martes, 25 de septiembre de 2007
Trabajo asalariado y capital.
Introducción de F. Engels a la Edición de 1891
El trabajo que reproducimos a continuación se publicó, bajo la forma de una serie de artículos editoriales, en la "Neue Rheinische Zeitung"2, a partir del 4 de abril de 1849. Le sirvieron de base las conferencias dadas por Marx, en 1847, en la Asociación Obrera Alemana de Bruselas3. La publicación de estos artículos quedó incompleta; el «se continuará» con que termina el artículo publicado en el número 269, no se pudo cumplir, por haberse precipitado por aquellos días los acontecimientos: la invasión de Hungría4 por los rusos, las insurrecciones de Dresde, Iserlohn, Elberfeld, el Palatinado y Baden5, y, como consecuencia de esto, fue suspendido el propio periódico (19 de mayo de 1849). Entre los papeles dejados por Marx no apareció el manuscrito de la continuación6.
De "Trabajo asalariado y capital" han visto la luz varias ediciones en tirada aparte bajo la forma de folleto; la última, en 1884 (Hottingen-Zurich Tipografía Cooperativa suiza). Todas estas reimpresiones se ajustaban exactamente al texto del original. Pero la presente edición va a difundirse como folleto de propaganda, en una tirada no inferior a 10.000 ejemplares, y esto me ha hecho pensar si el propio Marx habría aprobado, en estas condiciones, la simple reimpresión del texto, sin introducir en él ninguna modificación.
En la década del cuarenta, Marx no había terminado aún su crítica de la Economía Política. Fue hacia fines de la década del cincuenta cuando dio término a esta obra. Por eso, los trabajos publicados por él antes de la aparición del primer fascículo de la "Contribución a la crítica de la Economía Política" (1859), difieren en algunos puntos de los que vieron la luz después de esa fecha; contienen expresiones y frases enteras que, desde el punto de vista de las obras posteriores, parecen poco afortunadas y hasta inexactas. Ahora bien, es indudable que en las ediciones corrientes, destinadas al público en general, caben también estos puntos de vista anteriores, que forman parte de la trayectoria espiritual del autor, y que tanto éste como el público tienen el derecho indiscutible a que estas obras antiguas se reediten sin ninguna alteración. Y a mí no se me hubiera ocurrido, ni en sueños, modificar ni una tilde.
Pero la cosa cambia cuando se trata de una reedición destinada casi exclusivamente a la propaganda entre los obreros. En este caso, es indiscutible que Marx habría puesto la antigua redacción, que data ya de 1849, a tono con su nuevo punto de vista. Y estoy absolutamente seguro de obrar tal como él lo habría hecho introduciendo en esta edición las escasas modificaciones y adiciones que son necesarias para conseguir ese resultado en todos los puntos esenciales. De antemano advierto, pues, al lector que este folleto no es el que Marx redactó en 1849, sino, sobre poco más o menos, el que habría escrito en 1891. Además, el texto original circula por ahí en tan numerosos ejemplares, que por ahora basta con esto, hasta que yo pueda reproducirlo sin alteración en una edición de las obras completas.
Mis modificaciones giran todas en torno a un punto. Según el texto original, el obrero vende al capitalista, a cambio del salario, su trabajo; según el texto actual, vende su fuerza de trabajo. Y acerca de esta modificación, tengo que dar las necesarias explicaciones. Tengo que darlas a los obreros, para que vean que no se trata de ninguna sutileza de palabras, ni mucho menos, sino de uno de los puntos más importantes de toda la Economía Política. Y a los burgueses, para que se convenzan de cuán por encima están los incultos obreros, a quienes se pueden explicar con facilidad las cuestiones económicas más difíciles, de nuestros petulantes hombres «cultos», que jamás, mientras vivan, llegarán a comprender estos intrincados problemas.
La Economía Política clásica7 tomó de la práctica industrial la idea, en boga entre los fabricantes, de que éstos compran y pagan el trabajo de sus obreros. Esta idea servía perfectamente a los fabricantes para administrar sus negocios, para la contabilidad y el cálculo de los precios. Pero, trasplantada simplistamente a la Economía Política, causó aquí extravíos y embrollos verdaderamente notables.
La Economía Política se encuentra con el hecho de que los precios de todas las mercancías, incluyendo el de aquélla a que da el nombre de «trabajo», varían constantemente; con que suben y bajan por efecto de circunstancias muy diversas, que muchas veces no guardan relación alguna con la fabricación de la mercancía misma, de tal modo que los precios parecen estar determinados generalmente por el puro azar. Por eso, en cuanto la Economía Política se erigió en ciencia8, uno de los primeros problemas que se le plantearon fue el de investigar la ley que presidía este azar que parecía gobernar los precios de las mercancías, y que en realidad lo gobierna a él. Dentro de las constantes fluctuaciones en los precios de las mercancías, que tan pronto suben como bajan, la Economía se puso a buscar el punto central fijo en torno al cual se movían estas fluctuaciones. En una palabra, arrancó de los precios de las mercancías para investigar como ley reguladora de éstos el valor de las mercancías, valor que explicaría todas las fluctuaciones de los precios y al cual, en último término, podrían reducirse todas ellas.
Así, la Economía Política clásica encontró que el valor de una mercancía lo determinaba el trabajo necesario para su producción encerrado en ella. Y se contentó con esta explicación. También nosotros podemos detenernos, provisionalmente, aquí. Recordaré tan sólo, para evitar equívocos, que hoy esta explicación es del todo insuficiente. Marx investigó de un modo minucioso por vez primera la propiedad que tiene el trabajo de crear valor, y descubrió que no todo trabajo aparentemente y aun realmente necesario para la producción de una mercancía añade a ésta en todo caso un volumen de valor equivalente a la cantidad de trabajo consumido. Por tanto, cuando hoy decimos simplemente, con economistas como Ricardo, que el valor de una mercancía se determina por el trabajo necesario para su producción, damos por sobreentendidas siempre las reservas hechas por Marx. Aquí, basta con dejar sentado esto; lo demás lo expone Marx en su "Contribución a la crítica de la Economía Política" (1859), y en el primer tomo de "El Capital".
Pero, tan pronto como los economistas aplicaban este criterio de determinación del valor por el trabajo a la mercancía «trabajo», caían de contradicción en contradicción. ¿Cómo se determina el valor del «trabajo»? Por el trabajo necesario encerrado en él. Pero, ¿cuánto trabajo se encierra en el trabajo de un obrero durante un día, una semana, un mes, un año? El trabajo de un día, una semana, un mes, un año. Si el trabajo es la medida de todos los valores, el «valor del trabajo» sólo podrá expresarse en trabajo. Sin embargo, con saber que el valor de una hora de trabajo es igual a una hora de trabajo, es como si no supiésemos nada acerca de él. Con esto, no hemos avanzado ni un pelo hacia nuestra meta; no hacemos más que dar vueltas en un círculo vicioso.
La Economía Política clásica intentó, entonces, buscar otra salida. Dijo: el valor de una mercancía equivale a su coste de producción. Pero, ¿cuál es el coste de producción del trabajo? Para poder contestar a esto, los economistas vense obligados a forzar un poquito la lógica. En vez del coste de producción del propio trabajo, que, desgraciadamente, no se puede averiguar, investigan el coste de producción del obrero. Este sí que puede averiguarse. Varía según los tiempos y las circunstancias, pero. dentro de un determinado estado de la sociedad, de una determinada localidad y de una rama de producción dada, constituye una magnitud también dada, a lo menos dentro de ciertos límites, bastante reducidos. Hoy, vivimos bajo el dominio de la producción capitalista, en la que una clase numerosa y cada vez más extensa de la población sólo puede existir trabajando, a cambio de un salario, para los propietarios de los medios de producción: herramientas, máquinas, materias primas y medios de vida. Sobre la base de este modo de producción, el coste de producción del obrero consiste en la suma de medios de vida —o en su correspondiente precio en dinero— necesarios por término medio para que aquél pueda trabajar y mantenerse en condiciones de seguir trabajando, y para sustituirle por un nuevo obrero cuando muera o quede inservible por vejez o enfermedad, es decir, para asegurar la reproducción de la clase obrera en la medida necesaria. Supongamos que el precio en dinero de estos medios de vida es, por término medio, de tres marcos diarios.
En este caso, nuestro obrero recibirá del capitalista para quien trabaja un salario de tres marcos al día. A cambio de este salario, el capitalista le hace trabajar, digamos, doce horas diarias. El capitalista echa sus cuentas, sobre poco más o menos, del modo siguiente:
Supongamos que nuestro obrero —un mecánico ajustador— tiene que hacer una pieza de una máquina, que acaba en un día. La materia prima, hierro y latón, en el estado de elaboración requerido, cuesta, supongamos, 20 marcos. Al consumo de carbón de la máquina de vapor y el desgaste de ésta, del torno y de las demás herramientas con que trabaja nuestro obrero representan, digamos —calculando la parte correspondiente a un día y a un obrero—, un valor de un marco. El jornal de un día es, según nuestro cálculo, de tres marcos. El total arrojado para nuestra pieza es de 24 marcos. Pero el capitalista calcula que su cliente le abonará, por término medio, un precio de 27 marcos; es decir, tres marcos más del coste por él desembolsado.
¿De dónde salen estos tres marcos, que el capitalista se embolsa? La Economía Política clásica sostiene que las mercancías se venden, unas con otras, por su valor; es decir, por el precio que corresponde a la cantidad de trabajo necesario encerrado en ellas. Según esto, el precio medio de nuestra pieza —o sea 27 marcos— debería ser igual a su valor, al trabajo encerrado en ella. Pero de estos 27 marcos, 21 eran valores que ya existían antes de que nuestro ajustador comenzara a trabajar. 20 marcos se contenían en la materia prima, un marco en el carbón quemado durante el trabajo o en las máquinas y herramientas empleadas en éste, y cuya capacidad de rendimiento disminuye por valor de esa suma. Quedan seis marcos, que se añaden al valor de las materias primas. Según la premisa de que arrancan nuestros economistas, estos seis marcos sólo pueden provenir del trabajo añadido a la materia prima por nuestro obrero. Según esto, sus doce horas de trabajo han creado un valor nuevo de seis marcos. Es decir que el valor de sus doce horas de trabajo equivale a esta cantidad. Así habremos descubierto, por fin, cuál es el «valor del trabajo».
— ¡Alto ahí! —grita nuestro ajustador—. ¿Seis marcos, decís? ¡Pero a mí sólo me han entregado tres! Mi capitalista jura y perjura que el valor de mis doce horas de trabajo son sólo tres marcos, y si le reclamo seis, se reirá de mí. ¿Cómo se entiende esto?
Si antes, con nuestro valor del trabajo nos movíamos en un circulo vicioso, ahora caemos de lleno en una insoluble contradicción. Buscábamos el valor del trabajo, y hemos encontrado más de lo que queríamos. Para el obrero, el valor de un trabajo de doce horas son tres marcos; para el capitalista, seis, de los cuales paga tres al obrero como salario y se embolsa los tres restantes. Resulta, pues, que el trabajo no tiene solamente un valor, sino dos, y además bastante distintos.
Más absurda aparece todavía la contradicción si reducimos a tiempo de trabajo los valores expresados en dinero. En las doce horas de trabajo se crea un valor nuevo de seis marcos. Por tanto, en seis horas serán tres marcos, o sea lo que el obrero recibe por un trabajo de doce horas. Por doce horas de trabajo se le entrega al obrero, como valor equivalente, el producto de un trabajo de seis horas. Por tanto, o el trabajo tiene dos valores, uno de los cuales es el doble de grande que el otro, ¡o doce son iguales a seis! En ambos casos estamos dentro del más puro absurdo.
Por más vueltas que le demos, mientras hablemos de compra y venta del trabajo y de valor del trabajo, no saldremos de esta contradicción. Y esto es lo que les ocurría a los economistas. El último brote de la Economía Política clásica, la escuela de Ricardo, fracasó en gran parte por la imposibilidad de resolver esta contradicción. La Economía Política clásica se había metido en un callejón sin salida. El hombre que encontró la salida de este atolladero fue Carlos Marx.
Lo que los economistas consideraban como coste de producción «del trabajo» era el coste de producción, no del trabajo, sino del propio obrero viviente. Y lo que este obrero vendía al capitalista no era su trabajo. «Allí donde comienza realmente su trabajo —dice Marx—, éste ha dejado ya de pertenecerle a él y no puede, por tanto, venderlo». Podrá, a lo sumo, vender su trabajo futuro; es decir, comprometerse a ejecutar un determinado trabajo en un tiempo dado. Pero con ello no vende el trabajo (pues éste todavía está por hacer), sino que pone a disposición del capitalista, a cambio de una determinada remuneración, su fuerza de trabajo, sea por un cierto tiempo (si trabaja a jornal) o para efectuar una tarea determinada (si trabaja a destajo): alquila o vende su fuerza de trabajo. Pero esta fuerza de trabajo está unida orgánicamente a su persona y es inseparable de ella. Por eso su coste de producción coincide con el coste de producción de su propia persona; lo que los economistas llamaban coste de producción del trabajo es el coste de producción del obrero, y, por tanto, de la fuerza de trabajo. Y ahora, ya podemos pasar del coste de producción de la fuerza de trabajo al valor de ésta y determinar la cantidad de trabajo socialmente necesario que se requiere para crear una fuerza de trabajo de determinada calidad, como lo ha hecho Marx en el capítulo sobre la compra y la venta de la fuerza de trabajo ("El Capital", tomo I, capítulo 4, apartado 3).
Ahora bien, ¿qué ocurre, después que el obrero vende al capitalista su fuerza de trabajo; es decir, después que la pone a su disposición, a cambio del salario convenido, por jornal o a destajo? El capitalista lleva al obrero a su taller o a su fábrica, donde se encuentran ya preparados todos los elementos necesarios para el trabajo: materias primas y materiales auxiliares (carbón, colorantes, etc.), herramientas y maquinaria. Aquí, el obrero comienza a trabajar. Supongamos que su salario, es, como antes, de tres marcos al día, siendo indiferente que los obtenga como jornal o a destajo. Volvamos a suponer que, en doce horas, el obrero, con su trabajo, añade a las materias primas consumidas un nuevo valor de seis marcos, valor que el capitalista realiza al vender la mercancía terminada. De estos seis marcos, paga al obrero los tres que le corresponden y se guarda los tres restantes. Ahora bien, si el obrero, en doce horas, crea un valor de seis marcos, en seis horas creará un valor de tres. Es decir, que con seis horas que trabaje resarcirá al capitalista el equivalente de los tres marcos que éste le entrega como salario. Al cabo de seis horas de trabajo, ambos están en paz y ninguno adeuda un céntimo al otro.
— ¡Alto ahí! —grita ahora el capitalista—. Yo he alquilado al obrero por un día entero, por doce horas. Seis horas no son más que media jornada. De modo que ¡a seguir trabajando, hasta cubrir las otras seis horas, y sólo entonces estaremos en paz! Y, en efecto, el obrero no tiene más remedio que someterse al contrato que «voluntariamente» ha pactado, y en el que se obliga a trabajar doce horas enteras por un producto de trabajo que sólo cuesta seis horas.
Exactamente lo mismo acontece con el salario a destajo. Supongamos que nuestro obrero fabrica en doce horas doce piezas de mercancías, y que cada una de ellas cuesta, en materias primas y desgaste de maquinaria, dos marcos y se vende a dos y medio. En igualdad de circunstancias con nuestro ejemplo anterior, el capitalista pagará al obrero 25 pfennigs por pieza. Las doce piezas arrojan un total de tres marcos, para ganar los cuales el obrero tiene que trabajar doce horas. El capitalista obtiene por las doce piezas treinta marcos; descontando veinticuatro marcos para materias primas y desgaste, quedan seis marcos, de los que entrega tres al obrero, como salario, y se embolsa los tres restantes. Exactamente lo mismo que arriba.
También aquí trabaja el obrero seis horas para sí, es decir, para reponer su salario (media hora de cada una de las doce) y seis horas para el capitalista.
La dificultad contra la que se estrellaban los mejores economistas, cuando partían del valor del «trabajo», desaparece tan pronto como, en vez de esto, partimos del valor de la «fuerza de trabajo». La fuerza de trabajo es, en nuestra actual sociedad capitalista, una mercancía; una mercancía como otra cualquiera, y sin embargo, muy peculiar. Esta mercancía tiene, en efecto, la especial virtud de ser una fuerza creadora de valor, una fuente de valor, y, si se la sabe emplear, de mayor valor que el que en sí misma posee. Con el estado actual de la producción, la fuerza humana de trabajo no sólo produce en un día más valor del que ella misma encierra y cuesta, sino que, con cada nuevo descubrimiento científico, con cada nuevo invento técnico, crece este remanente de su producción diaria sobre su coste diario, reduciéndose, por tanto, aquella parte de la jornada de trabajo en que el obrero produce el equivalente de su jornal, y alargándose, por otro lado, la parte de la jornada de trabajo en que tiene que regalar su trabajo al capitalista, sin que éste le pague nada.
Tal es el régimen económico sobre el que descansa toda la sociedad actual: la clase obrera es la que produce todos los valores, pues el valor no es más que un término para expresar el trabajo, el término con que en nuestra actual sociedad capitalista se designa la cantidad de trabajo socialmente necesario, encerrado en una determinada mercancía. Pero estos valores producidos por los obreros no les pertenecen a ellos. Pertenecen a los propietarios de las materias primas, de las máquinas y herramientas y de los recursos anticipados que permiten a estos propietarios comprar la fuerza de trabajo de la clase obrera. Por tanto, de toda la cantidad de productos creados por ella, la clase obrera sólo recibe una parte. Y, como acabamos de ver, la otra parte, la que retiene para sí la clase capitalista, viéndose a lo sumo obligada a compartirla con la clase de los propietarios de tierras, se acrecienta con cada nuevo invento y cada nuevo descubrimiento, mientras que la parte correspondiente a la clase obrera (calculándola por persona), sólo aumenta muy lentamente y en proporciones insignificantes, cuando no se estanca o incluso disminuye, como acontece en algunas circunstancias.
Pero estos descubrimientos e invenciones, que se desplazan rápidamente unos a otros, este rendimiento del trabajo humano que va creciendo día tras día en proporciones antes insospechadas, acaban por crear un conflicto, en el que forzosamente tiene que perecer la actual economía capitalista-. De un lado, riquezas inmensas y una plétora de productos que rebasan la capacidad de consumo del comprador. Del otro, la gran masa de la sociedad proletarizada, convertida en obreros asalariados, e incapacitada con ello para adquirir aquella plétora de productos. La división de la sociedad en una reducida clase fabulosamente rica y una enorme clase de asalariados que no poseen nada, hace que esta sociedad se asfixie en su propia abundancia, mientras la gran mayoría de sus individuos apenas están garantizados, o no lo están en absoluto, contra la más extrema penuria. Con cada día que pasa, este estado de cosas va haciéndose más absurdo y más innecesario. Debe ser eliminado, y puede ser eliminado. Es posible un nuevo orden social en el que desaparecerán las actuales diferencias de clase y en el que —tal vez después de un breve período de transición, acompañado de ciertas privaciones, pero en todo caso muy provechoso moralmente—, mediante el aprovechamiento y el desarrollo armónico y proporcional de las inmensas fuerzas productivas ya existentes de todos los individuos de la sociedad, con el deber general de trabajar, se dispondrá por igual para todos, en proporciones cada vez mayores, de los medios necesarios para vivir, para disfrutar de la vida y para educar y ejercer todas las facultades físicas y espirituales. Que los obreros van estando cada vez más resueltos a conquistar, luchando, este nuevo orden social, lo patentizarán, en ambos lados del Océano, el día de mañana, 1 de mayo, y el domingo, 3 de mayo9.
Federico Engels
Londres, 30 de abril de 1891
Publicado en un apéndice Se publica de acuerdo con el al Nº 109 del periódico folleto. «Vorwärts», del 13 de mayo Traducido del alemán. de 1891 y en el folleto: Karl Marx. "Lohnarbeit und Kapital", Berlin, 1891.
NOTAS
1. Al publicar "Trabajo asalariado y capital", Marx se proponía describir en forma popular las relaciones económicas, base material de la lucha de clases de la sociedad capitalista. Quería pertrechar al proletariado con la arma teórica del conocimiento científico de la base en que descansan en la sociedad capitalista la dominación de clase de la burguesía y la esclavitud asalariada de los obreros. Al desarrollar los puntos de partida de su teoría de la plusvalía, Marx formula a grandes rasgos la tesis de la depauperación relativa y absoluta de la clase obrera bajo el capitalismo.
2. La "Neue Rheinische Zeitung. Organ der Demokratie (Nueva Gaceta del Rin. Organo de la Democracia) salía todos los días en Colonia desde el 1 de junio de 1848 hasta el 19 de mayo de 1849; la dirigía Marx, y en el consejo de redacción figuraba Engels.
3. La Asociación Obrera Alemana de Bruselas fue fundada por Marx y Engels a fines de agosto de 1847 con el fin de dar instrucción política a los obreros alemanes residentes en Bélgica y propagar entre ellos las ideas del comunismo científico. Bajo la dirección de Marx y Engels y sus compañeros de lucha, la Asociación se convirtió en un centro legal de agrupación de los proletarios revolucionarios alemanes en Bélgica. Los mejores elementos de la Asociación integraban la Organización de Bruselas de la Liga de los Comunistas. Las actividades de la Asociación Obrera Alemana de Bruselas se suspendieron poco después de la revolución de febrero de 1848 en Francia, debido a las detenciones y la expulsión de sus componentes por la policía belga.
4. Se alude a la intervención de las tropas del zar en Hungría, en 1849, con el fin de sofocar la revolución burguesa en este país y restaurar allí el poder de los Habsburgo austriacos.
5. Se trata de las insurrecciones de las masas populares en Alemania en mayo -julio de 1849 en defensa de la Constitución imperial (adoptada por la Asamblea Nacional de Francfort el 28 de marzo de 1849, pero rechazada por varios Estados alemanes). Tenían un carácter espontáneo y disperso y fueron aplastadas a mediados de julio de 1849.
6. Posteriormente, entre los manuscritos de Marx se descubrió un borrador de la conferencia final o de varias conferencias finales sobre el trabajo asalariado y el capital. Era un manuscrito titulado "Salarios" y llevaba en la tapa las notas: «Bruselas, diciembre de 1847». Por su contenido, este manuscrito completa en parte la obra inacabada de Marx "Trabajo asalariado y capital". Sin embargo, las partes finales preparadas para la imprenta, de este trabajo, no se han encontrado entre los manuscritos de Marx.
7. Marx escribe en "El Capital": «Por Economía Política clásica entiendo toda la Economía Política que, comenzando por W. Petty, investiga la conexión interna de las relaciones burguesas de producción». Los principales representantes de la Economía Política clásica en Inglaterra eran Adam Smith y David Ricardo.
8. F. Engels escribe en su obra "Anti-Dühring" que «la Economía Política, en el sentido estricto de la palabra, aunque hubiese surgido a fines del siglo XVII en las cabezas de algunas personalidades geniales, tal como fue formulada en las obras de los fisiócratas y de Adam Smith es, en esencia, hija del siglo XVIII».
9. Engels se refiere a la celebración del 1º de Mayo en 1891. En algunos países (Inglaterra y Alemania), la fiesta del 1º de Mayo se celebraba el primer domingo posterior a esta fecha; en 1891 cayó en el día 3.
viernes, 21 de septiembre de 2007
Homenaje al Camarada Alcides de Argentina.
Salud Camarada…vive para no morir…
“…Yo no voy a morirme. Salgo ahora, en este día lleno de volcanes hacia la multitud, hacia la vida…”
Desde el Uruguay, desde este destacamento Proletario, Plebeyo e Internacionalista. Refundación Comunista inclina su bandera, en memoria del Camarada caído en combate. Combatiendo por el Comunismo, combatiendo por la vida. Se ha ido para vivir en la lucha, en los afectos de sus Camaradas. Hombre comprometido con su tiempo, comprometido con la lucha por la abolición de la explotación del hombre por el hombre.
La muerte, como en este caso y en todos, no nos hace mejores o peores, “El Negro” era y será un hombre profundamente dialéctico, con todo lo que ello implica. Unido y en lucha, lo mejor y lo peor convive en nosotros, Alcides como buen materialista dialéctico supo siempre y en todas las condiciones sintetizar. Al decir del Camarada Comandante Guevara, llego a ese estadio superior de la condición humana, cuando el hombre además de serlo, se transforma en revolucionario.
“…Tanta vida en cuatro versos, para mis adentro cante…” decía tan dulce y calidamente el Camarada Alfredo Zitarroza, si Camaradas, tanta vida entregada generosamente por el Partido, por la Revolución y el Socialismo.
Se fue como vino, liviano de equipaje, rodeado del respecto y afecto de sus Camaradas.
“…Me has dado la fraternidad hacia el que no conozco…” A mi Partido
Salud Negro, salud Camaradas.
Viva el Internacionalismo Proletario
Por Refundación Comunista Uruguay Orlando Zeballos
jueves, 13 de septiembre de 2007
¿Socialismo siglo XXI?
En definitiva,el marxismo-leninismo como teoría y práctica revolucionaria ha acumulado un inmenso tesoro al que debemos recurrir. Probablemente algunas formulaciones vulgares y “cuasi” oportunistas se revelarían como “seudo”originales, porque en definitiva se trata de colocar los viejos y nuevos problemas de la revolución sobre esas bases, rompiendo resueltamente con el reformismo y el oportunismo, que siempre, más tarde o más temprano, terminan conduciendo al camino de la contrarrevolución.
El final de la guerra fría, significó un reordenamiento en el orden mundial, un cambio de la correlación de fuerzas a escala planetaria. Al mismo tiempo el papel hegemónico del Imperialismo marca la impronta de la época, sin poder por ello ocultar su profunda crisis, esta de carácter terminal.
El criterio belicista de los EEUU es una necesidad existencial, que sufren los pueblos del tercer mundo y todos aquellos que se oponen a su política anexionista.
A poco menos de un año de comenzado el nuevo milenio, la orientación en la Casa Blanca cambiaría radicalmente. Con el gobierno republicano asciende al poder el “integrista y fundamentalista” George W. Bush, con él los “halcones” y el fascismo.
A partir del 11 de setiembre del 2001 el gobierno de EEUU, ha lanzado entre otras medidas, una profunda ofensiva ideológica y política, tendiente a crear el máximo de confusión, sobre los métodos y formas de lucha, que en el curso del desarrollo de los mismos, van poniendo en práctica los pueblos, sus clases oprimidas y las organizaciones que lo representan.
Esta campaña tiene como objetivo principal, desacreditar la lucha revolucionaria de los trabajadores y los pueblos, aislar a las vanguardias que se van conformando durante las luchas, crear las condiciones políticas para poder reprimirlas y llegado el caso, eliminarlas físicamente.
Estados Unidos y quienes lo acompañan se plantean elevar al terrorismo como política mundial con el fin de asegurar su dominio a escala mundial.
Esta descomunal campaña política ideológica, reproducida por la mayoría de los medios masivos de comunicación, arrastra también a buena parte de los sectores democráticos y a los supuestos antiimperialistas. A un considerable numero de fuerzas de “izquierda”, que desde una condena general del llamado terrorismo, no se preocupan de esclarecer frente a las masas, las formas y métodos de la lucha de clase, su desarrollo, la vinculación dialéctica entre los mismos, contribuyendo de este modo a generar confusión y parálisis en el movimiento popular. A privilegiar el pacifismo, el parlamentarismo y toda otra forma de lucha que de hecho, rechazan los métodos, en donde los pueblos y sus organizaciones despliegan la violencia revolucionaria en combinación con otras formas de lucha, con el objetivo de poner fin a la explotación, el hambre y la miseria de millones de personas. Objetivo que no se puede lograr sin derrocar a la burguesía del poder, poner fin al capitalismo y sus consecuencias, y abrir paso a la construcción del socialismo.
En este cuadro, se hace imprescindible reafirmar que la lucha antiimperialista se hace extensiva al oportunismo y a la conciliación, de lo que se deduce la importancia de fijar posición.
1)La burguesía considera toda acción de lucha de los trabajadores y los sectores populares como actos subversivos violentos, que atentan contra sus leyes y orden. En determinadas ocasiones, llegan al extremo de considerar a las más elementales formas de lucha como las huelgas, cortes de rutas, piquetes, etc., como una forma de terror que se ejerce contra una parte de la población.
2)Al tiempo que difunde esta opinión, intenta ocultar que desde el aparato del estado, - que no es otra cosa que el aparato de dominio de una clase sobre otra, - y a medida que crecen las luchas de los trabajadores y el pueblo, la burguesía, profundiza todos los mecanismos de represión utilizando la justicia, las cárceles, los servicios de información, los grupos parapoliciales, hasta llegar a la aplicación lisa y llana del terrorismo de estado.
3)Para enfrentar esta política, los trabajadores y las fuerzas populares, van ampliando y profundizando sus formas de luchas, combinando unas con otras, reemplazando las anticuadas y ahora inservibles, por otras más efectivas para la nueva situación dada. Desde esta perspectiva afirmamos que es un deber de las fuerzas revolucionarias, organizar, alentar y contribuir a desarrollar todas las formas de lucha que las masas desarrollen para conquistar sus objetivos, tanto los inmediatos como los históricos. No hacerlo, es apartarse del camino revolucionario, es claudicar política e ideológicamente frente al enemigo, es arrastrar a los trabajadores y al pueblo a la confusión y la parálisis.
4)Que en este sentido el marxismo-leninismo, hace ya mucho tiempo que delimito su posición frente a otras corrientes del campo popular, que negando el papel de las masas en los cambios históricos, empujadas por la desesperación, la inmadurez política o ideas falsas sobre la lucha de clases, emprenden acciones al margen de las mismas, renunciando al trabajo paciente de educación en las ideas del socialismo, a desarrollar el espíritu, la disciplina y la organización revolucionaria en el seno de la clase obrera y los sectores oprimidos por el capital, e intentan reemplazar a las mismas por la acción individual o de un grupo.
5)Que si bien los marxistas rechazan el terror individual como forma apta para la lucha de clases, por su carácter desorganizador de las masas, que reduce a las mismas a simples espectadoras y en definitiva porque resulta inocuo frente al enemigo; al mismo tiempo considera, que en el marco de las luchas de las masas y en función de las necesidades de esa misma lucha, es un deber de los revolucionarios llevar a delante medidas de castigo contra los elementos provocadores, los contra revolucionarios, los torturadores y toda clase de elementos que se ensañan contra los trabajadores y el pueblo.
6)Que considerar actos terroristas estas y otras acciones que en el curso de las luchas los pueblos y sus vanguardias ponen en practica, no solo es hacerle el juego a la burguesía y confundir a los trabajadores, sino también, constituye una claudicación en el terreno ideológico y practico que facilita la labor del enemigo en su política por aislar y exterminar a la vanguardia revolucionaria.
7)Estos problemas, de enorme importancia para contribuir al avance del proceso revolucionario, deben ser planteados con la máxima claridad, en momentos en que el Imperialismo yankee se plantea extender a nivel mundial su guerra contra los pueblos e impedir por todos los medios a su alcance la formación de una organización revolucionaria capaz de desarrollar todas las forma de lucha. América Latina es considerada por los yanquis como parte del teatro de operaciones en donde Cuba, las FARC, Venezuela, Bolivia han sido incluidas como parte de los movimientos “cuasi” terroristas.
En nuestro país, en complicidad con el cogobierno del NM-EP-FA-Partido Colorado y Blanco, se plantean introducirse como “cuña”y romper todo intento de Unidad de los pueblos. De forma tal, que se utiliza a nuestro país como una base desde donde controlar todo el Cono Sur. Esta situación nos plantea a los trabajadores, campesinos pobres, a los pueblos indígenas, a los jóvenes, mujeres y a las fuerzas antiimperialistas y revolucionarias de toda América Latina, tareas que tendremos que saber cumplir con responsabilidad, serenidad y la firmeza, que la situación requiere.
8)Que teniendo en cuenta la experiencia vivida en nuestro país, todos tenemos la obligación de no repetir los errores y aprender las lecciones de la historia. En la década de los 60-70 muchas organizaciones fueron caracterizadas como terroristas, porque en sus accionar supieron combinar las distintas formas de lucha, desde lo electoral, hasta la armada. Esta caracterización, en su momento fue amplificada por distintas organizaciones, incluso de izquierda, que hoy, 30 años después, reivindican a muchos de estos compañeros como verdaderos revolucionarios.
9)Que desde esta perspectiva manifestamos nuestra más amplia solidaridad, con todos los pueblos del mundo que luchan por su liberación, por la independencia, contra el imperialismo y por el socialismo.
A modo de síntesis, se hace necesario aclarar y afirmar un aspecto que nos parece central: el imperialismo le a declarado la guerra a la humanidad, entendiéndose esta, por los pueblos que luchan contra la explotación y el saqueo, entre otras cosas. Por lo tanto conviene precisar que, estamos en guerra, y que la guerra, a pesar de los escandalizados “pacifistas”, es violenta. Guerra, violencia y terrorismo, reinstalan un debate que no es nuevo, que en el fondo intenta justificar la violencia de arriba, el terrorismo, la guerra que desatan los enemigos del pueblo, de la clase obrera, de los sectores expulsados y cantegrilizado por las ortodoxas políticas imperialistas que ejecutan la derecha y para no ser menos, también el “progresismo”. Quienes dicen defender la vida en general, que están contra toda guerra o contra la guerra en abstracto, detrás de esas orientaciones, se esconde siempre el interés de clase funcional al imperialismo. Es esta también una forma de deslegitimar toda actividad de resistencia violenta a la opresión, por parte de los pueblos o de cualquier sector oprimido o sojuzgado en el mundo. El país asiste a la guerra invasora que llevan adelante las multinacionales, Botnia y demás amenazas de pasteras y este seria el ejemplo mas claro, bajo la égida del el gobierno Frenteamplista. En principio, no repudiamos al terror en abstracto, ni descartamos a priori ningún método de lucha que puedan utilizar los pueblos contra sus agresores y opresores. Mucho menos estamos dispuestos a sumarnos en estas condiciones concretas, a sostener el paraguas del antiterrorismo, conque el imperio pretende oxigenar su campaña neocolonialista en Oriente, Asia, en fin, en todo el mundo.
Frente a este tipo de hechos hay que realizar un análisis de clase. En cada caso delimitar quien ejerce el terror, la violencia o el método que sea. En el contexto de una guerra que esta en curso ¿qué intereses concretos de clase la promueven- cual es el contenido de esos intereses y que es lo que se debe repudiar?. Lenin dijo a este respecto en su momento “... que al terror blanco había que oponerle el terror rojo...”, y esto es olvidado habitualmente, aun por los que se dicen Leninistas.
Incluimos estos aspectos por considerarlos oportuno, en tanto desde nuestra perspectiva (R.C), este es el rasgo saliente de la época, por lo tanto hablar de socialismo, es hablar desde la dialéctica, unidad y lucha de contrarios.
Marx en el umbral del Siglo XXI(...) En la Venezuela de hoy se ha venido planteando la tesis del Socialismo del Siglo XXI, extraído de un pensamiento neorevisionista del alemán Heinz Dietrich y de Martha Harnecker, al parecer asesores del Presidente Chávez y quienes han influido en él para desconocer la vigencia del marxismo con el argumento de que en el siglo XIX no existía la electrónica, ni la cibernética, ni la telemática, etc. Al parecer estos científicos desconocen que en el mundo ha habido tres revoluciones: la primera cuando la revolución burguesa sustituye al feudalismo y se crean las empresas fabriles, la segunda a comienzos del S. XX cuando Henry Ford crea la producción en serie y da un paso importante para un desarrollo más amplio del capitalismo; y la tercera revolución la descubre Marx antes que los demás que es el desarrollo del Materialismo Dialéctico. .... ” Dice Robert Kunt en uno de sus ensayos sobre Marx que lo han matado muchas veces, pero que su muerte solo se producirá cuando se logre el objetivo: cuando mueran los medios de producción capitalistas. Al parecer la modernidad y la postmodernidad mataron al Marx esotérico, el Marx presente que pensaba que la clase obrera tomaría el poder político para implantar la dictadura del proletariado. Pero el desarrollo de la ciencia y la tecnología revivió el Marx exotérico es decir el ausente de este desarrollo posmoderno, porque la dialéctica materialista al penetrar en las empresas con capacidad tecnocientífica descubre que la explotación del hombre por el hombre se agudiza, se crea mas desempleo, mas necesidad, mas miseria, mas exclusión ya que en vez de aliviarle el trabajo al ser humano lo hecha a la calle sin la posibilidad de un nuevo empleo.En la Venezuela de hoy se ha venido planteando la tesis del Socialismo del Siglo XXI, extraído de un pensamiento neorevisionista del alemán Heinz Dietrich y de Martha Harnecker, al parecer asesores del Presidente Chávez y quienes han influido en él para desconocer la vigencia del marxismo con el argumento de que en el siglo XIX no existía la electrónica, ni la cibernética, ni la telemática, etc. Al parecer estos científicos desconocen que en el mundo ha habido tres revoluciones: la primera cuando la revolución burguesa sustituye al feudalismo y se crean las empresas fabriles, la segunda a comienzos del S. XX cuando Henry Ford crea la producción en serie y da un paso importante para un desarrollo más amplio del capitalismo; y la tercera revolución la descubre Marx antes que los demás que es el desarrollo del Materialismo Dialéctico.El Presidente Chávez en su Aló Presidente de domingo 22 de julio arremetió contra el marxismo-leninismo, acusándolo de dogma y repitiendo lo mismo que sus asesores. Pero nos preguntamos Juan Barreto, ¿es verdad que en la época de Jesús de Nazaret no había electrónica, ni cibernética ni computadoras y en la época de Bolívar y Zamora tampoco?, y Juan deberá responder con un movimiento de cabeza diciendo que sí.Debemos decir que el marxismo no es un dogma, es una guía para la acción. Decía Luckacs que la ortodoxia en el marxismo no es estar de acuerdo con tal o cual tesis, sino en la capacidad de aplicar el método dialéctico para el análisis; y los que ven el marxismo desde el punto de vista científico, lo aplican desde la óptica de la lucha de clases. Por eso Marx y Engels se burlaban y se reían de los que pretendían hacer las transformaciones de manera mecánica ya que las revoluciones no se pueden copiar y cada cual las realiza de acuerdo a las condiciones objetivas, subjetivas y concretas de cada país. Por eso Lenin, Luxemburgo, Mariátegui, Mao, Gramsci y el Che parodiando a Marx cada uno, emplea el análisis conveniente a su nación ya que el marxismo evoluciona como lo hacen los pueblos, y es de suponerse que ninguna de estas figuras es dogmática aunque todo ser humano por más humilde que sea tiene algún rasgo de dogmatismo.El Presidente decidió que el PSUV no es marxista-leninista y el que no esté de acuerdo que se vaya al PCV. ¿Es acaso el PCV el único partido marxista-leninista?. No, hay otros, lo único es que los comunistas tenemos que defender con mucha fuerza y profundidad la teoría de Marx, por eso hemos entregado todo nuestro sacrificio a las luchas revolucionarias las campañas anticomunistas del Imperio junto a los traidores y reaccionarios han traído como consecuencia un trauma para la familia comunista persecuciones, allanamientos, torturas y hasta la pérdida de vidas comunistas que no son poca en el mundo. Pese a la caída de la URSS ese gran proyecto socialista que se agrietó hasta derrumbarse y causó, no solo al movimiento comunista sino a todos los movimientos de liberación en el mundo, un gran vacío en la esperanza de los pueblos a la que Fukuyama calificó como el Fin de la Historia y la muerte del marxismo, Tuvo que revisarse en el año 2000 y en un artículo en el New York Times, el mismo Fukuyama escribe lo siguiente: yo me equivoqué aun las premisas de Marx están vigentes. ¡Proletarios del mundo unios!, Y pone algunos ejemplos de las empresas maquilas en México y Taiwán donde los obreros son explotados y los llama a luchar por sus derechos.Otro de los ejemplos a resaltar es el de Joseph Schumpeter en su obra Socialismo, Capitalismo y Democracia cuando dice lo siguiente: no digo que Marx es profeta porque es un término religioso, pero si lo califico de erudito, y resalta sus cualidades como filósofo, científico, matemático, sociólogo, físico, dramaturgo, poeta, astrólogo, etc., no se si a este economista norteamericano expresidente del Fondo Monetario que dista mucho de ser marxista se pudiera considerar dogmático por estas apreciaciones sobre Marx.Decía el Che que un partido policlasista solo sirve para la transición de liberación nacional, el partido de la revolución debe ser marxista-leninista porque sin ideología no hay partido y sin partido revolucionario no hay revolución. No es necesario un Estado fuerte y autoritario para que el socialismo se desarrolle, el corazón del socialismo es la participación protagónica del pueblo. Si la gente común, la clase trabajadora, el campesinado, los estudiantes e intelectuales no tienen poder de decisión en la alta política y la gestión local no puede hablarse de socialismo.Es Estado fuerte, sí; pero el Estado no es un fin en sí mismo. El Estado burgués oprime al oprimido, mientras el Estado Social administra para beneficio del colectivo.Ningún pueblo del mundo puede hacer su revolución imitando. Hay que fajarse con las circunstancias. El espacio-tiempo específico que nos toca vivir a cada uno no deja lugar para las copias.Simón Rodríguez, quien demolió cualquier falso dilema ante la necesidad de ser originales estuvo más cerca de la dialéctica materialista lejos de ser utópico o idílico. Marx recogió todo el pensamiento de los humanistas del pasado por eso la ciencia de Marx es el materialismo, y por eso el socialismo es humano por naturaleza y no es una alternativa a la democracia sino la profundización de la misma.Escribo este artículo para contribuir al debate. No soy sino un obrero que he madurado los cambures con las manos. No tengo títulos académicos, apenas sexto grado obtenido por el año 1947. Mi escuela y mi universidad han sido el PCV donde milito desde el año 1948”. (Eliécer Martínez) Recurriendo a la originalidad, hemos citado textualmente el articulo del Camarada, entendiendo que este significa un aporte, serio, reflexivo y esclarecedor. Aun así no negamos la importancia del proceso “revolucionario” encabezado por el Presidente Chavez. Desde el punto de vista epistemológico el socialismo es un axioma, comprobado y demostrado. Vaya entonces un reconocimiento a la revolución de octubre, y a la lucha constante de la revolución socialista Cubana, bajo la orientación del Partido Comunista Cubano. Finalmente y a modo de síntesis, el socialismo, el comunismo, se levantan como una necesidad humana e histórica. De lo que se deduce que la contradicción principal se ubica hoy entre Capitalismo y Socialismo. El Socialismo rompe con el calendario, y no puede, no debe quedar aprisionado a declaraciones antojadizas, aun cuando estas sean hechas con la mejor intención. El Socialismo desde Manifiesto Comunista hasta acá mantiene su total vigencia. El Capitalismo lleva implícito en su seno su propia negación.
Orlando Zeballos
Refundación Comunista
SALUDO AL PRIMER ANIVERSARIO DE"PERSPECTIVA DE CLASE" DEL P.C.T. DE ARGENTINA.
Salud Camaradas:
La prensa históricamente ha significado para los marxistas-leninistas mucho más que papel y letra escrita. Como órgano de la clase se desenvuelve en relación dialéctica.Aclara y al aclarar organiza.Organiza y al organizar aclara.Instala la Ideología del Proletariado en las grandes masas.Orienta en el qué hacer,reivindica los derechos de la clase obrera, educa y se educa en la lucha de clases y rompe resueltamente con las concepciones pequeño-burguesas.Sienta en el banquillo de los acusados al enemigo principal,el Imperialismo Yanqui.Ajusta cuentas con las concepciones violentistas, ultristas y alquimistas de la revolución. En síntesis Camaradas hacen lo que Perspectiva de clase realiza, que además tiene un imperativo que la hora lo exige, y es el carácter internacionalista. Camaradas, tiempo de ofensiva, tiempo de Internacionalismo Proletario.
Camaradas Salud.Desde el Uruguay de lo que queda de proletario nuestro saludo plebeyo y proletario.
Salud Camaradas
Por Refundación Comunista de Uruguay
Orlando Zeballos - Laura Mattos - Yamandu Palacios
Aparicio Guzman - Manuela Vazquez - Ricardo Balbiani
viernes, 7 de septiembre de 2007
Cuba: Decidida a construir y defender el Socialismo
Discurso de José Ramón Machado Ventura, miembro del Buró Político del Partido, en ocasión del acto central por el aniversario 50 del Alzamiento del 5 de Septiembre de 1957 en Cienfuegos
Combatientes del 5 de Septiembre y familiares de los caídos;
Compañeras y compañeros:
Cienfuegueras y cienfuegueros:
Ante todo, cumplo la encomienda de transmitirles el saludo del Primer y Segundo Secretarios de nuestro Partido, y la ratificación de su confianza en que los cienfuegueros estarán a la altura de los muchos retos que tienen por delante.
El compañero Raúl esperaba decírselo personalmente, pero fue necesario que permaneciera atendiendo las importantes tareas en que está inmerso, algo que todos comprendemos y apoyamos, pues independientemente de su presencia física y como acostumbra a decir nuestro pueblo, Fidel y Raúl siempre están junto a nosotros.
Rememorar el extraordinario golpe de audacia, valor y sacrificio de los combatientes del 5 de Septiembre, más que un deber constituye un importante acicate para cada revolucionario y una valiosa enseñanza para las nuevas generaciones.
Aunque por diversas razones la acción no alcanzó el principal objetivo, demostró la falsedad del supuesto apoyo monolítico de las fuerzas armadas al dictador; estremeció los cimientos de la tiranía e infundió nuevo aliento a quienes la combatíamos en la Sierra y el llano.
La sublevación aquel amanecer de las milicias del Movimiento 26 de Julio, los marinos revolucionarios de Cayo Loco y el pueblo cienfueguero, constituye una página de gloria en la historia de luchas de nuestro pueblo.
A cincuenta años de esa acción heroica, nuestra gratitud eterna a quienes ofrendaron la vida; a sus madres y demás familiares que aún sufren dolor infinito por la pérdida del ser querido.
El reconocimiento de todos los cubanos a los veteranos de aquella gesta, a nuestro pueblo combatiente, que con su esfuerzo, sacrificio y conciencia revolucionaria, es hoy confirmación y garantía de que la sangre derramada en las calles cienfuegueras y en toda Cuba no fue en vano, con la convicción de que el mejor homenaje a nuestros muertos es continuar la obra que ellos iniciaron.
Dionisio San Román, caído en aquella gloriosa jornada, y el compañero Julio Camacho Aguilera, aquí presente, representan a los mártires y sobrevivientes de una acción pródiga en ejemplos de cumplimiento cabal de la palabra empeñada con la patria.
Apenas 16 meses después, el primero de enero de 1959, Cienfuegos fue tomada definitivamente por el pueblo y ha sido desde entonces y para siempre dueña de su destino.
Algunos recordarán que la primera conmemoración del 5 de Septiembre tras el triunfo revolucionario fue presidida por el entonces Comandante Raúl Castro, pues como él explicó en esa ocasión, el compañero Fidel se encontraba en Oriente impulsando la recién aprobada Ley de Reforma Agraria.
Ese día Raúl afirmó: "Ya hemos cumplido un siglo de sacrificios, pasemos pues ahora cincuenta años de Revolución".
Cuando está muy cerca de cumplirse ese medio siglo, ni el más pesimista puede negar que han sido grandes y para bien los cambios ocurridos en Cienfuegos.
Sin desconocer lo mucho que resta por hacer y deficiencias que ustedes conocen mejor que nadie, en la provincia hay ejemplos de cómo trabajar para vencer los retos que impone la muy difícil situación internacional actual, a los que se suman los derivados de nuestras insuficiencias y errores.
No es necesario insistir en el alcance y trascendencia del discurso del Segundo Secretario del Partido el pasado 26 de julio.
Así lo comprendió nuestro pueblo de inmediato, que vio en él la exposición objetiva y crítica de nuestras realidades y principales problemas, sobre todo los que afectan directamente a la población, y algo muy importante: una estrategia para enfrentarlos con realismo, a partir de las fuerzas y posibilidades al alcance de un país bloqueado y sometido a constantes agresiones por la mayor potencia económica y militar del planeta.
Sin dudas es un paso muy importante, pero ningún dirigente, trabajador, estudiante, ama de casa o jubilado debe pensar que basta con comprender los conceptos generales expresados en el discurso, aunque sean capaces de repetirlos de memoria.
Lo verdaderamente esencial es que cada uno de nosotros analice qué le corresponde hacer en su puesto concreto, en ese pedacito de la sociedad en que actúa, sea pequeño o grande, para transformar en acciones prácticas lo expresado por el compañero Raúl.
Lograremos ese objetivo en la medida que cada compañero razone profundamente y exponga con sinceridad sus criterios, que el colectivo analice con espíritu crítico y creador cada problema, pensando más en los medios a nuestro alcance para resolverlo que en lo que nos falta si se partiera de una situación ideal.
No podemos confundir deseos con realidades ni pensar que va a venir alguien desde otro lugar a resolver problemas que son nuestros.
Y no basta con comprenderlo en el plano teórico, se requiere actuar en consecuencia con una verdad demostrada por la vida muchas veces: la mejor solución a un problema nace de la inteligencia colectiva de los encargados directamente de resolverlo.
La historia es testigo de la permanente disposición de los cienfuegueros a ocupar las trincheras de más peligro, fieles al legado de sus héroes y mártires de todos los tiempos, de su batallón 339 en Girón, de las decenas de miles que participaron en la lucha contra bandidos, la Crisis de Octubre y las misiones internacionalistas.
La sangre derramada por alcanzar la libertad y luego por defenderla con las armas en la mano, se ha mezclado con el sudor vertido en el esfuerzo cotidiano e igualmente heroico en la construcción del socialismo.
La actual es también hora de heroísmos en el trabajo y la defensa, de disposición permanente a hacer cuanto sea necesario para el avance de la Revolución, con el mismo espíritu de quienes la iniciaron y de los que la han llevado adelante generación tras generación. La batalla de hoy está en prepararnos para derrotar cualquier intento de agresión militar del enemigo; enfrentar las dificultades del bloqueo y eliminar nuestros propios errores y deficiencias.
Como se mencionó aquí, la Revolución Energética, en particular el ahorro de combustible, sigue siendo una tarea estratégica para el país, como parte de la decisiva batalla económica en la producción de alimentos, la elevación de la productividad, la recuperación de la industria, la sustitución de importaciones y el aumento de las exportaciones.
La discusión del Plan de la Economía para el 2008 es una importante oportunidad de demostrar hasta dónde cada colectivo ha interiorizado las ideas expresadas por el compañero Raúl sobre cómo enfrentar los retos en la esfera de la producción y los servicios. Debe ser un análisis, a la vez que crítico y creador, realista y presidido por la voluntad de aportar esfuerzo y sacrificio, que sacuda a quienes se escudan en las dificultades y a los insensibles ante las necesidades de la población.
No podemos sentirnos satisfechos hasta sumar a cada trabajador y dirigente administrativo al combate por la eficiencia, por la organización y exigencia sistemáticos como única vía para alcanzar la efectividad en la producción, la docencia o los servicios; a la batalla contra la indisciplina social y laboral, la deficiente contabilidad, el control superficial que es fuente de baja calidad y se traduce en mal aprovechamiento de los recursos, contra procedimientos absurdos que nada tienen que ver con el socialismo, contra las actitudes burocráticas generadoras de rutina, indolencia y esquematismo.
Nadie ignora la existencia de causas objetivas o subjetivas ajenas a determinado centro laboral, que afectan directa o indirectamente el esfuerzo de sus cuadros administrativos y trabajadores, pero el hecho de que las empresas que participan en el perfeccionamiento empresarial tengan un 50% más de productividad que el resto, demuestra de manera palpable cuántas reservas no se explotan convenientemente.
Nuestro pueblo tiene la responsabilidad histórica de demostrar que el socialismo, además de ser el régimen más humano y justo que existe, puede producir con calidad y eficiencia, incluso en las condiciones de un país bloqueado y agredido como Cuba.
Son muchos los colectivos de obreros, campesinos y trabajadores intelectuales que así lo demuestran con sus resultados, pese a las limitaciones y dificultades por todos conocidas y sufridas cotidianamente, no solo en cuestiones relacionadas con la producción de algo o la prestación de un servicio, sino hasta en cosas elementales para la vida como la alimentación, la vivienda y el transporte, pero desafortunadamente, aunque ya no son excepciones y crece cada vez más su número, aún no constituyen la norma los centros que son ejemplo de trabajo socialista.
Estamos conscientes de que es algo difícil, que requiere tiempo cambiar la forma de pensar de las personas, única forma de variar su modo de actuar.
Por eso tan decisivo como vencer en la guerra económica y prepararnos para rechazar una agresión militar, es perfeccionar nuestras armas en el campo de las ideas.
Los esquemas superados por la vida no se circunscriben al campo de la gestión administrativa; algunos cuadros políticos también se aferran a un estilo, métodos y formas que nunca han sido efectivos, pero lo son mucho menos en los complejos tiempos actuales y ante personas con cada vez mayor nivel cultural y de información sobre lo que ocurre en el mundo y en nuestro país.
Antes de hablar, hay que escuchar con atención y sobre todo tener en cuenta lo que nos dicen, no solo en reuniones sino conversando individualmente con los compañeros.
Cuando algo marcha mal, no bastan las críticas generales. Hay que comenzar por identificar con precisión las causas y los responsables, y a continuación discutir con ellos de forma franca, a partir de argumentos sólidos y con la energía que el asunto requiera.
Antes de exhortar a emprender una tarea, es necesario informar todo lo referente a la misma y explicar las razones que la hacen realmente necesaria, hasta que así lo comprendan todos o al menos la mayoría de quienes deben ejecutarla. Y para lograrlo, lo primero es predicar con el ejemplo.
Es algo que corresponde, en primer lugar, a los cuadros y militantes del Partido, pero también a cualquier revolucionario en el desempeño de determinada responsabilidad, ya sea como dirigente en la base de una organización de masas, social o estudiantil o como funcionario público o de una empresa.
No basta con que la verdad esté de nuestro lado, hay que exponerla de forma convincente y desenmascarar las mentiras de un enemigo que cuenta con poderosos medios de difusión y vasta experiencia en cómo moldear los estados de opinión.
Fidel, hace ya siete años, nos llamó a cambiar todo lo que debe ser cambiado. Con ese espíritu debemos apropiarnos de las ideas expuestas por el compañero Raúl y por el propio Comandante en Jefe en sus reflexiones, con la convicción de que lo único que no admite cambios es nuestra decisión de construir y defender el socialismo.
Las próximas elecciones del Poder Popular serán una nueva oportunidad de demostrar de manera contundente la fuerza de la democracia socialista y la inquebrantable unidad del pueblo, que constituye nuestra más poderosa arma.
En todos los grandes retos que están por delante, Cienfuegos tiene tareas decisivas, como expuso aquí en breve síntesis el compañero Roberto Morales.
Estamos seguros de que el pueblo de esta provincia seguirá combatiendo, junto al resto de los cubanos, con el mismo brío y fervor patriótico que asombró a Cuba y al mundo aquel 5 de septiembre de 1957 y unidos, una vez más, junto a Fidel y Raúl, ¡Venceremos!
¡Viva la Revolución!
¡Gloria eterna a los mártires del 5 de Septiembre!
lunes, 20 de agosto de 2007
Chávez, el marxismo y la revolución venezolana.
A propósito de las definiciones del líder venezolano.
“De cada quién según su capacidad,
a cada cual según su necesidad”
Carlos Marx
“Para la dialéctica, no hay nada definitivo,
absoluto, ni sagrado...”
F. Engels
El comandante Chávez, aparentemente, ha fijado posición respecto del marxismo-leninismo en su programa “Aló presidente”, y, para muchos que adherimos a los postulados de Marx, Engels y Lenin, ha sido un golpe duro de digerir. Fundamentalmente por el innegable peso del líder venezolano en la formación de la opinión de vastos sectores de las masas latinoamericanas.
El comandante tiene todo el derecho a decir lo que piensa, y a obrar en consecuencia. Tiene todo el derecho a no ser marxista, y construir su proyecto político bajo otros postulados. En todo caso, el futuro dejará en claro lo acertado o no de tal opción, expresado en la suerte de la Revolución Bolivariana.
De lo que estamos seguros es de que el compañero no tiene derecho a tergiversar el significado y la esencia del marxismo.
Si lo que se quiere es enviar un claro mensaje a los pueblos de que no se repetirán los errores cometidos en lo que se conoció como Bloque de Países “Socialistas”, creemos que se ha equivocado el análisis. Porque es cierto que los errores (y horrores) existieron, pero justamente por haberse alejado de los postulados del marxismo-leninismo, y no al contrario.
Repasemos entonces los dichos de Chávez..
“El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) no tomará las banderas del marxismo-leninismo porque es una tesis dogmática que ya pasó y no está acorde con la realidad de hoy”
¿Es el marxismo dogmático?
Una de las vertientes filosóficas a las que Marx adscribió y en la cual apoyó toda su construcción intelectual fue el materialismo. El materialismo, en una somera descripción, es una concepción filosófica que establece que la esencia de la realidad es la materia. Todo está compuesto por ella: el Universo, las galaxias, los planetas, la vida, las diferentes especies, el ser humano. De la materia surge el pensamiento, el mundo de las ideas, no al revés. De ello se derivan las diferentes formas de organización de la sociedad. El ser humano entonces es el que modela su propio mundo, la sociedad en la que vive.
Otro aspecto fundamental del pensamiento marxista es la dialéctica. ¿Qué nos dice la dialéctica? Sencillamente, que la realidad no es estática, se modifica en forma continua, se desarrolla por la permanente contradicción entre opuestos, que éstos pueden sintetizarse en uno que a su vez generará otra oposición. Es el movimiento, el cambio permanente.
El marxismo entonces nos dice básicamente que el hombre no es objeto de una idea que lo engendró, sino que es constructor de su propio destino. Que esa construcción se desarrolla en el ámbito social, la que a su vez genera contradicciones entre los diferentes intereses que surgen al relacionarse los individuos a través de los medios de producción. Que esas contradicciones son el motor de la historia.
Todo lo contrario a lo estático, que es la característica principal de lo dogmático.
El dogma no admite contradicción. No admite discusión.
El marxismo indica que allí donde haya un pensamiento, puede haber otro contrario. En el debate encuentra su confirmación.
El dogma es conservador, estigmatiza toda posibilidad de cambio.
El marxismo se ve reflejado en el movimiento, en el cambio permanente. En aquello que revoluciona la realidad.
Entonces, como dijo el comandante Chávez, ¿es dogmático el marxismo?
Podemos afirmar rotundamente que no.
¿Ya “pasó”?
Si nos atenemos a lo antedicho, queda claro que el método marxista de análisis de la realidad sigue vigente.
¿No está acorde con la realidad?
El marxismo se nutre de la realidad para explorar los caminos posibles de cambio. Si no estuviera acorde con ella, no sería marxismo.
Sigamos con Chávez:
“tesis como la de la clase obrera como el motor del socialismo y de la revolución están obsoletas”. "El trabajo hoy es otra cosa, es distinto, está la informática y la telemática, y Carlos Marx ni siquiera podía soñar con estas cosas".
El papel de la clase obrera
Aquí la cosa se pone más seria, porque pone en cuestión los objetivos de la Revolución Bolivariana, por lo menos en el pensamiento de su líder.
Porque si el Comandante Chávez no quiere ver como vanguardia de la revolución a la clase obrera, ¿a quién ve?
Tal vez se haga eco de las nuevas teorías post-marxistas que aseguran que la clase trabajadora como tal está en vías de extinción. Sin embargo, concienzudos estudios indican que los trabajadores en el mundo rondan los ¡2800 MILLONES! Casi la mitad de la población mundial, y la absoluta mayoría de la población activa (tengamos en cuenta que casi un tercio de la población está compuesta por menores de edad, y casi un 10% es mayor de 65 años).
¿Se basará entonces en los cambios en los medios de producción desde la época de Marx hasta la actualidad?
Eso no cambia la contradicción fundamental del sistema burgués que señala el marxismo, que es capital-trabajo. Y cuya expresión es la apropiación de la riqueza que producen los trabajadores por parte de los patrones, lo que Marx denominó plusvalía.
Eso no ha cambiado, sigue vigente más que nunca en la actualidad.
Si la burguesía es hoy la clase dominante porque posee los medios de producción y de servicio... ¿quién otra que la clase trabajadora está en condiciones de reemplazarla en la dirección de la humanidad?
Sigamos con las frases polémicas:
“El socialismo venezolano acepta la propiedad privada
Estatizar es aferrarse a un dogma”
¿Puede haber socialismo con propiedad privada?
Los marxistas debemos admitir que hubo varias vertientes “socialistas” antes de Marx y Engels. Visiones románticas de bucólicas sociedades donde todos los seres humanos son hermanos por voluntad propia, más allá de los condicionamientos que impone la realidad.
Pero lo que deben admitir los no marxistas es que sólo el marxismo le dio basamento científico al pensamiento socialista. Que se sumergió en los intrincados vericuetos del desarrollo de la sociedad humana, en su historia, en su filosofía, en su sociología, en su economía, en su política. Explicó la esencia de la explotación del hombre por el hombre en el capitalismo, y con ello nos dio la posibilidad de generar las herramientas para terminar con ella.
El marxismo explica claramente que el carácter fundamental del sistema burgués es la propiedad privada de los medios de producción. Que toda la sociedad está estructurada para preservar ese privilegio. Que las instituciones del estado burgués existen con esa sola finalidad. Que de esta manera, através del estado burgués, la burguesía explota y oprime a las demás clases. Y que sólo podrá haber socialismo si esas clases se rebelan y le arrebatan los medios de producción a los burgueses, para luego socializarlos. El carácter fundamental del socialismo, entonces, es la abolición de la propiedad privada de los medios de producción.
¿Puede haber socialismo allí donde exista la propiedad privada burguesa?
Es obvio que no.
Lenin
Hasta ahora nos hemos referido sólo a Marx y a Engels, pero no podemos dejar de lado a Lenin, ya que Chávez señaló concretamente al marxismo-leninismo.
Lenin era un marxista. Posiblemente el más brillante de todos, porque interpretó cabalmente la esencia del marxismo: el espíritu crítico, el antidogmatismo, la necesidad de llevar la teoría a la práctica, de intentar cambiar la realidad partiendo de los datos de la realidad. Lenin fue un revolucionario dentro del marxismo, no se conformó con lo escrito, vio la posibilidad de cambio donde no había sido previsto.
Y lideró la primera revolución proletaria triunfante de la humanidad, en un país pobre, atrasado, en alianza con el campesinado. ¡Eso, en definitiva, es el espíritu marxista! ¡No dar nada por acabado, revolucionar lo establecido, aunque lo establecido lo haya escrito Marx! ¡El propio Marx lo hubiera aplaudido!
Todo lo contrario al dogmatismo.
Dicho esto, puede parecer entonces una contradicción citar a Marx, Engels y Lenin, pero justamente en esa contradicción se afirma el acierto del pensamiento marxista. Y es, justamente, porque la realidad lo legitima.
Como hemos dicho, el comandante Chávez tiene todo el derecho a elegir sus propios caminos. Nosotros, los marxistas, vamos a apoyar el proceso revolucionario venezolano incluso con nuestras vidas, siempre y cuando contribuya a la liberación del pueblo de todos sus yugos, no sólo del imperialismo. No debemos ahorrar críticas cuando sea necesario hacerlas, como en este caso.
Y vamos a luchar para que el verdadero socialismo triunfe en Venezuela, única manera de lograr una sociedad justa, libre de las lacras de la explotación y la miseria.
Seguramente el compañero Chávez esté luchando por lo mismo, y no estará entonces más que siguiendo los postulados del marxismo-leninismo aunque lo niegue.
Gustavo Robles
Partido Comunista de los Trabajadores de Argentina
lunes, 13 de agosto de 2007
A Lenin

Para los campesinos de mi patria
quiero la voz de Lenin.
Para los proletarios de mi patria
quiero la luz de Lenin.
Para los perseguidos de mi patria
quiero la paz de Lenin.
Para la juventud de mi patria
quiero la esperanza de Lenin.
Para los asesinos de mi patria,
para los carceleros de mi patria,
quiero el odio de Lenin,
quiero el puño de Lenin,
quiero la pólvora de Lenin.
Roque Dalton
domingo, 5 de agosto de 2007
SOBRE LA REFUNDACIÓN DEL COMUNISMO.

La tarea que nos hemos propuesto es enorme: aportar al triunfo de la revolución socialista en nuestro país, es una tarea inmensa. Decimos “aportar” pues consideramos que la misma, si bien será el producto de las luchas de las masas, necesitará de una vanguardia firme y probada que es necesario construir, y nuestra aspiración, es formar parte de la misma. Para eso estamos trabajando.
Debemos reflexionar y mucho, sobre la propia historia del marxismo, sobre cuáles fueron las causas que facilitaron sus desviaciones. El por qué los procesos donde la clase obrera logró conquistar el poder, culminaron al cabo de muchos años con el triunfo de la contrarrevolución burguesa, encabezada, en muchos casos, por los mismos partidos que décadas antes habían llevado adelante la revolución. Debemos reflexionar y ahondar en las causas que no permitieron instalar en esas sociedades nuevos valores y normas de conducta en millones de hombres.
Una explicación facilista, puede intentar justificar estos hechos argumentando traiciones y personalismos. En ese sentido afirmamos que la historia no puede explicarse solamente por las traiciones. Es en el materialismo histórico y en el materialismo dialéctico, donde encontraremos esas respuestas. Indagando en el conjunto de las relaciones sociales de la época y su reflejo en la conciencia de los hombres. Todo esto seguramente, revelara ausencia de madurez histórica de una clase, para imponer sus intereses y sostenerlos en el tiempo, en la incapacidad para construir una nueva sociedad, para luchar contra todas las desviaciones y traiciones. A los revolucionarios les compete encontrar y profundizar esas explicaciones, sin omitir el papel que jugó y jugara la burguesía. sin resbalar en teorías reaccionarias que tratan de presentar a las revoluciones obreras como algo imposible, como una desviación en el camino de la humanidad.
Existen una serie de problemas que el estudio, la teoría y la práctica nos ayudaran a esclarecer. Y por supuesto, nosotros no tenemos la vanidad de poder realizar esta inmensa tarea solos. Esta, es una tarea que debe ser asumida por cientos y miles de intelectuales de nuestra clase en el ámbito nacional e internacional, siguiendo el camino inverso que hasta ahora han seguido muchos “perfeccionistas del marxismo”, quienes a través de sus conclusiones, lejos de mejorarlo, se han dedicado a intentar mellar su sentido revolucionario.
Nuestro aporte es en todo caso mucho mas modesto. Aquí lo que intentamos es seguir el pensamiento de Mariategui cuando afirmaba “Que el mejor camino para lograr la superación del marxismo, es haciendo la revolución”.
Hoy el estado teórico al que a sido llevado el marxismo es alarmante. Una larga practica reformista, impregnada de mecanicismo, dogmatismo y economicismo han afectado hasta los cimientos del mismo, salir de esta situación no será fácil. Incluso hoy hay temas como el de la dictadura del proletariado, la guerra popular, los preparativos para la misma etc., que son temas tabúes para mucha gente que se dice marxista y se presentan como tales frente a las masas.
Salir de este verdadero pantano al que hemos sido llevados, necesariamente llevará tiempo. Debemos reconocer que en definitiva ni los fundamentos ideológicos, ni los procesos sociales que se fueron construyendo, fundamentalmente en la URSS y en China, mas allá de algunos logros importantes que demostraron lo correcto de muchas tesis del marxismo y reafirman su carácter revolucionario, han logrado elevar al mismo, a un plano superior y como consecuencia de esto, esas sociedades han retrocedido a épocas que se consideraban en vías de superación. El Trotskismo, que se desarrolló como una corriente critica a muchos aspectos de estos procesos, tampoco ha logrado constituirse en una teoría superadora de estas visiones. Por el contrario, allí también prevalecen las concepciones reformistas y oportunistas, cuando no, las francamente reaccionarias.
Es justo reconocer, entonces, que existen compañeros que provienen de estas corrientes de pensamiento, que al igual que nosotros, se están replanteando una serie de concepciones, y estamos seguros que con muchos de ellos coincidiremos en los esfuerzos tendientes a la construcción del partido unificado de la revolución.
Las tareas son enormes, como las dificultades. Aquí deberemos combinar la paciencia, el estudio, la práctica y la mayor firmeza para defender cada posición conquistada, sin permitir que nada ni nadie nos haga volver atrás, recuperando la teoría y la practica revolucionaria, ladrillo a ladrillo. Es allí donde debemos tener una alta valoración de cada uno de nuestros aciertos políticos, y ser firmes para corregir cada uno de nuestros errores.
En definitiva: el marxismo como teoría y práctica revolucionaria ha acumulado un inmenso tesoro al que debemos recurrir mas, porque en definitiva se trata de colocar los viejos y nuevos problemas de la revolución sobre esas bases, rompiendo resueltamente con el reformismo y el oportunismo, que siempre, más tarde o más temprano, terminan conduciendo al camino de la contrarrevolución.
Refundacion Comunista: Sobre los metodos de Lucha
El final de la guerra fría, significó un reordenamiento en el orden mundial, un cambio de la correlación de fuerzas a escala planetaria. Al mismo tiempo el papel hegemónico del Imperialismo marca la impronta de la época, sin poder por ello ocultar su profunda crisis, esta de carácter terminal.
El criterio belicista de los EEUU es una necesidad existencial, que sufren los pueblos del tercer mundo y todos aquellos que se oponen a su política anexionista.
A poco menos de un año de comenzado el nuevo milenio, la orientación en la Casa Blanca cambiaría radicalmente. Con el gobierno republicano asciende al poder el “integrista y fundamentalista” George W. Bush, con él los “halcones” y el fascismo.
A partir del 11 de setiembre del 2001 el gobierno de EEUU, ha lanzado entre otras medidas, una profunda ofensiva ideológica y política, tendiente a crear el máximo de confusión, sobre los métodos y formas de lucha, que en el curso del desarrollo de los mismos, van poniendo en práctica los pueblos, sus clases oprimidas y las organizaciones que lo representan.
Esta campaña tiene como objetivo principal, desacreditar la lucha revolucionaria de los trabajadores y los pueblos, aislar a las vanguardias que se van conformando durante las luchas, crear las condiciones politicas para poder reprimirlas y llegado el caso, eliminarlas físicamente.
Estados Unidos y quienes lo acompañan se plantean elevar al terrorismo como política mundial con el fin de asegurar su dominio a escala planetaria.
Esta descomunal campaña política ideológica, reproducida por la mayoría de los medios masivos de comunicación, arrastra también a buena parte de los sectores democráticos y antiimperialistas y a un considerable numero de fuerzas de izquierda, que desde una condena general del llamado terrorismo, no se preocupan de esclarecer frente a las masas, las formas y métodos de la lucha de clase, su desarrollo, la vinculación dialéctica entre los mismos, contribuyendo de este modo a generar confusión y parálisis en el movimiento popular, a privilegiar el pacifismo, el parlamentarismo y toda otra forma de lucha que de hecho, rechazan los métodos y formas de lucha, en donde los pueblos y sus organizaciones despliegan la violencia revolucionaria en combinación con otras formas de lucha, con el objetivo de poner fin a la explotación, el hambre y la miseria de millones de personas. Objetivo que no se puede lograr sin derrocar a la burguesía del poder, poner fin al capitalismo y sus consecuencias, y abrir paso a la construcción del socialismo.
En este cuadro, se hace imprescindible reafirmar que la lucha antiimperialista se hace extensiva al oportunismo y a la conciliación, de lo que se deduce la importancia de fijar posición.
1)La burguesía considera toda acción de lucha de los trabajadores y los sectores populares como actos subversivos violentos, que atentan contra sus leyes y orden. En determinadas ocasiones, llegan al extremo de considerar a las más elementales formas de lucha como las huelgas, cortes de rutas, piquetes, etc., como una forma de terror que se ejerce contra una parte de la población.
2)Al tiempo que difunde esta opinión, intenta ocultar que desde el aparato del estado, - que no es otra cosa que el aparato de dominio de una clase sobre otra, - y a medida que crecen las luchas de los trabajadores y el pueblo, la burguesía, profundiza todos los mecanismos de represión utilizando la justicia, las cárceles, los servicios de información, los grupos parapoliciales, hasta llegar a la aplicación lisa y llana del terrorismo de estado.
3)Para enfrentar esta política, los trabajadores y las fuerzas populares, van ampliando y profundizando sus formas de luchas, combinando unas con otras, reemplazando las anticuadas y ahora inservibles, por otras más efectivas para la nueva situación dada. Desde esta perspectiva afirmamos que es un deber de las fuerzas revolucionarias, organizar, alentar y contribuir a desarrollar todas las formas de lucha que las masas desarrollen para conquistar sus objetivos, tanto los inmediatos como los históricos. No hacerlo, es apartarse del camino revolucionario, es claudicar política e ideológicamente frente al enemigo, es arrastrar a los trabajadores y al pueblo a la confusión y la parálisis.
4)Que en este sentido el marxismo-leninismo, hace ya mucho tiempo que delimito su posición frente a otras corrientes del campo popular, que negando el papel de las masas en los cambios históricos, empujadas por la desesperación, la inmadurez política o ideas falsas sobre la lucha de clases, emprenden acciones al margen de las mismas, renunciando al trabajo paciente de educación en las ideas del socialismo, a desarrollar el espíritu, la disciplina y la organización revolucionaria en el seno de la clase obrera y los sectores oprimidos por el capital, e intentan reemplazar a las mismas por la acción individual o de un grupo.
5)Que si bien los marxistas rechazan el terror individual como forma apta para la lucha de clases, por su carácter desorganizador de las masas, que reduce a las mismas a simples espectadoras y en definitiva porque resulta inocuo frente al enemigo; al mismo tiempo considera, que en el marco de las luchas de las masas y en función de las necesidades de esa misma lucha, es un deber de los revolucionarios llevar a delante medidas de castigo contra los elementos provocadores, los contra revolucionarios, los torturadores y toda clase de elementos que se ensañan contra los trabajadores y el pueblo.
6)Que considerar actos terroristas estas y otras acciones que en el curso de las luchas los pueblos y sus vanguardias ponen en practica, no solo es hacerle el juego a la burguesía y confundir a los trabajadores, sino también, constituye una claudicación en el terreno ideológico y practico que facilita la labor del enemigo en su política por aislar y exterminar a la vanguardia revolucionaria.
7)Estos problemas, de enorme importancia para contribuir al avance del proceso revolucionario, deben ser planteados con la máxima claridad, en momentos en que el Imperialismo yankee se plantea extender a nivel mundial su guerra contra los pueblos e impedir por todos los medios a su alcance la formación de una organización revolucionaria capaz de desarrollar todas las forma de lucha. América Latina es considerada por los yankees como parte del teatro de operaciones en donde Cuba, las FARC, Venezuela, Bolivia han sido incluidas como parte de los movimientos “cuasi” terroristas.
En nuestro país, en complicidad con el cogobierno del NM-EP-FA-Partido Colorado y Blanco, se plantean introducirse como “cuña”y romper todo intento de Unidad de los pueblos. De todas formas, es utilizar a nuestro país como una base desde donde controlar todo el Cono Sur. Esta situación nos plantea a los trabajadores, campesinos pobres, a los pueblos indígenas, a los jóvenes, mujeres y a las fuerzas antiimperialistas y revolucionarias de toda América Latina, tareas que tendremos que saber cumplir con responsabilidad, serenidad y la firmeza, que la situación requiere.
8)Que teniendo en cuenta la experiencia vivida en nuestro país, todos tenemos la obligación de no repetir los errores y aprender las lecciones de la historia. En la década de los 60-70 muchas organizaciones fueron caracterizadas como terroristas, porque en sus accionar supieron combinar las distintas formas de lucha, desde lo electoral, hasta la armada. Esta caracterización, en su momento fue amplificada por distintas organizaciones, incluso de izquierda, que hoy, 30 años después, reivindican a muchos de estos compañeros como verdaderos revolucionarios.
9)Que desde esta perspectiva manifestamos nuestra más amplia solidaridad, con todos los pueblos del mundo que luchan por su liberación, por la independencia, contra el imperialismo y por el socialismo.
A modo de síntesis, se hace necesario aclarar y afirmar un aspecto que nos parece central: el imperialismo le a declarado la guerra a la humanidad, entendiéndose esta, por los pueblos que luchan contra la explotación y el saqueo, entre otras cosas. Por lo tanto conviene precisar que, estamos en guerra, y que la guerra, a pesar de los escandalizados “pacifistas”, es violenta. Guerra, violencia y terrorismo, reinstalan un debate que no es nuevo, que en el fondo intenta justificar la violencia de arriba, el terrorismo, la guerra que desatan los enemigos del pueblo, de la clase obrera, de los sectores expulsados y cantegrilizado por las ortodoxas politicas imperialistas que ejecutan la derecha y para no ser menos, también el “progresismo”. Quienes dicen defender la vida en general, que están contra toda guerra o contra la guerra en abstracto, detrás de esas orientaciones, se esconde siempre el interés de clase funcional al imperialismo. Es esta también una forma de desligitimar toda actividad de resistencia violenta a la opresión, por parte de los pueblos o de cualquier sector oprimido o sosguzgado en el mundo. En principio, no repudiamos al terror en abstracto, ni descartamos a priori ningún método de lucha que puedan utilizar los pueblos contra sus agresores y opresores. Mucho menos estamos dispuestos a sumarnos en estas condiciones concretas, a sostener el paraguas del antiterrorismo, con que el imperio pretende oxigenar su campaña neocolonialista en Oriente, Asia, en fin, en todo el mundo.
Frente a este tipo de hechos hay que realizar un análisis de clase. En cada caso delimitar quien ejerce el terror, la violencia o el método que sea. En el contexto de una guerra que esta en curso ¿qué intereses concretos de clase la promueven- cual es el contenido de esos intereses y que es lo que se debe repudiar?. Lenin dijo a este respecto en su momento “...que al terror blanco había que oponerle el terror rojo...”, y esto es olvidado habitualmente, aun por los que se dicen Leninistas.
Por la Unidad Obrero -Campesino
Por la Unidad Latino Americana
Por la Unidad Antiimperialista
Por la liberación y el Socialismo
Refundacion Comunista
Cuadernos para la militancia
Refundacion Comunista es un destacamento en la perspectiva de la construcción del partido de la revolución.
Evaluamos varios aspectos a tener en cuenta- el partido como un proceso vivo de construcción, que parte del propio rescate de la esencia revolucionaria del marxismo-leninismo, enriquecido por los aportes de la lucha de clases a lo largo de la historia-, saber interpretar desde el propio análisis de clases nuestra realidad y en medio de esto avanzar en la construcción de esa organización revolucionaria.
Si creyésemos que con empezar a recorrer ése camino ya somos el partido, no entenderíamos la labor que tenemos por delante, ni nuestra propia responsabilidad asumida.
Cuando hablamos de construcción viva, pensamos que existe una relación dialéctica entre lo universal, que son los objetivos de la clase obrera desde su nacimiento, como partido independiente, a partir del manifiesto comunista, y lo particular, que es como se desarrollara la lucha de clase en nuestro país. Reconocer y actuar sobre esas particularidades, depende de cómo concibamos esa construcción en la lucha practica concreta, que se da a partir de construir en las propias luchas, donde palpita la resistencia de nuestro pueblo, para aportar a construir los instrumentos que permitan ayudar a pasar estas luchas a planos superiores, para derrotar a nuestro enemigo de clase que es causante de nuestros sufrimientos.
Concebimos la célula como el partido.
Estas palabras encierran un pensamiento, que parece una perogrullada, pero de tan simple que parece no lo es. Es una concepción que revaloriza aspectos del marxismo-leninismo y que hace a nuestra concepción de partido. No hay éxito de la lucha por la conquista del poder, si no comenzamos por la construcción de ése partido, que es la construcción de una gran red de organismos básicos, revolucionarios dispuestos a llevar adelante en todos los rincones de nuestro suelo. Cuando afirmamos que existen posibilidades de construir una respuesta revolucionaria en nuestro país, lo decimos porque también creemos que se pueden construir los instrumentos necesarios para esa respuesta, y uno de ellos es la organización revolucionaria.
En la célula se concentran los objetivos de la organización revolucionaria, hoy destacamento. Allí se definirá la lucha de clase, su caracterización, esos son los “petit” estados mayor de la revolución.
No existe unidad, alianza o superestructura, que pueda reemplazar la actividad viva de los revolucionarios en cada fabrica, asentamiento, barrios, universidades, liceos, escuela. Pero así mismo es irreemplazable el organismo del partido, por lo tanto la célula, es por ahí donde el partido se vincula a las masas, y respira el partido a través de sus cuadros, dotados del arsenal ideologico-politico, siendo estos, raíz, tronco y rama en la clase obrera.
De como desarrollemos nuestros organismos (células) dependerá el éxito de nuestros objetivos fundamentales.
Para eso tenemos que actuar, conocer cada lugar en el que militemos, estudiar para hacer conocer las ideas del marxismo-leninismo y que los hijos de nuestra clase, reconozcan en las ideas revolucionarias su organización y luchen por una sociedad libre de explotación.
No partimos de cero, venimos de una historia de lucha, resumida en las cabezas y corazones de tantos y tantos camaradas hoy desplazados por una concepción reformista y liquidadora de la mejor historia del partido de los comunistas. Somos asimismo, continuadores de un proceso de debate y estudio, el cual debemos profundizar y estudiar mas y mejor.
Contamos con las herramientas que nos da el marxismo-leninismo, que no es un dogma, sino una guía para la acción y con la experiencia de lucha de nuestro pueblo y los pueblos hermanos, que batallan cotidianamente contra el mismo enemigo y con pequeñas herramientas que vamos construyendo a diario.
Organización de Cuadros
La organización revaloriza la frescura conspirativa-clandestina del marxismo-leninismo. Por ello se deduce que esta, es una organización de cuadros, preparada para operar en el seno de las masas, de ello surge la importancia de la selección del cuadro:
1)La mas profunda fidelidad a la causa obrera y al partido, probado en la lucha, en la carcel, ante los tribunales y fundamentalmente al enemigo de clase.
2)La mas estrecha vinculación con las masas: vivir para los intereses del pueblo, sentirle el pulso a las masas, palpar su disposición de animo, sus necesidades y aspiraciones. Ganar el respeto y aprecio de las masas, el prestigio de los dirigentes de nuestra organización, del partido, debe basarse, ante todo en el hecho, de que las masas populares vean en ellos la experiencia y capacidad para resolver, cooperar en todos los planos. Eso implica decisión, convicción, y dedicación a la lucha.
3)Es fundamental que el cuadro, sepa orientarse por si mismo en una situación dada y no tener miedo a la responsabilidad por la decisión adoptada. Quien dude y vacile frente a la necesidad de tomar una decisión, no debe considerase cuadro. Ser comunista es demostrar iniciativa, y no estar supeditado solo a lo que se le dice.
Un cuadro es aquel que no se deja dominar por el temor y el miedo, en la hora de la represión o la derrota. El cuadro se desarrolla y crece cuando se le plantea la necesidad de resolver por su propia cuenta los problemas concretos de la lucha y asume la responsabilidad que esto supone.
4)Disciplina y temple bolchevique, para la lucha de clase contra el enemigo, como para combatir inflexiblemente las desviaciones, el revisionismo, y las ofensivas renovadoras, que siempre encubren las concepciones del enemigo.
Finalmente un aspecto que direcciona la tarea del cuadro en esta realidad concreta: el cuadro se inserta en el movimiento de masas, debe diferenciar aquello que denominamos “aspectos subjetivos de la revolución” que solo se extinguirán gradualmente cuando triunfe la revolución, de aquellos otros de carácter transitorios, que surgen por la propia dinámica productiva y social, de lo que se deduce, el carácter dinámico y cambiante del modo de producción capitalista.
En esta línea de razonamiento, el cuadro debe trabajar para la afirmación de los “aparatos subjetivos” en una orientación revolucionaria, librar la lucha ideológica, ante los desvíos reformistas y claudicantes. Estas son luchas a termino, no de a ratos perdidos, agotado este proceso de lucha, la organización-el partido- valorara si la unidad visible es funcional a la revolución o si por el contrario esta unidad opera como amortiguador de la lucha de clases, si esto fuere así, revelara que nuestra acción por muy sacrificada y generosa que sea, no ha logrado revertir el estado de situación. Este análisis es fermental, de ahí surgirán las hipótesis a seguir, entre las que no debe descartarse la acción fraccional y rupturista. Al mismo tiempo que un amplio llamado a la Unidad para la creación de un ámbito que sintetice la unidad clasista y combativa.
El cuadro se inserta en el movimiento de masas, luego de un análisis exhaustivo, de la valoración justa de las distintas concepciones que operan en el movimiento, pasara a la acción decidida. Eligira lo que denominaremos un enlace, buscando al mismo tiempo que sea un individuo con peso y ascendencia en las masas; resuelto este aspecto, nos ligamos al trabajo y propenderemos y exhortaremos, sobre la necesidad de organizarse, levantar las reivindicaciones mas sentidas, el cuadro operara en esta instancia a través del enlace en los aspectos- organizativo, reivindicativo-. Gradualmente operara el cuadro en los aspectos políticos, desentrañando el fenómeno al nivel de comprensión del enlace y de las propias masas. El trabajo ideológico y el posible reclutamiento, estará supeditado a la valoración del cuadro. En síntesis el trabajo del cuadro en instancia de masas, es desarrollar y desenvolver la acción de estas, o sea transformar a masas pasivas en masas revolucionarias, con un nivel de reclutamiento selectivo, operación “bisturí”.
Finalmente de lo que se trata, es introducir en la acción espontánea y ciega de las masas, el aspecto consciente.
SOBRE EL PARTIDO
Es evidente que muchos de los problemas arriba mencionados, están directamente relacionados a como concebimos el partido, a su rol, al tipo de funcionamiento y a su estructura orgánica.
Al analizar estas cuestiones no debemos olvidar que en el primer lugar donde han impactado las concepciones reformistas y oportunistas, sean de derecha o de izquierda, ha sido en la teoría del partido. Esto no es casual dado el lugar que el mismo ocupa en el proceso revolucionario, en la dirección de la clase y de las masas.
Si las ideas que fueron prevaleciendo en el movimiento revolucionario se fueron apartando del camino correcto, si una burocracia determina por si lo que es o no es correcto, si se debilitan los lazos con la clase y las masas en general, si se debilita el desarrollo de la democracia obrera y socialista, si el método de la persuasión es reemplazado por el ordeno y mando, si el trato fraternal entre camaradas es desplazado por la intolerancia y los calificativos, si el trabajo colectivo es sustituido por las decisiones de un grupo o un individuo, si el lugar del debate franco y abierto es reemplazado por “operaciones” y “hechos consumados”, es lógico que consciente o inconscientemente, el primer paso en este proceso tenga como resultado liquidar al partido como vanguardia en la lucha revolucionaria.
La experiencia histórica, ha demostrado que se puede mantener la estructura orgánica, que se pueden seguir repitiendo los mismos conceptos políticos y organizativos, pero vaciados de contenido revolucionario. Las células pueden existir, pero desde el punto de vista revolucionario ser una cáscara vacía. En esto hay una lógica de hierro: una política reformista necesariamente va a construir en su contenido, estructura y funcionamiento un partido apto para la lucha reformista y no un partido apto para la revolución.
Nosotros podemos afirmar teniendo en cuenta la realidad de los diversos partidos obreros en nuestro país y en buena parte del mundo, sean de la tendencia que sean, que lo que se impuso como concepción de partido no es la que Lenín representaba y sobre la que con tanto esmero y teson argumentó. Su lugar a sido ocupado por otras variantes, con resultados, en muchos casos catastróficos, que hoy, todos conocemos.
Debemos reflexionar profundamente sobre este hecho objetivo, perfectamente comprobable, pues la mayoría de nosotros venimos de esa tradición, estamos impregnados por ella, y si bien los debates y discusiones que estamos haciendo, muestran los esfuerzos que realizamos para replantearnos todos los problemas, debemos estar atentos y vigilantes para no caer en lo mismo que criticamos.
Nosotros hemos sostenido que el “el sujeto social” presenta en la realidad, diversos estados de conciencia, normalmente asociados a niveles de organización político social. El Partido debe expresar el peldaño más alto de la conciencia socialista, y organizar a los miembros más decididos de la vanguardia de los trabajadores, en un instrumento de nuevo tipo” (organización de cuadros, conspirativo, clandestino).
Por lo tanto si el Partido ocupa el nivel más alto, tanto desde el punto de vista de la conciencia, como de la organización que puede alcanzar la clase, se debe comprender, que es el elemento más complejo y difícil de comprender, pues en el se deben sintetizar tanto la teoría como la practica de la clase, la experiencia histórica de la misma, tanto a nivel nacional como internacional, la voluntad de lucha, la moral y los gérmenes de una nueva ética. Alcanzar este nivel no es sencillo, y la experiencia histórica ha demostrado que también es muy difícil mantenerlo a lo largo del tiempo.
La conciencia revolucionaria y socialista se forja en la lucha por el poder, se basa en el conocimiento científico de la sociedad, esta conciencia no brota espontáneamente de la lucha entre “patrones y obreros”, sino que tal como lo planteó Engels, la teoría marxista, se formó en base al conocimiento de la moderna ciencia económica, de la filosofía clásica, el socialismo anterior y las luchas prácticas de la clase obrera.
Históricamente existen muchas discusiones en torno a estas cuestiones (polémicas de Lenín con Luxemburgo, Trotski, etc.) ¿El partido se construye desde arriba hacia abajo, o desde abajo hacia arriba?.
Lenín siempre sostuvo la primer posición, es decir solo desde una sólida teoría, desde una estrategia lo más acertada posible de lucha por el poder, se puede construir una organización revolucionaria, se puede librar de manera consecuente la lucha por ir elevando a círculos cada vez más amplios de la clase, a la conciencia revolucionaria, develando ante los ojos de millones de trabajadores las causas de la explotación, el papel del estado, el conjunto de las relaciones sociales, el carácter histórico y transitorio de las formaciones económicas sociales, etc.
Para Lenín, “el arriba” significa comprender a fondo la importancia de estudiar y conocer la teoría “sin teoría revolucionaria no hay práctica revolucionaria” y esto no significa subestimar en lo más mínimo la práctica. Lenín afirma que la teoría “adquiere su forma definitiva sólo en estrecha vinculación con la actividad práctica de un movimiento verdaderamente de masas y verdaderamente revolucionario”.
Y para que se comprenda bien la relación entre la teoría y la práctica agrega “Al subrayar así la necesidad, importancia y magnitud de la labor teórica de los socialdemócratas, en manera alguna quiero decir que dicha labor deba tener prioridad respecto de la labor practica, y mucho menos que la segunda sea aplazada hasta la terminación de la primera... Todo lo contrario, la labor practica de propaganda y agitación debe tener siempre prioridad... la labor teórica solo da respuesta a los problemas que surgen de la segunda”.
Entre teoría y practica existe una relación dialéctica, la práctica eleva y desarrolla a la teoría, al mismo tiempo que la teoría ilumina a la práctica. Si estos dos aspectos permanecen separados, o se absolutiza cualquiera de ellos, se desarrollarán deformaciones que obstaculizarán las perspectivas revolucionarias, y así como vemos a “grandes marxistas” que dominan todos los secretos de la teoría, pero que a la hora de la practica terminan subordinándose a la burguesía, observamos también a grandes luchadores, que en el plano de la política y la ideología también terminan subordinándose a la misma.
Así como la clase no nace revolucionaria, tampoco nadie individualmente nace revolucionario, todos nos hacemos revolucionarios en un proceso largo y contradictorio en la medida que sepamos vincular el estudio de los problemas con la práctica transformadora de la realidad.
En la concepción de Lenín, como vemos no hay contradicción, entre el partido y el movimiento de masas, hay si una clara delimitación determinada por los distintos niveles de conciencia. El partido es una organización de cuadros formado por verdaderos intelectuales de la clase, que trabajan por ampliar, elevar y desarrollar la conciencia de las masas, a su vez estas, organizadas de distintas maneras, destacan de su seno a una vanguardia social, muchos de los cuales van avanzando hacia las posiciones revolucionarias, aprendiendo mutuamente, ínter influenciándose, con momentos en donde el partido avanza “un paso delante de las mismas” y en otros, queda rezagado.
Sin esta delimitación, entre el partido y el movimiento de masas, no hay “casi una fusión por así decirlo”. El partido debe estar formado por cuadros marxistas, pero estos cuadros, sin el contacto vivo y dinámico con la vanguardia social, se transforma en una secta.
Por supuesto que la burguesía trata de separar a los revolucionarios del resto de los trabajadores, utilizando todos los medios legales e ilegales a su alcance, a su vez los revolucionarios debemos esforzarnos por estrechar vínculos con estos, AQUÍ SE EXPRESA PARTE DEL COMBATE ENTRE LOS DOS SECTORES CONCIENTES DE LA SOCIEDAD.
La burguesía aprendió de sus tropiezos y derrotas a lo largo de la historia, por eso trabaja para impedir esta fusión y separar a las masas de las ideas revolucionarias, corromper y cooptar, amenazar, despidir, encarcelar, torturar y asesinar a los obreros revolucionarios que ponen en peligro la supervivencia del sistema capitalista
El partido revolucionario es el instrumento apto para enfrentar esta lucha. Al mismo lo debemos concebir como un sistema complejo de organización, con células, grupos de aspirantes, círculos de estudio, grupos de compañeros dispuestos a construir el partido único de la revolución etc. En donde nos vayamos capacitando para combinar un trabajo amplio de masas con el trabajo conspirativo, donde aprendamos a combinar en un solo hilo conductor la estrategia con la táctica.
Donde exista una célula está el partido, donde este un militante está el núcleo inicial de la célula. Nosotros debemos desterrar toda visión metafísica sobre el partido, el considerarlo una especie de abstracción, que lleva a no pocos compañeros a creer que independientemente de lo que ellos hagan, de sus pocos esfuerzos personales, el partido sigue actuando. El partido, es tan fuerte, como fuerte sea la preparación de sus integrantes, su nivel político, su grado de organización y vinculación con las masas.
La otra concepción sobre la construcción del partido, la que privilegia la construcción desde abajo, la que supone que lo importante es “crecer” o “juntar” y que luego el partido va ir depurando, ordenando y seleccionando, tiende a privilegiar los aspectos espontaneístas, que prevalecen entre las masas y olvida un hecho fundamental: si se quiere avanzar en la lucha revolucionaria, la mayoría de las veces el partido, más que depurar y seleccionar, se ve obligado a librar una verdadera batalla contra las ilusiones, prejuicios y creencias de las masas. Es decir llevar adelante la lucha contra el elemento inconsciente, y esto es imposible sin una sólida teoría y estrategia de lucha por el poder.
Esta concepción, no tiene en cuenta que mientras se mantenga el dominio político de la burguesía, la propia conciencia de las masas obreras y explotadas estarán atravesadas por las más diversas corrientes burguesas y pequeño burguesas y que inclusive, aun durante mucho tiempo después de la toma del poder, esta influencia se seguirá manteniendo en una parte de la misma.
Estas posiciones tienden a rebajar el papel de la teoría, si los obreros saben del carácter irreconciliable de su enfrentamiento con los capitalistas sin necesidad de que el partido se los explique, el papel de este se puede reducir a “mostrar los medios de lucha e impulsar hacia delante” por lo tanto su táctica estará centrada en movilizar “ a fin de ejercer una presión racional sobre grupos y partidos políticos” tal como planteaba Trotski (Osvaldo Garmendia).
Apoyar el crecimiento del partido en estas concepciones, es arrastrarlo hacia el reformismo. Es justo que nos planteemos ir hacia las masas, lo que debemos hacer en todas las circunstancias. Pero debemos establecer claramente como vamos, con que política, con que principios y fundamentalmente comprender, lo que decíamos al principio, la conciencia revolucionaria no brota espontáneamente, esta se forma y se desarrolla en una esfera superior a la de la lucha económica, a la de la lucha sindical. Y si bien es cierto que no existe una barrera infranqueable entre lo espontáneo y lo consciente, - siempre lo espontáneo contiene elementos de conciencia, - nosotros no podemos rebajar nuestra política y principios para adaptarnos a la misma.
Esclarecernos sobre estos problemas es de suma importancia, pues tal como hemos afirmado, la construcción del partido de la revolución en nuestro país, es una tarea a resolver y es importante que desde el principio encaremos esta tarea sobre las bases más firmes posibles. Siempre hemos sostenido que la construcción de dicho partido será una tarea colectiva, en donde tomaran parte seguramente muchos compañeros que hoy militan en otras organizaciones de izquierda y que se están planteando los mismos problemas que nosotros; que participarán compañeros que hoy no forman parte de ninguna organización, pero que vienen reflexionando sobre la necesidad de construir una organización de este tipo. Por lo tanto es vital que nosotros avancemos en esta discusión, que nos nutramos de la mayor cantidad de argumentos posibles y que avancemos en nuestra política de unidad de los revolucionarios.
Refundacion Comunista
Orlando Zeballos
Laura Mattos
Yamandu Palacios
Por la Refundación Comunista, proletarios de todos los países, uníos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
