baile de vals en un salón de piso de mármol. Los niños se identificaban con “Tarzán” y “Peter Pan”, mientras que los adolescentes suspiraban con “Leonardo Moncada” y el “Derecho de Nacer”.
Imposible de precisar, si fue a finales de los 40 o principios de los 50 cuando llegó aquel artefacto de bombillo, pagador de una deuda contraída por la venta de la leche. Fue el viejo que centavo a centavo fue comprando las pocas reses para el terrenito soñado desde su llegada de Asturias. Así nacieron los once hijos que aprendieron a ordeñar antes de caminar.
El rancho estaba allí junto a la carretera central a pocos kilómetros de la Sierra Maestra. Sólo se conocía que el poblado más cercano se llamaba San Germán. De Holguín, el tío contaba de las tiendas y los comercios, donde se conseguían telas y zapatos. A nadie le preocupaba, que los zapatos pasaran de hermano a hermano cuando quedaban chicos y no se rompían.
Dormir en la hamaca de lona, soportar el calor y los mosquitos nocturnos era parte de aquel lugar, donde las aspiraciones culminaban en los sueños por ver el mar. Sólo la radio hizo crear ilusiones diferentes. Allí estaba la magia de “El Rey de los Campos”, donde las campesinas pobres mejoraban su vida con un matrimonio ó la alegría tonta de “La Tremenda Corte”.
Odiar a la “Rata” por asesinar a mujeres lindas y enamorarse de una ciega, pensar que “El Hombre de la Casa Prado” un día se asomara, con su guayabera , al portal; o que se ganaría el billete de la lotería vendría a ser el complemento para sentir la vida diferente, no pensar en las madrugadas para el ordeño, y encontrar una idea para aliviar el dolor de la miseria.
La voz de Violeta Casals, --¡Aquí Radio Rebelde!—rompió el silencio del monte y el Ejército Rebelde comenzó a ser noticia en la familia, para luego comentar con quienes llegaban al rancho, que unos jóvenes barbudos andaban con fusil al hombro por las lomas.
Fue la radio quien hizo que los varones de la familia asaltaran a un casquito en la carretera para quitarle la pistola e irse a buscar a los Rebeldes. Así nos enteramos que un 31 de diciembre se llamó a la huelga general y que Batista huyó de país.
También con la radio se supo de las hazañas de Camilo Cienfuegos, de las anécdotas del Che y de los emocionantes discursos de Fidel. Se abrió las puertas a los alfabetizadores y las becas fueron el sentido para comprender que la cultura es abrir la frontera hacia una vida mejor.
El radio de bombillos desapareció junto a sus comerciales, como también se derrumbó el rancho de tabla y guano. Ya no vive el asturiano y los hijos se han mudado del lugar. A eso yo le llamo Revolución.

Nuria Barbosa León, periodista de Radio Progreso y Radio Habana Cuba

miércoles, 6 de enero de 2010

"Pacificación" presidencial en América Latina

Barack Obama es el cuarto presidente estadunidense en ganar el Premio Nobel de la Paz

Barack Obama es el cuarto presidente estadunidense en ganar el Premio Nobel de la Paz y se une a otros dentro de una larga tradición de pacificación que desde siempre ha servido a los intereses estadunidenses.
Los cuatro presidentes dejaron su huella en nuestra pequeña región de allá, que nunca ha molestado a nadie como caracterizó al hemisferio el secretario de Guerra, Henry L. Stimson, en 1945.
Dada la postura del gobierno de Obama hacia las elecciones en Honduras de noviembre último, vale la pena examinar el historial.

Theodore Roosevelt

En su segundo mandato como presidente, Theodore Roosevelt dijo que la expansión de pueblos de sangre blanca o europea durante los pasados cuatro siglos se ha visto amenazada por beneficios duraderos para los pueblos que ya existían en las tierras en que ocurrió dicha expansión (pese a lo que puedan pensar los africanos nativos americanos, filipinos y otros beneficiados puedan creer).
Por lo tanto, era inevitable y en gran medida deseable para la humanidad en general, que el pueblo estadunidense terminara por ser mayoría sobre los mexicanos al conquistar la mitad de México”, además de que estaba fuera de toda discusión esperar que los (texanos) se sometieran a la supremacía de una raza inferior.
Utilizar la diplomacia de los barcos artillados para robarle Panamá a Colombia y construir un canal también fue un regalo para la humanidad.

Woodrow Wilson

Woodrow Wilson es el más honrado de los presidentes galardonados con el Nobel y posiblemente, el peor para América Latina. Su invasión a Haití en 1915 mató a miles, prácticamente reinstauró la esclavitud y dejó a gran parte del país en ruinas.
Para demostrar su amor a la democracia, Wilson ordenó a sus marines desintegrar el Parlamento haitiano a punta de pistola en represalia por no aprobar una legislación progresista que permitía a corporaciones estadunidenses comprar el país caribeño. El problema se remedió cuando los haitianos adoptaron una Constitución dictada por Estados Unidos, redactada bajo las armas de los marines. Se trataba de un esfuerzo que resultaría benéfico para Haití, aseguró el Departamento de Estado a sus cautivos.
Wilson también invadió República Dominicana para garantizar su bienestar. Esta nación y Haití quedaron bajo el mando de violentos guardias civiles. Décadas de tortura, violencia y miseria en ambos países fueron el legado del idealismo wilsoniano, que se convirtió en un principio de la política exterior estadunidense.

Jimmy Carter

Para el presidente Jimmy Carter, los derechos humanos eran el alma de nuestra política exterior. Robert Pastor, asesor de seguridad nacional para temas de América Latina, explicó que había importantes distinciones entre derechos y política: lamentablemente la administración tuvo que respaldar el régimen del dictador nicaragüense Anastasio Somoza, y cuando esto resultó imposible, se mantuvo en el país a una Guardia Nacional entrenada en Estados Unidos, aun después de que se habían perpetrado matanzas contra la población de una brutalidad que las naciones reservan para sus enemigos, según señaló el mismo funcionario, y en que murieron unas 40 mil personas.
Para Pastor, la razón es elemental: Estados Unidos no quería controlar Nicaragua ni ningún otro país de la región, pero tampoco que los acontecimientos se salieran de control. Quería que los nicaragüenses actuaran de forma independiente, excepto cuando esto podía afectar los intereses de Estados Unidos.

Barack Obama

El presidente Barack Obama distanció a Estados Unidos de casi toda América Latina y Europa al aceptar el golpe militar que derrocó a la democracia hondureña en junio pasado.
La asonada reflejó abismales y crecientes divisiones políticas y socioeconómicas, según el New York Times. Para la reducida clase social alta, el presidente hondureño Manuel Zelaya se había convertido en una amenaza para lo que esa clase llama democracia, pero que en realidad es el gobierno de las fuerzas empresariales y políticas más fuertes del país.
Zelaya adoptó medidas tan peligrosas como el incremento del salario mínimo en un país en que 60 por ciento de la población vive en la pobreza. Tenía que irse.
Prácticamente solo, Estados Unidos reconoció las elecciones de noviembre (en las que resultó victorioso Pepe Lobo); las que se celebraron bajo un gobierno militar y que fueron una gran celebración de la democracia, según el embajador de Obama en Honduras, Hugo Llorens.
El apoyo a los comicios también garantiza para Estados Unidos el uso de la base aérea de Palmerola, en territorio hondureño, cuyo valor para el ejército estadunidense se incrementa medida de que está siendo expulsado de la mayor parte de América Latina.
Después de las elecciones, Lewis Anselem, representante de Obama ante la Organización de Estados Americanos, aconsejó a los atrasados latinoamericanos que aceptaran el golpe militar y secundaran a Estados Unidos en el mundo real, no el el mundo del realismo mágico.
Obama abrió brecha al apoyar un golpe militar. El gobierno estadunidense financia al Instituto Internacional Republicano (IRI, por sus siglas en inglés) y al Instituto Nacional Democrático (NDI, por sus siglas en inglés) que, se supone, promueven la democracia.
El IRI regularmente apoya golpes militares para derrocar a gobiernos electos como ocurrió en Venezuela, en 2002, y en Haití, en 2004. El NDI se ha contenido. En Honduras, por primera vez, éste instituto acordó observar las elecciones celebradas bajo un gobierno militar de facto, a diferencia de la OEA y la ONU, que seguían paseándose por el mundo del realismo mágico.
Debido a la estrecha relación entre el Pentágono y el ejército de Honduras, así como la enorme influencia económica estadunidense en el país centroamericano, hubiera sido muy sencillo para Obama unirse a los esfuerzos de latinoamericanos y europeos para defender la democracia en Honduras.
Pero Barack Obama optó por la política tradicional.
En su historia de las relaciones hemisféricas, el académico británico Gordon Connell-Smith escribe: Mientras se habla de dientes para afuera en favor de una democracia representativa para América Latina, Estados Unidos tiene importantes intereses que van justo en la dirección contraria, y que requieren de la democracia como un mero procedimiento, especialmente cuando se celebran elecciones que, con mucha frecuencia, han resultado una farsa.
Una democracia funcional puede responder a las preocupaciones del pueblo, mientras Estados Unidos está más preocupado en coadyuvar las condiciones más favorables para sus inversiones privadas en el extranjero.
Se requiere una gran dosis de lo que a veces se conoce como ignorancia intencional para no ver estos hechos.
Una ceguera así debe ser celosamente guardada si es que se desea que la violencia de Estado siga su curso y cumpla su función. Siempre en favor de la humanidad, como nos recordó Obama otra vez en su discurso al recibir el Premio Nobel.

Noam Chomsky
La Jornada

domingo, 3 de enero de 2010

Saludo de fin de año de las Farc



Al finalizar este año de 2009, queremos extender nuestro saludo entusiasmado, patriótico y pleno de optimismo en las posibilidades y el futuro libertario de nuestra patria, a todas las estructuras de guerrilleros integrantes de las FARC EP, Milicianos Bolivarianos, militantes del Partido Comunista Clandestino, integrantes del Movimiento Bolivariano, Redes Urbanas, a los prisioneros de guerra que en el país y en el exterior enfrentan con dignidad la represión del Estado, a los simpatizantes de las FARC EP en Colombia y el mundo, y, ante todo, a nuestro pueblo, a todo el pueblo colombiano, que con su respaldo, colaboración y participación de distintas formas, nos han hecho posible sostener en alto las banderas de la lucha por la dignidad nacional, la patria y la esperanza de una Colombia en paz y mejor para todos los colombianos.
A la vez, queremos hacerlos partícipes de las siguientes reflexiones:
Compatriotas: La actual situación política del país presenta una complejidad que no tiene precedentes en las últimas décadas.
El hecho de tener pendiendo de nosotros como una espada de Damocles, ya no la amenaza, sino la realidad de una invasión militar por parte del ejército que representa al imperio más rapaz y poderoso de la tierra, por beneplácito de un gobierno apátrida y cipayo, que entregó la soberanía de la patria, para amenazar y entrar a jugar de peón aventurero en los designios y planes imperialistas de reversar los vientos de cambio, que con miles de sacrificios y en beneficio de los desheredados y de la gente pobre soplan en América Latina, unido al hecho de tener en el gobierno a una pandilla encabezada por un mandatario, que violando todos los topes y normas establecidas se obsesiona y pretende perpetuarse en el poder, para instaurar una dictadura, una autocracia ultraderechista, con políticas neoliberales en lo social, y una concepción ultra montana en lo ideológico, sin lugar a dudas, es una aberración insólita.
A lo largo de nuestra accidentada historia republicana no hay antecedentes de semejante abuso.
Pero, un Presidente que durante su primer período hace reformar la Constitución para asegurar su reelección en los siguientes 4 años, y que ahora pretende otra reforma para postularse a una segunda reelección, con la incertidumbre de si le dará la ventolera por seguir en el cargo a perpetuidad, (su plan estratégico es hasta el 2019), esa sí es una situación a la que no se había enfrentado la hipócrita y mal llamada “democracia” colombiana, que ya algunos llaman “ mafiocracia ”. A eso hemos llegado, porque la presidencia de Uribe tiene mucho de atípica y cuenta con el respaldo pleno y continuado de las clases dominantes.
Se dirá con mucha razón, que eso lejos de ser un caso único, ha sido la constante. Pero no, este ha sido un gobierno mucho mas anti popular y reaccionario que los anteriores.
Un respaldo total e incondicional de todos los sectores capitalistas, imperialistas, mafiosos y latifundistas, como el que ha gozado este gobierno durante 8 años, para engañar, para manipular la interpretación de la realidad nacional, acelerar la corrupción elevada a niveles nunca vistos, (AIS, RUNT, IPS - EPS, recompensas, financiación y firmas del referendo, contratación pública, Opain, basuras, tercer canal, zonas francas, etc.), la infame “para política”, los crímenes atroces contra el pueblo mal llamados “falsos positivos”, todo eso sumado a la crisis económica, la venta injustificada de todas las empresas e instituciones estratégicas que eran propiedad del Estado, energía, salud, educación, transporte, telecomunicaciones, y hasta Ecopetrol a cambio de toda clase de gabelas y explotación a manos libres de los trabajadores que los medios de comunicación llaman “seguridad inversionista”, no lo habían tenido en semejante grado y en semejante contubernio, los mandatarios que lo precedieron.
Lo particular ahora, es que en mayor grado que antes, entre los de arriba, banqueros, latifundistas, mafiosos, politiqueros y el presidente, se ha creado y fortalecido una relación simbiótica.
La política de Uribe influye y da impulso a ese giro derechizante que se observa en la clase económica dominante, (Un solo banquero, Sarmiento Angulo controla el 42% del crédito Nacional y acaba de declarar ganancias en el último bimestre por 1.250 millones de dólares).
Pero, a su vez, este giro de los sectores dominantes, contribuye a “derechizar” y a apoyar más la política uribista, en lo nacional e internacional, porque a ellos los beneficia.
El que sale perdiendo en todo esto es el pueblo, que solo ve aumentar los niveles de miseria, de hambre y de un desempleo galopante, que ya alcanza cifras de un 14%, (casi 3 millones de desocupados), con incrementos en el último año de 517.000 nuevos desempleados, carentes de todo ingreso y sin recursos a la vista, lo que ya no es un simple guarismo económico, sino todo un drama humano que deja a millones de colombianos sin posibilidad de atender sus propias y más elementales necesidades y las de su familias.
Como consecuencia de esta política que solo gobierna para una minoría de privilegiados, hoy somos una sociedad en la que 22 millones de pobres están por fuera de las relaciones de producción capitalistas. No son proletarios, ni trabajadores, sino parias, privados de la seguridad social, de todos los derechos y de todas las posibilidades.
Y lo peor, es que ese abominable mundo de miseria sin fondo es el resultado, no de la “crisis mundial,” como quieren presentarlo, sino del modelo neoliberal que nos han impuesto desde arriba. Es el modelo Uribista que algunos han denominado un modelo “Pro Ricos”, sustentado en la llamada “confianza inversionista”, en la represión y el engaño mediático, que solo produce y reproduce ganancias a los ricos, militarización de la sociedad, miseria generalizada y marginalidad para nuestro pueblo.
El carácter de clase de este gobierno está retratado en las actuales negociaciones para el salario mínimo.
Mientras el gobierno se apresta a aprobar un proyecto de ley que eleva las pensiones vitalicias del Congreso más corrupto de la historia de Colombia, de 11 a 16 millones de pesos, y a conceder millonarios sueldos a los concejales, a los trabajadores solo se les ofrece un aumento en su salario mínimo, del 3% por debajo de la inflación, es decir menos de 15 mil pesos mensuales, o sea 500 pesos diarios, (menos de lo que vale una bebida gaseosa)!
Mediante engaños mediáticos y recurriendo a técnicas de propaganda aprendidas de los manuales Nazis que enseñaban repetir una mentira mil y un millón de veces, y volverla a repetir después, hasta hacerla creer una verdad, han llegado a convertir casi que en un artículo de fe para los colombianos que es la insurgencia y “el terrorismo” la causa de todos nuestros males nacionales y que solo la Seguridad “Democrática” nos traerá la paz y la prosperidad.
Pero ya vamos a completar casi 60 años de esta guerra declarada contra el pueblo, decretada a partir del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán y sostenida durante todos estos años, para impedir a sangre y fuego cualquier asomo de cambio democrático que beneficie al pueblo humilde y trabajador.
Vamos a completar también 8 años desde que nos anunciaran la derrota de la insurgencia revolucionaria y la inminente llegada del “fin del fin”, mientras el país se desangra y la economía doméstica, se arruina.
Cada vez va quedando más claro ante la opinión nacional, que el Plan Patriota ha sido un gran fraude para fortalecer la dictadura personalista de Uribe y un gran fracaso militar, como lo evidencian las cifras de la agudización de la confrontación con las guerrillas a nivel nacional y la expansión de la violencia paramilitar a otras zonas del país en alianza con la fuerza pública, (su nombre nos indica que no eran del todo asesinos privados, sino que “trabajan” “en alianza con la fuerza pública”, algo así como una versión actualizada del binomio fuerzas armadas matones).
Mientras tanto, crece el desplazamiento de campesinos y la miseria urbana, hechos estos refrendados por recientes estudios de la academia, que sin ser la última palabra en verdades reveladas, si contienen puntos de vista interesantes, respaldados en las cifras y en la investigación.
A todo este ambiente de engaño, crimen, mentiras, corrupción y entrega de nuestra soberanía es que se pretende ahora dar continuidad con la reelección de un Presidente mafioso rodeado de una oligarquía apátrida y una verdadera pandilla de políticos sin escrúpulos que no gobiernan para Colombia, sino para sus propios intereses y que como lo describió alguna vez lapidariamente el filósofo Fernando González: “no tienen ni practican ninguna política social, sino que al derecho lo llaman limosna; a la limosna la llaman caridad y a esa hipócrita caridad la llaman, justicia social. Y dicen: Sí, es verdad que al pueblo hay que ayudarle, hay que darle algo de lo que nos sobra, pero al pueblo, hay que tenerlo con mano de hierro".
¡Pero, no hay mal que dure cien años!, y ya en diversos sectores se ve un despertar de la conciencia popular, asumiendo como algo propio la defensa de sus propios intereses y de su soberanía como constructor es de su propio destino.
Crece el rechazo y el repudio a la corrupción de las altas esferas, y cada vez se destapan más y más escándalos que involucran a representantes del gobierno poniendo de bulto la insania y la podredumbre de este régimen de terrorismo de Estado.
Crece también el rechazo a la reelección del déspota por parte de amplios sectores de opinión y sectores democráticos que ven en el referendo espurio para reelegir al mafioso, una violación a la carta magna, de la que ya van asomando las orejas de la dictadura.
Ya lo habíamos advertido. En el fascismo, todo el que haga oposición al gobierno es – en acto o en potencia - un “terrorista”. Y eso de “hacerle oposición” al gobierno, es un concepto de una amplitud sin límites, (como el de “terrorismo”), que no se reduce a pronunciar arengas políticas contra el régimen.
No!
También son opositores y, por ende, “terroristas” según la lógica del reinsertado José Obdulio, los Magistrados de la Corte Suprema de Justicia que mandan a la cárcel a los congresistas uribistas que alcanzaron sus curules en alianza con los paramilitares, y que se resisten a elegir de una “terna de uno”, a un fiscal de bolsillo de Uribe, para que los absuelva y los deje libres.
Desde luego, la ofensiva antiterrorista no se detiene en los pedestales y estrados de las Cortes. También se ha visto y se verá más adelante, extender el cargo de “terroristas” a muchos políticos liberales, independientes, o de la llamada “oposición democrática”.
Ya es casi unánime también el repudio continental, de ver a Colombia convertida en plataforma militar del Imperio y cabeza de playa para agredir a los demás pueblos de América y revertir la tendencia liberadora que recorre el continente.
Como lo dejó bien claro un senador en reciente debate parlamentario: “Lo de las bases constituye una violación flagrante de la soberanía nacional. Una base extranjera, o una instalación, o el nombre que le quieran dar, (porque no se trata de un debate semántico), lo que implica es una actividad militar a favor de intereses extranjeros, distintos a los nuestros y en el territorio nacional. Pues el soldado de cualquier país del mundo, defiende los intereses del país a cuya bandera le juró lealtad”.
Y todavía se llega al descaro de querer presentar lo de las bases como “un gesto amistoso con los vecinos”. “¿Sera verdad que es este, un mensaje de cordialidad para el continente?”.
Saludamos la creación del Movimiento Continental Bolivariano como expresión de rechazo a la dominación imperialista de nuestra América y nueva fuerza política con visión integradora y amplia de todas las tendencias patrióticas que propugnan por una América soberana y libre como la que predicó el Libertador y todos quienes lucharon por nuestra primera independencia.
¡Pero, no hay mal que dure cien años!, y ya en diversos sectores se ve un despertar de la conciencia popular, asumiendo como algo propio la defensa de sus intereses y de su soberanía como constructor es de su destino.
Ya hemos resistido muchos años y seguiremos luchando hasta el último aliento, porque estamos convencidos que al final, Colombia y los colombianos sabremos encontrar, el camino que nos conduzca a superar esta larga noche de represión y de violencia que las oligarquías nos impusieron, hasta alcanzar por fin, la Nueva Colombia.
Al finalizar este año, queremos llamar a todos los sectores revolucionarios, organizaciones guerrilleras hermanas, patriotas verdaderos y demócratas de este país, a sumar esfuerzos y voluntades para conformar la más amplia unidad, luchar con todas nuestras fuerzas para impedir la reelección de un mafioso como dictador perpetuo y oponernos a que Colombia sea una base militar de trampolín para agredir a pueblos hermanos; a seguir luchando por la restitución de las tierras arrebatadas por el paramilitarismo a nuestros campesinos, a concretar por fin el canje de prisioneros, y a construir entre todos, una alternativa política que privilegie, no el militarismo sino la solución política del conflicto y la paz nacional, que abra las compuertas al inicio de un proceso, que ponga fin a la guerra que vivimos y siente la bases para la construcción de una Nueva Colombia que haga incluyentes del progreso a los pobres y propugne por suspender de inmediato la presencia de tropas estadounidenses en nuestro territorio.
Impidamos entre todos que Colombia sea convertida en base militar del imperio, que el pueblo pierda todas las conquistas obtenidas atreves de justas luchas y que la guerra sea el modus vivendi de nuestra sociedad, solo por la obsesión oligárquica de impedir a toda costa que en Colombia se produzcan cambios estructurales que beneficien a las mayorías nacionales y su decisión militarista de perpetuar a toda costa un régimen político que todos sabemos es injusto, inmoral, criminal y antidemocrático.

Por la Nueva Colombia, La Patria Grande y el Socialismo.

Honor y gloria a la memoria de Manuel, Jacobo, Raúl, Iván, Nariño y todos los héroes caídos en la confrontación.
Porque la Patria les pertenecía entregaron toda su vida en defensa de ella.

La patria se respeta, fuera yanquis de Colombia!

Secretariado del Estado Mayor Central

FARC - EP

Diciembre del 2009.

sábado, 2 de enero de 2010

El derecho de la humanidad a existir



El cambio climático está causando ya considerable daño y cientos de millones de pobres están sufriendo las consecuencias.
Los centros de investigaciones más avanzados aseguran que queda muy poco tiempo para evitar una catástrofe irreversible. James Hansen, del Instituto Goddard de la NASA, asegura que un nivel de 350 partes del dióxido de carbono por millón es todavía tolerable; hoy sobrepasa sin embargo la cifra de 390 y se incrementa a ritmo de 2 partes por millón cada año, rebasando los niveles de hace 600 mil años. Las últimas dos décadas han sido, cada una de ellas, las más calurosas desde que se tienen noticias del registro. El mencionado gas aumentó 80 partes por millón en los últimos 150 años.
El hielo del Mar Ártico, la enorme capa de dos kilómetros de espesor que cubre Groenlandia, los glaciares de América del Sur que nutren sus fuentes principales de agua dulce, el volumen colosal que cubre la Antártida, la capa que resta del Kilimanjaro, los hielos que cubren el Himalaya y la enorme masa helada de Siberia se están derritiendo visiblemente. Científicos notables temen saltos cuantitativos en estos fenómenos naturales que originan el cambio.
La humanidad puso grandes esperanzas en la Cumbre de Copenhague, después del Protocolo de Kyoto suscrito en 1997, que entró en vigor el año 2005. El estruendoso fracaso de la Cumbre dio lugar a bochornosos episodios que requieren el debido esclarecimiento.
Estados Unidos, con menos del 5% de la población mundial emite el 25% del dióxido de carbono. El nuevo Presidente de Estados Unidos había prometido cooperar con el esfuerzo internacional para enfrentar un problema que afecta a ese país tanto como al resto del mundo. Durante las reuniones previas a la Cumbre, se hizo evidente que los dirigentes de esa nación y los de los países más ricos maniobraban para hacer caer el peso de los sacrificios sobre los países emergentes y pobres.
Gran número de líderes y miles de representantes de los movimientos sociales e instituciones científicas decididos a luchar por preservar la humanidad del mayor riesgo de su historia, acudieron a Copenhague invitados por los organizadores de la Cumbre. Omito referirme a detalles sobre la brutalidad de la fuerza pública danesa, que arremetió contra miles de manifestantes e invitados de los movimientos sociales y científicos que acudieron a la capital de Dinamarca para concentrarme en los aspectos políticos de la Cumbre.
En Copenhague reinó un verdadero caos y sucedieron cosas increíbles. A los movimientos sociales e instituciones científicas no les permitieron asistir a los debates. Hubo Jefes de Estado y Gobierno que no pudieron siquiera emitir sus opiniones sobre vitales problemas. Obama y los líderes de los países más ricos se adueñaron de la conferencia con la complicidad del gobierno danés. Los organismos de Naciones Unidas fueron relegados.
Barack Obama, que llegó el último día de la Cumbre para permanecer allí solo 12 horas, se reunió con dos grupos de invitados escogidos “a dedo” por él y sus colaboradores. Junto a uno de ellos se reunió en la sala del plenario con el resto de las más altas delegaciones. Hizo uso de la palabra y se marchó de inmediato por la puerta trasera. En ese plenario, excepto el pequeño grupo seleccionado por él, se les prohibió a los demás representantes de los estados hacer uso de la palabra. En esa reunión, a los Presidentes de Bolivia y de la República Bolivariana de Venezuela se les permitió hablar, porque al Presidente de la Cumbre no le quedó otra alternativa que concederles el uso de la palabra, ante el reclamo enérgico de los presentes.
En otra sala contigua, Obama reunió a los líderes de los países más ricos, varios de los Estados emergentes más importantes y dos muy pobres. Presentó un documento, negoció con dos o tres de los países más importantes, ignoró a la Asamblea General de Naciones Unidas, ofreció conferencias de prensa, y se marchó como Julio César en una de sus campañas victoriosas en Asia Menor, que lo llevó a exclamar: Llegué, vi y vencí.
El propio Gordon Brown, Primer Ministro del Reino Unido, había afirmado el 19 de octubre: “Si no llegamos a un acuerdo en el curso de los próximos meses, no debemos tener duda alguna de que, una vez que el crecimiento no controlado de las emisiones haya provocado daños, ningún acuerdo global retrospectivo en algún momento del futuro podrá deshacer tales efectos. Para ese entonces será irremisiblemente demasiado tarde.”
Brown concluyó su discurso con dramáticas palabras: “No podemos darnos el lujo de fracasar. Si fracasamos ahora, pagaremos un precio muy alto. Si actuamos ahora, si actuamos de conjunto, si actuamos con visión y determinación, el éxito en Copenhague estará todavía a nuestro alcance. Pero si fracasamos, el planeta Tierra estará en peligro, y para el planeta no existe un Plan B.”
Ahora declaró con arrogancia que la Organización de Naciones Unidas no debe ser tomada como rehén por un pequeño grupo de países como Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Tuvalu, a la vez que acusa a China, India, Brasil, Sudáfrica y otros Estados emergentes de ceder a las seducciones de Estados Unidos para suscribir un documento que lanza al cesto de basura el Protocolo de Kyoto y no contiene compromiso vinculante alguno por parte de Estados Unidos y sus aliados ricos.
Me veo obligado a recordar que la Organización de Naciones Unidas nació hace apenas seis décadas, después de la última Guerra Mundial. Los países independientes no rebasaban entonces la cifra de 50. Hoy la integran más de 190 Estados independientes, luego que el odioso sistema colonial dejó de existir por la lucha decidida de los pueblos. A la propia República Popular China durante muchos años se le negó su pertenencia a la ONU, y un gobierno títere ostentaba su representación en esa institución y en su privilegiado Consejo de Seguridad.
El apoyo tenaz del creciente número de países del Tercer Mundo fue indispensable en el reconocimiento internacional de China, y un factor de suma importancia para que Estados Unidos y sus aliados de la OTAN le reconocieran sus derechos en la Organización de Naciones Unidas.
En la heroica lucha contra el fascismo, la Unión Soviética había realizado el mayor aporte. Más de 25 millones de sus hijos murieron, y una enorme destrucción asoló el país. De esa lucha emergió como superpotencia capaz de contrapesar en parte el dominio absoluto del sistema imperial de Estados Unidos y las antiguas potencias coloniales para el saqueo ilimitado de los pueblos del Tercer Mundo. Cuando la URSS se desintegró, Estados Unidos extendió su poder político y militar hacia el Este, hasta el corazón de Rusia, y su influencia sobre el resto de Europa se incrementó. Nada de extraño tiene lo ocurrido en Copenhague.
Deseo subrayar lo injusto y ultrajante de las declaraciones del Primer Ministro del Reino Unido y el intento yanki de imponer, como Acuerdo de la Cumbre, un documento que en ningún momento fue discutido con los países participantes.
El Canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, en la conferencia de prensa ofrecida el 21 de diciembre, afirmó una verdad que es imposible negar; emplearé algunos de sus párrafos textuales: “Quisiera enfatizar que en Copenhague no hubo acuerdo alguno de la Conferencia de las Partes, no se tomó ninguna decisión con relación a compromisos vinculantes o no vinculantes, o de naturaleza de Derecho Internacional, en modo alguno; simplemente, en Copenhague no hubo acuerdo”
“La Cumbre fue un fracaso y un engaño a la opinión pública mundial. […] quedó al desnudo la falta de voluntad política…”
“…fue un paso atrás en la acción de la comunidad internacional para prevenir o mitigar los efectos del cambio climático…”
“…el promedio de la temperatura mundial podría aumentar en 5 grados…”
De inmediato nuestro Canciller añade otros datos de interés sobre las posibles consecuencias de acuerdo a las últimas investigaciones de la ciencia.
“…desde el Protocolo de Kyoto hasta la fecha las emisiones de los países desarrollados se elevaron 12,8%… y de ese volumen el 55% corresponde a Estados Unidos.”
“Un estadounidense consume, como promedio, 25 barriles de petróleo anuales, un europeo 11, un ciudadano chino menos de dos, y un latinoamericano o caribeño, menos de uno.”
“Treinta países, incluidos los de la Unión Europea, consumen el 80% del combustible que se produce.”
El hecho muy real es que los países desarrollados que suscribieron el Protocolo de Kyoto aumentaron drásticamente sus emisiones. Quieren sustituir ahora la base adoptada de las emisiones a partir de 1990 con la del 2005, con lo cual Estados Unidos, el máximo emisor, reduciría a solo 3% sus emisiones de 25 años antes. Es una desvergonzada burla a la opinión mundial.
El Canciller cubano, hablando en nombre de un grupo de países del ALBA, defendió a China, India, Brasil, Sudáfrica y otros importantes Estados de economía emergente, afirmando el concepto alcanzado en Kyoto de “‘responsabilidades comunes, pero diferenciadas, quiere decir que los acumuladores históricos y los países desarrollados, que son los responsables de esta catástrofe, tienen responsabilidades distintas a las de los pequeños Estados insulares o a las de los países del Sur, sobre todo los países menos desarrollados…”
“Responsabilidades quiere decir financiamiento; responsabilidades quiere decir transferencia de tecnología en condiciones aceptables, y entonces Obama hace un juego de palabras, y en vez de hablar de responsabilidades comunes pero diferenciadas, habla de ‘respuestas comunes, pero diferenciadas’.”
“…abandona el plenario sin dignarse a escuchar a nadie, ni había escuchado a nadie antes de su intervención.”
En una conferencia de prensa posterior, antes de abandonar la capital danesa, Obama afirma: “Hemos producido un sustancioso acuerdo sin precedente aquí en Copenhague. Por primera vez en la historia, las mayores economías hemos venido juntas a aceptar responsabilidades.”
En su clara e irrebatible exposición, nuestro Canciller afirma: “¿Qué quiere decir eso de que ‘las mayores economías hemos venido juntas a aceptar nuestras responsabilidades’? Quiere decir que están descargando un importante peso de la carga que significa el financiamiento para la mitigación y la adaptación de los países sobre todo del Sur al cambio climático, sobre China, Brasil, India y Sudáfrica; porque hay que decir que en Copenhague se produjo un asalto, un atraco contra China, Brasil, India, Sudáfrica y contra todos los países llamados eufemísticamente en desarrollo.”
Estas fueron las palabras contundentes e irrebatibles con las que nuestro Canciller relata lo sucedido en Copenhague.
Debo añadir que, cuando a las 10 de la mañana del día 19 de diciembre nuestro vicepresidente Esteban Lazo y el Canciller cubano se habían marchado, se produce el intento tardío de resucitar al muerto de Copenhague como un acuerdo de la Cumbre. En ese momento no quedaba prácticamente ningún Jefe de Estado ni apenas Ministros. De nuevo la denuncia de los restantes miembros de las delegaciones de Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua y otros países derrotaron la maniobra. Así finalizó la ingloriosa Cumbre.
Otro hecho que no puede olvidarse fue que en los momentos más críticos de ese día, en horas de la madrugada, el Canciller de Cuba, en unión de las delegaciones que libraban su digna batalla, le ofrecieron al Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, su cooperación en la lucha cada vez más dura que se estaba librando, y en los esfuerzos que deben llevarse a cabo en el futuro para preservar la vida de nuestra especie.
El grupo ecológico Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) advirtió que el cambio climático quedaría fuera de control en los próximos 5 a 10 años, si no se recortan drásticamente las emisiones.
Pero no hace falta demostrar lo esencial de lo que aquí se afirma sobre lo que hizo Obama.
El Presidente de Estados Unidos declaró el miércoles 23 de diciembre que las personas tienen razón en estar decepcionadas por el resultado de la Cumbre sobre el Cambio Climático. En entrevista por la cadena de televisión CBS, el mandatario indicó que “‘en vez de ver un total colapso, sin que hubiese hecho nada, lo que hubiera sido un gigante retroceso, al menos pudimos mantenernos más o menos donde estábamos’…”
Obama ―afirma el despacho noticioso― es el más criticado por aquellos países que, de forma casi unánime, sienten que el resultado de la Cumbre fue desastroso.
La ONU ahora está en un aprieto. Pedirles a otros países que se adhieran al arrogante y antidemocrático acuerdo sería humillante para muchos Estados.
Continuar la batalla y exigir en todas las reuniones, particularmente las de Bonn y de México, el derecho de la humanidad a existir, con la moral y la fuerza que nos otorga la verdad, es a nuestro juicio el único camino.

Fidel Castro Ruz
Diciembre 26 de 2009
8 y 15 p.m.

El imperio, más imperialista que nunca



El objeto de esta breve nota es analizar la situación del imperialismo contemporáneo. Se trata de un fenómeno que tenemos que examinar y seguir muy de cerca, muy cuidadosamente, para contrarrestar los discursos confusionistas con los cuales se bombardea permanentemente a nuestros pueblos para fomentar el conformismo y la resignación. Uno de esos discursos es el de la globalización, concebida como la interdependencia económica de todas las naciones, sin relaciones asimétricas entre ellas; otro argumento, igualmente pernicioso, se encuentra en las tesis de algunos autores como Michael Hardt y Antonio Negri que, a nuestro entender, pertenecían hace muchos años a la izquierda europea (sobre todo Negri) pero que luego fueron víctimas de una impresionante confusión teórica al punto tal que su libro, Imperio, llega a sostener como tesis central que la edad del imperialismo ha concluido: hay imperio, pero ya no hay más imperialismo.[1] Imperio sin imperialismo parece ser un inocente juego de palabras. Sin embargo es mucho más que eso porque el efecto político de ese argumento es la desmoralización, la desmovilización y el desarme ideológico de los pueblos ante una teorización que proyecta la imagen de un imperio convertido en una mera entelequia, en una vaporosa abstracción que, por eso mismo, aparece como inexpugnable e imbatible. El único camino que quedaría abierto ante la omnipotencia del imperio es el de la lúcida adaptación, con la esperanza de que las multitudes nómadas puedan encontrar en sus entresijos la falla geológica que, algún día, provoque el estallido del sistema.
Curiosamente estos autores salen con esta tesis en momentos en que el imperialismo está más vivo que nunca, y es más agresivo y violento que nunca. No por casualidad la publicación de su libro gozó de una extraordinaria repercusión en la prensa burguesa de todo el mundo. Y en cuanto a la renovada agresividad del imperio “realmente existente” sólo basta con detenerse un momento a pensar lo que significa la reactivación de la Cuarta Flota, las siete bases militares en Colombia, el desembozado apoyo al golpe militar en Honduras y su fraudulenta “legalización” a partir de la convalidación de las ilegítimas elecciones presidenciales del 29 de Noviembre, las amenazas de Hillary Clinton contra Venezuela y Bolivia por su acercamiento a Irán, amén de la carnicería practicada (ante el estruendoso silencio de Washington) por Israel en la franja de Gaza, el martirio interminable de Irak y la redoblada presencia militar norteamericana en Afganistán.
Cabría preguntarse por las razones que impulsan a muchos autores a olvidarse de la existencia del imperialismo. Sin ánimo de profundizar ahora en un tema harto complicado podría decirse que dicha actitud refleja la crisis ideológica en que se debate la izquierda. Una izquierda que, sobre todo en el Norte, ha claudicado y renunciado a la lucha por la construcción de una buena sociedad. Por supuesto, muchos también hicieron lo mismo en América Latina, pero la resonancia de los “conversos” y “renegados” del Norte es mucho mayor de la que disfrutan sus homólogos de esta parte del mundo. Hay gente que viene de un pasado de izquierda y que ahora dice que ya no hay más izquierda y derecha; según ellos ahora sólo habría “realistas” y “dogmáticos.” Obviamente, para quienes sostienen tesis como éstas el imperialismo es un molesto recuerdo del pasado que en la actualidad carece por completo de importancia.
Sin embargo, no serán las confusiones teóricas o la imaginación discursiva las que acabarán con el imperialismo. Se trata de un rasgo esencial del -e inherente al- capitalismo contemporáneo y si algo ocurrió con la globalización neoliberal es que la presencia del imperialismo se tornó más opresiva y omnipresente que antes. En los años noventas aquél había desaparecido de la escena, no sólo como teoría explicativa de la economía mundial sino también como componente del discurso político. El término simplemente había sido enviado al ostracismo por los académicos, los comunicadores sociales, los políticos y los gobernantes. Recién se comenzó a hablar nuevamente de imperialismo a comienzo del siglo actual, sobre todo luego de la fulgurante aparición del ya mencionado libro de Hardt y Negri.
La molesta y desagradable supervivencia del imperialismo, inmune a las modas intelectuales y linguísticas, hizo que en los ochentas y los noventas aquél se ocultara tras un nuevo nombre: “globalización.” Ahora bien: ¿qué es la globalización si no la fase superior del imperialismo? La globalización no es el fin del imperialismo sino un nuevo salto cualitativo del mismo, al cual nos referiremos a continuación. Representa un cambio del imperialismo clásico hacia otro de nuevo tipo, basado en las actuales condiciones bajo las cuales se desenvuelve el modo de producción capitalista. La palabra “imperialismo” había desaparecido, pero los hechos son porfiados y tenaces, y a la larga este vocablo renació desde sus cenizas. La razón es muy simple: casi todo el mundo está sometido a los rigores de una estructura imperialista, y los Estados Unidos desempeñan un papel esencial en el sostenimiento de esa estructura, sobre todo en América Latina. Nos guste o no nos guste, lo nombremos o no, el animal existe. Y por eso, como la cosa estaba y no se había ido la palabra no tuvo más remedio que reaparecer.
Uno podría decir: “bien, pero, ¿por qué desapareció?” Desapareció, primero, como producto de cambios muy importantes que tuvieron lugar en la escena internacional. Desapareció porque en los años ochentas y noventas el avance del neoliberalismo fue arrollador. Esto queda muy claro en 1989, cuando se derrumba el Muro de Berlín, y un par de años después desaparece la Unión Soviética. Es decir, lo que había sido el gran eje de confrontación económica, política, ideológica, militar, a lo largo de gran parte del siglo XX, se esfumó sin dejar rastros. A partir de ahí, se llegó a la conclusión de que una vez borrada del mapa la Unión Soviética, el imperialismo (que era, según la equivocada opinión de algunos autores, un fenómeno eminentemente militar) no tiene más razón de ser. Los hechos mostraron que sí tenía razón de ser, y que tal como correctamente lo había señalado V. I. Lenin las raíces del fenómeno imperialista son económicas, aunque se manifiesten el terreno político, en el militar y también en el terreno de las ideas, donde el éxito de la prédica neoliberal promovida por el imperialismo y sus aliados ha sido extraordinario. Téngase presente, como una nota adicional, que en el plano de las ideas el papel de los medios de comunicación es esencial, y estos se encuentran concentrados en manos de los grandes monopolios en una proporción aún mayor que la que encontramos, por ejemplo, en la banca internacional.
Decíamos más arriba que una serie de cambios en el proceso de acumulación capitalista pusieron en cuestión algunos preceptos de la teorización clásica del imperialismo. En primer lugar, porque según aquéllas el imperialismo reflejaba la crisis de las economías metropolitanas, que por eso mismo debían salir agresivamente a buscar mercados externos. Pero el período posterior a la Segunda Guerra Mundial mostró una tremenda expansión imperialista en el contexto de un auge económico sin precedentes en la historia del modo de producción capitalista: el célebre “cuarto de siglo de oro” del período 1948-1973, todo lo cual sumía en la perplejidad a los adeptos a la teoría convencional. Segundo, las teorías clásicas pronosticaban que como resultado de la competencia inter-burguesa las guerras entre las potencias capitalistas serían inevitables. Nada de eso volvió a ocurrir luego de 1945. Hubo guerras, por supuesto, pero estas han sido del capital contra los pueblos de la periferia del sistema. Tercero, las teorías clásicas decían que para la reproducción del imperialismo se requería la presencia de vastas regiones “agrarias”, o “pre-capitalistas”, que proporcionaban el espacio para la expansión económica que ya no se podía encontrar en las metrópolis. Fue Rosa Luxemburg quien insistió sobre este asunto. Sin embargo, una vez que esos espacios de la periferia fueron incorporado a las relaciones capitalistas el imperialismo siguió avanzando más allá de los límites impuestos por la geografía mediante la mercantilización de sectores de la vida económica y social antaño preservados al margen de la dinámica predatoria de los mercados, como los servicios públicos, las jubilaciones, la salud, la educación y otros por el estilo.
La respuesta de algunos autores ante los desafíos que planteaban estos cambios fue el abandono de la noción de imperialismo. De ahí el auge de las teorías de la globalización, de la teoría de la inter-dependencia y, posteriormente, del imperio, entendido como lo hacen Hardt y Negri como “un régimen de soberanía global.” Y en ese régimen, en el cual no hay centro ni periferia, no hay posibilidad alguna de relaciones imperialistas. El imperialismo fue, para estos autores, una expresión de la dominación nacional, pero ahora los estados-nación están en vías de desaparición. Su soberanía se ha desplazado hacia grandes organizaciones supra-nacionales, como el Banco Mundial; la OECD; el FMI, las grandes empresas transnacionales, etcétera. En su ofuscamiento Hardt y Negri no alcanzan a visualizar que todas estas supuestas organizaciones globales reflejan la asimetría “inter-nacional” de los mercados mundiales, en donde un puñado de naciones (bajo la supremacía de Estados Unidos) dominan aquellas organizaciones mientras que el resto está sometido a su abrumadora influencia. Tampoco ven que las así llamadas empresas transnacionales lo son sólo por el alcance de sus operaciones, pero que su base nacional existe en todos los casos y casi invariablemente se encuentra situada en los países desarrollados. En otras palabras, seguimos estando en un mundo de estados nacionales.
El imperio tiene un centro, irreemplazable, que es Estados Unidos. Sin su estratégico papel, el imperialismo se derrumbaría como un castillo de naipes. Hagamos un simple ejercicio mental y eliminemos a los Estados Unidos del tablero mundial: ¿de qué manera se sostiene una situación como la de Medio Oriente, o el predominio militar de Israel?, ¿quién garantiza, en última instancia, el sometimiento y la expropiación del pueblo palestino?, ¿quién es el gran promotor de todas las políticas neoliberales en el Tercer Mundo, a través de la diplomacia y del manejo sin contrapesos de instituciones como el FMI, el BM o la OMC? ¿Quién domina a su antojo el Consejo de Seguridad de la ONU, provocando la crisis de la organización? Sin el rol decisivo de Estados Unidos no hay respuesta posible. El mundo de hoy, el sistema imperialista signado por el predominio del gran capital financiero es impensable al margen de un estado-nación muy poderoso, que dispone de la mitad del gasto militar del planeta y que impone esas políticas a veces “por las buenas”, haciendo uso de su fabuloso arsenal mediático; pero, si por las buenas no convence, lo impone por la fuerza de las armas. Tanto el soft power como el hard power están en manos de los Estados Unidos. ¿Quién podría reemplazarlo: Alemania, Francia, Japón, China, Rusia?
Ahora bien, cabría preguntarse: ¿cómo es que las políticas del imperio se imponen en nuestros países, considerando que ya no existen las antiguas dictaduras de seguridad nacional y que aún la derecha se maneja dentro de los cauces institucionales, con presidentes propios en países como Colombia, México, Perú, Panamá y ahora Honduras?
La pregunta es muy pertinente, porque la operación del imperialismo pasa necesariamente por las estructuras nacionales de mediación. Nada más erróneo que suponer al imperialismo como un “factor externo”, que opera con independencia de las estructuras de poder de los países de la periferia. Lo que hay es una articulación entre las clases dominantes a nivel global, lo que hoy podríamos denominar como una “burguesía imperial” -es decir, una oligarquía financiera, petrolera e industrial que se articula y coordina trascendiendo las fronteras nacionales- que dicta sus condiciones a las clases dominantes locales en la periferia del sistema, socias menores de su festín, que viabilizan el accionar del imperialismo a cambio de obtener ventajas y provechos para sus negocios. Pero más allá de la coincidencia de intereses entre los capitalistas locales y la “burguesía imperial” lo decisivo es que los primeros controlan al estado y es a través de ese control que garantizan las condiciones políticas que posibilitan el funcionamiento de los mecanismos de exacción y saqueo que caracteriza al imperialismo. Entre otros, el más importante, es garantizar el eficaz funcionamiento de los aparatos legales y represivos del estado para con los primeros someter a la fuerza de trabajo a las condiciones que requiere la super-explotación capitalista (precarización laboral, extensión de la jornada de trabajo, abolición de derechos sindicales, etc.) y con los segundos reprimir a los descontentos y los revoltosos y de este modo sostener el “orden social”.
Como es evidente a partir de estos razonamientos, la realidad del imperialismo contemporáneo nada tiene que ver con la imagen divulgada por los teóricos de la globalización o la vaporosa concepción que del sistema imperialista desarrollan los autores de Imperio a lo largo de más de cuatrocientas páginas. El imperio tiene un centro, Estados Unidos, lugar donde se concentran los tres principales recursos de poder del mundo contemporáneo: Washington tiene las armas y el arsenal atómico más importante del planeta; New York el dinero; y Los Angeles las imágenes y toda la fenomenal galaxia audiovisual, y los tres se mueven de consuno, obedeciendo a las líneas estratégicas generales dispuestas por su estado mayor. ¿O es que Washington no está siempre, invariablemente, detrás del mundo de los negocios, respaldando a cualquier precio a “sus” empresas, en cuyos directorios se produce una permanente circulación entre los funcionarios gubernamentales que reemplazan a gerentes mientras que éstos pasan a ocupar un elevado puesto en el gobierno de turno? ¿O alguien puede creer que Hollywood produce sus películas, series de televisión y toda clase de productos audiovisuales ignorando (para ni hablar de contradiciendo) las prioridades nacionales dictadas por la Casa Blanca y el Congreso?
Quisiéramos concluir estas breves notas planteando unas pocas proposiciones que sintetizan nuestra visión del imperialismo a comienzos del siglo veintiuno:
a) Pese a todos los discursos que pretenden negar su existencia, el imperialismo continúa siendo la fase superior del capitalismo. Una fase que por su insaciable necesidad de acrecentar el pillaje y saqueo de las riquezas de todo el mundo adquiere rasgos cada vez más predatorios, agresivos y violentos, colocando objetivamente a la humanidad a la puertas de su propia destrucción como especie. Criminalización de la protesta social; militarización de las relaciones internacionales y del espacio exterior; guerras, extorsiones y sabotajes por doquier; intensificación de la depredación medio-ambiental y el sometimiento de pueblos enteros de la periferia y en la propia “periferia interior” de las metrópolis son datos que caracterizan tenebrosamente la fase actual del imperialismo.
b) Es posible por eso mismo afirmar que los cinco rasgos fundamentales identificados por Lenin en su clásico trabajo conservan su validez, si bien no necesariamente se manifiestan del mismo modo en que lo hacían un siglo atrás. Es decir: (a) la concentración de la producción y el capital, y los oligopolios que ellas precipitan, continuó a ritmo acelerado, llegando a escalas insospechadas para aquel autor; (b) perdura también la fusión del capital bancario con el industrial, generando un capital financiero cuyo volumen crece día a día hasta adquirir las proporciones descomunales que exhibe en nuestros días; (c) se confirma también el predominio de la exportación de capitales sobre la exportación de mercancías, siendo la circulación de capitales de un orden de magnitud incomparablemente mayor que el comercio de mercancías; (d) la puja por el reparto de los mercados a escala planetaria entre los grandes oligopolios, respaldados por sus estados, prosigue su devastadora marcha; (e) por último, continúa también el reparto territorial del mundo entre las grandes potencias. Estados Unidos quiso apoderarse de América Latina y el Caribe mediante el ALCA. Como su empeño no tuvo éxito ahora trata de hacerlo por la vía militar, apoyándose en las bases militares en territorio colombiano, la Cuarta Flota y la política guerrerista impulsada por la Administración Bush.
c) Al ser la fase superior del capitalismo las instituciones, reglas del juego e ideologías que el capitalismo global impuso en las últimas décadas permanecen en la escena y, lejos de desaparecer, acentúan su gravitación. El Banco Mundial, el FMI, la OMC, la OECD, el BID, la OEA, la OTAN y otras instituciones por el estilo siguen firmes en sus puestos, redefiniendo sus funciones y sus tácticas de intervención en la vida económica, social y política de los pueblos, pero siempre invariablemente al servicio del capital. Esto fue ratificado por el G-20 en su reunión de Londres, cuando le encargó, sobre todo al FMI, el papel de “guía” intelectual e ideológico para sacar al mundo de la profunda crisis en que se encuentra. El liberalismo global, en su versión actual “neoliberal” codificada en el Consenso de Washington sigue siendo la ideología del sistema. La “democracia liberal” y el “libre mercado” continúan siendo los fundamentos ideológicos últimos al actual orden mundial. Nada de esto ha cambiado.
d) Contrariamente a lo que ocurría en su fase clásica, el imperialismo actual es unipolar o unicéntrico. Europa es un socio menor del sistema imperialista, sin capacidad política, económica o militar para impedir siquiera los abusos y los atropellos que Estados Unidos hizo, y continúa haciendo, en su propio territorio. Basta recordar lo ocurrido en los Balcanes con la ex –Yugoslavia o la aberrante “independencia” de Kosovo días pasados para comprobar que Europa es apenas un nombre que designa a una zona geográfica de gran importancia económica pero sin unidad política alguna. Es más, las políticas del imperialismo han sido muy efectiva en acelerar el desmembramiento de Europa en más de medio centenar de “naciones” independientes y autónomas, la mayoría de ellas impotentes e insignificantes, y algunas de las cuales, como Polonia y República Checa, fueron convertidas en simples correas de transmisión de los intereses norteamericanos en la región. Y Japón, apretado entre Rusia y China, y amenazado económicamente por ambos y además por Corea del Sur y Taiwán, ha optado por refugiarse en el paraguas militar y político norteamericano y de ninguna manera puede cumplir el papel de un socio principal en el sistema imperialista. Las reciente reformas de diversos artículos de la constitución japonesa (en 2005) que prohibían las operaciones militares de sus fuerzas armadas fuera de su propio territorio, exigida por los Estados Unidos a cambio de su protección, demuestra fehacientemente los escasísimos márgenes de autonomía con que cuenta ese país dispuesto, aparentemente, a cumplir un papel bélico regional para mantener el “orden mundial” en el Sudeste asiático.
e) Tal como se señalaba más arriba, la concentración monopólica, uno de los rasgos centrales del imperialismo clásico, no sólo se ha mantenido sino que se ha profundizado en la fase actual. Según lo plantea Samir Amin, son cinco los monopolios (en verdad, oligopolios) que caracterizan al funcionamiento del capitalismo contemporáneo: el tecnológico; el control de los mercados financieros mundiales; el acceso oligopólico a los recursos naturales del planeta; el de los medios de comunicación y, por último, el de las armas de destrucción masiva. ¿Es concebible plantear el fin de las relaciones imperialistas ante la renovada vigencia y protagonismo de los oligopolios en estas cinco áreas estratégicas de la economía mundial?
f) En la etapa actual el eje fundamental del proceso de acumulación a escala mundial se encuentra en la financiarización de la economía. Por algo se trata del sector en donde la desregulación y la liberalización han avanzado con más fuerza y penetrado más profundamente en la economía mundial. La gran crisis que estallara en 2008 es el resultado directo de la escandalosa desregulación del sistema financiero, propuesto e impulsado sobre todo por los Estados Unidos. Hay que recordar también que en los capitalismos desarrollados el liberalismo financiero se combina con el proteccionismo y la estricta regulación de los demás mercados mediante subsidios, aranceles, trabas al comercio, políticas de promoción de diverso tipo y, por supuesto, un muy estricto control de la movilidad de la fuerza de trabajo mundial, para lo cual la supervivencia de los estados nacionales de la periferia es un elemento de decisiva importancia.
g) La financiarización acentúa los rasgos más predatorios del capitalismo, al imponer un “norma” de rentabilidad que obliga a todos los demás sectores a incurrir en la super-explotación de la fuerza de trabajo y los recursos naturales. Un solo dato basta para confirmarlo: en el sistema financiero internacional aproximadamente el 95 % de todas las operaciones se realizan en un plazo igual o inferior a siete días, en donde además hay posibilidades de obtener tasas de ganancia muy significativas en un muy corto plazo. Esto hace que los sectores no-financieros del capital tengan que extremar sus estrategias para succionar excedentes en la mayor cantidad y en el menor tiempo posibles para compensar lo que de otro modo podrían obtener en el sistema financiero. Este, por ser mucho más volátil, implica mayores riesgos, pero ejerce una influencia muy grande sobre las estrategias de inversión en todos los demás sectores de la economía.
h) La expansión del imperialismo se acrecienta día a día, con total independencia del ciclo económico. Lo hace por igual en épocas de expansión como en fases recesivas. La creciente mercantilización de los más diversos aspectos de la vida social le permite expandir su dominio de una manera impensada hasta hace pocas décadas atrás.
i) La supremacía militar de los Estados Unidos es incontestable pero no por ello deja de tener límites. Las experiencias recientes demuestran que puede arrasar países enteros, como lo ha hecho en Afganistán e Irak, pero no puede llegar a normalizar su funcionamiento para normalizar el saqueo de sus riquezas y garantizar la previsible succión de sus recursos. Ganar una guerra es algo más que destruir la base territorial del adversario. Significa recuperar ese territorio para provecho propio, cosa que no puede hacerse tan sólo con base en la superioridad aérea o misilística en el terreno militar. Noam Chomsky ha planteado que hasta ahora los Estados Unidos han demostrado una fenomenal incapacidad para eso, algo que, por ejemplo, un déspota infame como Hitler supo hacer en las condiciones mucho más complicadas de la Europa ocupada de comienzos de la década de los cuarentas. De ahí que la idea de un imperio invencible sea falsa en grado extremo: es cierto que puede arrasar con un territorio, pero no puede vencer militarmente sino hasta un cierto punto muy elemental. Fue derrotado en Vietnam, en Cuba (Playa Girón), y está siendo derrotado por las milicias de Afganistán e Irak. De todas maneras no se puede subestimar la importancia militar de los Estados Unidos: según el experto norteamericano Chalmers Johnson es el único país que mantiene casi ochocientas bases y/o misiones militares en unos 130 países del globo, un verdadero ejército imperial sin parangón en la historia y una amenaza sin precedentes a la paz y la seguridad mundiales.
j) En el terreno económico la situación del imperialismo es aún más complicada. No pudo imponer el Acuerdo Multilateral de Inversiones, lo que habría significado institucionalizar la dictadura del capital a escala mundial. En América Latina y el Caribe su proyecto insignia, el ALCA, fue derrotado bochornosamente en el 2005. Las rondas de la OMC van de fracaso en fracaso, y la aparición de China como un gran actor de la economía mundial, unida a los avances de la India, plantean serios desafíos a la permanencia del sistema imperialista tal cual lo conocemos. Los teóricos neoconservadores del “Nuevo Siglo Americano”, que soñaban para los Estados Unidos con una hegemonía mundial de largísimo plazo, manifiestan ya su desilusión ante lo que perciben como claros signos de una decadencia. Lo ocurrido con el dólar, cuya depreciación está llegando a niveles impensados hasta hace apenas pocos años, es apenas uno de los componentes de esa decadencia.
k) En el sistema político internacional el imperialismo se encuentra aún más debilitado. Sus gobiernos amigos están cada vez más desprestigiados, cuando no irreparablemente deslegitimados: caso de las dinastías teocrático-feudales del Golfo Pérsico, Uribe en Colombia, Calderón en México; o debe acudir a personajes como Berlusconi en Italia, García en Perú, Aznar en España, Musharraf y sus secuaces en Paquistán o Karzai en Afganistán para sostener sus “esferas de influencia.” El surgimiento de vigorosos movimientos de la alterglobalización, si bien todavía no articulados a escala mundial, es otro ejemplo de una oposición que cada vez toma más cuerpo y que erige nuevos límites a la dominación imperialista. Todo lo cual conduce hacia un espiral en donde el imperio acude cada vez más a la represión, que a su vez potencia la resistencia de los pueblos, lo que a su turno requiere incrementar la dosis represiva en una espiral que no tiene otro destino que el derrumbe final del sistema.
Terminamos esta nota reafirmando que el sostenimiento del gigantesco, planetario, “desorden mundial” que provoca el capitalismo en su actual fase imperialista exige la muerte prematura por enfermedades perfectamente curables y prevenibles, o simplemente a causa del hambre, de 100.000 personas por día, en su mayoría niños. Sostener este sistema, en donde unos pocos miles de multimillonarios disponen de un ingreso equivalente al del 50 % de la población mundial; en donde mientras la quinta parte de la población mundial derrocha energía de origen fósil y no renovable el 20 % restante prácticamente no tiene posibilidad alguna de consumir algún tipo de energía, y sobrevive al borde de la extinción; en donde los avances científicos y tecnológicos se concentran cada día más en un puñado de naciones; todo esta auténtica barbarie, con sus ganadores y perdedores claramente identificados, todo esto sólo es posible porque el imperialismo sigue teniendo su capacidad de aplastar a sus adversarios y co-optar, engañar, chantajear a los dóciles o acomodaticios. No se trata de un benévolo imperio virtual, como alucinan Hardt y Negri, sino de un sistema de una infinita crueldad en donde el sacrificio de miles de millones de personas se realiza, día a día, en la más absoluta impunidad y a plena conciencia de sus perpetradores.

Atilio A. Boron

* Texto a ser publicado en las próximas semanas por la Revista CEPA, de Bogotá, fundada por el eminente sociólogo colombiano, recientemente fallecido, Orlando Fals Borda.

[1] He demostrado lo absurdo y reaccionario de toda la argumentación de esos autores en mi Imperio & Imperialismo. Una lectura crítica de Michael Hardt y Antonio Negri (Buenos Aires: CLACSO, 2002). Hay una edición cubana de Casa de las Américas. El libro de Hardt y Negri, Imperio, fue publicado, en su versión en lengua castellana por la editorial Paidós de Buenos Aires, en 2002. La versión original es del año 2000, y fue publicada por la Harvard University Press en los Estados Unidos