martes, 3 de marzo de 2026

Por la derrota de la agresión imperialista–sionista contra Irán


Por una gran movilización internacional 

 Al arrancar la semana la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán sigue extendiéndose por Medio Oriente. Al ataque inicial del sábado que le costó la vida al Jefe supremo iraní y a varias decenas de funcionarios de primer nivel, Washington y el gobierno sionista han sumado nuevas acciones bélicas despiadadas. El conflicto suma ya unas 600 víctimas mortales, 555 en Irán desde el sábado, según un recuento de la Cruz Roja. Solo en las últimas horas, al menos 20 personas han fallecido en Teherán y otras 35 en la provincia de Farsa, en el sur. Entre las victimas están más de 100 jóvenes estudiantes cuando las bombas impactaron en un colegio. 
 Cada día que pasa aparecen nuevas evidencias de que el relato que se montó para justificar la agresión es absolutamente falaz. Trump y Netanyahu resolvieron el ataque en momentos en que estaban progresando las negociaciones en torno al programa nuclear iraní y Teherán, según las fuentes más serias en la materia, venía de hacer concesiones en este punto. Los informantes del Pentágono reconocieron al personal del Congreso que Irán no estaba planeando atacar a las fuerzas estadounidenses, a menos que Israel atacara a Irán primero, lo que socava la afirmación de la administración de que había una amenaza inminente como razón para lanzar ataques. Trump se había jactado, inclusive, tras los bombardeos de junio de 2025, de haber dado un golpe devastador al plan nuclear iraní, lo que no se condice con sus argumentos actuales.
 Trump declaró que “los bombardeos intensos y precisos continuarán ininterrumpidamente durante toda la semana o el tiempo que sea necesario”, incluso, aventuró que podría durar cuatro semanas o más. 
 Como respuesta, Irán envió una oleada de misiles que han tenido como blanco no solo Israel, sino objetivos militares y estratégicos yanquis en varios países árabes de la región, como Bahréin, Qatar, Emiratos Arabes y Arabia Saudita. A esto se agrega ahora el Líbano, donde Hezbollah lanzó -en solidaridad con Irán- cohetes en la frontera limítrofe con Israel. El régimen sionista, en represalia, bombardeó objetivos de la milicia proiraní. Los ataques israelíes se han cobrado la vida de al menos 31 personas. El primer ministro libanés, Nawaf Salam, ha anunciado la prohibición total de la actividad militar de la milicia en territorio libanés. Por su parte, Irán ha seguido atacando objetivos en la región, en Arabia Saudita, Qatar o Kuwait. Entre ellos, la refinería Ras Tanura en Arabia Saudita. 
 La agresión imperialista desató movilizaciones de repudio a nivel global. En Karachi, Pakistán, hubo un intento de asalto del consulado norteamericano. También hubo protestas en otras ciudades de Pakistán, en la India, en Irak, y Bahréin. En Atenas, capital de Grecia, hubo una movilización contra el envío de dos fragatas a una base imperialista en Chipre. En Estados Unidos, hubo movilizaciones en alrededor de 70 ciudades, y también hubo manifestaciones en Inglaterra.
 Cabe señalar que Francia, Reino Unido y Alemania plantearon, en una declaración conjunta, la posibilidad de emprender ataques propios contra Irán, lo cual se suma a las sanciones internacionales que esos países impusieron contra Teherán.

 Un desenlace incierto 

 A pesar del impresionante éxito inicial al descabezar al régimen, hay círculos del establishment internacional que advierten sobre los riesgos del operativo. “Es muy probable- señala The Economist- que Trump no consiga lo que desea” (1/3). El alcance de la respuesta iraní, de hecho, sorprendió a una gran cantidad de observadores. 
 A corto plazo, Irán podría causar devastación en la región al seguir utilizando los numerosos misiles que le quedan para atacar ciudades de Bahréin, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, cuya prosperidad depende de su seguridad. El régimen también podría atacar una base o un barco, matando a un gran número de estadounidenses uniformados; la noticia de la muerte de tres soldados estadounidenses el domingo insinuó el peligro. Al dañar yacimientos petrolíferos o bloquear el paso de petroleros por el estrecho de Ormuz, podría impulsar los precios del petróleo hacia los 100 dólares o más.
 A largo plazo, los ataques también podrían fracasar de forma más contundente. No se nos puede escapar que la guerra no se gana con el asedio de la aviación. Se necesitaría la incursión terrestre, pero esto está fuera de la capacidad y de los planes de Washington. La idea de que un desenlace podría venir de una irrupción popular, que procuró alentar Washington, se está disipando con el correr de los días. Es cierto que hubo muestras de júbilo en la población, pero tuvieron un carácter acotado, y fueron superadas con creces con movilizaciones multitudinarias de repudio a la agresión. Incluso entre muchas franjas de opositores al régimen reina un sentimiento de rechazo y desconfianza respecto a Estados Unidos e Israel. 
 Es cierto que en los últimos meses el descrédito del régimen se ha ido acentuando con un salto en las protestas, pero la oposición política, como fuerza organizada, es muy débil y tiene escaso predicamento entre la población. La vieja familia del Sha, que ha aparecido en escena, está muy lejos de poder catapultarse como una alternativa. La hipótesis de que un ala del propio régimen, conciliadora con la Casa Blanca, pudiera asumir la conducción del país es altamente improbable. Nada parece indicar un desenlace como el que ocurrió con Venezuela con el ascenso al gobierno de Delcy Rodríguez. La balanza se inclina hacia el afianzamiento de sectores más bien intransigentes y en especial quien heredaría el poder sería la Guardia Revolucionaria. Por el momento, el poder reside en un triunvirato. Con el tiempo, podría ser reemplazado por alguien menos amigable con Washington, que probablemente haya estado implicado en la muerte de iraníes en las protestas antigubernamentales. La agresión en desarrollo podría ser utilizada como un recurso para abroquelar el poder en torno al núcleo más duro del régimen. En lugar de renunciar al enriquecimiento nuclear a cambio del levantamiento de las sanciones, la marcha del conflicto podría concluir que, al igual que Corea del Norte, Irán necesita una bomba para protegerse de un ataque. 

 La situación en Estados Unidos 

 No hay que perder de vista que, por más alharaca que haga Trump sobre el éxito de la operación, lo cierto es que las últimas aventuras militares de Estados Unidos no terminaron bien, como lo fueron las invasiones en Irak, Libia y Afganistán. En todos estos casos, estos conflictos se transformaron en una pesadilla y un bumerán para EEUU. Existe el peligro cierto de que Irán se sumerja en un caos y una guerra civil que podría extenderse más allá de sus fronteras. En esa variante, quién sabe dónde podrían acabar sus suministros de uranio enriquecido. 
 Un dolor de cabeza adicional para Trump podrían ser las consecuencias que la guerra termine por provocar en su frente interno. Por lo pronto, una gran parte de la población se opone a esta nueva escalada bélica, en especial Medio Oriente, que se combina con un creciente descontento y decepción respecto al presidente republicano en momentos que la economía está a los tumbos y recrudecen las tendencias inflacionarias. 
 Un aumento del precio del petróleo, incluso modesto, podría irritar a los votantes del magnate a medida que se acercan las elecciones de mitad de mandato. Con más razón, si el precio se desmadra, lo cual podría conducir a una derrota republicana, como ya viene ocurriendo en todos los estados donde hubo elecciones en los últimos meses, incluidos estados donde había obtenido triunfos holgados en las elecciones presidenciales en que se alzó con una victoria. La tentación por atacar a Irán, confiando en que el régimen se encuentra en su momento de máxima debilidad, puede terminar siendo un tiro por la culata. 

 Tendencias a una guerra mundial

 Pero, al mismo tiempo, es necesario tener presente que la agresión a Irán no es un hecho accidental, sino que obedece a razones profundas. Se inscribe en una tentativa del imperialismo por hacer frente a una crisis histórica en que está sumergido el orden capitalista vigente, y en primer lugar Estados Unidos, como principal potencia mundial, que procura remontar la crisis apelando a la guerra y al uso de la fuerza. No estamos ante una sucesión de conflictos bélicos aislados, sino de una tendencia que pavimenta el camino hacia una guerra mundial. Los ataques del sábado tuvieron lugar apenas ocho semanas después de una incursión estadounidense en Venezuela. Cuba se encuentra bajo una enorme presión para alinearse con el gobierno de Washington. Trump está empleando la fuerza contra países que mantienen ciertos acuerdos y relaciones con China y Rusia, que son objetados por Washington. 
 Los trabajadores del mundo debemos oponernos a esta agresión imperialista-sionista y pugnar por su derrota. Derrotar esta ofensiva ayudará a la resistencia palestina y de los pueblos de Medio Oriente, de América Latina y del mundo que vienen enfrentando la agresión imperialista y también a los trabajadores estadounidenses que se están movilizando contra los ataques fascistoides de Trump. 
 El repudio a la artera agresión de EEUU e Israel de ningún modo significa un aval político al gobierno iraní. Condenamos la persecución, represión y el ataque a los derechos que viene ejerciendo la teocracia iraní y nos declaramos solidarios con las protestas y el levantamiento popular que se desarrollaron en el país. Pero no podemos ser neutrales en este enfrentamiento. Dejamos sentado que una salida progresiva jamás va a provenir del imperialismo. Una victoria de Trump y Netanyahu va a imponer un gobierno títere del imperialismo y el sionismo y está llamada a agravar la opresión nacional y las penurias que ya registran de los trabajadores.
 Llamamos a las masas iraníes a organizarse en forma políticamente independiente en la lucha contra la actual ofensiva en curso.
 Hay que responder con una derrota total de este nuevo ataque. 
 Convocamos a los trabajadores de Argentina, América Latina y del mundo a retomar el camino que venimos desarrollando contra la agresión genocida de Israel en Gaza, a ganar las calles, y manifestarnos frente a las embajadas de EEUU y bases militares de la Otan. 
 Por la derrota de la agresión yanqui-sionista en Irán. 
Cese inmediato de los bombardeos. 
 Disolución de las bases militares imperialistas en Medio Oriente, Latinoamérica y en todo el mundo. 
 Fuera el imperialismo de Medio Oriente. No al genocidio del pueblo palestino y la junta colonial de Trump. 
 Por una federación socialista de los pueblos de Medio Oriente. 
 Abajo los gobiernos de la guerra y el hambre. Por la unidad internacional delos trabajadores. 

 Pablo Heller

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